¡Buenas noches preciosa gente! ¿Cómo ha estado su semana? espero que excelente.

¿Que les ha parecido la segunda temporada de Free!? yo encontré a Haru más humano (?) y a Rin más lindo, bueno creo que está actuando como realmente es XD Makoto sigue siendo el semental sexy que es. bueno no estoy aquí para hablar de mis impresiones.

con ustedes el segundo capitulo! lamento mucho la tardanza, el tiempo no es mi amigo. vamos a las aclaraciones!

este capitulo tuve que cortarlo, o si no hubiera quedado muy largo y al menos a mí, los capitulos largos se me vuelven latosos.

no lo he revisado, así que puede tener muchos errores.

Crupier es la persona que se encarga de los juegos de un casino, como repartir las cartas, encargarse de las apuestas, ese tipo de cosas.

clases prácticas para Haru, significa tener relaciones. este concepto viene de la historia anterior

creo que es todo! recuerden que este es una secuela (publicidad engañosa) de un fic lleno de drama, romance, acción y muerte.

muchísimas gracias por todos los comentarios! no molesto más.

Disfruten de su lectura!


El atardecer en Nakanoshima era algo realmente hermoso, ver como el sol se escondía detrás del inmenso mar y disfrutar de los últimos rayos de luz, era una vista que pocas personas se detenían a mirar, la mayoría ignoraba estos actos de la naturaleza tan insignificantes pero a la vez tan magníficos. Haruka se estremeció al sentir la helada brisa marina golpear su piel, con la ida del astro gigante, la calidez también se había marchado; pudo sentir unos fuertes brazos rodearlo a la perfección brindándole un calor reconfortante, suspiró y se apegó al cuerpo que tenía detrás suyo, aunque no lo dijera en voz alta, amaba sentir el contacto de su novio.

-Haru- Makoto abrazó más al muchacho entre sus brazos –Quiero proponerte algo.

-Acepto casarme contigo- Sonrió el nadador que sufre de hidrofilia.

-No es eso- Rio frotando su nariz contra la mejilla del más bajo.

-Estás helado- Se quejó el mayor -¿Qué es?

-Quiero ayudar a Nagisa y Rei- Dirigió sus orbes esmeraldas hacia los dos muchachos que estaban a unos metros de ellos.

-¿Qué pasa con ellos?- Haruka también dirigió su mirada hacia el par. Nagisa estaba corriendo por la arena mientras que Rei lo seguía para que no se cayera y lastimara.

-Hay una fuerte química entre esos dos- El pelinegro alzó una ceja, creyendo entender a donde quería llegar su precioso esposo –Sé que se aman, pero no se han atrevido a decírselo.

-¿Cómo estás tan seguro?- Makoto sólo sonrió ante esto y volteó a Haruka para que lo mirara directamente a los ojos.

-Las miradas Haru, las miradas son el lenguaje del amor… Con ellas puedes decir cosas que con las palabras no- El delfín entendía ese tipo de lenguaje a la perfección, cada vez que sus océanos se encontraban con aquellos bosques, se creaba un tormento de hermosos sentimientos que si los ponían en simples palabras se estaría cometiendo un crimen. Haruka sabía bien de ese lenguaje, lo sabía porque estaba enamorado.

-No creo que debamos a entrometernos- Desvió la mirada para poder respirar.

-Hay cosas que no se suelen dar de forma espontánea- Tomó el rostro del mayor para que lo volviera a mirar –Sólo será un pequeño empujón.

Haruka suspiró tratando de que su alma no se fuera en él y asintió levemente apoyándose en el tacto de su amor, se preguntaba si alguna vez Makoto no tendría lo que quisiera.

