¡Hola! Espero que estén bien, yo me siento muy positiva :D

Siento que ésta vez he tardado demasiado en actualizar, o quizá sea porque ya extrañaba estar por aquí. La verdad es que me he partido la cabeza en éste capítulo, porque no sabía cómo continuar. No me vayan a malinterpretar, la inspiración está ahí constante, y todo gracias a ustedes con sus hermosos comentarios :3 pero tengo tantas ideas que no sé bien cómo acomodarlas. Así que me he dedicado a releer la historia y de ahí sacar los avances. Habrá muchísimas sorpresas a partir de ya, así que espero y no se coman mucho las uñas xD

Como último comentario, quiero decirles que el título de éste capítulo no tiene nada que ver con la canción que lleva por título el mismo nombre xD

PD: responderé sus comentarios al final, gracias :D

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Capítulo 18.- Una propuesta indecente.

Quería hacer todo, menos encontrarse a Tony.

Lo había evitado con éxito gran parte de la mañana, aunque realmente no sabía si iba a poder hacerlo el resto del día… y con suerte toda la semana. Y es que por la culpa de aquel hombre engreído, él no había podido dormir mucho durante la noche. Se había pasado acostado en su cama pensando… o más bien, no pensando. No había hecho otra cosa más que rememorar ese beso que le produjo cosas desconocidas, y que no estaba dispuesto a averiguar sobre qué se trataba. La sensación cálida y placentera de los labios de Tony lo seguía envolviendo, a pesar que ya habían transcurrido algunas horas, y que ahora debería encontrarse con los pies en la tierra. Pero lo cierto es que su mente estaba en la escena de anoche.

Suspiró con frustración mientras se paseaba por la biblioteca. No sabía lo que estaba pensando, y mucho menos en cómo reaccionaba su cuerpo. La noche pasada se había quedado plasmado ante la sorpresa, pues jamás imaginó que Stark de verdad fuese a besarlo. Pero cuando lo hizo… ya no pudo pensar. No fue sino hasta que sintió su lengua intentando adentrarse en su boca, que regresó a la realidad. Estaba besándose. Con un hombre. Con Tony Stark.

—Pensé que huirías de nuevo, como ayer. —la voz del millonario lo hizo girarse con rapidez a la puerta. Stark lo estaba contemplando desde el marco de la entrada, con los brazos y pies cruzados. Su cabeza estaba ligeramente ladeada, y Steve no pudo evitar seguir el camino que recorrían sus mechones rebeldes sobre el costado de su rostro afilado. Carraspeó en cuanto notó la mirada de Tony, y tomó un libro que encontró. Lo que fuera por no cruzarse con su mirada—. ¿Ahora vas a ignorarme, Rogers? —

—No pienso volver a hablar contigo si no te disculpas por lo que hiciste la noche pasada. —le murmuró con enojo, mientras fingía leer algo. Se dio cuenta que los libros estaban casi nuevos. Quizá estuvieran viejos y algo cubiertos de polvo, pero las hojas estaban completamente ordenadas, y las pastas tan firmes como nuevas. Un breve silencio se instaló entre ellos.

—Soy Tony Stark. Yo no me disculpo por nada que haga. De hecho, no me arrepiento de lo que hice. —admitió con una sonrisa que hizo que Steve lo viera con el ceño fruncido. Cuando sus ojos se encontraron, fue el rubio quien desvió la mirada y se giró hacia los libros, buscando algún otro ejemplar—. Y no me vengas con cuentos porque correspondiste el beso. —le sonrió con sorna. Steve se giró nuevamente, con el rostro furioso y las mejillas sonrojadas. Stark soltó una carcajada—. Bien, bien. Puede que no me hayas correspondido, pero lo aceptaste. —y mientras hablaba, poco a poco se iba acercando a Rogers. La noche pasada se había quedado despierto hasta la madrugada intentando sopesar lo que había pasado. Finalmente, antes de caer dormido, se dijo a sí mismo que nada malo pasaría si se daba unos cuantos besos con Rogers, ¿no? Ese beso le había gustado, y quería más. Él nunca había reprimido sus deseos, y no es como si fuera a empezar a hacerlo. Porque Rogers no le gustaba, sólo le atraía. Sí, eso era. Tenía curiosidad por él. ¿Por qué no hacer caso a las palabras de Loki? Así por fin dejarían de molestarlo él y Pepper, y Jarvis, quien también se sumaba a la lista. Quizá así descubriera lo que ellos tanto trataban de hacerle entender. Algo que claramente, no sabía. Steve colocó una mano en su pecho antes de que él pudiera reducir el espacio entre los dos.

—No te acerques. —le rugió—. Ni te atrevas a besarme de nuevo, ¿entendiste? —y el millonario alzó las manos, en un gesto de paz pero con una sonrisa en el rostro. Muy en el fondo, estaba esperando justamente esa reacción por parte de Rogers. El rubio pareció asimilar lo que estaba pasando, porque volvió a tomar un libro entre sus manos—. Me preguntaba… —intentó cambiar el tema—. ¿Por qué estos libros, que parecen viejos, están tan… cuidados? Pareciera que nadie los ha leído en mucho tiempo. —murmuró, pasando las yemas de sus dedos sobre la superficie. Stark carraspeó con incomodidad.

—Porque no han sido leídos por nadie, desde Howard. —admitió, mientras rodeaba el sofá y tomaba asiento en él. Steve lo miró fijamente, intentando encontrar alguna mentira en su rostro, pero al con encontrar nada, simplemente se giró y puso el libro en su lugar. Se sentía culpable seguramente por ser tan entrometido en sus asuntos personales de relación padre-hijo. Tony observó aquello y no pudo más que sentirse un poco decepcionado. Él jamás había tocado algo que fuera propiedad de Howard. Y no iba a empezar justo ahora.

—Tony, yo… —empezó, algunos minutos después cuando el silencio volvió a ser el rey de la biblioteca. Cuando ambos pares de ojos se encontraron, Steve se sintió con la confianza de acercarse al sofá y tomar asiento, dejando una distancia prudencial entre ellos—. No intentes besarme de nuevo, por favor. Yo… no soy gay. —le murmuró con las mejillas algo acaloradas, pero sin bajar la mirada. Tony asintió en respuesta, totalmente relajado.

—Lo entiendo. —aceptó—. Pero tengo que decir a mi favor, que por el contrario a ti, soy bisexual. —canturreó, sintiéndose orgulloso de ser lo que era. Sintió como un peso pequeño se desvanecía de sus hombros al confesar aquello. No estaba esperando que Steve le aplaudiera, o que se echara a correr. Sólo quería contárselo ahora que se presentaba la oportunidad. El rubio lo miró durante unos instantes, con un azul que velaba sus ojos, oscuro e imperecedero.

—Acepto eso. Te respeto, Stark. —y entonces le ofreció su mano, tratando de sellar un pacto de confianza. Tony sabía lo que aquello significaba para Steve: que él no volviera a acercarse. Obviamente no aceptó el contacto, y por el contrario, se puso de pie y jaló de la mano al militar— ¿Qué sucede? —cuestionó. Se le quedó viendo a Tony esperando algún movimiento, alerta por si el otro quería volver a besarlo. Su corazón latió con fuerza. Pero nada de eso sucedió.

—Es un buen día, ¿no lo crees? ¿Por qué no salimos a correr, Rogers? Podemos sacar a Dingo. —propuso con una sonrisa. Esa idea se le acababa de ocurrir, ¿por qué no? El Sol navideño comenzaba a colarse por las ventanas, y la semana podría empezar bien si ellos así lo deseaban. Steve lo miró durante algunos momentos dubitativo, antes de asentir con una sonrisa. Porque hacer ejercicio era una de las cosas que más le gustaban, y si a eso le sumaba la compañía de Dingo y Tony, todo mejoraba. Pero antes de salir poa la puerta, se detuvo abruptamente. Stark se giró con una ceja alzada— ¿Qué sucede?

—Acepto con la condición de que no vuelvas a besarme. —exigió, cruzándose de brazos. Tony soltó una carcajada y luego lo miró con una sonrisa que mostraba sus perfectos dientes blancos.

—No prometo nada. —le guiñó un ojo con picardía—. ¡Y andando, que el día no es eterno! —y acto seguido se perdió por el pasillo.

Steve se quedó de pie, pero después suspiró encogiéndose de hombros y lo siguió.

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—¿Cómo va la misión que le he encomendado, agente Romanoff? —el parche de Nick Fury ni se movió cundo el hombre habló. Sentado tras su escritorio, su oficina era un lugar tétrico de admirar. Tonos grises y negros, con un poco de blanco. Cualquiera podría intimidarse, menos la mujer que yacía sentada frente a él, en posición recta y erguida. Su cabello caía en picada contra sus hombros, mientras su traje pegado se amoldaba perfectamente a su cuerpo trabajado por horas de entrenamiento—. Necesitamos apresurar los planes. Quiero cuanto antes a Tony Stark construyendo armas para mí. —murmuró, mientras cerraba el ojo.

—Señor, todo va de acuerdo a lo especificado. —informó—. Sin embargo, me gustaría hacer un aporte. —el hombre asintió, para que ella continuara hablando—. No creo que ésta sea la forma de llegar a Stark. Él es un hombre inteligente. Quizá haya otro medio para…

—Agente Romanoff. —la interrumpió—. ¿Qué sucede con usted? Cuando le propuse la misión parecía no tener ninguna objeción, creo que es demasiado tarde para dar su punto de vista. —dijo con voz dura—. Sabemos que Stark es un hombre inteligente, y por esa misma razón no hemos conseguido todavía su participación con nosotros. Ésta es la única forma de hacerlo. Y si sus sentimientos están influyendo en sus deberes, quizá sea tiempo de relevarla. —el tono que usó, junto con la amenaza directa y sutil, hicieron que la figura de Natasha se hiciera levemente hacia atrás. Ella negó con un gesto de la cabeza—. Entonces, puede retirarse, agente. La próxima vez que la vea quiero tener avances y no excusas. —volteó su silla, dándole la espalda.

Natasha salió de la oficina de Nick Fury con los labios apretados, formando una fina línea. Ojalá Steve pudiera perdonarla.

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Las risas incontrolables se escuchaban desde el elevador. Incluso cuando Steve y Tony pusieron los pies dentro del Pent House, no podían abandonar esa sonrisa boba que tenían en el rostro. Steve sostenía en una mano a Dingo, y en otra mano sostenía un costado de su abdomen. La costilla solía dolerle cuando reía demasiado. Tony estaba quitándose los restos de las pequeñas lagrimillas que estaban acumuladas en las esquinas de sus ojos. Se miraron en forma de cómplices, y volvieron a reír un poco antes de entrar a la casa.

El paseo había sido de lo más divertido. Habían trotado hasta Central Park, uno al lado del otro y en silencio, pero de forma cómoda. Dingo traía puesta la correa y se habían turnado para llevarlo. En cuando habían llegado y habían desamarrado la correa, el cachorro pareció cobrar más vida. Comenzó a correr por todas partes, con Steve y Tony persiguiéndolo, y salpicándolos de nieve. Finalmente había terminado por jalar el pantalón de una señora, rompiéndolo en el proceso con sus pequeños colmillos. Steve estaba muerto de la pena, mientras Tony reía sin parar por la situación. Se había disculpado muchas veces con la dama, a quien no le hizo gracia alguna la situación. Después de aquello, Dingo había vuelto a huir con la lengua de fuera.

En realidad el ejercicio que tenía en mente no había sido precisamente lo que habían hecho, pero se habían divertido mucho. Compraron café, después un hot-dog, y se sentaron en las bancas frías a inventar historias de la gente que pasaba. Más de una vez coincidieron, y más de una vez pelearon a manera de juego. Steve se la había pasado realmente bien, al igual que Tony, aunque él fuera más reacio a admitirlo en voz alta. Suspiraron al unísono, mandándose otra sonrisa fugaz. Se sentaron en el sofá, totalmente agotados por la mañana tan movida que habían tenido. De hecho, la tensión había desaparecido, como si nunca hubiera existido ese beso. Excepto porque ninguno de los dos podía olvidarlo.

