¡Buenas noches mis amores! Empezaron un lindo fin de semana?

Lamento mucho la demora!

Gracias por todas sus comentarios son hermosos!

Perdonen todos mis errores no está revisado!

Disfruten de su lectura!


Makoto cerró fuertemente los ojos sintiendo los labios de Haruka sobre su piel, estaba nervioso, nunca lo habían tocado de forma tan íntima como lo estaba haciendo el pelinegro, las frías manos recorriendo su piel debajo de la ropa lo hacían derretirse y la lengua lamiendo partes de su cuello que no sabía que eran tan sensibles lo estremecían por completo, su respiración irregular se escuchaba más ansiosa, y los jadeos se estaban convirtiendo en algo más relacionado con la lujuria que por la falta de aire. Haruka por su parte, estaba en una guerra mental mientras trataba de concentrarse en las sensaciones que le estaba provocando a su novio, gran parte de él le decía que no sabía realmente lo que estaba haciendo, y otra le decía que sólo siguiera sus instintos e incitara más a aquella boca a producir los dulces sonidos que lo estaban aturdiendo. Las ropas puestas sofocaban a los amantes y el momento de deshacerse de ellas había llegado, Haruka se encargó de quitar esas molestias y ahora con Makoto sólo en ropa interior besó más de su piel expuesta, mientras que con sus labios se dedicaba a saborear los puntos más delicados de su pecho, las hábiles manos bajaron hasta los muslos donde disfrutó sentir la tensión que había causado. La cabeza de hebras oscuras descendió hasta llegar en donde se encontraban sus manos, aspiró el aroma que le entregaba la piel de su novio y se dedicó a besar y succionar parte del muslo interior, ocasionando que el menor se estremeciera y dejara escapar un gemido ahogado. El adolescente de preciosos orbes oceánicos fijó su mirada en la del otro chico sólo para encontrarse con que esos profundos bosques que amaba tanto estaban siendo ocultados por los brazos de su amor y esos labios que lo habían vuelto un drogadicto dependiente de ellos, estaban siendo lastimados por aquellos blancos dientes que a veces se mostraban en sus perfectas sonrisas.

—Mako no hagas eso —Él mismo se sorprendió del tono de voz que había usado, no sabía que su voz se podría escuchar así— Te estás haciendo daño —Besó suavemente los labios de su esposo mientras quitaba ambos brazos que escondían los esmeralda que ansiaba tanto ver.

—Haruka… —El nadador de estilo libre sufrió un fuerte golpe a sus sentimientos al no sólo escuchar su nombre de esa manera, sino también por la catástrofe de emociones que dentro de esos bosques se podría observar, habían tantas cosas que Makoto le estaba transmitiendo sólo con esa mirada, que fue incapaz de descifrarlas todas, y se sintió molesto y a la vez, abrumado al fallarle de esa forma, pero de todas esas infinitas emociones, hubo una que sí pudo darle significado, y esa fue el miedo.

De repente, la razón le estaba tocando la puerta de su mente para volver entrar, y se dio cuenta del estado en que estaba su novio, y en el que él mismo se encontraba, las palabras que sus labios eran incapaces de pronunciar, sus cuerpos se estaban encargando de ello. Los dos temblaban solemnemente, como si sintieran que en cualquier momento el instrumento palpitante dentro de ellos reventaría en mil pedazos. Haruka había sido nublado por sus celos y actuó bajo instinto más que nada, pero ahora que era capaz de escuchar sus propios latidos de su corazón, logró entender que lo que estaban a punto de hacer, era algo mucho más complicado de lo que se imaginaba, entonces comenzó a preguntarse si realmente estaban listos para dar un paso más allá.

— ¿Qué pasa? —Makoto sintió más miedo al ver aquella preocupación en los océanos de su amor ¿Acaso Haruka ya no quería esto? ¿Había algo malo en él que a su novio no le habría gustado? Se acercó a la boca de su esposo para separar esa distancia que lo mataba, pero cuando estuvo a punto de besarlo, una enorme cosa peluda atacó la cabeza del mayor.

— ¿Pero qué demonios? —Haruka se apartó del menor mientras se sobaba la cabeza.

— ¡Haru-chan no hagas eso! —El adolescente de cabello oliva regañó a su gato que tenía su mirada fija en el pelinegro.

— ¿Cómo lo llamaste? —Makoto se encogió un poco ante la pregunta de su esposo y desvió su mirada algo incómodo.

—Bueno… Esto… Lo llamé Haru-chan —Decía nervioso tomando al felino entre sus brazos, podía sentir los profundos mares sobre él.

— ¿Le pusiste mi nombre al gato? —Dijo en un pequeño y amenazante susurro.