-Gracias- se acercó a esos labios que lo volvían loco, su ritmo cardíaco aumentó a una velocidad increíble, siempre pasaba cuando estaba a punto de besar al pelinegro. El chico hidrofilico sonrió, por fin podría tener su hermoso y majestuoso be…

-¡Ustedes dos dejen de ser tan cariñosos!- Y aunque no lo crean, esta vez no fue Nagisa quien los interrumpió –Es hora de volver- Decía Rin mientras le pasaba su chaqueta a Nitori para que se la pusiera.

-Está bien- Makoto tomó de la mano al molesto delfín y se encaminaron devuelta al hotel.

Haruka caminaba mirando el hermoso cielo nocturno, le gustaba mirar esas pequeñas lámparas que lograban destacarse en esa descomunal oscuridad; las constelaciones se podían apreciar de forma única en la noche de Nakanoshima. Centró su mirada a aquel chico que se encontraba a su lado, Makoto era realmente una persona hermosa y con esto no se refería a lo físico, el chico de ojos color esmeralda era alguien realmente amable, siempre que podía ayudaba a los demás y se preocupaba mucho por sus amigos, además de entregarle las más preciosas sonrisas a todo el mundo, que no merecía tan maravilloso regalo. Si el nadador llegara a comparar a su novio, sería con un algodón de azúcar, por lo dulce, suave y esponjosa que era su personalidad; realmente se estaba preocupando de si podía sacar ese lado salvaje que tenía oculto aquel muchacho. Lo malo es que no era bueno en ese tipo de cosas, y no sabía cómo empezar; ahora fijó su mirada en el depredador adelante suyo, él sabía mucho sobre estas cosas, no le agradaba la idea de tener que pedirle ayuda, pero no se le ocurría otra cosa.

-Rin- Llamó al muchacho de dientes afilados haciendo que este se volteara a mirarlo –Tengo que hablar contigo- Detuvo su andar y miró a su novio –Lo siento Makoto ¿Puedes adelantarte?

-Seguro- Sonrió el más alto, aunque estaba un poco intrigado.

-Ai, tú también adelántate- Rin se dirigió hacia el pelinegro sin antes mirar al pequeño niño que asintió en silencio.

Al llegar al hotel, Rin y Haruka se quedaron afuera de la entrada conversando mientras que los demás estaban hablando animadamente de lo que iban a hacer.

-¡El casino está abierto!- Dijo Nagisa entusiasmado -¿Qué les parece si vamos?

-Suena bien- El adolescente de hebras plateadas también estaba entusiasmado, nunca había ido a un casino de juegos y quería conocerlo.

-¿No deberíamos esperar a Haruka-senpai y Rin-senpai?- Preguntó Rei mirando hacia donde estaban los dos adolescentes.

-Se pueden reunir con nosotros después- El pequeño pingüino también miró al par de nadadores, no tenía idea de lo que estaban hablando, pero no parecía que acabaría pronto -¡Haru-chan, Rin-chan!- Gritó llamando la atención de ambos nadadores -¡Los esperamos en el casino!

-¿No hubiera sido mejor haber ido hacia ellos en vez de gritarles?- Le regañó Rei.

-Así me ahorro el esfuerzo de caminar- Sonrió encogiéndose de hombros.

-Pero no es hermoso que andes gritando- Decía el lindo chico ajustándose sus gafas.

-Como quieras- Suspiró resignado -¿Podemos movernos?

-También pudo haberlos llamado por celular- Sugirió Ai mientras se encaminaba hacia el casino con los demás.

-Te estabas quejando de que no quieres caminar y ahora quieres hacerlo- Reclamaba el nadador de estilo mariposa.

-¿Mako-chan, no vienes?- Nagisa se volteó a mirar al más alto, ignorando obviamente las palabras de Rei.

-Ustedes adelántense- Sonrió, pero no convenció mucho al rubio –Yo esperaré a Haru.

-¿Está seguro Tachibana-san?- Preguntó el muchacho de preciosos ojos turquesa –No creo que terminen muy pronto.

-Estoy bien- Llevó su mirada hacia su novio, la verdad es que lo mataba la curiosidad de saber qué estaba hablando con el tiburón.

