¡Hola, hola! Después de otro mes de ausencia por fin me hago presente. No crean que son pretextos, pero la escuela me absorbe demasiado. Aún tengo que presentar unos exámenes y estoy estudiando sin parar, pero me hice un pequeño espacio para traerles éste capítulo.

No crean que dejaré ésta historia inconclusa, pues le tengo un enorme cariño y aún faltan algunas cosillas, aunque deben irse preparando porque los golpes finales ya se estarán dando en un par de capítulos más.

Nos leemos en las notas finales para más información y disfruten el capítulo :D

PD: Excelente la película de Captain America: The Winter Soldier *u*

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Capítulo 24.- Indeleble corazón.

Se revolvió volviendo al mundo de los vivos. Sus ojos se comenzaron a mover a través de los párpados, y poco a poco comenzó a abrirlos. Llevó una de sus manos a su rostro y la pasó insistentemente dos veces para despertar por completo. Intentó removerse pero un agarre duro sobre su cintura lo restringió. Alzó la vista y sus ojos jamás se habían mostrado tan abiertos. Steve estaba debajo de él, respirando acompasadamente, con los ojos cerrados, las pestañas caídas, y los labios entreabiertos. Sus fuertes brazos lo rodeaban impidiéndole moverse. Tarde se dio cuenta que ambos estaba desnudos.

Podría pararse y largarse de ahí, hacer como si nada hubiera pasado y todo estaría resuelto. Pero la verdad era otra. Porque estar ahí, de esa forma tan íntima y desvergonzada le hacía sentir exquisitamente bien. El calor que desprendía Rogers lo acunaba al igual que su acompasado pecho que subía y bajaba con cada profunda respiración. Nunca había tenido este tipo de contacto tan personal con ninguna persona. Y era diferente. Pero no incómodo. No recordaba bien qué había pasado la noche anterior después de haber llegado al orgasmo.

Estaba comenzando a aburrirse ya de estar despierto y de que el otro pareciera seguir en el mundo de los sueños, así que trató de entretenerse en contar los lunares en el cuello del rubio. Pero una mejor idea lo atravesó. Sonrió lentamente mientras acercaba su rostro a su pecho y comenzaba a repartir pequeños y húmedos besos en sus pectorales duros y deliciosos. Sintió el cuerpo más grande removerse, pero no le hizo caso y siguió con el juego, cada vez subiendo más y más hacia el cuello. Pasó por las clavículas, donde mordió ligeramente la piel, sintiendo que la respiración del militar se aceleraba. Sus labios pronto encontraron la parte posterior de la oreja, donde lamió la piel como si fuera un delicioso helado. Después mordió suavemente el lóbulo de la oreja y se separó lo suficiente para ver el rostro de Rogers.

Cuál fue su sorpresa al encontrar esos profundos pozos de agua cristalina mirándole de manera intensa, absorbiéndolo. Se estremeció al sentir esos fuertes brazos apretándolo con más fuerzas, y las manos firmemente clavadas en sus caderas, apretándolo deliciosamente. Sus miembros estaban casi rozándose, y un calor inevitable ascendió por todo su cuerpo, estremeciéndolo. Sonrió y se acercó a los labios del rubio, uniéndolos en un sencillo beso de labios cerrados. El otro correspondió sin rechistar.

—Buenos días, Rogers. —murmuró, dándole un ligero mordisco en la barbilla. Sintió una suave risilla rozarle los cabellos castaños. Levantó la mirada y encontró esa mirada azul brillante, ese indicio de barba a conjunto con su perfecta piel. Y ese lunar sexy—demasiado sexy—en su mejilla. Su cabello rubio un poco despeinado y ya algo más largo. ¿Por qué, joder, era tan guapo? Sintió que lo estaba viendo demasiado, así que trató de disimular el efecto de atracción que Rogers le generaba, y sin separarse de su abrazo protector, se dio la media vuelta para que su espalda quedara ésta vez pegada al pecho duro del más alto. Recargó su nuca en el hombro contrario, y sintió esos fuertes brazos volver a apresarlo como si nunca quisiera dejarlo ir. Un silencio más que cómodo se instaló entre ellos, pero Tony se sintió en la necesidad de decir algo—. No es que me moleste estar desnudo contigo en la intemperie, es muy sexy, pero ¿qué sucedió anoche exactamente? —indagó vagamente.

—Anoche te quedaste dormido después de… de terminar. —aclaró con un poco de vergüenza todavía. Una de sus manos rompió el abrazo que mantenía sobre el moreno y la subió hasta sus cabellos castaños, acariciando con delicadeza sus mechones rebeldes. Tony suspiró por el contacto y se removió un poco, buscando más de aquella paz y cercanía aunque aquel momento pudiese verse estúpidamente cursi. Pero no le importaba porque nadie los estaba viendo. Y se sentía extrañamente bien. ¿Cuántas muestras de cariño había tenido en su vida? Fácilmente podría contarlas con los dedos de las manos y le sobraría. Steve tenía sueño todavía, pues la noche anterior se había quedado despierto hasta muy tarde, pensando y no haciéndolo, al mismo tiempo. Una de las manos de Tony comenzó a acariciar vagamente su antebrazo. El momento se sentía tan íntimo, tan extraño. Tan bien.

