¡Hola!
He vuelto a la fecha prometida ahora sí xD
Ya un año de publicar esta pequeña historia, ¿quién lo diría? planeaba para esta fecha entregar el capítulo final, pero las cosas se me han puesto difíciles y aún faltan algunos capítulos para concluir aquí.
GRACIAS a todas las personitas que me han estado acompañando en este viaje siempre, a quienes llegaron a la mitad, a quienes acaban de hacerlo, a TODOS. No saben lo feliz que me hacen cuando recibo algún comentario, lo bien que me siento cuando sé que les gusta esto, y bueno... sin ustedes esto se hubiera estancado, ya saben. La motivación principal de un autor es que la historia guste y que comenten, y he recibido tanto apoyo de su parte, que sólo quiero que estos capítulos que faltan los disfruten porque van con todo mi amor.
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Capítulo 28.- Una rosa blanca
Sus ojos viajaron nuevamente al rostro del guapo hombre que lo acunaba entre sus brazos, haciendo lucir a Tony Stark como un pequeño niño. Se sentía reconfortante tener a Steve ahí, de vuelta, apoyándolo a pesar de saber ahora su historia. Sabía lo que había hecho, que se equivocó, que por su venganza muchas personas perdieron su hogar, los esclavizaron, e incluso perdieron la vida a manos de terroristas que usaron sus armas. Pero mientras acariciaba el pecho de Steve, sintió un beso firme y dulce sobre su cabello, y una mano acariciando sus mechones.
El silencio se agrandó por tanto tiempo, que fácilmente permanecieron una hora así, envueltos entre las sabanas y el calor de sus cuerpos desnudos. Steve era realmente cálido, y su presencia lo hacía simplemente querer disfrutar las cosas. Transmitía alguna especie de paz interna que lograba que sus sentidos siempre alerta y sus neuronas agitadas se volvieran estúpidas. Era un efecto raro el que ejercía sobre él. Sentía la necesidad de decirle algo, de hacer que aquella escena cursi—que tenía altas dosis de azúcar que le afectarían el corazón—se convirtiera en algo más.
—Steve, gracias. —sin embargo, y contra sus propios pronósticos de hacer algo para romper la atmosfera que estaba ya picándole los ojos, se escuchó a sí mismo dando por primera vez un agradecimiento a alguien, hablando con el corazón—. Yo… —
—Shh… —le calló, poniendo un dedo sobre sus labios y atrayendo su mentón para darle un beso de labios cerrados, simplemente el contacto. Ese que hizo que algo dentro del millonario se encogiera con vehemencia. Tony se removió un poco, dándose media vuelta para tomar una mejor posición encima del cuerpo más grande, chocando sus pechos desnudos y calientes. Sus manos se pasearon con libertad y conciencia por todo aquel fornido pecho, a la vez que el beso iba tornándose más profundo, pero sin ser tosco o agresivo. Las manos del rubio recorrieron su espalda y llegaron a su trasero, apretándolo ligeramente y atrayéndolo a su cuerpo. El castaño soltó una risita y se separó algunos centímetros para poder observar sus grandes gemas azules.
—Creo que tienes algo con mi trasero, desde la última vez. —entrecerró los ojos y no apartó su mirada de Steve cuando éste de repente se puso rojo al igual que sus orejas. Tony soltó una carcajada ésta vez y se separó por completo, volviendo a su posición del lado derecho de la cama. Cruzó las manos tras su nuca y respiró hondo antes de hablar. Porque tenía una curiosidad muy grande, y él no se guardaba las cosas que quería saber—. Cuéntame sobre ti, Rogers. ¿Cómo era la relación con tus padres? Te conté mi vida y exijo una historia de regreso. —quizá fuera un idiota por terminar siempre sus frases de este modo, pero era inevitable hacerlo. No estaba en sus venas querer que las personas descubrieran cuándo estaba realmente interesado en algo. Steve se giró lentamente hacia él, enterrando casi la mitad de su rostro en la almohada.
—Bueno… crecí en una familia acomodad económicamente. Mi padre, Joshep, era Capitán en el ejército, y mi madre, Sarah, enfermera en las guerras. —hizo un suave silencio, paseando sus ojos azules por la ventana, capturando para él los primeros rayos del Sol—. Casi nunca los veía porque constantemente estaban entrenando, o en acción. Viví la mayoría del tiempo con mis tíos, quienes me dieron todo el amor que nunca recibí directamente de mis padres. Pocas veces veía a papá, pero recuerdo vagamente que él solo frotaba mi cabeza con su mano y eso era la mejor muestra de afecto que yo podía recibir. —sus dientes blancos relucieron maravillosos en la sonrisa triste que trajo como consecuencia que a Tony se le apretara ligeramente el corazón.
—¿Nunca los… ya sabes, odiaste por no tener tiempo para ti? —su voz se deslizó como un murmullo para no escucharse tan crudo ante la pregunta que había lanzado. Steve hizo una mueca, pero respondió de inmediato:
—No. comprendí que ellos tenían un trabajo, y que todo lo que poseía era gracias a ellos. Así que me esforcé en mi educación para que sintieran que sus esfuerzos no eran en vano. Mamá llegaba agotada todos los días por la noche, pero aún tenía la suficiente fuerza como para contarme un cuento si yo estaba despierto aún. —se giró, imitando la pose de Tony al cruzar sus brazos detrás de su nuca y mirar el techo con expresión melancólica—. Cuando estaba solo en casa sin nada que hacer, dibujaba. Se volvió una costumbre hacerlo para no sentirme solo, y después se volvió algo sin lo cual no me sentía completo. Dibujar siempre fue un medio para no pensar en mis padres arriesgando sus vidas en los campos militares. Era aún pequeño cuando me interesó el arte en su totalidad. —sus labios se fruncieron, haciendo una delgada línea blanca, como si se negara a continuar.