-Bien, Pero tienes que venir- Nagisa sospechaba que Makoto estaba preocupado –Vamos Rei-chan, Ai-chan- Agarró con los dos brazos a ambos nadadores y los arrastró hacia el lugar del libertinaje.

-¡Por favor no me llame así!- Se quejaba el pequeño Aiichiro, pero el pingüino sólo se reía ante esto.

Makoto se quedó mirando como sus amigos se alejaban, ahogó un suspiro y se dirigió a su habitación. Al llegar a ella no dudó en tumbarse sobre la cama, sus orbes esmeraldas se centraron en el techo, mirando la nada, perdiéndose en ella y en sus pensamientos; a pesar de ser el novio de Haruka, el chico orca se sentía inseguro cuando el adolescente de ojos oceánicos estaba cerca de Rin y no mentiría, también se ponía muy celoso, pero a diferencia de su novio, Makoto no se enfadaba, sentía miedo, preocupación e inseguridad y todos estos sentimientos los callaba; además, tenía motivos para sentir todo eso, Rin no era tan sólo un simple amigo, el pelirrojo había influenciado tanto en la vida del delfín, que se había convertido en alguien muy importante para él y eso, aunque no le gustaba admitirlo, no lo podía negar.

-Makoto- El menor abrió lentamente los ojos preguntándose en qué momento se había quedado dormido –Pensé que estarías con los demás ¿Me estabas esperando?

-Sí…- Se sentó en la cama y miró a su novio que removía algunas cosas en la maleta –Demoraste en hablar con Rin.

-Sí- Expresó sin emoción aquel frío nadador.

-Y… ¿De qué hablaron?- No podían culparlo por querer saber.

-Cosas sin importancia- Haruka buscó con su mirada la de Makoto pero no la encontró, se había escondido de ella.

-Vamos, nos deben estar esperando- Se levantó dirigiéndose a la puerta, pero el pelinegro lo detuvo -¿Qué pasa?

-¿Por qué no vamos a las aguas termales?- Sugirió el mayor viendo por fin esos preciosos bosques.

-Pero que hay de los…

-Sólo unos minutos… Me gustaría estar contigo- Interrumpió al más alto –Sólo contigo.

Makoto asintió levemente, cayendo rendido ante esos mares que eran los únicos a los que no le temía, los únicos donde se ahogaría por placer, los únicos en los que se hundiría hasta lo más profundo y oscuro, sin deseos ni ánimos de ser rescatado por nadie.

En el casino…

-24 negro- Decía el crupier más que asombrado por la suerte del chico de lentes.

-¡Eres increíble Rei-chan!- Elogiaba el rubio a su amigo -¿Cómo lo haces?

-La verdad, son sólo unos simples cálculos- Confesó con orgullo el nadador de pelo azul, se encontraba jugando la ruleta y esta era la quinta vez que ganaba de forma consecutiva.

-Aunque diga que sólo son cálculos- Nitori miraba como Rei hacía otra apuesta –No deja de sorprenderme- Y no era menos, la ruleta era un juego de azar en el que apostabas contra el casino, la única forma de ganar era adivinando los números y el color en donde caería la bola, se trataba simplemente de suerte o para Rei, de cálculos.

-¿Qué están haciendo?- Rin se acercó a los tres adolescentes.

-Rin-senpai- El precioso nadador se alegró de ver a su novio otra vez –Te tomó tiempo.

-Lamento haberte dejado solo por tanto rato- Acarició las hebras plateadas.

-Está bien- Ai le regaló una hermosa sonrisa al depredador, de esas que tanto amaba en secreto.

-Me pregunto quiénes son más tiernos- Hazuki miró a los dos tórtolos –Ustedes o Haru-chan y Mako-chan.

-No nos compares con ese par de empalagosos- Dijo Rin supuestamente ofendido –Nosotros tenemos más pasión.

