¡Holaaaaa!
Mis querido s lector s espero que estén bien. Ya estamos comenzando el último mes del año *suspira* el tiempo se ha pasado volando, y sorprendentemente ya van 5 meses de estar escribiendo ésta historia. Les agradezco muchísimo de verdad por seguir éste pequeño fic, que si bien iba a ser solamente de 12 capítulos como máximo en un principio, terminé por tomarle muchísimo cariño... y bueno, no podía creer que ya van 17 capítulos y la historia circula todavía por un poco antes de la mitad del fic xD espero que siempre sigan teniendo interés y paciencia con éste proyecto que me hace tan feliz poder compartir con ustedes.
Por lo pronto, hoy les traigo un capítulo clave en la historia, así que tómense el tiempo para leer y disfruten :33
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Capítulo 17.- Confusiones.
El aliento a bebida alcohólica perforó las fosas nasales de Steve, quien se estaba dejando llevar por la sorpresa y las emociones que aquello le provocaba. Su corazón latía con fuerza y se detenía, y la distancia entre sus labios se le hacía corta pero a la vez gigantesca. A penas y sus labios tuvieron un simple roce, en el último momento, Steve ladeó su rostro para evitar que el contacto fuese íntimo. Más de lo que ya lo era. Se quedó sorprendido por sus propias acciones. ¿Qué diablos estaba haciendo? ¡Él no era gay! Además… no. No y no. Pero su cuerpo, su mente, todo estaba trabajando alrededor de Tony.
—No creo que seas consciente de lo que estás haciendo, Stark. —murmuró, sintiéndose estúpido de repente. El millonario estaba borracho, eso lo explicaba todo—. Te llevaré arriba. Necesitas dormir. —sabía que el otro lo escuchaba aunque no le contestara. Lo tomó entre sus brazos lo más fuerte que pudo para comenzar a sacarlo del vehículo negro. Stark estuvo callado, aturdido. Asintió débilmente y puso de su parte para salir con más rapidez del coche.
Steve le sacó por fin del automóvil, y sin cerrar la puerta, caminó hasta el elevador, sosteniendo a Tony por el brazo y sintiendo cómo este se tambaleaba con cada intento de paso que daba. Finalmente apagó las luces y subieron juntos y en silencio por el elevador. Steve no quería pensar sobre lo que había sucedido momentos antes. El pitido que anunciaba la llegada al Pent House lo distrajo y sacó el cuerpo semi-inconsciente de Tony. Jarvis ya no estaba en casa, y no era para más si la madrugada ya pesaba sobre la ciudad. Así que con cuidado, trató de hacer que Stark subiera los escalones, pero era imposible. Así que resignado totalmente, no tuvo otra opción más que cargarlo en forma de princesa y subir las escaleras. Escuchó balbuceos sin sentido de parte de Tony por lo que estaba haciendo, pero poco le importó.
Abrió su dormitorio y le tumbó sobre la cama mientras buscaba en silencio ropa limpia con la que acostarle. La suya estaba sucia y mojada en vino y alcohol. Era un desastre, junto con su cabello. ¿Dónde estaban su corbata y saco? Quizá los había perdido o dejado en el coche. Sacó un par de prendas cómodas y le retiró los zapatos; desabrochó su camisa y jaló los pantalones hacia abajo. Stark en ningún momento puso protesta, pues estaba más dormido que despierto. Steve pasó duramente saliva mientras le ponía la ropa limpia, tratando de que sus manos no temblaran y sus ojos no se desviaran por lugares que no eran adecuados.
Finalmente cuando estuvo listo, lo arropó y apagó las luces de su habitación, dejando una lámpara prendida por si al otro se le ocurría despertar para vomitar. Se quedó de pie contemplándolo dormir, con la respiración pausada y el cabello revuelto. Se sintió enternecido por la escena que se mostraba ante él. Sin poder evitarlo se acercó y acomodó sus rebeldes mechones castaños, pasando los dedos y enterrándolos sutilmente. No había notado que eran tan suaves como el pelaje de un gato.
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El día anunciaba para ser algo bueno y productivo. O quedarse en casa a descansar. A Steve le parecía cualquier cosa como buena. Leería un libro, dibujaría algo. Lo que sea que lo mantuviera alejado de Tony. La noche anterior se había encerrado en su alcoba tratando de dormir, pero no podía hacerlo al rememorar la escena que pasó en el coche del otro. ¿Qué estaba a punto de hacer? ¡Iba a corresponder el beso! Lo peor es que Stark estaba borracho, ya que seguramente nunca haría algo como eso en su sano juicio. Y lo peor era… que no le había desagradado. Se sentía sorprendido por sus acciones propias, pero no asqueado. Algo estaba mal en él.
Así que semi-inconsciente de sus movimientos, salió de su alcoba rumbo al baño que estaba en el pasillo. Bostezó fuertemente y estiró los brazos para quitar la pereza de su cuerpo. Giró la perilla del baño y entró. Y se quedó en su lugar, petrificado al ver a Tony parado frente a él con una toalla demasiado pequeña cubriendo solamente lo necesario, mientras secaba su cabello con otra toalla. Sintió que los colores subían por su rostro, y no pudo hacer más que apartar la mirada, demasiado incómodo y abochornado.
