¡Hola! Mis queridos lectores :D Espero que estén disfrutando sus fiestas decembrinas, recuerden que si no son muy apegados a estas fechas (o que no les gusten) no está de más regalar una sonrisa a la familia y unirse a ellos. Son fechas especiales que no deben dejar pasar :3 corran, salten, griten, sientan el frío, la magia navideña y esas cosas :D
Ha pasado creo que mucho tiempo ya xD pero éstas fechas me ponen muy melancólica y feliz, así que trato de pasar la mayoría del tiempo con mi familia y amigos. El capítulo lo había escrito todo, pero estaba estructurado de forma sencilla, así que tuve que darle forma, y bueno... se me complicó más terminarlo por las fiestas. Después estaba dispuesta a terminarlo debido a que salí de vacaciones y ¡pum! me crucé con el libro "Divergente" que no pude dejar pasar. Me enganché tanto a la historia que no pude parar de leer hasta terminar la trilogía (por cierto, hermosa, altamente recomendable, con un final perfecto aunque a muchos no les haya gustado) y pues bueno, esto me atrasó más en la actualización.
A lo que voy es que éste capítulo es un poco más largo, y es especial de navidad tardío xD así que espero y lo disfruten mucho, porque además hay una GRAN SORPRESA al final del capítulo.
Responderé sus reviews al final, muchísimas gracias por ellos :D
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Capítulo 19.- Donde el corazón te lleve.
Sus ojos azules se abrieron poco a poco, enfocando los primeros rayos de Sol que se colaban por entre las cortinas de la amplia habitación. Sus párpados se sentían pesados, así como su cuerpo. La noche pasada se había desvelado buscando una respuesta concreta en base a una sola incógnita. ¿Qué estaba haciendo? Cayendo en las trampas de Tony sin resistencia, sintiéndose como un muñeco cada que se acercaba. Y lo peor de todo era que Stark era un hombre. Él no era especialmente homofóbico, sin embargo jamás se esperó un cambio en la situación que estaba viviendo. Es decir, un día llegaba a la casa de un extraño como amigo, y un poco después se encontraba en una maraña de confusiones sexuales. Amaba a Peggy, de verdad la amaba, y la extrañaba de sobremanera. Pero también se sentía incitado a probar otro camino, a ir por donde Stark lo quisiera guiar sin preguntar. Aunque en una de las constantes pláticas con Natasha, ella misma le hubiera confesado que Tony no era precisamente alguien con pareja estable. Es decir, brincaba de un lado a otro metido siempre en líos amorosos. Stark y su historia amorosa era toda una odisea de la que él no quería ser parte.
Bajó las escaleras aún con el pantalón del pjiama puesto, mientras se ponía sobre el torso desnudo una playera que encontró en la habitación. Se había lavado el rostro y los dientes, esperando despejar su mente de todo aquel embrollo que sentía pesado en su cabeza. Además había un ruido inusual y algo fuerte en la planta baja, algo que no había sucedido desde su llegada. Y no creía que fuera por puro gusto, pues Tony solía trabajar en el taller siempre, además que su casa siempre era tranquila y con un aire pacífico inigualable. Si no fuera por Jarvis paseándose de un lado a otro, parecería deshabitada a simple vista.
Se quedó a mitad de las escaleras cuando notó un detalle en particular. O mejor dicho, un cúmulo de detalles enormes en toda la casa. Luces por todas partes, adornos en tonalidades rojas, blancas, amarillas. Observó cauteloso a los tantos hombres que deambulaban por toda la casa, acomodando cosas aquí y allá, subiendo y bajando por las paredes con uniformes iguales. Entonces se dio cuenta del árbol curioso que se alzaba imponente en el cruce de la sala con el pasillo que daba hacia el taller del genio. Era descomunalmente grande, pues se plantaba en la alfombra egipcia y daba un recorrido vertical hasta rozar el techo alto. Estaba adornado con exuberantes moños rojos y dorados, a conjunto con esferas brillantes y luces de colores. Olía tan bien, tan natural a pino fresco. Era una sensación de estar en medio del bosque en una mañana nublada. Paz y tranquilidad.
Así que continuó su paso cuidando de no chocar con nadie hasta llegar a la cocina, donde Jarvis se movía de un lado hacia otro con rapidez, preparando el almuerzo, seguramente. Portaba un pequeño gorro rojo navideño, algo que le hizo soltar una pequeña risita al contemplarlo. Quién diría que Jarvis también tuviera espíritu navideño, después de todo. Carraspeó para hacerse notar, haciendo que el mayordomo se diera media vuelta y lo mirara con una calidez desprendiendo de sus ojos. Sin duda, la navidad movía corazones.
—Buen día, señor Rogers. —le saludó con cortesía—. Espero que el ruido no haya sido el motivo de que se encuentre levantado a tan tempranas horas. De ser así me disculpo en nombre de mi jefe. —pero Steve hizo un movimiento de la mano restándole importancia y haciéndole saber que ese no era el real motivo de que se hubiera levantado temprano. Él no dormía mucho, en general.
—Buen día, Jarvis. ¿Has visto a Stark? —cuestionó mientras recibía generosamente una galleta con forma de árbol navideño, que reposaban con delicadeza sobre el desayunador. Jarvis le informó que se encontraba en su taller, desde la noche anterior que no había salido. Steve se sintió un poco mal al saberlo, pues después del beso que habían compartido, él simplemente se había marchado sin dar respuesta a sus acciones. Era complicado. No sabía si Tony estaba molesto, si había desistido de su propuesta… no sabía qué esperar de alguien como él. Prefirió desviarse del tema cuando los ojos conocedores de Jarvis lo atraparon con curiosidad, como si supiera todo— ¿Para qué son todos estos adornos? —señaló a su alrededor con el dedo índice. Hasta en la cocina reinaban todos los adornos.
—¿Cómo que para qué? —la voz de Tony se escuchó en la entrada de la cocina, haciendo que los dos hombres presentes voltearan al oírlo. Entonces los ojos azules se cruzaron con los color chocolate, y una chispa pareció encenderse en el rostro de Tony, porque lo miró con una sonrisa cómplice de la cual ambos sabían el significado. No, al parecer Tony no estaba enojado, sino muy al contrario. Sin embargo, ninguno hizo un comentario por la presencia de Jarvis— ¡Si hoy es navidad! ¿Y sabes qué significa eso? —preguntó con una sonrisa mientras se acercaba a Steve. Éste se tensó al verlo cada paso más cerca, empezando a idear un plan para escapar en caso de que al otro se le ocurriera aventársele encima, pero el castaño simplemente tomó una galleta y se alejó de nueva cuenta a la puerta— ¡Fiesta! ¡Es fiesta hoy, en la Torre Stark! —
—¿Fiesta? —Steve lo miró interrogante, alzando una rubia ceja—. No entiendo. Se supone que las fiestas son para conmemorar algo grande. La navidad es un aspecto íntimo. El seno familiar es quien lo festeja en conjunto, no una masa descomunal de gente. —le rebatió con algo de seriedad. Así que por eso era. Ya se le hacía raro que de repente alguien como Tony simplemente decidiera poner adornos navideños en plena fecha. Stark le dirigió una sonrisa autosuficiente.
