¡buenas noches! como estuvo su semana? yo estoy feliz porque oficialmente estoy de vacaciones! ¡yay!

perdón la gran demora, pero ahora tendré más tiempo de actualizar.

vamos rápidamente con las aclaraciones para que aprendamos algunas cosas.

Dealer es el que reparte las cartas en el póquer, es exactamente lo mismo que el crupier

Royal flush es la escala real en las cartas, ya saben, esa que va del As hasta el Káiser.

ShowDown es la última ronda que se juega en el póquer, aquí es donde se ve el ganador.

La isla Honshu queda en la península de Kii en Kyoto, y es la más grande de Japón (dato curioso)

creo que es todo, este capitulo no lo corté!

bien no molesto más! lamento mucho los errores.

Disfruten de su lectura!


—Lo… Lo perdí todo —Rin miraba devastado como todo su dinero se lo quitaban de las manos.

—Rin-senpai… —El precioso muchacho de hebras plateadas se compadecía de la mala suerte de su novio.

—Es por eso que los mocosos no deben jugar cosas de adultos —El hombre de mayor edad, se burlaba del pelirrojo mientras contaba el dinero que había ganado— Ni siquiera deberían estar en un casino, no tienen la edad suficiente, cómo es que pudieron entrar.

—Este casino —Intervino el joven que trabajaba para el lugar— Sólo restringe la entrada hasta los catorce años de edad. Después de todo es un hotel familiar.

— ¿Qué vamos a hacer ahora? —El adolescente de infiernos escarlata había apostado todo el dinero que tenía, incluso el de Ai. Estaba seguro de que esos estúpidos viejos habían hecho trampa, él no podía ser tan malo… ¿O sí?

—Déjame intentarlo— Aiichiro miró al depredador expectante.

— ¿Qué? Ai, no sabes jugar.

—Pero estuve observando todo el tiempo y creo que puedo intentarlo al menos, vamos Rin-senpai —El menor insistió esperando una respuesta positiva por parte del más alto.

—Aun así, necesitamos dine…

—Me queda algo —Interrumpió el pequeño sin despegar su mirada de la carmín. Rin lo miró incrédulo, no le tenía absolutamente nada de fe al precioso chico, pero no le podía decir que no a esos ojos que le suplicaban.

—De acuerdo —Suspiró resignado, sólo le quedaba confiar en su novio, pero no tenía muchas expectativas al respecto.

— ¿Van a seguir jugando? —El hombre que se estaba burlando de Rin, ahora le lanzaba una mirada mordaz a Nitori, que se inquietó un poco— Muy bien, Juguemos póquer.

—Espero que sepas lo que estás haciendo —Susurró Rin al oído de Ai, provocando que este se estremeciera levemente.

—Yo también lo espero —Contestó también en un susurro. Miró al muchacho que estaba revolviendo el mazo de cartas, este le devolvió la mirada con una sonrisa, el chico era bastante lindo, su cabello era de un matiz rubio anaranjado, lo tenía amarrado en una pequeña coleta aunque algunas hebras eran imposibles de domar; sus ojos eran prácticamente dos amatistas que brillaban bajo las luces artificiales del lugar y su tez blanquecina parecía de porcelana. A Rin no le gustaba para nada aquella química que estaba creciendo entre su novio y el estúpido repartidor de cartas; un aura oscura empezó a rodearlo, nadie miraba a su pequeña presa por más de cinco minutos, absolutamente nadie. El joven dealer pudo sentir la intensa mirada asesina del tiburón así que apartó rápidamente sus ojos del más bajo y se dedicó a su labor.

Así, una nueva ronda comenzó con los jugadores haciendo las dos apuestas obligatorias que tenían que hacer, estas apuestas se llamaban ciegas y consistía en una ciega pequeña y otra grande, eran apuestas con poco dinero, la ciega pequeña era sólo la mitad del valor de la ciega grande, mientras que esta correspondía al valor completo. Había un ambiente de tensión en la mesa, todos los jugadores estaban en absoluto silencio mientras el muchacho repartía a cada uno, dos cartas; Aiichiro miró concentrado sus cartas y luego miró las cinco que estaban en la mesa, tal vez podía armar una buena jugada con ellas. Rin miró a su novio detalladamente, se veía muy sexy cuando estaba concentrado, tal vez tendrían algunas actividades pasionales más tarde, así aprovecharía de marcar a su lindo chico para que todas las personas existentes en el mundo se dieran cuenta de que tenía dueño, y ese era él.

