¡Hola!

Oh, Dios mío, un mes completo sin actualizar.

Entré a la Universidad, y bueno, es un caos a comparación de lo demás. Tareas, trabajos, exámenes, en fin. He estado exhausta y apenas me da tiempo de dormir. Pero sus comentarios hermosos me dieron fuerzas para estar aquí hoy con el capítulo :D

Les gradezco de nuevo todo el apoyo infinito, sus palabras, para mí es muy importante leer el cómo se sienten respecto al fic, y me alegra que cada vez más personitas se unan a comentar :D

Tengo una noticia importante para ustedes, así que los dejaré con el capítulo y nos leeremos en las notas finales :3

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Capítulo 31.- Trescientos sesenta grados.

Hacía tanto tiempo que él no estaba en la misma mesa que Nick Fury sin querer golpearlo, que se recordó llamar a Récord Guinness para que lo tomaran en cuenta. Recordaba todo el rencor que le tenía—del cual seguía existiendo todavía un poco, pues esas cosas no desaparecen de la noche a la mañana—y todo el engaño que vivió pensando que ese hombre era el malo de la historia y el causante de sus desgracias. Qué equivocado estaba. Pero simplemente estaban ahí, planeando el destino de Obadiah en su oficina en Industrias Stark.

Era raro y algo cómico el cómo la vida giraba en torno a las casualidades, y era tan práctica y malvada, que muchas veces volvía a donde estaba antes de dar un giro. Porque bien se dice que un giro de trescientos sesenta grados en la vida de alguien, es volver al mismo lugar. Justo como él.

—¿Cómo le haces para mirar algo que está a tu izquierda?, ¿giras completamente la cabeza o presientes lo que hay? —cuestionó, con un tono de voz tan interesado que logró irritar al susodicho. A su lado, Natasha le lanzó una larga mirada con desaprobación—. Oh, no, no. Están en mi oficina bajo mis reglas. Si quieren tratar de matarme con sus tres ojos, tendrá que ser después, no aquí. —se recargó en su respaldo, inclinando la silla ligeramente hacia atrás mientras jugaba con un bolígrafo entre los dedos.

—Estábamos pensando en mandar a Obadiah a una cárcel dedicada especialmente a seres ruines como él, en las Bahamas. —habló la pelirroja, pasándole un folder con hojas de información dentro. Se había tomado la molestia de buscar algunos buenos lugares, seguros y donde no pudiera salir—. O quizá al Pacífico. Hay una isla donde…—

—¿Qué? —interrumpió a la agente Romanoff, quien volvió a mirarlo de mal modo. Pero al carajo con ella y esos cuchilllos filosos que tenía por ojos, eso sí le interesaba—. No lo quiero en una cárcel disfrutando sus días y sintiéndose dichoso. —frunció el ceño y ésta vez su cuerpo tomó la posición seria que se le veía en las juntas empresariales. Nick simplemente lo observaba en silencio.

—¿Entonces qué quieres que hagamos con él? Derechos Humanos lo protege como para matarlo, y hacer justicia por tu propia mano te llevará a ti a la cárcel, Stark. Eres un idiota. La única opción que tenemos es mandarlo a una cárcel con seguridad máxima. —cambió ligeramente el pie en el que se apoyaba, y sus mechones rojos cosquillearon suavemente en sus mejillas. Se cruzó de brazos y observó también al castaño, que ahora se mantenía en silencio, analizando. De repente sus ojos parecieron brillar con algo que le supo a una idea bien hilada.

—Una cárcel, querida agente, para la gente como Obadiah, no es un calvario. Dan dinero y pasan sus días como en un retiro de sus deberes. No quiero que descanse. Quiero que pague por todo lo que ha hecho, no sólo a mi familia, sino a todas aquellas personas: lo mandaremos a Afganistán a trabajar, sin goce de sueldo y bajo la custodia de S.H.I.E.L.D. —y sonrió con una victoria asegurada cuando la pelirroja hizo una mueca parecida a la satisfacción que a ella también le daba la idea. Nick se mantuvo callado un largo rato, pero finalmente asintió.

—Queda decidido. Ese hombre viajará hoy mismo y reparará todo el daño que ha hecho. Yo mismo me encargaré que no tenga un solo día para respirar. —le hizo un gesto a Romanoff y ella salió de la sala, marcando un número para dar la orden y comenzar con los movimientos de traslado. Un silencio breve se cernió sobre ellos, antes de que la profunda voz de Nick retumbara de nuevo en el espacio:—. En todo este tiempo estuve presionándote para que volvieras al negocio armamentista, pero creo que es tiempo de desistir. Eres un hombre que ha cambiado para bien, Stark, no te pareces en nada al mocoso de hace algunos años. —le sonrió levemente y se puso de pie, acercándose al magnate millonario que le veía fijamente—. Estoy seguro que con estos ideales y ese cerebro, llevarás a este país al nuevo siglo. Nos veremos después, quizá. —y se dio media vuelta para salir de una vez por todas de su oficina.

—¿Tan rápido te marchas? Pensé que eras más persistente en tus ideas. —le comentó con una sonrisa burlona. Cuando Fury se giró para encararlo, él le aventó el bolígrafo con el que antes jugaba, para que el otro lo cachara. Después deslizó por la mesa un papel—. El contrato armamentista entre S.H.I.E.L.D. e Industrias Stark se renovará en cuanto firmes. Abriré de nuevo el negocio, pero sólo para ti, porque confío en que protejas al país con lo que voy a darte. —sintió una ola de ego y dicha, y placer, y un todo revuelto, cuando el único ojo del hombre negro brilló y abrió ligeramente la boca. Obviamente Tony Stark siempre sabía cómo dejar sin palabras al público.

