¡Hola! Aquí estoy cumpliendo mi promesa con casi dos horas de retraso xD ok, no lo subí ni el Martes ni el Miércoles pero estuve cerca así que perdóneme ese pequeño error de cálculo

Muchas gracias por sus comentarios a aquellas que siempre tan puntuales y rápidas lo dejan después de mi actualización y para quienes aún no leen el capítulo anterior me agrada dejarles esta sorpresa para que lean dos capítulos seguidos después de la larga espera.

¡Saludos y abrazos a todas/os! ^^

~ Cindy Elric ~


Trigésima Segunda Melodía: Sentencia

El sol había tardado en aparecer, molestando los ojos de todos, recordándoles por primera vez que no habían dormido nada esa noche y un día ya se había ido… pero ¿Qué importaba eso? No, el espectáculo que estaban montando en el jardín era mucho más interesante, tanto que Irasue, Kasumi y Kagura que estaban en el interior del castillo salieron por el ruido, encontrándose con algo extraño, un ambiente tenso y a punto de explotar porque cualquier desafío más, cualquier palabra más desencadenaría el infierno que tanto se había hecho esperar.

–¿Qué ocurre aquí?

Irasue se sintió ignorada, la pregunta evidentemente fue escuchada pero simplemente no le pusieron atención, entonces se fijó en su hijo, estaba furioso, con espada en mano y un aura maligna a su alrededor, buscó el responsable de aquello sin mucha dificultad, era obvio que el híbrido estaba involucrado, él y esa molesta mujer… frunció el ceño presintiendo algo, sin querer creerlo y pidiendo en su interior que estuviera equivocada.

–Que oportunas, tu madre y tu futura esposa vinieron a verte Sesshoumaru –sonríe de lado–, ¿no deberías ir con ellas?

Sin previo aviso y sin dar lugar a cualquier palabra más un ataque no se hizo esperar, obligando al hanyou a saltar alejándose de la sacerdotisa quien vio el ataque pasar por su lado, aun un poco aturdida por el beso, la aparición de Irasue y el ataque del youkay.

–¡Si eso es lo que quieres!

Y sin más espera la batalla dio inicio, lanzando ataques, esquivando algunos y bloqueando otros, chocando sus espadas haciendo que un torbellino se cree a su alrededor… el hanyou estaba empeñado en no dejarse vencer mientras que el youkay no quería nada más que derramar esa maldita sangre de una vez, y la sacerdotisa… ella estaba aterrada, esos dos querían matarse y estaba segura de que lo lograrían si seguían así.

–¡Deténganse! ¡Por favor!

Kagome quiso acercarse pero la expulsión del poder no la dejaba, era imposible, vio como sus amigos intentaban lo mismo pero tampoco era efectivo, ni siquiera Sango con su Hiraikotsu pudo interponerse en esa pelea, estaban demasiado empeñados en herir al otro, matarse entre ellos si si eso les permitía separar a su enemigo de la chica.

–Esos idiotas van a matarse… –suspira Kazuya mirando la pelea y sabiendo que no podía inmiscuirse, era peligroso hasta para él.

–Kazuya, ¿qué podemos hacer?

–No lo sé Hikari…

–La señorita Kagome podría detener a Inuyasha… –menciona Miroku–, pero si usa su hechizo no podrá evitar que Sesshoumaru ataque y lo asesine.

–¡Maldición! ¡Deténganse! ¡¿Por qué hacen esto?! –Grita Kagura mirando con molestia a los dos hermanos, la verdad a ella no le importaba lo que pasara entre ellos pero no podía permitir que una estúpida pelea se interpusiera en sus planes.

–Sesshoumaru ya lo dijo –responde Kazuya mirando con seriedad a las tres youkay–. Están peleando por Kagome.

–Pero…

–¡Eso es absurdo!

Ese grito desvió la atención de la pelea, Irasue que se había mantenido en silencio ahora miraba con reproche a su hijo y profundo odio al híbrido, estaba furiosa, podía sentir la sangre hervir en sus venas y un aura maligna comenzó a crecer a su alrededor siendo casi tan aterrador como la batalla entre los dos hermanos.