—¿Por qué te metiste al ejército, entonces? —cuestionó, observando con ojo crítico al fornido y escultural pecho subir y bajar con cada profunda respiración—. Serías un buen artista. —señaló como un alago, a pesar que no sonó como tal. A su mente vinieron los dibujos que había podido ver en su libreta de bocetos. Aquellos paisajes, aquellos rostros… la mujer bonita. Y todos y cada uno guardaban un tinte de tristeza. Tony no era crítico para saberlo, pero sí lo suficientemente observador para notarlo. Se preguntó vagamente, de nuevo, cómo se sentiría ser dibujado por esas increíbles manos.
—Iba a hacerlo. Pero entonces papá volvió del ejército y se enteró. Dijo que aquella era una profesión que me mataría de hambre y no lograría ser nada, que el arte era una simple distracción para la gente ociosa. No hice caso y seguí dibujando hasta casi mi adolescencia. Después de la escuela escapaba e iba a las pequeñas exhibiciones de arte en el pueblo, era… maravilloso. Era una gama de sentimientos, de expresiones, de formas de dibujar… —sus ojos azules se tornaron soñadores, regresando por un momento a su época y trazando en sus recuerdos colores y rostros, olores. Todo aquello que él amó—. Las cosas se complicaron cuando mi padre encontró mis dibujos escondidos en mi recámara. Los rompió todos y me dio un par de cachetadas, también. Fue el primer día que me atreví a retarlo, y el último. —
—¿Te obligó a dejar el Arte, te arrastró al Ejército? —no podía ni quería para su lengua. Era inevitable no sentir esa curiosidad, porque joder, Steve parecía el tipo de persona que había llevado una vida fácil y amorosa, donde son unidos. No esta clase de vida que estaba revelándole, y que admitiéndolo, le hizo sentir cierta pena por él. ¿Por qué Steve, entonces, era un hombre tan bueno? Tenía que tener un corazón enorme para hablar de su familia y no fruncir el ceño o despotricar en su contra. Se recordó, con cierto reproche, que no todos eran como él.
—Él no me obligó. Yo mismo lo hice. —respondió sencillamente, ladeando el rostro y encontrando a su paso el mar chocolate de los ojos del castaño—. Mis padres fallecieron en la guerra tras una explosión en su campamento. Así que mis tíos se hicieron cargo de mí y de la fortuna de mis padres… cuando… —su voz se volvió débil, intentando ahogar los sentimientos que querían brotar por sus ojos, respirando profundo para seguir hablando. Un apretón suave en su hombro le hizo continuar—. Cuando ví sus cuerpos quemados y mutilados, me dije a mí mismo que nunca más dejaría que la injusticia mandara, que gente inocente muriera; que iba a proteger aquello que amaba, a las personas débiles; a los niños, que como yo, esperaban a sus padres soldados regresar a casa.
—Entonces entraste al Ejército y conociste a Bucky, ¿me equivoco? —cuestionó. Steve asintió levemente con una sonrisa remarcada en su rostro. Las manos de Tony no aguantaron tanto tiempo estar quietas y lejos de ese cuerpo que lo llamaba, así que volvió a acurrucarse contra el increíble cuerpo que se mostraba abierto para él. Steve volvió a pasar sus brazos a su alrededor, acunándolo entre sus firmes músculos.
—Nosotros ya nos conocíamos desde antes. Fue siempre mi mejor amigo, el único que estuvo a mi lado y me apoyó en todos los aspectos. Nos enlistamos para el ejército y tuve que entrenar mucho, porque este cuerpo no se formó por arte de magia, o un suero. —la pequeña risita de Tony inundó la habitación, llenándola de una reconfortante paz y calidez. Steve suspiró y metió sus dedos entre los largos mechones oscuros—. Estuve en misiones durante muchos años, y me ayudó bastante estar fuera de casa. Volver era como revivir todo el sufrimiento y los recuerdos, así que me enfoqué en otras cosas. Entonces… —se detuvo un momento, sopesando la idea sobre su lengua, pero decidiéndose finalmente por decirla—. Conocí a Peggy, ya te había hablado de ella. Nos enamoramos y luego ascendí a Capitán. Bucky murió, y… cuando iba a pedirle matrimonio a ella, mi tío enfermó y tuve que pedir un tiempo fuera del ejército. —
Una vez más, el silencio se extendió alrededor de ellos, algo incómodo. Steve pensaba, recordaba con añoranza y tristeza el paso de sus años, la forma en que había sido despojado de su familia y de sus seres queridos. Tony, por su parte, rememoraba las palabras de Steve y de la mujer que amaba. Un vacío se formó alrededor de su corazón, como un abismo que lo estaba comiendo. Así que para borrar la sensación amarga que sintió en ese momento, cazó los labios del militar una vez más.
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Natasha tomó los cabellos del hombre con fiereza, arrojándolo con brusquedad al piso. Después tomó su cabeza y la azotó un par de veces contra el frío mármol, antes de propinarle una patada en el centro del estómago, haciendo que el hombre al que torturaba jadeara de dolor. Tenía el rostro en una gama de colores morados y rojos que anunciaban que la estaba pasando de todo menos bien.