—Me daré una ducha. —informó el rubio mientras se ponía de pie y caminaba rumbo a las escaleras. Tony siguió el movimiento de la espalda ancha, y cómo ésta se marcaba por la playera pegada. Bendita sea Pepper Potts por elegir ropa que le sentara tan bien. Sin poder contener sus impulsos necios, se acercó al rubio, plantándose frente a él con una sonrisa ladeada en el rostro. Justamente estaban en el pie de la escalera, así que él tuvo que subir un peldaño para estar más o menos a la altura. Steve lo miró con una ceja alzada— ¿Qué pasa? —

Sin decir palabra alguna, Tony recorrió con la vista el rostro de Steve que se mostraba a pocos centímetros de él, admirando de la misma manera que el rubio hacía lo mismo. Se mantuvieron en esa posición por algunos escasos segundos, pero Stark no pudo resistirse, como se había obligado a hacerlo durante todo su paseo. Posó las manos con cuidado sobre los hombros de Steve, acercando su cuerpo. Él había parecido entrar en un trance, porque solamente lo observaba con los labios entreabiertos, facilitándole inconscientemente el trabajo. Cuando sus respiraciones se mezclaron debido a la cercanía, Steve pareció recapacitar, porque trató de alejar a Tony, aunque sin mucho esfuerzo como la noche anterior.

—Basta, Stark. —le susurró en voz baja—. Dijiste que no lo harías. —trató de hacerlo recapacitar, pero sus ojos azules no podían evitar perderse en la línea de sus labios rosados y delgados. Su corazón comenzó a latir rápidamente, y su cuerpo no tenía la voluntad de apartarse como sería lo correcto. Sabía que estaba todo mal ahí, y sin embargo, sólo esperaba, expectante. No quería apartarse, y se espantó al descubrirlo.

—Yo nunca prometí nada, Rogers. —murmuró con una sonrisa sobre los labios. Entonces se acercó un poco más a la boca contraria, admirando cómo el hombre más alto pasaba la lengua por sus labios de forma inconsciente. Estaba incitándolo. Sus labios quedaron a una distancia corta, demasiado corta y tortuosa. Pero Tony ya había dado un paso en falso la noche pasada, y no planeaba que sucediera lo mismo ésta vez. Necesitaba una señal para avanzar por el camino más seguro. Él nunca había sido rechazado y no iba a comenzar ahora. Le dio el tiempo a Steve para que se apartara si así lo quería, pero cuando el rubio posó las manos sobre sus brazos, acercándolo un poco más, no le quedó duda. Quizá sus miedos se habían disipado ligeramente.

Reflexionarlo era echarse hacia atrás, así que hizo lo que mejor se le daba. Lo besó. Como la noche anterior, pero usando un poco más de fuerza en el impacto. No daría tregua a que el rubio pudiera arrepentirse. Comenzó a mover sus labios ligeramente, poco a poco, pues estaba seguro que Steve no tenía mucha experiencia en ese campo. Y lo sabía por las manos temblorosas que apretaban ligeramente sus brazos, transmitiéndole sus ansias y nervios. No podía creer que realmente aquello estuviera pasándole. Sus labios eran cálidos, suaves, sensibles ante cualquier roce. Y él quería todo.

—No… —Steve separó los labios de Tony de los suyos, al tiempo apretaba ligeramente los brazos del millonario. Sus ojos azules tenían un brillo excepcional, pero danzaba sobre sus orbes la duda, la incertidumbre. Tony guardó silencio por primera vez, permitiéndose escuchar al rubio—. Esto no está bien… yo… no puedo. —sus cejas rubias tuvieron una pequeña contracción, pues había perdido la noción de la realidad. ¿Qué estaba haciendo? Él no… las manos de Tony se movieron hasta abarcar con ellas ambas mejillas del mayor, dándole más intimidad al acercamiento que mantenían. Al contrario de lo que ambos habían pensado, no era para nada incómodo. No había repugnancia en los pensamientos de Steve, solamente confusión.

—No insistas en analizarlo, Rogers. —la voz del castaño salió en un susurro quizá demasiado bajo, pero perfectamente audible para el rubio. Su aliento rozó los labios contrarios—. No sabemos lo que hacemos, pero lo hacemos muy bien. —quiso añadir un poco más a aquel comentario, pero no quería intimidar al otro hombre que parecía pelear una batalla interna entre su cuerpo y su mente. Se acercó de nueva cuenta, volviendo a rozar sus labios sutilmente en un gesto que se le antojó cursi, pero no se detuvo a pensarlo—. Sé que estás confundido. —murmuró—. Pero la libertad sexual es parte de la vida moderna, y las personas inteligentes, sin complejos, la aceptan.

—Estoy enamorado de una mujer, Stark. —la decisión estaba marcada en sus ojos azules, mientras sus facciones se endurecían un poco. Alejó el cuerpo del castaño, esperando poder así poner sus ideas en orden. ¿Cuándo es que todo había dado un giro de tal magnitud? Que alguien le explicara cómo es que el hombre que parecía ignorarlo de repente había echado en él un interés sexual/romántico. Su garganta se secó, y desvió la mirada, subiendo un par de peldaños para darse la ducha que en verdad necesitaba.

—No hemos terminado de hablar. —el millonario lo detuvo por el brazo, obligándole a voltear la mirada nuevamente hacia él. Apretó ligeramente su brazo, mientras sentía debajo de sus dedos los músculos tensos y trabajados del otro—. Estoy tratando de proponerte experimentar. Sólo eso. ¿No lo entiendes? No vamos a enamorarnos. Tú volverás a tu época, y todo terminará entonces. —y aquella propuesta indecente a los ojos de Steve, normal para el castaño, hicieron que su cerebro colapsara. Rogers se vio a sí mismo tratando de no caer ante el juego que el otro proponía, queriendo subir por la red que de repente Tony le había lanzado. Jamás se esperó algo así. Quizá por eso simplemente se quedó contemplando los ojos castaños, buscando desesperadamente un argumento al que aferrarse para no ceder ante Stark, hasta que un ruido en particular los distrajo. El celular del millonario estaba sonando.