—Pues cuando yo organizo una fiesta, todas esas cursilerías de la familia y blah blah bláh, pasan a segundo término. Nadie quiere perderse una de mis celebraciones. He hecho esto año con año sin falta, y no va a cambiar ésta vez porque a ti no te parezca. —pero antes de que pudiera alejarse, la voz de Steve lo atrajo nuevamente hacia la cocina.
—¿Por qué no cambiar éste año? —preguntó con una voz que distaba de estar enojado por las palabras del otro—. Podemos cenar nosotros, invitar a Loki, quien por cierto estará solo porque Thor está en el hospital… y la señorita Potts también podría venir. — propuso con una pequeña sonrisa, nervioso y algo ansioso ante la idea de poder pasar una velada así. Tony lo observó duramente algunos momentos, debatiéndose internamente sobre de qué forma podría darle un buen golpe para que se dejara de tonterías. ¿Cena familiar? ¡Já! Mientras tanto, Jarvis intercalaba miradas entre ambos con gesto curioso. Finalmente fue quien se decidió a salir, no sin antes dirigirle una sonrisa a Steve y una mirada a su jefe que distaba de ser inocente. Stark se revolvió al mirarlo, algo incómodo al sentir que Jarvis sabía más cosas de las que hacía notar exteriormente.
—Escucha Rogers, ésta es mi casa y hago lo que yo quiera. —defendió su posición de dueño con el ceño algo fruncido y la voz un tanto molesta cuando no vio rastro del mayordomo. ¿Quién se creía él para darle órdenes? Además, él podía hacer lo que quisiera con su tiempo, y que las cenas familiares pasaran a segundo plano. Si la gente asistía a sus convencionales y extravagantes fiestas era por gusto, por necesitar divertirse. Obviamente una cena familiar sería algo totalmente aburrido, ¿verdad? Sin embargo, algo dentro de él se removió al imaginar lo que Steve estaba recomendándole. Él nunca había tenido una cena… carraspeó. Steve se acercó sigilosamente, hasta dejar entre ellos quizá un palmo de distancia. Demasiado cerca. Demasiado tentador. Demasiado Steve. Tony lo contempló fijamente, esperando muy en su interior que Rogers lo besara, pero obviamente eso no sucedió. Por el contrario, el rubio posó sus manos en los hombros de Stark y apretó con confort la zona, enviándole una petición muda a sus palabras—. No intentes convencerme, no voy a cancelar la fiesta. ¿Sabes cuánto dinero he gastado en todos los preparativos? —pero tras todas sus imposiciones, el ojiazul solamente le sonrió como si supiera lo que Tony tanto temía exteriorizar.
—El cariño, el seno familiar… Stark, ¿por qué no tomas la oportunidad de que hoy es navidad? Disfruta esto, permanece tranquilo. No hagas de esto algo extravagante, sólo hazlo especial. —y aquel discurso de pequeñas pero dulces palabras, a juego con el aliento cálido que rozaba sus labios, no pudo sino hacer que algo dentro del castaño se desenchufara y gruñera con disconformidad al sentirse tan acorralado como un conejillo de indias. Steve aspiró aire para continuar hablando, pero fue detenido por Tony que puso su dedo índice sobre sus labios para que guardara silencio. Un contacto demasiado intimo para ambos. El castaño se acercó un poco más al otro cuerpo, rozando las telas de sus playeras en un gesto que hizo acelerar la respiración de Steve.
—Si sigues hablando sobre los aburridos temas de familia me dará jaqueca… Dile a Jarvis que prepare una cena deliciosa. —le informó con el ceño fruncido, sin creerse él mismo haber cedido ante la petición de Steve así de fácil. Pero, ¿Cómo negarse? Si lo estaba mirando con aquellos ojos tan puros, e inocentes. Tan llenos de calidez, de promesas de una buen velada. Y ahora sus labios rosados se curvaban en una sonrisa conforme y agradecida, y él no pudo sino tener un arrebato de idiotez al contemplarlo. Se acercó hasta acortar la distancia entre los dos y besó a Steve en los labios, estampándose delicadamente sin ser rechazado. Delineó con la lengua lentamente aquellos rosados músculos, sintiendo como temblaban ansiosos ante su tacto. Escuchó un respiro fuerte y supo que Rogers había cedido ante él de la misma forma en que él mismo lo había hecho. Aquello le hizo sonreír para sus adentros y comenzar a mover un poco sus labios sobre el otro, sintiendo de inmediato como Rogers le correspondía con algo de lentitud. Posó su mano izquierda en la cadera del rubio, apretando la zona y atrayéndolo más cerca, más suyo. Tomó entre sus dientes el labio inferior de Steve, y viendo la sorpresa en sus azules ojos entrecerrados, lo jaló un poco y apretó su labio con sensualidad, dándole un mordisco que le supo a gloria. El rubio se sorprendió por eso, pero no pudo evitar que un cosquilleo recorriera su pecho, con placer. Era la pequeña venganza de Tony por haberlo convencido, lo sabía. Así que el castaño se separó no sin antes depositar otro par de cortos besos rápidos, y se alejó por el pasillo tras darle una sonrisa autosuficiente y guiñarle un ojo con coquetería.
—¡Llamaré a Loki! —informó Steve de forma fuerte para que el otro pudiera escucharlo, cuando logró volver a la realidad. Aunque no sólo llamaría al ojiverde, pues Natasha al parecer tampoco tenía dónde pasar la fecha festiva ya que Clint se había ido con Bruce, y Jarvis le había comentado que Tony y Pepper estaban distanciados por un problema en la empresa—del cual Tony no le había hablado—así que sería una oportunidad muy buena para que olvidaran sus diferencias. Se apoyó contra el mueble de la cocina, sintiendo los labios calientes, al igual que las mejillas y orejas. Sobó con las yemas de sus dedos la zona donde el otro había mordido, sintiéndose extraño de repente. Extraño y complacido. ¿Qué estaba haciendo permitiendo todo aquello? Se sentía muy confundido. Él había dicho que no, pero al parecer Tony no aceptaba una negación por respuesta.
