¡Hola!

Muchas, muchas gracias por todos sus comentarios, de verdad me entretengo y me emociono mucho leyéndolos, son las/os mejores por darme esas recompensas tan grandes por cada actualización.

Este es el capítulo 33 y como últimamente he dicho el final se acerca, para mi pesar (lo que menos me gusta escribir son los finales), pero es hora de que esta historia tan larga termine al fin.

¡Espero disfruten este capítulo! ^^

~ Cindy Elric ~


Trigésima Tercera Melodía: Elección

Todos oyeron la pregunta y el castigo de cualquiera de las dos opciones a elegir, el hanyou pensó que era algo fácil de responder, el resto simplemente esperó en silencio la decisión, eso no era fácil, no, aunque la pregunta parecía tener una respuesta obvia…

¿Vivir o morir?

¿Qué eliges?

Esa pregunta es sencilla de responder, sí, en cualquier otra ocasión hubiera elegido la primera opción sin titubear, pero esa no era la pregunta real, no era lo más importante de la elección, no, la verdadera sentencia era la que desde hace horas parecía repetirse.

¿Inuyasha o Sesshoumaru?

¿A quién elegir?

–No tengo todo el día y mi paciencia no es la mejor, así que tienes quince segundos para escoger tu opción.

–¡Kagome responde de una vez! ¡¿Acaso quieres morir?! –Cuestionó el hanyou reteniendo la otra pregunta en su cabeza, sin querer interrogarla de si en verdad lo amaba, sintiéndose herido por ese extenso silencio… no, ahora importaba la vida de la chica, después se preocuparía de lo demás.

Sesshoumaru frunció su ceño por la indecisión, queriendo escuchar su nombre en la boca de la mujer aunque supiera el desenlace que eso traería… ¿qué podría hacer para detener a su madre? Era imposible atacarla, obligarla a soltar a la chica más difícil aun, esa mujer cuando quería algo lo obtenía, por algo logró ser la esposa de su padre… maldición, los segundos se desvanecían y el silencio de la sacerdotisa seguía llenando el ambiente.

–¿Y bien? ¿Cuál es tu respuesta?

–Yo… –sintió sus labios temblar, había tomado una decisión aunque no estaba segura de ello, quizás el miedo por morir la había empujado, tal vez el querer desafiar a esa mujer y no darle en su gusto la convenció, Inuyasha… Sesshoumaru… su cabeza le decía un nombre, su corazón otro y su boca quería pronunciar sólo a uno de ellos… pero, ¿estará bien? ¿Traicionar a uno?

–Dilo de una vez, ¿lo amas a él no es así?

La voz de Sesshoumaru atrajo todas las miradas con esa pregunta, pero sólo un par de ojos eran los que le interesaban, esos marrones que temblaban desde hace tiempo, amenazando con romperse, con ceder de una vez contra esas molestas lágrimas.

–¿Qué…?

–Si lo amas dilo –insiste–, no tienes por qué detenerte.

–Eso…

–¡Di que lo amas!

El dorado chocó con los marrones, hiriéndolos, haciéndolos temblar con más intensidad, Sesshoumaru frunció el ceño mostrándose enfadado, Kagome frunció el ceño mostrándose lastimada, era una discusión sin palabras, un silencio que parecía extenso pero que simplemente duró tres segundos.

–¿Por qué? –Pregunta casi al borde del llanto, ella quería responder por sí misma, ¿por qué Sesshoumaru quería forzarla de esa manera?

–Porque lo amas.

–¿Qué sabes tú?

–Lo sé.

–¿Quieres que lo ame?

–Sí.

–¿Quieres que te odie?

–Sí.

–¿Acaso no me amas?

–No.

–¿Todo era mentira?

–Sí.

–¿Y piensas que te creeré?

–Tienes que hacerlo.

Kagome sonrió por esas palabras, ahora sí era claro, la pregunta era fácil de responder, ¿Inuyasha o Sesshoumaru? ¿Por qué había tardado tanto en escoger una opción? Era algo tan evidente… tan obvio que se reprendió a si misma por no haberlo visto antes… miró al hanyou que aun esperaba su respuesta, ese dorado era hermoso, siempre lo había amado, quizás desde la primera vez que lo vio, por eso la desesperaba tanto, por eso siempre se mantuvo a su lado a pesar del peligro o del dolor… tal vez por eso nunca le importó compartirlo con Kikyo, no, aunque su corazón no fuera completamente suyo ella era feliz a su lado y ahí estaba la clave de todo, "era feliz".

–Está bien –suspira–, ya decidí.

–Habla –exige la mujer mientras doblaba con más fuerza el brazo prisionero, la verdad no quería dejarla ir pero si ese era el precio a pagar para apartarla de la cabeza de su hijo, lo haría.

–Dilo –pide Sesshoumaru cuando ve la primera lágrima de la sacerdotisa, no quería que su madre siguiera lastimándola y para terminar con el dolor debía tomar la decisión correcta, Inuyasha era la decisión correcta y por eso la empujó en esa dirección, aunque él deseara lo contrario, aunque él quisiera escucharla decir que él era a quien amaba debía hacerse a un lado, porque su madre ya había señalado las consecuencias y no estaba dispuesto a cargar con ellas, no, aunque tuviera que renunciar a lo único que había aprendido a amar lo haría si eso le permitía a la chica seguir con vida.