Bajó sus puños y se permitió por primera vez relajar la tensión en sus hombros cuando se dio cuenta de que se había pasado. Estaba tan furiosa consigo misma, que lo único que había hecho para liberar todo el enojo había sido arremeter contra su inquilino. Se quitó sus guantes manchados en sangre y se pasó sus manos desnudas por el cabello rojo. Espiró hondo y verificó que el hombre que estaba tirado enfrente de ella, respirara. Se acomdó la camiseta y los pantalones, y salió del lugar. No, ni siquiera había estado ahí para interrogarlo, sólo golpearlo.
Cuando llegó al baño de damas, se enjuagó varias veces el rostro con agua fría hasta sentir que un poco de la culpa se iba. ¿Qué estaría pasando ahora con Steve y Stark? Quería saberlo, pero pedir informes de ellos o presentarse en su Torre era la cosa más estúpida e hipócrita que se pudiera pensar. Yy si quería conseguir el perdón del rubio, lo mejor era darle algo de espacio y tiempo para arreglar sus problemas y pensar sobre ello.
Con resolución fue hasta el Centro médico, donde el Doctor la espera con una sonrisa pequeña. Quitó el vendaje y el yeso de su brazo y lo analizó por varios minutos, pasándolo después por su máquina tecnológica de Rayos X, sonriendo al ver que el hueso estaba perfectamente acomodado. Le dio algunos masajes y luego tiró de su extremidad, causándole apenas algo de dolor.
—Agente Romanoff, debo felicitarla porque ha tenido un gran y rápido avance en su proceso de curación. Podemos quitar el yeso, pero tendrá que tomar estos antibióticos y darse masajes todas las noches con esta pomada. —y le pasó los medicamentos señalados, haciendo que Natasha formara una línea blanca con sus labios. Odiaba que la medicaran, pero ésta era la mejor noticia que había obtenido recientemente.
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Cuando Loki despertó bastante entrado el medio día, supo que algo malo iba a pasar. Fue un pequeño pinchazo sobre el corazón lo que le dio la noticia. Y eran pocas veces en las que su intuición se equivocaba. Sin embargo no hizo mucho caso, y se dedicó a hacer sus cosas como usualmente lo hacía. Ya había decidido que el Café podrían abrirlo sus empleados, y él no tenía porqué ir si no quería. Se enjuagó el rostro varias veces hasta que quedó un poco satisfecho con su demacrada apariencia. Se notaba cansado y estresado, con bolsas debajo de sus ojos.
Caminó lentamente por el pasillo, esperando ver a Odín viendo la Televisión y Thor a su lado. Pero no lo encontró. Encontró algo mucho peor. Sus ojos se desviaron al comedor, donde sobre la mesa reposaba con elegancia el almuerzo puesto. Había desde pan, pasando por jugo, fruta, sopa, algún que otro aperitivo, galletas, su infaltable té… y todo estaba servido para dos.
Sus palabras murieron sobre sus labios cuando Thor surgió de repente con una increíble sonrisa en sus labios, el delantal puesto, y una rosa blanca sostenida entre sus fuertes dedos. Sus cabellos estaban amarrados sutilmente en una coleta baja, como a él le gustaba verlo. Sólo que ésta vez una sensación amarga le revolvió el estómago.
—Sé que no te gustan esta clase de detalles, pero quise permitirme hacerlo. —murmuró con un tono grave de voz, andando sutilmente los pasos que los separaban. Loki se quedó en su lugar cuando escuchó de la radio provenir la música clásica que tanto le gustaba—. Odín no está, me avisó ésta mañana que saldría todo el día a visitar a un colega, eso nos deja el día para nosotros. Hemos peleado mucho últimamente, Loki, y lamento eso. —bajó sus ojos azules y una sonrisa triste adornó sus labios—. Pero tú no me dices lo que pasa, no sé qué te atormenta o en qué estoy fallando, y no puedo arreglarlo si no me lo dices. Quiero que estemos bien, como antes. Yo… sabes que te amo. —finalizó, estirando la mano y brindándole al ojiverde la rosa que le había traído especialmente a él. Se podía observar fresca y recién cortada.
—Ese es el problema, Thor, ¡tú nunca sabes ninguna maldita cosa que me pasa! —bramó con rabia, con furia. Tomó la rosa blanca y la aplastó entre sus manos ante la mirada sorprendida del mayor. Pétalo por pétalo la destruyó y aventó en el piso—. ¡Eres un idiota, siempre lo has sido! ¡Lo peor es que creí en ti, siempre lo hice! Pero tú… tú… no mereces que yo te ame, ¡lo que dices es mentira!, ¡si me amaras le dirías a Odín de nosotros! ¿Por qué no lo has hecho? —le exigió saber. Con manos temblorosas pero fuerza sorprendente, tiró todo al piso. La comida cayó estrepitosamente, y con ella, las primeras lágrimas amargas de Loki, que el rubio de barba hace muchísimo tiempo no veía.
—Nadie necesita saber de nosotros y lo que tenemos, Loki. No cuando somos felices de esta forma, ¡padre intentaría separarnos si se enterara!, yo no quiero esto, quiero estar contigo sin que haya nadie que nos mire mal por la calle, o tener que lidiar constantemente con las amenazas y los reproches de Odín, ¡quiero evitarte los tragos amargos! —trató de hacerle entender de cualquier manera posible que era para él todo lo que estaba haciendo. Thor trató de controlar la oleada de rabia que sintió al ver el desayuno en el suelo, aquel en donde había puesto su empeño.
