¡Casi la fecha estipulada!

Aunque sí, me tardé un poco más en subir el capítulo aquí que en AY, pero fueron cuestiones de tiempo.

¡100 reviews! Los amo por esto, en serio.

Muchísimas gracias por sus comentarios, de verdad, me hacen sentir muy bien y me animan muchísimo a seguir con esta pequeña historia que está ya culminando. Éste es el capítulo más largo de la historia y me ha llevado algunos días escribirlo. Iba a cortarlo, pero decidí que estaba bien así porque… bueno, mejor léanlo y sabrán porqué xD

Para este capítulo, me inspiré en una canción llamada "amor quédate" de Jean Carlos, recomendada por una lectora muy especial. Así que disfruten.

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Capítulo 32.- Sueños de amatista.

Ese día llovió.

Era Viernes por la mañana y Steve cumplía un mes de estar en el siglo XXI. Tony lo sabía.

Y también sabía que todos esos momentos, desde los más absurdos, hasta los más pervertidos pasando por los cursis… todo eso se perdería como lágrimas en la lluvia muy pronto. Más de lo que él esperaba. ¿Por qué no había pospuesto la fiesta para dentro de otro mes? Diablos, Pepper en ocasiones jodía algunas cosas con su excelente eficiencia.

Desde que despertó había contemplado como idiota al rubio, mirándolo dormir, viendo su pecho subir y bajar pausadamente en el mundo de los sueños. ¿Qué estaría pasando por su subconsciente? Sueños de amatista, quizá.

Sin aguantar más sentirse como un idiota embobado, bajó a su taller para continuar con sus últimos ajustes de su Inteligencia Artificial. Estaba casi listo, de hecho. Solamente faltaban algunos comandos para que tuviera algo parecido a una personalidad y mente propia… y un nombre. Estaba quebrándose la cabeza con ello y aún no se le ocurría alguno bueno. Tenía algunos candidatos como Dantés, Dexter, Howard. Diablos, pero Howard se escuchaba demasiado… no estaba listo para ello todavía. ¿Y la voz? Era otro problema.

Subió a la sala por la sexta taza de café de la mañana, y se dio cuenta que ya pasaba del medio día, ¿tanto tiempo había transcurrido desde que decidió refugiarse de esos ojos azules en su taller? En fin. Por mera curiosidad—y no porque necesitara saber dónde estaba—subió hasta su habitación en busca de Steve. Su sorpresa fue algo pequeña al no encontrarlo en la cama. Lo buscó en el baño, y tampoco estaba. Fue hacia el cuarto de huéspedes y no lo halló. Y así fue de puerta en puerta buscándolo sin cesar y sin encontrar resultados. Un peso que cayó como una piedra se instaló en su estómago y ahí se quedó. Un leve sudor frío le invadió ante la idea que su subconsciente comenzaba a formular. No, no y no. Era estúpido si quiera pensar en que Steve pudiera haberse… marchado. ¿Verdad?

Decidió no pensar más sobre eso y fue a la cocina con pasos mecánicos, y algo rígido de los hombros. Estaba sirviéndose algo de café cuando escuchó algunos pasos a su espalda. No necesitó girarse para saber de quién se trataba. No era a quien buscaba, obviamente. Se mordió la lengua para evitar que saliera la pregunta de su mente, pero él no era mucho de retener las cosas, así que se giró.

—Ah, buen día Jarvis… em, de casualidad, ¿no has visto a Steve hoy? —trató de sonar casual y casi se felicitó porque a su parecer le había salido perfecto el tono. Bebió algo de su café para restarle importancia y se recargó contra el mueble con una pose despreocupada. Sí, estaba todo saliendo bien, hasta que… joder. Jarvis levantó una ceja. Quizá él no era tan bueno fingiendo.

—Él ha salido por la mañana a correr, y se llevó a Dingo, señor. Creo que dijo que necesitaba hacer algo de ejercicio. —respondió cortésmente, pero una sonrisa audaz se dibujó en sus labios, lenta—. ¿Quiere que vaya a buscarlo o llame a su teléfono? —maldito Jarvis y su poder de conocimiento sobre Tony.

—No, no. Yo sólo-Sólo quería estar seguro de que estaba, ya sabes… presente, sí… —él simplemente asintió y se encogió de hombros, tomando un nuevo sorbo a su café. Tomó una de las galletas de la mesilla y la mordió. Su voz sonó algo distante y vaga, porque giró su cabeza hacia una de las grandes ventanas y se quedó contemplando el azul grisáceo del cielo debido a la lluvia. El peso que estaba cargando se había desvanecido levemente, pero no del todo. También evadió la mirada de su mayordomo.

—No se preocupe, señor. Dudo mucho que él se escape antes del baile de esta noche. —trató de sonar neutral, pero el contenido de su frase fue suficiente para que Stark girara los ojos hacia él con el ceño levemente fruncido y se marchara sin decir nada más.

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Loki se miró por última vez en el espejo antes de sentir dos fuertes brazos rodeándole al tiempo que una frondosa y masculina figura aparecía también en el reflejo. Los brazos de Thor, tan cálidos, le hacían sentir como la primera vez. Su corazón dio un salto, y se permitió la sonrisa suave que surcó sus facciones.

—Te amo. —le susurraron en la oreja izquierda, y sus rodillas temblaron ante la frase, ante lo que implicaba. Ante el comienzo. Vibró de anticipación a un nuevo mañana que iban a construir juntos, ésta vez bien. Suspiró audiblemente, hinchando su pecho y luego soltando el aire, con esperanzas y anhelos marcados. No le importó verse estúpido u odiosamente cursi. Permitó que Thor tomara su mano y lo girara lentamente, depositando un beso en ella. Después esos carnosos labios subieron hasta encontrarse con los suyos, en un beso lento y pausado que le supo a todo el tiempo que lo había extrañado. No todo estaba fuera, le costaría un poco volver, pero no tenía porqué hacerlo. Thor le había dicho que no quería que regresara el Loki inseguro y celoso de antes, que deseaba estar con el hombre fuerte y valiente, lleno de sueños, que era ahora.

—Te amo, mucho. —respondió. Buscó el contacto de sus labios nuevamente, y llevó ambas manos al cuello del rubio para atraerlo más y profundizar el contacto. Tembló entre sus brazos cuando el mayor lo recargó contra la pared y comenzó a buscar piel debajo de su ropa. Entre suspiros, cerró los ojos y se dejó llevar por el mar de sensaciones que lo invadían. Pero las manos llegaron hasta su columna, repasándola una y otra vez con las yemas y enviándole deliciosos escalofríos que juzgó como el más dulce incentivo para amar. Se preparó para lo siguiente, para lo que fuera que Thor haría con su cuerpo, pero él cesó toda acción y se dedicó a mirarlo, con la respiración algo irregular.

—Tengo algo que proponerte. —murmuró contra sus labios. Sus grandes y fuertes manos acariciaron los mechones negros algo largos del ojiverde y los llevaron hacia atrás. Se contemplaron en silencio, entre sus respiraciones profundas y un poco irregulares. Thor se tomó el tiempo para pegar sus frentes y admirar su masculina belleza, esa que a pesar de los años seguía admirándole—. Quiero que nuestros padres se enteren de nuestra relación. Viajemos a Asgard cuanto antes para decirles que estamos juntos. —y rozó el silencio, acompañado por la suave fricción de sus respiraciones en el aire. Loki ensanchó levemente los ojos.

