¡Holaaaaa!
Espero que estén bien, yo estoy muy feliz y positiva :D ésta vez he vuelto mucho antes de lo previsto, pues el capítulo lo tenía contemplado subir hasta el jueves o viernes xD pero este puente (en México) me ha servido para despejar la mente y la inspiración ha venido tanto a mí que acabé el capítulo en un solo día. Realmente no iba a subirlo, pero no puedo esperar para seguir avanzando con la historia.
¡Espero que les agrade!
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Capítulo 15.- Oscuro corazón.
Steve no paraba de sorprenderse ante todo lo que veía. Tecnología rondando en todas partes, hombres armados, fortalezas, puertas, salidas, pasillos… podría perderse en una instalación tan grande como lo era S.H.I.E.L.D. aunque a lado de alguien como Natasha no lo haría. Caminaban en un silencio cómodo por los pasillos grises de la Organización, con el eco de sus pasos como único sonido persistente y constante. Habían intercambiado algunas palabras durante el trayecto, y aunque Steve habría preferido conocerla más antes de aceptar una propuesta de tal magnitud, lo había movido el sentimiento de miedo y cobardía para enfrentarse a Tony. No sabía por qué, si lo que había hecho no podía catalogarse como algo malo, sin embargo, él lo sentía así. No vulgar, pero sí… íntimo. Además las miradas que le había dirigido Stark antes de salir habían sido fuego puro, así que supuso estaría muy enojado con él por permitirse esos atrevimientos. Decidió no pensar más en cuanto Natasha abrió una puerta grande de metal, siendo reconocida primero por una pantalla donde colocó el dedo pulgar para que leyera su huella digital. Rogers observó fascinado el brusco cambio de tecnología en solamente un siglo.
—Adelante, Steve. —le indicó, pero Rogers le cedió el paso a ella. La pelirroja le sonrió un poco, mientras se encogía de hombros y entraba seguida por el rubio. Un nuevo pasillo se abrió ante ellos, pero éste era mucho más estrecho y oscuro. Casi misterioso. Llegaron a una puerta de vidrio, en donde un hombre de mediana edad con lentes negros y traje les abrió la puerta con un asentimiento de cabeza. Ingresaron a lo que parecía ser una sala de juntas y Steve se sintió por primera vez intimidado en cuanto distinguió una sombra al lado del ventanal de la oficina—. Presidente Nick, estamos aquí. —informó la agente, mientras colocaba las manos a sus costados en una posición formal. El hombre, que parecía estar absorbido por la ciudad que se mostraba afuera, se volvió con un movimiento ágil.
—Mucho gusto, soy Nick Fury. —se acercó a donde ellos estaban, y Steve pudo percibir que aquel hombre era en verdad imponente. Vestía totalmente de negro con una gabardina del mismo color que caía en picada. El eco de sus pasos era fuerte, y su presencia hacía que quisiera encogerse. Algo curioso llamó la atención de Steve: un parche sobre su ojo izquierdo. El hombre estiró su mano, en un saludo.
—Mucho gusto señor, soy Steve Rogers. —respondió de manera formal, mientras correspondía el saludo y estrechaba su mano con aquel hombre. Sostuvieron durante un momento corto el saludo, y después se miraron. Steve podía sentir la intensidad con la que aquel sujeto lo miraba. Sin embargo, el sonido que hizo Natasha al arrimar la silla y sentarse en aquella sala, hizo que el momento tenso se perdiera. El otro sujeto rodeó la mesa y tomó asiento en una silla de cuero negra, dándole indicaciones para que él también se sentara.
—Natasha me dijo que eres militar. —Rogers asintió con un meneo afirmativo de la cabeza, mientras de reojo observaba a la única mujer presente. Ella se mantenía callada y erguida en su puesto—. También mencionó que has estado un poco aburrido… ¿vives con Stark? —Steve volvió a asentir, pero sin dar una respuesta más allá. No quería revelar nada, era mejor si se mantenía al margen de todo porque no sabía con qué clase de personas estaba tratando por más que fueran parte del gobierno. Además no era como si pudiera decir que venía de un siglo atrás y había llegado ahí gracias a un control del tiempo. Aquel hombre pareció captar su rigidez, porque de inmediato propuso:— ¿Te gustaría trabajar aquí? —
—¿Cómo dice, señor? —aquello lo descolocó por completo—. ¿Está pidiéndome que yo… que un extraño trabaje aquí? —las palabras no llegaban y salían como Steve hubiese querido, porque se dio a notar lo más nervioso que se podía, además de estar impactado por tales palabras. Había conocido aquella instalación solamente porque Thor lo había mandado ahí, y a Natasha llevaba unas cuantas horas de conocerla. ¿Por qué de repente le proponían algo tan descabellado como aquello?—. Perdone mi ignorancia, señor. Pero no entiendo de qué va todo esto.
