¡Holaaaaa! ¿Cómo estan mis queridos lectores? :3

Yo muy, muy feliz por varias razones. En primera porque estamos terminando ya el rico mes de noviembre que se ha pasado como agua, y pronto se vendrá mi época favorita: navidad. Invierno, ropa súper calientita, chocolate, fiestas, etc etc. Una época para estar con la familia y disfrutar las vacaciones /O/ en fin. Quiero hacer un especial de Navidad en este fic, por lo tanto tengo que adelantar la historia lo más que pueda para poder entrelazar el especial con la historia, pues recordemos que en este fic ya están en épocas decembrinas.

Por otra parte, quiero presumirles (xD) que fui a ver "En llamas" y fue una buena película. La primera parte no me pareció tan emocionante, pero ésta prometía algo más y no me decepcionó. ¡Si hasta me compré los libros! xD

Bueno, ya no les entretengo más y los dejo con el capítulo :33

o.o.o.o.o.o.o

Capítulo 16.- Una historia de amor.

Si hubiera sabido que la cabeza le dolería con tanta magnitud, jamás habría bebido tanto. O quizá sí. Realmente Tony necesitaba sacar aquello que llevaba atorado, y quién mejor que Loki para escucharlo. La noche pasada había sido muy buena, pero también amarga. Los sentimientos y la culpa habían florecido en su memoria, haciéndolo querer olvidar todo con el alcohol. Probablemente recordaría todo al pasar el medio día, pues apenas había abierto los ojos y ya estaba rememorando algunas escenas de la madrugada. Cuando caminó hacia su baño arrastrando los pies como si tuvieran plomo, y se observó a sí mismo en el espejo del baño con el cabello revuelto, fue que recordó que después de salir del Café de Loki, había caminado sin rumbo fijo con el pelinegro por toda la calle.

Se habían sorprendido al ver de pie ahí todavía al hombre del saxofón, quien los acompañó en su amarga borrachera a compás de la música. Bebieron, jugaron, y rieron hasta que sus pulmones no pudieron más. Tony había arrumbado a Loki—casi inconsciente, por cierto—en su edificio, partiendo así hasta su Torre. Era bastante noche cuando llegó a su casa, pues ya ni Jarvis rondaba como solía hacer cada noche. Supuso que Steve estaría leyendo un libro, pero no estaba ni en la biblioteca ni en ninguna parte de la casa. Se había sentido tan enojado por su ausencia sin ninguna razón que se había puesto a beber incluso más.

Suspiró volviendo al presente, mientras abría las manecillas del agua y ésta caía con vapor. Necesitaba un baño refrescante, pero si se metía al jacuzzi probablemente se quedaría dormido. Así que prefirió darse una ducha tranquila. Y mientras el agua resbalaba por sus tensos músculos, y enjuagaba su cuerpo con jabón perfumado, recordó la plática nocturna que había tenido con Steve. Vaya idiota, preocupándose por él de aquella forma. Él había sido muy grosero, lo sabía. Y la culpa lo perseguía, pues Steve era un hombre de verdad bueno y sin dobles intenciones, ¿cómo ser frente a él? Después vino a su memoria la larga platica con Loki y la frase que lo había descolocado por completo. ¿Qué a él le gustaba Rogers? ¡Por favor! Eso no eran ni tantito cierto. Quizá se le hiciera un hombre muy atractivo, con un cuerpo de infarto que lo hacía tener pensamientos indecorosos, y quizá fuera el bastardo más sincero e inocente que había conocido en su extensa lista de personas; y también era alguien intachable, divertido, de valores, instruido y curioso e inteligente… joder. Salió de la ducha y se secó con la primera toalla que encontró en su camino. Loki no tenía razón. No la tenía.

Así que con una actitud mucho más renovada y fresca, bajó las escaleras con una playera de AC/DC y unos pantalones sencillos de chándal. Era sábado y no había mucho por hacer. Podía darse el lujo de llegar un poco tarde al trabajo, después de todo él era su propio jefe. Escalón por escalón sus pies brincaban con algo de prisa, mientras con la mano derecha revolvía sus cabellos castaños para que el exceso de agua cayera. Vislumbró la silueta de Steve en el sofá, dándole la espalda. Primero pensó que estaba viendo la televisión, pero rechazó la idea al notar que la misma estaba apagada. ¿Estaría leyendo? Se acercó a paso cauteloso, tratando de no hacer ruido, ¿Steve estaría molesto por lo de anoche? Estaba a punto de darse media vuelta y huir hacia la cocina antes de que el rubio supiera que estaba ahí.

—Buenos días, Stark. —la voz de Steve resonó fuerte sobre el silencio de la sala, y Tony se quedó ahí parado sin moverse. Bueno, quizá había pensado demasiado tarde en marcharse. Avanzó el par de pasos que los distanciaban, y rodeó el sofá hasta estar frente a Steve, de pie. Él tenía una libreta sobre su regazo, y en su mano derecha sostenía un lápiz afilado. Sus ojos se movieron hacia los trazos que estaba plasmando, pero Steve retiró el boceto demasiado rápido para que él mirara.

—¿Qué dibujas? —ni siquiera se molestó en regresar el saludo. Su curiosidad de niño pequeño lo atacó, haciendo que sus ojos color chocolate brillaran con expectación. Steve sonrió un poco al notar aquello. Tony Stark era como un niño gigante, y un genio; pero un crío de todas formas. Como no recibió respuesta y Steve se mostró reacio a enseñarle el dibujo, fue él mismo quien trató de quitárselo de las manos. El rubio se puso de pie y alzó la mano izquierda tan alto como pudo, con la libreta en su mano, para que Stark no pudiera alcanzarla. Él gruñó cuando dio algunos saltitos y no rozaba ni la muñeca del ojiazul. Steve comenzó a reír.