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Se miró en el espejo de cuerpo completo que colgaba en una de sus lujosas paredes de la habitación, contemplando la figura sensual que se mostraba como resultado de la combinación de un traje color beige, a juego con una corbata, camisa y zapatos negros. No sabía por qué razón se sentía tan nervioso. Joder, sólo era una estúpida cena. Pero la realidad es que no había tenido una cena familiar para festejar navidad desde que su madre había muerto. Después, todas las fechas decembrinas habían sido reemplazadas por viajes de negocios de Howard, quien de hecho, casi nunca ponía un pie en la mansión Stark ni siquiera en su cumpleaños.
Desvió su mirada hacia el mueble donde reposaban los portarretratos vacíos, carentes de esas cálidas sonrisas de María. Cálidas a pesar de todo, ya que su madre no había sido un mejor ejemplo para él. De hecho, no sabía aún a quién de los dos le guardaba más resentimiento. ¿Cuándo había dejado de sentirse así? Tan solo y abandonado a su corta edad, viendo los años pasar amargamente mientras esperaba un gesto o una sonrisa de Howard, dándole su aprobación a algo que él hiciera. Esforzándose con cada calificación, cada nuevo proyecto. Se pasó siempre esperando porque jamás llegó una muestra de cariño por parte del millonario Stark. Cuando tuvo cierta edad para poder ser un poco más independiente, comenzó a tratar de tener distracciones que lo alejaran de casa y de los momentos melancólicos. Después todo se había convertido en un ritual para escapar de la soledad. De la soledad y del pasado, pues Y ahora, después de tantos años, aparecía un extraño con ojos de cachorro abandonado y lo manipulaba para cambiar de idea. ¿Por qué? Simplemente pudo decirle que no y ya, pero quizá lo impulsó el sentimiento de abandono, de añoranza, de querer descubrir lo que se sentiría tener una cena en familia. Intima. Especial. De sentirse parte de algo.
Así que borrando de su memoria todos aquellos pensamientos cursis y tontos, trajo su mente inestable de regreso, para pasarse los dedos por el cabello castaño que dejaba sobresalir ya un par de canas odiosas. Se acomodó la corbata y encajó su mejor sonrisa olvidándose de todo. Era muy idiota que luego de tantísimos años, siguiera esperando lo mismo. Esperando que Howard entrara por aquella puerta y le dijera al menos que lo quería. Vaya si era un estúpido. Él ya no era un niño que necesitara cariño… el amor no estaba hecho para alguien como él. Además no es como si Howard pudiera hacerlo, pues ya estaba muerto. Así que tronó sus dedos en un gesto por demás ansioso y bajó las escaleras cuando Jarvis le avisó que la cena estaba servida.
Fue una sorpresa total bajar y encontrarse con todas esas personas de las cuales no sabía que iban a asistir. Realmente esperó que la cena fuera solamente de Steve y él, y como invitado especial, Loki. Pero frente a él se encontraba Pepper, vestida con un hermoso y elegante vestido rojo con tonalidades blancas, totalmente acorde a la ocasión navideña. Lo miraba con cierta duda en su rostro por los hechos acontecidos con anterioridad en la empresa, pero tras dedicarle una pequeña sonrisa de que todo estaba bien, ella pareció relajar la tensión de los hombros y sus ojos recobraron la calidez de siempre, acercándose para darle un abrazo que fue más que bienvenido. ¿Cómo se había atrevido a dudar de Potts por un momento? Junto a ella estaba el preciado Loki, vistiendo sus usuales tonos negros en un traje a combinación con el verde de la bufanda que siempre lo acompañaba. Sus miradas se cruzaron divertidas y algo arrepentidas por la última ocasión en que se habían visto, donde la borrachera amainó sus ánimos de salir nuevamente de juerga. No volverían a hacerlo, ambos estaban seguros de eso—al menos no próximamente—.Se sorprendió cuando Obadiah cruzó la estancia y le dio un fuerte abrazo siendo igualmente recibido. Él mismo le había llamado por teléfono para que se presentara en la Torre Stark para una cena navideña, aunque jamás esperó que de verdad fuera. Y un poco más alejada de todos, pero no menos pendiente de sus movimientos, estaba la mujer que le crispaba los nervios y la razón en las ocasiones que la veía. Natasha Romanoff vestía un elegante y reservado vestido blanco que acentuaba sus curvas femeninas, dándole brillo a su mirada y su cabello rojizo. No puedo evitar hacer un comentario, cuando ella mantuvo la distancia con el gesto serio.
—¿Tú en mi casa? Creo que ésta será una cena memorable, entonces. —le sonrió con sorna, mientras ella simplemente se encogía de hombros con indiferencia, sin hacerle demasiado caso—. ¿No vendrás a darme un abrazo de navidad, querida agente Romanoff? —preguntó con ironía. Pero ella ni siquiera le contestó, aun cuando él estiró los brazos de forma abierta, obviamente burlándose—. Aunque te comprendo, muchos de los que me han visto han comparado la experiencia con la de contemplar un Sol radiante. —y con una bella sonrisa, devolvió los brazos hacia abajo. Pepper lo miró con el ceño fruncido mientras que Loki sonreía por tales palabras.
—Si querían decir que das dolor de cabeza, no se equivocaban. —respondió tajante, pero con cierto brillo de conformidad cuando Loki soltó la primera carcajada ante su sutil insulto. Pepper relajó las facciones y le pellizcó el brazo, haciéndole una advertencia para que lo que parecía ser una cena normal, no se convirtiera en una batalla campal de insultos. Él estuvo a punto de rebatir aquellas palabras sin importarle la mirada de su secretaria, pero una voz desde las escaleras le interrumpió.
—Basta Stark, Natasha es mi invitada. —la voz firme de Steve hizo que todos los presentes voltearan a verlo. Y fue cuando Tony olvidó que estaba a punto de discutir con la mujer de cabello rojo y mirada amenazante, dándole paso a una imagen que no podría borrarse de la mente en varios días, estaba seguro. Rogers portaba un traje negro, de cortes sencillos pero pegado y que entornaba su ancha espalda. La corbata en tonalidades verdes le daba una chispa a la sencilla combinación a juego con la camisa blanca rayada. Su cabello iba peinado con el flequillo corto algo hacia arriba, acentuando sus facciones masculinas. Sus ojos parecían brillar con calidez, y una suave sonrisa se posó en sus labios cuando sus miradas se encontraron. Su corazón dio dos latidos rápidos. Steve bajó el par de peldaños que le hacían falta y se unió a los abrazos y bienvenidas.