Makoto y Haruka caminaban ya cambiados por los pasillos en dirección al casino, después de haber vivido ese caluroso momento, los dos muchachos estaban invadidos por un silencio un poco incómodo.

— ¿Estás molesto? —El chico de cabello oliva miró al más bajo tratando de descifrar sus pensamientos.

—No —Haruka no hacía contacto con la mirada de su novio, ahora era él el que estaba huyendo.

— ¿Seguro?

—Sí —Makoto suspiró resignado, no conseguiría mayor respuesta por parte del adolescente hidrofilico; pensó que su molestia se debía a que lo había obligado a salir de las relajantes aguas termales.

—Después puedes volver a las aguas termales —Dijo el más alto a lo que Haruka no contestó. A él no le importaba mucho volver a sumergirse en las calientes aguas, el pobre chico quería tener clases prácticas con la orca, ahora si estas se hacían en su elemento favorito, sería mucho mejor.

Los dos adolescentes llegaron al tan aclamado casino en el que se detuvieron en la entrada, ambos se preguntaban cuán difícil sería encontrar a sus amigos en aquel lugar repleto de gente que apostaba su suerte, Makoto estaba a punto de entrar cuando la mano de su novio sujetando su muñeca nuevamente lo detuvo.

— ¿Haru? —Sus orbes esmeraldas hicieron contacto con los oceánicos y supo de inmediato lo que el delfín quería, con una leve sonrisa adornando su rostro, acercó sus labios a los del mayor. Haruka cerró los ojos y se acercó para recibir su beso antes de que…

— ¡No estábamos haciendo trampa! —Alegaba una voz que conocían a la perfección, siempre la escuchaban cuando estaban a punto de besarse, se dirigieron hacia dónde provenía con Haruka ahogándose en sus ganas de tener un beso de su novio y descubrieron a un Nagisa bastante molesto discutiendo con un hombre también muy molesto, y con un Rei que estaba rojo de la vergüenza.

—Han ganado veinte veces consecutivas —Decía el crupier con la poca paciencia que le quedaba— Eso ya no es suerte.

— ¡Sólo admita que no soporta vernos ganar! —El pingüino muy profundamente disfrutaba de esta situación.

— ¡Jamás!

—Nagisa-kun… Ya déjalo —Rei ocultaba su rostro con una mano avergonzado.

— ¡Entonces admita que está enamorado de mí!

— ¡¿Qué?!

—Oh Dios… —Ahora el nadador de estilo mariposa se tapaba el rostro con ambas manos.

— ¿Qué sucede? —Preguntó Makoto mirando la particular situación.

—¡Ah, Mako-chan, Haru-chan! Por fin llegan —Nagisa se volteó a mirar a sus dos amigos— ¿Qué estaban haciendo que tardaron tanto? —Les dio una sonrisa pícara.

—Nada, sólo nos estábamos dando un pequeño baño —Decía el chico orca omitiendo varias cosas que el pelinegro le hubiera gustado recalcar.

—Muchas gracias, lamento las molestias —Rei aprovechó de la distracción de su pequeño amigo para disculparse con el crupier por la insolencia del rubio.

— ¡¿Eh?! —Nagisa volvió su atención al sexy adolescente de lentes quien ahora cargaba tres bolsas llenas de dinero— ¿Por qué te retiras? ¿No vas a seguir jugando, Rei-chan?

—Hemos ganado suficiente —Decía el peliazul mientras le pasaba una bolsa al más bajo.

— ¿Ustedes ganaron todo eso? —Makoto miró asombrado la cantidad de dinero, prácticamente los billetes y monedas se caían de las bolsas.

— ¡Así es! —Dijo Nagisa orgulloso aunque el único que jugó fue Rei— Y como los jóvenes responsables que somos ¡Lo gastaremos todo!