Se quedaron sin decir nada más, en un silencio arrullador que no hizo más que unirlos. No hizo falta decir nada, no lo necesitaban. Estaban perfectamente así, entre sus pieles desnudas y sus piernas entrelazadas. Tony sentía la respiración de Steve muy cerca de su cabeza, y sus yemas moviéndose a través de sus cabellos, acariciándolo. No le gustaban los contactos de este tipo, nunca permitía a nadie hacer algo así. Y sin embargo ahora se dejaba hacer totalmente, como un gato necesitado de cariño y afecto. ¿Lo era? No quiso responderse. Se quedó largo tiempo mirando hacia el cielo azul cubierto de nubes blancas, donde los rayos del sol matutino apenas se colaban. ¿Era mucho pedir que la hora de ir al trabajo nunca llegara?

Porque estar entre los brazos de Steve Rogers se sentía extrañamente cálido.

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Gruñó con fastidio al tratar de mover el brazo. No, todavía no podía hacerlo de la forma correcta. La venda duraría otro par de días, según el médico. Pero ella estaba harta de no poder trabajar y entrenar como era su rutina. Así que ahora se encontraba totalmente enojada consigo misma por haber sido tan estúpida en esa misión. Se detuvo un momento para tomar aire, relajar el cuerpo. Después volvió a encender su reproductor de música y siguió trotando por Central Park.

No podía considerarse como ejercicio el trotar por un parque, era una ofensa hacerlo porque Natasha consideraba ejercicio a otro tipo de entrenamiento, como boxear, hacer un poco de artes marciales, lucha. No esto. No la tontería de correr como idiota. Pero ahí estaba ella en ropa deportiva, con una coleta alta y el brazo vendado. Su top gris de látex dejaba a la vista su abdomen plano y marcado por el continuo entrenamiento que tenía, y su pantalón corto provocaba que las miradas de las demás mujeres se posaran en ella con envidia. Siempre fue una mujer curvilínea, pero no le interesaba ser delgada. Los estereotipos de la sociedad no iban con ella. Sin embargo su trabajo requería especial condición física, así que el ejercicio la mantenía siempre en forma.

Mientras una canción repiqueteaba en sus oídos por los auriculares, se puso a recordar que no siempre tuvo la oportunidad de tener un poco de paz. Siempre estaba de un lado para otro haciendo misiones de diferentes rangos. Si no era eso, se pasaba días metida en su oficina buscando nuevos proyectos que hacer, nuevos traseros que patear, entrenando sin parar para ser cada vez más fuerte. ¿Cuánto tiempo tenía que no escuchaba una canción? Ni siquiera recordaba que tenía un reproductor de música, hasta que lo encontró al levantarse esa misma mañana. ¿Podía considerarse esto unas vacaciones? Ojalá que sí.

Porque como todo, estaba aburrida de la monotonía de su vida. Y con Clint lejos, se hacía más pesado de sobrellevar. Mientras trotaba ligeramente por todo el camino, con los ojos paseándose entre los árboles, se acordó que no siempre tuvo la dicha de tener todo lo que ahora tenía. ¿Cuándo, en su niñez, pensó en tener ropa que vestir, zapatos que calzar? Una niña rusa abandonada en las calles de su país de origen, con hambre y frío. Una niña que aprendió a sobrevivir en los peores suburbios. Sin techo, sin comida, sin ropa. Sin familia.

Se detuvo y se recargó en un árbol de tronco grueso. ¿Por qué ahora? Su pasado era sólo eso: pasado. Recuerdos tristes y amargos que no quería revivir, pero aquí estaban, acechándola siempre. Hoy más que nunca.

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—¿Cómo se encuentra Jarvis? —lanzó la pregunta al aire sabiendo que Tony estaba escuchándolo. Él dejó de escabullirse por la cocina y paró en seco. Había querido asustar a Steve, pero tal parece que no iba a conseguirlo. Después de haberse negado a levantarse del cómodo sofá en la azotea, siendo arrastrado prácticamente por Steve para que lo hiciera, se habían puesto algo de ropa y él había ido a ver a Jarvis. Él se veía tan estable que era casi inconcebible pensar que le hubiera dado un pre-infarto.

—Mejor que ayer. Parece que está totalmente repuesto. —sonrió un poco y se acercó a ver lo que estaba haciendo el rubio—. Incluso quiere volver a sus labores, pero ya le dije que no lo hará por el momento. —bostezó audiblemente mientras estiraba ambos brazos. Se asomó por el hombro de Steve, y visualizó un libro de… ¿recetas de cocina? Ahogó una risa cuando el rubio lo miró de forma seria—. No me digas que tomarás el puesto de Jarvis ahora, ¿eh? No pienso pagarte. —lo miró divertido, con burla. El militar suspiró y negó con un gesto, mientras se daba media vuelta y atraía de la cintura a Tony, pegándolo un poco a su cuerpo. El castaño sintió que todo el aire se le iba ante una acción tan repentina e inesperada como esa. ¿Dónde había quedado el sentido de la vergüenza que acompañaba a ese hombre?

—Haré un pastel para Jarvis… —susurró lentamente, mientras sus azules gemas chocaban con los brillantes ojos color chocolate que tenía a escasos centímetros de distancia—. Y tú vas a ayudarme, Stark. —recalcó su apellido, mientras sus manos apretaban con un poco más de fuerza la masculina cintura. Tony llevó ambas manos a los hombros de Rogers, y comenzó a trazar suaves círculos sobre ellos, sonriéndole gatunamente. Lo que quería hacer el rubio era un gesto muy lindo hacia el mayordomo. ¿Podría sacar algún provecho de aquello? Probablemente sí.