—Pero… tú dijiste que- Odín y Frigga y-

—Sé lo que dije. Pero también sé que ésta vez haremos las cosas bien, y decirle a nuestros padres es el primer paso para comenzar de nuevo, sin errores ni secretos, ¿no crees? —paseó un dedo suavemente por su mentón, y luego lo dirigió hacia sus labios, entreabriéndolos un poco. Loki se quedó, por primera vez, sin algo venenoso o inteligente que decir. Simplemente asintió como idiota y recibió la nueva descarga de besos que estaban aumentando de nivel.

Entonces el timbre sonó y tuvieron que atender la puerta.

Y ante ambos, que iban con las manos unidas, las mejillas algo sonrojadas, las respiraciones irregulares, apareció Jane.

Y el tiempo se detuvo, se ralentizó, y volvió a tomar su curso normal.

Ella los miró a ambos, dio una hojeada rápida a su agarre, luego frunció la boca hasta hacerla una delgada línea. Fueron testigos de cómo sus ojos se volvieron vidriosos pero no dejó escapar ninguna lágrima de debilidad. No parecía sorprendida, porque en realidad no lo estaba. Quizá se habría lamentado haberle dicho a Loki que luchara por Thor, y hacerle ver al rubio que estaba a punto de perder lo que amaba. Quizá y sólo quizá. Porque la verdad es que no se arrepentía de haber tomado esa decisión. Si era justa y objetiva, tenía que admitir que se veían felices juntos, y bien. La mirada de Thor poseía el brillo peculiar de un enamorado, y ese mismo fuego refulgía con fervor en la mirada verdosa que la atravesaba.

—Me alegra que hayan… que estén juntos de nuevo. —en su rostro apareció una sonrisa rota, llena de sinceridad, pero también tristeza y algo de melancolía. Porque estaba cerca, tan cerca de algo. Y no lo tuvo. En realidad, sabía que jamás habría tenido una oportunidad. Sin embargo, había pasado tantos años aferrada a ese amor, que era imposible que no doliera. Respiró profundo, y bajó los ojos hasta sus propios zapatos—. He venido a despedirme porque regreso a Londres ésta misma tarde. Quería decir Adiós por última vez. —y sus ojos buscaron desesperadamente a Thor, quien la miró con una sonrisa pequeña, y un brillo en los ojos. Deseó en su ser interior que él la detuviera, que no la dejara ir—. No creo que volvamos a vernos en un largo tiempo, puesto que estas cosas no son nada fáciles de dejar atrás. —y una lágrima corrió por su mejilla sin querer detenerla, resbalando con pesar, como si fuera de plomo al igual que su tristeza—. Deseo que sean muy felices, de verdad. Que sepan llevar sus problemas juntos, y que dejen de ser un par de idiotas necios y orgullosos. —recogió con su mano un mechón rebelde y lo pasó detrás de la oreja. Miró a ambos, después a Thor. Él se acercó para darle un beso en la mejilla como despedida, pero ella se movió un paso hacia atrás y negó, apenada. Porque había contactos que marcaban como fuego y costaría más olvidarlo si llevaba su olor en la piel.

Apretó nuevamente los labios, y cerró los ojos dando una inhalación profunda. Después se dio media vuelta y caminó hacia el elevador sin esperar ni querer alguna respuesta. Cuando se abrieron las puertas, escuchó pasos e imaginó que Thor la rodeaba con sus brazos, pero no fue él: era Loki. Le dio un abrazo corto, pero significativo, tanto, que la hizo derramar nuevas lágrimas por un sentimiento distinto.

—Gracias. —le murmuró suavemente, también con un nudo de agradecimiento en la garganta, antes de soltarla y alejarse, dejándola marchar por el elevador.

Y mientras los pisos se escurrían uno a uno, Jane sonrió mientras lloraba. Estaba rota, quebrada, pero estaba valiendo la pena porque ellos eran felices, y porque Thor jamás hubiera sido la mitad de feliz con ella de lo que era actualmente con Loki. Se preguntó si alguna vez alguien la amaría con esa intensidad. Ella no estaba huyendo a Londres, no. Estaba marchándose solamente. Cuando uno emprende un cambio debe hacerlo con sueños y esperanzas, con ilusiones. Hacerlo sin ellos sería simplemente escapar.

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—Señor, no tiene nada de qué preocuparse. Estoy seguro de que el Capitán Rogers llegará en breve. —la voz lacónica de Jarvis se dejó escuchar entre el tic tac del reloj colgado en la pared. Vestía un traje de gala negro justo, como si Tony hubiera sabido desde siempre sus medidas. Lo había obligado a ir a la fiesta, sin importarle que tuviera deberes o se sintiera más cansado de lo normal. Sinceramente, Jarvis habría preferido quedarse en casa a tomar una siesta.

—No estoy preocupado. —fue su rotunda respuesta. Su pie taconeaba ligeramente contra la alfombra de la entrada, donde Tony se mostraba más impaciente—y nervioso—que nunca. Enfundado en un elegante traje Armani escogido de entre una colección que aún no salía a la superficie, dejaba mostrar la sensualidad y el porte de un magnate hombre de negocios que sabe de moda y estilo. Aunque toda la ropa en realidad le fuera bien, éste traje no hacía más que resaltar los atributos de Tony Stark. Porque el color gris perla no solamente le favorecía, sino que resaltaba su grado de sensualidad. Y la camisa negra, desabrochada de los primeros dos botones le daban un toque despreocupado. No llevaba corbata, porque Tony decidía cuándo llevarla y cuando no.

—Tal vez simplemente se le está haciendo algo tarde hoy. —trató de apaciguar el ambiente pesado que claramente respiraba. Jarvis estaba seguro que de ser por su jefe, todas las salidas estarían selladas con tablas de madera o puertas de hierro para que Steve no se fuera. Porque el mayordomo ya sabía la noticia acerca de su partida, y más que triste, se había sentido decepcionado de que el tiempo no los hubiera echo sinceros. Tony abrió la boca para decir que Steve era todo menos impuntual. Quizá se hubiera arrepentido de ir a la fiesta con él, o…Oh, Dios.

—No sabía muy bien cómo colocarme el traje y… ¿no te he hecho esperar mucho tiempo? —comentó apenado, llegando por fin al encuentro. Miró a Tony con sus grandes ojos azules; ansiedad y sudor brillando sobre su labio superior. Dios santo, bendito el diseñador por haberle impuesto ese traje que le iba como cereza al pastel. El negro rayado se ceñía al cuerpo grande de Steve, y la chaqueta se acentuaba en las curvas de los hombros, dándole el aspecto sensual a su ancha espalda. La camisa azul iba perfectamente abotonada y resaltaba sin más, sus perfectos ojos azules y el cabello rubio. La corbata estaba bien acomodada e impecable, como todo él. Y a Tony se le cortó la respiración y luego volvió de súbito al darse cuenta que estaba viéndolo como un estúpido.

—Sí, bueno. —hizo un gesto con los ojos fuera de la vista de distracción de los muslos solidos de Steve en negro ceñido—. Ahora estás aquí, y eso es lo que importa. —comentó al aire, como restándole importancia al hecho de que lo había esperado siete minutos con cuarenta y dos segundos.

Steve asintió, y luego se quedó en silencio mientras asimilaba el propio traje de Tony. El leve rubor en su rostro pareció profundizarse, y luego se acercó con pasos lentos a él, mientras Jarvis se adelantaba para darles privacidad. Tony se giró para salir, pero una mano lo tomó por el brazo y lo hizo girarse. Sus ojos se encontraron con el mar profundo de Steve, quien se acercó a sus labios y los entreabrió paseando el dedo pulgar por ellos.