—No podemos hacer eso —Ryugazaki destruyó todas las brillantes ideas que tenía el pingüino— Debemos guardarlo para ir al monte Fuji.

—Pero mañana iremos al monte Fuji —El adolescente de hermosos orbes rosas hizo un puchero tratando de convencer a su amigo de lentes, pero este no se dejó engatusar— ¿Para qué quieres guardar tanto?

—Mañana iremos a Aokigahara —Corrigió ajustándose las gafas.

— ¡Es lo mismo!

— ¿Enserio? —Haruka no tenía idea de que mañana partirían a otro destino.

—Lo decidieron cuando estabas en tu paraíso de caballa —Le explicaba el más alto.

—Aokigahara… —El nadador de estilo libre había escuchado muchas leyendas urbanas sobre aquel bosque— ¿Estuviste de acuerdo con eso? —Miró a su novio con curiosidad, por lo general, Makoto se rehusaría a ir a un lugar como ese.

—Claro que no.

—Pero fue el único que se negó —Dijo Nagisa sonriéndole al pelinegro. A Haruka no le importaba mucho ir a ese bosque, pero le preocupaba su novio, sin duda Makoto sufriría de ataques de histeria si iba a Aokigahara, sabía a la perfección cuanto odiaba todas esas cosas que tenían que ver con fantasmas o historias de terror, pero si lo veía por otro lado; podía usar el miedo de la orca a su favor y tener contacto más físico. Sí… No sería una mala idea.

Ya dejando de hablar del tema, los cuatro adolescentes se aventuraron al resto de juegos que tenía el casino. Makoto probó con una máquina tragamonedas… Perdió de inmediato, luego lo intentó Haruka… Ganó al instante, el chico orca suspiró desanimado, nunca ha tenido suerte en estas cosas, condujo su mirada hacia el muchacho que tenía a su lado, había un dicho que decía de que si se tenía mala suerte en el juego, se tenía buena suerte en el amor; el adolescente de cabello oliva se sentía muy afortunado en el ámbito del romance, aún no podía creer que tenía de novio al mismísimo Nanase Haruka, a veces su vida parecía tan ilusoria que se preguntaba si lo que estaba viviendo no era un sueño.

Nagisa ahogó un suspiro mientras observaba a Rei animar a Makoto para que por lo menos, no se sintiera tan derrotado con su mala suerte. Si se detuvieran a preguntarle a ese pequeño pingüino, si estaba enamorado, de seguro se sonrojaría, desviaría la mirada y por ultimo con una pequeña sonrisa diría que sí; ahora si le preguntaban quién era la persona que le estaba robando el corazón al precioso nadador, diría que era un secreto, aunque ya estaba cansado de tener que ocultarlo. Hazuki no sólo estaba enamorado, estaba perdida y profundamente loco de amor por Ryugazaki Rei, incluso se atrevería a decir que fue amor a primera vista y que con el paso del tiempo acabó por caer aún más en el ambicioso juego que era el amor; uno de los juegos más peligrosos que existía en el casino de la vida, ya que en él, el dolor del fracaso era algo insoportable, no se perdía algo tan burdo e ínfimo como el dinero; se perdía el corazón, se destrozaba, rompía, quebraba en mil pedazos y sólo las personas con una gran, no… Una gigantesca e inmensa fuerza, eran capaces de recoger los trozos de sus propios corazones rotos, Nagisa no era una de ellas, definitivamente no lo era. Pero no era por el miedo de perder su corazón que el rubio no se confesaba, era por miedo a perder la amistad que tenía con Rei, esa amistad que le había costado tanto forjar, era demasiado importante como para tirarla por la borda por un estúpido sentimiento que no era correspondido; porque de algo que estaba totalmente seguro aquel pingüino, es que ese precioso nadador no sentía lo mismo que él. Sabía de esto porque se daba cuenta de los detalles más simples que le daba el adolescente, porque a pesar de ser amable con él, notaba su inapreciable indiferencia, porque cada vez que hacía un comentario que comprometía su relación, notaba la incomodidad en sus ojos, porque cuando le preguntó si estaba enamorado, respondió que no perdía el tiempo en algo tan vulgar e insignificante como lo era el amor y Nagisa, sólo podía resignarse por eso.