Tony tuvo que apartar su vista de aquel sugerente hombre y tratar de concentrarse y presentar a quienes no se conocían. Le costó un poco de trabajo presentar a Steve con Obadiah. Percibió una cierta tensión en el cuerpo del rubio, pero lo dejó pasar cuando Rogers no le hizo ningún comentario. Así que después de las bienvenidas agotadoras, todos tomaron asiento en la mesa principal y Jarvis sirvió la deliciosa cena que constaba de Pavo al horno relleno, además de varios platillos exquisitos y licor de calidad. Tony tuvo que morderse la lengua todo el tiempo para no correr a Natasha de su Torre. Ambos sabían que ella no era totalmente bienvenida, pero Steve parecía ignorar eso. Así que trató de relajarse y concentrarse mejor en las otras personas.
Brindaron felizmente con algunas bromas de por medio provenientes de Tony, que sin duda sacaron varias risitas, incluida Natasha, que en ese momento se olvidó que era una agente y se decidió a disfrutar la velada, pero sin quitarle atención a Obadiah Stane. Lo conocía desde años atrás. No le daba buena espina, y cuando compartió mirada con Steve se dio cuenta que él pensaba lo mismo tras las miradas que cruzaron. La noche transcurrió sin preámbulos, demostrándole a Tony que podía convivir sanamente sin necesidad de tanto alcohol en su cuerpo. Tolerando el que Natasha se tomara muchas confianzas con Rogers al tomarle la mano, codearlo, ¡incluso se había reído y recargado en su hombro! Joder, eso era enfermo de su parte. ¿Celarlo? ¡Já! Sólo era… sólo era frustración. Sí, sólo eso. Frustración porque Steve no estaba sentado a su lado. Finalmente, Jarvis se sentó en la misma mesa que todos y se unió a la plática como un viejo amigo. Fue una sorpresa el que Obadiah se retirara temprano, y aunque Tony lo persuadió para que se quedara un rato más, él negó alegando que tenía trabajo al día siguiente. Finalmente, cuando la puerta se cerró tras él, Steve pudo darse un respiro y disipar la tensión que sentía con aquel extraño.
Si le hubieran dicho a Tony que algún día cenaría con todos aquellos personajes tan diferentes, en la misma mesa, él simplemente se habría reído con sorna. Ahora no podía decir lo mismo. No es que ellos le cayesen mal, simplemente jamás se esperó ver a todos reunidos, charlando como cualquier persona, dejando de lado las diferencias. Fue él quien se puso de pie y caminó hacia su mini-bar, en busca de una nueva botella, mientras Loki se unía a la plática de los demás. Sintió algunos pasos detrás de él, y se dio media vuelta para encarar a la única persona que podría seguirlo de aquella forma. Con pasos suaves y casi flotando sobre el suelo.
—Tony, yo… —Pepper empezó su monólogo con voz ahogada, tratando de apaciguar los nervios que florecían por su cuerpo. Sus manos se cernieron en torno a su elegante vestido rojo, y sus labios se apretaron mientras trataba de justificar el robo de la empresa, cosa que no había podido hacer con anterioridad. Se sentía muy culpable. Sin embargo, se quedó muda cuando los firmes brazos de Tony pasaron por su cintura y la atrajeron en un cálido apretón contra su pecho. Un abrazo que ella ciertamente no esperaba, y menos por venir de alguien como el castaño. Él acarició con una de sus manos sus largos mechones rubios, casi con dulzura. Estaba arrepentido también.
—Querida señorita Potts, no te atreves a disculparte por algo como eso. —le murmuró con una pequeña sonrisa, mientras sus ojos atrapaban la mirada de Rogers hacia ellos, sonriendo levemente. Algo dentro de él se sintió cálido al saber que Rogers estaba dándole su aprobación para el gesto de perdón mudo—. Me enojé bastante, pero no fue tu culpa. —ella iba a rebatir algo, pero él se alejó a tiempo y silenció sus labios con su dedo índice—. Shhh… no lo digas. No lo lamentes. Nunca dudaría de ti, eres mi amiga. Soy un idiota por haberte echo sentir de esa forma. —y sus palabras murmuradas eran verdaderamente sinceras. Él no podía desconfiar de Potts porque había sido precisamente ella quien le había hecho confiar de nuevo en las personas. Ella era el ejemplo que él necesitaba en su vida diaria. Era su amiga, su mano derecha. La quería como una hermana, como la familia que nunca tuvo la oportunidad de tener. Así que volvió a abrazarla con todo el cariño que le fue posible, arrepentido por sus acciones, sintiendo cómo ella pasaba sus brazos rodeando su cuello y depositaba un beso en su mejilla.
—También eres todo lo que tengo, Tony. —le murmuró, exteriorizando los pensamientos que el millonario no se atrevía a decir. Estaban solos, pero se tenían el uno al otro. Sin dudas, sin rencores. Eran uno solo. Ella era su complemento, la mujer que lo devolvía al camino, a la realidad. Ella, que se había vuelto su secretaria por un golpe de suerte, quien nunca había dejado de confiar en él incluso cuando él mismo lo hizo. Quien no lo abandonó y apoyó en todos sus proyectos, aunque éstos significaran destrucción. Aunque éstos trajeran miseria a los demás. ¿Acaso él la merecía? Ojalá que sí.
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Cuando la velada pasaba de la media noche, fue que los invitados decidieron retirarse. Pepper, quien era la única que tenía coche, se ofreció a llevar a Loki y Natasha a sus respectivas casas, despidiéndose de ambos hombres con un abrazo final—exceptuando el de la pelirroja con Stark—. Sin embargo, antes de irse, Tony no se salvó de que un comentario mordaz cayera hacia su persona y Steve, por parte de Loki, quien alegó que ellos de seguro tenían por delante una noche más placentera. El sonrojo en las mejillas de Steve solamente desató una carcajada incontrolable por parte de Tony y risitas por parte de las mujeres presentes, cosa que acentuó aún más la vergüenza en el militar.
Finalmente, el viaje había sido de lo más tranquilo, pues si bien Loki, Pepper y Natasha no eran grandes amigos, supieron sobrellevar el silencio que reinó desde que las puertas del auto fueron cerradas. El primero en bajar del coche fue Loki, al vivir relativamente cerca de la Torre Stark, dejando así solas a las dos mujeres. Natasha bajó el vidrio de la ventanilla para poder aspirar un poco el aire, terminando con la nariz algo enrojecida a causa del frío. Le indicó a Potts el lugar donde podía dejarla y ella caminaría, llegando en breves instantes a una pequeña unidad de departamentos. Sin embargo, antes de que la agente pudiera siquiera abrir la puerta del copiloto, el brazo de Pepper se ciñó sobre su brazo entrenado. No se sorprendió, pues estaba esperando aquella conversación desde que habían salido de la Torre.
