¡Buenas hermosas tardes preciosas criaturas!
Sé que no tengo perdón de Dios por la inmensa demora, mi inspiración se escapó pero volvió a última hora.
Bien, no quiero demorar más.
Muchísimas gracias por todos los comentarios, los amo.
Perdonen mis miles de errores!
Disfruten de su lectura!
Haruka observaba cómo su novio se vestía delante de él, no permitió que se mirara en espejo alguno, no quería que se diera cuenta de sus marcas de amor repartidas por su cuello, si lo hacía, se las taparía y eso no estaba en sus planes, ya que el mundo debe saber que aquel adolescente le pertenecía sólo a él. Cuando ya estaban listos, decidieron salir encontrándose con el resto del grupo, el pelinegro de la forma más discreta posible, les hizo señas a sus amigos para que no dijeran nada sobre las marcas. Rin sonrió, pensando en que por fin habían dado el paso que les faltaba en su relación, y digamos que se sentía como un padre orgulloso del logro de sus hijos, lástima que no había pasado nada de eso.
— ¿Irán a una cita? —Decía el pequeño rubio con un puchero— Pero ¿Qué hay de nosotros?
—No lo sé —Haruka se encogió de hombros mientras tiraba del brazo de su esposo para dar marcha ya.
— ¡Haru-chan, debemos salir todos juntos! —Se quejaba mientras agarraba el otro brazo de Makoto— ¿Verdad Mako-chan? —Miró al más alto con sus redondos ojos brillantes que en cualquier momento romperían en llanto, obviamente esto lo hacía para golpear el blando corazón de la orca.
—Ah… Bueno… —Makoto no sabía qué decir, él realmente quería esa cita con su novio, pero viendo a Nagisa y su ahogamiento en dolor, no podía evitar sentirse culpable.
—Salgan entre ustedes, no nos van a extrañar —Haruka ya veía que el adolescente de hebras oliva caía en el juego del menor— Makoto, vámonos.
— ