¡Buenas tardes mis amores! cómo han estado?
Lamento mucho la demora, pero deberes de la universidad y compromisos me atacaron, pero ahora puedo relajarme un poco.
Bien, no quiero demorar más así que vamos a las aclaraciones del capitulo.
El sintoísmo es una religión japonesa en la que veneran a los dioses de la naturaleza.
El Maneki-neko es la figurita del gato que mueve su pata, es esa que se encuentra en casi todas las tiendas y restaurantes orientales.
Como me demoré mucho en actualizar, hice este capitulo más largo de lo común.
Es todo, miles de gracias por sus comentarios, los leo absolutamente todos.
Perdonen mis miles de errores.
Disfruten de su lectura!
Después de haber conseguido las gafas perfectas para Rei, los seis adolescentes iban a dirigirse hacia su próximo destino hasta que un hermoso nadador de orbes esmeralda, llamado Makoto, intervino.
—Nagisa ¿Quieres acompañarme a visitar la tienda de dulces? —Le preguntó al pequeño pingüino.
— ¡Claro! Por qué no vamos tod…
—Los chicos irán a ver otra cosa —Se apresuró a explicar el más alto— ¿Verdad? —Dirigió su mirada a su esposo mientras pestañeaba rápidamente. Haruka alzó una ceja sin entender lo que quería decirle la orca, y el resto de los nadadores también lo estaban mirando interrogante— Haru…
—Sí… —Respondió no muy seguro, Makoto rodó los ojos, a veces su novio era algo lento.
—Bien, nos veremos en el templo Fuji-Sengen a las cinco —El chico de cabello oliva tomó del brazo al más bajo y prácticamente corrió lejos de los demás. Los tres nadadores se le quedaron mirando extrañados, mientras que Haruka sólo suspiraba.
—Entonces… ¿Qué iremos a ver? —Preguntó el tiburón al pelinegro, éste se quedó unos minutos en silencio antes de encogerse de hombros y caminar en dirección contraria a la de Makoto. Rin resopló molesto siguiendo al chico hidrofilico junto a Ai.
Rei se quedó mirando la dirección donde Makoto se llevó a Nagisa, él quería agradecerle al pequeño rubio por ayudarle a elegir sus lentes, y también quería visitar el resto de los lagos con él, pero la orca se lo había llevado ¿Puede ser que su teoría era cierta? ¿Qué Makoto realmente estaba intentado conquistar a Nagisa? Definitivamente tenía que hablar con Haruka sobre el preocupante asunto.
—Rei —El nadador de orbes oceánicos lo llamó al ver que se estaba quedando atrás— ¿Vienes?
—Sí, lo siento —El menor se acercó a sus amigos y continuaron con su caminata hacia un rumbo desconocido, porque el delfín no tenía idea de dónde ir.
Makoto caminaba por las calles de Fujiyoshida, mirando por todas partes, la verdad es que se había olvidado dónde quedaba la tienda y no sabía en donde estaba, pero ocultaba muy bien su intranquilidad, después de todo, era un maestro en ocultar sus emociones, según él. Nagisa por otro lado, sabía que su amigo no tenía conocimiento alguno de donde se encontraba, pues era demasiado evidente, pero prefirió no decir nada, él sabía dónde quedaba la tienda de dulces, la había visto en cuanto llegaron a la ciudad, y es que encontrarla era demasiado fácil, era una tienda gigante y de llamativos colores, repleta de los dulces más exquisitos que su paladar podría imaginar, con más de mil sabores traídos de todo el mundo, caramelos, chocolates, golosinas con sabores utópicos… En tan sólo pensar en toda esa cantidad fatal de azúcar, se le hizo agua la boca al nadador más bajo, y las ganas de decirle al mayor que no siguiera fingiendo, que ya sabía que estaban perdidos y que sabía también cómo llegar; se hicieron más fuertes.
—Ah, Mako-chan ¿Por qué no entramos a esa tienda primero? —El rubio apuntó a una tienda de mascotas. Makoto sólo sonrió y asintió, cuando entraron, se encontraron con distintos tipos de mascotas, algunas bastantes exóticas, por ejemplo unas arañas que Nagisa no dudó en tomar y asustar al adolescente de orbes esmeralda sólo porque disfrutaba ver su rostro miedoso. Definitivamente su personalidad no era compatible con su cuerpo— Si Haru-chan estuviera aquí, no dudaría en sacarse la ropa —Rio mientras observaba un gran acuario con miles de peces de distintos colores.