Royal flush —Aiichiro puso sus cartas sobre la mesa dejando a todos los presentes con la boca abierta, el chico había ganado todas las rondas, ni él mismo se lo creía.

—Es la mejor mano —Decía el joven repartidor y ahora admirador secreto de Ai, porque si fuera público, de seguro el depredador lo desgarraría vivo— Gana el ShowDown y por ende el juego —Nadie podía creerlo, habían perdido contra un simple niño.

—Eres genial Ai —Lo felicitó el mayor con una sonrisa afilada— ¿Realmente no sabías jugar?

—Aprendí cuando te vi hacerlo —Dijo el pequeño de hebras plateadas algo tímido— Sólo fue suerte de principiante.

—Bueno, tienes mucha suerte —El dealer fijó sus orbes amatistas en los turquesas provocando una conexión que fue rápidamente deshecha por la punzante mirada que estaba recibiendo por parte del tiburón… Otra vez —A-aquí tienes —Le entregó el dinero que había ganado tan fácilmente.

—Gracias —El más bajo le entregó una hermosa sonrisa que el repartidor no pudo devolver por culpa de cierto pelirrojo. Ai miró a su novio totalmente feliz— ¡Ahora podremos ir al acuario Churaumi! —Rin sólo asintió, sabía de sobra cuanta eran las ganas de Ai por visitar ese acuario.

— ¡Realmente tienes talento! —Decía el hombre que hace un rato se estaba burlando de ellos— ¡Podrías participar en torneos, y yo sería tu representante!

— ¡No, elígeme a mí! —Una de las mujeres se acercó al menor— Eres un diamante en bruto, te haría ganar mucho dinero.

—Déjenlo en paz —Los regañó el adolescente de orbes escarlata protegiendo a su novio— No está interesado —Y sin más que decir, se marchó del lugar llevándose a Ai con él.

Nos les costó encontrarse con los demás nadadores, se quedaron jugando en el casino por una hora más, todos habían ganado algo excepto Makoto, definitivamente no tenía suerte en estos juegos. Ahora se dirigían a sus respectivas habitaciones, Makoto detuvo su andar haciendo que el mayor se volteara a mirarlo; no fueron necesarias las palabras para saber lo que quería el más alto, así que con una leve sonrisa se acercó al menor, juntando sus labios hasta rozarlos. Compartieron una mirada por una corta eternidad, ahora nadie los interrumpiría, absolutamente nadie.

— ¡Ustedes dos! ¡Al menos esperen llegar a su habitación! —Decía Rin que caminaba junto a Ai hacia su cuarto.

—Dios… —El adolescente de orbes esmeralda soltó un gran suspiro ¿Cuántas veces más, los iban a interrumpir?

Al llegar a la habitación, Makoto se tumbó sobre la cama, Haruka imitó su acción y se acostó a su lado, había sido un día largo, pero ahora podía disfrutar de la tranquilidad y de su tiempo a solas con su novio. Sus vastos mares se concentraron en los labios ajenos, los necesitaba, los necesitaba en demasía; sus propios labios se los estaba pidiendo como cura para el dolor que le estaba provocando al no tocarlos; le exigían con suma urgencia matar aquella distancia que les era tan insoportable. Un beso… Un simple beso es lo que necesitaba Haruka para sobrevivir un día más, para que sus pesadillas siguieran durmiendo y no despertaran en medio de la noche sólo para atormentarlo, para que su instrumento palpitante no perdiera el ritmo y dejase de tocar. Inconscientemente se acercó a esa boca que le pedía a gritos que la besara, unos pocos centímetros lo separaban, sólo una corta distancia lo alejaba de su meta, pero ya estaba por llegar a ella.

— ¡Haru! —El chico orca se levantó abruptamente asesinando todo ambiente que pudo haber creado el pelinegro— ¡Se me acaba de ocurrir algo!