—L-lo siento… no sabía, yo… —comenzó a balbucear como idiota, mientras Tony le daba una media sonrisa, restándole importancia con un gesto de la mano. Sus bíceps seguían algo mojados, y el cabello caía sensualmente por su frente, acentuando su rostro y haciéndolo lucir bien. Extremadamente bien. Steve no pudo evitar que sus azules ojos recorrieran un camino pequeño e indeseado por su abdomen marcado y notar un sutil camino de vellos oscuros. ¿Qué estaba pensando? Al parecer lo que había estado pasando últimamente lo tenía hecho un lío. Sus ojos azules buscaron un punto de apoyo lejos de aquel cuerpo.
—No te preocupes Rogers, no es nada que no tengas. —comentó con gracia, sin ser consciente de las mejillas coloreadas de Steve. Pasó por su lado y le palmeó el hombro, con total familiaridad. No era ni rastro del hombre que había visto ayer. Se veía tan saludable, tan vivo y sarcástico como siempre—. De todas formas yo estaba por salir. Nos vemos en el almuerzo, no tardes mucho. —y tarareando una cancioncilla, se alejó. Por un momento, Steve se sintió contento de que no hubiera mencionado la noche anterior, pues no tendría como explicar sus acciones erróneas. Sin embargo, algo en su interior se sintió pesado porque muy dentro de él estaba esperando que Tony al menos mencionara algo.
Sonrió, mientras se negaba a sí mismo lo que estaba pensando. Era un estúpido.
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Las montañas no eran fáciles de escalar. Y mucho menos en épocas de nevadas y derrumbes invernales. Sin embargo, Bruce trataba de que eso no fuera un impedimento para que pudieran llegar a la cima y encontrara el Iridio que tanto hacía falta. Por un momento se detuvo y apoyó las manos en sus rodillas, mientras jadeaba detrás de la bufanda que cubría gran parte de su cuello y rostro. Estaba haciendo mucho frío, pero aquello no lo detendría.
¿Cómo estaría Steve? Sabía que vivir con alguien como Stark era simplemente ir al matadero. Propenso a morir de un coraje, o un mal sabor de boca, quizá de una broma de mal gusto. Nadie sabía con qué cosa podría salir Tony. Esperaba que al menos estuvieran llevando las cosas bien entre ellos, aunque conociendo a ambos, un 50% de probabilidades sería que estuvieran matándose. Le gustaría ver eso. Aunque, ¿quién sabe? Podrían llegar a gustarse.
Eso hizo que soltara una risa involuntaria. ¿Ellos dos enamorados? Sonaba ilógico. Completamente ilógico. Así que retomó las fuerzas que lo estaban abandonando, y volvió a avanzar entre toda esa nieve, haciendo esfuerzo para que sus pies no se hundieran entre los metros de nieve profunda. No habían avanzado mucho en todo ese tiempo, pero era mejor poco a nada. Las ventiscas atacaban sus ojos, pero por suerte traían lentes especiales. Apenas y pudo distinguir a Barton en la distancia, la forma de su espalda y la mochila gigante que cargaba en su hombro. Era muy cruel que siguiera castigándose por las acciones del pasado. De hecho, era bastante inhumano de su parte seguir recordándolo también.
Le tomó un par de minutos decidirse por aquello que le había estado rondando la mente la mayoría del tiempo desde que volvió a ver a Clint, pero finalmente se decidió. Así que alzó nuevamente la vista y pudo observar que Barton no estaba volteando. Con un solo movimiento, sacó de un bolsillo de su pantalón un collar, que colgaba con un relicario. Lo observó por casi cinco minutos, viéndose envuelto entre los recuerdos. Pero ya lo había decidido y no había vuelta atrás. Con una sonrisa lo abrió y observó la foto de una mujer dentro del hermoso dije de plata. Su rostro se acentuaba por el cabello rojo y las pecas que poblaban sus mejillas. Era hermosa. Incluso podía recordar su risa y la forma en que ella caminaba… y el olor de su cabello seguía presente en el aire. Entonces suspiró, mientras depositaba un pequeño beso en el objeto. Dejaba un cacho de su vida y de su corazón. Y le dolía, claro que lo hacía.
Se hincó en la nieve, y escarbó con su propia mano un pequeño agujero. Después, con todos los recuerdos desbordándose en sus pensamientos, junto con aquellos momentos buenos y malos, aquellas risas y discusiones… suspiró y depositó ahí el collar, volviendo a sellar el hoyo. Era hora de avanzar con su vida.
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Los nervios afloraban por cada poro de su piel, mientras su respiración agitada podía escucharse a una distancia corta. Steve trataba de regular su pulso, queriendo calmar los galopes fuertes de su pecho. Había salido de la Torre Stark huyendo—literalmente—para no encontrarse con Tony otra vez. Puede que el moreno no recordara la noche pasada, pero probablemente lo haría. Y Steve no quería estar presente cuando sucediera. Así que sin almorzar, se había cambiado de ropa a toda velocidad y había salido de la casa. Así que ahora se encontraba caminando por las frías calles pobladas de Nueva York a tempranas horas de la mañana, mientras se sentía como un completo cobarde. Estaba huyendo de sus responsabilidades y culpas. Suspiró en cuanto se sintió completamente vulnerable, y anduvo sin un rumbo fijo.