—En realidad si le hubiera puesto tu nombre se llamaría Haruka… —Le entregó una hermosa sonrisa que no pudo quitar ese semblante oscuro— Y como no te gusta que le ponga el chan a tu nombre entonces…

—Makoto…

—Además se parece un poco a ti, tiene un color de ojos parecidos al tuyo y también es muy celoso… —Haruka se quedó en silencio escuchando lo que su esposo decía, no podía creer que le había puesto su nombre a un gato, pero aunque debía admitir que era un poco lindo de su parte— ¿No te molesta?

—Me podrías haber preguntado —Suspiró acercándose nuevamente al menor, pero se detuvo al ver que el felino le gruñía.

—Creo que está mostrando su lado posesivo también —Acarició la cabeza del animalito— Lo siento Haru, puedo encerrar a Haru-chan en el baño, aunque no me gusta mucho la idea, pero…

—Está bien, vamos a dormir —Haruka se levantó de la cama y se puso la camiseta que hace poco se había sacado, ya no había calor en la habitación como para no usarla.

—Pero Haru… No vamos a… —Makoto estaba asustado, no tenía idea de por qué su esposo se había detenido ni por qué ya no quería tocarlo.

—Yo… ¿Realmente estás seguro de querer hacerlo? —Hasta ahora el adolescente de orbes oceánicos estaba centrado en concretar sus clases prácticas, pero nunca pensó que llegado el momento se congelaría por completo, a él también le invadió la inseguridad y el menor le había contagiado el miedo. Incluso en ese instante en que se cegó por el deseo logró ver que Makoto no quería nada de esto, y que sólo había accedido para complacerlo.

— ¿Has querido todo este tiempo, no? —Esta actitud tan despreocupada y común de la orca, a veces lastimaba al delfín.

—Pero tú no —El pelinegro tomó el pijama de su amor y se lo lanzó, Makoto lo atrapó en el aire y sin mirar directamente hacia los mares en que solía ahogarse— Vístete se está poniendo helado.

—Perdóname —Susurró alejando al gato de sus brazos para ponerse el pijama.

— ¿Por qué dices eso? —Haruka tomó la toalla que había dejado olvidada, su cabello aún goteaba y estaba mojando la cama.

—Por… Todo esto —El adolescente de cabello oliva le hizo ademan al más bajo para que se sentara entre sus piernas y así secarle el pelo— Por no dejar que… Demos un paso más.

— ¿Tienes miedo? —El mayor se apoyó en el pecho de la orca y de sus labios se escapó un gran suspiro— Porque… Yo también tengo… —Para el nadador de estilo libre era difícil dirigir las cosas y tomar las riendas, siempre era Makoto quien hacía ese trabajo, él apenas podía manejar su vida, así que estaba haciendo uno de sus mayores esfuerzos al hacerse cargo de su noviazgo, después de todo él era un fracaso total en cuanto a relaciones se trataba.

—Tal vez, sólo hay que darle tiempo al tiempo —Susurró masajeando esas sedosas hebras oscuras. Ni él mismo entendía su actitud, porque habían veces en que quería tocar a Haruka más allá de un simple abrazo o una sutil caricia, él también quería sentir su cuerpo más cerca del suyo, pero cada vez que se acercaba ese momento de pasar los límites establecidos, su corazón se agitaba de una manera enferma y el terror de no saber qué hacer lo invadía.

Haruka cerró los ojos y pensó en que el tiempo jamás se detenía a esperar a nadie, y que darle tiempo a él, era como darle una oportunidad para redimirse a un asesino incapaz de sentir culpa.

Rei tenía su mirada fija en el enigmático techo de su habitación, podrían ser las once de la noche, como también podrían ser las cuatro de la madrugada, no tenía una verdadera noción del tiempo, de lo único que tenía conocimiento es que su mente estaba hecha un desastre gracias a un pequeño pingüino que dormía ajeno a todo problema concerniente a él. El chico de lentes estaba mareado de tanta confusión de sentimientos, no importa cuántas teorías mentales creara para darle una explicación lógica a lo que le estaba pasando, simplemente era imposible encontrar una solución. Para ser alguien que tenía muchos conocimientos, no sabía absolutamente nada de lo que se trataba el amor, ni mucho menos cuando este se manifestaba, pero era una gran incertidumbre bastante fastidiosa ¿Qué sentía por Nagisa? No tenía la más mínima idea, ya que nunca se había detenido a analizar sus sentimientos; podría decir que lo estimaba mucho, que era un gran amigo y también uno muy importante, al igual que lo eran Haruka y Makoto, sin embargo había algo especial en el rubio que hacía que su amistad fuera totalmente distinta a la que tenía con el par de mayores, y ese "algo especial" era a lo que no podía darle un verdadero significado.