— ¿Qué cosa? —Preguntó molesto, no podía creer que su propio novio había interrumpido su beso.

—Tengo una idea para poner en marcha nuestro plan de juntar a Rei y Nagisa —Decía entusiasmado ignorando la molestia del pelinegro.

— ¿Nuestro? —Haruka alzó una ceja aburrido, se preguntaba cuando sería el día en que el chico orca se preocupara más de su relación que la de los demás.

—Bien, escucha.

Nitori estaba sobre la cama observando a su cazador revolver algunas cosas, era bueno tener algún tiempo juntos, a pesar de ir a la misma academia, no tenían mucho tiempo para ellos, ya que los exámenes y el club, lo ocupaban completamente. Cuando llegaba la noche, apenas duraban unos minutos despiertos, así que debían aprovechar al máximo sus vacaciones.

—Rin-senpai…

—Dime —El depredador no se volteó a mirar al menor.

—Estabas celoso ¿Verdad? —Los celos del tiburón eran tan obvios para el muchacho de hebras plateadas.

— ¿Celoso? —Centró su mirada en los orbes turquesas que lo miraban— ¿De quién?

—Del chico del casino —Sonrió, era normal que Rin no admitiera sus celos.

—Por supuesto que no, pero… —El nadador se acercó hasta el más bajo, dejándolo atrapado entre el colchón y sus brazos— No me gustaba como te miraba.

—Era muy amable —Decir que no se sentía intimidado por esa mirada que estaba recibiendo sería una mentira.

— ¿Eso crees? —Rin se acercó peligrosamente a los labios del pequeño nadador— Parece que tendré que recordarte a quién le perteneces —Y sin decir más, el depredador acabó con la distancia que lo estaba separando de su presa.

— ¡No lo haré! —Decía Haruka cruzándose de brazos— No me cambiaré de habitación.

—Vamos Haru —Makoto trataba de razonar con el mayor— Nos iremos mañana, así que será sólo una noche.

—Esto es estúpido —Suspiró molesto— ¿Realmente crees, que haciendo que duerman en la misma cama terminaran por ser novios, casarse y tener hijos?

—Nosotros dormimos en la misma cama y nos convertimos en novios —Haruka rodó los ojos, al parecer Makoto creía que la cama tenía poderes mágicos o algo así— Haru… —Oh no, lo estaba haciendo de nuevo ¡Lo estaba haciendo de nuevo! Como odiaba esa estúpida táctica de los ojos de cacharro del menor, era como un arma mortal, pero no caería otra vez, definitivamente no… A la mierda, era imposible no caer.

—De acuerdo —Dijo exasperado, algún día Makoto acabaría con él completamente.

Después de idear bien su plan, bueno de Makoto idearlo mientras Haruka sólo escuchaba aburrido, el par de esposos se dirigió hacia la habitación que les correspondía a Rei y Nagisa. Se encontraban parados frente a la puerta y podían escuchar las risas de Nagisa burlándose de Rei de Dios sabe qué cosa, Makoto tocó la puerta y un instante después sintieron un fuerte golpe provenir de ella, cuando esta se abrió, vieron al peliazul sobándose la frente y al pequeño rubio con las gafas del pobre muchacho.

—Ah, Makoto-senpai ¿Se le ofrece algo?

—Soy Haruka —Le decía el pelinegro al chico frente suyo.

— ¡No puedo ver nada con tus gafas Rei-chan!

—Y yo no puedo ver nada sin ellas ¿Puedes devolvérmelas? —Rei creía que le estaba hablando a Nagisa, pero en realidad se lo estaba diciendo a una lámpara.

— ¡Jajaja! No puedo creerlo —El pingüino no sentía compasión alguna del apenado Rei.

—Rei, Nagisa —Makoto se acercó al más bajo quitándole los lentes y devolviéndoselos a su amigo— Queremos pedirles un favor.

—Por supuesto ¿De que se trata? —Rei agradeció al más alto con una sonrisa.

—Bueno… —El adolescente de orbes esmeralda le dio un codazo a Haruka para que comenzara a hablar.

—Queremos intercambiar habitación con ustedes —Decía el pelinegro con su rostro estoico.