—Gracias a Dios no está aquí —A diferencia de Nagisa, a Makoto no le hacía nada de gracia la tendencia de su esposo por quitarse la ropa en cualquier lugar donde hubiera agua y éste pudiera sumergirse en ella; ya habían sido vetados de varias tiendas por eso.
La tienda era tan grande, que se dividía por secciones, una era solamente para las mascotas de sangre fría, otra era exclusivamente de aves, había un pequeño mundo acuático dentro en el que separaban los peces de agua salada de los de agua dulce, Makoto los miraba con fascinación, si Haruka estuviera presente, de seguro estaría nadando con los peces y él estaría con un ataque de histeria por eso.
— ¡Mira Mako-chan! ¡Son hurones bebés! —El pequeño pingüino dijo entusiasmado mientras se dirigía hacia donde se encontraban las mascotas exóticas.
— ¿Quieres tocarlos? —Le preguntó una chica que trabajaba en la tienda.
— ¿Puedo? —Los ojos del menor se iluminaron cuando la chica tomó uno de los hurones y se lo entregó— Siempre he querido tener uno, pero mis padres no me dejan porque dicen que soy irresponsable.
—Yo no creo que seas irresponsable —Makoto le sonrió acariciando la pequeña cabeza del animalito— Sólo un poco distraído.
—Rei-chan dice lo mismo —Esas palabras, hicieron recordar el motivo por el cual había huido con Nagisa en primer lugar.
—Nagisa… —El hermoso adolescente de orbes esmeralda iba a preguntarle sobre sus sentimientos por el nadador de estilo mariposa, pero unos melodiosos maullidos captaron toda su atención. Hipnotizado por esas lindas voces que lo seducían, caminó hasta encontrarse con un mundo que sólo había visto en sueños. Nunca había visto tantos gatos en su vida, era como si estuviera en el paraíso felino— Oh… Dios… Mío… —Makoto quería llevárselos a todos, absolutamente todos, desde el más pequeño hasta el más grande, incluso podía escucharlos decir que querían irse con él a casa.
—Parece que te gustan muchos los gatos ¿No es así? —Decía un chico que no demostraba más de veinte años, de orbes violetas y hebras de un gris oscuro.
— ¿Se nota? —Sonrió amablemente mientras se sobaba la nuca.
—Yo también los amo —Le sonrió devuelta— Tenemos de todas las razas, Siamés, Tonquinés, Ragamuffin, Persa, Javanés, Foldex, Balinés, Siberiano —El muchacho empezó a caminar por alrededor indicando las respectivas razas felinas mientras la orca escuchaba atento a cada palabra. Nagisa quien aún tenía al hurón bebé entre sus brazos miró entretenido a su amigo, Makoto definitivamente era un fanático de los gatos— Y por último nuestro querido Bobtail —Concluyó tomando a uno de los gatitos para entregárselo al menor.
— ¡Es un Maneki-neko! —Decía Makoto tomando la patita derecha del felino— Sólo lo he visto representado en estatuas o figuras.
En la cultura japonesa, existen varias leyendas sobre el gato Bobtail, una de ellas se trata sobre un señor feudal muy adinerado que buscaba refugio de una terrible tormenta. El hombre se encontraba bajo un árbol cerca de un templo medio destruido, en el que sólo vivía un monje muy pobre junto a su gata, cuando vio que el felino parecía llamarlo, éste algo sorprendido siguió al animal que lo llevó hasta el interior del templo. A los pocos minutos después, un gran rayo cayó sobre el árbol donde se estaba refugiando; el señor feudal agradecido con la gata por salvarle la vida, decidió convertirse en el benefactor del templo en el que vivía junto a su dueño. Utilizando su riqueza, reconstruyó el templo y le dio prosperidad para que tanto la gata como el monje, no volvieran a pasar hambre nunca más. Cuando la gata murió, se le dio un solemne funeral y en su honor, se creó la estatua del Maneki-neko, que significa "gato que da la bienvenida" o "gato que invita a pasar", convirtiéndose en un amuleto de la buena suerte.
El gatito unió la punta de su nariz con la de Makoto, provocando que el nadador entregara una de las más preciosas sonrisas que Nagisa había visto, el pequeño pingüino decidió tomarle un foto discretamente y enviársela a Haruka.
Cuando el delfín recibió el mensaje, se encontraba en un puesto de ramen, junto a los otros tres nadadores, compitiendo para ver quien resistía más comer ramen ultra picante, idea que venía de Rin por cierto, no sabían qué más hacer y el aburrimiento les había dado hambre. Haruka no le había dado importancia al mensaje cuando vio que se trataba de Nagisa, pero luego se detuvo a pensar, en que tal vez algo le había pasado a su novio y el rubio le había enviado un mensaje avisando, no aguantando su preocupante curiosidad, decidió abrir dicho mensaje.