—No tienes por qué entenderlo, Steve. —el hombre le restó importancia al asunto con un gesto suave de la mano, mientras se apoyaba en su asiento con toda la comodidad posible—. Natasha me habló sobre ti ayer, después de que le entregaste los informes. Me comentó sobre que eres un militar, y sé que actualmente vives con Stark. —respondió con banalidad. Rogers frunció el ceño al darse cuenta de ese detalle, ¿cómo sabía ese hombre dónde vivía? ¿Por qué hablaba del millonario como si lo conociera? Sin embargo, se mantuvo en silencio—. En esta Organización no hace falta personal, pero si eres un militar entrenado y actualmente haciendo nada con su tiempo, me gustaría que por lo menos entrenaras aquí. Ya sabes, nada formal si no quieres. —y fue entonces que Steve frunció el ceño, con total desconfianza.
—Perdón señor, pero no creo que sea lo correcto. —respondió algo tajante, mientras se ponía de pie con cierta tensión sobre los hombros. Percibió la ceja alzada del hombre, y la mirada de la pelirroja sobre su persona. Aquello no le daba buena espina, y menos si aquel sujeto sabía tantas cosas. Obviamente era casi imposible saber lo de su viaje en el tiempo, pues aquel secreto solamente lo sabían unas cuantas personas, pero algo le decía que debía alejarse de ese lugar cuanto antes. Debió preguntarle a Tony si podía ir allí, pues sino mal recordaba, el millonario y la agente se conocían. ¿Tendrían problemas?
—Agente Romanoff, acompañe a Steve hacia la salida. —su voz sonó neutral, pero un tanto molesta. El sujeto de negro ni siquiera se molestó en despedirse, pues cruzó una de las tantas puertas con algo de prisa. Steve se quedó en silencio por algunos momentos, pero finalmente decidió que aquello era lo mejor. No podía evitar sentirse atraído por trabajar ahí aunque fuera un corto tiempo mientras volvía a casa, pero no se sentía bien. Estaba sopesando sus ideas, cuando la mano de Natasha se posó en su hombro, con algo de familiaridad.
—Deberías pensarlo, Steve. Es una buena oportunidad para ti. —le recomendó, mientras ambos abandonaban la sala y volvían a caminar por los desolados pasillos de aquella Organización tan misteriosa—. Además si estás viviendo con Stark, no creo que tengas algo mejor que hacer que aburrirte en su casa, ¿cierto? —Rogers asintió distraídamente, porque aquello era cierto.
—Vivo solo temporalmente en su casa, no me quedaré mucho tiempo en la ciudad. —comentó con algo de rigidez, mientras era conducido por otro pasillo por el que él no recordaba haber pasado. Se sintió algo extraño, pues si bien todos los pasillos eran parecidos, no eran por completo iguales. Un peso se instaló en la boca de su estómago al sentirse de repente en la boca del lobo—. ¿A dónde vamos? —no pudo evitar la pregunta. La pelirroja lo miró durante algunos segundos, y pudo percibir la manera en la que él la miraba, porque soltó una risita y siguió andando.
—Tranquilo, no voy a secuestrarte. —le sonrió mostrándole la línea blanca que formaban sus dientes—. Al menos, no todavía. —y con un guiño de ojo, abrió una puerta de metal, antes introduciendo un código de 15 dígitos. Steve miró atentamente la espalda femenina, preguntándose mentalmente si debería seguirla o no, pues aquellas palabras aunque habían sido broma, las sintió como si fueran una verdad disfrazada. Sus pies parecieron echar raíces en aquel suelo de metal, pero cuando ella volteó a verlo, Steve avanzó.
—¿A dónde vamos? —volvió a cuestionar, mientras la seguía. Trató de memorizar el camino por si tenía que regresar solo. Miles de ideas se instalaron sobre su cabeza, pero se negó a sí mismo a creer que aquella mujer podría estar tendiéndole alguna trampa. Ella parecía realmente una buena chica. Natasha no le contestó, llegando así a un elevador de puertas y paredes de vidrio. Ella entró y le hizo una señal para que la acompañara. El rubio dudó un poco, pero finalmente la acompañó. Llegaron a una especie de subterráneo, donde salieron tras un pitido de la máquina. Steve todavía no se acostumbraba a esas cajas de metal moviéndose—. ¿Qué es este lugar? —su asombro crecía pasos gigantes, cuando se dio cuenta que habían llegado a un cuarto de entrenamiento. Vio hombres y mujeres luchando cuerpo a cuerpo, mientras avanzaban. Otros disparaban a distancia, usando desde armas pequeñas hasta grandes rifles. Entrenadores, alumnos. Todos con el mismo logotipo sobre el pecho, al igual que el traje que portaba Natasha.