—¡Eres tan pequeño, Tony Stark! —rió con ganas, mientras su comentario gracioso era esparcido como eco por toda la sala de forma alegre. El mencionado le gruñó con disconformidad, pero igual con una sonrisa mediana, mientras seguía tratando erróneamente de alcanzar aquel objeto. Sus ojos azules seguían sus movimientos.

—¡No soy pequeño, soy compacto! —rebatió con un puchero que a Steve se le antojó tierno. Era una faceta de Tony que no conocía, ¿Cuándo dejaría de sorprenderlo ese hombre? Sin embargo, Stark comenzó a picarle las costillas de forma insistente, haciendo que Rogers bajara un poco los brazos ante la risa que aquello le causaba. Steve lo miró directamente a los ojos con una sonrisa que mostraba sus perfectos dientes blancos, mientras trataba de agarrar la mano del castaño para alejarlo.

—¡Eso es trampa! —gruñó con una sonrisa al tiempo que Stark desistía de su plan B, y volvía a brincar para tomar la libreta. Él sólo pudo reír maravillado observándolo. Al hacer esos movimientos de brincar, no se dio cuenta cuando fue que estuvo tan pegado al cuerpo de Rogers, ni cuando fue que sus ojos estaban tan cerca el uno del otro. Al darse cuenta de ese pequeño—gran—detalle, trastabilló hacia atrás para alejarse, pero se tropezó en el proceso y sintió que el suelo debajo se desvanecía. El golpe nunca llegó, pues el ágil y fuerte brazo de Steve soltó su libreta de bocetos sin importarle que cayera al piso, y se movió hasta tomar a Tony por la cintura y atraerlo a su cuerpo para que no cayera— ¿Estás bien, Stark? —cuestionó cuando su brazo se afianzó con fuerza a su alrededor. Estaba totalmente serio y sus ojos mostraban la preocupación que sentía. Si había habido alguna risa, no había ni rastro de la misma.

El castaño se quedó sin palabras en cuanto sintió el cuerpo de Steve, completamente pegado al suyo. Su pecho fuerte se sentía como una pared de ladrillos firme, y su brazo alrededor de la cintura era como un resorte que le impedía apartarse. No se dio cuenta que sus manos estaba fuertemente sujetas en la playera blanca de Steve, hasta que desvió la mirada y las vio ahí posadas, apretando fuerte sus hombros sobre la tela. Subió la mirada y se encontró con aquellos ojos azules que eran profundos como el cielo, pero transparentes como el mismo mar. Sus pestañas rubias se inclinaban hacia su figura pequeña, mientras que podía sentir los dedos de Rogers pegados a su espalda baja. Sus ojos se desviaron a sus carnosos labios, que se veían tersos a esa distancia. ¿Qué se sentiría besarlo? ¿Qué Steve lo atrajera más a su cuerpo y poder por fin degustarlo? Se sentía atraído como un imán hacia su persona, sobre todo por el aliento que chocaba contra su rostro… y lo peor es que no solo él había entrado en un trance, también Steve.

El rubio tenía la mirada fija sobre el castaño, pues le había dado un gran susto cuando lo vio irse hacia atrás. Podría pegarse en la mesilla y entonces todo sería una tragedia. El primer movimiento por impulso que se le ocurrió fue pasar su brazo por la cintura para poder detenerlo, sin fijarse en que habían quedado completamente pegados. Sin embargo, cuando lo tuvo a esa distancia no pudo apartarlo. Primero lo había mirado para memorizar su rostro y poder dibujarlo más tarde a definición mayor, pero después se encontró a sí mismo paseando con lentitud sus ojos sobre aquel rostro tan… curioso. Los ojos grandes, las pestañas tupidas y las suaves arrugas sobre las esquinas de los ojos marrones. La nariz afilada y la barba perfectamente cortada. Y esos labios… se sorprendió mirando sus labios con tanta concentración como si quisiera pasar sus dedos por ellos con un suave movimiento… y luego su lengua. ¡¿Qué?! ¡Su lengua, había pensado en su lengua pasando por esos labios! Aquello le dejó tan pasmado que no fue consciente de cómo Tony comenzó a darle pequeños empujones para que lo liberara de su abrazo protector.

—Rogers, ya estoy bien. Suéltame. —gruñó, y sintió como el brazo lo iba soltando hasta que pudo liberarse. Aprovechó para alejarse a una distancia prudencial, viendo a Steve, quien parecía estar en un trance emocional. Pasó una mano enfrente de sus ojos, y Rogers pareció reaccionar. Sin embargo no lo miró y se puso de cuclillas para recoger su lápiz, pero Tony pudo vislumbrar un sonrojo sobre sus mejillas. De seguro estaba imaginando cosas, debía ser eso. Stark también se puso en la misma posición para levantar su libreta de bocetos que se abrió en la serie de trazos que Steve estaba haciendo antes de que él llegara— ¿Quién es ella? —indagó en cuanto sus ojos chocaron con el tenue dibujo que comenzaba a marcarse. Si bien no estaba terminado todavía, se podía distinguir una mujer de cuerpo completo recargada en lo que parecía ser el tronco de un árbol, vistiendo ropa militar, mientras veía con aire ausente la lluvia plasmada, también. Aquello le revolvió el estómago con una sensación pesada— ¿Tu hermana? ¿Tu… prometida, quizá? —aquella última pregunta fue la que más trabajo le costó formular, sin embargo, Steve negó.