—¿Qué te ha llevado a ésta decisión? Si es una broma, te unirás a Obadiah en Afganistán hoy mismo. —trató de sonar serio, pero no evitó la sonrisa mezclada con emoción que surcó sus facciones duras. Se acercó para leer el papel, en donde efectivamente, se leía que era un contrato por tiempo indefinido—. Llamaré a mi abogado y leeré esto con calma. Romanoff lo traerá mañana. —tomó las hojas y las acomodó entre sus manos, aún escéptico por lo que acababa de pasar.

—Vamos, sólo toma el maldito papel y firma. —rodó los ojos algo indignado ante la leve sospecha de que ese hombre quizá pensara que él estaba buscando estafarlo o algo por el estilo. Como si a él le hiciera falta dinero o cosas materiales—. Howard confiaba en ti. Es mi turno de hacerlo.

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Steve dibujó trazos difusos, sin forma alguna. Trató de proyectar un rostro, pero solamente logró hacer un par de bifurcaciones que no llegaron a ser nada. Él sólo quería sentir las palabras pasar a través de sus dedos, a través de su mente. Pero no estaba pensando en alguien específico, sino en un todo. Un total que implicaba su destino. Necesitaba una respuesta. ¿Qué haría?

Suspiró frustrado, porque tampoco es como si tuviera muchas opciones para tomar cualquiera de ellas y sentir que estaba en lo correcto. Poniendo la cabeza fría, con las cartas en la mesa, se daba cuenta de muchas cosas. Y esas cosas no le gustaban, porque aunque no quisiera creerlas, estaban ahí y eran la verdad mostrada ante él. Era feliz con Tony, muchísimo; pero bueno, fuese lo que fuese, todo estaba a punto de terminar. Stark claramente estaba ahí en su corazón, entretejido en sus entrañas, haciéndole sentir cosas más allá del deseo. No es como si no hubiera sabido en lo que se estaba metiendo desde que aceptó jugar al gato y al ratón. Pero él esperaba más… joder. Se pasó las manos por los mechones rubios y se despeinó. Cerró los ojos y se dejó caer contra el respaldo del sofá. ¿Por qué había esperado otra cosa?

Alzó la mirada y encontró, con sorpresa, el profundo mar chocolate que lo arrastraba como la marea. Estaba tan sumido en sus pensamientos que no escuchó cuando Tony llegó a casa. Era temprano todavía.

—¿Un día aburrido? —cuestionó. El castaño asintió con una mueca y se derribó a su lado. Un grave suspiro salió de ambos, y dejaron que el silencio reinara en la habitación donde estaban. Steve, en medio de sus desordenados pensamientos, sintió la mano de Tony vagar por su pierna, acercándose un poco más al contacto de su cuerpo. Después los brazos masculinos le rodearon la espalda y el vientre. Él correspondió el abrazo pasando una mano por los hombros de Stark y atrayéndolo más cerca. Depositó un suave beso en la frente del mayor.

Steve sólo había decidido fingir que no era lo que era, porque era más fácil que aceptar la verdad. Engañándose a sí mismo no era algo que estaba por lo general tan dispuesto a hacer, y eso le frustraba a ningún extremo que él hubiera permitido antes. Y sin embargo estaba aquí, abrazado al hombre que hacía que su corazón latiera desbocado, dándole besos cariñosos en la cara. Pero él sabía mejor que nadie que no había nada por hacer. Porque la alternativa había sido demasiado aplastante, a considerar: que Tony sólo quería su cuerpo y el sexo.

Porque esa era la verdad, joder. La que él sabía, pero se negaba a aceptar porque esperaba, como un idiota, que Tony le dijera que lo quería. Pero cuando todo terminara sólo habría un adiós. No rupturas desordenadas y dramáticas como las novelas. Tomó una resolución, aunque le doliera. Quizá Stark le tuviera cariño, pero no de la misma forma y con la misma intensidad que se había desarrollado en Steve.

—Regresaré a mi época, Tony. —murmuró, deslizando las palabras entre sus dientes, como si a él mismo le costara tragar la sola idea de volver. Y también estaba esa parte: la melancolía, la añoranza. Su familia, sus amigos, su vida pasada y Peggy.

—¿Cuándo? —cuestionó, sintiendo que todo el aire se le iba de los pulmones porque esta era la conversación que quería evitar. Pero Steve estaba ahí sacando el tema, haciéndole saber que iba a marcharse y que estaba resuelto a eso. El rubio negó con un gesto, sin saber qué responder. Él prefirió hacerlo:—. Tendrá que ser después de la fiesta, porque Industrias Stark y S.H.I.E.L.D. volverán a asociarse. —y sonrió.

¿Qué más le quedaba que fingir que no dolía?

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Loki sonrió a través de su vaso de vino, brindando con John mientras el eco de la música resonaba fuerte por sus oídos. Necesitaba esto, en serio. Toda la presión, todos sus pensamientos destructivos, todo lo que implicaba problemas; quería que pasaran a segundo plano. Aunque aún a través de la música, las palabras de Jane se clavaban como dagas en su pecho, atormentándolo. ¿Y si era cierto?, ¿Y si Thor aún lo amaba con tanta fuerza como para rechazarla?, ¿Y si… había aún una oportunidad para ellos?

Había estado deprimido gran parte del día, sin ir al trabajo de nuevo—aunque había llamado a su segundo para que se encargara del Café—y había tenido la tentación de subir al Pent House y contarle a Steve sus penas, pero supuso que bastante tendría él ya con el problema de volver a su época. ¿Cómo la estaría pasando Tony? Mal, de seguro. Muy mal.

Una mano apretó ligeramente su hombro y él divisó entre la nube de tabaco a un hombre alto y rubio, con barba. Su corazón latió desbocado y luego se paró, y siguió así, con el pulso irregular marchando por su cuerpo. Pasó saliva gravemente cuando se dio cuenta de su estupidez. No era Thor. Se parecía, y era guapo, pero no era. ¿Estaba tan enamorado de él que ya lo veía en otra gente?