—Ellos, como puedes observar, son personas que han logrado pasar las pruebas para entrar a S.H.I.E.L.D. y entrenan diariamente por 15 horas seguidas para demostrar su rendimiento y capacidad física y mental. Nosotros no somos una organización por el nombre solamente, lo somos por la profundidad de nuestras acciones, Steve. —ella lo miró fijamente, mientras Rogers almacenaba aquel nuevo conocimiento—. S.H.I.E.L.D. se encarga de perseguir delitos internacionales o que puedan afectar al país por completo; así como terrorismo, secuestros importantes, golpes de Estado, entre otras cosas. —hablaba fluidamente mientras se paseaban por todo el lugar. El rubio apenas y la escuchaba, pues estaba más concentrado en ver cómo aquellos sujetos luchaban fuerte y sin descanso por poder pertenecer a una organización que se encargaba de proteger al país. Era justo lo que había platicado con Thor. Aquello hizo que se sintiera un tanto identificado y deseara cuanto antes cambiarse de ropa y comenzar a entrenar ahí. Era como un niño pequeño en una juguetería.
—¿Y qué hacemos aquí? —cuestionó, mientras sus ojos brillaban con algo de emoción. Dieron vuelta por un pasillo ancho y llegaron a una zona de aviones militares y helicópteros. Steve jamás había visto maquinas tan grandes en su vida, pues en su época aquellas cosas todavía ni existían. Sin embargo, sabía lo que eran porque Tony le había hablado sobre ellas en una plática pasada, a través de imágenes. Eras bastante mejor en tamaño real.
—Estoy tratando de persuadirte para que aceptes trabajar aquí, Steve. Por el tiempo que tú quieras. —le miró con intensidad, haciéndole saber que no era broma la propuesta—. Nick Fury te ha tomado interés. Además nos hace falta gente como tú.— y aquellas palabras dichas desde lo que parecía una sinceridad solemne, hicieron que el ojiazul sintiera un leve cosquilleo en su interior. Si podía hacer algo para proteger al país actual del siglo XXI antes de regresar a su tiempo, quería intentarlo.
—¿Dónde firmo? —y aquella incógnita lanzada con un tono humorístico, hizo que Natasha alzara la comisura de sus labios y le diera dos palmadas en el hombro con familiaridad. Todo se movía a su favor repentinamente. La balanza se inclinaba hacia ella.
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Tanto tiempo, y Tony aún recordaba la fachada de aquel café urbano escondido en una zona clave de la ciudad. El saxofón sonaba a lo lejos, mientras él caminaba tranquilamente hacia la entrada, que anunciaba sobre su puerta el anuncio de abierto. Aquel sonido relajante de ese instrumento sensual, acompañado por el suave viento frío del invierno, y los pequeños copos de nieve que caían, hicieron que Tony cerrara los ojos con melancolía. ¿Hace cuánto tiempo que no disfrutaba un momento de soledad como aquel? Levantó la vista y notó como la tarde estaba cayendo bajo el manto de la noche invernal. Aún no sobrepasaban las siete de la tarde, y el tiempo se le había escurrido encerrado en su laboratorio. Después de que Steve había partido, él tomó su celular y marcó a la única persona con quien podía beber unos tragos sin llegar nada de lo que pudiera arrepentirse después: Loki.
El pobre también estaba decepcionado por la pelea que había tenido con Thor en la mañana, así que sin pensarlo dos veces aceptó su propuesta de tomar unos tragos juntos, citándolo en su tienda de Café por la tarde, porque tenía mucha gente durante el día. Así que ahora, cubierto con un abrigo extremadamente calientito, llegó hasta la puerta. Se fijó bien en su alrededor, escuchando aún la melodía que el hombre del saxofón tocaba una manzana más arriba. Aquel local estaba algunas calles debajo de la avenida principal, por la cual no se podía llegar con coche, sólo a pie. Aquello le fastidiaba, por esa misma razón casi no iba al trabajo de Loki, pues odiaba estar sin su preciado automóvil. Pero incluso sabiendo aquello, ese estúpido café se llenaba de gente de todo tipo y a todas horas. Además aquel aspecto de calles empedradas y casas rusticas le daban al lugar un aspecto misterioso pero acogedor.
