¡Buenas noches mis amores!
Han tenido una buena semana? espero que sí.
Les traigo capitulo nuevo! yay!
No puedo creer que Free! está por terminar, siento que faltan tantas cosas por aclarar.
Bien no tengo mucho que decir, así que no molestare.
Muchísimas gracias por los comentarios y perdón por mis errores!
Disfruten de su lectura!
Rin no era un dios del sexo ni nada parecido, pero en su estancia en Australia, había aprendido muchas cosas que no cualquier persona sabía. Él nunca fue un santo, y su curiosidad por el placer le hizo conocer un mundo donde absolutamente todo estaba permitido y los límites no existían. Por eso, se atribuía el nombre de sabio a la hora de utilizar la cama con fines diferentes a los de dormir, y también el derecho de aconsejar a aquella pareja de idiotas que no eran capaces de llevar su relación a un paso más íntimo. Sabía que la llama entre Makoto y Haruka no estaba apagada porque nunca ha estado encendida, pero lograría hacerla arder hasta convertirse en un fuego incontrolable, o al menos eso intentaría sin que sea necesario quemarse, porque sabía lo peligroso que era jugar con aquel elemento.
Haruka, aún ofendido y también confundido por las palabras del depredador, no podía centrar su mente en la pesca, y es que sus pensamientos sobre Makoto lo perturbaban; amaba tanto a su novio que el hecho de que este no confiara en él, aunque no estuviese comprobado, le hacía remecer su pequeño mundo. Las palabras eran maestras en quebrar a las personas a su antojo, y el adolescente de orbes oceánicos estaba siendo víctima de ellas, sin poder sentirse orgulloso de sí mismo. Y todo este embrollo empezó, por aquel chico a su lado, por su estúpida tendencia a desafiarlo con cualquier cosa y también por su propia debilidad a negársele, así que la culpa era de ambos, bueno… Así lo quería ver el nadador hidrofilico. Pero esto sólo eran excusas baratas que se daba, porque él realmente quería algo más que abrazos y besos, quería deshacerse de su castidad y también arrebatársela a su novio, sin embargo; se estaba volviendo difícil. No podía pasar por encima de la orca y obligarlo a tener clases prácticas sólo porque se le daba la gana, era algo que jamás haría, por una parte por no lastimar a su precioso chico y por otra, porque en sí, eso era un delito.
Tuvo miedo de suspirar, porque pensó que su alma abandonaría su cuerpo, dirigió su mirada hacia el protagonista de su tortura. Makoto, Makoto, Makoto… ¿Existía un momento en que no pensara en él? lo dudaba, y mucho. El chico de cabello oliva era el principal culpable de todo esto, sus sonrisas y su forma de ser, provocando al pobre delfín a que se hundiera más y más en el deseo de estropear esa pureza lujuriosa que no conocía la prudencia, lo frustraba en desmedida, llegando al punto de no saber qué hacer. Y por este motivo, fue que no lo pensó mucho en el instante en que Rin le había ofrecido su ayuda, aunque eso conllevara a una gran herida a su orgullo.
—Bien, primero deja de tener esa cara estúpida —Dijo el pelirrojo frunciendo el ceño— Con lo de la falta de confianza, no me refería a la de su relación, me refería a la confianza que Makoto se tiene a sí mismo —Haruka lo meditó, podía ser una posibilidad válida— Él es muy tímido.
—Tienes razón —El tiburón sonrió, por supuesto que tenía razón— ¿Pero que tiene que ver en esto?
—Mucho, si Makoto no tiene la confianza suficiente, siempre estará huyendo —Rin prácticamente se sentía como un profesor— Así que tienes que ayudarlo en eso.
— ¿Cómo voy a hacer eso? —Ah… Esto era tan complicado para él, debería haber leído el manual de instrucciones o jugado el tutorial antes de caer perdidamente en el amor.