—¿Bailas, amigo? —le propuso, con una sonrisa sensual. Loki preparó su lengua afilada para contestarle alguna cosa que lo pusiera en su lugar por el tono sugerente y grotesco que había empleado, y la sucia mirada que le dirigió. De verdad, ¿Cómo pensaban que hacer eso era sensual? Sin embargo, alguien se adelantó.

—Ve a buscar otra presa, amigo. Él está conmigo. —el tono firme que empleó John surtió el efecto deseado, pues el hombre se encogió de hombros como si se excusara por no saber que estaba acompañado, y se marchó. Loki le miró agradecido, y él sólo le guiñó el ojo como respuesta.

El ojiverde vio cómo una mano se deslizaba por el cuello de John, y por atrás apareció una mujer de estatura pequeña, y con complexión delgada pero curvas marcadas. Era pelirroja y tenía una bella sonrisa. Además era amable.

—¿Me perdí de algo? Parecen tensos. —alzó una ceja delineada perfectamente mientras tomaba asiento en su lugar, entre ellos dos. John negó con un gesto de la cabeza y le plantó un beso sutil en la boca. Eso pareció calmarla un poco, porque sonrió con vitalidad—. Vamos a bailar, la noche es para disfrutarla y ustedes se ven muy aburridos aquí. —y tomó a los dos de la mano conduciéndolos a la pista de baile sin dejar tiempo para protestas.

Mientras bailaba entre la gente, Loki adivinó el cariño que aquellos dos se profesaban. Había sentido un gran alivio cuando John le presentó a su prometida esa misma noche, pues no podría haber aceptado su invitación para salir de no haberlo sabido. Estaba cansado ya del amor y sus brechas, y si por algún motivo John fuese homosexual, simplemente se habría retirado. Para su suerte, era todo lo contrario y se casaba en un mes. El alivio que sintió al saberlo fue como una cubetada de agua fría en pleno verano.

Bebió, bailó y rió. Esa noche se sintió él mismo nuevamente.

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Era un primer paso, el Doctor se lo había dicho cuando amaneció. Y vaya que era cierto.

Pepper regresó por la mañana a Industrias Stark a pesar de que Tony se había negado muchas veces, pero finalmente cedió a sus caprichos. Ella era una mujer activa, en tiempo y forma, y no podía quedarse postrada en una cama trayendo recuerdos amargos a su mente. Necesitaba moverse y quitarse del cuerpo la tristeza y sensaciones que no le gustaban. Así que ataviada en su impecable traje color melón, contemplaba desde su silla a Tony Stark.

—¿Fiesta?, ¿una… fiesta de S.H.I.E.L.D. e Industrias Stark? —su voz escéptica hizo que el castaño dejara de mirar la ciudad a través de su ventanal y volteara a verla con una sonrisa. Pepper negó ante la idea—. No creo que a Nick le agrade la idea, y tampoco le conviene a la empresa, Tony. ¿Te das cuenta en cuántas revistas y noticias aparecerá que vuelves al mercado de las armas? Llegarán propuestas y contratos de todas partes, la prensa te va a perseguir más que de costumbre, y puede… puede que alguien recuerde lo de hace años. —se mordió levemente el labio inferior, porque aún era un tema delicado. Quizá el pasado siempre es un tema del que se debe hablar con precaución y tanteando dónde pisar para no hundirte.

—Nick Fury no lo sabe todavía, pero no necesito su permiso para hacer una maldita fiesta cuando se me antoje. Saldrá de mi bolsillo y no del suyo. Además, querida Pepper, hace mucho que Tony Stark no es el anfitrión de una fiesta, y no puedo perder el toque. —le guiñó un ojo con picardía y giró sobre sus pasos. Ella rodó los ojos.

—Tus fiestas siempre terminan en desastre, y tú eres el primero en caer borracho. Me atrevo a decir que, incluso antes de que comience el evento, ya tienes algunas copas de más. —se levantó, caminando por la alfombra y rememorando sin querer los recuerdos de ella tirada, medio desnuda, siendo manoseada por el asqueroso hombre que ahora iba rumbo a Afganistán para pagar por sus delitos. Respiró profundo e hizo los pensamientos a un lado. No era momento de ponerse así.

—Hay que ser un buen anfitrión, querida. —se encogió de hombros—. Organízala pronto, dentro de dos días, quizá. —hizo un ademán con la mano, como tratando de restarle importancia al asunto porque le dio miedo que Pepper viera tras su fachada. Grave error, porque ella ya lo sabía. Potts siempre sabía.

—¿Cuál es el verdadero motivo? Eres inteligente, Tony, y obviamente no quieres que la prensa esté tras de ti si se enteran de tu regreso al mercado. ¿Qué ha pasado? —bien. El tono preocupado de la rubia lo obligó a mirarla a los ojos e intentar sacar una sonrisa que salió como una mueca compungida de sus sentimientos.

—Steve vuelve con los suyos muy pronto. —ante él, vio perfectamente cómo las cejas de ella se elevaban con sorpresa por la noticia—. No tuve más remedio que decir que tendrá que marcharse después de la fiesta, una que…-

—Una que simplemente surgió para retenerlo a tu lado aunque sea un par de días, ¿cierto? —él asintió y bajó el rostro, avergonzado por sentirse vulnerable y descubierto. Qué patético. Virginia se acercó y lo tomó del mentón, obligándolo a mirarla. Después le dio un beso en la mejilla con cariño y lo abrazó—. Tienes que decirle tus sentimientos, Tony. Algunas veces me pregunto qué es lo que se necesita para soltar tus miedos y arriesgarte a conocer la felicidad que tanto te has negado. —

—Quizá se necesita la certeza de que la otra persona corresponderá. —susurró, aspirando el aire que había entra la curvatura del cuello de su asistente y amiga. Pasó los brazos alrededor de su cintura y la atrajo con cariño y necesidad a su cuerpo, traspasándole todas sus dudas y miedos estúpidos de alguien que no quiere creer en algo que se muestra frente a sus narices.