—¿Qué harás con Steve? —le lanzó la pregunta tan directamente, sin preámbulos y sin tartamudear, que apreció un brillo de incertidumbre en los ojos de Romanoff al sentirse de repente acorralada. Se encogió de hombros, restándole importancia al asunto, sin soltarse del agarre que la otra mujer ejercía sobre ella.
—No es de tu incumbencia. —le espetó de forma algo ruda, mientras utilizaba su brazo libre y despejaba sus rojizos cabellos de la frente. Se mantuvo en su lugar sin inmutarse, aun cuando el agarre sobre ella se volvió más fuerte, haciéndola estrechar los ojos hacia la mujer rubia quien no había parecido intimidarse en lo más mínimo. Ciertamente jamás se cayeron mal en el pasado, incluso habían sido una especia de amigas cuando se conocieron. Después había ocurrido toda la serie de acontecimientos que orillaron a que Tony se alejara de S.H.I.E.L.D. incluida su gente y su empresa. Hasta el día de hoy se reencontraba con aquellos ojos azules.
—No permitiré que uses a Steve para hacerle daño a Tony, ¿entendiste? —le rugió con algo de protección hacia su amigo. Ambas eran mujeres, poseían intuiciones hacia los problemas, y para Pepper, Natasha significaba uno muy grande. Quizá lo que le había dicho Tony acerca de que usarían a Steve para ponerlo en su contra, ahora después de ver la forma en que ellos se trataban, no le sonaba tan descabellado. Aquella mujer la intimidaba un poco, pero Potts había tratado con personas incluso más poderosas y rudas que ella. Así que le sostuvo la mirada el mismo tiempo que la agente la taladró con sus verdes orbes. No. No había nada que pudiera detener a Pepper para defender a Stark, y si eso implicaba aventarse encima de la otra mujer y hacerle entender a golpes, lo haría.
—Solamente estoy haciendo mi trabajo. —respondió con algo de amargura mientras le sonreía de forma cínica y fría. Después tomó su bolso y acomodó su abrigo de forma que tapara su figura del frío y la nevada que comenzaba a hacer descender la baja temperatura decembrina en Nueva York—. Gracias por traerme a casa, Virginia. —
Lo último que escuchó Pepper fue la puerta de su coche siendo cerrada con algo de rudeza. Tenía los dientes apretados y las manos entornadas en el volante. Respiró profundo y puso en marcha su automóvil.
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Tarareaba una cancioncilla que asemejaba a un villancico, mientras cambiaba insistentemente los canales en la televisión de pantalla plana del hospital. Vaya suerte la suya. Era Navidad, una fecha importante donde podía comer hasta reventar, donde Loki se ponía esos trajes ceñidos que tanto le gustaba verle puestos, y se la pasaba tirado en una camilla fría. Joder con eso. Pronto podría irse a casa, la enfermera le había dicho que estaba estable y volvería a trabajar y a su vida normal en pocos días. Lo que más ansiaba de salir, era poder volver a casa y hablar con Loki. No le gustaba estar tan distanciado de él, y sabía que a su hermano tampoco le era indiferente la situación. ¿Hermano? Sí, quizá fuese algo enfermo llamarle así aun siendo una pareja de forma oficial para los conocidos, pero simplemente era una especie de costumbre en ellos.
Loki fue la mayoría de su niñez alguien inseguro de sí mismo, con problemas de autoestima y seguridad. Él siempre fue el chico conocido, el mariscal de campo, y Loki alguien oculto detrás de libros y música clásica. La única forma en que el distante hombre de los ojos verdes volteaba a verlo era llamarle hermano, darle un vínculo al cual pudiera sostenerse y salir adelante cuando su mundo se derrumbaba. Decirle hermano para él, era una forma de hacerle sentir valioso, especial. Su primer lazo sentimental con alguien. Después todo había dado un giro inmenso en la vida de ambos, haciéndolos ir y venir en busca y huida. El tiempo durante el cual no supo nada de Loki fue como un abismo, una cárcel.
—¿Interrumpo algo? —la voz que acompañó los leves toquidos en la puerta hicieron que Thor olvidara lo que estaba atormentándolo, para encontrase en la entrada con la figura femenina de la única mujer que lo había visitado recientemente. Jane Foster usaba un gorro de estambre para protegerse de la nieve, a juego con un abrigo largo color mostaza. Tenía la nariz algo roja a causa del frío, pero una sonrisa tan cálida en sus labios que podría derretir la nieve que caía con firmeza sobre la ciudad.
—¡Jane! —la saludó feliz de verla, y de que alguien al menos hubiera ido a visitarlo. Aunque no podría culparlos jamás, era navidad y seguramente todos estaban con sus familias. Esperaba que Loki la hubiera pasado en la Torre Stark—. ¿Qué haces aquí? ¡Es navidad! ¡Deberías estar festejando en familia! —sin embargo, aceptó el abrazo que ella le brindó, acariciando sus mechones castaños en un gesto cariñoso. Se separaron y la reportera tomó asiento en un costado de la camilla, con Thor sonriéndole, iluminando la habitación.
—Mi madre vive en Australia actualmente, Thor. Solamente le llamé para desearle una feliz navidad, como se debe. —abrió su bolso y sacó una caja que olía a comida recién echa—. Darcy voló a Texas para visitar a sus padres, así que no tenía con quién pasar ésta fecha. Recordé que alguien bobo estaba en el hospital y me decidí por venir a visitarte. —le picó la nariz en un gesto chistoso, arrancándole una pequeña risa al hombre—. No deberías arriesgarte tanto, tu trabajo es de por sí peligroso. —le regañó mientras acariciaba con su pulgar la mejilla del rubio.
—Lo dice la reportera. —y Jane rodó los ojos al oírlo. Era cierto, a ella le gustaba sentir la adrenalina, arriesgarse por su trabajo, y conseguir una buena nota era siempre su mejor recompensa. Thor lo sabía, siempre lo supo. Porque era igual que ella. Porque se conocían como las palmas de sus manos. Sacó la comida del lugar donde la había metido, y el rubio olisqueó el aire como un canino, arrancándole una risa divertida a la mujer. Le ofreció los alimentos, como si de un niño pequeño se tratase. Y cuando el blondo probó el primer bocado de aquella deliciosa sopa, no pudo sino sonreír a lo grande—. Hay una cosa que jamás se me olvidará: lo bien que cocinas. —y tras el elogio que recibió, Jane solo pudo agachar la mirada y sonrojarse. Era tonto que siguiera haciéndolo después de tanto tiempo.