Abrió la puerta y la campanilla sonó en cuanto puso un pie dentro. Llevaba gafas oscuras y un sombrero, para pasar desapercibido entre la gente. Él era una celebridad en la industria, y si no mal recordaba, una revista estaba a punto de anunciarlo como el hombre del año. Si es que no había sido publicada ya. Era un narcisista, y le encantaba recibir la atención de la gente, pero no así. En días como ese no se sentía de ánimos de fotos y autógrafos. Se sentó en la mesa más escondida que encontró, y que daba una vista excelente al estar justamente al lado del ventanal que daba hacia la calle. El estúpido de Loki sabía que aquel era su lugar favorito, y le había reservado la mesa. En cuanto se sentó un joven atendió su pedido. Un café americano para empezar la noche no estaba mal.
Lo degustó y cerró los ojos ante la humeante sensación. Los recuerdos se arremolinaron en su pecho, y su mente revoloteó hasta aquellos días en los que era un adolescente con ganas de dirigir Industrias Stark, ser reconocido por el mundo y adueñarse de él. Sus planes eran egoístas, conquistadores. A su lado, un joven y refinado Loki deseaba abrir su propia franquicia del mejor café. Aquello le había parecido estúpido en su época, y le seguía pareciendo idiota después de tanto tiempo. Pero reconoció que el pelinegro había conseguido su meta y ahora era feliz. Lo suficientemente feliz al haber cumplido sus sueños. Quizá no era una franquicia, pero era un local ameno, divertido y elegante que él conducía y administraba con total dedicación. ¿Y él qué era? Un hombre de negocios que se había encaminado a la destrucción. Un hombre egoísta, altanero.
Un ruido lo sobresaltó, cuando la silla de enfrente fue retirada para que alguien tomara asiento. Estuvo a punto de reclamar sobre aquello, pues era un atrevimiento hacerlo sin pedirle permiso, pero cuando vio el rostro del otro hombre, volvió a cerrar los ojos tranquilamente y dar un sorbo a su café que sorpresivamente ya estaba casi frío. Tan frío como el mismo Tony.
—Te has quedado como idiota por más de una hora en esa posición. —le sonrió con lengua venenosa el ojiverde, mientras colocaba sobre la mesa una botella de licor y dos vasos especiales para aquellas ocasiones—. El café se ha enfriado. Yo preparo con dedicación todo eso, deberías valorarlo más. Si ibas a dormirte podrías haberte quedado en tu tecnológica casa, Stark. —pero aquella broma no pareció calar en el otro, quien solamente se encogió de hombros y dejó su café americano a un lado. No estaba de humor. Loki decidió no aportar nada más al ver su semblante, pero sirvió el licor que tanto les hacía falta a ambos.
—Cumpliste tus sueños, Loki. —fue su primer comentario, mientras veía atentamente como el licor resbalaba por su vaso—. Eres un maldito bastardo, porque lo lograste. —el silencio del pelinegro lo hizo proseguir—. Mira todo esto, es tu creación. Es lo que siempre soñaste para ti, y lo amas. Tan sólo mira como tienes este lugar, es impecable como tú. —Loki supo que aquello derivaría una larga y extensa charla con el millonario, pues pocas veces alguien como Stark daba a demostrar las cosas que le parecían buenas—salvo que fueran su creación—Así que con una media sonrisa, le dio el vaso a Tony y sirvió más licor en otro, para él.
—Bueno, tú tienes un imperio. También soñaste con aquello, ¿no es así? —y sus ojos verdes siguieron el camino del licor que se perdía en los labios de Tony mientras éste lo bebía con cierta urgencia—. Eres dueño de la empresa más importante en nuestro país, sin contar con todos los beneficios que tu mente le ha traído a los diversos campos de la ciencia. ¿No estás contento por eso? —tomó también un trago largo de su bebida, mientras servía más liquido en ambos vasos. Aquella conversación estaba produciéndole sed. Tanta sed de sueños, de esperanzas. Tanta sed de recuerdos.
—Lo estoy, no lo niego. Y tampoco niego que sea un genio. —y rio sarcástico, pero amargamente—. Lo que no me parece, es el medio por el cual he llegado hasta aquí. —completó su frase, frunciendo los labios. El vino tinto que había traído Loki no era su favorito, pero no es como si pudiera exigir nada más. Ambos degustaban un buen licor, pero en otras ocasiones que no fueran para hablar de cosas tan personales. Éste era un momento para embriagarse, no para disfrutar.
—Pero has regenerado tu camino, Stark. Ahora tu empresa y tú son tan limpios como el agua. —trató de aligerar aquel comentario del millonario, que Loki sabía bien tenía una historia oscura detrás. Pero Tony no podía vivir siempre con aquella navaja clavada en su pecho, ni mucho menos con aquella cruz sobre su espalda. No era justo que después de tantos años siguiera sintiéndose igual. Casi le dio compasión verlo así. Tan destruido como siempre.