—Es… —dudó un poco sobre si continuar o no, pero finalmente dio un suspiro y dirigió una pequeña sonrisa al boceto que el castaño seguía sosteniendo—. Es la mujer que amo. —mencionó en un susurro, mientras sus ojos azules brillaban envueltos en recuerdos. Tony sintió que algo en su pecho pesaba duro como si una roca jalara hacia abajo su corazón. Por un momento se quedó sin nada más que decir, e intentó entregarle el cuaderno a Steve, pero en lugar de eso se quedó mirando el dibujo. Decir que Rogers no era bueno dibujando era una gran falsedad, porque desde antes había comprobado que era todo un artista.

—¿La mujer que amas? —sonrió un poco, devolviéndole la libreta que el rubio tomó entre sus manos para cerrarla de un solo golpe—. Pensé que no amabas a la mujer con quien vas a casarte. —mencionó con aire ausente, mientras caminaba hacia su mini-bar y sacaba dos copas y una botella de alcohol. Bien, tomar tantos días seguidos no era bueno para su salud ni para su hígado, pero no es como si le importara mucho realmente.

—No es ella con quien voy a casarme. —el tono melancólico de su voz hizo que Tony apresurara el servir el licor. Después le pasó una copa a Steve, quien la tomó y bebió un sorbo, para después continuar hablando:—. Pero es ella de quien me enamoré.

—Es bonita. —fue su simple comentario, ¿qué más podía decir? Su cerebro de repente se había secado. Ambos tomaron asiento sobre el sofá, a una distancia no tan grande, pero dejando un espacio prudente entre ellos. Steve asintió en una respuesta muda, mientras se acomodaba mejor y sus ojos se desviaban a un punto cualquiera en la habitación. Todo menos encontrarse con esos ojos color chocolate tan expresivos y humanos—. ¿Cómo se conocieron? —preguntó, cuando sintió que Steve no quería seguir hablando del tema. De todas formas Tony tenía tiempo de sobra para llegar al trabajo, y Rogers parecía querer hablar con alguien, ¿qué más daba? Además el tema era de su peculiar interés.

—Fui a misiones durante mucho tiempo. Stark. —el rubio dijo en voz baja, mientras meneaba su copa y veía como el líquido se balanceaba lento, ante la atenta mirada del castaño—. Estuve en la guerra muchos años, y en uno de los campamentos de apoyo la conocí. Peggy Carter. Ella era una mujer de carácter fuerte, indomable. —sonrió al traer a su mente aquellos recuerdos que tenía con ella, las veces que habían peleado y las que se habían apoyado—. Era diferente a todas las demás mujeres que yo alguna vez hubiera conocido. —

—¿Cómo diferente? Todas las mujeres son iguales, y supongo que en tu época lo eran más. —comentó sin querer parecer grosero, cosa que el propio Steve notó—. Además, ¿una mujer en el ejército? Eso es técnicamente imposible a menos que fuese enfermera. —sorbió un poco de su bebida, sintiendo de repente la garganta más seca de lo normal. Steve lo miró durante un par de segundos antes de apartar la mirada y dirigir sus ojos a sus propias palmas abiertas.

—Pues ella lo era. Era una militar mucho más entrenada que algunos hombres, iba a la guerra y ayudaba a la gente. Salvaba vidas y se preocupaba por su equipo. Era tan fuerte, tan temeraria… no pude evitar enamorarme de ella, y de su forma de ser tan ruda. —sonrió, alzando la comisura de los labios con melancolía. Tony apretó el vaso en su mano, y se quedó quieto en su puesto. Podía leer en sus ojos el amor que Rogers le profesaba a aquella mujer, y sobre todo en la forma que hablaba de ella. Tragó duro—. Ella me vio incluso cuando yo era un simple soldado y no tenía estos músculos. —se rio de sí mismo, mientras miraba sus brazos, seguido por la mirada del millonario—. Cuando ascendí a Capitán tiempo después, fue cuando todos me reconocieron. Pero ella ya me había visto mucho antes, cuando yo era invisible.

—¿Nunca salieron? —indagó, dando otro sorbo a su bebida. Sus ojos se posaron con atención sobre los músculos del rubio. Estar en esa forma debió costarle muchísimo trabajo y años de esfuerzo y arduo entrenamiento. La curiosidad picaba en su lengua, pero cada que hacía una pregunta parecía arrepentirse, porque no estaba preparado para escuchar sobre las historias amorosas y personales de Steve. Se sentía demasiado… demasiado decepcionante saber que estaba enamorado.

—Sí, unas cuantas veces. —suspiró, frotando con su mano derecha su nuca—. Tardé mucho en pedirle la primera cita, y no fue como esperaba porque todo fue un desastre, pero a ella le encantó. —tomó un trago de su bebida alcohólica—. Eso fue lo más importante de todo… después, fue ella quien propuso la segunda salida, y entonces se dio algo entre nosotros. —apoyó su espalda en el sofá, mientras sus ojos azules se clavaban en el techo con los recuerdos aflorando por su mente como margaritas. Tony fijó su vista en la garganta que se mostraba estirada ante él, con la manzana sobresaliendo por las tiras de piel de aquel atractivo hombre. Joder que era sexy.

—¿Y por qué no le pediste matrimonio a ella? —volvió a cuestionar, comenzando a aceptar el peso sobre su pecho. Cada que Steve decía algo, se añadía un peso extra sobre él, pero no es como si pudiera cortar la plática de la nada, cuando la misma le daba la pauta para conocer más a profundidad a alguien como Steve. Jamás imaginó que tuviera una historia tan distinta a las usuales.