Steve sintió que aquel era el momento perfecto para escapar.

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El constante pitido que hacía la máquina blanca a su lado, lo frustraba. Estaba totalmente aburrido de estar en esa incómoda camilla de hospital, de verdad. La enfermera le había denegado el acceso a una llamada telefónica, y nadie parecía estar en ánimos para visitarlo. Steve no se había presentado, aunque tampoco era su obligación ir a verlo todos los días. Nadie del trabajo había acudido todavía, pues era obvio que Nick Fury los traería con el trabajo hasta el cuello, durmiendo apenas cinco horas y complementando las faltantes el fin de semana. Por otra parte… Loki. Su presencia tampoco se había hecho presente desde su pelea. Estaba molesto su hermano, por supuesto que lo estaba. ¿Pero de qué forma se iba a disculpar? Si no lo dejaban hacer llamadas.

El ruido de la puerta siendo abierta lo distrajo, haciendo que sus azules ojos viajaran con curiosidad hasta la entrada. Quizá Loki hubiera decidido ir y hablar. Sin embargo, la sorpresa que se llevó fue totalmente notoria en sus facciones, cuando descubrió que quien entraba no era su hermano. Una persona que jamás esperó volver a ver en la vida estaba frente a sus ojos, con una sonrisa y los ojos cristalizados.

—Jane… —murmuró, con la misma sorpresa. Sus rubias cejas se alzaron, y sus manos comenzaron a sudar ante tal impresión. ¿Qué hacía ella ahí? ¿Cómo lo había encontrado? Eran tantas cosas que quería decir, y no salió nada de sus labios, sólo un jadeo. Ella se limpió una escurridiza lágrima que se había escapado, y con la misma felicidad se acercó hasta él, sin importarle que estuviera acostado, y lo abrazó con fuerza. La escena podía calificarse como inapropiada, pero a ninguno le importó. Thor pasó sus brazos débilmente, rodeándola de forma cálida y con una sonrisa sobre el rostro. Se mantuvieron así por algunos minutos, mientras él trataba de sopesar la idea de que fuera ella quien estuviera presente en la misma habitación que él. A su memoria vino el pasado—. ¿Eras tú la reportera que quería verme? —murmuró. Ella asintió, retirándose poco a poco.

—Así es. —sus ojos seguían cristalizados. Portaba un abrigo debido a las bajas temperaturas que se hacían notables en las calles de Nueva York—. Me enteré de lo que te pasó gracias a las noticias, y quise verte, pero no me daban un acceso. Tuve que pedir una entrevista para poder localizar tu paradero. —le sonrió con ternura, mientras sus suaves dedos se deslizaban por la mejilla del hombre acostado—. ¿Cómo estás? Hace tanto tiempo que no te veía… —su manos fue apresada por la gran mano de Thor, quien mantenía una alegría que no pudo ocultar.

—Estoy bien, fue simplemente trabajo. —rió un poco cuando ella cambió la mirada por una severa nota de regaño que no expresó—. En todo este tiempo… jamás pensé volver a verte. Si hubiera sabido que eras tú quien pedía verme, no me habría negado, Jane. —ella se sentó en la camilla, a un lado del rubio.

—Eso ya no importa ahora. —le restó importancia con un gesto de la mano—. Tuve que burlar al policía allá afuera, ya sabes. —sorbió su nariz, sacando un pañuelo de su abrigo negro. Thor rió con ganas—. Cortaste tu cabello. No es una gran diferencia, pero lo hiciste. —sus ojos oscuros viajaron por la extensión de mechones rubios que reposaban sobre la almohada. El dueño de ellos se encogió de hombros. Lo había recortado porque Loki odiaba su cabello demasiado largo, decía que le hacía parecer un vagabundo—. Te he traído algo. —y sacó de su bolso un empaque que contenía una apetitosa hamburguesa del lugar preferido del rubio—. Recordé que te gustan, y también pensé que estarías muriéndote de hambre aquí. No fue difícil lograr meterla. —

—Justo estaba pensando en largarme de este odioso lugar donde no alimentan bien a la gente. —ella rió por lo bajo y se acercó de nuevo al hombre, sosteniendo en su mano el empaque y estirándolo hacia Thor, quien lo tomó entre sus manos. Sin embargo, antes de que ella pudiera volver a su puesto en el sofá, él la tomó por la muñeca y la observó fijamente. Seguía tan igual, pues parecía que el tiempo no había transcurrido por sus facciones. Su cabello caía un poco ondulado de las puntas, haciendo juego con sus ojos de un brillo peculiar—. Sigues tan hermosa. —y aquella frase dicha al aire, logró que el pecho de Jane se sintiera cálido, al igual que sus mejillas.

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Steve suspiró por cuarta vez en el día, mientras sus ojos contemplaban el papel vacío. Sus dedos solamente podían dibujar ahora el rostro de Tony, la silueta de Tony, los ojos de Tony, la sonrisa de Tony… ¡Tony, Tony, Tony! Todo él. Dos dibujos del millonario habían ya sido plasmados por sus manos, uno cuando estaban trotando, y el otro cuando estaban en las escaleras, tan juntos… sacudió su cabeza para borrar esos pensamientos indecentes. Por suerte el celular del castaño había sonado, dándole la oportunidad a él para poder huir escaleras arriba y encerrarse en el baño. Pudo escuchar una discusión por el teléfono, y luego un portazo en la puerta de la habitación principal. Cuando una hora después bajó a la cocina, dispuesto a irse a SHIELD, Jarvis le había dado la noticia de que había surgido un problema en Industrias Stark.