Sin embargo Thor no notó aquello, pues desvió todos sus pensamientos a una sola persona que distaba mucho de ser la mujer que lo acompañaba. Hubiera querido que fuese Loki quien estuviera a su lado, y no Jane.
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—¿Estás merodeando por los pasillos ahora? —la voz de Tony en la puerta sobresaltó al rubio, quien no esperaba que el millonario siguiera despierto a esa hora después de la cena. Pensó que estaría en su taller, o dormido. No atrás de él como lo estaba—. Por Dios, Steve, ve a dormir. La biblioteca seguirá aquí mañana. —comentó con algo de sarcasmo, acercándose un poco al librero donde Steve se mantenía casi pegado, evitándolo obviamente. Cuando todos se habían marchado, Rogers se desvaneció de su presencia y él pensó que se había ido a dormir. Y mientras se ponía melancólico en la soledad de la sala, se había dejado dominar por los recuerdos yendo a la biblioteca para recordarse un poco su miserable infancia. Entonces había visto a Steve ahí, de pie. Como si perteneciera al rústico lugar desde siempre, entre el olor de los libros viejos y la tinta.
—Fue una buena noche, ¿cierto? —cuestionó mientras sentía cómo Stark se acercaba poco a poco, con los brazos cruzados sobre su pecho. Algo dentro de él se removió, avisándole que debía huir en ese preciso momento, pero su cuerpo estaba reacio a obedecer. El castaño asintió como respuesta, deambulando por el lugar, poniendo tenso al militar, quien se dedicó a mirarlo fijamente. ¿Cómo ese hombre tan soberbio, pudiendo conseguir a cualquier persona en su cama lo había visto a él? A un hombre hasta ahora heterosexual, que no pertenecía a su época ni mucho menos compartía sus ideales. ¿Por qué de repente le había tomado interés? Se empeñaba en hacerlo querer ceder, en tenerlo. Lo estaban demostrando sus acciones pasadas. Lo demostraba incluso ahora.
—Sé que piensas en ello, Rogers. —comentó, sorprendiendo al mencionado. Con una pequeña sonrisa, rodeó cual felino el sofá y se acercó hasta donde el otro estaba. Tenía la necesidad de ir hasta ahí y capturar sus labios en un beso ansioso. Aunque su orgullo clamaba porque fuera el rubio quien cediera, quien cayera y le pidiera contacto, no él. Aunque no estaba para debatirse. Cada momento era una oportunidad única, y él no iba a parar hasta demostrarle a Rogers lo que podía conseguir si aceptaba su propuesta.
—No, no estoy pensando en ello, Tony. —rebatió con las mejillas algo acaloradas—. Además no deberías preguntarme estas cosas aquí. —le regañó con el ceño fruncido. Stark soltó una pequeña carcajada ante la frase tan anticuada, como si fueran damiselas que necesitaran de un permiso especial para poder hablar sobre cosas tan naturales como el sexo.
—¿Dónde más vamos a hablar de ello, entonces? Es mi casa, y podemos hacer lo que queramos, en cualquier habitación. No seas mojigato, Rogers. —replicó sarcástico, pero con una chispa cálida por la inocencia del rubio brillando sobre su pecho apretado. Steve era un hombre tan diferente, tan abierto de mente para muchas cosas, pero cerrado a sus deseos y placeres. Él quería enseñarle el mundo nuevo, explorar su cuerpo, adentrarlo en las cosas que podía conocer sin tener que arrepentirse o darse de latigazos por la culpa.
—No es correcto, se trata de una biblioteca. —y cuando trató de escabullirse para poder salir de la incómoda situación, Tony se abalanzó sobre su figura y lo obligó a pegarse contra el estante de libros, dejando entre ellos una separación tan diminuta que podían sentir el calor corporal del otro. Los brazos de Tony rodeaban la cabeza de Steve, impidiéndole su escape.
—¿Y? si nos ponemos a pensar en lo que es correcto o no, en cualquier lugar que no sea la habitación, creo que entonces estoy condenado al infierno por la cantidad de cosas que he hecho en esta Torre. —y cuando soltó la última palabra de su pequeño monólogo, fue que quiso darse de topes en la pared por tal confesión. Joder. Steve lo fulminó con la mirada, mientras tomaba los antebrazos de Tony entre sus manos bajándolos, para poder salir de ahí lo más pronto posible.
—Gracias, pero no tengo ningún deseo de saber a cuantas personas has conquistado, ni las cosas que has hecho con ellas. —algo en su tono sonaba más que molesto, ¿dolido, quizá? Pero, ¿por qué? Tony se sintió perdido por un momento, pero no fue sino hasta que sintió que Steve se escurría de su posición, que volvió a atraerlo pegando más sus cuerpos, impidiéndole el escape. Steve resopló, pero no pudo evitar clavar los ojos en los labios entreabiertos de Tony, rápidamente subiendo la mirada hacia sus ojos color chocolate, pero el castaño notó aquel gesto, el cual le brindó tanta confianza como le fue posible—. ¿Siempre tienes que ser tan obstinado e insufrible? Mi respuesta a tu propuesta fue no, y lo sigue siendo todavía. Ve y busca a alguna de tus conquistas, alardea de ellos. —y aquel comentario tan frío, caló hondo en los huesos de Stark. ¿Creía que lo quería solamente para una noche? ¡Pues…! La verdad ni él mismo sabía bien cuánto tiempo lo quería en su cama. ¿Una noche, dos quizá? No, algo le decía que más, muchas más.
—Insisto porque sé que tus palabras no son totalmente verdad. —murmuró lentamente, intercalando sus miradas entre los ojos azules y los rosados y acolchonados labios que se mostraban vulnerables ante él—. Pero no hay nada de qué avergonzarse, Steve. Eres un ser humano, después de todo. —y con el mismo tono sensual con que había comenzado a hablarle demasiado cerca, se permitió rozar con su nariz suavemente la mejilla del mayor, haciendo que su respiración pesara sobre su musculoso y trabajado pecho— ¿Por qué insistes en evitar esto? —sus labios fueron a caer contra la suave piel de su cuello, donde depositó un beso lento y húmedo, escuchando un jadeo que lo hizo sentir una presión en los pantalones.