—Iba a hacerlo. —sonrió amargamente—. Pero cuando habíamos quedado formalmente para la cita, mi tío me pidió que regresara a casa porque él estaba muy enfermo. Tuve que pedir un tiempo en el ejército para poder estar con mi familia. Cuando llegué los planes eran otros: que desertara y busca una mujer para casarme. Organizaron una fiesta sin avisarme, y entonces le pedí a Peggy que nos viéramos para explicarle la situación. Ese mismo día sucedió lo del Doctor Banner, y bueno… —dejó inconclusa la última frase, retomándola poco después—. Además, en mis tiempos se cree que las mujeres del ejército, que son contadas, no son buenas para la familia; no son buenas amas de casa. —el silencio del castaño, acompañado por el constante golpeteo del reloj de su mano, formaron una prolongación de su plática de casi cinco minutos. Steve apretó un poco los puños, al sentirse estúpido por lo que iba a decir—. Creo que en el fondo… tenía miedo de que ella pudiera rechazarme.

—¿Rechazarte? —Tony sonrió, negando con un gesto de la cabeza—. ¿Cómo podría rechazarte? ¡Mírate, Rogers! sólo un ciego te rechazaría, no juegues. —pero aquella frase que había soltado de forma casual, se tornó en algo íntimo para ambos. Tarde se dio cuenta de lo que había dicho, pero Rogers ya lo estaba mirando fijamente, con aquella intensidad que lograba hacer las rodillas del millonario temblar.

—Gracias, supongo. —comentó parpadeando seguidamente, tratando de despejar su mente por aquellas palabras. Rascó su mejilla con el dedo índice, mientras se acababa su bebida de un solo trago y ponía la copa vacía en la mesilla de vidrio pulido. Trató de cambiar de tema, porque aquello lo ponía algo triste. No estaba acostumbrado de hablar sobre sus sentimientos tan abiertamente—. ¿Y tú, Stark? ¿Ya te has enamorado de la persona incorrecta?

—Desafortunadamente, mi único amor verdadero sigo siendo yo mismo. —una sonrisa sarcástica se posó sobre su rostro, mientras también terminaba su trago y depositaba la copa junto a la de Steve. El rubio rió un poco ante su respuesta, pues finalmente se trataba de tony Stark con quien estaba hablando.

—Entonces no tendrás que preocuparte por el rechazo. —siguió la broma, mientras sentía como la tensión de toda la mañana y la noche anterior se iba disipando. Steve sabía que en el fondo la única causa por la cual el castaño lo había escuchado sobre su relación con Peggy, era solamente porque se sentía culpable por su grosería de anoche. No es como si Steve estuviera pidiéndole que se arrepintiera. Al contrario, era él quien se sentía culpable por haberlo dejado solo, pero ¿qué iba a decirle? Si era un extraño viviendo en su casa, nada más.

—No, pero me rechazo a mí mismo de vez en cuando para no perder interés. —y una sonrisa marca Stark, acompañada de una tira de dientes blancos, se instaló sobre su rostro maduro. Steve rio ésta vez más fuerte, mientras negaba con una sonrisa y se ponía de pie. Tomó su libreta en una mano, y en la otra el lápiz con el cual había estado dibujando. Por suerte había arrancado ya el dibujo que había hecho de Tony en ropa interior, como lo había encontrado en su alcoba. Se alegraba de haberlo guardado por la mañana junto con los otros dibujos. ¿Qué pasaría si Anthony se daba cuenta de que había sido su modelo durante un tiempo? No quería ni pensar en su reacción. Probablemente pensaría que era un enfermo y lo correría de su casa.

—Me gustó platicar contigo, Stark. Pero tengo un compromiso así que me iré. —mencionó mientras abandonaba la sala rumbo a las escaleras, pero Tony le dio alcance, siguiéndolo hasta recargarse en el primer peldaño cuando Steve ya había subido unos cuantos escalones. Se volvió para ver al millonario de pie, con el ceño fruncido. Se sintió algo desubicado, pero quiso aclararle la situación a Tony—. Cuando fui a dejar los papeles que Thor me envió, conocí a la agente Romanoff. Y ayer fuimos a S.H.I.E.L.D. a conocer las instalaciones… y me ofrecieron trabajo. —aquella última frase, fue la que hizo que Tony frunciera tanto el ceño que sus cejas casi estaban unidas en una misma.

—¿Cómo dices? ¿Trabajo? —aquello lo había descolocado por completo. Entonces lo que había platicado con Loki no era un error. Nick Fury y su gente estaban jugando muy sucio—. No quiero que vayas. —le ordenó con voz neutra y la mandíbula apretada. Vio a Steve alzar una ceja, sin poder creer sus palabras—. Ellos no son buenas personas, Rogers. —

—Pues a mí me pareció todo lo contrario. —comentó con cierto deje de ofensa, ante el tono autoritario de Tony. Una cosa era que le diera asilo en su casa, y otra diferente que le ordenara todo lo que tenía que hacer o no hacer—. Y si son malas personas, lo descubriré por mí mismo. Gracias por el consejo. —y sin esperar alguna palabra más, se giró de nueva cuenta y avanzó los escalones que lo conducían al segundo piso, dejando a Tony con un sabor amargo sobre la boca del estómago.

o.o.o.o.o.o.o.o

Se aburría como ostra ahí aplastado en la camilla del hospital. Se removió incómodo por estar tanto tiempo acostado. Necesitaba moverse, salir, correr… al menos caminar para sentirse vivo. Estar en una cama las 24 horas no era tan saludable. Suspiró, sintiéndose solo de repente. Loki no se había aparecido desde que habían peleado, y tampoco había recibido una llama para preguntar por su salud. Incluso él había seducido a la enfermera para que averiguara si su hermano había marcado: pero nada. No había ni rastro de Loki.

Gruñó disconforme y estresado por el constante pitido de la máquina que mostraba su ritmo cardiaco. ¿Cuándo podría salir de ese maldito lugar? Necesitaba volver a su trabajo, joder. Ni siquiera se había bañado como correspondía. Y lo que era lo peor de todo, no había probado ningún alimento verdadero en todo ese tiempo. Y no, la comida sintética de los hospitales no contaba. Él quería carne, frutas, refresco. No gelatinas y yogurts tres veces al día que no le hacían ni cosquillas en el estómago. Además extrañaba a Loki y su eterna compañía. Era cierto que muchas veces peleaban, pero también se reconciliaban. Tenían sus discrepancias, pero el sexo era realmente bueno. Y su mirada verde, sus gestos elegantes, sus manos voraces y su lengua venenosa. Lo amaba. No había otra respuesta.

Justo estaba sopesando la idea de brincar por la ventana y fugarse hasta llegar a su departamento para poder besar a su hermano y comer carne, preguntándose cuántos pisos arriba estaría su cuarto, pero un suave movimiento en la puerta lo distrajo. Una bella enfermera pelirroja entró en la habitación con una pequeña sonrisa. Thor le regresó el gesto con la mano derecha, apenas saludándola. Ella traía puesto el uniforme completo, y sostenía en su mano un teléfono inalámbrico.

—Señor Odinson, tiene una llamada. —le comunicó con voz dulce, mientras tapaba con una mano la bocina del teléfono para que del otro lado no se escuchara nada. El corazón de Thor dio un vuelco y comenzó a latir algo acelerado, esperanzado por la idea de que pudiera ser Loki quien llamaba. Estaba a punto de preguntar, pero ella se adelantó:—. Es una periodista que está pidiendo permiso para poder verlo. Tal parece que quiere entrevistarlo por el accidente que tuvo. Es un héroe ahora. —y no mentía. Pues la noticia del suceso que lo había llevado hasta esa camilla había salido seguidamente en varios programas televisivos. Thor hizo una mueca al sentirse decepcionado porque no era su hermano quien lo buscaba. Ni siquiera se tomó la molestia en preguntar por el nombre de la periodista, no le importaba.

—Hágame un favor y dígale que me encuentro dormido en este momento, enfermera. —le pidió en cuanto ella estaba casi dándole el teléfono para que contestara—. Que se comunique después, por favor. —ella le asintió en respuesta con una sonrisa y destapó la bocina. De inmediato, y en su presencia le dijo las palabras exactas y la persona del otro lado pareció entender aquello, porque la llamada terminó en menos de dos minutos. Con una sonrisa ella dio media vuelta y se marchó por la puerta, cerrándola a su paso. Thor estaba justo por cerrar los ojos e intentar dormir, pero otro ruido en la puerta lo distrajo. Estuvo a punto de correr a quien fuera que entrase, pero entonces lo vio en su puerta y su sonrisa se ensanchó:— ¡Steve, qué alegría verte!

Y Rogers le regresó la sonrisa.

o.o.o.o.o.o

—¿Crees que Nick Fury está planeando algo en tu contra utilizando a Steve? Eso suena bastante tétrico, Tony. —la voz calmada de Pepper no logró apaciguar el torrente de emociones que caían en picada por la mente del genio millonario. Él frunció el ceño y volvió a tomar de su taza de café, con aire abstraído. Bien, había llegado como demonio a la oficina, queriendo que nadie se cruzara en su camino, aunque obviamente no podía evitar a una sola mujer que parecía buscarlo hasta por debajo de las piedras: Potts. Así que después de mucha insistencia y dolores de cabeza, había terminado por contarle todo lo que había estado pasando con él desde la última vez que la había visto.

Desde los momentos incómodos con Rogers hasta la llegada sorpresiva de Natasha a su casa, la proposición hacia Steve sobre visitar las instalaciones de S.H.I.E.L.D., sus sospechas sobre la organización, y su borrachera con Loki. Todo aquello lo había soltado como una bomba en menos de dos horas, y lo peor es que Virginia lo miraba con una sonrisa que él no supo si tomar como buen augurio o malo, probablemente la segunda opción al observar sus gestos demoníacos. Muy bien, era oficial: Anthony Stark estaba alucinando.

—¿Qué te sucede, Pepper? —cuestionó con una ceja alzada, mientras trataba de adivinar su pensamiento—. Te cuento mi trágica historia y en lugar de darme un consejo simplemente sonríes. ¿Estás bien? —intentó sonar serio, pero su tono burlón solamente hizo que la secretaria gruñera, pero sin quitar aquella expresión pícara en su rostro. Tony esperó pacientemente la bomba, pues era bien sabido que si él no preguntaba por algunos minutos, seguramente ella soltara lo que pensaba. Estaban sentados sobre su sofá de cuero, uno al lado del otro, como siempre lo hacían.

—¿Te gusta Steve, Tony? —le pregunta lo tomó desprevenido, y por primera vez, se quedó sin poder contestar, pero ella le sonrió para darle ánimos—. No le diré a nadie si me lo dices, soy tu amiga. —le susurró, como si estuviera confesándole un secreto de estado.