Cuando vislumbró una banca vacía en una zona tranquila de tanta gente, casi corrió a sentarse. Se pasó las manos por la nuca, sintiendo todavía su cabello corto que le habían obligado a cortar. A su mente vino la secretaria de Stark, aquella mujer que le había caído especialmente bien y le había ayudado con el cambio de estilo. ¿Cómo estaría? Desde ese día no había vuelto a saber de ella. Esperaba que pudiera poner en cintura a Tony, o al menos regañarlo. No es que él no pudiera prohibirle cosas como el alcohol, pero simplemente no pertenecía al círculo de personas allegadas de Stark. Él era un extraño. No era Loki, no era Thor. No era Pepper. No era nadie en la vida del millonario.
Una mano fría se posó en su hombro sin que él pudiera notar la presencia, así que se sobresaltó ante el tacto y volteó tan rápido a ver al causante, que casi le dio un dolor en los músculos por la rapidez. No era otra persona que Natasha, con una media sonrisa y los ojos brillantes. Vestía pantalones ajustados negros a juego con unos botines, una camiseta color marrón y una chaqueta amarilla. Su cabello lo llevaba lacio como siempre, pero mucho más brilloso. Él le regresó la sonrisa y la invitó a sentarse con él.
—No pensé encontrarte por aquí. —su voz femenina logró sacar a Steve de sus pensamientos. Ella rodeó la banca y se sentó a su lado, mientras observaba al frente a la gente circular. Cruzó una pierna por encima de la otra, con agilidad y elegancia—. Esperaba que estuvieras en la Torre, o algo. —lo miró de reojo, mientras se cruzaba de brazos.
—Eso planeaba hacer, pero quise salir a despejarme un poco. —susurró, mientras también miraba al frente. El que Natasha llegara había sido como una salvación para él. Lo que menos quería era pensar en el castaño—. ¿Y tú? Pensé que estarías en S.H.I.E.L.D. —
—No había nada que hacer hoy, así que me tomé el día. Pasear de vez en cuando por la ciudad no está tan mal, ¿o sí? —una media sonrisa se perfiló en su rostro, mientras ésta vez dirigía su completa atención al rubio. Lo estudió durante un par de minutos en silencio, mientras el rubio tampoco emitía plática alguna. Se sentía de alguna forma descubierto por aquella mujer. Finalmente, fue ella quien suspiró y volvió a comentar:— ¿Te sucede algo? ¿Necesitas hablar? —
—¿Qué? —Steve la miró con una ceja alzada. La confusión plasmada en sus facciones. Era un hombre bastante fácil de leer, por lo visto—. No, no tengo nada. ¿Por qué lo dices? —volvió a cuestionar, sintiéndose nervioso y acorralado de repente. Natasha no podría saber lo que había pasado con Stark, ni mucho menos cómo se sentía al respecto, ¿verdad? Estaba plenamente confundido. Ella le sorprendía de sobre manera.
—No ocultas muy bien lo que sientes, Steve. —ella colocó una mano en su rodilla, quizá con algo de atrevimiento, pero Rogers no lo tomó de aquella forma, pues en el poco—o mucho—tiempo que había pasado con la pelirroja últimamente tanto en la Organización como en las comidas, habían logrado forjar algo así como un lazo de amistad y compañerismo. Sonaba algo rápido, pero así era. Steve le había contado sobre su nula experiencia en el amor, mientras que Natasha le había contado que actualmente tenía una relación estable con Clint, el hombre que acompañaba a Bruce en su búsqueda por las montañas. Ella podía parecer una mujer fría, pero era todo lo contrario cuando se llegaba a conocerla realmente. El agarre sobre su rodilla se afianzó, trayéndolo nuevamente al momento—. ¿Has peleado con Stark? —Steve la miró sorprendido, sin poder articular ninguna palabra. Ella rió bajito al verlo tan anonadado—. Lo digo porque están saliendo juntos, ¿cierto? Pero descuida, en las relaciones de pareja siempre habrá problemas. —y el rubio casi se atraganta con su propia saliva.
—¿Pareja? ¿Q-Qué? ¡No! ¡Stark y yo n-no estamos saliendo en una relación! —gritó casi compulsivamente, haciendo que Natasha se sorprendiera un poco al notarlo tan alterado y nervioso. La poca gente que circulaba también volteó a verlo por el tono de su voz, y la fuerza que había empleado. Estuvo a punto de ponerse de pie por el asombro, pero solo se quedó ahí sentado. Ella lo miró con los ojos muy abiertos, y por un momento tampoco supo que decir.
—¿No están saliendo? —cuestionó. Steve negó con un movimiento brusco, pero algo le dijo a la pelirroja que el sonrojo en sus mejillas no era solamente porque sí—. Lo siento, creí que tenían una relación… íntima. —murmuró, mientras sus cejas se contraían un poco. Aquello movía sus planes un poco, pero no del todo al ver la forma en que el rubio había reaccionado—. Pero no comprendo, si ustedes no están saliendo, ¿por qué vives actualmente en su casa, entonces? —su mirada se centró en el único hombre que la acompañaba, viendo cómo éste se tensaba de repente. Tardó en contestar un par de minutos, pero finalmente lo hizo.
—Un conocido de Tony, el Doctor Banner, ¿lo conoces? —la pelirroja asintió en respuesta—. Bueno él… nos conocimos, y tuvo que salir de viaje repentinamente. Yo estaba alojándome en su casa, y para no dejarme solo, le pidió como favor a Stark que me diera asilo en su Torre. —terminó. Había disfrazado algunas cosas, y Natasha se dio cuenta que sólo le había contado la historia de forma general. Quiso preguntar detalles, pero prefirió dejar todo así por el momento. Ya tendría tiempo de investigar más a fondo.