Mensaje de texto.
De: Nagisa.
¡Mako-chan te está engañando! ¡Cuidado, es un gran rival!
Haruka leyó un par de veces las líneas en la pantalla de su celular, antes de ver que había una imagen adjunta al mensaje, no dudó un segundo en verla. La foto mostraba a Makoto con un gato en sus brazos, pero eso no fue lo que le llamó la atención, sino el chico que estaba muy cerca de su novio, sonriéndole y, oh… ¿Acaso esa era su mano puesta en la cintura de la orca? ¿En serio? No hacía falta decir que el pelinegro estaba más que molesto. Lo que no sabía aquel adolescente, era que en el instante en que el rubio tomó la foto, el muchacho que estaba con Makoto había deslizado su mano para tomar unos papeles, en ningún momento hubo un contacto físico, pero bueno… En la foto se contaba otra historia muy alejada de la verdad.
—También tenemos un centro de adopción —Decía el encargado de la tienda mientras llevaba al nadador por un pasillo— Aquí vienen a parar los gatitos abandonados por sus dueños o los que viven en la calle, tratamos de darles todos los cuidados posibles.
—Todos son muy lindos —Makoto se detuvo a mirar un hermoso gato blanco con manchas anaranjadas que estaba bordando la obesidad. El chico orca amaba los gatos gorditos, y aquel felino de ojos azules, era perfecto— Pero este es más lindo aún.
—Él lleva meses aquí, ha estado un poco deprimido —Cargó al gato entre sus brazos para entregárselo a Makoto.
— ¿En serio? —El nadador abrazó al animal que pesaba bastante para ser un gato normal, en ese instante, pudo sentir vibrar su celular. Lo sacó de su bolsillo y vio que se trataba de un mensaje de su novio, cosa que le hizo sonreír.
Mensaje de texto.
De: Haru.
¿Olvidaste lo que hablamos hace un rato?
Makoto miró extrañado el mensaje, no entendía a qué se refería su amor así que decidió mandarle otro mensaje devuelta.
Mensaje de texto.
De: Makoto
¿De qué hablas?
Y al minuto después de haber enviado el mensaje, recibió otro.
Mensaje de texto.
De: Haru.
No te hagas el tonto, ¿Quién es el que está a tu lado? Deja de coquetearle.
Haruka iba por su segundo plato de ramen ultra picante, ni siquiera estaba sintiendo el sabor, estaba demasiado concentrado en su conversación con la orca. El trío de adolescentes que acompañaban al chico de orbes oceánicos, podía notar su gran molestia.
— ¿Te sucede algo? —Rin quien estaba a su lado, se inclinó para ver qué era lo que estaba mirando el pelinegro en su celular.
—Nada —Se apartó del tiburón, pero el más alto pudo ver que al muchacho le había llegado un mensaje de Makoto.
—Dios, ¿No pueden estar un rato sin el otro? —El nadador hidrofilico miró molesto al pelirrojo. Este no era un asunto suyo.
—No puedo dejar a Makoto solo —Contestó mientras leía el mensaje recibido.
Mensaje de texto.
De: Makoto.
No estoy coqueteando con nadie, además ¿Cómo podrías saberlo?
Haruka frunció el ceño, ¿No estaba coqueteando? Eso no era lo que decía la foto que le habían enviado. Su paciencia estaba pendiendo de un hilo, puede que fuera muy posesivo, pero cualquiera se enojaría se veían a su novio junto a un chico siendo demasiado amigable con él, así que sus celos estaban fundamentados. Sin embargo, la mayor parte de su molestia, no era que el imbécil estuviera tan cerca del menor y le sonriera tan lindamente; era esa maldita mano sobre la cintura de SU novio, ¡¿Cómo ese ser humano podía tener el descaro de tocar a Makoto tan abiertamente?! Pero lo peor de todo no era eso, era que su mismísimo esposo se lo estaba permitiendo. Si el adolescente de cabello oliva quería enfadarlo, pues lo estaba consiguiendo a la perfección, y esto, claramente estropeaba sus planes de seducirlo para concretar sus clases prácticas, porque simplemente no podía "ser lindo" si estaba ahogándose en el tormentoso mar de los celos.