—No sé a qué te refieres. —trató de evadir ese incomodo momento, pero al tratar de ponerse de pie, ella se lo impidió jalándole de la mano por la que le tenía sujeto y devolviéndolo a su lugar. Entonces sus ojos azules cayeron sobre su persona, analizándolo de forma profunda. Se sintió descubierto. Ella no dijo ninguna palabra, pero tampoco necesitó más. Los ojos castaños se movieron por las facciones de su rostro, y comenzó a contar las pecas detenidamente. Inconscientemente, su mente regresó a un par de ojos azules, pero más claros y profundos, con un brillo singular. Rogers, su porte, su cabello rubio, y esa sonrisa. Maldita sea—. Quizá… bueno, está, ya sabes… guapo. —balbuceó sin saber muy bien como continuar. Sin embargo, descubrió las intenciones debajo de esa mirada que pretendía ser amigable—. Es un hombre, Pepper. —suspiró. Ahora ella le venía con el mismo cuento que Loki. ¿Qué tenía él como para que esos chiflados creyeran algo absurdo como eso?

—¿Y qué tiene? Eso no es un impedimento para ti. —ella le sonrió con suspicacia, pero Tony decidió que ya tenía bastante. Aquel hombre era un anticuado que jamás aceptaría algo como eso. Tenía la mente bloqueada, así que con un leve empujón de su mano, se puso de pie y caminó de nueva cuenta hacia el escritorio, donde estaban los papeles que había firmado. Miró la hora en su reloj y agradeció que el momento incómodo hubiese terminado. Puede que el que los dos fueran hombres no era un impedimento realmente grande, pero lo que sí lo era—y Pepper no estaba considerándolo a pesar de que se lo había contado no hace mucho—es que Steve ya estaba enamorado de alguien más.

—Tenemos una junta ahora mismo, señorita Potts. Por cierto, ¿has visto a Obi? Creí que ya estaría de nueva cuenta en la oficina… —y sin mirarla de nueva cuenta, tomó los papeles entre sus dedos y salió de la oficina sin dejar de hablar, ante la atenta mirada de su secretaria. Ella sólo suspiró mientras se ponía de pie para seguirlo. Que le dijeran loca, pero conocía lo bastante bien a Anthony como para saberlo. Aunque su jefe era realmente un cabeza dura, y tardaría mucho para aceptarlo. El problema era el tiempo que quedaba para Steve regresara a casa. Potts suspiró en cuanto vio un cuadro sobre el escritorio de Stark, y se dio cuenta que en esa foto salían ellos dos, abrazados y riendo. Aún recordaba esa fiesta de hacía dos años en la mansión de Malibú. Sonrió con ternura.

Era un afecto tremendo y un amor sincero el que existía entre ellos. Pepper era como una hermana para Tony Stark y viceversa. Muchas personas habían llegado a pensar que ellos terminarían juntos, pero Potts sabía que algo como eso simplemente no podría ocurrir jamás. El cariño permanecía, de eso no había duda. El amor, no exactamente. Todavía no existía una persona sobre la tierra capaz de centrar el corazón de Tony Stark. Sin embargo, Virginia tenía ciertas expectativas en que alguien nuevo y extraordinario llevase a cabo aquella descomunal hazaña sin tan si quiera saberlo: Steve Rogers.

o.o.o.o.o.o.o.o

Su cuerpo se balanceaba al compás de la música que resonaba fuerte por todos lados, mientras sentía manos traviesas colarse por su ropa y tocar más de lo permitido. No le importó, realmente no lo hizo. Estaba tan concentrado en olvidar el día que había tenido que no le interesaba si eran extraños los que se permitían esas libertades. Sonrió con gusto, mientras una botella se posaba sobre sus labios y era inclinada para que él bebiera directamente del Brandy que le ofrecían. Ingirió lo que pudo, mientras un poco resbalaba por su barba y su camisa se mojaba.

Estaba sudado, cansado, jadeante y acalorado. Había sido una buena opción visitar un antro nuevo, y qué mejor que el que acababan de abrir en la ciudad. Después de que Pepper hubiera dicho todas esas tonterías, él solamente había podido pensar en eso el resto de la tarde. Incluso en la junta que tuvo ni prestó la atención debida y sólo asentía cuando todos los ojos se posaban su persona. Después de eso evitó a toda costa a su secretaria y se escabulló del trabajo. Había vagado por la ciudad por casi tres horas, manejando sin rumbo fijo. Entonces había encontrado ese antro. Y ahora, después de unos cuantos—muchos—tragos, estaba bailando en la mitad de la pista con un montón de gente desconocida. Su corbata se había perdido en el proceso junto con su saco ejecutivo hecho a la medida.

Alguien le pasó la mano por la cintura, y cuando alzó la vista vislumbró unos ojos azules. Su corazón dio un latido fuerte, acompañado por otro, y algunos más. Aquel hombre le sonrió y él regresó el gesto, completamente embriagado en alcohol. El extraño tomó su mano y lo condujo hacia otro lado, lejos de aquella aglomeración de gente sudando. Lo condujo por toda la pista hasta llegar a una pared que estaba en penumbras. Tony se tambaleaba al caminar por el exceso de alcohol en su organismo, y aquello simplemente le hacía reír como estúpido. Aquel sujeto se detuvo y lo acorraló con la pared, haciendo notorios los 10 centímetros de diferencia entre sus alturas.

Tony sintió aquellos labios ansiosos posarse sobre los suyos, acariciándolos con rudeza e introduciendo su lengua en un brusco movimiento. Quiso quejarse y apartarlo, pero estaba demasiado borracho como para poder siquiera manejar su cuerpo. Así que dejó que ese hombre manoseara su cuerpo con sus grandes manos, a la vez que sentía como desabrochaba su camisa mientras sus besos eran dirigidos ésta vez a su cuello. Gimió con gusto, cerrando los ojos, mientras sus manos jalaban con fuerza aquellos mechones algo largos del cabello contrario. El ojiazul coló una rodilla entre sus muslos, y acarició con firmeza el bulto que comenzaba a presentarse en los pantalones formales de Tony. Se revolvió entre la pared y aquel cuerpo caliente, y su respiración se agitó presa del momento.