—Fueron besos solamente, Stark. No tengo expectativas de más de lo mismo. —murmuró sin atreverse a apartarlo. Sus manos estaban echas puño a sus costados, inertes, sin atreverse a moverse de su sitio. ¿Qué pasaba con él? Claramente no quería caer en el juego que Tony le había impuesto, no por miedo o rechazo, simplemente porque no quería sentirse como un juguete. Natasha le había comentado sobre algunas aventuras del genio, incluidas celebridades, reporteras, empresarios. Él no quería ser parte de eso. No quería ser un juego de Tony Stark—. No soy tonto, no quiero formar parte de tus trofeos. —y aquellas palabras cayeron como balde de agua fría sobre Tony. ¿Steve lo sabía? Sus aventuras, sus líos de faldas. Lo pensó mejor y entonces llegó a una sola persona: Romanoff. De seguro esa araña le había contado.
—Yo no te creo un tonto, Rogers. —besó con parsimonia la comisura de la boca del rubio, mientras su mano izquierda descendía con un movimiento suave pero firme sobre su duro pecho hasta llegar al torso, jugando con los botones. Por suerte Steve se había quitado el saco desde antes que todos se fueran, pues aquello le facilitaba el trabajo de hacerlo él mismo—. Pero sí creo que mi propuesta nos puede satisfacer a ambos. —Steve lo tomó de los hombros, alejándolo un poco de si para mirarlo directo a los ojos con aquellas orbes azules tan apantallantes. El millonario nunca se había sentido de aquella forma, como si pudiera ahogarse en una mirada como esa.
—Podrías conseguir tus placeres en cualquier lugar. —pero Tony hizo oídos sordos ante la acusación tan directa del otro hombre, pasando sus manos por los antebrazos de Steve y bajándolos, volviendo a acercar sus cuerpos en una súplica muda. En un permiso que le fue concedido cuando el blondo no hizo nada más que esperar su siguiente movimiento.
—A veces odiamos lo que es diferente a nosotros. —murmuró en voz baja, deslizando la mano derecha hacia arriba para acunar la parte posterior del cuello de Steve—. Pero muy a menudo se debe a que tenemos miedo de lo que no conocemos, de lo que es distinto. Y es porque, en el fondo… tememos que nos guste. —sin responder nada, Rogers atrajo el cuerpo de Tony posando una mano firme sobre sus caderas, siendo tomada como una invitación. Se había rendido ante él. El castaño se acercó sigiloso y separó los labios del mayor con la punta de la lengua, esperando que Steve objetara, pero muy al contrario de lo que pensó, el rubio abrió los labios y capturó los de Tony en un movimiento ansioso. Soltó un jadeo cuando de forma improvisada el castaño encontró su lengua con la propia, dándole leves toques sensuales y constantes. Entonces deslizó sus manos traviesas por toda la camisa y abrió botón por botón sin cortar el ardiente beso, sintiendo las manos de Steve atraerlo más. Retiró la corbata en un movimiento limpio, deshaciéndose también de la suya. Se separó para contemplar su torso desnudo. Joder, era perfecto.
Steve pensó que Tony se detendría, o que se sacaría de la manga algún comentario sarcástico, pero no espero su siguiente movimiento. Se inclinó sobre su pecho y lamió el pezón izquierdo, sacándole al blondo un jadeo sofocado al sentirlo tan íntimo. Su lengua se paseó por toda la extensión, dándole pequeños toques para luego sentir sus dientes mordisquear un poco, mientras que pellizcaba el otro con su mano derecha. Después se separó con una sonrisa al ver sus mejillas sonrojadas y juntó sus labios nuevamente en un beso necesitado. Con un rápido movimiento, el castaño cayó de rodillas ante él, con su mirada fija en sus ojos. Pasó saliva duramente. Un pálpito resonó fuerte en sus oídos, y luego otro, y otro más. Aquella imagen era… espabiló al darse cuenta de qué rumbo estaban tomando sus pensamientos, y bloqueó toda cosa indecorosa que pudiera pasarle por la mente.
—Tony, ¿qué estás…? —pero su pregunta quedó pendiendo del aire, en cuanto las manos del castaño se deslizaron por sus piernas de forma lenta, subiendo cada vez un poco más hasta llegar a la hebilla de su cinturón y desabrocharlo, siempre pendiente de sus reacciones. Sus ojos no podían estar más abiertos de la impresión al contemplar lo que aquel soberbio hombre estaba a punto de hacerle.
—Puedo hacer lo que quiera, y nadie me dirá que no. —respiró profundamente, sacando el aire por la boca y mandándolo directamente a la parte baja del abdomen del más alto, quien sintió un cosquilleo recorrerle la zona, con placer. Steve estaba a punto de replicar, pero le faltó tiempo. Tony bajó de un tirón fuerte sus pantalones, dejando ante su vista unos bóxer apretados color azul, relamiéndose con anticipación al notar el bulto que yacía dentro de ellos. No dio tregua a ningún comentario más, y acercó su boca. Chupó la cabeza de su pene entre sus labios antes de que pudiera recibir una objeción. Su lengua ansiosa delineó el glande cubierto todavía por la tela, sintiendo como su propia excitación crecía al escuchar el jadeo sorprendido del rubio. Se retiró y entonces bajó también la única prenda que mantenía el pudor de Rogers a salvo. Dejó escapar un sonidito de sorpresa cuando notó el grosor de aquel miembro que se mostraba erguido e imponente ante él. Steve trató de cubrirse con sus manos, pero él no lo permitió—. Esto es algo que no puedes controlar. Es normal que supere tu capacidad del control, y eso es justamente lo que provoca el temor que sientes, ¿cierto? Temes lo que puedes perder si te permites desear esto. —vislumbró las manos de Steve echas puño a su costado, con el rostro enrojecido y brillante siendo el resultado de la mezcla entre excitación, los nervios y la vergüenza.
—Tony, basta… —murmuró con un jadeo como reclamo, al sentir las manos del castaño sobre sus rodillas. Stark volvió al ataque, lamiendo la hendidura del glande con lentitud, apretando con su mano derecha la base. Steve no pudo evitar gemir y menear sus caderas contra aquella boca que le provocaba tantas sensaciones desconocidas. Entonces Tony se animó un poco más, sintiendo su propia dureza apretar sus pantalones, llevando su boca de nuevo a aquel miembro y absorbiéndolo lo más hondo que podía. Steve soltó un jadeo alto, tapándose la boca al instante. Su pene húmedo se deslizó firme por los labios de Tony cuando éste lo sacó, dándole leves lamidas, para engullirlo con renovada rapidez y entusiasmo. Entonces fue inevitable que llevara sus manos a los revueltos cabellos castaños y apretara un poco con sus dedos, marcando el ritmo y tratando de controlar la situación que jamás estuvo en sus manos. Tony generalmente odiaba que alguien le impusiera algo, pero ésta vez podía darle el lujo a Steve de ser el primero. Permitió que marcara el ritmo constante de las embestidas, sintiendo en su nariz los vellos rubios rozarle cuando lo comía completamente—. Ahh, T-Tony… mgh… —los pequeños gemidos y jadeos que soltaba Steve fueron subiendo de nivel, hasta que las manos que lo sostenían entrujaron su cabello, anunciándole que estaba cerca del final.