—¿Y qué si Steve te corresponde? —se atrevió a seguir indagando, porque estaba decidida a hacerlo tomar la resolución de confesar su cariño al rubio.

—No Pepper, no seas tonta. —ahogó una risita amarga—. Él tiene a alguien esperando en casa. Y no soy yo.

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—Soldado, un placer verte de nuevo por aquí. —Nick estiró la mano para darle un cordial y amistoso saludo a Steve, quien estaba llegando a las instalaciones de S.H.I.E.L.D. El rubio correspondió el saludo, sintiendo algo removerse en su interior porque hacía muchísimo que nadie le llamaba de esa forma. Aquello le hizo extrañar su tiempo más de lo que pensó.

—Buenos días, Director Fury. —le tomó un par de segundos seguir al otro por los pasillos, pero finalmente se acopló a su paso mientras iba a darle la noticia. La decisión estaba tomada:—. Siento robar algo de su tiempo, pero necesitaba hablar con usted. —se sintió algo avergonzado porque Nat le había hecho el favor de conseguirle unos minutos con el Director, los que él claramente no pensaba desaprovechar—. El motivo de mi entrevista es para-

—Adivinaré. —cortó sus palabras con una pequeña sonrisa—. ¿Quieres unirte al equipo de Agentes? Si es así, podemos hacerte unas pruebas previas y entrarás. De hecho, quería proponértelo después de haber hecho un espacio para ti, pero creo que te has adelantado. —le palmeó la espalda con soltura, como si fuese un familiar y no un subordinado. Steve se quedó sin palabras ante aquello, ¿qué era lo que estaba diciéndole? Quizá Nick leyó en su rostro la incertidumbre, porque retomó la palabra:—. Eres un buen hombre, con valores. Estoy seguro que con poco entrenamiento podrás estar al frente de un equipo de espías haciendo misiones como Capitán. En poco tiempo te tomarán aprecio. Te he visto entrenar, y salvaste la vida de una de mis mejores Agentes. ¿Qué dices? —pero todo el peso, toda la resolución de Steve pesó un poco más. Guardó silencio algunos momentos, y luego sonrió apenado.

—Lo siento, Director. Créame que me siento muy alagado por sus palabras, y la oferta. Pero… he venido para decirle que me voy. —bajó la mirada hacia sus pies, buscando dentro de su ser creerse él mismo la noticia que estaba dándole al otro—. Tengo que… que volver a casa pronto, y eso es muy lejos de aquí y de cualquier lugar. Quería venir a agradecerle todo esto, la oportunidad de estar aquí y conocer a esta gente maravillosa. —dos leves palmadas cayeron sobre su hombro, y el único ojo bueno del hombre mayor lo taladró como un martillo. Después sonrió levemente, asintiendo.

—Comprendo, soldado. En ocasiones, el deber es más importante que los anhelos. Así que buena suerte, y recuerda que mi propuesta sigue en pie. —Steve murmuró un gracias, y algo dentro de su pecho creció y se encogió, cálido y amargo al mismo tiempo—. ¿Cuándo te vas?

—Quizá en un par de días, después de la fiesta. Le prometí a Tony que estaría. Nunca pensé que S.H.I.E.L.D. e Industrias Stark pudieran hacer negocios juntos, pero me alegro que así sea. Si me permite, creo que una fiesta es algo muy prematuro, pero a fin de cuentas es un hecho que marcará un antes y un después: una alianza. —Nick estaba a punto de preguntar de qué carajos estaba hablando, pero en ese momento Natasha llegó por el otro pasillo y los interrumpió.

Cuando Fury vio marchar a ambos, platicando entre risas, se dijo que perder a alguien como Steve era malo, porque ese chico tenía potencial de líder, y sin duda sería un excelente Capitán en un escuadrón. Steve junto con Natasha serían letales en las misiones. Pero las decisiones eran únicas y nadie tenía porqué influir en ellas. Por otra parte, ¿fiesta? Qué carajos con Tony Stark y sus excentricidades.

Estaba seguro que de ahora en adelante tendría migrañas seguras todos los días.

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—No te ves bien, ¿qué te sucede? —el tono preocupado que utilizó Natasha, logró que el estómago de Steve se removiera con ansias. Había estado ansiando esta pregunta tanto como la había evitado. Pero necesitaba hablar y sacar de su corazón las dudas que lo atormentaban. La miró un par de segundos y desvió la mirada al sentir las apantallantes gemas de ella traspasarlo como un libro.

—Regresaré a mi época. —murmuró. El silencio se prolongó hasta que ellos llegaron bajo un árbol frondoso en el patio más retirado y solitario de las instalaciones de S.H.I.E.L.D. y tomaron asiento. Después, la pelirroja apretó su rodilla con consuelo, como si tratara de animarlo ante la decisión que había tomado.

—Deberías estar más feliz. A menos que eso no sea lo que en verdad quieras. —se encogió de hombros tratando de sonar indiferente, porque sus años de experiencia bien le decían que si se mostraba compasiva, la otra persona solía victimizarse. Ella quería que el rubio sacara todo sin presiones, que salieran de él las palabras.

—Lo estoy, claro que lo estoy. Quiero volver y ver a mis tíos, el cuartel… a Peggy. —su rostro se iluminó un poco cuando nombró a la última persona—. Pero… también está Tony. Tú sabes mejor que nadie que mis sentimientos por él ahora son más fuertes y no… no quiero dejarlo. No aún. —se frotó los cabellos con frustración.

—¿Entonces por qué vas a volver si hay algo que te detiene aquí? —preguntó, obviando las mismas palabras de su amigo. Bien, estaba llegando pronto a una conclusión: ambos eran unos idiotas. Respiró profundo y dejó que el tiempo corriera, los segundos, los minutos. Escucharon juntos el canto de las aves en las ramas de los árboles, saludaron a compañeros y volvieron a sentirse más cómodos. Steve agachó la mirada, reconociendo que le dolía exteriorizar sus palabras que no eran más que la verdad para él.