Makoto suspiró al ver otro mensaje de su amor, mentiría si decía que no le gustaban los celos del delfín, pero habían veces en que lo desesperaba, ya que se manifestaban en las situaciones más estúpidas. Cuando abrió el mensaje, sólo pudo molestarse.
Mensaje de texto.
De: Haru.
Sí lo estás, ¿Y cómo te puedes dejar tocar tan fácilmente? La verdad es que me estoy empezando a molestar mucho…
¿Dejándose tocar? ¿En serio? Ahora sí que el chico orca no entendía absolutamente nada de lo que se refería el nadador. A su juicio, Haruka estaba siendo irracionalmente celoso, no podía creer que tuviera tan poca confianza en él, y aún seguía sin saber cómo fue que se enteró que estaba hablando con un chico; buscó con la mirada al pequeño pingüino, tal vez le había dicho algo a Haruka, no es que tuviera algo de malo, pero su novio era experto en malinterpretar las cosas, especialmente las que tenían que ver con él.
El precioso adolescente de orbes oceánicos, estaba en su tercer plato de ramen ultra picante cuando recibió el mensaje de su esposo, Rin, Ai y Rei lo miraban asombrados, parecía que el ramen no le afectaba en nada, porque ni siquiera en su rostro se le podía ver los efectos del picante. El tiburón estaba apenas con su segundo plato, el más bajo de todos ni siquiera terminaba el primero y el adolescente de lentes, estaba pensando en si podría aguantar otro plato más.
— ¿Estás seguro que no te pasa nada? —El pelirrojo alzó una ceja mirando extrañado a su amigo.
—Sí… ¿Quieres dejarme? Estoy ocupado —Haruka trataba de no sonar molesto, pero fallaba rotundamente. Rin no le hizo caso, y se acercó más para ver lo que estaba leyendo el delfín.
Mensaje de texto.
De: Makoto.
Realmente no sé de qué estás hablando, y no me dejo tocar tan fácilmente, eso lo debes saber de sobra.
Yo ya estoy molesto.
— Así que Makoto no se deja tocar fácilmente —El depredador miró sonriente al pelinegro— Bueno, eso debe ser cierto, porque si no, no me estarías pidiendo ayuda con él.
—No te metas en lo que no te importa —El nadador miraba indignado el mensaje, resulta que ahora Makoto estaba molesto con él.
— ¿Me quieres decir por qué están peleando otra vez? —Rin se cruzó de brazos haciendo caso omiso a las palabras de su amigo.
—No es tu asunto… —Volvió a advertir.
—Están teniendo problemas, quiero ayudarlos —El tiburón sabía los torpes que eran sus dos amigos en el ámbito amoroso, y él quería ayudarlos en recompensa por todo los problemas que les había causado en el pasado.
—No tenemos problemas, es sólo que a Makoto le gusta hacerme enojar —Decía Haruka mientras escribía en su celular.
—Haru…
—Sé, lo que tengo que hacer con mi novio —El adolescente de hebras oscuras, alzó un poco la voz por la impaciencia que estaba sintiendo, provocando que los otros dos nadadores lo miraran, éste se sonrojó por lo ocurrido y avergonzado desvió la mirada.
—Haruka-senpai… ¿Pasa algo con Makoto-senpai? —Rei posó su preocupada mirada violácea en el mayor, si sus superiores estaban teniendo problemas, no era una buena señal.
—Nada… —El pelinegro no entendía por qué todos debían saber sus cosas con Makoto, este era un problema netamente de ellos, y no le gustaba la idea de tener que explicarles a sus amigos que estaba molesto porque sentía celos de que su esposo se dejara seducir con cualquiera que se le pusiera adelante.
Mientras que el delfín sufría con todo ese caos psicológico que su mente había creado, la orca disfrutaba mimando al gato que tenía entre sus brazos, desde que sus ojos se conectaron, sabían que tenían algo especial. Y era cosa de verlos, pues eran el uno para el otro.
— ¿Lo adoptarías? —Le preguntó el muchacho con una hermosa sonrisa, que podía interpretarse de mil maneras, y Makoto realmente agradecía que su novio no estuviera con él.
—No puedo… —El menor vio que le había llegado otro mensaje de Haruka, ya no quería seguir con la discusión— Disculpa —Se apartó del encargado y revisó su celular.
Mensaje de texto.
De: Haru
Yo soy el que tiene que estar molesto, y lo estoy.
Es todo, no te ayudaré con Rei.