-Rin-senpai…- El adolescente de orbes turquesa desvió la mirada avergonzado, era verdad que su relación tenía bastante pasión, y es que el tiburón tenía un apetito voraz, tan insaciable como un verdadero depredador.

-7 rojo, gana la apuesta… Otra vez- El hombre estaba verdaderamente anonadado por las victorias del nadador de estilo mariposa.

-¡Si seguimos así, seremos millonarios!- A Nagisa le brillaban los ojos en tan sólo pensar lo que haría con todo ese dinero.

-No te entusiasmes demasiado Nagisa-Kun, no estamos ganando mucho dinero.

-¿Eh?- Ladeó la cabeza sin entender a su amigo.

-Hasta ahora, he hecho apuestas simples y fáciles de ganar- Explicaba Rei mientras se ajustaba sus lentes –Al ser apuestas simples como adivinar el color, el premio prácticamente es nada- Nagisa asentía a cada palabra del más alto –Si queremos un premio realmente millonario, entonces deberíamos arriesgarnos a hacer una apuesta mucho más complicada y con menos posibilidades de ganar- Hizo una pausa para reajustar sus gafas nuevamente –Debemos hacer una apuesta pleno y apostar a un solo número- La apuesta pleno era la más difícil de ganar, pero la que tenía mejor premio; El jugador debe apostar a un número exacto, si se gana, el casino paga treinta y cinco veces más de lo que el jugador apostó y dependiendo de lo que se apueste, el jugador se puede llevar millones –El nivel de riesgo es alto, en esta jugada ganas o pierdes todo- Dijo determinante.

-¿Te arriesgas o no?- Decía Rin cabreado de tanta palabrería, a él le gustaba más la acción.

-No- Suspiró – En calcular algo tan exacto me demoraría y no tendría tiempo –Miró a Rin y sonrió- Es mejor apostar en algo de lo que estoy seguro voy a ganar.

-15… Negro…- Y otra vez, Rei había ganado.

-¡Genial Rei-chan!

-Vamos Ai, probemos nuestra suerte- Tomó del brazo al muchacho de hebras plateadas y lo arrastró con él hacia una mesa de póquer en donde se encontraban cinco personas jugando, eran dos mujeres de unos cuarenta años y el resto se trataba de hombres, uno tenía unos veintiséis mientras que los otros dos ya superaban los treinta -¿Puedo unirme?- Preguntó llamando la atención de los mayores.

-Esta es una "mesa corta"- Dijo una de las mujeres con arrogancia.

-Entonces conmigo ya estarían completos- Rin se sentó ignorando la mirada de desaprobación de la fémina, se rio para sus adentros, seguramente la mujer pensaba que el tiburón no sabía de lo que hablaba, pero estaba equivocada. El término de "mesa corta" se usaba en el póquer cuando se jugaba de tres hasta seis personas, si se supera ese número de jugadores, el término cambia al de "mesa larga", al ser cinco los que estaban en la mesa, el depredador se pudo unir sin ningún problema.

-¿Qué vas a jugar?- Preguntaba curioso el más bajo.

-El juego se llama "Texas hold' em sin límite"- Explicaba amablemente el joven repartidor de cartas y encargado del juego –Es el póquer que más se juega en los casinos, y es sin límite porque no hay un tope en la cantidad de dinero que apuestas- Le sonrió al pequeño nadador quien le devolvió la sonrisa.

-Sí gracias por la explicación, ahora dame mis cartas- Dijo Rin dándole una mirada asesina, no le gustaba que trataran tan amablemente a su precioso novio.

-Por… Por supuesto- Contestó nervioso el muchacho que debería estar entre los veinte años.

-No sabía que Rin-senpai jugaba póquer- Nitori, cada día conocía más cosas de su cazador, al principio su relación era lenta, ya que el pelirrojo se reservaba muchas cosas y eso al pequeño nadador le dolía, pero avanzando el tiempo Rin comenzó a abrirse más y ahora ya no se reservaba las cosas o al menos con él no.

-Aprendí mientras estaba en Australia- El depredador había aprendido muchas cosas en su estadía en el país del océano índico. Miró sus cartas, tenía una buena mano para empezar –Muy bien Ai, vamos a ganar mucho dinero, así podremos ir a Okinawa y visitar el acuario Churaumi al que tanto quieres ir.

-¡Sí! ¡Suerte Rin-senpai!- Decía animadamente el menor, con tan sólo ir a ese acuario, su sueño se haría realidad.

-Gracias, pero no la necesito- Sonrió arrogante aquel depredador.

Y con el par de esposo…

-¿En qué piensas?- Haruka deslizó un dedo por las vértebras de su novio.

-En nada- Ambos estaban disfrutando de las aguas termales sólo para ellos, Makoto le estaba dando la espalda al delfín, apoyando sus brazos y cabeza en la orilla de piedra.

-Makoto…- El pelinegro quería que lo mirara, pero el más alto huía de su mirada. Ahogó un suspiro y se dedicó a lamer las gotas de agua que corrían por esa amplia espalda.

-¡Haru!- Makoto se volteó alertado, el delfín sonrió, al menos ahora lo tenía de frente. Tomó el rostro del menor con ambas manos y lo miró directamente a los ojos, a Makoto se le cortó la respiración en cuanto sus pobres e indigentes bosques se encontraron con esos magníficos y majestuosos océanos que le estaban transmitiendo un vals de sentimientos dedicados especialmente a él, la melodía insonora del amor lo estaba abarcando completamente y lo único que podía hacer ese pobre muchacho, era tratar de que sus pulmones no dejaran de funcionar y le quitaran su aire para sobrevivir a esta marejada de emociones que le provocaba una simple mirada, de aquel chico al que amaba más que su propia vida.

-Deja de preocuparte- Susurró tan suave, que el adolescente de cabello oliva empezó a cuestionarse si Haruka había usado su voz para decirle eso o simplemente lo dijo con sus orbes oceánicos –No pasa nada con Rin- A Haruka le molestaba la inseguridad de su novio, constantemente tenía que recordarle que era el único al que amaba, que era el único en su pequeño mundo y que era el único al que le entregaría todo sin dudarlo ni siquiera un segundo.

-Lo sé- Sonrió juntando su frente con la del más bajo –Soy un paranoico.

-Y un tonto- Makoto no tenía idea de cuánto valía para el pelinegro.

El chico orca abrazó fuertemente a su amor, enterrando su cabeza en el hombro de este, le gustaría estar así para la eternidad, pero sabía de sobra que algo tan maravilloso como eso, no existía; Haruka por otro lado, quería calentar las cosas un poco. Aquí comenzaba su plan de seducir a su novio; su conversación con Rin, fue para pedirle consejos, humillando a su orgullo, sobre como encender la llama interior de la orca y así pueda tener sus tan deseadas clases prácticas; Rin le dijo que buscara su punto sensible, al principio no había entendido el concepto así que el tiburón tuvo que darle una larga explicación, hasta con bases científicas y biológicas, para que pudiera entender. Haruka no sabía por qué el pelirrojo se enojaba con él por no saber de esos temas, él no era un depredador sexual como Rin se decía ser, sólo era un chico que quería sentirse más cerca de su novio, desatar la pasión desmandada, convertir la cama en un frenesí de electrizantes emociones y embarcarse a un excitante paraíso afrodisíaco, algo simple nada más. Lejos ya de sus pensamientos, decidió por aventurarse por el cuello de quien ahora se había convertido en su presa, Makoto se estremeció al sentir la lengua del mayor deslizarse lenta y tortuosamente por su piel, el pelinegro besaba ese cuello con gran dedicación, succionando y mordiendo aquella suave tela con el único objetivo de querer mancharla. La respiración de ambos empezó a acelerarse y la temperatura se estaba elevando poco a poco, el nadador de estilo libre siguió su camino hasta la mandíbula para luego poder de una buena vez, tocar esos labios que no había podido poseer, besó la comisura de ellos y lentamente se acercó.

-Espera un minuto, es mi celular- Makoto se separó del pelinegro antes de que este lo besara.

-¿Por qué no dejaste tu celular en la habitación?- Preguntó enojado mientras miraba a su amor salir de las aguas termales.

-No podía dejarlo, me podrían haber llamado mis padres- Decía el muchacho de orbes esmeralda dirigiéndose rápidamente a contestar el teléfono. El pelinegro suspiró frustrado hundiéndose en el agua dejando que su cuerpo tocara el fondo, era tan desesperante no poder besar a su novio, todo estaba saliendo bien, pero el estúpido celular tuvo que sonar y arruinarlo todo.

-Haru- Llamó el menor sentándose en la orilla, el adolescente de ojos oceánicos salió a la superficie asustando un poco al de cabello oliva –No salgas así de repente.

-¿Qué sucede?- El pelinegro nadó hacia su novio hasta quedar entremedio de sus piernas provocándole escalofríos a la orca.

-No te pongas ahí- Haruka no hizo caso a la protesta de Makoto.

-¿Por qué no?- Apoyó su mejilla en el muslo del más alto y lo miró fijamente.

-Me pones nervioso, Haru…

-Ya dime lo que ibas a decir- Rozó sutilmente con la punta de sus dedos el muslo interno de la orca.

-Era Nagisa…- No podía evitar que su respiración se volviera pesada, los movimientos de su novio lo estaban poniendo muy nervioso –Nos está esperando…- Esto prácticamente le salió en un suspiro.

-No quiero ir- En una acción más osada, comenzó a succionar la piel de aquel muslo.

-¡Haru!- Se levantó abruptamente más que nervioso, Haruka sólo lo miró parpadeando un par de veces –Ya le dije a Nagisa que íbamos a ir así que…

-No quiero- Repitió desviando la mirada, Makoto era un idiota que no podía entender el ambiente que estaba tratando de crear.

-Haru…- Oh no, no caería, no lo miraría, había practicado mucho para no caer en la táctica del menor –Por favor- Esa voz era tan dulce, pero no se rendiría definitivamente no miraría a Makoto a los… Dios, ahí estaban… Esos ojos de cachorro abandonado bajo la lluvia con hipotermia, y al parecer, también con neumonía ¿Quién podía negarse a tal mirada? Ni siquiera un demonio podría hacerlo.

-Está bien- Suspiró abatido, otra vez Makoto obtuvo lo que quiso. Era increíble lo manipulable que se volvía cuando estaba al lado de su novio. El chico orca sonrío por su victoria y ayudó a su marido a salir del calor de las aguas termales para encontrarse con el frío del aire.

-Vamos a cambiarnos- Dijo el adolescente de orbes esmeralda ya en su estado normal, el nerviosismo se le había pasado, pero Haruka sabía de sobra que el corazón de ese chico, aún latía con fuerza.

Nanase se quedó mirando esa amplia espalda, Makoto podía huir todo lo que quisiera, podía escapar cuantas veces se le diera la gana, incluso podía jugar al gato y al ratón si lo deseaba, no le importaba en lo absoluto al delfín, porque él definitivamente, terminaría por atraparlo.


Es todo! espero les haya gustado, y espero no tardarme tanto con el que viene!

en el proximo cap se despedirán de Nakanoshima y se irán a Aokigahara!

sobre lo de Dross, no lo veo, pero me encantan ese tipo de cosas XD

bien me despido! nos vemos en el siguiente capitulo y enserio, muchas gracias por comentar.

perdón los errores.

Hasta entonces, se despide su servidora.

Airi.

¡Muchos kissus llenos de amor virtual!