—¡Ya lo hizo, idiota!, y tú no estás dándote cuenta. —le rugió picoteándole el pecho con su dedo índice. Después aquello se convirtió en un mar de reproches y palabras ininteligibles de parte del pelinegro, quien ya lanzaba golpes a su pecho como un niño pequeño. Thor tomó sus muñecas entre sus manos con fuerza para que dejara de hacerlo y le explicara, pero Loki inmediatamente se separó de su agarre y trastabilló dos pasos hacia atrás—. ¡No soporto más esto!, ¡púdrete, Thor! —y se giró sobre sus pies casi corriendo hasta llegar a su habitación donde cerró la puerta con pestillo y fingió no oír los gritos de su hermano.
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—Me alegra verlo tan repuesto, Señor. —Tony gruñó ante el saludo de su mayordomo, deslizándose por uno de los asientos del desayunador. Frente a él, Jarvis cocinaba algo para darle. No se molestó en preguntar lo que era.
—Steve y tú terminarán matándome, haciendo complots hacia mí. —trató de sonar ofendido, pero dejó entrever un tinte de gratitud implícita en el regaño. Rogers le había contado su plática con Natasha y Loki, y él no podía sentirse sino extraño. Curiosamente, no odiaba a la agente Romanoff. Bien, le había jodido lo que tenía con el rubio algunas horas, pero por suerte todo estaba normal… quizá mejor que nunca. Y eso le ponía curiosamente feliz. Él no habría sido capaz de contárselo, pero que Steve estuviese consciente qué tipo de persona era Tony, le aligeraba la carga de los hombros.
—Señor, ¿puedo hacerle una pregunta? —cuestionó sencillamente, dándose media vuelta y dejándole ver a Tony sus increíbles y profundos ojos grises. Jarvis depositó una taza de café, algunas galletas y un plato con fruta frente a él. Esperó pacientemente a que su jefe tomara un largo sorbo de su bebida, tomándose su tiempo para responder.
—Aunque diga que no, vas a hacerla. Así que hazlo rápido porque tengo que ir a la oficina. —respiró hondo antes de darle el primer mordisco s u fruta perfectamente picada en su plato. A ciencia cierta, las preguntas de Jarvis siempre implicaban más de una situación, y lograban descolocarle de una forma tal que le hacía tener precaución. Al parecer, era alguien que lo conocía como la palma de su mano.
—¿Perdonará a su padre algún día? —lanzó rápido el golpe, atinando a donde quería llegar. Tony bajó su cubierto y se limpió calmadamente la comisura de los labios, enfocando en él sus ojos cafés—. Si me lo permite, es usted mucho más que mi jefe. Y su padre, quien tampoco era sólo mi jefe, no perdonaría que me limitara a guardar silencio en una situación parecida. —Tony disimuló una sonrisa irónica al pensar en Howard.
—Como si alguna vez le hubiera interesado mi situación a Howard. Y él ya no está aquí para perdonar o dejarse perdonar nada. —escupió las palabras con un tinte de amargura que no pasaron por alto ante la experiencia de Jarvis. Él se acercó de nuevo al castaño, tanteando el terreno y dejando circular entre ellos un par de minutos, antes de proseguir:
—Pero está usted. —murmuró, comprendiendo de pronto. Tony dio un último trago a su café y se alejó por el pasillo. Después giró el rostro levemente y anunció en voz alta:
—Howard fue un buen hombre quizá, pero no un buen padre.
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La última maleta cayó a los pies de la puerta. Loki ni siquiera se giró cuando Thor lo tomó del brazo para detenerlo. No habló cuando las palabras imploradoras de Thor resonaron bruscas y lejanas en la sala común. Apretó su corazón y dejó que el silencio interior lo hiriera. Porque era suficiente, y él no soportaba aquel calvario. Dio una mirada rápida al comedor, y se dio cuenta—casi con culpa—de que el desayuno seguía en el suelo, hecho trizas, junto con la rosa blanca.
Se mordió levemente el labio inferior cuando tomó sus maletas y éstas lastimaron sus pequeños cortes que se había hecho con las espinas de la flor. ¿De esta forma dañaba el amor? Sin darse cuenta, de repente decidía tomar algo más y se daba cuenta que estaba herido. Vaya estupideces. Así que dejó las llaves del departamento que había decidido con toda la resolución abandonar, y partió escaleras abajo, llamando a un taxi y perdiéndose por las transitadas calles de Nueva York, ante los ojos acuosos de su amante.
Thor llevó las manos a sus cabellos y suspiró con frustración, porque todo era horrible y no tenía sentido. No lo tenía.
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Steve estaba terminando de arreglar el desastre del taller. Le pareció perfecta la oportunidad de hacerlo cuando Tony se había ido a la oficina sin pasar por ahí. Todo aquello le traía un amargo apretujón al corazón, donde parte de la culpa era suya. Había pensado en ir a S.H.I.E.L.D. y renunciar, pero se encontraría con Natasha, y no tenía el valor de enfrentarla en estos momentos. No, no la odiaba. Se había convertido en una buena amiga en este tiempo, pero no era fácil dejar a un lado lo que había hecho.
Analizándolo todo, se dio cuenta que era su misión, su trabajo. Y ella vivía para la Organización. Era su deber, también. No podía arriesgarse y prejuzgar erróneamente, como le había pasado con Tony. Le pediría una explicación, pero aún no era tiempo de hacerlo. Se sentía demasiado herido y susceptible como para escucharla en este momento. Así que buscó distracción en acomodar y limpiar todo el desastre. Los papeles de revistas y recortes de periódicos, se encargó él mismo de quemarlos, porque todo eso estaba atrás en el pasado. Y debía quedarse ahí.