— ¿Por qué? —Nagisa miró a ambos muchachos algo confundido— Pensé que querían dormir juntos.

—No puedo dormir con Makoto, se mueve mucho mientras duerme.

—Es cierto —Apoyó el menor a su marido.

—Y también babea demasiado —Agregó el delfín.

—A-así es, así es… —La orca afirmó nuevamente rascándose la nuca.

—Siempre pasa, tengo traumas psicológicos por eso.

— ¿Eh? —En eso, el más alto miró al mayor.

—Una vez, en sexto grado…

— ¡Ya es suficiente! —Interrumpió al nadador molesto— ¿Y bien? ¿Qué nos dicen? —Fijó sus bosques en el par de adolescentes que lo miraban sin decir nada.

—Por favor, es por mi salud mental —Haruka se ganó otra mirada molesta de su novio.

—Yo no tengo problema —El más bajo miró a su compañero de cuarto con una sonrisa— ¿Qué hay de ti Rei-chan?

—Si ustedes lo quieren, Está bi…

— ¿Enserio? ¡Muchas gracias! —Makoto les dio una hermosa y diabéticamente dulce sonrisa. Y en un pestañeo los dos menores estaban fuera de su habitación— ¡Nos vemos! —Dijo el adolescente más alto cerrando la puerta sin perder su preciosa sonrisa.

—Pero… Nuestras cosas… —Rei se quedó mirando la puerta sin entender absolutamente nada. Nagisa se lanzó sobre la enorme cama, no sería una mala idea dormir con Rei, lo cierto es que han dormido en la misma habitación, pero no en la misma cama.

— ¿Realmente no te molesta dormir conmigo? —La verdad es que el rubio estaba algo preocupado, no quería que su amada mariposa se sintiera incómodo.

—Está bien Nagisa-kun, yo no me muevo en lo absoluto.

—No me refería a eso… —El pequeño rubio desvió la mirada— Rei-chan, yo…

— ¿Sí? —De repente un silencio los envolvió por varios minutos, ¿Qué es lo que Nagisa le iba a decir que le costaba tanto expresarlo en palabras?

—No, no es nada —Sonrió, las confesiones de amor no venían con él.

Makoto ahogó un suspiro, realmente deseaba que las cosas entre sus amigos funcionaran, para él, era un crimen que ese par no estuvieran juntos, si a leguas se notaba que eran el uno para el otro. Definitivamente no se rendiría, estaba decidido, conseguiría que al final de las vacaciones, ese par de tontos enamorados, se convirtieran en una pareja. Con estos pensamientos se acostó sobre la cama, concentrando sus bosques en el techo, pero su vista fue interrumpida por un par de océanos con grandes olas de sentimientos.

—Espero que esto funcione —Acarició la suave mejilla del chico que estaba encima de él— ¿Tú que dices Haru?

—Digo que quiero un beso —Haruka prácticamente estaba desesperado, estaba mendigando por los labios del menor.

—Sabes, yo también quiero uno —Su pulgar rozó suavemente el labio inferior del pelinegro— Ven aquí —Haruka suspiró y se acercó lentamente a las puertas del paraíso del más alto, por fin podría disfrutar del dulce sabor del amor que le entregaba aquel chico.

—Oye Rei, tienes un… —Rin abrió la puerta interrumpiendo la hermosa escena que estuvieron a punto de crear— ¿Por qué ustedes están aqhjksd —El pelirrojo no vio venir la almohada que le fue lanzada directo al rostro.

— ¿Ha-Haru? —Makoto miró a su hermoso novio, estaba realmente muy molesto.

— ¿Qué mierda te pasa? —Rin le lanzó la almohada devuelta, pero esta le llegó a Makoto— Lo siento Makoto…

— ¡No le lances cosas a él! —Haruka volvió a lanzar la almohada al depredador.

— ¡No iba para él! —Otra vez el tiburón le lanzó la almohada al delfín. Y en un instante, la habitación se convirtió en una guerra entre Rin y Haruka de lanzarse cosas. Makoto tuvo que tirarse al suelo para que no le llegaran a él.