—Luces especialmente guapo hoy. —y el martilleo en el corazón de Tony se comparó con la explosión de la bomba atómica. Se aferró a los hombros del rubio y se obligó a impulsarse sobre sus talones para alcanzar una mejor posición en el beso. La lengua del militar se abrió paso entre sus labios y él le permitió el acceso, porque sabía a gloria y perfección. Porque Steve era una gama de sentimientos. Porque era la primera y única persona que seguramente haría temblar sus rodillas.

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La trayectoria estuvo llena de charla ociosa y el encanto habitual de Tony.

Cuando llegaron al edifico donde se celebraba el evento, aquel enorme rascacielos que Pepper había alquilado exclusivamente para Industrias Stark, todo tomó un rumbo más ostentoso y lleno de ruido. Steve se tomó un momento justo para mirar con asombro la masiva carga de periodistas y flashes, cámaras y micrófonos que aguardaban impacientes frente a las enormes puertas de cristal.

—Bienvenido a mi mundo, cariño. —le sonrió complacido—y algo enternecido, quizá—al ver la mueca de asombro de Steve, y su creciente nerviosismo. Parecía que su mandíbula no quería encajar de nuevo, así que el moreno se tomó el atrevimiento de cerrar su boca con las yemas de sus dedos en una caricia que le supo cursi y poco convencional viniendo de él. Jarvis lo estaba viendo hacer todo aquello, y decidió ignorar descaradamente su mirada cómplice.

Se tomaron algunos segundos más en los que Rogers asimilaba un mundo lleno de gente y fama, para después un chofer—Happy, se llamaba—abriera la puerta trasera dándoles la bienvenida al exterior y al bullicio. El mayordomo fue el primero en salir y quien fue abriendo paso entre la masiva carga de periodistas al paso de Tony, quien dicho sea de paso, jalaba del antebrazo al rubio—a quien no parecían funcionarle los pies—. Luz, flashes, palabras, preguntas, gente amontonada buscando una entrevista. Steve tropezó algunas veces con encantadoras mujeres que también le lanzaban preguntas a él al verlo con el magnate CEO de Industrias Stark.

Para su suerte, el castaño lanzaba piropos y sonrisas abiertas a las mujeres afanándolo más de su agarre y manteniéndolo más junto, como si temiera que en algún momento aquellas mujeres se le fueran a lanzar encima al militar. Quizá para el día siguiente estuviesen en primera plana en algunas cuantas revistas "¿Quién será el misterioso hombre con el famoso Tony Stark?", estaba comenzando a preguntarse qué títulos divertidos y difamadores pondrían para vender, pero, ¿qué más daba? A él le encantaba.

Cuando pudieron por fin entrar al elevador, Steve se recargó con gesto cansado sobre una de las paredes, porque Dios, todo estaba siendo agotador y apenas había comenzado. Sintió una suave caricia sobre la mandíbula, donde los labios de Tony habían depositado un tierno beso. Una sonrisa se plantó en su rostro al ver la mueca burlona del castaño por su reacción, y como venganza lo atrajo por la cintura y mordió su labio inferior suavemente. Un gruñido salió de los labios contrarios y las manos del millonario se posaron con confianza sobre sus nalgas, pegando sus cuerpos antes de unir sus labios en un beso profundo lleno de pasión y lentitud. Sus lenguas se cruzaron, traviesas y danzantes, mientras Tony se recargó sobre el mayor y gimieron al sentir sus cuerpos pegados.

—Qué suerte que Jarvis decidió subir primero. —susurró sobre sus labios, todavía con la respiración algo acelerada después del beso. El rubio rió abiertamente ante su comentario y paró cuando el sonido que anunció que el recorrido terminaba, llegó. Se acomodó mejor la corbata y esperó las instrucciones de Tony porque él se sentía perdido. Le sorprendió que el castaño buscara su mano y entrelazara sus dedos, encantándolo al verlos enlazarse como si toda la vida hubieran estado esperando unirse como un rompecabezas. Dios, estaba siendo en extremado cursi.

—Oh, por… —ésta vez se abstuvo de seguir hablando, y prefirió cerrar la boca porque todo era… nuevo. Desconocido e inquietante. Sí, estaba acostumbrado a la gente, era obvio porque había compartido la vida con militares amigos y un ejército, pero no… estas personas. Elegantes, finas, discretas—. Me siento totalmente fuera de lugar. —se atrevió a comentar sin olvidar que su mano seguía unida a la de Tony. Él apretó el agarre en señal de apoyo y giró el rostro para dedicarle una mirada que le hizo serpentear el corazón.

—Nada de eso. —negó con un gesto de la mano, restándole importancia a sus palabras—. Te ves fantástico y mejor que todo el mundo, pero no mejor que yo. Nadie puede verse mejor que Tony Stark. —y el militar rodó los ojos pero le sonrió, algo reconfortado y agradecido por sus palabras. Se dejó conducir con pasos largos y confiados por toda la gran sala llena de gente, donde el millonario hablaba con todo el mundo.

Lo presentó a muchas personas como "Steve Rogers, militar". Sin nada más que aportar que una sonrisa y un apretón de manos. Le sorprendió la amabilidad y confianza con que Tony trató a las personas como si les conociese de toda la vida. Así como recibieron gestos y miradas brillosas, de igual forma hubo quienes se extrañaron por no ver al castaño acompañado de alguna exuberante mujer, y muy al contrario, tomado de la mano con un hombre. Fue un impulso que Steve hubiese querido soltarse, porque en su época aquello no era bien visto. Pero Tony estaba tan confiado sin reparar siquiera en las miradas extrañadas, que respiró profundo y rápidamente se olvidó de la incomodidad.

—Eres encantador a los ojos de todo el mundo. —le susurró Tony una vez terminaron de saludar—gracias al cielo—a todos los invitados de importancia. El rubio simplemente se encogió de hombros y le ofreció un sonrisa, como si no acabara de creerse la noticia—. Hablando en serio. Me preocupa que piensen que eres más encantador que yo. —

—No sé si eso es posible. —se rió, moviendo la cabeza. Porque Tony era más o menos el rey del encanto—. Pero me alegro de que al menos puedo impresionar en algo. —comentó al aire, pero el castaño de inmediato soltó una risita y se acercó en un contacto mucho más íntimo entre ellos.

—Puedes, sin duda alguna, impresionar. —le aseguró con un pequeño guiño, y las mejillas de Steve tomaron un tono carmesí rápidamente y comenzó a toser, un poco incómodo. Ignoró el comentario poniendo el pretexto de tomar un aperitivo de una de las bandejas de un mesero ambulante

—Toda esta conversación me ha dado hambre. —tomó otro aperitivo y se lo pasó a Tony, quien lo aceptó de buena forma.

—A mí también. —mordió su panecillo y se quedó mirando al rubio con los ojos cafés, profundos, analizando—. ¿Sabes que es curioso que justamente nos hayamos conocido en una ocasión parecida? Es decir, tú traías un traje desgarrado. —tomó una copa de champagne y le pasó una al rubio, tomando ambos algo de bebida al mismo tiempo.

—Me vi obligado a ir. —explicó lentamente con una pequeña sonrisa al recordar los rostros de sus tíos—. No creas que soy un hombre de fiestas y círculos sociales. Mi vida básicamente era la supervivencia en los campamentos y la guerra. —paseó sus ojos por toda la gran sala, llena de gente enfundada en trajes elegantes—. Sin embargo fue una ocasión especial, y no sabía a dónde derivaría esto. —

—Es decir, viajar en el tiempo y conocer a Tony Stark. —se aduló a sí mismo, pero bajó la mirada hacia sus zapatos al confesar casi en un susurro: —. Tengo que admitir que estoy contento de que sucediera. —

—Yo también. —se sinceró, buscando con sus ojos azules el contacto que tanto anhelaba. Pero Tony no lo miró, ni tampoco habló más. Algo pesado cayó sobre su estómago—. Esta comida es buena. —dio otro mordisco a su aperitivo, mordiéndose la lengua ante las palabras que quería decirle, porque este no era el momento de hacerlo.