–Yo… –suspira profundamente y entonces mira al hanyou, sonriendo y llorando su respuesta–. Inuyasha… lo siento mucho, pero amo a Sesshoumaru…

Esa respuesta desencadenó diferentes reacciones, sorpresa, alegría, tristeza y terror pudieron sentir la mayoría de los presentes, todos deteniéndose finalmente en la consecuencia de esa elección más que el hecho de que la sacerdotisa escogiera al youkay, no, la decisión había pasado a segundo plano cuando sabía las consecuencias de esta. Kagome sólo cerró sus ojos para esperar su castigo, sin lamentarlo, sin querer corregir sus palabras, no… había decidido ese nombre desde un inicio y las palabras del demonio simplemente la hicieron darse cuenta de que estaba en lo correcto, de que en verdad él la amaba, tanto que quería que viviera, accediendo a que eligiera a Inuyasha, a que estuviera con la persona que él más aborrece en el mundo… ese youkay en vez de convencerla de no elegirlo simplemente la animó a decir la verdad, a decir que a pesar de esa insensible e impávida actitud simplemente logró cautivarla, tanto o más rápido que Inuyasha lo había hecho tiempo atrás.

Inuyasha mas que repetir en su cabeza la respuesta puso énfasis en esa disculpa, en esas lágrimas, la chica se estaba enfrentando a su muerte con esa opción, estaba accediendo a ser asesinada y todo por ese sujeto… presionó su puño, queriendo ir a golpearlo, quiso gritar, quiso marcharse de ahí, pero era inútil, la respuesta había sido pronunciada y simplemente él no había sido el vencedor… aunque ella hubiera dicho su propio nombre, aunque se hubiera marchado con él habría tenido que verla llorar por el youkay, vivir a su lado viéndola extrañar a ese tipo… no, ese hubiera sido un castigo peor, para ella y para él.

Sesshoumaru escuchó la respuesta y no supo si sonreír o fruncir su ceño por ella, estaba feliz, estaba molesto, esa chica parecía disfrutar el contradecirlo, el no hacer lo que él le decía, aunque su vida estuviera en riesgo la mujer insistía en desafiarlo, a él y a su madre, maldita sacerdotisa… era una estúpida, era una humana molesta… era el único ser que él podría amar.

Había sólo una respuesta en la mente de Irasue, estaba tan segura de que la sacerdotisa elegiría seguir viviendo que el escuchar esa frase la hizo debilitar su agarre, soltándola por simples segundos, segundos que fueron aprovechados por alguien, haciendo desaparecer a la chica del campo de vista de todos, haciendo a la mujer morderse el labio por distraerse de esa manera.

–¡KAGOME!

–¡Kagome! ¿Dónde está?

–Maldición… –gruñe Irasue desviando la vista, sabía quién se la había llevado, era obvia la respuesta.

–Acaso… –Sesshoumaru buscó con la mirada al molesto de Kazuya, creyendo que él se la había llevado, pero no, lo encontró junto al grupo de la chica tan sorprendido como todos.

–Kazuya, ¿qué ocurrió?

–Si te fijas… –murmura con su atención fija en un punto vacío–. Sólo falta una persona en este lugar aparte de Kagome.

–¿Una persona…? –Mira a su alrededor, encontrando a todo el grupo de su amiga, a Inuyasha, al príncipe, a Kagura, a…–. ¿Dónde está la señorita Kasumi?

–Esa chica… –frunce su ceño y se da media vuelta.

–¿A dónde vas? –Exige cuando ve a su madre alejarse.

–Sólo hay un lugar en donde puede estar.

–¿Dónde?

–¿Acaso crees que te lo diré para que vayas a buscarla? No Sesshoumaru, ella escogió su opción así que debe pagar su castigo… –se marcha sin dar tiempo a que la sigan.

–¡Maldición! ¡¿A dónde han llevado a Kagome?! –Se acerca a Sesshoumaru y lo toma desde el cuello de su traje–. ¡Habla!

–No lo sé –frunce su ceño y deshace el agarre alejándose del hanyou.

–Kazuya, ¿por qué la señorita Kasumi se llevaría a Kagome?

–No lo sé…

–Disculpa… –interviene la exterminadora, mirando con sincera confusión a los dos youkay junto a ellos–. Esa chica… Kasumi, ¿quién es?

–Ella es una youkay –responde la chica–, es la dama de compañía de la señora Irasue, pero nunca ha hablado con nosotras, no hay razón para que salvara a Kagome.

–¿Qué querrá de la señorita Kagome? –Pregunta el monje.

–¿Lo habrá hecho para ayudar a Sesshoumaru?

–Esa mujer sólo obedece órdenes de mi madre –niega molesto.

–Entonces, ¿por qué…?

–Si mal no recuerdo –murmura Kazuya captando la atención de los demás–, Kasumi obedece las órdenes de alguien más.

–¿A qué te refieres?

–Antes de ser la dama de compañía de la señora Irasue, Kasumi le servía a otra persona…

Kagome de un momento a otro sintió que su brazo ya no era doblado y que el frío del hierro en su cuello había desaparecido por lo abrió sus ojos, encontrándose con el rostro de quien menos esperó ver y extrañándose por lo no encontrar a sus amigos, a Inuyasha o a Sesshoumaru cerca.

–¿Kasumi? –Frunce su ceño–. ¿Qué ocurrió?

–La señora Irasue ya no puede lastimarte.

–Tú… ¿me salvaste?

–Lo hice sólo porque me lo ordenaron.

–¿Te lo ordenaron? ¿Quién te lo ordenó? ¿Sesshoumaru?

–Yo no obedezco órdenes de él.

–Entonces… ¿de quién?

–De mi único amo antes de la señora Irasue –levanta la vista fijándola en la armadura frente a ellas.

–¿Eh? –Imita la dirección de la mirada de la joven descubriendo un lugar conocido–. E-Esto es…

–Es la tumba de mi amo, el señor Inutaisho.

Continuará…