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Su café estaba frío. Su ceño, fruncido. Sus manos hechas un puño sobre la mesa, mientras que su mandíbula estaba apretada fieramente. Estaba enojado. Joder, muy enojado. Resulta que había estado esperando a Rogers por más de una hora sentado en la estúpida cocina, esperando a que llegara para almorzar juntos como le había propuesto cuando se lo cruzó en el baño. Y el maldito rubio no se dignaba a aparecer por ninguna parte. ¿Dónde estaba? ¡Hasta se había preparado un café para aguantar el hambre con la esperanza de que el otro apareciera por la entrada en algún momento! Frotó el puente de su nariz con las yemas de sus dedos.
—Buen día, señor Stark. Me alegra verlo levantado tan temprano en Domingo. ¿Ya ha desayunado? —la voz inconfundible de Jarvis, junto con el peculiar tono formal pero amigable, se coló por los oídos del castaño. Él gruñó en respuesta mientras veía a su mayordomo moverse por la cocina. Lo observó durante un par de segundos, mientras trataba de relajar la tensión de su cuerpo—. No debería estar a tan altas horas de la noche fuera de casa. —murmuró, dándole la espalda y buscando algo en el refrigerador. Tony le gruñó con fastidio.
—¿Quién eres tú, mi padre? —aquel tono hiriente que usó, causó que Jarvis volviera la mirada hacia él con ojos tristes y cansados. Aquello le revolvió el estómago. No era culpa de Jarvis que él estuviera tan enojado, así que trató de arreglar la situación, obviamente sin pedir disculpas. Él jamás pedía perdón por algo que hubiera hecho—. De todas formas, no soy un crío, Jarvis. —mencionó, mientras tomaba la taza de café y le daba un largo sorbo para despejar la mente.
—Eso lo he tenido siempre presente, señor. No lo veo como un niño, aunque a veces lo parezca. —y Tony soltó una pequeña risa tras el comentario. No estaba siendo irónico, pues en verdad aquello le había causado gracia. Obviamente Jarvis jamás lo vería como un niño más, pues desde muchísimo años que había dejado de ser incluso un adolescente. Jarvis lo conocía desde su nacimiento, probablemente—. Aunque me parece incorrecta su actitud. Me preocupa su bienestar… y al señor Rogers también. —susurró, volviendo a su trabajo de buscar algo entre la comida. Stark se quedó sin palabras ante aquello. Sabía que Jarvis siempre estaba preocupándose por él, pero ¿Rogers? ¿Era enserio? Se quedó por unos segundos pensando y luego recordó las cosas que Steve había hecho por él, como esperarlo dormido en el sofá, o cargar con él la noche que salieron a beber con Loki y Thor. Sin contar que hace poco estaba parado en su cuarto, con su pijama puesta, curioso por saber si había llegado bien a casa. ¡Ah! Y por poco se le pasaba cuando lo cuidó, y le hizo aquella deliciosa sopa. Sí… Rogers también se preocupaba, después de todo. Carraspeó y desvió la mirada cuando los ojos conocedores del hombre mayor se posaron en él con curiosidad.
—Lamento darte una noticia, Jarvis. Soy Tony Stark, y puedo hacer lo que yo quiera. —canturreó con soberbia, mientras se ponía de pie y le daba un último sorbo a su café frío. Después se perdió por el pasillo, escuchando el mayordomo después cómo la puerta principal de la casa se cerraba. Jarvis había estado a punto de confesarle a su jefe que la noche anterior Steve lo había llevado hasta su alcoba, y lo había cambiado de ropa, ya que probablemente el otro no se acordara de nada. Él presenció cada uno de los actos… incluidos los del estacionamiento. No quiso interrumpir, pues Steve se mostraría totalmente acobardado. Dejaría que el tiempo fluyera para que cada quien se aclarara con sus cosas personales, porque obviamente algo pasaba entre esos dos. Pudo deducirlo, cuando por la rendija del cuarto de Tony, se fijó en la forma en que Rogers acariciaba el cabello de Stark. Tan dulce, tan propio. Venerándolo. Esperaba que el millonario no lo arruinara, que en verdad supiera valorar lo que la vida le había puesto frente a sus ojos.
—Puede hacer todo lo que quiera, señor. Excepto enfrentar sus monstruos. —y con una sonrisa triste, volvió a buscar los ingredientes para la comida del día. Que su jefe superara sus miedos era todo lo que pedía.
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Tony refunfuñó, balbuceando palabras sin sentido mientras bajaba por el elevador de su Torre. Muy bien, ahora oficialmente su día estaba completamente arruinado. Jarvis podía tomarse las libertades de regañarlo, y tratar de hacerle tomar conciencia, pues más que un empleado era su amigo. Un apoyo. Un pilar en su vida. Aceptaba lo que fuera que viniera de su parte. Así que suspiró mientras se pasaba una mano por los ojos y los tallaba con fuerza. No recordaba bien la noche anterior. Lo último que estaba entre sus recuerdos era haber llegado a ese antro nocturno nuevo en la ciudad. Después haber ingerido alcohol y hasta ahí terminaba todo. No había nada más en su mente. De hecho, ni siquiera sabía cómo había despertado en su habitación, con pijama puesta y totalmente cubierto hasta el cuello por sus cobijas. Regularmente cuando tomaba, terminaba tirado descuidado sobre su cama o el sofá. ¿Qué había hecho anoche? Porque estaba seguro que no había dormido con nadie, pues al bañarse verificó que no tuviera ninguna marca. Nada. No había nada.