–¡Sesshoumaru no pelearía por esa mujer!

–Señora Irasue, usted misma lo está viendo, es inútil el seguir…

–¡Silencio Kazuya! –Lo interrumpe mirándolo con fuego en sus ojos–. ¡Ya bastante hiciste metiéndote con una de las doncellas y defendiendo a una humana durante el ritual!

–Pero… –palideció por esas palabras, nunca creyó que ella lo sabía y no entendió el porqué de que no lo hubiera mencionado antes.

–No me interesa lo que hagas con esa mujer, ella nunca fue la candidata para mi hijo –mira con desprecio a Hikari–, ni ella… –mira a Kagome–, ni tú.

–Yo no pedí caer en esto… –responde la sacerdotisa tratando no dejarse intimidar por la mujer, podía ver el desprecio reflejarse en sus ojos, siempre, desde que se conocieron esa youkay la había mirado de la misma forma, juzgándola, odiándola, siendo aún más gélida y cruel que su hijo.

–Nunca debiste hacerlo, fue un error… error que no dejaré pasar más –frunce su ceño y ahora mira hacia la pelea, viendo con asco que el híbrido siguiera respirando, reprochando el hecho de que su hijo parecía cansado, no, ese no era el hijo que ella crio, no, el gran príncipe del castillo nunca se cansaría por una pelea tan absurda, no hubiera perdido un brazo en manos de un bastardo, no hubiera perdido la espada de su padre por culpa de ese mismo sujeto y más importante aún, nunca, ¡jamás estaría peleando por una mujer! ¡Por una humana!

Sin darles importancia Irasue desenfundó su delgada espada, saltando de su lugar e interponiéndose entre el hanyou y el youkay, deteniéndolos en el instante, paralizando ambas espadas sin dificultad, quiso darle una lección a ese híbrido y en el camino castigar a su hijo, por ello reunió poder en su espada, haciéndola brillar y agitándola para lanzar en diferentes direcciones a los jóvenes.

Inuyasha fue el que quedó en peores condiciones aunque Sesshoumaru salió herido también, el hanyou miró a la mujer desde el suelo, el youkay la miró aun de pie, frunciendo ambos su ceño, molestos por la interrupción.

–Me decepcionas Sesshoumaru –dice enfundando su espada.

–Este no es tu asunto.

–Tampoco debería ser el tuyo.

–¿Qué quieres?

–¿Cómo que "qué quiero"? ¿Acaso ves lo que estás haciendo?

–Sí.

–No me importaría si quisieras matarlo por la espada, por tu brazo o hasta por simple diversión, pero nunca aceptaré la verdadera razón tras esta pelea.

–Eso no es de tu incumbencia.

–Sí lo es, eres mi hijo.

–Eso no cambia nada –frunce su ceño.

–Dime Sesshoumaru, ¿por qué ella? ¡¿Por qué te enamoraste de una maldita humana?!

Todos estaban confundidos… no sabían con seguridad qué era más increíble, si la pelea recién terminada, el inmenso poder de esa mujer o esas simples palabras, aunque en algo pudieron coincidir, sus mentes quedaron en blanco por unos segundos, todas las mentes incluyendo al youkay interrogado, era una pregunta tan acertada, tan directa, por Dios, esa sí era la pregunta que debía haber sido pronunciada desde hace horas.

La sacerdotisa sintió que su cabeza le daba vueltas, las mejillas le ardían y no podía concentrarse en un pensamiento fijo… si Irasue decía algo como eso, si estaba tan enfadada como para levantarle la voz de esa forma a su hijo debía ser verdad, pero, entonces eso significaba que él… a ella… sintió las piernas temblar, tuvo un impulso de desconectarse y desmayarse de una vez, pero no, esa situación necesitaba de su presencia, por Dios, debía ver en que terminaba eso… que respondería el demonio.

–No digas…

–¿Tonterías? –lo interrumpe–. No Sesshoumaru, ya es tarde, no puedes ocultarlo más, desde hace tiempo que lo es así que no ganas nada con negarlo.

–No niego nada y tú no tienes derecho a decirlo.