—Se lindo con él —Contestó simplemente antes de poner atención a su pesca al sentir que algo había picado el anzuelo.
Rin lo hacía sonar tan simple y fácil, pero para un chico estoico como él, no lo era. Partiendo por el hecho de que no sabía qué significaba ser lindo, un concepto tan sencillo que le acomplejaba por completo. Comenzó a navegar en su mar de pensamientos, buscando una pista para entender tan difícil tarea, ser lindo… ¿Él era lindo? No tenía idea ¿Cómo podía saberlo? Esto era tan estúpido que no podía evitar molestarse, pero tenía que hacerlo por Makoto, así que siguió pensando en cómo ser lindo, cuestión que le estaba atrofiando la vida.
Rei estaba preocupado, no era menos, estaba involucrado en un conflicto amoroso en el que no se le preguntó si quería participar o no. El muchacho no entendía cuan "grave" era la situación, pero el hecho de que el adolescente de preciosos orbes esmeralda empezara a fijarse en Nagisa, indicaba que no era tan buena su relación con Haruka; era una tragedia por supuesto, él admiraba mucho el noviazgo que tenían los mayores, eran como la pareja perfecta, simplemente hermosa, así que se sentía muy mal en enterarse que algo no andaba bien entre ellos. Además, de todos los peces en el mar ¿Por qué Makoto se tenía que fijar en el rubio? No era que le molestara, no tenía por qué molestarle, no debía hacerlo, pero tan sólo pensar en la idea del mayor y su bajito amigo juntos, le causaba disgusto ya que no era una unión hermosa como la que el más alto tenía con Haruka. Aparte de que Nagisa no sentía nada por Makoto más allá de una amistad, estaba seguro de eso, pero también estaba seguro de que si el chico orca quería, podía conquistar al pingüino rápidamente, porque no iba a negarlo. El encanto y la belleza de Makoto eran algo inhumano, aquel adolescente incitaba a las personas a caer en la tentación de pecar, y él sabía de las miles de advertencias de que el diablo se mostraría atractivo.
—Nagisa insistía mucho en que te unieras al club, decía que…
—Makoto —El pelinegro interrumpió a su novio mostrándole un pescado que aún daba espasmos de vida— Lo pesqué para ti —Dijo con un brillo en los ojos.
—Oh… —Makoto parpadeó un par de veces antes de sonreírle dulcemente al mayor— Gracias.
Rin quien miraba la escena desde su lugar, se palmeó la cara mientras insultaba mentalmente al nadador de estilo libre. Cuando el delfín volvió a su lado, no pudo evitar mirarlo molesto.
—No puedes regalarle un pescado —Se lo quitó de las manos— Además este lo pesqué yo.
—Cuando le regalé los peces dorados, me dijo que era muy lindo —Alegó el chico de profundos mares. El tiburón sólo suspiró pensando en que la inocencia de su amigo era hermosa y muy molesta.
—Escucha, cuando digo que seas lindo con Makoto —Habló lento y despacio— Quiero decir que… Dejes de actuar como un maldito idiota.
—Tú eres el maldito idiota que no sabe explicar —Lo miró con enfado.
—Bien, no peleemos —Rin puso otra lombriz en el anzuelo— Lo que tienes que hacer, es ser dulce con él, mímalo y verás que cuando llegue el momento, no le costará tanto abrirse a ti —Y con lo de abrirse, no se refería a un abrimiento de corazón y alma.
Ai ocultó un bostezo, al menos el movimiento oscilante de la barca ya no lo mareaba, ahora sólo lo relajaba, esperaría un poco más para reunirse con su novio y respirar del aire fresco.
— ¿Es muy difícil manejar esta cosa? —Preguntaba el rubio al capitán que estaba a su lado.
—Para nada, hasta sumar es más difícil —Rio mientras le mostraba el panel de mando— ¿Quieres intentarlo?
— ¡Claro! —Dijo con entusiasmo— ¿Con cuál se pone en marcha?