El pitido que anunciaba la llegada al estacionamiento sonó, y Tony se abrió paso entre las puertas metálicas. Necesitaba despejar su mente, o al menos salir de casa. Caminó los pasos que lo separaban de sus lujosos autos, buscando con el que había salido la noche anterior. Quizá le trajera algún recuerdo de la noche pasada. Pero cuando se encontró frente a su Audi R8, se quedó de piedra. La puerta estaba abierta, y tirada a un lado descuidadamente había una botella de alcohol. Se aproximó al lugar y se arrodilló para tomarla entre sus dedos. Entonces un flash lo atacó y las escenas comenzaron a fluir en su cabeza a colores, como si volviera a vivirlo. Por un momento su rostro palideció al recordar el percance que había tenido con el extraño de ojos azules. Se pasó una mano por el rostro con gesto espantado cuando recordó que le había nombrado "Steve". Dios santo.
Sin poder creérselo aún, tiró la botella en un cesto de basura que encontró y volvió a su auto, intentando apartar aquellos recuerdos que, irónicamente, ya no tenía tantas ganas de tener. No fue sino hasta que tomó asiento en la parte del conductor, que la última escena fue revelada. Steve acercándose. Steve arrodillándose. Él juntando su frente con Steve. Steve murmurándole cosas. Él abriendo la boca de más, como un idiota. Él mirando a Steve. Los ojos azules de Steve. La boca de Steve. Los labios entreabiertos de Steve. El aliento de Steve. Y luego… Steve alejándose y cargándolo hasta su alcoba. Steve. Steve. Steve… ¡Steve, joder! ¿Por qué era tan bueno con él? Llevó ambas manos a sus cabellos y los revolvió con frustración. Recargó su frente en el volante y gruñó, cerrando los ojos. ¿Ahora cómo vería a Rogers a la cara? ¡Había intentado besarlo! Y todo por culpa de Pepper y Loki, quienes le instalaron ideas estúpidas en la cabeza.
Tomó aire profundamente, tratando de calmar su galopante corazón. Se recargó en el respaldo y se hundió en el asiento. Estaba totalmente confuso y desorientado. Rogers no le gustaba, claro que no. Y lo que había hecho la noche pasada, seguramente era porque estaba en un estado de embriaguez inigualable. Sin embargo, los latidos fuertes le indicaban que no era del todo cierto lo que estaba pensando. No se sentía atraído, estaba más bien conmovido. Sí, esa era la palabra que estaba buscando. Rogers con sus buenas acciones y su fachada de niño bueno. Le tenía un cierto grado de admiración. Sólo eso. Sólo…
Suspiró con fuerza. Le dio dos golpes al volante con fuerza. Ese hombre estaba cambiando su panorama general de las cosas, con esos gestos, esas sonrisas. Esas atenciones hacia él. A Tony Stark jamás lo habían tratado de la forma en que Steve lo hacía. Lo cuidaba, no tenía miedo de enfrentarse a él, era inteligente, divertido, carismático. Tenía valores, fuerza, esperanzas. Pudo reconocer tanto en él con las pláticas que habían tenido. Era intachable, joder. Además de sus músculos, y esa sonrisa, y esas manos… ni contar con su habilidad para cocinar sopa, o para dibujar. Era un verdadero hombre. Y no, no era envidia lo que sentía hacia él, pues no había un sentimiento mundano invadiéndolo, sino uno más cálido rodeando su interior. ¿Por qué era tan atento con él? De verdad, ¿por qué? Eso no era bueno para alguien con una coraza, pues parecía que sobrepasaba sus límites. ¿Cuántas veces no le había hecho una grosería? Sus palabras hirientes, sus acciones erróneas… y Steve seguía ahí. Con él… Entonces, en el silencio que reinaba en su estacionamiento, se permitió dar un jadeo lastimero que retumbó por todos los vidrios. Ya no podía engañarse más. Se lamentaría de todo después, estaba seguro.
Probablemente lo que sintiera por Rogers no fuese simplemente admiración.
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Después de colgar el teléfono, sintiéndose un poco más aliviado, fue que se desplomó sobre la silla de roble fino. Se quedó durante algunos minutos pensando en el giro que había dado su vida, y que seguía dándose a pesar de todo. Sus ojos verdes se movieron por todo su local, sintiendo de repente hundido en un mar profundo. ¿Podría salir? El agua subía, la marea ascendía. Y él se hundía a cada paso. A cada movimiento, a cada decisión que tomaba. Y él no soportaba la presión.
Suspiró, frotando sus negros cabellos sin importarle siquiera despeinarse. Se sentía estúpido. Trastocado. Humillado. Thor era un idiota, pero él era uno de la misma magnitud. Las ansias por irlo a visitar y saber cómo estaba por sus propias palabras, hacían mella en él. Había estado ansioso todo el día, y ahora que el café no tenía casi nada de gente y por lo tanto no habría a quien atender, se sentía solo. Desubicado. Como hace mucho tiempo que no lo hacía. El sentimiento de soledad pesaba cada vez más sobre sus hombros a pesar de llevar pocos días sin su hermano.