—El agua no es 100% pura, mi elocuente Loki. —anunció irónico, mientras el mencionado rodaba los ojos—. El precio de mis sueños ha sido bastante alto. —su mirada se tornó vidriosa, mientras buscaba algo a lo que aferrarse para no caer entre sus amargos recuerdos. Tanta destrucción, tantas personas inocentes… y él. Un bastardo a quien no le importó nada. Quien aplastó lugares, destruyó familias. Él y sólo él, su maldito orgullo. Su maldito poder. Su venganza, su sed—. Soy un cobarde, y un hijo de puta. —no le importó por primera vez, decirse aquello en voz alta enfrente de alguien más. Era rara la vez que pudiera verse al espejo sin una mancha del pasado, sin un rastro de sus estupideces de adolescente.
—Tienes razón en eso, eres un hijo de puta. —sonrió satisfecho cuando los ojos castaños se posaron en él. Sin poder evitarlo, dirigió su mano hasta el hombro del castaño e hizo una leve presión, para transmitirle su apoyo—. No te culpes tanto por tus acciones. Eras aún muy joven cuando tomaste en tu cargo la empresa de tu padre. Tu sueño siempre fue ser reconocido mundialmente, y conquistar al mundo. —rió con ganas cuando recordó una de sus tantas charlas de adolescentes. Su relación amistosa siempre se basó en amor-odio. Hasta que tuvieron que separarse al tomar caminos distintos—. Cuando volví a saber de ti, años después del colegio, eras un hombre de negocios, Tony. Un hombre que había cumplido su más grande sueño: dirigir Industrias Stark. Eras, y lo sigues siendo, un maldito genio que siempre sacaba diez en los exámenes aunque o entrara a las clases jamás, y que ha llevado a este país al siglo XXI. ¿Sabes cuánto me esforzaba yo por sacar tus calificaciones? —gruñó, recordando y proyectándose a épocas pasadas.
—Eran sueños, Loki. Tú eras un niño, y yo también lo era... Cumplí mis sueños, es verdad—. Sonrió amargamente, mientras daba otro trago a su bebida y se volvía a servir, llenando su vaso de nueva cuenta—. Sueños que se construían mientras yo todo era destruido por mí mismo. ¿Qué soy ahora? Un hombre que vive cargando el pasado sobre sus hombros. —Loki lo miró con cierta lastima, pero decidió cambiar la mirada al notar el gesto dolido y distante del millonario. No quería que la herida siguiera abriéndose, así que el mismo castaño decidió cambiar de tema—. ¿Cuándo piensas ir a ver a Thor? No puedes estar enojado siempre, cuernitos, y ahora que el Señor músculos está en el hospital es buen momento para que arreglen sus diferencias. —y entonces fue su turno de sonreír al notar que Loki fruncía el ceño y se tomaba de un sorbo su bebida, encharcado en furia.
—Ese idiota no valora lo que le digo. Sabe bien que aquel trabajo es muy arriesgado, y sigue sin entenderlo, poniendo en peligro su vida para salvar a un montón de extraños que jamás se lo agradecen. —se puso de pie y trajo una nueva botella de su repertorio que lucía glorioso sobre una de las repisas del local. Tony observó fijamente sus acciones, mientras daba sorbos pequeños a su bebida—. Thor no comprende lo que yo siento cada que va y se pelea como un salvaje. Quisiera que dejara su trabajo, pero sé bien que no lo hará. Ni siquiera sé por qué digo manteniendo las esperanzas en algo como eso. —se desparramó con gesto abatido sobre la silla, dejando de lado su faceta de hombre refinado a un lado. Porque era Tony con quien se encontraba, y ese genio no iba a molestarse.
—No dejará su trabajo porque ya ha dejado mucho por ti. —fue su simple comentario. Aquel que se coló por las orejas de Loki y cruzó su mente hasta llegar a su corazón. Frunció el ceño por las crueles palabras del castaño, pero después asintió con gesto disconforme, porque era verdad. Thor había dejado todo por él, por seguirlo. Sin importarle Odín, ni Frigga. Había cruzado la mitad del mundo, y desperdiciado dos años de su vida para encontrarlo en una de las calles de Nueva York gracias a una casualidad. Y él lo había rechazado, humillado; como siempre lo había tratado. Y al rubio, sin importarle, había permanecido a su lado hasta que lo aceptó. A él y a sus sentimientos. Estúpido Tony Stark. Odiaba que lo conociera tanto, a él y a su historia—. Jodidos militares del gobierno. Por culpa de Thor, ahora Steve está envuelto en esa mafia de organización. —gruñó.
—¿S.H.I.E.L.D. lo ha reclutado? —preguntó realmente sorprendido, mientras retomaba su postura y volvía a beber a la par del genio. Tony se quedó en silencio por algunos momentos, pero finalmente suspiró y negó con un gesto de la cabeza, meciendo en el proceso un par de rebeldes mechones que se escapaban de su cabello—. ¿Entonces qué te preocupa?