—Con este y con el de ahí aceleras —Decía el anciano indicándole los diferentes controles y botones. Ai veía preocupado la situación, realmente esperaba que el capitán no dejara la barca en manos de alguien como Nagisa.
—Makoto-senpai…
— ¿Qué pasa? —La orca miró a su amigo expectante, esperaba que le confesara sus sentimientos por el pingüino.
— ¿Sucede algo entre usted y Ha...
Y en una milésima de segundo, la barca que estaba tranquilamente varada en medio del lago, comenzó a andar a una velocidad fatídica. Rei que estaba apoyado despreocupadamente en el barandal no logró sujetarse y prácticamente estaba colgando mientras el más alto lo sujetaba de una pierna para que no cayera al agua. En el otro lado, Rin cayó encima de Haruka, haciendo que el hilo de las cañas se enredara entre ellos, ninguno de los dos podía levantarse por la velocidad que iba la barca y también por el hilo de pescar.
— ¡Quítate de encima Rin! —Se quejaba el pelinegro tratando de apartar al depredador.
— ¡Eso intento, ya deja de moverte! —Pero lo único que lograban ese par de idiotas, era que el hilo se enredara más.
— ¡Makoto-senpai! —Rei podía sentir como sus gafas se deslizaban cada vez más.
— ¡Rei, resiste! —Makoto estaba haciendo un gran esfuerzo para no soltar a su amigo y a la vez tratar de no terminar cayendo junto a él.
Y en la cabina del capitán, el adolescente de hebras plateadas intentaba afirmarse de lo que tuviera a su alcance mientras que Nagisa y el anciano ni si quiera se inmutaban de lo que estaba pasando.
— ¡Ya paren esto! —Decía el pequeño chico de orbes turquesa, suplicando que lo poco que le quedaba en su estómago se mantuviera ahí.
— ¡Es increíble lo rápido que va! —El pingüino reía con entusiasmo, disfrutando de la "pequeña" dosis de adrenalina.
— ¡Y no es lo más rápido que puede ir esta belleza! ¡Mira! —Y el capitán aumentó la velocidad.
El tiburón había logrado liberar un pie cuando la barca cambió abruptamente de dirección haciendo que terminaran rodando por el piso.
— ¡Rin hablo enserio!
— ¡Yo también! —El depredador estaba molesto, lo único que estaba haciendo el estúpido delfín, era enredar más el hilo— ¡¿Crees que me gusta estar encima tuyo?!
— ¡Makoto-senpai, por lo que más quiera no me suelte! —Rei, quien tenía la mitad de su frente bajo el agua, miró en cámara lenta como sus gafas se despedían de él.
— ¡Tranquilo no lo haré! —La orca tenía la mitad de su cuerpo colgando del barandal— ¡Haru! —Gritó con desespero.
Haruka al escuchar el grito de su novio, no pudo hacer nada más que alterarse, sus sentidos delfinarácnidos le decían que Makoto lo necesitaba, ahora ya.
— ¡Maldición Rin! ¡Makoto me necesita! —No era de Haruka el exasperarse, pero dada la situación no tenía muchas alternativas.
— ¡Oh, si hablamos de princesas en apuros, te informo que mi novio también me necesita! —El chico de infiernos escarlata logró liberar nuevamente su pie, pero ahora había terminado por enredar su mano — ¡Mierda!
El pelinegro no soportándolo más, hizo una serie de movimientos inhumanos, descritos así por Rei hace algún tiempo atrás, para poder por fin liberarse de sus ataduras. Ahora libre, y dejando a Rin peleando con el hilo de pescar. Se dirigió con dificultad hacia donde se encontraba la orca, y cuando se dio cuenta de la situación en que estaba su amor, corrió en su ayuda, sin antes caerse al no sujetarse en nada.