Volvió al presente, mientras hacía trazos desiguales esperando que la inspiración brotara y dibujara algo que no fuera un hombre en específico. Alguien que le venía rondando en la cabeza desde que llegó al mundo moderno. Tony le había propuesto algo tan indecente, tan… no sabía ni como nombrarlo. Estaba claro que él no iba a aceptar, pues no estaba acostumbrado a dejarse llevar por sus bajos instintos y después marcharse como si nada. Estaba seguro que podría soportarlo, pero… una parte en su subconsciente le incitaba a hacerlo. A ceder. A entregar su cuerpo a la experiencia. De todas formas, volvería a su época, y nadie sabría jamás lo que había estado haciendo. Además Tony había mencionado que no iban a enamorarse, nada de compromisos. Sin embargo, le parecía totalmente incorrecto hacer algo así. Él no era esa clase de hombre. No lo era.

—¿Te sientes bien, Steve? —la mano firme de Natasha se posó el su hombro, mientras ella lo veía con una ceja alzada y la clara preocupación en sus facciones femeninas. El rubio asintió con un ligero movimiento, observando el cómo ella tomaba asiento a su lado, en aquella banca bajo los frondosos árboles. Esa era una de las contadas áreas verdes que poseía la tecnológica organización—. Te veo pensativo, ¿sucede algo? —y Rogers quiso abstenerse de hacer un comentario sobre lo que estaba rondándole la cabeza, pero no pudo evitarlo.

—¿Qué piensas de Stark? —pasó la lengua rápidamente por sus labios de forma casi imperceptible, mientras rascaba su mejilla derecha son su dedo índice. Natasha pudo percibir su nerviosismo gracias a esas acciones. Guardó silencio durante algunos minutos, pues bien sabía que algo sucedía entre ellos, podía casi palparse en el ambiente. La forma en que Steve hablaba de Tony cada que estaban juntos, sumado al brillo de sus ojos azules, aunándole las características muestras de admiración por él. Por otro lado, Stark tampoco se quedaba atrás. Ella jamás había visto esa sobreprotección que el millonario parecía tener con Steve, antes. Incluso a sus mejores amigos parecía olvidarlos en algún punto. Lo que diría, definiría el sentido que iban a tomar las cosas de ahora en adelante.

—Stark es... no nos llevamos especialmente bien, como pudiste darte cuenta la vez que fui a la Torre. Es muy inteligente, de eso no hay duda, pero también es un hombre con el ego por las nubes, demasiado sarcástico y horriblemente soberbio y, hasta cierto punto, arrogante y odioso. —hizo una mueca, pero suspiró—. Aunque no puedo negar que tiene una voluntad de hierro, y no cede ante los peligros. Además, se lleva bien con Clint, así que… —la oración fue dejada al aire, mientras veía las chispas de nieve caer. Steve la miró detenidamente.

—Clint es tu pareja, ¿cierto? —ella asintió con una pequeña sonrisa—. ¿Por qué no te llevas bien con Stark, entonces? Si ellos tienen una amistad, e incluso él le pidió el favor de acompañar al Doctor Bruce en su búsqueda… yo… no lo entiendo. —sus cejas rubias se contrajeron con confusión. Algo no cuadraba en todo eso.

—Stark y yo nos conocemos desde mucho antes que Clint y yo fuéramos pareja. Incluso él no había llegado a nuestras vidas. Pero Tony y S.H.I.E.L.D. tuvieron problemas, así que él se distanció de la empresa. Tiempo después conoció a Clint y luego él entró aquí… hubo algunos problemas, pero eso no derribó el lazo que se había instalado entre ellos. —comentó de forma casual, sin ahondar en ningún detalle. Bien podía clavar la estaca y dejar que Tony se desangrara. Bien podía decirle a Steve la verdad sobre el pasado de Stark y entonces cumplir finalmente su misión. Pero simplemente apretó los labios en un silencio tenso. No, ya era suficiente de hacer daño. Estaba faltando a su misión, pero poco le importó. Quizá fue la culpa que sentía, o la lástima. Quién sabe.

—No entiendo a Stark. He convivido con él en todo este tiempo, y sin embargo no sé lo que piensa, o lo que siente. No puedo descifrarlo. —comentó con algo de angustia, mientras sus dedos se hundías en sus rodillas, tratando de encontrar un por qué a toda la confusión que envolvía su mente. Sabía que Natasha ocultaba algo importante, pero él mismo no se sentía capacitado para saber lo que fuera que estuviera ocultándole. Se sentía nervioso, con ansias devorándole el interior. Quería saber más de Tony porque simplemente no podía dar un paso al vacío con él. No era la parte de rehusarse a experimentar con un hombre lo que te atemorizaba tanto, el problema era quién era ese hombre.

—Tony Stark es un hombre complicado, Steve. —le murmuró con una sonrisa y los ojos brillosos. Era un consejo de amiga—. No te aflijas sobre cosas absurdas, y déjate llevar. Cuando la vida te pone algo en bandeja hay que tomarlo, porque de lo contrario terminas pagándolo caro. La vida siempre sabe más que nosotros. —

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Pepper Potts era una mujer de cabeza fría, inteligente. De madera difícil de roer, con una capacidad sorprendente para persuadir personas, y llevar las situaciones problemáticas de la mejor manera posible. Era la mano derecha, amiga y confidente de Tony Stark, y el puesto se lo había ganado día con día. Por consecuente, ella no se asustaba ante nada. O casi nada. Estaba de pie, totalmente erguida e inmóvil, escuchando los gritos furiosos que lanzaba su jefe en toda la oficina. Aventaba cosas de su escritorio, movía papeles. Estaba frustrado y enojado. Por más que la rubia había tratado de hacer que se calmara no había funcionado. Y lo peor es que estaba gritándole a ella.