Junto con Jarvis se encargó de mover todo a una nueva posición, para darle al taller un aroma fresco y renovado. Buscó entre sus papeles arrugados algo que pudiera servir. Así que se pasó tanto tiempo haciéndolo, que cuando el timbre de la puerta sonó, apenas y pudieron escucharlo. Ambos fueron a abrir, y la sorpresa fue grande cuando Loki apareció del otro lado de la puerta con maletas en mano. Steve de inmediato lo invitó a pasar y acomodaron el equipaje a un lado de la puerta. Jarvis hizo el té y se apartó del lugar para darles su espacio para charlar.
—¿Quieres que hable con él? —preguntó el rubio, dándole un ligero apretón en el hombro. Loki negó suavemente sorbiendo el último trago de su té, ya frío. Steve asintió, comprendiendo que aquello era cuestión de dos solamente, pero quería ayudarlo de la forma en que el pelinegro lo había hecho el día anterior. Al verlo en el umbral, Loki dedujo que las cosas entre ellos se habían solucionado por fin, y eso fue una pequeña chispa de alegría que rozó su frío corazón.
—No, no necesito que lo hagas. —respondió. Apretó ligeramente los labios, pero finalmente habló:—. ¿Crees que a Stark le moleste que yo… me quede por unos cuantos días aquí? Mientras busco un departamento donde establecerme y… —dejó la frase en el aire, dando un suspiro fuerte.
—No te dirá nada, eres su amigo. —informó con una sonrisa dulce. Se puso de pie para buscar algo, pero Jarvis ya estaba ahí ofreciéndole un par de llaves con una tenue sonrisa en sus labios. Steve comprendió el mensaje y le agradeció. Se giró nuevamente hacia Loki—. Hay algunos pisos deshabitados aquí, puedes quedarte en uno de ellos. —y juntos caminaron hacia el elevador con el equipaje.
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Llegar a su casa después de la jornada laboral más pesada que había tenido en mucho tiempo—con la irresponsable de Pepper perdida en un Spa—y encontrar un nuevo inquilino en su hogar, no fue de mucha gracia. Sin embargo, cuando escuchó todo por lo que Loki estaba pasando, no pudo sino ofrecerle de buen corazón quedarse el tiempo que quisiera. De todas formas los pisos estaban desocupados y no le quitaba nada que alguien ocupara alguno. Era Loki, después de todo.
Hablaron durante horas y ambos se contaron todo lo que había estado pasándoles estos días, como hace mucho que no hacían. Tony le contó sus dudas y su historia, y todo lo que había pasado con Steve. Se enteró que Loki lo impulsó a buscarlo, y como era raro últimamente, le dio gracias porque ahora todo marchaba perfectamente.
—Me dirás loco, pero creo firmemente que estás enamorado de Rogers. —la sonrisa no abandonó los labios de Loki cuando le fue lanzado un cojín a la cara, cortesía del castaño. ¿Enamorado él?, ¿de Steve Rogers? ¡Tonterías!, sólo le atraía…y nada más—. No me veas con esos ojos de muñeca asesina, por favor. Sabes tan bien como yo que este juego que has tratado de jugar sin mezclarte, ha pasado a ser algo más profundo para ambos.
—¿Para ambos? —Tony se alarmó de repente cuando las palabras hicieron mella en su interior—. ¿Sabes lo que estás diciendo? Ese hombre no puede estar… enamorado de mí, porque él ya tiene a alguien más. —repuso, evadiendo en ese momento la intensa mirada verde posada sobre él como una espada—. Aunque así fuera, algún día Steve se va a cansar de mi, de mis malos actos, de mi mal humor, de mis pensamientos… porque tarde o temprano, eso siempre pasa. —una sonrisa vacía adornó la indiferencia que trató de mostrar.
—Pues él sabe todo eso ya, y sin embargo sigue aquí contigo. —pero el millonario negó algunas veces, queriendo que esa idea no se quedara en sus pensamientos, porque le daría vueltas hasta llegar a la respuesta. Y la respuesta a esa incógnita nunca le dio tanto miedo como ahora. ¿Y qué si ahondaba entre sus sentimientos, rebuscaba entre sus cenizas y encontraba algo?, ¿Qué pasaría si se daba cuenta de que Steve estaba convirtiéndose en algo especial para él más allá del sexo?
—Y yo creo, mi querido Loki, que pelear con Thor te ha desinflado el cerebro. —se levantó del sofá y salió prácticamente huyendo del piso inferior de su Pent House. Loki borró un poco la sonrisa, pero aquel comentario no fue lo suficientemente fuerte como para destrozarle los ánimos.
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nunca se había sentido tan viva y tan renovada como es estos momentos. Pepper casi podía brincar de la felicidad, porque estaba tan relajada y fuera de tensión que definitivamente, veía el mundo con otros ojos.
Cuando llegó a casa lo primero que hizo fue revisar su celular, encontrando solamente n extraño texto de Tony que decía, tenía muchas cosas por contarle. Iba a llamarle por teléfono, pero prefirió esperar al otro día. Total, se sentía feliz como para que la voz de Tony reprochándole cosas del otro lado de la línea, le arruinara el día.