— ¡Makoto! —Y Haruka juraba por Dios, que esta vez no lo hizo de forma intencional; simplemente se había olvidado del gran moretón en le espalda del menor, y lo presionó de una forma, según Makoto, brutal.
La punzada de dolor que recorrió todo su cuerpo, lo obligó a soltar la pierna de Rei, y este hubiera caído al agua sino fuera por Haruka y su rapidez, sólo que ahora lo único que se podía ver de él era su nariz y boca.
— ¡Makoto! ¡¿Estás bien?! —Pero el chico orca no le respondía, estaba de rodillas ocultando su hermoso rostro, y el pelinegro pudo ver una lágrima recorrer su mejilla, pero eso no era lo que lo tenía desconcertado; fue el sexy gemido que salió de esa boca que había besado tantas veces, el culpable de que su imaginación se fuera a volar.
— ¡No quiero molestar! —Gritaba el nadador de estilo mariposa — ¡Pero realmente es desesperante estar aquí!
Rin por fin se había deshecho de la telaraña del hilo de pescar y se dirigía a la cabina del capitán, para averiguar qué era lo que estaba pasando. Ai miró a su novio entrar y su mundo que estaba ennegrecido, volvió a la luz al ver a su amado tiburón al rescate, sólo le faltaba el noble corcel blanco, para que pareciera un verdadero príncipe, bueno… La verdad es que el depredador parecía cualquier cosa menos un príncipe.
— ¡Detengan esta maldita cosa ahora! —La barca dio otra abrupta vuelta y el pelirrojo terminó por caer al suelo nuevamente.
— ¡Rin-senpai! —Ai también estaba en el suelo mirando preocupado a su novio.
— ¿Ya te sientes mejor? —Decía el mayor mientras se sobaba la cabeza— ¡Ustedes dos! ¡¿Me escucharon o qué?!
— ¡Sólo una vuelta más, Rin-chan! —Nagisa iba a aumentar más la velocidad, pero de la nada, la barca se detuvo— ¿Qué paso?
—Se agotó el combustible —Dijo el anciano mirando las válvulas.
En cuanto la barca se detuvo, Haruka ayudó a Rei, este cayó al suelo respirando pesadamente, nunca había sentido tanta adrenalina en su vida, puso una mano sobre su pecho y soltó un gran suspiro de alivio, ahora lo único que lamentaba era la pérdida de sus gafas.
—Gracias… Pensé que moriría.
— ¿Estás bien Rei? —Preguntó Makoto, ignorando por completo a su novio.
—Sí, de verdad, gracias Makoto-senpai.
—Soy Haruka… —El pelinegro observó a su novio, Makoto estaba molesto con él, por un hecho que no fue su culpa— Makoto, yo no quise… —Pero el chico desvió la mirada lejos de la de él. Haruka debía admitir que su novio se veía hermoso con esas pequeñas lágrimas asomadas a sus preciosas esmeraldas, que amenazaban por caer, pero no lo hacían, y aunque se sentía culpable, disfrutaba de la vista.
El capitán estaba mirando sus reservas de combustible, y se dio cuenta de que no tenía ninguna, así que prácticamente estaban varados en medio del lago.
— ¡Marineros! —Llamó la atención de los seis muchachos que se estaban recuperando del momento extremo que habían vivido, en realidad sólo los cinco, ya que para Nagisa, fue una de las mejores experiencias de su vida— Nos quedamos sin combustible, pero no se preocupen, en unas horas vendrá un bote a reabastecernos.
— ¿Quiere decir que estamos varados aquí? —Rin estaba junto a su novio, frotando la espalda del pobre chico mientras que este tenía su cabeza metida en el balde.
—Tienes los mismos dientes del tiburón que me arrancó parte de mi pierna derecha —El anciano tomó su caña de pescar—Ese bastardo, juré vengarme de él, pero cada vez que iba a su caza, él iba a un paso delante de mí —Se sentó cerca de la proa y lanzó el anzuelo al agua— Por su culpa dejé la marina.