–¿Acaso estás diciendo que era un secreto? Por favor, es más que evidente, ¿por qué más estarías en esas condiciones?

–Ya lo dije, este no es tu asunto así que vete.

–No puedes echarme de mi propio castillo, además tú eres mi hijo así que es mi asunto, nunca permitiré que una humana manche nuestra estirpe. ¿Acaso lo olvidas? El ritual ha terminado y se ha elegido a tu prometida, Kagura será tu esposa y no puedes hacer nada para evitarlo.

–Sí puedo –sonríe de lado.

–No, no puedes, no sin renunciar al poder y sé que eso nunca lo harás, ni siquiera por una mujer –sonríe de lado desafiándolo–, y aunque así fuera nunca lo permitiré.

–No eres quien para mandarme.

–Soy tu madre.

–No eres importante.

–Entonces… –desenfunda su espada y la usa para indicar a la sacerdotisa–. ¿Dices que ella es más importante para ti?

El youkay volvió a fruncir su ceño, no por la pregunta sino por la respuesta que llegó a su mente, tan automática, tan rápida que ni siquiera tuvo que pensar, maldición, ¿podría seguir negándolo? ¿Disfrazar la evidente realidad? ¿Ocultar esa maldita sensación en su interior? Miró de reojo a la chica que se mantenía en silencio, mirándolo curiosa, sorprendida, temerosa por la pregunta recién pronunciada y se odió a si mismo por considerar esa imagen encantadora, patética, hermosa, desagradable… malditamente fascinante… mordió el interior de su mejilla detestando con anticipación lo que estaba por pronunciar pero aun así rindiéndose a la verdad.

–Sí.

–¿Más que el poder?

–Sí.

–¿Más que yo?

–Sí.

Inuyasha frunció el ceño por esas palabras, por esas respuestas… eso sólo podía ser considerado como una cosa, una maldita declaración, lo sabía y notó que los demás también lo entendieron, las mejillas sonrojadas de la sacerdotisa, la expresión atónita de sus amigos, simplemente ese espectáculo era impresionante.

Ahora Kagome quiso desmayarse, el youkay… Sesshoumaru decía que ella era importante para él… más que el poder… más que su madre… por dios, eso sí que era para sentirse la persona más especial del mundo, es decir, ¡Por Dios! Sesshoumaru, el demonio que no ama nada, que no tiene sentimientos, escrúpulos ni conciencia, él está diciendo que ella es lo que más le importa… ella, una simple y despreciable humana como siempre la llamó… por favor, si alguien puede pellízquenla, golpéenla, háganle algo para dejar de pensar que es un sueño.

–¿Por qué?

–No te importa.

–Sí me importa.

–No te lo diré –advierte–, no a ti.

–Después de todo eres como tu padre –gruñe presionando la espada en sus manos–, estúpido, irracional, débil con esa despreciable raza… él me dejó por una humana, por la madre de ese híbrido, ¿y ahora tú me dejarás por esa mujer? ¿Por ella que ni siquiera pudo ganar el ritual?

–Eso no me importa.

–Claro, son tonterías, ¿no? Pero no dejaré que lo hagas, tu padre no me importaba, nunca lo amé, fue simple compromiso pero tú… tú eres mi hijo, eres el príncipe del castillo, nunca dejaré que estés con una humana.

–No puedes hacer nada para detenerme y si quieres hacerlo no te dejaré –alza su espada, dispuesto a detener cualquier ataque de la mujer.

–¿Crees que pelearé contigo? ¿Con mi propio hijo? No Sesshoumaru, existen mejores formas de resolver los problemas –le sonríe y empieza a caminar.

–¿Qué piensas hacer?

–Ya lo dije, deshacerme de la basura –se acerca a la sacerdotisa, sonriéndole elegantemente como siempre–, deberías estar feliz.

–¿Por qué?

–Porque has hecho algo que pocos han hecho –toma con su mano libre una de las muñecas de la chica–, realmente me has hecho enfadar.

–¡Suéltala! –Grita Inuyasha corriendo hacia la mujer y la ataca con su espada.

–No creas que con ese poder me harás daño –detiene el ataque con su espada–, aunque este sea un colmillo de mi esposo en manos de alguien tan patético nunca logrará expulsar todo su poder –de un solo movimiento lanza al hanyou lejos.