—Podría negarme fácilmente. Pero digamos que estoy pensándolo. Si te ayudo, ¿qué me darás a cambio, Capitán América, defensor de los ciudadanos de este país? —preguntó con gracia recordando la playera ridículamente americana de Steve en su día de compras con Pepper. Su tono juguetón e incitante ocasionaron que un suave estremecimiento recorriera al mencionado. No respondió, pero en cambio, se inclinó y atrapó entre sus dientes el labio inferior del ingeniero dándole un ligero mordisco para después unir sus labios en un ardiente beso que les robó la respiración. Los brazos de Tony se posaron con soltura tras su cuello y lo atrajo para profundizar el contacto sensual. Sus lenguas se encontraron traviesas y danzaron en una lucha húmeda de poder. Poco les duró el gusto, pues Steve se retiró lentamente, dejando que un hilillo de saliva los uniera. Tony se pasó la lengua por los labios, mirándolo con los ojos entrecerrados y carraspeó, recomponiéndose del momento. Joder, Steve besaba de una forma que le hacía temblar las rodillas—. Bueno, si habrá más de esto, entonces estoy a sus órdenes, Chef. —y escuchó la suave risa del militar, a conjunto con sus cálidas gemas del color del cielo, mirándolo.

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Dos horas trotando por Central Park no podían considerarse como una buena sesión de ejercicio, y menos igualarse a su entrenamiento regular, pero Natasha aceptaba eso. Porque había sudado mucho.

Y ahí estaba, recargada bajo la sombra de un árbol mientras limpiaba su rostro con una toalla. Tenía que darse prisa para volver a casa, pues ese lugar solía llenarse de gente en poco tiempo cuando el Sol estaba en todo su esplendor. No odiaba a la gente, pero entre menos se mezclara con ellos, era mejor. Su idea siempre fue no establecer vínculos que pudieran afectarle en misiones. Pero una sonrisa irónica surcó su rostro, ¿y Steve? Dios, ese chico se había metido en su vida como la lluvia colándose por una alcantarilla. Él no estaba en sus planes, y sin embargo ahora era una de las pocas y contadas personas más valiosas en su corazón.

Destapó su botella de agua y le dio un gran sorbo, mientras respiraba hondamente para liberar el cansancio y llenar sus pulmones del limpio aire que le brindaban los árboles. Estaba bajando su botella cuando a través de la misma, observó una sombra. Se movió rápidamente, lo justo para que el puño de aquel sujeto aterrizara sobre la corteza del árbol y no sobre su cara, que era a donde se dirigía.

Trastabilló un poco hacia atrás, pero arrojó su agua a su atacante, ganando tiempo para desenfundar la pistola que solía traer en el muslo. Él rugió y se abalanzó sobre la agente, derribándola al pasto y rodando juntos entre forcejeos. Él quería quitarle la pistola y ella quería dispararle. Sin embargo, Natasha sabía que no ganaría porque ese hombre era más fuerte, y su brazo vendado no estaba ayudando mucho. En un impulso, arrojó la pistola lejos para despistar, y con su brazo enyesado—sabiendo que dolería más que cualquier ruptura de hueso o nariz que hubiera sentido jamás—le dio al hombre fuertemente en la barbilla, haciéndolo hacia atrás por la fuerza y el impacto.

Y dolió. Claro que dolió como pocos golpes lo habían hecho. Pero fue más grande su deseo de ganar la pelea, así que alzó una rodilla y pateó la única parte que dejaría fuera de combate a cualquier hombre. El sujeto lanzó un quejido fuerte y llevó sus manos a sus genitales tras el golpe. La agente aprovechó el descuido y se le fue encima ella ésta vez, tomando su brazo izquierdo y haciéndolo hacia atrás, hasta romper el ligamento y hacer que su atacante gritase de dolor. Se estiró lo suficiente para agarrar su pistola y apuntar directo al cráneo del hombre que a esas alturas había quedado de cara contra el suelo sin poder moverse.

—No te atrevas a intentar huir, o juro que una de estas balas perforará tu cabeza. Con suerte mueras rápido, con mala suerte quedes vivo… —y sus palabras fueron susurradas con tal veneno que aquel hombre simplemente cerró los ojos y esperó a lo que esa mujer decidiera. Natasha pensó durante algunos segundos, pero se decidió finalmente por llamar a S.H.I.E.L.D. e informar los hechos ocurridos. ¿Pero cómo iba a llamar? Si la mano libre la tenía ocupada, y la otra estaba vendada y dolía como el infierno. Suspiró dándose cuenta que no tenía otra opción. Arrancó la venda que sujetaba su antebrazo al hombro, y sacó su mano, haciendo una mueca de dolor al sentir el terrible pinchazo que al atravesó. Marcó rápidamente el número de sobra conocido y esperó algunos segundos—. Agente Romanoff al habla, ubicación: Central Park; código Y97e. Necesito un helicóptero con un paramédico a bordo, urgente. —y colgó la llamada sin esperar la confirmación. Volvió a pegar su brazo a su pecho, y respiró profundo con una mueca de dolor. Vio con claro odio al sujeto debajo de ella. Le puso una rodilla sobre la espalda y se acercó para que pudiera escucharla mejor—. No tienes idea de cuánto vas a pagar por hacer que mi brazo tarde más días en sanar. —

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Anthony Stark claramente no tenía dotes de cocinero. Era inteligente, hábil con las manos, construía tecnología de alcance insuperable, y era dueño de una empresa millonaria. Pero… bueno. Steve carraspeó tras el silencio incómodo que se instaló entre ellos cuando él abrió la puerta del horno. Sus ojos viajaron por lo que parecía ser la masa del pastel, y sintió que todo el tiempo invertido había sido en vano.

—Se ve… bien, pero ¿No crees que tiene… muchos grumos? —trató de ser gentil con la clara evidencia de que no era lo que estaba esperando. La sonrisa del castaño se desvaneció para dar paso a un ceño fruncido. Se acercó a donde estaba el rubio, asomándose por encima de su hombro y corroborando lo que más temía.