— ¡Chicos ya basta! —El chico orca intentaba convencer a los nadadores, pero estos no escuchaban— ¡Van a romper algo! —En eso esquivó una… ¿Una caja de condones?

— ¡Mako-chan! —Nagisa se acercó arrastrándose al adolescente de cabello oliva.

— ¿Nagisa? —Makoto se preguntaba en que momento el menor entró.

— ¡El campo de batalla está muy peligroso! ¡Debemos volver al fuerte!

— ¿De qué hablas? —Un libro cayó encima de la pierna izquierda del rubio.

— ¡Dios! ¡Me dieron! —El pingüino comenzó a retorcerse supuestamente del dolor— ¡Mako-chan! creo… ¡Creo que debes amputarme la pierna!

— ¡¿Eh?! —Ahora esquivó lo que creía era la ropa interior de Haruka— ¡Ustedes dos, yo paren! —Gritó logrando llamar la atención de los adolescentes— ¡Haru! Pero que demo… ¡Baja esa silla! —Regañó al mayor y dirigió sus orbes esmeraldas al depredador— ¡Y tu Rin!... ¿De dónde sacaste ese colchón? —Rin se encogió de hombros ante la pregunta de Makoto— ¿Necesitas algo Nagisa? —Suspiró mirando a su bajito amigo.

—Bueno, estaba pensando… Aún no es tarde, así que podríamos ir a las aguas termales —A Haruka le brillaron los ojos con la propuesta de Nagisa.

Después de ordenar el desastre que dejaron la habitación, los nadadores se encontraban disfrutando de las relajantes aguas termales. Rin y Rei estaban gozando de las propiedades de estos baños, mientras Nagisa le lavaba la espalda a Ai, para poder estar en contacto con la cálida agua.

—Tú piel es muy blanca Ai-chan —Decía el rubio sonriente — ¿Qué son esas marcas?

— ¡Na-nada! —Ai estaba más que rojo.

— ¡Aquí también tienes!

— ¡Por favor no me toque ahí!

Rei suspiró, podía sentir como sus músculos se relajaban por completo. El ambiente de aquella noche era bastante tranquilo y la vista que tenían al aire libre, era esplendida.

—Es un buen lugar ¿No lo crees? —Rin que estaba al lado del menor, tenía sus infiernos puestos sobre el inmenso cielo nocturno.

—Esto me recuerda a una leyenda sobre unas aguas termales —Rei miró la luna, esa noche estaba realmente hermosa.

— ¿Qué leyenda? —El tiburón fijó su atención en el muchacho que no llevaba sus gafas puestas.

—Hay un pequeño valle llamado Yunomine en las montañas de Kumano, se dice que las aguas termales de ese lugar cambian de color unas siete veces al día y son espirituales —Kumano es una región montañosa que queda en la isla Honshu al sur de Kyoto, estas montañas se consideran sagradas ya que según las creencias japonesas, están bendecidas por los dioses de la naturaleza— La leyenda es de Oguri Hangan, un hombre que sufrió de una grave enfermedad, dicen que quedó deforme y estaba a punto de morir, así que emprendió un viaje a las montañas de Kumano y se bañó en las aguas de Yunomine —Rei hizo una pausa antes de continuar para ver si Rin le ponía atención, y al comprobarlo, prosiguió—Como si hubiera sido un milagro, la enfermedad que lo afectaba había desaparecido por completo, era como si nunca hubiera estado enfermo.

—Aguas curativas… —Rin volvió su mirada al cielo, nunca había visto tantas estrellas— Me pregunto si realmente existen.

— ¿Estás listo Haru? —Makoto se volteó a mirar a su novio que estaba sentado sobre una banca abrazando su estómago, ambos vestían sólo una toalla amarrada a su cintura— ¿Qué te pasa? —Se agachó hasta quedar a la altura del pelinegro.

—No me siento bien —Se quejó el delfín apoyando su cabeza en el pecho de su novio.

—Haru… —Makoto lo miró preocupado, algo no estaba bien con su amor.