Makoto resopló exasperado, a veces Haruka era demasiado infantil, decidió escribirle un último mensaje y terminar con todo el estúpido asunto. Él aun tenía que hablar con Nagisa y sus sentimientos sobre Rei, y no se pasaría todo el día texteandose con el mayor sólo porque éste tenía un ataque de celos sin fundamentos. Porque para el chico de cabello oliva, eso era lo que tenía su amor. Cuando volvió al lado del joven empleado, el rubio estaba con él, sin el huroncito en sus brazos.
— ¿Ya lo devolviste? —Le preguntó el más alto sin soltar a su amado felino.
—Sí, si me quedaba más tiempo con él, me costaría más despedirme —Nagisa miró el resto de los gatitos que maullaban por algo de afecto— Mako-chan, creo que deberíamos irnos, para llegar a tiempo al templo.
—Tienes razón —Los orbes esmeralda se encontraron con los azules del gato, se parecían a los de Haruka, sólo que estos eran un poco más claros. Se lo devolvió al chico de hebras grises con pesar, no quería separarse de ese gatito, realmente había tenido un flechazo con él— Nunca te olvidaré…
—Me pregunto si Haru-chan sentiría celos si te hubiera visto con ese gatito —Decía el más bajo con una sonrisa, mientras caminaban en dirección a la tienda de dulces.
—Nagisa… ¿Acaso le dijiste algo a Haru? —Makoto miró sospechosamente al menor.
—Bueno, en realidad le envié una foto en la que sales sonriendo mientras sostenías a uno de los gatitos, me gustó cómo te veías y por eso la tomé —Le explicaba el rubio, el pequeño nadador ni si quiera se había dado cuenta que junto a su amigo estaba un chico, él sólo se fijó en su sonrisa.
—No debiste hacerlo —Suspiró cansado. Sabía que Nagisa no tuvo ninguna mala intención con enviarle esa foto a Haruka, pero su novio… Ah su novio…
— ¿Por qué? —El pingüino preguntó confundido, ya había notado antes que el mayor estuvo escribiendo y revisando su celular de vez en cuando, pensó que tal vez se estaba mandando mensajes con el pelinegro, pero no lo sabía muy bien.
—Bueno… —Se pasó una mano por las hebras olivas algo avergonzado— Haru es un poco… Muy celoso.
— ¡¿Haru-chan es celoso?! —Nagisa lo miró con ojos brillantes, nunca se le pasó por la mente que el nadador hidrofilico fuera una persona celosa, después de todo, su personalidad desinteresada no lo demostraba.
—Demasiado celoso… —Makoto no entendía la mirada entusiasta de su bajito amigo, no era como si los celos de su esposo fueran un gran secreto ni nada por el estilo.
— ¿Hasta de un gato? —Dijo incrédulo el menor.
—No claro que no —Se apresuró a aclarar, no quería que creyera que Haruka era un celópata— Él se pone celoso con los chicos que se me acercan porque cree que me coquetean.
—Pero Mako-chan, eso hasta para mí es muy obvio —El más alto frunció el ceño sin entender lo que le decía el pingüino— Todos los chicos que se acercan a ti, es para coquetearte.
—Eso no es cierto —Makoto se detuvo, sin saber cómo había llegado a la gran tienda de dulces.
—Yo te guie mientras hablábamos —Le sonrió guiñándole un ojo— Y aunque no lo creas, Haru-chan tiene razón en ponerse celoso, porque es verdad eso de que tratan de coquetearte.
—No lo defiendas —El mayor hizo una especie de puchero, y entró a la tienda llena de colores e invadida de un olor azucarado que engatusaba hasta el más agrio de los seres.
— ¿No te gusta que Haru-chan sea celoso? —Nagisa observaba asombrado la variedad y cantidad de dulces que había en la tienda, eran unas especie de enormes cajas de vidrio, llenas de dulces, caramelos, gomitas, malvaviscos, y un montón de golosinas más.
—No es eso…
—A mí me gustaría tener una persona que sienta celos por mí —Makoto sonrió, este era el momento perfecto para hablarle de Rei, y sacar algo de información.
— ¿Qué hay de Rei? —El pequeño pingüino no pudo evitar sonrojarse por las palabras del mayor, desvió la mirada para que no se diera cuenta, pero Makoto ya lo había notado.
— ¿Qué tiene que ver Rei-chan? —El rubio buscó un lugar para escapar, hablar de la mariposa no era su fuerte— ¡Mako-chan, vamos a comprar dulces! —Sacó una bolsa transparente y se dirigió hacia una de las grandes cajas de vidrio, lo especial de esa tienda, es que podías comprar por kilos los dulces, y también combinarlos con todos los que quisieras. La orca rio por lo bajo y fue tras su amigo, se dirigieron hacia la sección de dulces mentolados, en donde habían diferentes tipos de caramelos y gomitas, siendo la menta su ingrediente principal.