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Parecían viejos amigos.

Como un viejo equipo de secundaria, encontrándose años después, así se figuraban ellos. Como el reencuentro de una vida que entrelazó sus caminos y los llevó esa noche hasta ahí. Pepper conversaba animadamente con Bruce, quien se mostraba interesado alternando la mirada entre ella y sus propias manos, aún sintiendo un poco de vergüenza al tratar con una mujer como ella. Era maravillosa y segura.

Steve estaba sentado con Thor, Nick, Loki y Clint, hablando y riendo abiertamente con un par de copas de más en el sistema. Natasha estaba algo más alejada conversando con Jarvis, como si fuese un viejo amigo o su padre. Y Tony, él quería ir hasta ahí y sumarse a la plática, pero estaba del otro lado del salón, conversando con algunos peces gordos con quienes tenía negocios importantes y lazos que conservar.

Steve alternaba su mirada y sus pensamientos entre sus nuevos amigos y Tony. Constantemente miraba su perfil, su pose, su altivez. Era un hombre de negocios, de mundo, de círculos sociales. Sus manos se sintieron ansiosas y picaron por dibujarlo, quizá por milésima vez. Él nunca podía tener suficiente de la cara de Tony, de sus expresiones, de las arrugas que se hacían cuando sonreía. Era su cosa favorita por dibujar.

La noche transcurría larga y divertida, entre risas y anécdotas. Steve convivió con todos juntos, y hablaron de los otros sin sentirse ofendidos. Y Tony estaba lejos, deseando siempre terminar con las charlas aburridas e ir ahí a unirse a los demás. Por un momento se quedó solo, pero bailó en la incertidumbre entre si ir o no. Sus pensamientos y acciones se detuvieron en la sonrisa de Steve, tan pura y fresca que fue inevitable el suspiro que salió de sus labios. Revuelto entre la añoranza y la melancolía.

—Stark, ¿estás bien? — una voz que bailó entre el aire se coló por sus oídos despertándolo de un porrazo. Se contuvo para no gritar por la sorpresa y controló su corazón. Miró a Natasha con el ceño fruncido ante su mirada afilada y analítica—. ¿En qué te has quedado embobado? O…—hizo una pausa para observar al rubio que acababa de tomar otra copa de champagne—. En quién. —alzó las cejas, sonriendo.

—Todo es producto de tu mente enferma y depravada, agente Romanoff. —respondió intentando convencerse de que no era como ella decía. Aunque en el fondo sabía que estaba mintiéndose a sí mismo—. ¿No deberías estar deteniendo delincuentes y haciendo misiones ultrasecretas para SHIELD? —

—¿No deberías estar construyendo armas? —contraatacó, sin quitar la sonrisa de sus labios rojos.

—Ahora trabajo con S.H.I.E.L.D., no para ellos. ¿Entiendes la diferencia? —alzó una ceja, para hacerle ver que eran socios, una alianza solamente. Tony iba a decidir qué tipo de armas fabricaría y si eran convenientes o no. Ese era el trato: vigilar al mundo, la paz, la seguridad, y esas cosas morales. Ahora era consciente de las consecuencias que podían derivarse del poder.

—Tan claro como tú entiendes que el tiempo para confesarle a Steve tus sentimientos se acaba. —ella le puso una mano en el brazo al castaño, reconfortándolo—. Realmente eres un hombre con suerte, por cierto. Puedo decir con seguridad que realmente tienes el corazón de Steve. Porque él apenas te ha quitado los ojos de encima toda la noche. Yo diría que muestra los signos de un enamorado, ¿no? —él siguió las palabras de la agente con sus ojos, y se encontró de pronto con la intensa mirada azul del rubio. Su corazón dio un salto como si fuese un colegial enamorado al que han pillado en la fiesta observando a la chica de sus sueños. Chico, en este caso. Carraspeó y desvió la mirada.

—Natasha tiene razón. —una voz elocuente que Tony conocía de sobra se unió a la plática como si llevara ahí todo el tiempo. Él rodó los ojos. ¿Primero la agente y ahora Pepper?, ¿por qué diablos no lo dejaban a él solo hacerse bolas con sus pensamientos? —. Los sueños están ahí, Tony, y no va a desaparecer por mucho que lo desees, como tampoco puedes invocarlos. Tienes que decidir si quieres seguirlos o dejar que se desvanezcan. —un silencio tenue pero incómodo invadió a los tres, cada quien con pensamientos iguales en enfoques diferentes.

—¿Y qué puedo hacer yo? —terminó por hablar el castaño con una sonrisa amarga, bailando entre la resignación y la culpa de sueños que no iban a cumplirse por más que lo deseara—. Me sobran ganas de pedirle que se quede aquí conmigo, pero no lo haré. Hay cosas que deben nacer de una persona, como permanecer… querer permanecer. —y con eso, su careta se rompió y el aura de confianza que rodeaba a Tony se rompió. Se giró lentamente y caminó a través del salón en busca de Steve, y huyendo a su vez de las dos mujeres que podían hacerlo caer de cabeza a la tierra. Sólo necesitaba pasar el tiempo con él… el que fuera que quedara entre ellos.

Lo encontró en uno de los tantos balcones que daban hacia un jardín hermoso en las alturas del gran edificio de lujos extremos. Su espalda ancha cubierta por el elegante traje marcaban su silueta alta e imponente. Tenía recargados los antebrazos en el barandal, con el aire revolviéndole suavemente los cabellos rubios. Y él estaba detrás, observándolo, bebiendo de una de las últimas imágenes perfectas que tendría de ese hombre.

—¿Agotado por tanto movimiento en una sola noche? —se atrevió a comentar mientras llegaba a su lado imitando la posición del soldado. Aspiró profundamente el aire nocturno que envolvía su cuerpo llenándolo de frescura. Steve gruñó en respuesta y se encogió de hombros—. Tomaré eso como un sí. Aunque pensándolo mejor, no sólo un sí, sino también como un "infierno, sí". —sonrió. Steve rió en voz baja, dándose media vuelta para observar mejor al castaño.

—Pareces más vivo que cuando llegamos. Este es tu ambiente natural. —reconoció con una sonrisa que quebró dentro de él algo. Era un lugar donde Steve francamente sintió que no encajaba. Y ese fue un golpe tozudo y atinado a su corazón. Como un gancho bien recibido por parte de la vida quien le decía: tu sitio no es aquí, no con él. Se sintió abrumado cuando se dio cuenta que todo aquel mundo lleno de personas famosas, fiestas grandes, elegancia destilada y tecnología… no era de él. Sin poder contener más sus palabras, se posicionó frente a Tony. En silencio y con la música de la fiesta de fondo, se desabrochó dos botones de la camisa y se quitó algo que llevaba siempre consigo: sus placas de identificación militar. Rodeó con la cadena de plata el cuello de Tony y la abrochó, guardando los grabados dentro de su camisa, chocando contra su pecho caliente. El castaño lo miró con algo de sorpresa por el gesto.

—Steve, esto… ¿y tú?, porque, digo, cuando vuelvas y—un dedo se posó cálido sobre sus labios impidiéndole seguir hablando. Los ojos brillantes de Steve le hicieron saber que todo estaba bien. El metal contra su pecho con el nombre de Steve grabado en él, le hizo sentirse más cercano. Como si tuviera un tatuaje por las venas. Como si le perteneciera para siempre aunque se fuera.

—Quiero que las tengas tú. Me darán otras cuando vuelva. —besó su frente con parsimonia, como si tuviera todo el tiempo del mundo para disfrutar del contacto con su piel. Tomó ambas manos del castaño entre las suyas y volvió a bajar la mirada hacia él—. Sólo me queda una cosa por decirte: prométeme que serás feliz, Tony. —le pidió. Y entonces todo giró en torno a una despedida que se sentía cercana y que los aplastaba.

—¡Claro que lo seré! —repuso con fingida alegría. Con una que fue su máscara en ese momento y que se sintió más pesada que si llevara una de plomo—. Lo fui antes de que llegaras, y lo seguiré siendo cuando te marches. —y llevó una de sus manos hasta su pecho, apretando el dije que Steve le dio. No le iba a detener, incluso si su corazón reventara en deseos de hacerlo; era su destino irse, aunque lo extrañara cada segundo de su existencia. ¿Qué podía hacer él si la decisión estaba tomada? Simplemente, decirle adiós.

—Eres… eres un hombre lleno de sorpresas, Tony Stark. Hay algo en ti que me resulta adictivo. Quizá sea tu sonrisa, o tu mirada. O tus labios… o todo junto. Te quiero Tony, te quiero. —le murmuró con el corazón en un puño. Por mucho que supiera que confesarle sus sentimientos no iba a funcionar, Steve quería que Tony luchara por él. Que le pidiera que se quedara. Si tan sólo se lo dijera, él no se iría. Quería que encontraran juntos una manera de poder seguir, aunque él sabía que era imposible porque Tony no estaba enamorado de él.

Se suponía que ese era el momento de correr hasta él, besarle y decirle que también le quería. Pero tras la confesión de Steve, un miedo atroz invadió a Tony. Se sintió inseguro, y apretando su corazón entre su garganta, solamente pudo abrazarse al pecho de Steve y quedarse en silencio. No musitó ninguna palabra que pudiera romper o transformar el momento. Las dudas, la incertidumbre. Todo. Apretó sus puños y no alzó la mirada en un largo, largo rato. Ahora sabía que Steve le quería, y sentirse dueño de aquel sentimiento le dio poder y pánico. Él no podía arrancarle a Steve los deseos de volver a casa con los suyos. ¿Y si le decía que también lo quería?, obligaría al otro a quedarse, a abandonar a su familia que lo esperaba en casa. A ser un huérfano en el siglo XXI. ¿Y luego qué pasaría si entre ellos las cosas de repente dejaban de ir bien? Se separarían y él… él no quería que Steve se viera perdido en un siglo que no era el suyo. No quería mostrarse egoísta con el hombre que quería.

Porque tarde o temprano todos terminaban cansándose de Tony. De su modo de vida y su irremediable forma de ser. Era difícil de tratar, de querer, de soportar. No sabía qué esperaba Steve de él, y peor aún, no sabía si sería capaz de dárselo. Perderlo era uno de sus mayores temores, pero lastimarlo y romperlo, le daba más miedo aún. Porque Tony era un hombre que solía destrozar todo lo que caía en sus manos.

Alzó la barbilla y rozó sus labios en un contacto cálido con Steve.

—Volvamos a casa ya. —le susurró con una voz que danzaba entre la distancia como el viento que corre entre las calles—. Quiero que me hagas el amor. —

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Pepper suspiró desde su asiento, frustrada con la vida y con la terrible necedad de Tony y Steve.

Su pie daba ligeros golpes contra la alfombra egipcia que cubría todo el salón, mientras la música sonaba fuerte de fondo. Hace apenas algunos momentos aquellos dos habían entrado del balcón, despidiéndose con algo de prisa como si alguien los apresurara. Steve la había abrazado con una terrible gratitud que le supo amarga y a despedida. Sabía que quizá no volvería a verlo si Tony no hablaba de sus sentimientos, y aquello la entristeció y decepcionó.

Estaban manteniendo los sentimientos en secreto, dando pasos hacia la salida. Parecía que ninguno quería decir adiós; era una pena porque si sentían lo mismo el uno por el otro, ¿cómo iban a enterarse con la distancia en medio?

—Confío en que ellos dos por fin lo digan. —mumuró alguien a su espalda. Ni hizo falta voltearse para saber que la dueña de la voz era Natasha. Era increíble el cómo la llegada de Steve la había transformado poco a poco en una mujer más abierta hacia ellos. La recordaba más fría y con un aire diabólico. Al parecer Steve había cambiado no solamente a Tony.

—Y ojalá que Tony deje sus miedos de lado… —suspiró llevándose una mano a la barbilla. Entrecerró los ojos con cansancio mal disimulado y aguantó un bostezo. Llevaba trabajando en esa fiesta los últimos dos días sin parar, buscando aquí y allá contratos y personal para la fiesta. Y ahora estaba agotada. Estiró el cuello en busca de comodidad.

—¿De qué hablan? —Clint se acercó también, curioso por saber de qué estaban platicando ellas. Ninguna se inmutó ante su pregunta, como si simplemente nadie hubiera roto el silencio. Él rodó los ojos con hastío—. Mujeres. —dijo. Natasha le pellizcó el brazo y Barton dio un ligero brinco. Finalmente, la agente le sonrió cuando el rubio pasó un brazo rodeándole los hombros y la pego a su cuerpo en su semiabrazo. Con una última mirada, ellos se retiraron hacia la pista de baile. Pepper alzó ambas cejas con sorpresa: nunca imaginó que aquellos mercenarios bailaran.

—Se nota cansada, señorita Virginia. —un susurro procedente del otro lado de la mesa la distrajo. Sus ojos azules se posaron en la figura algo cohibida de Bruce, quien portaba un elegante traje color gris con una camisa negra. No llevaba corbata, pero no se notaba informal. Ella le sonrió con algo de cansancio y asintió en respuesta.

—Ya te dije que me llames Pepper, como todos. —le indicó el lugar a su lado para que se sentara con ella, pero él negó y permaneció de pie. Se mordió el labio inferior y repasó con su lengua las comisuras. Parecía nervioso, con sus manos unidas graciosamente frente a él como un niño regañado que se balancea antes de decir algo. Llevó ésta vez una de sus manos a su nuca y se rascó. Agachó la mirada y después subió lentamente buscando de nuevo sus ojos azules.

—Creo que me retiraré de la fiesta. Mañana tengo trabajo y, me preguntaba si… bueno, si uste- tú, er, ¿quieres… quieres venir conmigo? No creo que tu casa esté muy lejos, y pues yo eh-

—Sería perfecto. —una de las primeras sonrisas agradecidas y sinceras se posó en sus labios en lo que iba de la noche. Decidió que cortaría su monólogo incoherente porque había escuchado suficiente y no quería que el pobre se siguiera torturando con sus palabras enredadas. Se levantó, sintiendo de repente el peso del sueño sobre ella—. Gracias, Bruce. —le susurró, rozando su mano en un gesto limpio que a él lo hizo sentir las mejillas sonrojadas.

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—Deja eso ya. —le gruñó con el mal humor comenzando a emerger desde el fondo de su interior. Apartó la botella que Thor estaba a punto de tomar, viéndolo con reproche—. Recuérdame nunca más permitir que bebas tanto. —se cruzó de brazos, iracundo.