Después de la borrachera que se había puesto con Stark, había dormido todo el Sábado sin ganas de ponerse de pie. No había abierto su café. Tenía migraña, vómitos, y nada de hambre. Estaba sediento y pálido. Sólo se sentó a escuchar sus melodías favoritas de Mozart y Vivaldi. Ahora, por el contrario, retumbaba sobre las paredes de su elegante café una de las tantas melodías compuestas por el grandísimo hombre Franz Peter Schubert. Él era su favorito de entre todos. ¿Cómo no amarlo? Si murió enfermo a los 31 años, envuelto en la miseria y marginado por todos excepto por un reducido grupo de amigos que le demostraron su amistad. Algo parecido a su vida. A su cruel y miserable pasado.
Se mordió la yema del dedo pulgar mientras volvía a mirar el teléfono inalámbrico por el que hace un momento había estado manteniendo una conversación. Steve le había llamado desde el teléfono celular de Natasha, para indicarle cómo se encontraba Thor. Según él, todo marchaba a la perfección y pronto estaría como nuevo. Era fuerte, eso ya lo sabía. Lo importante es que él no estaba ahí como le gustaría hacerlo. Pero su orgullo pesaba quizá demasiado. Y no, no era una rabieta de niño pequeño. No eran peleas como antes, cuando eran niños. No era una simple broma, o una maldad. Era un asunto serio. Thor no podía seguir poniendo en riesgo su vida por extraños. Y se vio tentado a tomar un taxi y llegar al hospital para ver a Thor, pero se retractó todas y cada una de las veces que eso pasó por su cabeza. Ésta vez no sería él.
Aunque no pudo evitar que un peso se instalara en su pecho, como una piedra.
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—Tú lo sabías, ¿verdad? —el tono autoritario que usó Tony, retumbó por toda la sala. Jarvis volteó la vista hacia su jefe, siendo consciente de que le hablaba a él dado que no había nadie más en casa. Alzó una ceja, obviando que no sabía a lo que estaba refiriéndose. Tony gruñó con fastidio—. Sobre lo de Rogers. Tú ya sabías que ayer… bueno… me subió a mi cuarto ¿cierto? —indagó, con algo de vergüenza al tener que decirlo en voz alta. Jarvis lo miró durante algunos segundos, de manera profunda. De la forma en que un padre miraría a un hijo.
—Así es, señor. —reconoció. Después, como si de cualquier otra noticia sin importancia se tratase, volvió a sus labores de limpiar los muebles y verificar que todo estuviera en completo orden. Ah, era eso. Su jefe por fin se había acordado. Ahora todo dependía de él. Esperaba.
—¿Y por qué razón no me lo dijiste, Jarvis? —cuestionó con el ceño fruncido. Cruzó los brazos sobre su pecho, y esperó. El mayordomo se volteó hacia él con una expresión indescifrable en el rostro.
—No era mi deber comunicárselo, señor. Hay cosas que es mejor descubrirlas por uno mismo. —Stark bufó con fastidio y frustración al sentirse de repente vulnerable ante las palabras de Jarvis. Ante las palabras que le venían diciendo Loki y Pepper, añadiéndolas. Todo era tan confuso y hostigante. ¿Por qué todos parecían conocer algo que él no? O bueno, quizá esa severa reflexión en su coche lo había hecho recapacitar. Mirar una puerta que estaba abierta y que sin embargo había ignorado. El simple—o complicado—hecho de que se sintiera atraído por Steve Rogers. No enamorado. Y tampoco le gustaba, debía aclarar.
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Steve se escabulló como pudo hasta llegar a la biblioteca de la Torre Stark. La noche ya caía sobre la ciudad de Nueva York, y él había retrasado todo lo que pudo su llegada a casa. Sin embargo, era Domingo y Natasha tenía sus cosas que hacer, así que se despidió de ella no tan convencido. Había vagado incluso durante una hora, recorriendo los lugares que nunca imaginó ver, el mundo tecnológico que jamás pensó conocer. Sin embargo ahí estaba. Después de todo, no podía estar siempre escondiéndose de Tony. Esperaba que no recordara nada de la noche anterior. La plática con Natasha explicándole su tormento y lo sucedido con Stark le había liberado de un cierto peso que cargaba consigo mismo. Ella le había dicho que besar a un hombre no era pecado, y desear estar con una persona del mismo sexo no era para nada malo, tampoco. Él no juzgaba eso, realmente él sabía que el amor era libre e indomable a la hora de elegir dueño. Sin embargo, tenía miedo. Porque él ya tenía a alguien que amaba. Y era una mujer.
Jarvis fue quien sí lo vio llegar, de hecho se lo encontró en la cocina en su rápido paseo por la casa. Preguntó por Dingo y por Tony, interesado más en el último. El mayordomo pareció notar su nerviosismo y sus ansias por igual, porque le respondió con una sonrisa que su jefe no había salido del taller en todo el día después de que él se fuera. Aquello lo dejó un poco más tranquilo, pero no por ello satisfecho. Por una parte le alegraba que Stark no hubiera vuelto a salir y emborracharse como había hecho últimamente. Así que cuando el mayordomo le preguntó si bajaría a avisarle que estaba de regreso, y él había negado excusándose con la idea absurda de que estaba cansado y Tony trabajando y no quería interrumpir, pudo apreciar en los ojos grises del hombre el toque de decepción. Se le apretó el corazón, pero hizo oídos sordos y se encerró en la biblioteca.