Sentía ganas de llorar, mientras sus puños estaban apretados entorno a su falda blanca de oficina. Sus labios rojos y bien pintados, apretados. Las pecas se hacían más notorias. Y sus ojos azules, cristalinos ante la idea de que Tony estuviera de aquella forma por su culpa. Tomó una bocanada de aire cuando el castaño se giró, dándole la espalda. Entonces los gritos y regaños cesaron, dando espacio a un silencio brutal e incómodo. Ella no se movió de su lugar, a pesar de que las rodillas le temblaban. No debía llorar frente a su jefe, porque si había algo peor para Tony que ver a alguien disculpándose, era verlo llorar. Así que no lo hizo. Se mantuvo fuerte, aunque las emociones la dominaban.

—¿Qué sucede aquí, Tony? —la voz de Obadiah irrumpió en el silencio, mientras su cabeza falta de cabello se asomaba por la puerta de su oficina. Sin esperar una invitación para entrar, y tomándolo como si de su propia casa se tratase, entró con tres zancadas. Observó a Pepper silenciosamente, mientras sus ojos vagaban por su femenina y estilizada figura con una mirada que logró que el corazón de la secretaria latiera con rapidez por la repulsión. Tony seguía mirando hacia las calles de Nueva York a través del ventanal, sin darse cuenta de nada.

—¿Qué sucede? —Tony se giró con una pequeña sonrisa irónica, dos minutos después. Miró a Pepper y luego a Obadiah—. Sucede que ha habido un robo, ¡Un robo, joder! ¡En mi propia empresa! —volvió a alzar la voz, pero sin ese tono de reproche que lo acompañaba desde que llegó a la oficina. El mayor de los presentes alzó una ceja, sin entender a lo que se refería—. Han sacado un poco más de un millón de dólares de Industrias Stark. —murmuró con furia, mientras azotaba las manos en su escritorio. Su barba se contrajo cuando una mueca fue hecha por su boca, mientras Pepper volvía a tensarse sobre su lugar.

—¿Y por qué le gritas a ella? —cuestionó, con un deje de compasión en la voz al ver a la mujer a punto de llorar—. No tiene la culpa de lo que está sucediendo. —

—Sí, sí la tiene. —dijo con amargura—. Era su obligación encargarse de la seguridad de la empresa, ¡y nos han robado! —llevó una de sus manos al puente de su nariz y frotó con precisión y dureza—. Lo peor de todo es que el robo ha sido interno. Alguien aquí nos ha jugado una mala broma. O mejor dicho, una estúpida estafa. —y se irguió en todo su esplendor, con la espalda bien recta, y los ojos fijos en Obadiah—. Y a Tony Stark nadie puede robarle sin salirse con la suya. ¡No lo acepto! —y volvió a patear su asiento de cuero. La silla que tanto valoraba, ahora parecía un blanco más para desquitar su enojo.

—¿Puedes rastrearlo? —Tony asintió, murmurando algo como "quizás" que se pudo interpretar—. Vamos, hijo, ha sido un golpe fuerte para la empresa, pero no es momento para culpar a tu secretaria de todo. Quizá el ladrón fue demasiado inteligente y ella no notó nada, de lo contrario estoy seguro que te hubiera alertado, ¿verdad? —cuando los ojos del hombre se posaron en la figura de Pepper, ella sólo pudo asentir repetidas veces, haciendo inevitables las pequeñas lagrimas que surcaban sus mejillas—. No es totalmente culpable, ¿Por qué no dejas que se vaya? Cuando estés más tranquilo entonces vuelves a llamarla para que se aclare la situación, y listo. —se sentó en el sofá, intercambiando la mirada entre el jefe y la empleada.

—Tienes razón. —y sin dirigirle una mirada a la única mujer presente, dijo en voz alta: —. Virginia, puedes marcharte a tu puesto. Te llamaré más tarde. —y aquellas palabras tan llenas de indiferencia, causaron que ella mordiera su labio inferior con dolor, y se paralizara un poco en su sitio. Cuando de proteger su empresa se trataba, Tony Stark se olvidaba incluso de quienes eran sus amigos y aliados. No podía humillarse ni un poco más. Así que alzando la barbilla, a pesar de que el castaño no la miraba, dio dos pasos hacia atrás.

—Como usted ordene, jefe. —y se perdió tras la puerta.

—No confío mucho en tu secretaria, Tony. —murmuró el hombre mayor, cuando escuchó los pasos de Pepper alejándose de la oficina. El mencionado volteó a verlo con una ceja alzada, indicándole así que continuara con su explicación—. Dejarle todo el trabajo administrativo a una sola mujer… deberías contratar más personal. —mencionó con tono casual—. Algo me dice que las lágrimas y todo el teatro que ha montado, no ha sido del todo honesto. —y se sirvió una copa de vino, añadiéndole dos cubitos de hielo que encontró en el mini-bar de la oficina.

—¿Estas insinuando que fue ella la culpable? ¿Qué ella me robó? —su ceja alzada, junto con la confusión en su rostro, se transformaron en una mueca torcida, mientras negaba en un gesto exagerado—. Eso es totalmente absurdo, Obi. Pepper… ella es una de las personas en quien más confío, casi como mi familia… no. Potts no fue. —dijo con firmeza, pero no pudo evitar que algo dentro de su mente hiciera una nueva idea sobre ella.

—¿Estás seguro? No quiero decir que no sea de confianza, pero pudo estar manipulada bajo las ordenes de alguien, ¿no lo crees?... ¿Un novio, quizá? —se encogió de hombros mientras volvía al sofá y tomaba asiento de nueva cuenta. Los ojos color chocolate puestos fijamente en sus movimientos—. Ella es una chica lista, pero cuando de amor se trata… puede ser una posibilidad. —y al sentirse vulnerable por la situación, presa del momento y de la furia y los sentimientos encontrados que lo invadían, Tony se permitió tomar asiento en la silla que antes había pateado con fuerza. Se sentía de repente aturdido.