—Esa cosa es espantosa… he creado un monstruo. —murmuró con asco y asombro mezclados, para después escuchar la risa sonora de Steve que llenó todo el lugar. Se le revolvió el estómago con una sensación cálida al escucharlo. La masa no tenía buen color—¿blanco?, ¿gris?, ¿qué era eso?—se había pegado al recipiente y tenía grumos por todas partes. ¿Qué era eso, en serio? — ¿Es comestible? Porque no le daremos eso a Jarvis, capaz que le da otro infarto. —trató de bromear, mientras observaba cómo el rubio iba por los guantes de cocina y sacaba eso—lo que sea que haya hecho—del horno.

—No se ve tan mal, Tony. Podemos, eh… si lo cubrimos de chocolate quizá mejore. —sugirió con una mueca no tan convencido aún—. Sí, pásame el chocolate, por favor. —le hizo señas para indicarle dónde estaba. El millonario se acercó y tomó la manga que contenía el chocolate, mientras tomaba una de las boquillas y se la colocaba. Fue a donde estaba el rubio, y él estiró la mano para que le diera el chocolate, pero un impulso mejor lo atravesó y pasó de largo su mano. Apretó un poco la bolsa de plástico, y un poco de chocolate cayó sobre el rostro de Steve. Él lo miró con sorpresa, y cuando iba a hablar, le volvió a echar.

Tony rió ante el gesto sorprendido, y comenzó a rociarle más chocolate, sin importarle que su ropa se manchara. Steve no tenía con qué cubrirse, así que tomó un poco de harina y se la aventó. Tony tosió mientras trataba de quitarse la harina del cabello, pero fue tarde porque cuando reaccionó Steve ya tenía una manga idéntica a la suya pero con crema fondant. Sin esperarlo, el rubio apretó la bolsa y el ingrediente voló a la playera del castaño. Fue su turno de reír entonces.

No eran especialmente adolescentes o infantes, pero la idea de aventarse ingredientes de pastelería les resultó tremendamente entretenida. La harina, mantequilla, el chocolate, nueces y todo tipo de cosas que encontraban fueron arrojadas de un extremo del cuarto a otro entre risas, gritos y miradas cómplices. Y fue cuando Tony resbaló con la mantequilla tirada en el suelo, que el juego dejó de ser gracioso.

Estaba esperando sentir el suelo, pero no pasó nada porque la mano rápida y fuerte de Steve lo salvó de caer. Su pecho duro y ahora embarrado de comida, fue quien lo acunó. Tony sintió entonces que todo el aire escapaba de sus pulmones al alzar la vista y encontrar la mirada preocupada de Rogers. Sus ojos azules relucían entre toda la mezcla de ingredientes en el rostro y cabello, y sintió que jamás lo había visto tan guapo y genuino. Distinguió un punto de chocolate sobre la punta de su nariz y se puso de puntillas para alcanzarlo en un impulso. Su lengua se deslizó por la longitud y luego sus labios se ciñeron a la punta y absorbió, dejando perplejo y sonrojado al mayor.

—¿Qué ha sido eso? —preguntó todavía descolocado, pero un dedo del millonario se cerró sobre sus labios para callarlo. Percibió otra mancha de chocolate en el cuello y fue a posar los labios ahí ésta vez. Lamió la piel y luego mordió suavemente, jugando. Steve se estremeció por el contacto de esa cálida lengua que cada vez iba descubriendo más y más camino, y no hizo nada más que pasar las manos por la playera embarrada de Tony. Él se separó lo suficiente, y luego juntó sus labios en un beso necesitado. Sus labios se abrieron de inmediato para dar paso a la ávida lengua y permitirle jugar con la suya, mientras las manos del inventor se posaron con firmeza en su espalda para atraerlo más. La atmosfera de repente se tornó caliente cuando una traviesa mano bajó hasta la intimidad de Rogers y le apretó con delicadeza, sacándole un jadeo sofocado por el ardiente beso.

—Vayamos a la ducha. —sugirió Tony con tono juguetón, separándose apenas unos dos centímetros de su boca sólo para poder hablar. Steve se quedó sin palabras, alternando la vista entre esos suculentos labios y lo ojos color chocolate. ¿Qué? ¿Ducha? Su cerebro se desconectó por momentos, pero buscó las palabras para hablar.

—Tienes razón. Esto es un desastre. Ve a bañarte mientras yo limpio. —trató de encontrarle un sentido lógico a esa frase tan comprometedora, buscando de nuevo en sus pulmones el aire que se le había escapado ante la propuesta tan atrevida del millonario. Estaba separándose ya, pero la mano de Tony se entrelazó con la suya para no dejarlo ir.

—Creo que no entendiste bien, Rogers. Vamos a ducharnos ahora, y lo haremos juntos. — le ronroneó con coquetería y depositó un sutil beso en la comisura de sus labios mientras lo jalaba escaleras arriba hacia su habitación. Steve se sintió tan nervios como la primera vez de repente, viendo a un punto ciego mientras era dirigido por el otro hombre. Tony llegó a su recámara jalando a un tieso Steve, y casi aventó al rubio al interior del baño, cerrando con pestillo para asegurarse que el otro no fuera a huir. El rubio iba a rebatirle algo, pero fue silenciado por esos tersos labios que se unieron a los suyos en una candente suplica de atención. Él correspondió mientras sentía esas traviesas manos acariciarlo por encima de la ropa, solo para llegar al extremo de su playera y subirla por el cuello hasta quitársela. Fue cuando se separaron, y Tony pudo vislumbrar el sonrojo y las orejas coloradas del militar. Soltó una pequeña risilla mientras bajaba el rostro y atendía entre sus dientes el erecto y delicioso pezón rosado. Steve gimió quedamente.