—Nick Fury me ha llamado, con el cuento de siempre. —Loki asintió adivinando de qué se trataba—. Obviamente me negué, y dejó de insistir. De repente apareció Romanoff en mi casa hoy por la mañana, pero en vez de amenazarme como es su costumbre, simplemente le pidió a Rogers que la acompañara a S.H.I.E.L.D. a ver las instalaciones. —frunció el ceño—. Aquello no me da un buen presentimiento. Ellos ni siquiera deberían conocerse. —
—Quizá eso fue cuando Thor le pidió que llevara los informes. —vio a Tony asentir, mientras él balanceaba su copa por sus dedos, con gesto elegante—. Aunque tienes algo de razón, ella habría ido directamente a ti sin importarle que Steve estuviera rondando. ¿Crees que planea algo? —Tony se mantuvo callado, en un silencio sepulcral—. ¿Qué es lo que te preocupa? —cuestionó con cierta curiosidad brillando sobre sus ojos—. ¿Piensas que S.H.I.E.L.D. quiere usar a Steve para llegar a ti?
—No sólo lo pienso: lo sé, Loki. Ellos van a usarlo. —comentó amargamente, mientras daba un trago enorme a su vaso y terminaba con el líquido dentro. Después volvió a servirse más licor, e ingerirlo de nuevo de un solo movimiento. Carraspeó en cuanto el licor picó en su garganta. Los ojos verdes del otro hombre se pasearon sobre su rostro, y luego sobre sus manos. El pelinegro lo observó atentamente ante cada gesto, como descubriendo algo que ni el propio Tony sabía.
—¿Qué es lo que en verdad te preocupa, Stark? ¿Tu empresa… o Steve? —aquella pregunta sabía que era afilada como un cuchillo, pues era un tema personal que Tony solamente podría tomar de dos formas: como un mal chiste, o como un ataque. No había otra manera de tomarlo. Sin embargo, él había pisado sobre una arena movediza, esperando pacientemente la respuesta que tardó en llegar más de lo que quiso. Incluso le dio tiempo para terminar su trago y abrir la siguiente botella. Se habían terminado una completa y a penas se sentía mareado.
—Por supuesto que me preocupa mi empresa, idiota. ¿Quién podría preocuparse por Rogers? —preguntó con un tono indiferente, mientras acercaba su vaso para que Loki le sirviera del nuevo licor—. Cuando Banner vuelva lo arrancará de las garras de S.H.I.E.L.D para devolverlo a su época, así que yo no tengo nada de qué preocuparme. —canturreó con una sonrisa que pugnaba por ser autosuficiente, pero no asemejaba ni al orgullo que siempre parecía tener. Loki sabía que aquello no era verdad, Tony ni siquiera era un buen fingidor para eso. Al menos no con él.
—¿Y si le cuentan sobre ti? —fue su única pregunta, pero hizo que Stark de inmediato alzara la mirada hacia él. Negó con gesto brusco de la cabeza, mientras volvía a tomar, negándose a ese hecho—. ¿Por qué no? Puede ser una posibilidad. Pueden usar los conocimientos que tiene sobre ti, en tu contra. Steve es un buen blanco, ¿sabes? Vive en tu casa, convives con él diariamente. Y lo más importante: no conoce tu pasado. ¿Qué te asegura que ellos no van a manipularlo? —Stark se dio cuenta que aquello no sonaba como una broma de mal gusto, y mucho menos como una cizaña. Loki le hablaba como amigo—. ¿Te dolería ver eso? Dime Tony, ¿te dolería si Steve de repente te odiara por lo que has hecho? ¿Influiría eso en tu persona, y estarías dispuesto a construir armas para S.H.I.E.L.D. solamente para no ver la decepción en sus ojos? —Stark dio un salto en su silla, al darse cuenta de la magnitud de las preguntas, y lo peor: la consecuencia de las respuestas.
—¿Por qué dices algo como eso? —indagó, mientras se servía más licor. Estaban terminándoselo como si no hubiera mañana—. No me preocupa lo que pueda decir aquel militar sobre mí. Nunca he cumplido las expectativas de nadie y no comenzaré a hacerlo ahora, cuernitos. No me dolería que ese hombre me odiara, en lo absoluto. ¡Faltaba más! Tony Stark sintiéndose la peor persona solamente porque un extraño que ha irrumpido en su casa por una semana lo odie. Tengo cosas más importantes por las cuales preocuparme. —recalcó con molestia, mientras sus ojos vagaban por el local y se daba cuenta que éste estaba vacío. Probablemente había sucedido desde que Loki se sentó con él, y ni siquiera se había dado cuenta.