Sus ojos se abrieron para poder mirar al hombre que comenzaba a darle placer con su mano estrechando su creciente erección, pero no se esperó aquello. Imaginó ver a cualquier persona, menos a él. Sus ojos azules, su cuerpo, la forma de sus músculos. No quiso creer aquello, sin embargo parpadeó, y el mismo rostro seguía apareciendo. Aquellas gemas como el cielo se plantaron en sus ojos, para luego sonreírle y seguir con lo que estaba haciendo. La mano derecha del mayor comenzó a desabrochar los pantalones del castaño, mientras su otra mano apretaba una de sus nalgas.

Steveahh… —gimió su nombre entre sus labios apretados, mientras intentaba reprimir aquellas sensaciones mordiendo su labio inferior. Llevó una de sus manos a la ancha espalda y la dejó ahí, tratando de darse apoyo. No supo cuando fue, pero de repente el calor que le brindaban se alejó. Abrió los ojos y parpadeó, enfocando los ojos azules contrarios—. ¿Qué sucede? —preguntó con la voz algo torpe por el licor.

—Tú… me llamaste Steve. —le rugió con algo de enfado, mientras volvía a colocarse con aire presuroso su ropa de la forma que correspondía. Tony parpadeó sorprendido, y lo enfocó mejor. No era Steve. Era otro hombre con ojos azules. Se quedó recargado en la pared, con una clara muestra de asombro sobre su rostro—. No pensé que estuvieras en una relación. Llámame cuando no tengas ganas de recordar a tu pareja. —y sin decir nada más, se alejó entre la gente.

Tony pudo distinguir a la distancia su cabello castaño. ¿Qué acababa de suceder? Había confundido a un hombre cualquiera con el rubio, y peor, había visto su rostro y sentido su cuerpo. ¡Se había excitado con la imagen de Steve! Algo debía estar mal con él. La idea de que Steve pudiera estar sobre él, haciéndole aquellas cosas—o viceversa—hacían que su erección quisiera volver a subir como la espuma. Así que trató de relajar su cuerpo, y se quedó pegado a esa pared oscura por un rato. Todavía estaba lo bastante borracho como para tambalearse caminando hacia la barra. Necesitaba un trago más.

No, mejor una botella completa. La noche era larga.

o.o.o.o.o.o.o

Cuando Steve puso un pie nuevamente en la Torre, las luces estaban por completo apagadas. Había entrado por la puerta trasera que daba directamente al elevador para subir al Pent House, pues era bastante tarde. La tarde había corrido de sus manos con la visita al hospital, y luego su entrenamiento en S.H.I.E.L.D., la cena con Natasha y luego la plática con aquella linda chica de nombre Sharon. La verdad es que eso había comenzado a hacer sus días menos pesados. También le ayudaba a conocer la ciudad, pues ahora podía moverse con facilidad por las calles sin parecer un niño perdido en Nueva York. Se sentía un poco más independiente ahora que podía salir solo. Caminó silenciosamente al elevador, y apretó el botón para que las puertas se abrieran. Sin embargo, antes de introducirse en esa apretada caja de metal, escuchó un ruido provenir del estacionamiento donde se encontraba. Dejó que las puertas se cerraran y volvió la vista. Todo estaba casi en completa oscuridad, excepto por las lámparas que alumbraban tenuemente. Pensó que todo era imaginación suya, pero antes de volver a dar media vuelta, un nuevo ruido se escuchó. Fue entonces que frunció el ceño y caminó con paso sigiloso hasta el origen de aquel sonido.

Esperó durante algunos segundos, pero al no escuchar nuevos sonidos, se decidió a encender el interruptor. Sus ojos viajaron ahora sí por todo el estacionamiento iluminado, pero nuevamente no pudo evitar sorprenderse ante la imagen: Tony Stark. De nuevo. Ésta vez sentado vagamente sobre el asiento del conductor con la puerta abierta, medio inconsciente y con una botella vacía en la mano derecha. La botella era la que ocasionaba el sonido al balancearse con su mano y chocar contra el suelo del estacionamiento. Steve se acercó con una mueca de desconcierto hacia el hombre que yacía semi-dormido. Su ceño se frunció. ¿Por qué Tony hacía todo eso? ¿Por qué se embriagaba hasta perder la razón de sus actos?

Se acercó hasta estar al lado del moreno, y entonces se puso en cuclillas para estar a su altura. Sintió que algo dentro de su pecho se oprimía al observar de nueva cuenta la imagen tan vulnerable que Tony le daba a demostrar. Un hombre destruido y corrompido por algo tan enfermo con el alcohol. Bajó la mirada hacia la botella, invadido totalmente por la impotencia de no poder hacer nada. Retiró la botella de su mano lo más cuidadoso que pudo, pero no lo suficiente como para no despertar a Stark. Sus ojos color chocolate se cruzaron con los de Rogers. Vio el brillo de los ojos cafés, oscuros y líquidos como obsidiana humedecida, enturbiados por la embriaguez, y lo que Steve sospechaba, eran lágrimas acumuladas. Aquel soberbio hombre le sonrió, tocando sus mejillas con ambas manos y tratando de sentarse mejor.