—No. Ella no lo hizo, bajo ninguna circunstancia me traicionaría. Es mi mano derecha, es… mi amiga. —la defendió. Sin embargo, por el tono empleado, no lo hizo parecer tan seguro como hubiera querido. Obadiah sonrió torcidamente al sentirse triunfador en la grieta que había logrado abrir entre ese par. Puede que no fuera enorme, pero cualquier lazo que forjara cualquier persona con Tony siempre era como una taza de porcelana. Podría estrellarse en cualquier momento, y nunca tendría la misma belleza y poder. En su ajedrez, una pieza avanzaba a su favor.

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La Torre Stark estaba en completo silencio cuando Steve puso un pie dentro. Algo de él se removió con inquietud al imaginar a Tony de nuevo borracho, perdido en cualquier lugar. Sacudió la cabeza, tratando de no forjar estereotipos alrededor del genio. Buscó a Jarvis en la cocina, y lo encontró junto a Dingo. Estuvo platicando amenamente con el mayordomo, hasta que sintió la imperiosa necesidad de darse una buena ducha, pues para olvidar todo lo que estaba rondándole la cabeza había entrenado más duro de lo normal al lado de Natasha. Era sorprendente las habilidades de aquella mujer, y su inteligencia y astucia.

Así que tratando de relajarse, se había metido bajo el chorro de agua caliente que lograba desentumir sus tensos músculos, debido al ejercicio y al frío. La temperatura había descendido mucho desde la mañana, y las nevadas eran frecuentes a partir del medio día. Era curioso, pero cuando había transitado por las calles al lado de la pelirroja, se había dado cuenta que casi todo estaba cubierto con luces de colores, y pinos adornados con curiosas bolas brillantes y estrellas en las puntas. Decoraciones lucían afuera de los locales y las casas, y Natasha le explicó sobre la navidad actual. En su tiempo era algo más personal donde la única celebración navideña era una cena familiar acompañada por las oraciones cristianas. Steve nunca fue muy religioso, así que la fecha decembrina no le atraía completamente. Parecía que en pleno siglo XXI las cosas habían cambiado.

Justo estaba frente al espejo, con una toalla gruesa rodeando solamente la parte baja de su cintura, cuando se observó atentamente en el reflejo. La barba comenzaba a crecerle ya. No le gustaba, le hacía sentirse como un vagabundo, y él era muy cuidadoso con su aspecto. Así que abrió el pequeño compartimiento que se mostraba debajo del espejo de baño, y encontró un pequeño objeto en forma de "T" con una navaja en la parte superior. No sabía cómo utilizar aquel artefacto, pues en su época solamente eran las navajas que utilizaban. Así que simplemente rompió el objeto y sacó la parte filosa. Enjabonó su barbilla mientras tarareaba una pequeña cancioncilla, y comenzó a afeitarse.

Se giró rápidamente hacia la puerta cuando ésta fue abierta de un solo golpe, mientras sostenía con su mano fuertemente la toalla, y en la otra la navaja. Tony Stark lo miró con una pequeña sonrisa al verlo, dándole un repaso a su cuerpo sin importarle su ceño fruncido por tal acción. Steve prefirió volver la vista al espejo y seguir con lo que estaba haciendo, ignorándolo. El castaño se recargó en la puerta, dejándola abierta.

—¿Cómo está el chico maravilla? ¿Ya está en edad de rasurarse? —comentó con una sonrisa mediana, en tono burlón. Jarvis le había mencionado que Steve estaba en la planta alta, pero se olvidó del pequeño detalle de mencionarle que se estaba dando una ducha. De lo contrario no hubiera entrado de forma estrepitosa. Lo único que quería era enjuagarse el rostro con agua fría y olvidar el amargo momento de la oficina. Y vaya sorpresa lo que se había encontrado. Steve en toalla, semidesnudo, con jabón sobre su barbilla. Bastante sugerente.

—Para tu información tengo treinta. Y sí, ya estoy en edad de afeitarme, Stark. —murmuró con tono duro, pero sin ofenderse por el comentario del otro. Simplemente sabía que el millonario era así, y era parte de su personalidad que su lengua fuera tan suelta. Tony no sabía diferenciar muy bien entre lo que podría o no dañar a las personas gracias a sus comentarios. Sin embargo, había aprendido a observar cuándo era que Tony hablaba enserio o estaba simplemente bromeando—. Jarvis me dijo que tuviste un problema en el trabajo, ¿está todo bien? —cuestionó, mientras sus ojos fijos en el espejo se movían un poco de ángulo para dar con la figura del otro hombre en el reflejo. Él gruñó en respuesta.

—Sólo un pequeño percance. —rodó los ojos para darle a entender que no era importante. Rogers no tenía por qué saber las dificultades que se presentaban en la empresa. Su mirada cambió por una más afilada, como un cazador. Se acercó a paso lento hacia el rubio, quien había terminado de afeitarse y ahora se limpiaba el rostro con una toalla—. ¿Has pensando en lo que te dije hoy? —le murmuró muy cerca del oído, mientras pasaba sus manos por el cuerpo del otro hasta depositarlas en el lavamanos, acorralándolo entre su cuerpo y el material de mármol. Steve pasó saliva, dándose media vuelta para encararlo.

—No hay nada que pensar. Mi respuesta es no. —sin titubear le respondió, sonando tan seguro que hasta él mismo se sorprendió por eso mismo. Tony lo miró durante algunos segundos, buscando en sus ojos algún indicio de rendición, encontrándolo en un suave brillo que nublaba sus ojos azules.

—Dices que no, tu mente te lo ordena. —susurró, mientras sus manos se posaban poco a poco en la espalda de Steve y comenzaba a pasear sus yemas por la ancha figura, sintiendo el cuerpo del otro tensarse involuntariamente—. ¿Y tu cuerpo? ¿Qué dice tu cuerpo? Porque tal parece que le gusta lo que hago con mis manos. —y mientras el tono de su voz bajaba dos tercios, para convertirse casi en un susurro sensual mezclado con el aire, sus manos se posaron con firmeza en el abdomen del rubio. Él no hizo nada para evitarlo, deliberando una batalla mental entre dejarlo continuar o apartarlo.