— ¿Y qué vamos a hacer en todo este tiempo? —Preguntó Rei dirigiéndose supuestamente al capitán, pero en realidad le estaba hablando a Makoto.
— ¡Disfruten del paisaje que les está entregando la naturaleza! —Contestó tranquilamente mientras sacaba algo de tabaco para masticar— Jóvenes como ustedes, no saben apreciar las pequeñas cosas que les entrega la vida. Cuando tenía su edad, disfrutaba mucho del amanecer, siempre madrugaba para verlo, en especial cuando estaba a bordo de los barcos de la marina, era impresionante como el mar brillaba con los primeros rayos del sol —Decía nostálgico, recordando momentos que jamás volverían, pero que en su tiempo disfrutó como nunca— ¿Por qué no se ponen a pescar? Les aseguro que cuando ustedes recién lleven un pez, yo ya habré pescado más peces de lo que ustedes lo harían en toda su vida.
—Yo no estaría tan seguro de eso —Dijo el depredador tomando una caña y sentándose junto al anciano. No pueden culparlo, amaba los desafíos.
Las horas pasaron, y el atardecer se estaba preparando para llegar, a lo lejos se podía ver un pequeño bote que se acercaba lentamente. Haruka puso total atención a su novio, este seguía molesto con él por el estúpido hecho de que había tocado su estúpido moretón, en sí… La situación era estúpida. El pelinegro recordó las palabras del tiburón, ser lindo, actuar dulce y mimarlo, podía hacerlo, no perdía nada en intentarlo, sólo se estaría ahogando en su vergüenza nada más.
—Mako… —El adolescente de orbes esmeralda se sorprendió al escuchar aquel apodo, pero no iba a caer fácilmente— Realmente no quería hacerlo.
—Sabías que mi moretón estaba ahí —Hizo un hermoso puchero, provocándole diabetes terminal al mayor.
—Lo sé, pero no fue mi intención tocarlo —Era sorprendente lo ridícula que era la discusión— Perdóname —Makoto miró por un instante a los ojos oceánicos antes de desviar su mirada— ¿Te duele mucho? —Haruka no podía creer lo dulce que sonaban sus palabras, estaba seguro de que después de esto terminaría con un derrame cerebral. El menor no contestó pero asintió con la cabeza, al menos estaba obteniendo una respuesta— Cuando estemos en el festival, prometo comprarte todos los chocolates que quieras —El chico orca parecía que iba a decir algo, pero desistió de hacerlo —Y no me sacaré la ropa en cuanto vea una pileta.
— ¿Enserio? —El pelinegro asintió a la pregunta de su novio, Makoto no entendía que las piletas lo seducían obscenamente con sus movimientos— Entonces te perdono —Le sonrió, la verdad es que sólo estaba fingiendo estar molesto con el delfín, pero realmente le dolía mucho la espalda. Haruka esbozó una pequeña sonrisa y besó la comisura de los labios de su esposo, este rio mientras dejaba descansar la cabeza en su hombro.
— ¿De qué te ríes?
—De nada… Es sólo que de repente empezaste a actuar de una forma muy linda.
Haruka sonrió internamente, lo había conseguido, y él que ni siquiera sabía lo que era ser lindo, aunque ahora tampoco sabía muy bien lo que significa, pero estaba funcionando. Dirigió su mirada al gran volcán que se mostraba delante de él, era hermoso, tan hermoso como lo era el chico a su lado. El amor era algo complejo de entender, aún más para él, pero no le importaba acomplejarse la vida, no cuando Makoto era parte de ella.
Lo siento! se supone que este capitulo se iba a terminar con el festival, pero kdjfslksldfjks son cosas que pasan, aunque si sigo así terminaré por alargar el fic más de lo debido.
Bien gente hermosa, me despido.
Hasta entonces, se despide su servidora.
Airi.
¡Muchos kissus llenos de amor virtual!