—Eres un inmoral, ¿lo sabías? —murmuró tratando de guardar la calma ante la cercanía del otro, pero sus mejillas rojas lo delataban. La lengua de Tony, sus dientes… dios, esas manos buscando la hebilla del pantalón para abrirlo. Y él, un tanto inexperto y temeroso, guardándose sus manos a los costados. ¿ducharse juntos? Eso superaba todo, en serio.

—Y tú disfrutas de mi inmoralidad. —le acusó divertido. En un rápido movimiento, sus labios ya estaban de nuevo contra los del militar, robándole el oxígeno de manera necesitada. Steve tembló y quiso apartarlo, pero había sido demasiado ya el juego. Tomó entre sus manos las mejillas de Tony y lo obligó a abrir más la boca, metiendo su lengua y danzando con la otra, con sus labios moviéndose frenéticamente queriendo arrancarle todo rastro de burla. Stark se derritió ante el increíble beso que le estaba dando, y gimió y se revolvió para sentirlo más. Sus dedos curiosos bajaron hasta su propio pantalón e intentó abrirlo, pero Steve robaba tanta de su concentración en ese beso que no lo logró.

Fue el mismo rubio quien se separó y desabrochó su botón y bajó el zipper. Después tomó la playera del castaño y se la sacó en un tirón fuerte por la cabeza. Tony jamás había sentido tanta urgencia y necesidad de parte del ojiazul, pero eso le excitaba demasiado. Fue Steve quien acabó con las últimas prendas de ambos. Tony lo tomó de la mano y juntos entraron a la ducha, que se activó en cuanto ellos pusieron un pie dentro.

Stark no perdió oportunidad y se lanzó contra esos gruesos y rosados labios, mientras sentía el agua tibia recorrer su cuerpo que estaba subiendo de temperatura. Sus manos se pasearon con ansiedad por todo el cuerpo duro y trabajado de Steve. El rubio se separó lentamente de él, mientras el vapor iba fluyendo. Tony le sonrió gatunamente y se llenó las manos de jabón, pasándolas después por los rubios mechones sucios de comida. Rogers imitó su gesto y de un momento a otro estaban ambos llenándose de jabón entre risas y ardientes besos. Era claro que Steve jamás habia hecho nada de estas cosas, pero aprendía rápido.

Tony tomó entre su mano la semi-erección del militar y la juntó con la suya en iguales condiciones. Ambos jadearon ante el contacto y él comenzó un suave vaivén de sus caderas acompañando el sube-baja de su mano por las extensiones. La respiración acelerada de Steve se mezclaba con el sonido del agua cayendo sobre ellos, a juego con sus mejillas sonrojadas y sus ojos azules fijos en él. No aguantó un minuto más y se acercó a su cuello, mordiendo levemente la zona mientras ascendía hasta llegar a la oreja del mayor.

—Quiero que me toques, Steve. Quiero sentir tu mano, tus movimientos… a ti. —quizá la ducha o el momento le habían provocado decir esas sucias palabras, o probablemente no había influido nada, sólo su deseo por sentir la mano de Rogers tocándolo. Tras la indecisión que mostraron los ojos azules, finalmente Steve se decidió a llevar su mano a la dura extensión del millonario, tocándolo con cuidado y delicadeza. El castaño le dio un tirón al movimiento que tenía sobre su miembro, y tras un gemido ahogado, Steve tomó con firmeza la dureza de Tony. Él gimió mientras sus labios se pegaban a los del mayor—. Imita mis movimientos. —y lo besó de la manera en que pudiera comunicarle su urgencia.

Se masturbaron mutuamente por largos y placenteros minutos, gimiendo entre besos y mordidas, esperando llegar al clímax pero que el momento no acabara nunca. No supo por qué lo hizo, quizá fue algo inconsciente, pero Steve llevó la palma de su mano hacia la erección dura del castaño, frotándola sobre la cabeza cubierta de su pene. Tony sintió un latigazo de excitación enorme que le recorrió todo el cuerpo, haciéndolo jadear más fuerte, excitando al militar. Repitió una y otra vez el mismo movimiento hasta que sintió cómo las uñas del menor se encajaban en sus bíceps. Se corrió tan fuerte que manchó sus abdómenes, pero el agua se lo llevó todo. Jadeando aún, presa de los últimos latigazos del orgasmo, cayó de rodillas frente a la deliciosa erección y la metió en su boca sin pensarlo dos veces. Steve gimió con sorpresa y se pegó a la mampara de la ducha, mientras su propio orgasmo se avecinaba con fuerza. Trató de apartar a Tony pero él se negó, y tras un lengüetazo en su hendidura, terminó por venirse dentro de su boca.

Ayudó a Stark a ponerse de pie y juntó sus labios en un beso necesitado, saboreando su esencia directamente de la boca que lo había tomado todo. Se separaron y una sonrisa adornó los labios del excéntrico hombre. Él repasó esa sonrisa con su dedo pulgar, mientras lo observaba detenidamente. Sus mechones castaños pegados a su cara, la barba cortada perfectamente, sus ojos voraces y un pequeño sonrojo en las mejillas. Su sonrisa era sexy y una advertencia de problemas, pero Steve se había hecho la idea de que no todos los problemas eran malos.