—Tony. —susurró, como una especie de advertencia. Hubo un atisbo de duda y miedo en sus ojos. El castaño estaba a punto de reír por la cara que tenía el otro ante lo que él estaba haciendo. Lo conmovía demasiado su inocencia. Se distrajo cuando Steve deslizó la lengua por el labio inferior, como venía haciendo últimamente cuando estaba en ese tipo de situaciones intimas—. Tony… —susurró de nuevo, sólo que ésta vez sonó como una pregunta. O quizá una súplica. Él simplemente no se permitió pensar demasiado en ello. Así que le tomó de la mejilla para brindarle un poco más de confianza, oyéndolo jadear débilmente, y sus ojos azules se cerraron levemente cuando el pulgar del millonario rozó la comisura de su boca. Se estremeció bajo el toque de aquella yema tan suave, con un temblor apenas imperceptible. Entonces Tony exhaló el aire que estaba conteniendo y juntó sus labios en un beso sencillo, que no daba paso a nada más que un enlace de labios. Su lengua estaba acariciando con pequeños toques el borde del labio inferior del rubio para tratar de disipar todos sus miedos y preocupaciones. Steve hizo un sonido suave y profundo de su garganta, y comenzó a participar en el encuentro moviendo un poco sus labios, acariciándose entre ellos. Tenía la mente nublada, y los sentidos puestos en el hombre al que estaba besando. El corazón de Stark dio un pequeño salto ante el giro tan inesperado de Steve correspondiéndole. Así que se animó un poco más y comenzó a friccionar un poco más rápido, siendo siempre cuidadoso en el beso.

Tony se retiró poco a poco pasado un corto tiempo, sintiendo sus labios de repente fríos y necesitados por volverse a unir con aquellos otros. Sus ojos color chocolate se quedaron fijos en ese par de gruesos colchones rosados, hasta que se limitó a subir la mirada y atrapó a Steve viéndolo de forma detenida, con los ojos un poco más oscurecidos que lo habitual. Su pecho libre de vello subía y bajaba con cada respiración profunda que daba. Entonces, Steve parpadeó y cayó en la cuenta de lo que había sucedido, y que él había sido consciente de cada movimiento de su cuerpo, de sus labios. Y lo permitió. Aquel contacto tan íntimo como lo era un beso, aquellas suaves caricias, todo lo que estaba pasándole desde días atrás. Todo lo que Tony comenzaba a provocar en su cuerpo y pensamientos. Era nuevo, desconocido, inquietante.

Steve sabía que estaba colgando de un precipicio, pero no estaba seguro si quería caer.

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Espero que les haya gustado. Las dudas no cesarán aquí, al contrario. Pueden estar seguros que todo apenas comienza para ambos. Bueno, me refiero al drama, porque la historia ya va muy avanzada xD

¡Nos veremos muy pronto para el especial de navidad!

¡Un beso enorme y tengan una excelente semana! :3

Pilikita y Kororito: muchas gracias por tu comentario, de verdad :D me sorprendí cuando mencionaste que habías leído todos los capítulos de un jalón, me siento verdaderamente agradecida por eso :3 Steve, como bien dices, e sun pan de Dios, y no te preocupes, que si bien todos tiene sus momentos de ser utilizados, tiene sus recompensas. ¿Sabes? Me gusta que las cosas se den poco a poco, llevo algún par de años leyendo fanfics e incluso libros, en los que los protagonistas caen rendidos al amor de un momento a otro, y eso no me agrada del todo. Quise darle a ésta historia un toque real, es decir, el amor surge poco a poco, con detalles, palabras, acciones, etc. No sólo es atracción física. De nuevo muchas gracias por tus palabras y nos leemos pronto :D

Naoki : gracias por tu comentario, de verdad :D sí, la escena del beso no estaba muy bien diseñada, pero salió y pues fue ahí en el momento, no podía poner otra escene porque hubiera tenido que alargar mucho más el capítulo xD de todas formas nos esperan más sorpresas de éste tipo jijiji *risa pervertida* Loki, mi querido Loki, le faltan muchas cosas por las cuales deberá pasar, así como retos, esperemos que salga adelante (: y de Clint y Bruce, claro que tendrán su momento de explciar por completo la historia, no te preocupes por eso :D gracias de nueva cuenta y te espero en el siguiente capítulo.

Darkmoon: como siempre, es un gusto tenerte en cada capítulo comentando con un extenso comentario tus dudas, sugerencias y palabras. De verdad muchas gracias :D la mujer del relicario no es Natasha, esa duda sí tenía que quitártela, así que el problema va por otro lado xD aunque es una buena idea la que planteas, se me ocurrió una parecida, pero desistí. Sobre Bruce y Pepper, nunca es tarde para formar parejas, y tomaré tu idea, pero primero debemos esperar a que Bruce vuelva para que se pueda dar algo entre ellos :3 sobre Nat, lo que tú planteas es precisamente lo que será su debate ¿Pesa más la lealtad o la amistad? Ya luego veremos por qué. Sobre si le puede contar de su historia a Steve, esto es algo que no he aclarado, es decir, el por qué no puede contárselo, y muchas gracias por hacérmelo ver porque colocaré el porqué de su silencio en el siguiente capítulo. Y sobre Steve, aunque vaya avanzando con Tony no quiere decir que sus dudas se irán por completo, sino al contrario, irán creciendo un poco más y más. Sobre el término de "hermanos" lo expongo porque para Thor es una manera especial de llamarlo, no por ser incestuoso o pervertido, pero hay una razón que lo hace nombrarlo de esa forma, también lo veremos cuando toque su turno de la historia. Entonces a todo te digo que "después" y de seguro estás pensando "¿Cuándo carajos acabará ésta historia entonces?" pero puedo asegurarte que una vez que los secretos comiencen a salir, no van a parar. Sobre el apoyo que Steve le vaya a rbindar a Tony para que éste enfrente su pasado, la respuesta es sí totalmente. Una parte de esto desembocará sentimientos fuertes y completos para ellos. Creo que es todo, y de nuevo muchas gracias, espero saber de ti muy pronto :D

¡Un beso a todos!