—Tony no me quiere. Él sólo busca sexo y eso es todo. Desde un principio me lo advirtió, y yo caí como un estúpido. —comentó burlándose de sí mismo, sosteniendo en el rostro una sonrisa que le supo a hiel. Natasha simplemente le hizo girar el rostro poniendo su mano en el mentón masculino y obligándolo a mirarla.

—Díselo. Dile tus sentimientos. No sabes si él corresponderá o no. Si no lo hace, entonces puedes sentirte libre de volver, y si lo hace, entonces podrás tomar una decisión sin estar pendiendo de la incertidumbre. —le recomendó con una suave sonrisa. Steve negó, abatido, como si aquello fuese descabellado y no entrara entre las opciones reducidas que tenía.

—Ya tomé una decisión. Sólo esperaré que pase la fiesta, y después me iré. Le prometí a Tony que lo haría. —le dio un beso al dedo pulgar ajeno que se paseó por sus labios. Cualquiera que los viera pensaría que eran una pareja por la forma íntima en cómo se trataban, pero ellos sabían mejor que nadie en lo que se habían convertido: hermanos—. Extrañaré esto, a todos ustedes. Quizá quedarme hasta la fiesta es un mero pretexto para prolongar una partida que es ya inevitable. —después sintió los brazos de ella rodearle, y permitió que lo abrazara como un niño que necesita un silencio con compañía cuando acaba de descubrir algo que va más allá de su conocimiento.

Steve se sentía derrotado.

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Pasaba a penas el medio día cuando la vida de Loki volvió a dar un giro inesperado.

John había ido a buscarlo a la Torre Stark, alegando que estaba muy encerrado y cabizbajo últimamente, y para hacerlo salir de la rutina y depresión, lo obligó prácticamente, a aceptar su invitación para ir a comer algo. Sinceramente, él no tenía ganas de ir a ningún maldito lugar donde hubiera tanta gente que lo atosigara y le hiciera soltar la lengua filosa, pero quizá eso era lo que necesitaba: distracción. Así que se puso su saco y se vistió con la mejor sonrisa.

Su café estaba delicioso, y el pastelillo—que había escogido John—no se quedaba atrás. Las cosas dulces no eran sus favoritas, pero de vez en cuando podría permitirse un capricho o algo fuera de lo común en él. Esto estaba bien para empezar. Y ahí estaban, sentados al aire libre conversando como dos buenos amigos. John estaba hablándole de sus planes de boda, cuando el rostro de Loki se tornó pálido.

Thor estaba frente a ellos, del otro lado de la calle. Mirándolos. Y no precisamente de buena manera.

Loki se puso de pie rápidamente tomándolo de la mano, dispuesto a huir antes de que el rubio pudiera acercarse, pero fue un grave error querer escabullirse, así como también lo fue tomar de la mano a John. Porque Thor cruzó la calle con velocidad, sus ojos viajaron como un trueno hacia el agarre, y su mirada se tornó fiera. Estaba reaccionando sobre sus malas decisiones, cuando una fuerza lo empujó hacia atrás al mismo tiempo que su amigo caía al suelo, llevándose consigo el mantel de la mesa y, por consecuente, causando un gran estruendo de platos y cubiertos. Ahora eran el blanco de toda la gente.

—¿¡Qué diablos te pasa!? —le rugió con rabia a Thor, quien ahora sobaba su puño lastimado por haber golpeado al otro. Corrió hacia John y lo ayudó a ponerse de pie, viendo cómo la sangre corría en un hilillo por su mentón—. ¡Diablos, Thor!, ¡eres un estúpido! —le recriminó, llegando hasta él y dándole un empujón que apenas y movió dos pasos al otro—. ¿¡Qué más quieres de mí!?, ¡Lárgate de aquí!, ¡déjame en paz! —le gritoneó en el rostro. El rubio de barba lo tomó por ambos hombros y lo acercó a su cuerpo hasta quedar casi pegados, con sus narices rozándose. Ambos respiraban agitados.

—¿Para qué quieres que te deje solo?, ¿es que no ves que ese idiota trata de llevarte a la cama solamente? —pero sus palabras murieron y su furia se incrementó en cuanto Loki amplió una sonrisa en su rostro. Rió por lo bajo, amargamente, y sus ojos verdes centellearon con veneno. Se zafó del duro agarre al que estaba sometido, pero no se alejó. Quería disfrutar esto. Que Thor sufriera, porque él se estaba rompiendo.

—¿Y qué?, ¿quién te asegura que no me he acostado con él ya? —ronroneó como un gato arisco, preparando los colmillos y las garras para atacar por donde más dolía. Y lo consiguió. Los ojos de Thor se pasearon por su rostro, y después fueron más allá viendo a John. Éste se limpiaba la sangre con un pañuelo ofrecido por un mesero, ajeno totalmente a la conversación. Sus ojos chocaron, pero el amigo de Loki prefirió mantener la distancia y no pelear por un asunto de celos. La gente estaba alarmada, viéndolos.

—Estás mintiendo, lo sé. —le murmuró, chocando a propósito su aliento sobre los labio apretados de su hermano. Loki resistió la tentación de pasarse la lengua por los labios. Porque esa cercanía y el cuerpo de Thor lo estaban matando, pero su orgullo era más fuerte—. Porque tú me amas a mí, y no a él. Y si te has acostado con ese estúpido es porque es un pobre remplazo de lo que yo te di. —se adjudicó, fingiendo no sentir sobre su persona los ojos ajenos del público a su alrededor.