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Thor se estiró como un gato recién levantado mientras bostezaba ruidosamente. La noche anterior no habia dormido casi nada por tener sexo con Loki. A veces era tan insaciable. Bueno, él mismo lo era también. Eso le encantaba del pelinegro, que podía ser impredecible, juguetón… quizá un poco masoquista en algunas ocasiones. Se pasó la mano por la barba rubia, mientras volvía a tirarse en su puesto. Seguía siendo un agente encubierto, así que estaba de nuevo en la estación de policías. Acomodó un rebelde mechón rubio que se había zafado de su coleta baja, y alzó la vista cuando sintió una presencia frente a él.

—Pensé que algo malo te había pasado. —murmuró con una mueca de preocupación mientras se acercaba dos pasos más hasta quedar frente al escritorio—. ¿Cómo estás?

—Mucho mejor Jane, gracias. —le aseguró con una sonrisa, dejando en claro su confusión al verla ahí. Generalmente su secretaria le avisaba cuando tenía una visita, pero… bueno. Jane era reportera. Tendría sus mañas para infiltrarse en lugares, ¿cierto? — ¿Por qué pensaste que algo me había pasado? —cuestionó mientras se ponía de pie y rodeaba su escritorio para llegar a ella.

—Ayer estuve marcándote, y no contestaste ninguna llamada. —si su tono sonó como un reproche, poco le importó. Recibió con gusto el beso que Thor depositó en su frente y luego en su mejilla. Él negó con una sonrisa, sin tomarse muy en serio su comentario. Iba a decir que lo sentía, jane sabía eso. Así que no esperó a que él hablara—. Por hacerme preocupar tanto, quizá deberías invitarme a comer algo. —le sugirió con una sonrisa despreocupada—. Después de todo no he comido nada desde la mañana, y hay un restaurante que sirve unos platillos deliciosos por aquí cerca. —y se pasó el flequillo detrás de la oreja. Thor rió con ganas, mientras la tomaba por los hombros.

—¡Bien, bien! ¡Tú ganas! Pero iremos a comer con la condición que haya helado como postre. —ella asintió con una gran sonrisa—. Deja voy a cambiarme la ropa del trabajo, y nos vamos. —apretó ligeramente sus hombros y entró por una puerta no muy lejos de ahí. Jane suspiró con una sonrisa tenue en los labios, mientras seguía sintiendo la calidez de esas grandes manos apretando sus hombros. ¿Por qué era tan estúpida?

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—¿Traje beige o marrón? —preguntó una voz dentro del gran armario. Steve secó sus mechones rubios con la toalla, y luego la pasó por sus musculosos brazos.

—Beige. —recomendó mientras se quitaba la toalla diminuta que cubría su intimidad y se ponía rápidamente los bóxer. Siguió secando su cuerpo, mientras observaba con ojos curiosos la habitación de Tony. Para ser un hombre excéntrico, ese lugar en especial era bastante minimalista. Eso le agradaba. Alcanzó sus jeans y se los puso seguidos de los calcetines.

—Buena elección. La corbata roja combinará con la camisa blanca y… —guardó silencio al ver el escultural cuerpo de Rogers a la mitad de su habitación. Sólo traía la parte inferior colocada, dejando a su vista su exquisito pecho trabajado. Pasó saliva y recorrió su cuerpo sin importarle que el otro lo viera como un pervertido— ¿Tengo que ir al trabajo? ¿No puedo quedarme en casa y trabajar contigo? —sugirió divertido mientras se acercaba al otro hombre y posaba sus manos a la altura de sus pezones.

—No, Tony. Tienes que ir a la oficina. —le ordenó con la punta de las orejas roja, por tantas cosas desvergonzadas que de repente soltaba el millonario. Juntó sus labios en un casto beso y luego él mismo comenzó a abrochar los botones de la camisa blanca que el otro traía puesta. Tony ronroneó mientras sus dedos pellizcaban sus pezones con coquetería.

—Dame una buena razón para ir al trabajo. —le susurró en la oreja, mientras mordía su lóbulo y depositaba pequeños besitos y lametones por la zona. Steve carraspeó alejándose lo suficiente para verlo con el ceño algo fruncido.

—La señorita Potts no se hará cargo totalmente de tu empresa, dale un descanso. —y eso pareció hacer reaccionar a Tony, quien asintió repetidamente con la cabeza como un niño pequeño que ha sido condicionado. Dejó que Steve terminara de hacer su labor y le dio otro pequeño beso en los labios, mientras iba al espejo y se acomodaba la corbata—. De todas formas no iré la jornada completa, tengo que estar al pendiente del loco de Jarvis y-

—Lo cuidaré yo toda la tarde, Tony. Estará bien. —le cortó las palabras mientras se ponía la playera roja que había traído. El millonario lo miró a través del espejo de cuerpo completo, y cuando sus miradas se encontraron el en reflejo, se sonrieron sutilmente. Steve le hizo un ademán con la mano y salió de la habitación para dejar que terminara de arreglarse. Él dejó el nudo de la corbata a medio hacer, y se miró a sí mismo en el espejo. ¿Merecía todas estas cosas buenas que de repente se habían cruzado en su vida? ¿La vida le cobraría algo a cambio de poner a Steve en su camino?

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—¿No se cansan de follar como conejos? —preguntó con burla mientras se abría paso entre las mesas del restaurante. Loki a su espalda le soltó un pequeño golpe a modo de juego en el hombro, por hablar tan fuerte en un lugar público. Él se encogió de hombros y siguió caminando tras el mesero. Llegaron a su mesa y tuvieron un momento de silencio mientras leían la carta. Pidieron su comida y esperaron a que el mesero se marchara.