—Ohh, vamooos Loooki, hoy es uun gran día para feeestejar porque… ¿por qué estamos aqu-hip? —sus pequeños y graciosos ojos azules buscaban vagamente un punto donde apoyarse para enfocar bien la vista en su hermano, pero todo a su alrededor giraba como en una ruleta. Se recargó en su silla acercándose lentamente a Loki, alcanzando con éxito estar a centímetros de su oreja—. Todo gira, hermaaano. Dios, eres tan guapo, tan sexy, tan caliente. Quiero tenerte entre mis brazos y besar tus piernas, y subir con mis dedos hasta meterlos en tu—no pudo seguir hablando porque el susodicho lo silenció con sus dedos apretando sus labios. Le lanzó una mirada de advertencia con navaja incluida, cosa que hizo a Thor apartarse lentamente de él. Sí, sentía las orejas calientes por las barbaridades que estaba diciendo aquel disparatado borracho.

—Vámonos ya. —le rugió. Le tomó del brazo y lo ayudó a incorporarse. Todos se estaban marchando ya. En la distancia solo quedaba el personal recogiendo las mesas y limpiando, y al fondo Natasha y Clint platicando con una agente que llegó a ver dos veces solamente: María Hill, algo así se llamaba. En realidad ella, tanto como Nick, se dejaba ver poco en luz pública.

Thor recargo su gran cuerpo en él, abrazándolo. Odiaba cuando se ponía borracho porque era impertinente y empalagoso, y sin embargo, a pesar de eso, no preferiría a nadie más.

Tuvo que sonreírle suavemente cuando Thor se acercó a murmurarle que lo amaba.

—También te amo. —confesó como un secreto que tuviera miedo que alguien más escuchara. Después lo agarró firmemente y condujo a ambos hacia la salida.

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—Se ven tan bien en tu cuerpo, Tony. —reconoció mientras contemplaba con un destello de admiración en los ojos sus propias placas militares colgando del cuello del millonario. No era el mejor regalo que alguien hubiera podido hacer, pero era todo lo que tenía y quería que fuera Tony quien se lo quedara. Besó el metal de las placas y luego sus labios se trasladaron hacia los pectorales marcados y luego a los pezones duros. Escuchó un suave jadeo a la vez que una mano acariciaba su nuca lentamente.

—Dios, Steve, vayamos… vayamos a la cama ya. —murmuró con urgencia mientras trataba de caminar con el otro hombre encima prácticamente de él. Apenas al llegar, sin encender las luces, el rubio lo había atacado porque estaba caliente, y él también lo estaba. El rubio alzó la mirada y el castaño percibió un toque pícaro en sus ojos azules.

—No. —llevó sus labios a la oreja del moreno, echando a propósito su aliento de forma sensual y provocativa. Tony tembló por la anticipación—. Quiero hacerte el amor aquí. —señaló la sala, el lugar donde en ese momento estaban. De repente, tras sus palabras, tomó sus caderas y apretando con necesidad, lo empujó hasta azotarlo ligeramente contra el ventanal enorme que mostraba la ciudad del otro lado, con el manto de la noche y las luces de los edificios y las estrellas en el cielo. Lo besó con fiereza y hambre, con determinación.

Tony devolvió el beso con pasión y desesperación, envolviendo sus brazos alrededor del cuello del más alto y tirando de él más cerca. Podía sentir la lengua del rubio deslizándose a través de sus labios y él solamente los entreabrió para dejarle pasar. Steve apoyó más al castaño contra el vidrio, manteniendo sus labios firmemente pegados. Después viajó por su cuello hasta llegar nuevamente al pecho. Sus manos buscaron los bordes de su camisa e introdujo las palmas, frotando su piel desnuda al tacto. Se alejó brevemente para desabotonar la prenda y luego retirarla, tomándose su tiempo ante la necesidad de Tony.

El millonario envolvió sus dedos en el pelo de Steve como el rubio bajó por su torso con caricias suaves y sus labios mojados. Abrió el zipper del pantalón y lo bajó hasta los tobillos. Cuando su boca llegó justo encima de la ropa interior del castaño, besó suavemente el área, en broma. Un gemido escapó de los labios del millonario y pronto sus zapatos y pantalones salieron definitivamente de su cuerpo, dejándolo solamente en bóxer. Después se puso de pie desabrochando su propio pantalón y mandándolo al mismo destino que el de Stark.

—Alguien está emocionado. —ronroneó Tony al oído de Steve cuando presionó una mano en la creciente erección del rubio a través de la tela de su ropa interior—. No puedo decir que me quejo. —sonrió.

—No estoy tratando de actuar como si no lo estuviera. —se burló de sí mismo, jugando con las yemas de sus dedos en el borde del bóxer del castaño. Pasó su lengua lentamente por su propio labio inferior, comiéndose con los ojos la figura semidesnuda de Tony pegado al vidrio de un ventanal que de fondo lucía a la noche.

—Eres jodidamente caliente. —le aclaró. De un solo movimiento, cayó de rodillas y pasó sus dedos fugazmente por la ropa interior del rubio retirándola por completo. Tomó lentamente la polla de Steve entre sus dedos. Se lamió los labios y se acercó, tomando entre ellos la cabeza mojada, lamiendo a lo largo de la ranura. Steve se quedó sin aliento cuando el castaño tarareó en voz baja, haciendo que la más suave de las vibraciones arrollara el miembro del militar.

—Oh, por… —gimió al sentir la increíble boca de Tony tomándolo profundo, chupando a lo largo de su extensión. Su cabeza comenzó con sacudidas suaves mientras su lengua se deslizaba traviesa. Sintió que golpeaba la parte posterior de la garganta de Tony y dejó escapar el más pesado de los gemidos. Sus dedos se enredaron en el pelo castaño y llevó una mano apoyándose en el vidrio del ventanal para estabilizarse.

Tony continuó girando su lengua alrededor del increíble miembro caliente y palpitante, chupando la piel sensible. Steve no resistió más y comenzó a marcar el ritmo, moviendo lento sus caderas más hacia el fondo, follando la boca de Tony. Cuando sintió que estaba llegando al final, se apartó y ayudó al moreno a incorporarse de nuevo, dándole un demandante beso.

—Quiero que me folles duro… —le murmuro entre el éxtasis y sus cuerpos calientes. Steve tragó saliva duramente, pero finalmente le dio la media vuelta haciéndolo apoyar sus manos en el vidrio. Tony de cara a los edificios, Steve detrás pegándole su miembro mojado y caliente entre las nalgas. El castaño se quedó sin aliento cuando un dedo se introdujo sin mucha consideración dentro de su canal, intentando adaptarlo para lo que vendría. Vibró de la anticipación y el gusto, y el placer. Y todo. Todo estaba misteriosamente mezclado.

Dejó escapar pequeños gemidos cada vez que aquel dedo hacía contacto con su próstata. Steve deslizó lentamente otro dedo, que extendió a Tony más y así ganó más jadeos de placer. Cada vez que uno de esos pequeños sonidos sugerentes llegaba a sus oídos, sentía a su miembro latir con excitación.

—Apúrate. —jadeó con los ojos entrecerrados, echando hacia atrás la cabeza en señal de frustración. Steve tiró de sus dedos hacia afuera, haciéndolo sufrir mientras rozaba con su polla las nalgas perfectas del millonario. Sus manos tocaron la piel, abriéndolas poco a poco y disfrutando de la sensación de tenerle retorciéndose entre sus brazos—. No me hagas esperar-ahh… —hizo sus manos puños y los pegó contra el vidrio cuando sintió a Steve presionando su pene contra su entrada. Todo su cuerpo reaccionó una vez se sintió lleno—. Rápido, fuerte, mgh… —suplicó con un gemido, alzando sus nalgas en busca de más profundidad y encontrando el contacto de las caderas de Steve. Él podía sentir su polla golpeando la próstata de Tony con cada golpe.