—Bueno, puede tener celos de amigo, Haru ya era celoso antes de que fuéramos novios —Makoto también sacó una bolsa y empezó a llenarla de muchas gomitas, ya que a su novio le encantaban, eso no quería decir que no estaba molesto con él, se las daría cuando se disculpara por hacerle… ¿Una escena de celos por mensaje de texto? Bueno, no tenía mucha coherencia, pero no le importaba, haría que su esposo se disculpara.
Haruka miraba con un tick en la ceja el mensaje que su amor le había mandado, definitivamente Makoto era un idiota, además no entendía por qué la orca estaba molesto, si la víctima de toda esta catástrofe era él, a él le habían enviado una foto en la que su novio salía muy cariñosamente con un imbécil, que a leguas se notaba que quería algo más que ser amigo del adolescente de hermosos orbes esmeralda. Él sólo quería cuidarlo de los perros sin raza que intentaban seducirlo, ese era el papel de un novio, y también formaba parte de "ser lindo", pero parecía que Makoto no lo entendía, o simplemente él no era muy bueno con las palabras ni las acciones, pero no podían culparlo, nunca tomó clases para ser un buen novio. Un gran suspiro salió de sus labios mientras le daba otra leída al mensaje, definitivamente le debían haber advertido lo difícil que era tener un novio, y más cuando también era su mejor amigo.
Mensaje de texto.
De: Makoto.
Bien no me ayudes, y ya no quiero seguir hablando de esto así que no mandes más mensajes, no los leeré hasta que te disculpes en persona.
El hermoso adolescente de orbes oceánicos guardó su celular, tampoco seguiría con la conversación, y mucho menos se disculparía, no tenía por qué pedirle perdón, Makoto era suyo, él mismo se lo dijo, así que tenía todo el derecho de molestarse.
Los cuatro adolescentes decidieron darle un recorrido rápido al resto de los lagos que les ofrecía el monte Fuji, Rin decidió dejar a Haruka solo con sus problemas amorosos, ya que el pelinegro estaba demasiado irritable, y decidió dedicarle tiempo a su propio novio, que la noche anterior le había exigido mucha atención. Rei caminaba en silencio al lado del mayor, podía ver el semblante oscuro que afectaba aquellos profundos mares, tenía que decirle algo, necesitaba saber si su noviazgo estaba bien o no, porque realmente no quería que ese hermoso romance se acabara, y aunque no lo admitiera, no soportaba la idea de ver a Nagisa con Makoto, o con alguien más.
—Haruka-senpai, quiero hacerle una pregunta —El peliazul se sentó al lado del muchacho de hebras oscuras en una banca que se encontraba en el parque cerca del lago Yamanaka, que era el lago que estaba a más altura de los cincos, el parque que pertenece a este lago, se llama Hana no Miyako, y en él se pueden apreciar muchas variedades de preciosas flores; era un lugar bastante romántico, y Rei pensó que podía ser perfecto para que sus superiores arreglaran todos sus problemas y disfrutaran un momento juntos.
— ¿Qué pasa? —El pelinegro lo miró con su rostro estoico, pero sus ojos podían demostrar todos esos sentimientos que estaba ocultando.
— ¿Cómo está su relación con Makoto-senpai? —El menor había vacilado un poco en hacerle esa pregunta, pero la preocupación lo estaba matando.
— ¿Qué quieres decir? —Haruka estrechó los ojos mirándolo receloso.
—No quiero ser entrometido, pero si está teniendo problemas con Makoto-senpai —Bajó la mirada algo avergonzado— Les aconsejo que lo tomen con calma, y puedan arreglarlo juntos, ustedes hacen una pareja muy hermosa y… Sería una lástima que rompieran su noviazgo —Soltó un largo suspiro y continuó con su pequeño y breve discurso— Además, creo que Nagisa-kun no es el indicado para estar con Makoto-senpai.
Pasaron unos minutos en silencio, antes de que Haruka pudiera procesar todas las palabras dichas por Rei.
— ¿Qué? —El pelinegro no entendía, bien ahora estaban molestos, pero no era tan grave como para que decidieran romper, y tampoco tenía idea de por qué Nagisa estaba involucrado en todo esto.