Se aventó al extenso sofá de su sala, y arrojó sus zapatillas a un lugar perdido. Se quitó el saco y la falda, y desabrochó su blusa ejecutiva. Había sido mala idea ir vestida de esa forma al Spa, totalmente. Así que ahora se sentía más que liberada con solamente la tela de la camisa cubriéndola. El clima de la tarde-noche era perfecto. Desató su coleta alta y prendió el televisor. De repente una idea mejor vino a su mente, así que cogió su laptop y encontró el USB donde había guardado la información del computador de Obadiah. No tenía ánimos como para ver una película, pero sin todo el estrés de la oficina, sonaba bien volver a saber algo, y más si era privado.
Tecleó y esperó pacientemente a que la memoria fuera reconocida. Visitó cada uno de los archivos que venían en aquella memoria, y con resolución y un interés cada vez más grande, se dio cuenta que aquella era información de Industrias Stark desde los tiempos en que Howard era el presidente. Estaba comenzando a aburrirse ya de buscar tanto y encontrar solamente normas de la empresa y demás contratos, cuando se topó con una información que había dejado pasar por alto. Información de las armas que Tony había vendido en el mercado negro, de cada uno de los asesinatos y territorios conquistados por los terroristas. También estaban las notas de las revistas amarillistas anunciando las cosas que su jefe había hecho. ¿Por qué tenía Obadiah todo esto?
Entre los vídeos, se decidió por uno al azar, y encontró una grabación de lo que parecía una entrevista. Se llevó las manos a la boca cuando entendió de que iba la voz de Obadiah con la reportera. Él. Él había delatado los crímenes de Tony al público. Él vendió la información a cambio de una suma jugosa de dinero. Él, quien había recomendado a Tony vender armas debajo del agua. Pepper, impresionada como estaba, reprodujo el siguiente vídeo, y lo que encontró no fue mejor: Obadiah estaba sentado, hablando con un hombre que parecía de otro país. Un montón de escenas borrosas después, apareció Tony siendo torturado con Howard, ambos portando costales en sus cabezas y siendo observados por detrás del vidrio. Obadiah portaba una sonrisa en el vídeo mientras era espectador de la cruel escena.
Lágrimas desoladas rodaron por el hermoso y pecoso rostro de Virginia.
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Lo encontró con su libreta de bocetos sobre su regazo y su lápiz entre sus dedos. Parecía concentrado, observando algo que él no pudo distinguir, como si no acabara de convencerle lo que estaba plasmando en el papel. Al caminar hacia él, Steve lo miró y rápidamente cerró su libreta, brindándole una sonrisa y dejando su material de lado.
—¿Qué dibujabas? —cuestionó, tratando de sonar normal. Las palabras de Loki lo habían asustado, pero también replantearse lo que estaba haciendo. Él no… él simplemente no podía—ni debía—estar enamorado de Rogers, porque él más temprano que tarde volvería a su época, y… sí. Todo seguía siendo sexo, sólo eso.
—Ehm, algo. —contestó algo nervioso—. Pero no estoy tan satisfecho con el resultado, así que será mejor que no lo veas hasta que lo termine. —sugirió, revolviéndose en su lugar. Había estado dibujando a Tony con la expresión de cómo lo había visto entre las sábanas por la mañana, con el pelo revuelto y la mirada fiera, pero no lograba captar algo que faltaba, y no sabía lo que era. Tony se encogió de hombros, pensando en que quizá estaría dibujando a alguno de sus amigos. Sin pensarlo dos veces se sentó en su regazo y juntó sus labios en un beso necesitado y agresivo. Sus lenguas se encontraron cuando él mordió el labio inferior del rubio y éste le dio paso al interior de su boca. Las manos de Tony danzaron traviesas y se colaron bajo la camiseta de Rogers, tanteando su pecho hasta alcanzas sus pezones, los que estiró entre sus dedos. Steve gimió algo sonrojado y se separó levemente—. Jarvis puede vernos aquí. —murmuró.
—Tienes razón, vayamos a mi habitación. —y se puso de pie jalando al otro hombre por la muñeca. Sentía que caminaba demasiado rápido, pro al carajo todo. Sentía la necesidad de tener a Steve dentro de él, palpitándole en el cuerpo. Había sido mucho tiempo ya sin sexo aunque hubieran pasado apenas dos días. No fue consciente de cuando entraron a la habitación, sólo sintió a Steve sentándolo en la orilla de la cama. Tony contempló en cómo el rubio se despojaba de su ropa, quedando en bóxer. Stark lo atrajo de las caderas y besó y lamió con ansiedad su estómago, bajando cada vez y más hasta dar con el elástico de la ropa interior. Deslizó traviesamente su lengua, intercalando con mordiscos y escuchando los pequeños jadeos de Steve.
—Tony, quiero… quiero probar algo diferente. —eso fue suficiente para que el susodicho parara toda acción y lo mirara desde su posición. Se encontró con los ojos azules de Steve, imponente desde sus casi dos metros de altura—. Será mejor si te lo muestro. —la incógnita se mostró en su rostro, pero Rogers simplemente se inclinó para besarlo fogosamente, cayendo de rodillas entre las piernas de Tony. Sin dejar de besarlo, pasó sus manos por sus muslos hasta bajar y quitarle los zapatos y calcetines con rápidos movimientos. Después acarició sus tobillos, mandándole pequeños escalofríos de placer al otro. Sus labios viajaron hasta el cuello del millonario, donde depositó pequeños y tiernos besos que se complementaban con las deliciosas caricias que subían de nivel y de lugar. Abrió su camisa, botón por botón, pudiendo ésta vez alcanzar sus pezones, lamiéndolos con soltura y avidez—. Ahhh, S-Steve… —sus manos se movieron hasta los mechones rubios, apretando ligeramente cuando el placer le mandaba descargas a través del cuerpo.