Llevó una de sus manos alrededor del miembro de Tony, que ya goteaba el líquido preseminal. Jadeó pesadamente mientras deslizaba los dedos arriba y abajo. Sus embestidas se tornaron más agresivas y difíciles, chocando carne contra carne. Tony dejaba escapar el vaho de su aliento, empañando el vidrio. Sus rodillas querían ceder ante el placer, las sensaciones. Pegó de nuevo sus nalgas contra las caderas de Steve deliciosamente en un movimiento por demás sugerente y entonces lo sintió tan dentro que algo dentro suyo se contrajo haciéndoles jadear.

—Tony… —gimió, al sentir el cómo el hombre apretaba su culo—. Tony, estoy… cerca, mgh… —llevó sus manos a las caderas de Tony y las apretó, arremetiendo más fuerte y profundo. La excitación agrupada en su vientre, el calor amenazando con desbordarse en cualquier momento. De repente su tensión se acumuló y se dispersó como él se vino duro y caliente dentro del castaño. Pudo sentir el baño caliente alrededor de su miembro. Tony llegó un momento después manchando parte del vidrio y el piso, y la mano de del militar. Gritó el nombre de Steve entre jadeos, retorciendo su cuerpo.

Se quedaron un par de minutos en silencio, sin moverse. El rubio simplemente depositó un beso en la nuca sudorosa de Tony y reposó sus manos sobre sus caderas. Sus respiraciones tranquilizándose mientras ellos veían la noche, el manto. Ahí donde Dios había escrito sobre azul con letras de diamantes.

—¿Ahora sí podemos ir a la cama? —murmuró Tony con burla y cansancio. Steve solamente sonrió y le dio la media vuelta para besarlo de forma profunda.

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Entre sábanas revueltas yacían desnudos uno al lado del otro. Y entre sábanas revueltas Tony no pudo concebir el hecho de permanecer lejos de ese cuerpo de adonis.

—Me acercaré a ti porque hace frío. —advirtió, arrastrándose hasta estar cerca de Steve, que no hizo nada por impedir el movimiento o la cercanía que le resultaba reconfortante a plena luz de luna. Alzó sus ojos y se encontró con el mar profundo del rubio, quien lo miraba fijamente— ¿Qué? —preguntó, curioso.

—Nada. Creo que me gusta el color de tus ojos. —confesó sinceramente. Más aún cuando pudo verse reflejado en ellos sin problemas, sin importar que apenas pudieran verse los rostros por la tenue luz de la lamparilla y la que se colaba por la ventana. Era agradable ese color, tranquilizador, único.

—Qué cosas dices. —trató de disfrazar la sorpresa y el tumbo que había dado su corazón tras esas palabras—. Son del mismo color que la mayoría de la gente. —se excusó, rodando los ojos como si fuera lo más obvio del mundo.

—Sí, pero… me gustan. —alcanzó uno de los mechones rebeldes del castaño y lo tomó entre sus dedos, tirando ligeramente de él en un gesto juguetón—. Eres tan… llamativo, Tony. También me gusta tu cabello. —dijo con resolución. Acarició su cabello hacia atrás, entremetiendo los dedos por las hebras espesas con la mirada fija en él—. Cuando hay poca uz como ahora, no es simplemente castaño… es como una mezcla entre dorado y café. —explicó, sonriendo. Vio los párpados de Tony entrecerrarse a causa de sus sutiles caricias—. Es bastante suave… —

—¿Es por eso que lo cepillas con tus dedos cada que puedes, sabiendo lo mucho que me causa sueño? —reclamó débilmente. Su cuerpo se relajó y fue inevitable el suspiro satisfecho que se escapó de sus labios al sentir los mimos de Steve.

—Sí. —adimitó con una sonrisa mediana y suave, tierna—. Me recuerda al pelaje de un gato arisco. —entonces toda la magia que se había formado se rompió cuando la ceja de Tony vibró.

—Muérete. —le espetó. Se dio media vuelta, escuchando a sus espaldas la risa fresca del rubio. Sintió las dos grandes manos del militar hundirse en el cabello rebelde de su nuca, acariciándolo con cuidado— ¡No soy un maldito gato! —le gruñó fingiendo molestia—. No te conozco, no me hables. —se enfurruñó. Se arropó mejor, sintiendo a Steve cerca de su espalda pero aún dejando espacio. El bastardo seguía riéndose, despreocupado.

Unos momentos después, ya estaba dándose la media vuelta y callándolo con un beso torpe en medio de la noche.

Nunca había sido tan plenamente feliz como en este momento, pero Tony tenía la hiriente sensación de que nunca más volvería a serlo, por lo menos en ese grado, con esa intensidad. Pero él quería esto. Steve quería esto, también. Un último momento. Una última oportunidad.

Algo dentro del pecho del millonario se encendió en cuanto Steve le rodeó con un brazo y él se acurrucó en ese fornido pecho. Se dio cuenta de que una sola palabra estaba arremolinándose en su interior, como una tormenta, un huracán. Apretó bien los labios para impedir que creciera tanto que le llegara a la lengua y consiguiera salir. Una palabra que él no había pronunciado jamás con todo su significado ante nadie, una palabra que en realidad ni siquiera se había permitido pensar nunca. Era más fuerte que el te quiero que Steve le había dicho. Y no lo dijo porque querer y amar eran cosas distintas.

Se dio cuenta de la magnitud de sus sentimientos, más aterradores y terroríficos que los de Steve. Un pánico increíble le asaltó cuando se dio cuenta que estaba enamorado, que todo se había salido de control y ahora… no sabía cómo regresar. Porque el rubio le quería, sí, pero quizá como amigo, como amante… no como él. ¿Cómo amar sin pedir nada a cambio, sin necesitar nada a cambio? Entonces cerró los ojos y se aferró al pecho que subía y bajaba con parsimonia.

—Por favor, Steve… no te vayas. No lo hagas porque te quiero. —murmuró al aire, deseando que sus palabras fueran escuchadas, que el rubio bajara la cabeza con una sonrisa brillante diciéndole que se quedaría con él. A su lado.

Pero sus palabras llegaron muy tarde, como se le estaba haciendo costumbre en algunas cosas, porque Steve había caído en el sueño profundo de quien sueña con amatista.

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Cuando despertó por la mañana una rara sensación lo invadió como una piedra pesada en el estómago. Sin embargo, la presencia de Steve a su lado, dormido, le hizo sentir que todo estaba bien. Que probablemente se tomaría el día y le propondría ir al cine o a algún museo. Quizá quedarse en casa y ver películas, quién sabe. Quiso despertarle ansiando poder decirle lo que la noche anterior no había podido. O más bien, no había tenido tiempo. Pero lo encontró tan profundamente dormido a su lado que algo se removió en su interior y solo fue capaz de sonreír.

Ahora todo estaba claro.

Ahora estaba plenamente consciente de sus sentimientos.

Ésta vez iba a arriesgarse, pero era Steve quien debería decidir si quedarse o no.

Así que fingiendo que el peso en su estómago se desvanecía, volvió a acurrucarse entre los brazos de Rogers y cerró los ojos con un suspiro que llenó su pecho.

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Steve estaba despierto.

En realidad, sólo durmió la primera parte de la noche, porque desde muy temprano despertó solamente para convencerse de que era hora de marcharse. De que el siglo XXI sonaba ya lejos, y de que la hora de volver a casa se acercaba. De que toda la tecnología, los nuevos amigos, Tony… todo ello formaría parte de un distópico e irónico recuerdo al que no podría volver.