—¿Y tú? ¿Ya te aburriste de Steve? ¿Sigues teniéndolo en tu cama? —cuestionó con sorna. El mutismo que acompañó al castaño sólo lo hizo sonreír— ¡Oh, quién lo iba a pensar! ¡El grandísimo Tony Stark durmiendo con alguien más de dos veces seguidas! Me sorprendes en verdad. —pero el comentario sólo los hizo reír, porque ambos sabían que detrás de todo, estaba el apoyo de Loki para con él. De camino al restaurante le había dicho que pisara con cuidado el terreno, porque la línea entre tener sexo por placer, y tener sexo por sentimientos podría fusionarse si no se medía. Porque Steve era un buen hombre del que cualquier persona podría enamorarse. Y aquello dejó pensando a Tony un largo rato.

Estaban conversando y peleando animadamente como siempre, cuando Loki de repente guardó silencio. Sus ojos verdes se desviaron a las dos personas que acababan de entrar a ese local, y casi se le fue la respiración al darse cuenta que quien entraba era Thor. Y tenía compañía, pero no vio quién era. Tony volvió la vista al sentirse ignorado y distinguió que el ojiverde veía. Ambos se sumieron en un silencio incómodo. El hombre más alto de repente se puso de pie sin decir nada, y al millonario no le quedó más que seguirlo a donde quiera que estuviese yendo. Se acercaron a la mesa donde los otros estaban.

—Hermano, qué sorpresa encontrarte aquí. —habló animadamente, aunque con un toque venenoso en la voz. El rubio se encontraba sentado solo en la mesa. Quería hacerse a la idea que probablemente él hubiera imaginado que había otra persona con él. Thor lo miró con sorpresa, pero antes de que pudiera hablar, alguien más lo interrumpió.

—¿Loki? —y él desvió la vista para encontrarse con su pesadilla en carne y hueso. Jane Foster estaba frente a él mirándolo con una sonrisa y los ojos bien abiertos. Se quedó sin palabras mientras la chica depositaba un beso en su mejilla y luego saludaba a Stark, quien se presentó con exquisitos modales—. Thor, ¿por qué no me dijiste que tu hermano y tú se habían arreglado ya? ¡No lo mencionaste jamás! —le dio un pequeño golpe en el brazo, reprochándole el hecho de no mencionarle que por fin sus diferencias habían quedado a un lado. Loki sintió que algo en su interior se estremecía cuando se dio cuenta de todo: Thor no le había contado nada sobre él a esa mujer, y por consecuente, tampoco de su actual relación—. Pero mira las vueltas de la vida, estás aquí ahora. —se dirigió nuevamente hacia él con una sonrisa—. Me alegro mucho de volver a verte, Loki. Estás más guapo y alto, supongo que traerás a más de una chica babeando por ti. —comentó con gracia Jane. El ojiverde iba a soltar un comentario venenoso, pero la mano de Tony apretando su rodilla por debajo de la mesa se lo impidió.

—A más de una, lo puedo asegurar. —y sus ojos chocaron con la mirada de Thor. Pero él se tornó gélido, porque era algo que simplemente no podía dejar pasar por alto.

Sin las intervenciones de Tony no hubieran llegado en el momento preciso, estaba segura que esa comida habría sido la más amarga de su vida. El millonario salvó todo el escenario con chistes y anécdotas que traían fascinada a Jane, quien preguntaba sin parar sobre la vida de uno de los hombres más famosos de toda Nueva York. Él contestaba con el ego por las nubes, tratando de incluir a los hermanos en la plática. Pero Thor simplemente reír forzadamente, y Loki se veía obligado a decir monosílabas mientras acuchillaba con odio su carne.

Finalmente el martirio pasó cuando Tony se puso de pie alegando que el trabajo lo esperaba, y Jane lo secundó disculpándose también por marcharse. Como los hermanos no estaban muy participativos y la tensión entre ellos se podía palpar, Stark se ofreció—obligadamente—a llevar a Jane hasta su trabajo porque le quedaba de paso, haciendo que ésta prácticamente brincara de la emoción. Tener un amigo famoso era un gran distractor.

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—Cállate. No quiero oírte. No quiero escuchar tus excusas baratas, tus argumentos sin sentido. —le rugió cuando Thor trató de seguir con su monologo de disculpas mientras caminaban por el pasillo rumbo a su departamento. Había accedido a regresar con él a casa para escucharlo, pero cada vez que una palabra salía de esa boca se enojaba más y más. Ya estaba harto. Su inseguridad había crecido al máximo en cuanto la vio. No la estaba soñando, ella había vuelto—. Me molesta que no le hayas dicho a esa mujer lo que hay entre nosotros, ¡no tienes motivos para ocultarlo si tanto dices amarme! —se volteó hacia él con los ojos inyectados en reproche, pinchando al rubio directo al corazón.

—Lo sé Loki, pero simplemente no se presentó la oportunidad y-

—¿No se presentó o evadiste el tema siempre que pudiste? —cuestionó con una sonrisa irónica—. Es obvio que no se lo dijiste porque en el fondo sigues enamorado de ella, ¿verdad? —susurró con odio mezclado con dolor y la barbilla endurecida. Las facciones en su rostro se tornaron oscuras.

—¿Qué? ¡Por supuesto que no! —rebatió mientras ambos entraban al departamento y él cerraba con fuerza la puerta, haciéndole notar al menor su desesperación—. Si ella me gustó fue hace muchos años, cuando la conocí… ahora te tengo a ti, Loki. Te amo a ti y no hay nadie más en mi corazón. —le murmuró acercándose, poniendo sus manos sobre sus hombros. El ojiverde no negó el contacto, pero ladeó el rostro cuando Thor iba a darle un beso en la boca. El rubio suspiró con cansancio, y luego lo miro sin apartarse—. Estoy harto de tus inseguridades, te digo que te amo pero tal parece que no lo crees, ¿qué quieres que haga para que lo comprendas? —le pidió, mientras acariciaba los brazos del mencionado. Él se separó del contacto, sin importarle parecer un niño berrinchudo.