—Estás tan seguro de mis sentimientos, ese siempre fue tu problema. —negó duramente, meciendo sus algo largos mechones negros que entornaron su rostro en una suave caricia—. No te molestaste jamás en preguntarme cómo me sentía, o porqué de repente me distancié de ti. Confiaste tan ciegamente en lo que sentía por ti, que descuidaste lo que había entre los dos. —lanzó un suspiro entrecortado por sus labios, enterrando sus uñas en las palmas de sus manos, porque sería muy estúpido asestarle un golpe a su hermano por más que quisiera hacerlo.

—Jamás fuiste sincero conmigo, Loki. Guardaste para ti tus dolores porque eres un egoísta que piensa que todo puede hacerlo él mismo y no necesita ayuda. Yo cometí errores, sí, pero tú callaste y con ello incrementaste los problemas. Con ello me ayudaste a derrumbar esto que habíamos construido. —susurró dolorosamente, sin despegar un segundo su intensa y brillante mirada del ojiverde. Estaba ahí de repente, abriéndole su corazón al hombre que amaba aún delante de toda esa gente.

—Fuiste a revolcarte con Jane. —le escupió, prácticamente, aquellas palabras en el rostro, como una afirmación. Una que estaba lejos de ser la verdad. Thor volvió a tomarlo de los hombros, pero ésta vez sin ejercer presión. Quería transmitirle todo lo que sentía, porque Loki era un necio, un orgulloso, un estúpido… pero lo amaba.

—La rechacé. Le confesé todo, y ella me ayudó a tomar ésta decisión de venir hasta aquí y luchar por ti. Me abrió los ojos. —levantó la comisura de los labios, al ver la mueca que se formó en el rostro del pelinegro, quien sintió una especie de admiración pasajera por esa mujer—. Ni siquiera la he besado, porque a quien amo es a ti, y te respeto tan profundamente que jamás ha habido nadie en mi vida después de ti. —sus palabras echadas al aire, llegaron claras a oídos de quien quería escucharlas. Loki sintió que algo dentro suyo se estremecía, pero se obligó a sí mismo a no creer en vagas tonterías.

—¿Crees que lo creo?, no más mentiras, Thor. —salió dolorosamente seca la frase, formulada desde el más profundo dolor que su corazón resquebrajado sentía. Ladeó el rostro y evitó aquella mirada azul, porque no podía pelear más. Porque estaba derrumbándose, y caería en cualquier momento.

—Alardeas de leer como un libro abierto a la gente, pero no puedes creerme. ¿estás viendo a través de mí?, ¿o sólo ves lo que tu orgullo te permite? —se endureció, porque él estaba siendo sincero, pero Loki no quería creerle, ¿de qué forma le demostraría que sus palabras eran ciertas, joder?

—Lo ocultaste de Odín siempre. Fui un secreto, como si fuera una puta que era llamada sólo por las noches para complacerte. —le espetó, levantando un poco más el tono de voz y alejándose un paso, sin importarle ya el que la gente los siguiera observando. Vio a lo lejos al gerente hacerles señas para que se marcharan, pero le mandó una mirada letal porque no pensaba interrumpir esta conversación hasta que terminara de una vez por todas. Si iba a quebrar su corazón que fuera ya totalmente.

—Lo hice por ti, aunque te suene como una excusa. ¿Qué diría él si lo supiera?, ¿sabes cómo te vería y te señalaría? Has luchado por su reconocimiento tantos años, que temí destruir lo que has logrado, poco o mucho, ante él. Quería protegerte. Sé cuánto te dolería su rechazo. —murmuró, buscando su mirada.

—Me dolió más el tuyo. —contestó de inmediato, viendo de reojo a John que aguardaba el momento en salir para ayudarlo en cuanto todo se tornara más feo. No se veía enojado con Thor, pero sí un poco turbado todavía por el asalto y el golpe. Ya le pediría perdón más tarde.

—Eres más de lo que siempre quise, Loki. Tuve mis errores y estoy pagando por ellos, y tú también. Nuestra relación fue ese secreto que tan recelosamente guardé por el simple hecho de ser tan único, tan preciado, que terminé cayendo en el egoísmo al no querer compartir con nadie más que con los amigos verdaderos mi felicidad contigo. —se acercó y tomó sus dos manos entre las suyas—. Te amo, te amo tanto que soy capaz de todo por ti. Quiero que luchemos por salvar esto que aún tiene solución. Quiero volver a tenerte entre mis brazos, disfrutar contigo el café por la mañana y las charlas por las tardes. Quiero ver tu sonrisa a través del espejo… quiero verte desnudo en mi cama. —el cuerpo del ojiverde tembló ante la última frase. Ante la sola idea de volver al preciado lecho.

—¿A qué va a llevarnos esto? —preguntó, alzando el rostro y encontrando unos ojos brillantes y hermosos, esperanzados.

—A estar juntos. —le dijo, sonriendo poco a poco, formando un arco de una sonrisa perfecta que se sabe ganadora de la pelea. Algo dentro del pecho de Loki vibró con fuerza ante la resolución y la firmeza de sus palabras. Él no era fácil de convencer, claro que no, pero esto… esto era la oportunidad de volver. La oportunidad de volver a construir algo, porque estaba aprendiendo de sus errores.

—Peleamos mucho. —refutó, sobrecogiéndose cuando Thor cortó la distancia entre sus cuerpos y lo tomó de la cintura. Sí, la gente aún los miraba.

—También nos reconciliamos muchas veces. —y depositó, para sorpresa—y disgusto—de Loki, un tierno beso sobre su frente—. Te prometo empezar desde cero, juntos. Esperaré el tiempo que sea necesario porque sé que te he hecho daño.

Y Loki sintió que todo estaba bien. Que las cosas estaban volviendo a su cauce. Y cuando abrazó a Thor, y se sintió rodeado por sus brazos, se dijo que estaba en casa.

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Si Steve se había sentido incómodo cuando llegó al siglo veintiuno, no se compraba en nada a cómo se sentía ahora con tres mujeres tocando su cuerpo.