Se separó lentamente del agarre que Tony mantenía sobre él, con mucho cuidado de no despertarle porque Steve odiaba las despedidas y no era bueno con ellas. Porque sabía que si veía esos ojos no podría marcharse. Y no podía dejar que pasara porque Tony, él… él no lo quería de la forma en que Steve lo hacía. Así que simplemente tomó el par de prendas más sencillas que encontró. No hizo ninguna maleta, pues a donde iba la ropa moderna no le serviría de nada. Además todo lo había comprado Tony.

Se acercó a una mesilla y garabateó unas cuantas palabras sin mucho sentido. Dejó la hoja de papel sobre la mesilla y se acercó al cuerpo dormido del que, durante un mes, le dio las más grandes muestras de emociones diversas, las alegrías, las penas, los enojos y las confusiones. Él no podía quedarse en este siglo, porque no pertenecía aquí. Necesitaba volver porque extrañaba también a su familia, sus amigos. Y Tony… él seguramente seguiría con su vida porque es lo que hombres como él suelen hacer.

Acercó sus labios a la frente despejada de mechones rebeldes y depositó un suave beso, con la esperanza de grabarlo a fuego en su piel. El beso de un adiós que debía recordarse toda una vida.

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Lo supo.

Desde el momento en que abrió los ojos algo le dijo que todo iba mal.

Se levantó, se enjuagó la cara y se lavó los dientes queriendo creerse la propia mentira que se había inventado cuando despertó y estaba solo. Así que este era el sabor amargo del que tanto se quejaba la gente que había sido de repente abandonada.

Bajó las escaleras y encontró a Jarvis en la cocina con una sonrisa en el rostro preparando el desayuno para dos, quizá sin saber el porqué su rostro se mostraba distante y frío. Entonces todo cobró sentido para el mayordomo en cuando le vio. Se acercó lentamente hacia su lugar, dándose cuenta de la delicada situación, de lo que Tony tendría que afrontar. De todo lo que iba a venir con aquella despedida que ni siquiera fue una porque Steve no tuvo el valor de verlo a los ojos y decirle que se iba ese día. Y Tony comenzó a extrañar desde ese momento irremediablemente el color de sus ojos azules. Es raro cómo funciona la vida. Deseas algo y tienes que esperar y esperar, y sientes que no llega nunca. Luego sucede y se va, y todo lo que deseas es acurrucarte una vez más en el instante en que cambiaron las cosas.

—Estoy bien. —le sale normal, espontáneo. Y Jarvis intenta creerle porque lo dice de una forma en la que es imposible creer que está mintiendo. Pero entonces una lágrima se asoma y él intenta reprimirla, pero es tarde. Es tarde como sus palabras que no llegaron a tiempo. Que no movieron el mundo y el destino. Palabras que se quedaron atoradas en su garganta cuando fue la ocasión de decirlas, y que ahora flotan en un "hubiera" que no será. Porque el hubiera es un hijo de puta tan grande como la distancia y la casualidad. Y Tony puede reprocharse muchas cosas en su vida, pero ésta, ésta se lleva el premio.

Se marchó.

Steve se fue interpretando en la partida el porqué de los silencios, esperando que la esperanza agazapada al lado de la fe se levantara y ganara la batalla contra su orgullo para hacerlo intentar una vez más, contra toda lógica y coherencia, contra todo pronóstico de éxito. Pero no lo hizo. Sin mirar atrás se perdió en el tiempo.

Steve se esfumó como se desvanece el humo de un cigarrillo a medio consumir, dejando tras de sí un corazón roto y un hombre destrozado llamado Anthony Stark.

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Sólo quiero que recuerden que aún faltan un par de capítulos para que la historia concluyan y pueden (y van) a pasar muchísimas cosas. Así que no me maten xD

Recuerden que comentar hace que la autora suba más rápido el capítulo (no es chantaje jajaja). El capítulo 33 ya está en puerta, y lo traeré pronto si se animan a comentar :3 les adelantaré el nombre que es "Frías y espesas paredes". ¡Un beso enorme y los quiero mucho!

Chiidory: No te preocupes, lo que importa es que sigues leyendo esta historia y te acuerdas de seguirla :3 ¿Sabes? Tengo una extraña melancolía por dejar de escribir este fic, pero a la vez me alegro de poder cerrarlo, porque ustedes se merecen una historia completa. "quiero un final que sea triste y feliz" eso me gustó mucho, quiero lo mismo que tú xD así que estoy buscando la forma de darle esa sensación de plenitud y no solo de felicidad, sino de ambas cosas. Respecto a tus predicciones, ya veremos cómo van las cosas, pero me encanta que hagas tus conclusiones aunque no pueda decirte ahorita si son ciertas o no xD ¡Un beso enorme!

Misssjees: ¡Hola! Todos sabemos que son un par de tontos xD pero si nos ponemos en su lugar, hay veces que nosotros hacemos lo mismo que ellos y hasta peor xD no sé si hacer algún epílogo extra aparte del que haré, o un one-shot después, pero todo va a depender del final de la historia. Estoy armando ya la trama de mi siguiente historia, pero aún tengo algunos espacios en blanco que espero llenar pronto para atraerla para ustedes :3 ¡Un beso enorme!

Miross Kirkland: ¡Holaaa! Gracias por tu review, ya estaremos viendo muy, muy pronto el cómo culmina ésta historia. Se merecen un final feliz, sí, el problema es ver si la autora quiere LOL. ¡Un beso enorme!

itsumiminamino1: ¡Hola! Oh, bueno, cada quien guarda su propia opinión xD. Yo también habría muerto de la vergüenza, pero vamos, era una metáfora para dar a entender que ésta vez Thor dejará de lado sus prejuicios y el esconderse, ¡no más señores! Jajaja. Tengo en la mente un final triste, otro feliz, otro que contenga ambas partes… claro que terminaré el fic en estas fechas, probablemente a final de Octubre o hasta un poco antes. No quiero que la historia se alargue hasta Enero o Diciembre porque sería una espera interminable para ustedes y para mí D: así que puedes contar con que en algunas tres semanas como máximo esto estará concluyendo. Y no creo que haya segunda parte xD más bien otra historia. ¡Un beso enorme!

Darkmoon: Me gusta dejar tus comentarios al final porque son largos y me gusta explayar mis ideas contigo. Quería algo que Obadiah sintiera, que golpeara su orgullo y dignidad, y tu me diste la idea, así que gracias :3 sé que la decidía fue bastante, tampoco estuve muy conforme con darle largas a su asunto, pero creo que es lo que todos hacemos. Las personas preferimos evitar el problema y darle largas a las cosas que son urgentes, y más si se trata de nuestros sentimientos, ¿cuántas veces no hemos tenido miedo de alguna relación? Por más que amemos a esa persona, a veces nuestros miedos e inseguridades son mayores. Quise mostrar eso en ellos dos. Cuando integré el personaje de relleno que conoció Loki, lo vi como una esperanza para darle el empujón a Thor, pero siempre tuve en mente que no sería un interés amoroso porque odio eso un poquito xD ya veremos cómo les va enfrentándose juntos a sus padres. Los de los saltos en el tiempo me gusta, es una buena idea así como Peter. Probablemente incluya a Peter en un segundo epílogo o en un one-shot, pero sólo en caso de que decida hacer un final donde queden juntos. Aún tengo dos caminos para ellos. He tomado en cuenta todas las opiniones de tu segundo comentario, y las tomaré muy en cuenta :D

¡Un beso enorme!