El tiempo transcurrió lento, y aunque intentaba concentrarse en leer algo de Historia, la realidad es que no podía. Las letras se acumulaban entre los párrafos del libro, y él cambiaba las hojas de forma inconsciente. Estaba sentado en el sofá del centro, pero no entendía. ¿Qué estaba pasándole? Sus pensamientos rondaban por un solo hombre: Tony Stark. Tan complicado, tan abstracto. Un hombre misterioso y atrayente. Sarcástico y de humor negro. Alguien roto, solitario, escondido detrás de una máscara. Pero también divertido, inteligente. No estaba tratando de defenderlo, pero sabía que Stark tenía tantos defectos como valores. Le llamaba la atención de una forma peculiar. Entonces sus pensamientos mudaron a la forma en que sonreía, y esos ojos chocolates tan expresivos y llenos de vida. Aquella mente prodigiosa… y su cabello, terso como un gato. ¡Dios! ¿Qué pasaba con él?
—Jarvis me dijo que estabas en casa. —anunció la imponente voz de Tony, mientras abría la puerta de la biblioteca y entraba dando pasos firmes. Se veía enojado, molesto. Quizá indignado. Tenía el ceño fruncido y las manos sobre su pecho. Steve casi soltó el libro al escucharlo interrumpir de tal forma— ¿Por qué no me avisaste tú?
—No pensé que tuviera que informarte de todo lo que hago, Stark. —aquella frase le salió tan fría, que incluso se revolvió en su asiento de forma incómoda. Él no quería sonar grosero, pero todo lo que estaba pensando era tan confuso que estaba un poco enojado consigo mismo. Tony lo miró con aires de grandeza, alzando la barbilla en tono desafiante al oír sus palabras.
—No estoy pidiéndote que lo hagas, Rogers. Pero vives en mi casa, y por lo menos tengo el derecho a saber cada cuánto se te ocurre poner un pie dentro. —sí. Quizá ambos estuvieran enojados por razones desconocidas para el otro. Aunque ni ellos sabían que era la misma incógnita la que los hacía ponerse tan irritables. Steve no bajó la mirada incluso cuando aquellos ojos grandes lo taladraron. Se mantuvieron en silencio por algunos minutos que se les hicieron eternos, en los que Rogers fingió leer con interés. Finalmente, fue él quien terminó cediendo ante aquello, cerrando el libro y depositándolo sobre una mesilla a un lado del sofá. Sabía que el millonario no tenía ninguna intención de marcharse.
—Estaba leyendo un libro. —anunció. Tony lo miró con una ceja alzada y los ojos expectantes, para que continuara hablando. Steve suspiró, pasándose una mano deliberadamente por el corto cabello rubio, con algo de frustración. Se mordió el labio inferior sin saber muy bien como continuar, y Tony deseó que no hubiera echo eso en su presencia. Algo dentro de él se agitó al contemplarlo—. La próxima vez que salga avisaré con anticipación… Aunque de todas formas no sé por qué te molesta, si estuviste todo el día encerrado en tu taller. —murmuró con un deje de disgusto.
—¿Será porque alguien desapareció antes del almuerzo? Tuve que prepararme un jodido café para esperarte y almorzar juntos, y te largaste Rogers. —bien. Eso sonaba más bien como un reproche de amante dolido, pero a Stark no le importó. Y no lo hizo por la mirada llena de culpa que le dirigió Steve. El rubio estuvo a punto de decir aquellas dos palabras que hacían al castaño hervir en ira—. Y no te atrevas a disculparte. —Steve asintió, resignado, y se levantó. Tomó el libro entre sus grandes manos y caminó hacia uno de los libreros, buscando el lugar donde lo había tomado—. Jarvis puede hacer eso. —mencionó de forma ruda, todavía algo molesto. Sus ojos siguieron cada movimiento del rubio. Esa espalda, esa pose… ese cabello y las manos. Dios, sus grandes manos. Se iba a volver loco si seguía observándolo, estaba seguro de eso.
—No creo que le moleste un poco de ayuda. —murmuró mientras seguía buscando el lugar alfabético del libro, sin voltear a ver al moreno. Sus manos temblaban, pues sentía la fija mirada del otro hombre clavada en su espalda, como una daga. No quería hablar con Tony. Ojalá no recordara la noche anterior.
—No conoces a Jarvis como yo. Estás invadiendo su territorio, Rogers. —trató de aligerar la tensión que había surgido en la habitación, pero no surgió el efecto esperado. Steve ni siquiera se volteó a verlo. Eso le enfureció. De verdad le hizo crispar los nervios— ¿Estás evitándome? —cuestionó, mientras ponía las manos en jarras apoyadas sobre sus caderas. Vio claramente como el cuerpo del rubio se tensaba ante su pregunta. Era obvio que sí.
—N-no sé a qué te refieres. —susurró, algo enturbiado. Se dio la vuelta para intentar escapar de la biblioteca, pero un brazo de Tony se apoyó en su pecho y lo obligó a retroceder. Sus ojos se encontraron y pudo percibir el fuego y la ira en el otro hombre. Se sentía nervioso frente a él, lo admitía. Y el que Stark fuera una persona tan directa no le convenía en nada.