—Yo digo que te importaría mucho, Stark. Más de lo que das a demostrar. —suspiró con una pequeña sonrisa, mientras se acomodaba sobre el asiento y apoyaba la espalda en el respaldo. Tony lo miró con el ceño fruncido, molesto. Muy molesto.
—¿Por qué dices eso? —cuestionó mientras imitaba el movimiento de Loki. Él sonrió con su típico gesto burlón, mientras sus ojos verdes vagaban por las facciones masculinas del otro hombre. ¿Quién diría que después de tantos años, Tony Stark y él siguieran hablándose? ¿Siendo amigos y odiándose al mismo tiempo? Sin embargo, las pláticas—a veces autodestructivas—que tenían, eran de amigos. Consejos reales que se daban para el bien del otro. Sí, aunque la mayoría del tiempo sus palabras sonaras crueles.
—Casi todas las cosas, incluso los mayores movimientos de la Tierra, tienen su comienzo en algo pequeño, Stark. No lo olvides nunca. —le aconsejó, mientras daba un sorbo ligero a su bebida. Bien, comenzaba a sentirse un poco mareado. Tony lo miró con el ceño fruncido, sin entender aquella frase filosófica que él había soltado y que se iba a arruinar ahora que tenía que explicarla. Iba a dejar que Tony se diera cuenta por sí mismo, pero eran tan testarudo y cabezota que jamás adivinaría, así que simplemente sonrió con fluidez digna de alguien como él, antes de aportar la idea que calaría hasta los huesos a Anthony Stark:—. Te gusta Steve Rogers. —afirmó.
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Suspiró con cansancio en cuanto puso un pie en la Torre Stark. Más específicamente, en el Pent House. Negar que se había pasado bien la tarde en compañía de Natasha, era una grosería y una gran mentira. Después de haber aceptado la propuesta de Nick Fury, había corrido—literalmente—a cambiarse de ropa y entrenar un poco. Realmente había sido muy divertido entrenar con los sujetos de ahí, y después mirar a todos sorprendidos por su agilidad y fuerza. Hasta Natasha había alzado las cejas en señal aprobatoria y sorprendida por sus capacidades de lucha cuerpo a cuerpo. Por la tarde habían dio a comer, y de regreso en S.H.I.E.L.D. había conocido a una hermosa mujer de nombre Sharon Camp. Ella se había mostrado bastante alegre con él, amenizándole una plática sobre cosas triviales, pero interesantes. Ni siquiera fue consciente de cuando la agente Romanoff se había desaparecido de su vista sigilosamente.
Así que después de un día muy movido y divertido, estaba completamente agotado. Rememoró la clave de la puerta, y tecleándola, fue que se le permitió el acceso a la casa del millonario. Se dio cuenta entonces que todo estaba en un terrible silencio. Caminó rumbo a la cocina, y aunque la luz estaba prendida, no encontró a Jarvis como esperaba. Se paseó por la planta baja y supuso que Jarvis se habría marchado a dormir, pues la hora no era exactamente como para seguir despierto. Así que se encaminó a las escaleras y subió lentamente peldaño por peldaño hacia las habitaciones. Entró a su habitación y vislumbró a Dingo dormido en el lugar que el mayordomo y él habían acondicionado. Sonrió con ternura al mirarlo y se cambió de ropa sin hacer el más mínimo ruido para no despertarlo. Retiró las cobijas dispuesto a tener una buena siesta, pero entonces un solo nombre llegó a su mente: Tony.
¿Estaría despierto? ¿En casa? ¿Quizá en el taller? ¿Seguiría molesto con él? Sus dudas fueron disipadas por un movimiento de cabeza que hizo para alejar esas ideas y dormir, pero algo dentro de él pesaba, sintiéndose algo culpable. ¿Por qué culpable? ¿Por dejarlo solo? No lo sabía. Así que con un suave suspiro, y sin ponerse las sandalias, salió nuevamente al pasillo oscuro y caminó en dirección a la habitación principal. Por la rendija vio una tenue luz filtrándose, y suspiró algo más relajado al darse cuenta que Tony estaba en casa. Antes de darse la vuelta y regresar a su dormitorio, escuchó unos leves ruidos y luego una risita que provenía del genio. Frunció el ceño y pegó su oreja todo lo que pudo a la puerta, pero no escuchó nada más. Se mordió el labio inferior muerto de la curiosidad, y sin esperar más tiempo, giró la perilla y abrió la puerta de roble.