—Bueno… Cuando Makoto-senpai se acercó a hablarme, sólo me hablaba de Nagisa, y ahora quiso estar sólo con él, entonces…
— ¿Crees que a Makoto le gusta Nagisa? —La verdad es que Haruka no sabía si reír, llorar o enfadarse, no podía creer la ingenuidad de su amigo.
—Tal vez… —Contestó algo cohibido.
—Rei —El pelinegro miró directamente a los ojos del menor, haciendo que éste se sintiera algo incómodo— No tenemos ningún problema con Makoto, y él te habla de Nagisa y se fue con él porque piensa que ustedes dos están enamorados —Fue todo, Haruka quería que Makoto se ocupara de su propia relación que la de sus amigos, así que decidió ir directo al grano y terminar de una vez con todo el asunto.
— ¿Por qué piensa eso? Yo y Nagisa-kun no… —Rei no podía estar más rojo, sentía como si lo habían descubierto, pero no tenía idea de qué.
—Yo también creo que es así —El nadador que sufre de hidrofilia podía sentir el nerviosismo en que se encontraba el chico más alto— Tal vez tú seas el único que aún no lo sabe.
—Haruka-senpai… —El chico mariposa no sabía que decir, dentro de él existía un revoltijo de sentimientos que aún no les deba un nombre, si era tan obvio para todos ¿Por qué no lo era para él? ¿Qué era lo que necesitaba para darse cuenta de lo que realmente sentía por Nagisa?
—Yo nunca… Me di cuenta que estaba enamorado —Un leve sonrojo apareció en las pálidas mejillas del mayor, hablar sobre estos temas no eran algo fácil para él— Sólo sabía que quería estar con Makoto.
El silencio les invadió, Rei estaba atormentándose dentro de su mente, dándose una explicación lógica de lo que estaba pasando, pero no podía conseguir ninguna. Haruka por su parte, se quedó observando las flores, pensando en que tal vez no debió haber dicho nada, pero ya era muy tarde como para arrepentirse.
Makoto y Nagisa ya llevaban cuatro bolsas llenas de dulces, la orca había intentado de miles de maneras, sacarle una confesión al rubio, pero éste siempre evadía el tema ágilmente. Ahora se encontraban en la sección de chocolates, había una pileta de chocolate que sedujo al más alto, pero él sabía controlarse, no como su esposo. El pequeño pingüino miraba como su amigo llenaba y llenaba las bolsas de chocolates, nunca había visto a alguien más aficionado al chocolate que Makoto, se preguntaba cómo no le daba diabetes de tanta azúcar. Como se aproximaba la hora de volver con los demás, los dos adolescentes tuvieron que despedirse de la tienda, y ahora se encontraba caminando con miles de bolsas cargadas de dulces, ninguno tendía idea de cuánto dinero gastaron, sólo sabían que habían comprado como para un mes entero o dos.
—Nagisa… —A pesar de que se había distraído con el chocolate, Makoto no había olvidado su conversación con el rubio.
— ¡Mako-chan! ¿Por qué insistes tanto con Rei-chan? —Decía exasperado el menor— ¡Da igual si digo que estoy enamorado de él o no, porque él no siento lo mismo! —Nagisa desvió la mirada totalmente avergonzado, dándose cuenta de lo que había dicho.
—Yo creo que Rei sí siento lo mismo por ti —Makoto sonrió y le acarició la cabeza, Nagisa tenía un semblante triste, para el rubio no había ninguna posibilidad de que Rei se fijara en él como algo más que un simple amigo.
—Yo no estaría tan seguro —El rubio se apartó y siguió caminando, el mayor sólo suspiró, no iba a presionarlo más, ya había sabido lo suficiente.
Cuando llegaron al templo, el trío de nadadores se encontró con la gran sorpresa de que sus dos amigos, habían regresado con muchas bolsas llenas de dulces y también con un gato muy gordito. Makoto no había resistido haber dejado al gatito, ya que sentía que tenían algo especial, así que regresó por él a la tienda de mascotas y terminó por adoptarlo.
— ¿Qué significa esto? —Haruka le preguntó a su novio mientras se cruzaba de brazos.
—Pues… Lo que ves —Le respondió el menor pasando de largo, los otros cuatro adolescentes podían ver la tensión entre ellos, y la verdad es que se alegraban de no verse involucrados.