—Claro que lo sabes. Hoy te marchaste antes del almuerzo sin avisar, te perdiste durante todo el día, y por si fuera poco no me avisaste sobre tu regreso. —su ceño se frunció, mientras iba picoteándole el pecho a Steve con su dedo índice, arrinconándolo contra uno de los libreros. Rogers trató de excusarse, pero sabía que no iba a conseguir nada con eso—. ¿Fue porque intenté besarte anoche? —preguntó directamente, con los ojos bien abiertos, como queriendo capturar la reacción que no se hizo esperar. Los colores subieron por el rostro del más alto, sintiéndolo caliente. Negó rotundamente con la cabeza, pero parecía haberse quedado sin palabras—. ¿Estás seguro? Porque tu jodida actitud conmigo me hace pensar otra cosa—. Steve asintió, y trató de escabullirse por uno de los lados, pero el brazo del genio se interpuso de nuevo—. ¿A dónde crees que vas? No hemos terminado de hablar. —susurró despacio, ahora más calmado y admirándolo de cerca. Steve volvió la mirada.
—Yo ya he terminado. —informó con el ceño fruncido. Más tardó en tratar de volver a salir de ese íntimo semi-abrazo que el millonario le estaba dando, cuando sintió algo posarse en su mejilla. La mano de Tony abarcaba esa superficie, mientras lo veía acercarse con ojos firmes y expresión decidida. Entreabrió los labios al darse cuenta de lo que el otro iba a hacer. Sus alarmas se dispararon—. Stark, no lo hagas…—pero sus palabras murieron en cuanto Tony puso un dedo sobre sus labios y le hizo guardar silencio. Su cuerpo se tensó, y no supo si fue por la tensión, los nervios o las ansias. O quizá todo revuelto. De repente tenía a Tony sobre él, acortando la distancia para besarlo.
Y entonces sucedió. Stark terminó con la distancia entre sus labios aprovechando que los labios de Rogers estaban entreabiertos y se colocó entre ellos. La sensación que lo invadió fue única, placentera. Su cerebro disparó sensaciones a todo su cuerpo, y un leve temblor invadió sus labios que se presionaban contra los de Steve. Tan suaves, tan carnosos. Como una lluvia de fuego que encendía su interior y lo elevaba. Entrecerró sus ojos y lo encontró viéndolo, con esos ojos azules tan impresionantes. Se sintió en confianza para dar el siguiente paso. Hizo un ligero movimiento, sin querer ser brusco con el hombre que estaba de piedra frente a él. Acarició su mejilla con la mano y entonces deslizó su lengua entre aquellos rosados músculos. Steve al momento jadeó de la sorpresa por sentirse invadido y lo alejó de un brusco movimiento, reaccionando por fin. Stark se lamió los labios en cuanto lo vio dirigirle una mirada furiosa, para después, sin decir palabra alguna, marcharse de la biblioteca dando un fuerte portazo. Llevaba las mejillas encendidas y los puños apretados.
Era mejor algo a nada, ¿cierto? Y con una pequeña sonrisa salió de la biblioteca rumbo a su taller.
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¿Qué creen que pase? Me gustaría que hicieran sus especulaciones, ya saben, siempre es grato saber lo que piensan. Muchas gracias a quienes dejan comentarios en todos los capítulos, o casi todos, de verdad se los agradezco :D y a quienes no dejan pero siguen la historia, también muchas gracias :33 ya saben que pueden animarse y comentar, siempre les responderé :D, de hecho, a las hermosas personitas logadas que me han dejado sus comentarios, les he respondido con un mensaje en sus respectivas cuentas.
¡Un beso enorme!
Darkmoon:
Muchísimas gracias por tu extenso comentario, no sabes cuánto me alegra recibir tu opinión capítulo tras capítulo. ¿Sabes? Tampoco me gusta eso de odiar a los personajes femeninos, pues yo soy mujer y no me parece el que solamente porque la relación principal sea homosexual, las mujeres sean las villanas y esas cosas retorcidas xD Tu teoría sobre el alcoholismo de Tony no es completamente acertada, pero más o menos la historia y su pasado van por ahí. Howard es, quizá, la persona que más le ha hecho daño, ya veremos por qué. Del romance no puedo adelantarte mucho, solamente diré que su relación se desarrollará de forma "diferente" a como hemos visto siempre, es decir, que ellos tendrán ciertas… trabas. Creo que eso del chico malo/chica buena, ya está pasado de moda y demasiado trillado xD no puedo negar que en un tiempo llegué a usar esto para otras historias, pero me di cuenta que eso no basta. Las personas nunca son en su totalidad buenas, ni malas, ni puras, ni ingenuas. Así que prefería darle un toque más real a ambos, haciéndolos buenos y malos en algunos aspectos. Defectos y virtudes. No estoy muy acostumbrada a poner momentos cómicos, pero prometo que lo haré, o trataré de hacerlo :33 aunque por el momento no será posible, quizá haya chispas de comedia. Sobre lo de las influencias de Tony para quitar a Fury de su puesto: Stark no quiere tener nada que ver con SHIELD y eso implica a Nick, Hill, y sus respectivos agentes (a excepción de Clint y Thor), así que mientras menos se relacione con esa Organización, mejor. Por eso no lo hace, simplemente no le interesa.
¡Un beso enorme!