Se encontró con una imagen panorámica que no esperaba: Tony Stark en ropa interior, tumbado sobre un sofá individual, con una botella de licor en la mano. Tenía una mueca boba en la cara, sonriendo y soltando bufidos y risitas de un chiste mental que estaba diciéndose. Steve miró sorprendido como toda su habitación estaba deshecha, incluida la cama. Su ropa por todas partes, cobijas, cojines esparcidos en el suelo. Incluso distinguió tres botellas vacías tiradas descuidadamente. Aquello le hizo fruncir el ceño con desacuerdo. ¿Qué sucedía con Tony? Nunca lo había visto de aquella forma. Cuando ambos pares de ojos se cruzaron, el castaño volvió a ahogar una risita, como si algo le pareciera un chiste.
—¿Qué es tan gracioso, Stark? —le preguntó con el ceño fruncido, mientras sus ojos estudiaban la figura del más bajo. Era musculoso, pero no de forma exagerada. Sólo lo suficiente para verse bien. Su cabello estaba despeinado, rebelde, con algunos mechones cayendo sobre su frente. Y aquello sólo pudo lograr que Steve sintiera un pálpito fuerte en el corazón. Regresó la atención a los ojos de Tony, sin repetir la pregunta que había formulado.
—Tú... Tú, eres gracioso. —sonrió, tratando de parecer sensual, pero sin conseguirlo. No se preocupó en taparse ni tampoco en esconder la botella que tenía en la mano. Simplemente se quedó ahí, contemplado que Steve ahora llevaba ropa de dormir, y no con la que lo había visto marcharse por la mañana con la agente Romanoff. Aquello hizo que lograra enojarse un poco, así que utilizó un tono de voz brusco:—. Vuelve a la cama, Rogers.
—Estás borracho. —fue su único comentario, ignorando la orden que le había dado el millonario. Observó con gesto algo dolido el que Tony estuviese de aquella forma. Se veía tan vulnerable, tan… tan opaco. Como si de repente toda la vida que ese hombre proyectaba, y todo el ingenio que tenía se vieran reducidos a un hombre con una botella de alcohol en su mano, incapaz de hacer algo por sí mismo. ¿Qué hombre era Tony Stark? ¿El empresario, el cínico, el borracho? Cada día lo sorprendía más.
—Observación muy astuta, ahora déjame en paz. —ordenó en un tono donde quiso esconder el nudo de humillación que sentía en la garganta. Podía ver la mirada de decepción que el rubio tenía sobre él, y bebió un trago más de la botella para olvidar su importancia. No le importaba decepcionar a alguien más en su vida, de verdad no le importaba. Bien le había dicho a Loki que él no estaba para cumplir las expectativas de nadie. Ni mucho menos las de un extraño como Steve Rogers.
—Creí que no estabas en casa, pero me alegro que así sea. —comentó, frotándose la mejilla con la palma de su mano, algo abatido. Miró aquellos ojos color chocolate, los que le devolvían una mirada perdida por el alcohol, pero también un gesto distante, triste. Steve sabía que aquella mirada escondía un mar de secretos, algo que siempre se empeñaba en ocultar tras una sonrisa y unas gafas de sol. Pero ésta vez, en ésta noche, Tony no se había molestado en ocultar que era un hombre vulnerable. Que era un hombre roto.
—Si estabas preocupado por mi paradero de esta noche, bueno, aquí estoy. En mi habitación, y en mi sofá de cómodo relleno. —su tono sarcástico hizo que el rubio frunciera el ceño—. Vete ahora, soldado. —y tras esas palabras tan rudas que había soltado Tony, Steve se estremeció al sentirse un entrometido en la vida del millonario. Dio un paso atrás, y luego otro. Entonces su vista se paseó por última vez en aquel cuarto, y cuando cruzó la mirada con el castaño, se quedó viéndolo con sus ojos azules ilegibles en la penumbra; dio media vuelta y giró la perilla de la puerta para salir.
—Buenas noches, Anthony. —susurró. Y aquella frase se estrelló limpiamente contra Stark como un golpe físico, o peor aún. Dolió mucho más. Sólo pudo soltar una risita amarga que se incrementó en cuanto la puerta fue cerrada y la espalda del rubio desapareció tras el roble. Odiaba que Steve hubiera obedecido aquello, en verdad lo odiaba. Pero él era un hijo de puta, como se lo había dicho a Loki. Tenía un oscuro corazón. Un corazón maltratado y obstinado, como el mismo Anthony lo era.
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¿Les gustó? Espero que sí *u*
Éste capítulo era el doble de largo, pero decidí cortarlo porque era muy grande, casi 25 hojas en Word xD el siguiente capítulo tendrá más de una sorpresa 7u7 ¡Así que no se olviden de comentar! :D recuerden que los comentarios hacen feliz a la autora :33
¡Un beso enorme y nos leemos muy pronto!