Cuando Steve llegó al orgasmo con un grito ahogado, Tony se tragó todo lo que pudo sin rechistar. Nunca lo había hecho con nadie, pero dentro de todo el morbo y excitación que estaba sintiendo, quería probar a Steve. Conocer su esencia, su sabor más íntimo y exquisito. Dio grandes sorbos y chupó unas cuantas veces más la punta, como si estuviera sediento de más. Después dio una gran lamida a la hendidura hundiendo la lengua, escuchando un nuevo jadeo del rubio que estaba recuperándose del momento vivido. Sintió un par de manos posarse en sus hombros para ayudarlo a incorporarse. Un poco de semen escapó de la comisura de sus labios, y cuando estuvo a punto de retirarlo fue la lengua de Steve quien lamió la zona con sensualidad y lo atrajo de un tirón para besarlo de forma salvaje pero placentera. Tony no perdió ningún momento y correspondió con la misma pasión, compartiéndole a Steve su esencia, enredando sus lenguas en un beso necesitado.
Tony había transformado por completo al solado recto y de valores intachables que era Steve, reemplazándolo por un hombre sin sentido hecho de nada más que deseo.
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¿Precipitado por parte de Tony, de Steve, o de la autora? xD Bueno, en cierta parte era un regalo para ustedes, y un avance en la historia, quizá un paso inmenso. Quiero saber qué opinan, así que saben que pueden dejarme un comentario y con gusto responderé :D
Nos veremos en la actualización en los primeros días de Enero 2014 (espero) así que mis mejores deseos para ustedes en estas fechas, y que el año nuevo los reciba con los brazos abiertos, en compañía de sus amigos, familia, etc, y tengan siempre una gran sonrisa, es lo mejor que pueden regalarle a alguien :D
¡Un beso enorme y feliz año 2014!
PD/No odien a Jane xD
Naoki: Ya era justo avanzar en la historia, tenía que hacerlo de una u otra forma, y obviamente era Tony quien iba a cazar a Steve xD pero sí, nuestro rubio tiene un complejo, una serie de valores y formación que lo impiden de cierto modo, aventurarse a explorar los horizontes jajaja. Jarvis, como bien dices, es una influencia muy grande para Tony, más adelante veremos por qué, así que quise tomarlo como algo tangible, a lo que Stark pudiera aferrarse en sus momentos tristes. Y sí, sí sabe el pasado de Tony, pues ha estado ahí para él desde siempre. Natasha es una mujer compleja, de sentimientos y mente calculadora, pero eso no le impide ser humana. Así que la veremos debatirse entre la lealtad hacia SHIELD y la amistad por Steve. El problema es saber hacia dónde irá la balanza. Steve se enterará del pasado de Tony, por supuesto, y en efecto, Howard está entre toda esa maraña de secretos oscuros. Jane no será mala, lo prometo xD aunque sí hará que ciertas cosillas se salgan de control.
KariDz: Tony era el más apto para lanzarse a "experimentar" pues no creo que Steve de la noche a la mañana le surgiera ese sentimiento depredador xD quise comenzar ya con el drama amoroso de ambos, así que como dices, la mejor forma que encontré para comenzar fue darle nombre a esto, pues de lo contrario así como ambos son jamás se llegaría a nada xD Natasha es una mujer compleja, pero hay que verla de forma objetiva, al igual que Jane, que si bien es alguien que ya irrumpió en la vida de Thor y Loki, no es mala, no la odies xD
Yiyukimo-ak: Todos (hasta yo) estábamos esperando un acercamiento más íntimo, y por fin sucedió, así que las cosas ya se irán acoplando más al tono romántico de la historia. La curiosidad es la forma en que ellos le llaman a la tracción obvia que sienten, y que como bien dices, se niegan a aceptar. Tony estaba enojado, comprendamos que su empresa sufrió una perdida horrible de dinero xD pero bueno, él confía en Pepper y se ha dado cuenta del error que estuvo a punto de cometer al juzgarla mal. Así es, el drama amoroso, el peso del pasado, la consecuencias de su ahora, se vendrá muy pronto.
Darkmoon: siempre es un gusto saber de ti :D en parte el drama se centrará en el orgullo de Tony, pero también habrá más factores, como su pasado, las dudas, esas cosas. Todo será parte de un todo, no sé si me explico jeje. Sabemos que ambos tienen diferentes puntos de vista, así que irán descubriendo sus sentimientos poco a poco, cuando Stark se dé cuenta de que no puede controlar su "experimento" con Steve, y cuando el rubio sienta que ha caído en su red. Entonces será cuando ambos puedan saber lo que están sintiendo. Natasha es un personaje complejo, en la que la balanza está puesta su lealtad por SHIELD y del otro lado su amistad por Steve. El problema será encontrar cuál pesa más sobre ella. No odio a Jane, y de hecho planeo darle un papel algo diferente en este fic, luego veremos a qué se debe. Ella me parece una mujer razonable, lógica y bonita, como lo son Natasha y Pepper, y ellas están orientadas a papeles distintos aquí, pero no menos importantes. Y sí, habrá peleas, intrigas y celos, pues Loki es una persona algo así como inestable, y se dejará llevar fácilmente por sus emociones. Sobre el ámbito sexual, estuve analizando y aún no me acostumbro a ver a Tony de activo xD así que creo que dejaré la pareja como Steve siendo el activo, pero de todas formas veremos a un Tony dominante, como debe de ser debido a su personalidad xD ¿Sabes? A mi también me encanta que la historia sólo vaya a la mitad, pues le he tomado un cariño enorme y no quiero que acabe, aunque de igual forma no quiero aburrirles o que la inspiración se me vaya (esperemos que no suceda). Sobre tu posdata, el personaje que hará que Tony abra los ojos es sorpresa xD no puedo decir quien, pero es alguien de impacto en la vida de Stark. Además surgirán momentos en los que Pepper y Loki le harán ver a Tony sus cosas, como lo viene haciendo.
¡Un beso enorme a todos y gracias de nuevo! :D