—Díselo. Dile que estamos juntos desde hace mucho tiempo y que me amas. Entonces te creeré. —mencionó con saña, con veneno. Los recuerdos de años pasados lo atacaron, los celos enterrados por ella surgieron nuevamente. Porque él sabía lo que jane Foster significó para Thor en su tiempo, y si ahora no le había dicho que estaba ya con él, era porque en el fondo, seguía queriéndola. ¿Quién negaba a su pareja frente a los demás? Quizá él no era tan importante en la vida de Thor como lo quería pensar. Se dio cuenta que en realidad, no era indispensable en la vida de nadie. Y por el silencio que siguió su frase, se dio cuenta también que Thor no lo haría. Que la prueba que le pedía no iba a cumplirla. Y eso lastimó más su herido y negro corazón. Iba a decir las palabras más hirientes para él, que terminarían con esa relación absurda, pero dos golpes en la puerta lo distrajeron. Respiró hondo y trató de calmarse mientras iba a abrir con dedos temblorosos.

Sus ojos conectaron con el pasado, los recuerdos, con las dudas, la incertidumbre y el rencor. Su mente viajó nuevamente a las risas, al llanto, a los regaños, a las continuas preguntas. Se vio sumergido en los secretos, los descubrimientos. Se ahogó entre su infancia de tormentos. Una sonrisa hipócrita surcó su rostro cuando reconoció los ojos fríos del hombre que le dio un hogar, pero le quitó a su familia. Del hombre que lo cobijó, pero que jamás lo quiso. Odín estaba en la puerta, mirándolo desde arriba, como siempre lo había hecho.

Y traía una maleta en mano.

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Bueno, los avances de éste capítulo en adelante serán más rápidos, y ya podremos ir descubriendo por completo a los personajes. Espero que hayan disfrutado éste capítulo, porque el drama está por venir en la pareja principal xD

Espero actualizar en un par de semanas, que es la fecha en que mis exámenes finalizan )O) por lo mientras cuídense mucho :D

¡Un beso enorme!

Chiidory: muchas gracias por tu hermoso comentario, de verdad :D me alegra que la historia te guste 3 ¡Un beso enorme!

Naoki : no te preocupes, te comprendo totalmente. Esto de la escuela nos terminará por demacrar xD Bueno, puedes empezar a odiarla ahora, pero sólo poquito xD si lo vemos de su punto de vista, ella no es culpable de querer a Thor, y seamos sinceros, las personas llegan en los momentos menos adecuados por una razón. Mucha suerte en la Universidad. ¡Un beso enorme!

Darkmoon: tus comentarios aparte de ser los más largos, me encantan. Tengo que decir que son mis favoritos porque analizas cada parte del capítulo, eso me encanta. Lo de Jarvis ya lo tenía pensado desde el principio, aunque bueno, lo que le pasó es algo que va a unir más a Steve y Tony. Natasha es uno de mis personajes favoritos, pues creo que tiene mucha tela de donde cortar todavía, y aún falta su pasado, lo he estado uniendo en este tiempo que no he podido escribir, así que ya la veremos más atormentada por sus demonios personales. Sobre el futuro de ella aún no lo tengo muy bien estructurado, así que no puedo adelantar nada. Precisamente hice sólida la pareja Thorki, para demostrar que ni aún en una relación estable todo es felicidad. Siempre quise mostrar el otro lado xD las inseguridades, las cosas que no se dicen y el pasado, serán el detonante para esta relación, pues como ya vimos a ésta bomba de tiempo se les ha sumado Odín. Respecto a tu duda, no es nada de eso, simplemente me gusta jugar con los nombres de los personajes, ya sabes xD sobre la película, sí es esa, se me pasó horriblemente poner la referencia, puesto que la vi y me pareció muy buena y quise conectar la metáfora de la película con el fic. He estado trabajando y buscando nuevas ideas para otro futuro fic, y tengo algo en mente pero la historia sería dentro del Universo de superhéroes, ya no un AU, aunque primero tengo que leerme algunos cómics para sacar ideas xD aunque a esta historia todavía le cuelgan unos largos capítulos, así que creo que me dará tiempo para estructurar otra idea sólida. Igual y me daré un tiempo para descansar porque ésta historia se está llevando todo de mí xD respecto a tu pregunta, lo que más odio del fandom es sinceramente el Mpreg. ¡No me gusta! He leído algunos fics que son bastante buenos y lógicos, y los acepto, pero no me cabe en la cabeza la idea de que un hombre conciba una vida sin tener matriz, y bueno… simplemente no xD tampoco los repudio, pero si en las advertencias leo que hay Mpreg me paso los fics de largo a menos que me los recomienden. No estoy tratando de ofender a ninguna autora, pues habrá a lectores que les guste, y lo respeto. Además, una cosa es que los embaracen, y otra que se porten como niñitas. No me gusta eso. Tampoco me gusta leer todo lo que tú pusiste que también odias, creo que son estereotipos que funcionaron en algunos fics y de repente estaba por todo lugares. Nos leemos muy pronto ¡Un beso enorme!

Danielle Angel: ¡Ya no mueras, por favor! Aquí estoy ya xD siento muchísimo la tardanza, pero espero volver en poco tiempo y estar constante. Espero que el capítulo haya sido de tu agrado y nos leemos muy pronto ¡Gracias por leer! ¡Un beso enorme!