Y no era para menos. En víspera de que la fiesta sería en menos de dos días—gracias a la eficiencia de Pepper Potts—Tony había estado como loco buscando ropa para él, un traje que le hiciera justicia, en sus propias palabras. Pero como había querido evitarse la fatiga de recorrer las tiendas en los centros comerciales, y gozaba de una fortuna sumamente valiosa, no fue nada para él hacer un par de llamadas y tener a tres diseñadores en su Pent House a media tarde.

Y ahora tomaban sus medidas. Los brazos, las piernas, la cintura, y Dios… ellas tocaban todo. Y Steve no estaba completamente seguro de que ese manoseo que a veces se les iba, fuera netamente profesional. Sentía la cara caliente, evadiendo la mirada de todos. Frente a él, Tony Stark, estaba nada menos que con una sonrisa feliz en el rostro.

Cuando por fin se marcharon, dos horas después de un extenso análisis sobre qué color iría mejor con su tono de piel, con su color de ojos, qué zapatos lucirían mejor, qué tipo de saco resaltaría su amplia y bien trabajada espalda… Steve estaba mareado y más cansado que cuando entrenaba sin parar en la milicia. Se sentó derrumbado en el sofá.

—Y no has visto nada. Hay veces que me confeccionan siete trajes y no paran de medirme modelos y hacer anotaciones y preguntas. —le señaló, para que no se quejara. Steve solamente resopló y dejó que Tony se riera libremente de él. Jarvis llegó con Dingo, quien parecía ser el único que tenía energías para brincar y mover la cola por toda la sala. Stark se arrodilló un momento para acariciar detrás de la oreja del cachorro, quien gruñó agradecido. Jarvis dejó sobre una mesilla dos vasos con agua de limón—. ¿Estás bien? —se dirigió a su mayordomo, quien alzó la mirada con confusión—. Te ves algo pálido. ¿Sigues las recomendaciones del Doctor y tomas el medicamento, verdad? Porque no tiré dinero a la basura para comprarte algo que no vas a ingerir. —frunció el ceño, pero Jarvis solamente asintió.

—Señor, he seguido al pie de la letra las instrucciones del Doctor. Sería una pena desperdiciar en cosas insignificantes su dinero. Si usted siempre gasta sus millones en cosas productivas, ¿Cómo iba a darle yo un disgusto? —Steve rió ampliamente ante el sarcasmo utilizado por el hombre maduro que parecía conocer a Tony como la palma de su mano, y quien era el único capaz de seguir su ritmo de bromas y a veces, hasta sobrepasarlo.

—Muy chistosito, J. por ahora lo dejaré pasar, pero veré todas las cintas de seguridad para asegurarme que estás diciendo la verdad. —ambos vieron al hombre mayor rodar los ojos, pero formar una sonrisa agradecida en su rostro. Luego hizo una inclinación ligera y desapareció por la cocina. Volvió un poco después con un plato de aperitivos—. ¿Sabes qué? Has terminado por hoy, ve a dormir porque mañana habrá una fiesta a la que obviamente voy a llevarte. —el mayordomo iba a replicar algo, pero el castaño alzó una mano para hacerlo callar—. He mandado a hacer tu traje ya, así que no hay excusas. Hasta mañana. —

Y cuando Jarvis desapareció por la puerta, se permitieron tomar un respiro para beber la deliciosa limonada y comer algo de los aperitivos. Steve estaba en un tenso silencio, diferente a sus preocupaciones mentales. Tony descubrió enseguida aquello y alzó una ceja como una pregunta directa. El rubio suspiró.

—No sé bailar. —confesó. Tony abrió ligeramente la boca—. Tengo conocimientos del baile popular, pero no creo que el vals de mi época sea igual a este y no quiero hacer el ridículo. —torció la boca. Sin obtener ninguna respuesta, el millonario se puso de pie y encendió la música. Se acercó a él y extendió su mano.

—Necesitarás entonces unas clases, Capitán.

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¿Cuántas veces no había sentido ya esta sensación? Y seguía estremeciéndose como la primera vez, disfrutando incluso más.

—Steve, Dios, ahhmásmgh… —mordió con algo de fuerza la oreja del militar, que se tornó roja. Ahogó un gemido entre sus labios cuando el cuerpo del mayor arremetió de nuevo, llenándolo por completo. Se agarró de sus hombros y se agitó, rodeado por los brazos del rubio. Su cuerpo desnudo chocaba contra la alfombra de la sala. Qué suerte que Jarvis se había marchado.

Le había enseñado a bailar, y primero, torpemente, Steve se había deslizado con miedo. Después adquirió algo de destreza, y tras unas horas, se movía casi como un profesional. Entonces la cercanía, sus cuerpos pegados, sus músculos apretándose. Todo había sido un incentivo para sus entrepiernas, que en un momento chocaron duras a través de la tela. Ni siquiera habían llegado a la habitación.

Steve llevó su mano derecha al miembro de Tony y le dio ligeros masajes, atormentándolo y aventándolo al precipicio si más se podía. Luego deslizó su mano libre de su cadera hasta su pierna derecha, y abrió un poco más para llegar más dentro. Tony gimió cuando aquella deliciosa longitud chocó contra su próstata, y se vino fuerte y duro entre sus vientres y la mano de Steve. Él dio algunos embistes irregulares y luego mordió su cuello, terminando también. El semen salió disparado entre sus piernas, haciéndolo sentir sucio y caliente de nuevo. Acarició con sus manos algo temblorosas la nuca sudada del rubio, y lo atrajo hacia su boca para darle un beso necesitado y lento, apasionado. Sus lenguas se mezclaron, danzarinas, y Steve le dio un suave mordisco en el labio inferior antes de tumbarse a su lado. Por la ventana se colaba ya el crepúsculo. Tony estaba regulando su respiración. Ladeó el rostro para encararse con el perfecto perfil de Steve.