El día entero estuvo con la temperatura baja, pero en cuanto anocheció ésta bajo aún más haciendo que el frío se volviera algo molesto, se levantó de la cama para dirigirse al ventanal que le entregaba una vista privilegiada del monte Fuji. Rei miró admirado la luna que a veces se ocultaba entre las nubes que se paseaban libremente, era una noche hermosa a pesar de todo, y aunque el negro cielo estaba algo opaco por la falta de estrellas, la luz natural del satélite lograba destacarse y traspasar el ventanal para darle algo de contraste a la oscuridad de la habitación. En medio del silencio, ruidos de sábanas moviéndose le hicieron desviar la mirada hacia el culpable, sólo para encontrarse con ese par de orbes rosados que lo miraban somnolientos.

— ¿Qué haces Rei-chan? —Preguntó el rubio ahogando un bostezo.

—Sólo estaba apreciando la vista —Le sonrió dispuesto a volver a la cama.

—Está haciendo mucho frío ¿No lo crees? —Nagisa se sobó los brazos dirigiendo su vista hacia el ventanal.

—Sí… Por la noche siempre baja la temperatura —Tal vez era porque el pingüino era más pequeño que él, y por eso sentía mucho más frío.

—No debí haber devuelto las mantas extras —Se quejaba el muchacho envolviéndose por completo entre sus sábanas.

—Te lo dije pero no me hiciste caso —Suspiró el nadador de estilo mariposa cubriéndose para que el frío no lo afectara también, a cambio de Nagisa, él no le había quitado las mantas a su cama porque sabía cómo de cambiante era el clima de esa región.

—Es increíble como siempre tienes razón Rei-chan —Rio refugiándose más en la poca calidez que tenía, la habitación volvió a quedar en el silencio inicial en el que estaba— Buenas noches —Susurró concentrándose a dormir, no obtuvo ninguna respuesta, así que pensó que su amigo se había quedado dormido, cerró los ojos dejando de pensar en todo lo que había pasado en el día, porque la mente de él también estaba como la de Rei o incluso peor. Estaba a punto de caer al segundo nivel del sueño cuando sintió que le tocaban el hombro.

—Nagisa-kun, hazte a un lado —Decía Rei en voz baja, el rubio se volteó a verlo confundido— Si compartimos la cama no sentirás tanto frío —Explicó dándole una suave sonrisa. Nagisa le sonrió de igual manera y al instante le hizo un espacio en su cama a su amigo y amor secreto.

—Gracias… —Dijo algo avergonzado, y el más alto pensó que el rostro avergonzado del pingüino era algo lindo.

A los pocos minutos de que el nadador se quedara dormido, el adolescente de orbes violáceos comenzó a cabecear, su cama estaba mucho más cálida que la de su amigo, pero esa noche; Rei decidió congelarse junto a Nagisa.

Cuando los rayos del sol iluminaron la habitación que compartían el par de esposos, despertaron a un delfín que no quería salir a la superficie de sus sueños, se revolvió un poco tratando de volver a dormir, pero se dio cuenta de que ya no podía, tanteó el colchón en busca de su novio para poder acurrucarse junto a él antes de tener que levantarse definitivamente, pero lo único que encontró fue un gran dolor en la mano. Abrió los ojos buscando qué o quién fue el provocante de su dolor, y se encontró con ese par de ojos azules que lo miraban desafiantes, y Haruka recordó, por supuesto que recordó al estúpido gato llamado "Haru-chan", no es que no le gustaran los gatos, es más le gustaban, aunque no tanto como a la orca, pero ese felino simplemente no le agradaba del todo. Se sentó en la cama sin despegar su mirada del animal, y el gato tampoco le despegaba la mirada de encima, era como si los dos estuvieran pendientes de los movimientos del otro, una gran tensión se podía respirar en esa habitación, y esta sólo se rompió al escucharse la puerta abrirse.

— ¡Buenos días! —Y si como perteneciera a uno de los más hermosos arcángeles del cielo, Makoto entró a la habitación iluminando más el día con su sonrisa. Haru-chan inmediatamente quitó su mirada de Haruka y corrió a recibir a su dueño que llevaba una gran bandeja en sus manos— Veo que despertaron al mismo tiempo —Miró al felino que se paseaba ronroneando entre sus piernas. El menor sólo rio divertido y se acercó a su novio que lo miraba algo curioso— Quise traerte el desayuno a la cama —Contestó a la pregunta mental que le había hecho. El pelinegro suavizó su mirada, en su pequeño mundo, sólo dos personas le han llevado el desayuno a la cama, su abuela y Makoto.

—Gracias —besó perezosamente al de orbes esmeralda, Makoto si sabía realmente como "ser lindo" lástima que no podía pedirle consejos a él o su plan se arruinaría— No tenías que hacerlo.