—Quiero probarte, Tony. Déjame hacerlo, ¿puedo? —Stark tragó saliva. A penas podía oír su respiración. Tenía el corazón disparado porque Steve estaba siendo más—mucho más—atrevido de lo normal, y eso joder que lo excitaba. Pestañeó tratando de sobreponerse sin apartar los ojos de la poderosa mirada del rubio, particularmente intensa e inquisitiva. Tony se pasó fugazmente la lengua por los labios, antes de asentir sin preguntar nada o hacer un comentario de los que acostumbraba. Steve sonrió y bajó con pequeños besos nuevos hasta donde empezaba su pantalón. Sus manos las usó para abrir la hebilla y bajarla, retirando los pantalones hasta dejarlos descuidadamente sobre sus rodillas.
Los ojos del castaño se abrieron desmesuradamente ante lo que estaba viendo. ¿Steve iba a mamársela? ¡Joder! Eso era nuevo, demasiado nuevo e impredecible. Nunca creyó que alguien como Rogers, tan recatado y atrasado en cuestiones de sexualidad, pudiera hacer algo como eso. Sin embargo, al sentir la lengua deslizándose por sus muslos sin tocar su erección marcada en su ropa interior, se sintió internamente algo decepcionado. Pero estaba caliente de todas formas.
—¡Santo Dios! —gimió ahogadamente y llevó sus manos a los cabellos rubios cuando el primer lametón cayó sobre la cabeza de su erección cubierta. La respiración de Steve lo estremeció, haciéndolo jadear en busca de aire cuando la caliente boca acunó el falo en su interior, todavía por encima de la tela. Suspiró y cerró los ojos, ante la increíble sensación. Sintió a Steve escarbar con sus dedos entre su ropa, sacando por fin al aire su dura excitación. Ésta vez su lengua se paseó sin ninguna restricción por su cabeza y su hendidura, haciendo derretirse y temblar. Dos dedos del rubio se unieron a su descubrimiento, tomando entre ellos algo del líquido pre-seminal que—vergonzosamente rápido—ya había brotado. Observó sorprendido que se llevara ambos dedos a su boca y degustara su sabor.
—Es… algo amargo, pero dulce. Me gusta. —murmuró frunciendo el ceño, pensativo. Tony gimió ante la visión, ante sus palabras vergonzosas, ante el placer. Sus mejillas ardieron por lo dicho, y no pudo evitar la presión y lanzó su cuerpo hacia atrás, pegando por fin su espalda contra las cobijas. Se llevó el antebrazo al rostro y lo cubrió. Steve volvió al ataque utilizando también sus manos. Su lengua se movía por la cabeza, y sus dedos apretando su falo, algunas veces con más fuerza, y otras veces delicadamente.
Se llevó una mano a la boca para acallar sus suspiros y jadeos, pero no fue suficiente para ahogar el gran gemido que soltó cuando aquella boca se abrió y engulló todo lo que pudo de su falo, haciéndolo desfallecer. Steve casi se ahogó, pero se tranquilizó a sí mismo y abrió la garganta para recibir aquello que era nuevo, pero no asqueroso. Sentía que su dura erección palpitaba escondida todavía en su bóxer. Tony sintió un poco de dolor cuando los dientes contrarios rozaron con algo de fuerza, y a pesar de que había fallos evidentes como ese, no lo disfrutó menos. Porque joder, era la mejor mamada que le habían dado en la vida simplemente por el hecho de venir de él.
Volvió a sentarse y tomó una mano de Steve, para tomar dos dedos y engullirlos, probándolos. Los sacaba y metía, simulando los movimientos de la cabeza rubia. Su lengua se deslizaba traviesa y chupaba los dígitos, imaginándose que era el pene de Rogers. Estaba expectante e impaciente por lo que vendría. Soltó el agarre, y los dedos mojados viajaron hasta su entrada, meciéndose en círculos a su alrededor. Volvió a recostarse y morderse el labio inferior cuando un dedo largo fue introducido al principio lentamente, pero tras otro gemido que se le escapó, empezó a moverse en su interior con más rapidez, al igual que la boca que se entretenía con su miembro. Al primero le siguió casi de inmediato el segundo, arrancándole un jadeo más fuerte. Sus caderas se movieron al compás de los dos dígitos, ondeándose sensualmente y cerrando los ojos.
—S-Steve, ahhh… mgh… ya, ya voy ahh… —sus palabras a medias morían en sus intentos por explicarle al soldado que estaba casi llegando. Porque el apretón sobre su bajo vientre se lo informó. Pero el otro, en lugar de retirarse como cualquiera lo haría, indagó más, comiéndolo completamente, rozando con su nariz sus vellos. Tony gimió y llevó ambas manos al cabello rubio, crispando sus dedos y gimiendo abiertamente ya sin importarle nada. Los dedos jamás abandonaron su interior, es más, hasta parecieron hundirse en su carne, casi destrozándolo con el placer. Todo era demasiado. Un sonido parecido a un gruñido provino de su garganta cuando él se corrió. Tan rápido y profundo, que Steve tuvo que tragar seguidamente para no ahogarse.