Aquel hombre que estaba ahí a su lado, tumbado junto a él le hacía sentirse desnudo y vulnerable. Tony estaba acostumbrado a que muchas cosas buenas se cruzasen en su camino para después al entrtar en contacto con él acabaran malográndose. Pero desde que llegó, Steve había sido algo que estaba destinado a acompañarle. La perspectiva de que se fuese era abrumadora. El vacío que podría dejarle la partida de Steve Rogers, hacía de Tony Stark un hombre asustado y descorazonado.

Con esto, Tony se acercó más al cuerpo contrario y apoyó su frente en el pecho masculino del rubio, porque no podía hacer contacto con esos increíbles ojos azules que tanto le atraían. Sintió un brazo rodeando su cintura, en un semiabrazo que le calentó el corazón y lo encogió a partes iguales. Decidió caminar por encima de sus pensamientos, porque esto estaba bien aquí y ahora, y no importaba si después le hacía daño. Sintió que algo se aflojaba en su pecho, y se estremeció. Presionó con una mano libre sus ojos, tragando con fuerza, y obligando a cualquier sentimiento persistente volver a donde pertenecía.

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Espero que el capítulo les haya gustado :3

La noticia, para bien o para mal, (para mí son ambas u.u) es que este fic está llegando a su fin, y ahora sí les traigo el número de Capítulos que faltan para que ésta historia concluya. ¡Tres! en tres capítulos más nos vamos a despedir ya :c y quizá traiga un epílogo, aunque aún no tengo bien decidido si lo incluiré en el capítulo final o será independiente. ¿Final triste o final feliz? Estoy en una balanza al 50-50 xD

Espero volver pronto, quizá en el puente que habrá en México (15-16 Sep) o un poco antes, llegue la actualización.

Los quiero mucho, gracias de nuevo por su inmenso apoyo, y ya saben que sus comentarios y opiniones me hacen feliz, ¡no duden en comentar y aportar sus ideas, opiniones, quejas, etc!

¡Un beso enorme! :3

Emma Franshyuuni: Qué gusto tenerte de nuevo comentando, me alegra muchísimo :D no es que quisiera redimir a Howard y excusar sus errores, porque en efecto, no fue nunca un buen padre para Tony, pero de alguna manera no quería dejar inconclusa esa parte fraternal, pues fue un punto clave para el desarrollo del personaje de Tony, y recordé Iron Man 2 y me dije "por qué no?" y entonces decidí meter la grabación xD sobre lo de Natasha y Clint, creo que no recordé muy bien que las parejas heterosexuales no tienen sexo explícito en fics de esta temática, pero hay que sorprender de vez en cuando xD lo único que se me pasó fue poner la advertencia por si querían brincarse esa parte. Tony y Steve son todo un caso, como pudimos ver en este capítulo, y tienen que apurarse a decirse sus sentimientos porque el fic se acaba pronto xD tienes mucha razón, a veces los personajes de las mujeres son denigrantes y las hacen odiosas, y eso no me gusta. Traté de moldear a Jane para que al menos recupere algo de dignidad en el fandom jajaja y no te preocupes, ¡me encantan los comentarios largos y retroalimentativos como el tuyo! :3 Respecto a tus Posdatas: La historia en la que trabajo, y que llegará cuando concluya ésta, en efecto es Stony, ya que es la pareja que me trae como loca. No sé si será larga o no, pero no tanto como esta, eso sí xD quiero terminarla antes de que salga la película porque luego una pierde el hilo y se revuelve con tantas cosas que pueden surgir de la película 7w7 ¡Un beso enorme!

missjees : ¡Hola! Muchísimas gracias por tu comentario, me hizo muy feliz y me sacaste una gran sonrisa :D En efecto, éste es el clímax y queda poquísimo para que todas las dudas y las esperas queden resueltas :3 Creo que te he hecho esperar demasiado, lo siento!, pero nos estaremos leyendo pronto, ¡Un beso enorme!

Miross Kirkland: ¡Holaa! Muchísimas gracias por tu comentario, me alegro que la historia te esté gustando y ojalá sea así hasta el capítulo final :D oh, Dios me alagas jajaja ¡Un beso enorme!

Darkmoon: siempre es un placer leerte en cada capítulo. Tienes una visión más allá y te adelantas a los hechos. Debo confesar que a algunos le atinaste y a otros no (no diré cuáles para que la historia no pierda su encanto jajaja) pero me agrada saber que la historia te interesa tanto. Tienes mucha razón respecto a Howard, sólo nos queda ver qué camino tomará Tony, si luchará o no. Sobre Thor y Loki, pudimos notar ya un avance, el siguiente paso, pero todavía falta uno decisivo que ya estaremos viendo próximamente. Cuando las relaciones fallan, se debe comenzar de nuevo, porque las bases ya están destruidas y no puedes construir encima de algo flojo. También sentí que faltó algo a Jane, pero traté de darle una visión madura y de aceptación ante la homosexualidad, para darle al mismo tiempo la confianza a Thor de ir a buscar a Loki, aunque ya la estaremos viendo de nuevo en acción. Al principio, me pasó desapercibido que había metido la intimidad heterosexual, pues en ésta temática eso es lo que menos abunda, no me arrepiento, pero debí poner la advertencia porque a algunos no les gustó xD no me gusta dejar unas parejas sólidas al aire, y como ellos lo son, quise meter este detalle con ellos. Clint y Natasha son la representación de la pareja, como bien dices, que se sustenta en confianza, amor, respeto. Sobre el epílogo con el salto del tiempo, tienes un punto porque hay algo de ahí que sí haré (no diré qué) pero primero tengo que decidir qué tipo de final haré en la historia, si algo triste o algo feliz, o algo parcial. Escuché la canción y me gustó mucho :D me inspiré en ella para este capítulo y lo haré para los próximos.