—Me gusta mimarte —Decía sin quitar su sonrisa— No tenían caballa, pero si bacalao y también me prepararon omelette, el jugo de naranja es el tuyo y el de melón mío, las tostadas son de los dos, ah… La leche y el atún son de Haru-chan —Haruka suspiró y tomó el rostro del más alto con ambas manos y lo besó nuevamente para que se callara de una vez.

—Comamos antes de que se enfríe —Makoto sólo asintió y miró al de orbes oceánicos, quería compensar de alguna forma lo ocurrido ayer. Sabía la frustración de su novio, y él también se frustraba porque no era capaz de dejar de ser un miedoso.

Haruka comía en silencio hasta que algo en su esposo le llamó la atención, no era uno, si no como cuatro chupones que adornaban el cuello del muchacho, y parecía que Makoto no se había dado cuenta, ya que si no estaría haciéndole un escándalo por ser tan despreocupado y poco disimulado. Así que sencillamente decidió no decir nada para que se diera cuenta solo.

— ¿Qué miras? —Preguntó mientras bebía de su jugo— ¿Tengo algo?

—Nada… Sólo me gusta mirarte —Le coqueteó un poco.

—Ah, bueno —Sonrió algo avergonzado, era increíble, porque a pesar de ser el que habla mucho más, era realmente muy tímido— Sabes Haru… en una semana más… —El chico de preciosos bosques se sonrojaba cada vez más con cada palabra que decía— Nosotros… Vamos a cumplir un mes juntos…

— ¿En serio? —El mayor pensaba que llevaban más tiempo juntos que un mes, como toda su vida por ejemplo.

—Sí… Y yo estaba pensando… —La verdad es que se sentía algo incómodo con la intensa mirada del nadador hidrofilico— Que podríamos… Hacer algo especial para ese día, digo como no hemos tenido nunca una verdadera cita, yo…

—Tengamos una cita hoy —Lo interrumpió el más bajo con una minúscula sonrisa en su rostro.

— ¿Hoy? —Parpadeó un par de veces incrédulo— ¿Seguro?

— ¿No quieres salir conmigo? —Haruka inclinó su cabeza hacia un lado dándole una mirada seductora al menor mientras le acariciaba sutilmente su muslo derecho, Makoto logró sonrojarse más de lo que estaba, y a pesar de que el más bajo no lo demostraba, estaba muriendo en vergüenza por sus actos.

—Está bien, tengamos una cita —La orca tomó la mano que se encontraba en su muslo y la entrelazó con la suya. Fue en ese instante en que el pelinegro se dio cuenta de algo muy interesante para él— pero ¿Qué pasara con Haru-chan? no lo podemos dejar aquí —Haruka dirigió su mirada al gato que se estaba limpiando sus patas traseras, y éste al sentir la mirada de los dos adolescente se detuvo en medio del proceso.

—Bien, puedes llevarlo —De alguna forma, el delfín sabía que el gato estaba sonriendo internamente.

— ¿Escuchaste Haru-chan? Tendremos una cita —Makoto extendió los brazos para que el gatito corriera a ellos, y así lo hizo— Entonces ¿Podemos comprarle un collar? —Los orbes esmeraldas brillaban, y el mayor sabía que no podía decirle que no a esa preciosura, así que asintió levemente— ¿Por qué quieres tener una cita tan de repente?

—Porque… Hoy quiero ser yo el que te mime —Besó la mejilla del más alto, escuchando como el estúpido gato le gruñía otra vez.

—Haru… —El adolescente de cabello oliva iba a protestar pero el de orbes oceánicos no lo dejo.

—Quiero hacerlo —Ahora tomó su mano y la besó recibiendo nuevamente un gruñido de Haru-chan. Haruka realmente quería "ser lindo" con su novio, y eso iba más allá de lo sexual, él quería ser el mejor novio que Makoto podría tener en toda su vida.

—De acuerdo, entonces quiero que nos demos un baño juntos primero —Fue el turno del menor para besar a su novio, y en vez de recibir un gruñido del felino, recibió un tierno y melodioso maullido— ¿También quieres un beso Haru-chan? —Alzó al gato y frotó su nariz contra la de él.

Haruka sólo rodó los ojos y se dedicó a terminar lo que le quedaba de su desayuno, estaba algo ansioso, realmente estaba esperando un día como este, un día especialmente sólo para ellos dos.


Eso es todo! ¿Realmente pensaron que les daría lemmon tan fácil? skljglksgjsl

Debo pedir disculpas, porque intencionalmente me desvié un poco de la historia, y es que tenía ganas de escribir algo diabetico de el par de esposos.

Sabían que he dicho cuál es el punto débil de Makoto desde casi principio de la historia? a ver si saben cuál es XD

El otro capitulo si se centrara un poco más a la trama!

Hasta entonces, se despide su servidora.

Airi.

¡Muchos kissus llenos de amor virtual!