La espalda de Tony se curvó y cerró los ojos cuando las sensaciones fueron demasiado abrumadoras para retenerlas. Se corrió largo y tendido en la boca de Steve, sin poder creerlo todavía. Estaba recuperándose del momento, cuando aquella juguetona lengua salió de su escondite y lamió los restos de su semen. Después dio otro lametón a su glande, hundiéndose en su abertura. Sacó los dedos y dio un último beso antes de subir el rostro para encontrarlo. Tony se quedó embobado en los rosados labios entreabiertos que jadeaban con suavidad.
—¿Lo hice bien? —cuestionó, observando detalladamente el rostro sonrojado y despeinado del castaño. Jadeaba profundamente en busca de aire todavía, con su pecho subiendo y bajando, desnudo y con él entre las piernas todavía. El millonario tomó su mentón con ambas manos y acarició sus mejillas con sus pulgares.
—¿Y todavía lo preguntas? Lo hiciste jodidamente perfecto. —sí, estaba mintiendo un poco porque le había causado un poco de dolor esos roces con sus dientes, pero el momento y la visión… eso lo complementaba. Así que lo atrajo para besarlo de la forma más sugerente posible, haciéndolos rodar a ambos por el colchón.
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Natasha se pasó las manos por el cabello, nuevamente frustrada. El hombre frente a ella, amarrado a la silla y visiblemente golpeado, no quería cooperar y decirle lo que ocultaba. No iba a darse por vencida, claro que no. Pero estaba cansada de toda la mierda que implicaba ser una espía con un historial en números rojos. Golpear gente era una de sus cualidades, y le gustaba sentir esa clase de poder, pero no cuando la culpa la carcomía por dentro. No cuando Steve no había aparecido todavía para hablar con ella. No cuando tenía todo, menos su perdón.
Se sentó en el borde del escritorio, pasándose una mano por el rostro. Estaba agotada, arrepentida.
—¿Un día agotante? —cuestionó su inquilino sin un tono especial en la voz. Natasha no lo miró, pero se encogió de hombros, dudando por un momento en si responder o no. finalmente decidió que necesitaba despejar la soledad y los pensamientos tristes de su mente.
—No lo estás haciendo más fácil. —sonrió cínicamente al levantar el rostro y encontrar cortes y moratones en el hombre. La sangre seca aún se dejaba ver en algunas heridas, y su ropa manchada con sangre le hizo sentir una sensación amarga en la boca del estómago. Todo se estaba desmoronando a su alrededor, y nunca quiso más la presencia de Clint a su lado como ahora. Necesitaba su fuerza, su apoyo. Necesitaba sentir que pertenecía a un sitio a su lado.
—Te lo diré. —habló firme, ganándose la atención de la espía—. Quien me mandó a matarte es un hombre rico y poderoso, con influencias. Tiene sus años ya, pero es bastante inteligente. No tiene nada contra ti, pero sí para la Organización para la que trabajas. Él sabe que eres de las mejores espías, y tu muerte ocasionará bajas significativas. —apenas y podía hablar con la boca y las mejillas hinchadas por los golpes, pero se las arregló para que su voz no saliera algo estrangulada.
—¿Cómo puedo confiar en ti?, ¿cómo sé que no me estás mintiendo? —cuestionó, poniéndose de pie y andando suavemente hasta el lugar del otro—. En estos momentos no estoy para juegos, y si descubro que quieres tomarme el pelo, una bala perforará tu cráneo. —pero la sutil amenaza sólo trajo una pequeña risita histérica de nervios al sujeto.
—Juro que estoy hablando en serio. Lo que quiero es que dejes de golpearme ya. —y se pasó la lengua fugazmente por los laios antes de hablar—. El hombre que me ha mandado para aniquilarte se llama Obadiah Stane.
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Espero que el capítulo les haya gustado, nos veremos pronto :3
¡Un beso enorme!
itsumiminamino1: Me has aportado una mina de oro con la idea del descendiente de Steve, en serio. El final está muy, muy cerca ya, y estoy estructurándolo poco a poco, metiendo y sacando algunos detalles. Y de repente llegas con esta bomba hermosa que me puede servir para darle un sabor diferente al final, y haces que me haga bolas con todo lo que ya tenía xD de verdad que tu idea es buenísima, y me ha encantado. Pero, como dije y repito nuevamente, no te diré sí o no a la idea, quiero que sea sorpresa general xD así que discúlpame mucho, pero quiero que sepas que te tengo demasiado contemplada :3
Darkmoon: Quise que el pasado de Tony tuviera varios matices para que surgieran pequeños golpes que lo fueran desestabilizando hasta llegar a ser lo que es actualmente, forjar su carácter. Tu idea sobre el secuestro no está nada alejada de la realidad, pero ya veremos todo eso en el siguiente capítulo, para que las dudas terminen por despejarse. De Natasha aún tenemos un par de cosillas por ver, como su pasado y su relación con Clint más a fondo, verlos juntos. Sobre el Thorki, la cosa va cada vez más complicada, y evidentemente habrá alguien que ponga en su lugar a Thor, pero también a Loki. Generalmente los problemas en la pareja surgen por ambos, de una forma u otra. Te seré sincera, la idea del descendiente me atrae de una forma que no tienes idea, porque es algo diferente, que si planteo de la forma correcta puede gustar. Al menos a mí me llama la atención. Aunque tu idea también es muy acertada, pues el amor exige ciertos sacrificios, pero… ya veremos. Sorpresa general, así que lamento dejarte con la incertidumbre de qué haré al final con ambos xD ¿Me creerás si digo que no he visto ninguna de las dos películas de las que me hablas? Soy una fan del cine, pero no he tenido nada de tiempo en verlas, pero iré pronto.