–¡Inuyasha! –Trata de soltarse pero el agarre de la mujer es fuerte–. ¡Suéltame! ¡Déjame ir!

–¡Kagome!

–¡Señorita Kagome!

Sango, Miroku y Hikari intentaron detener a la mujer, lanzando sus ataques a distancia porque esa la mujer parecía aún más peligrosa que Naraku o cualquier enemigo que habían enfrentado… pero fue inútil, Hiraikotsu, los talismanes y hasta el poder de fuego de Hikari fue bloqueado por la youkay.

–Insectos como ustedes nunca podrán hacerme daño y tú lo sabes, ¿no es así Kazuya? –Mira al youkay y sonríe–. Por eso no te has molestado en atacar.

–Señora Irasue –frunce su ceño–, no ganará nada tomando la vida de Kagome, Sesshoumaru ya tomó una decisión.

–Sesshoumaru no está en su buen juicio, desde que perdió la espada de Inutaisho ha cambiado, tanto como para viajar junto a una niña humana, como para enamorarse de esta basura… él está confundido y haré cualquier cosa para evitar que cometa un error.

–No puedes hacer nada –alza su espada–, así que suéltala de una vez.

–¿Qué piensas hacer? ¿Atacarme? –Sonríe–. Sabes que no puedes lastimarme.

–No dejaré que te la lleves.

–No puedes evitarlo –dobla el brazo de Kagome poniéndose tras ella y colocando la hoja de su espada en el cuello de la chica–, no tienes ni el poder ni la velocidad suficiente, podría cortarle el cuello antes de que hicieras cualquier movimiento.

–¡Kagome!

–¡Señorita Kagome!

–¡No lo hagas! ¡Kagome! –Se acerca quedando a unos metros de las mujeres, reteniendo cualquier ataque y resintiendo las heridas recién hechas.

–Inuyasha… –cierra un ojo al sentir que su brazo es doblado con más fuerzas.

–¿La escuchas hijo? ¿Escuchas el nombre de quien llama? No es el tuyo, es el de ese híbrido.

–¡Maldita mujer! ¡Suéltala!

–No te muevas –advierte acercando el filo de su espada al cuello de la mujer–, sí lo haces mataré a la chica que tanto quieres.

–¡Kagome no tiene nada que ver con esto! ¡Si estás molesta con ese sujeto castígalo a él, ella no tiene por qué pagar su error!

–Ella es la culpable de todo, si ella no hubiera aparecido él…

–¡Él la hubiera amado igual! –La interrumpe–. ¡Tú misma lo dijiste, ¿no?! ¡Todas las razones por la que es débil! ¡El quererla es culpa de él no de Kagome!

–¿Por qué la defiendes? Esta mujer te engañó, ¿por qué quieres salvar a alguien que no te ama?

–Ella me ama.

–No lo hace.

–Eso tú no lo sabes –frunce su ceño–, sólo ella.

–Entonces preguntémosle, mujer dinos… –ladea su cabeza para mirar la expresión de la chica–. ¿A quién amas? ¿A este híbrido que tanto grita por ti o a mi hijo?

Kagome siente las miradas sobre ella y el acero en su cuello, esa pregunta era igual a la que había evitado horas atrás, pero la situación ahora era más peligrosa, habían más cosas en juego, ya había escuchado las confesiones del hanyou y del youkay…

–Yo…

–Piensa bien tu respuesta, de ella depende si tienes futuro o no… –dobla más el brazo cautivo–. Si dices amar a esta basura, si prometes no amar a mi hijo quizás piense en dejarte libre con la promesa de que no vuelvas a ver a Sesshoumaru nunca más, que ni siquiera te cruces por su camino, pero si lo amas… si dices querer estar con él será tu sentencia de muerte, nunca dejaré que eso ocurra, aunque tenga que ganarme el odio de Sesshoumaru.

–Kagome, responde, dile que me amas…

–Responde de una vez ¿Inuyasha o Sesshoumaru? ¿Vivir o morir? ¿Qué eliges?

Continuará…