—Vaya, parece que ahora eres un espejismo más real que el anterior. —comentó con tono divertido, mientras una sonrisa boba se plantaba en su rostro—. Mi mente cada vez me sorprende más. —y una pequeña risa se escuchó por todo el estacionamiento. Steve se le quedó observando por algunos minutos. ¿Qué había querido decir con todo eso? Sin embargo, no estaba para cuestionar, y el millonario tampoco para responder—. Un hombre me arrastró a la bebida, y nunca tuve la cortesía de darle las gracias. —murmuró con cierta gracia, sintiendo la lengua adormecida por el exceso de alcohol. No era consciente de lo que decía. Sólo sintió como su cuerpo era removido por el rubio, que trataba de sacarlo del coche y llevarlo a su cuarto. Se negó a despegarse de su automóvil, mientras volvía a recostarse sobre el asiento del conductor. Steve suspiró con abatimiento. Tony era peor que un niño pequeño.

—¿Quién fue el que te arrastró a todo esto, Stark? —cuestionó, mientras se ponía de pie. Iba a dejar que ese hombre necio se durmiera ahí si es lo que tanto quería, pero una mezcla de remordimiento se arremolinó en su pecho. No podía dejarlo ahí como la noche anterior. No quería. Tenía que asegurarse que estuviera en su alcoba durmiendo, y no borracho en su coche pudiendo cometer alguna tontería como volver a salir.

—Howard Stark. —contestó con un deje de amargura en la voz—. Algo bastante cruel, ¿cierto?

—Tienes que salir de todo esto, Stark. Eres un hombre fuerte. Demuestra que no eres igual que él. —fue lo único que atinó a decir para hacer sentir mejor al otro. No sabía cómo era la relación entre su padre y Tony, pero la palabra autodestructiva rondaba por su mente. Los ojos del castaño se posaron sobre sus ojos azules, y sólo pudo sonreír con ironía. Steve se acercó para pasarle un brazo por sus hombros y levantarlo, pero no esperó las palabras de Tony.

—En realidad él y yo somos exactamente lo mismo. —sonrió con amargura, presa del dolor y rencor—. Tienes un jodido corazón virgen, Steve. —susurró con tristeza, sintiendo la lengua pastosa contra el paladar—. Casi me das envidia por eso. Tan ignorante e inexperto… —una de las manos del castaño le tomó el rostro, y cuando Steve levantó los ojos hacia el inventor, Stark se limitó a apoyar su frente contra la suya en un gesto fraternal. El rubio pestañeó varias veces seguidas, abochornado por la situación en la que de repente se encontraba, y Tony sonrió encantado por aquella perplejidad sincera e inocente que le incitaba de forma inconsciente a indagar en la profundidad de aquellos ojos azules como el mar. Uno inalcanzable, que todavía no había sido descubierto. Steve contuvo el aliento y se quedó petrificado en el sitio cuando notó que las manos del millonario finalmente alcanzaban su nuca y le atraían aún más hacia él, suave pero firme. Las pupilas del militar se dilataron al comprender lo que aquel hombre semi-inconsciente se proponía hacer, mientras seguía con la mirada los labios del castaño al tiempo que éste ladeaba la cabeza, acercándose en un mejor ángulo con los ojos entrecerrados y la respiración pesada.

Tony Stark iba a darle un beso.

o.o.o.o.o.o.o

¿Qué les pareció? Ojalá que estén tan emocionad s como yo jajajaja para mí fue muy especial escribirlo :D

Espero sus comentarios, y nos leemos muy pronto :33

¡Un beso enorme!

Darkmoon:

Siempre es un gusto saber de ti, y sobre todo, por los extensos comentarios que me escribes, ¡de verdad gracias! :D

¿Sabes? Me gusta preguntar si el capítulo ha gustado, porque así sé si voy llevando bien la historia, o si hay cosas que no les parecen o ustedes piensen que puedo mejorar :3 sobre los capítulos, cada uno aporta su granito de arena, aunque tampoco quiero hacer muy, muy larga la espera para el romance y que esto comience a tornarse lento, o tedioso, tanto para los lectores como para mí. La balanza entre Thor y Loki puede ser igual, o no puede serlo, ya lo iremos viendo poco a poco, pues aún falta por revelar algunos detallitos sobre su pasado, y los que los llevó a ser una pareja. Y claro que Loki entra entre los mejores amigos de Tony, por algo él tiene la confianza suficiente para contarle sobre sus cosas, pues recordemos que Stark no es de esos que abren sus sentimientos a los demás con tanta facilidad. Tony es mi personaje favorito en esta historia, sobre todo porque tiene un pasado triste y duro, así como errores humanos que le han costado demasiado. Quizá por esto he puesto tanto empeño en darle muchos matices, y tratar de exprimirlo hasta donde más pueda. Con esto no quiero decir que a los demás no les tenga aprecio, sino al contrario, los amo a todos, pero siento que ellos han llevado una vida más "fácil". Y tus palabras son totalmente verídicas, Tony no puede dejar su pasado y avanzar, esto va a generar algunas trabas importantes. Los pasos de cangrejo son muy acertados, y esto se irá dando mucho más tiempo, no solamente al principio. Sobre SHIELD no puedo decir muchas cosas todavía, pero no te confíes, pues muchas veces hay miles de cosas detrás de una fachada de Organización sin escrúpulos. En la relación habrá terceros, de hecho cada uno influirá en ellos de forma diferente, pero todos encaminados hacia el mismo fin. Sobre Fury y la máquina del tiempo… pues eso no se me había ocurrido, así que puedes estar tranquilo (o no) porque el asunto no se moverá hasta esa magnitud. Nunca había manejado tantos personajes en una historia, y es quizá por eso que me cuesta un poco de trabajo meterlos, pero hacen apariciones que influyen. Ya estaremos viendo más de los personajes secundarios, pues por el momento me urgía avanzar con la pareja principal. La situación a la inversa que me mencionas claro que se dará, pero más adelante.

Muchas gracias por comentar, y te espero en el siguiente capítulo.

¡un beso enorme!