Ahora se encontraba encerrado en su habitación, mirando lo más fantástico y enigmático del mundo, el techo. Haruka no podía creer lo que le estaba pasando, se sentía destrozado, vencido, su corazón prácticamente estaba roto y su mundo derrumbado; su mente simplemente no podía procesar tal traición, el amor de su vida lo había apuñalado por la espalda y él no podía resistirlo. Realmente le era imposible creer que se había intoxicado por comer tanta caballa ¿Por qué su amada caballa le hacía esto? Definitivamente era el fin del mundo.

—Te traje un té de hierbas, te hará sentir mejor —El chico orca se sentó en el borde de la cama mientras le pasaba la humeante taza al mayor. Lo bueno del hotel, es que tenía un médico así que Haruka fue revisado de inmediato— Te dije que comer tanto no era bueno, pero nunca me escuchas.

—Makoto eres mi novio, no mi mamá —Lo último que quería escuchar el chico que sufre de hidrofilia eran los regaños de Makoto, se sentía bastante mal.

—Lo digo por tu bien.

—Ya lo sé —Haruka le entregó la taza, el líquido caliente le tranquilizó un poco el dolor. Volvió a acostarse sobre el colchón y se cubrió con las sábanas. Makoto comenzó a sobarle la panza tratando de aliviar el sufrimiento del chico— Deberías estar divirtiéndote con los demás —El adolescente de ojos oceánicos se sentía peor sabiendo que su novio tenía que estar cuidando de él.

—Prefiero estar mil veces contigo —Sonrió besando la frente del mayor, sus ojos hicieron contacto y de una forma tan natural, se entregaron amor mutuo. El menor repartió dulces besos por el rostro de su esposo y poco a poco se iba acercando a los labios que lo esperaban ansiosos.

— ¡Haru-chan! ¡Vinimos a hacerte compañía! —Gritó Nagisa entrando junto al resto de los nadadores— ¡Y nos conseguimos videojuegos!

— ¡Y un televisor! —Agregó Rin cargando el aparato que era bastante grande.

— ¿De dónde sacaron eso? —Preguntó Makoto mirando como instalaban todo, mientras que Haruka suspiraba más que frustrado.

—Por ahí —Dijeron al unísono el pingüino y el tiburón.

— ¿Cómo que por ahí? —Mamá Makoto estaba bastante preocupado de que sus hijos no hayan sacado esas cosas de forma ilegal.

Haruka descansó su cabeza en el hombro de su novio, mirando la escena frente a él. Puede que no tuviera su anhelado beso, pero debía admitir que con ese grupo de idiotas, sus vacaciones serían realmente divertidas; con esos pensamientos en mente, el precioso nadador cerró los ojos para caer totalmente dormido durante toda la noche.

El sol estaba en pleno resplandor, pero a pesar de esto, el clima era bastante frío en Aokigahara. Los seis nadadores se despidieron de Nakanoshima en la mañana, sin antes sacar unas cuantas fotos para recordar. Ahora se encontraban frente a ese gran bosque, que contaba muchas historias carentes de finales felices. Nagisa encontró hospedaje de inmediato y rápidamente se instalaron en un hotel para poder ir a caminar en ese frondoso lugar.

— ¿Están listos chicos? —El pequeño pingüino estaba realmente entusiasmado.

—Sólo hagámoslo rápido, quiero volver pronto al hotel —La orca por otra parte, no estaba nada de entusiasmado.

— ¿Pero qué dices Mako-chan? ¡Pasaremos la noche aquí! —Le entregó una sonrisa que a Makoto no le gustó para nada.

Haruka tomó la mano de su novio para tranquilizarlo, sabía que esta iba a hacer una experiencia bastante incómoda para él, pero estaría a su lado y no lo dejaría, además... ¿Qué tan malo podría ser, pasar la oscura noche en aquel bosque?


¿Les gustó tanto como a mi me gustó escribirlo? espero que sí.

se me había olvidado agradecer sus comentarios! muchísimas gracias son hermosos!

me retiro por hoy, gracias por la paciencia.

nos vemos en el prox capitulo!

Hasta entonces, se despide su servidora.

Airi.

¡Muchos kissus llenos de amor virtual!