El templo Fuji-Sengen es un templo sintoísta en el que veneran a la diosa del monte, desde ese templo, los peregrinos emprenden su viaje para llegar a la cima del volcán. El santuario también está rodeado de lámparas de piedra y árboles sagrados de más de mil años, creando así un ambiente de paz espiritual. Los seis adolescentes le rezaron a las deidades del templo, y luego disfrutaron del paisaje que les entregaba el santuario, Rei se preguntaba por qué cada vez que buscaba la mirada del pingüino, éste la desviaba, no podía dejar de pensar en lo que le había dicho el pelinegro, tenía que averiguar cuáles eran sus verdaderos sentimientos por su amigo, porque no le gustaba esa sensación de incertidumbre.
Ya entrada la noche, cada par de adolescente se encontraba en sus respectivas habitaciones, Makoto tuvo que ocultar al gato, ya que en el hotel en que se hospedaban no se permitían animales. No había cruzado ninguna palabra con su esposo, éste en cuanto llegó se encerró en el baño y no ha vuelto a salir, a él no le importaba, siempre le daba su espacio para reflexionar y también para que pensara en una buena disculpa, porque él quería su disculpa.
Cuando Haruka salió después de unas tres horas, ya estaba vestido con su pijama y una toalla sobre su cabeza, fijó su mirada en su amor que jugaba con el gato que se encontraba entre sus piernas, lo miró molesto, tenía el cabello mojado, y ese era su lugar.
—Deberías secarte el cabello, te puedes resfriar —Le decía el adolescente de orbes esmeralda, sin dejar de prestarle atención al felino.
—Sabes que tú tienes que hacerlo —Respondió sentándose en el borde de la cama.
—Haru… No haré nada hasta que te disculpes —El mayor rodó los ojos, seguía sin entender por qué tenía que disculparse, sólo estaba reclamando lo que le pertenecía.
—Makoto eres tú el que se tiene que disculpar, tú fuiste el que estaba coqueteando con ese idiota, además te dejaste tocar por él— Frunció el ceño, estaba enojado con el chico frente suyo, pero también tenía unas enormes ganas de besarlo, tal vez eran los efectos de ser posesivo.
— ¿Quieres decirme en qué momento me dejé tocar? —Makoto estaba indignado, que él recuerde en ningún momento tuvo un contacto físico con el muchacho de la tienda de mascotas.
—Entonces explícame esto —Haruka le mostró la foto que le había enviado Nagisa. Makoto dejó al gato en el suelo y se acercó para ver mejor, ese fue el momento en que pudo darse cuenta de lo que se refería su novio, ahora podía entender por qué el delfín estaba tan molesto, y bueno… La foto realmente mal interpretaba todo.
—Bien… Eso puede decir muchas cosas —El menor le sonrió algo incómodo— Pero debes creerme, sólo hablamos de los gatos, no me tocó ni nada, sólo fue una foto tomada en un mal momento —Le acarició la mejilla, tratando de calmar esos tormentosos mares— Haru, ya te he dicho que eres el único para mí.
—Entonces demuéstralo —Haruka sin poder soportarlo más, besó desesperadamente a su amor. El chico orca también necesitado del sabor del mayor, abrió su boca para que la lengua ajena tuviera un desenfrenado acceso a ella. El pelinegro empujó suavemente al más alto hasta caer de espaldas sobre la cama, quedando así, encima de él. Sonidos húmedos invadían la habitación que compartían, Haruka abandonando la boca de su esposo con un suspiro, decidió repartir pequeños besos por su mandíbula hasta llegar a su cuello en donde succionó con afán la piel para poder marcarla y dejar en claro a quién le pertenecía aquel chico.
—Ah… Haru espera… —Makoto tomó de los hombros al precioso muchacho de orbes oceánicos y lo separó un poco de él.
—Makoto —Las respiraciones de ambos estaban agitadas, y un sonrojo invadió sus mejillas, aunque en el menor era más notorio. Tomó firmemente las manos de su novio, y las puso sobre su cabeza— Ya me aburrí de esperar.
Makoto podía sentir la intensa mirada que le estaba dando el adolescente de hebras oscuras, aquellos profundos mares le quitaban el aire, y el contacto de sus manos le quemaba la piel. Tratando de controlar los fuertes latidos de su corazón, desvió la mirada para poder escapar del dominio de Haruka, podía sentir la acelerada respiración del mayor cerca de él haciendo que se estremeciera, y en un tembloroso y suave susurro, dijo.
—Está bien.
Qué les pareció? parece que Makoto cedió.
afajksf lo siento si ukeo tanto a Mako, es que se me hace inevitable, esto no quiere decir que él resulte ser el uke al final del fic.
Bien es todo, espero leernos pronto.
Hasta entonces, se despide su servidora.
Airi.
¡Muchos kissus llenos de amor virtual!
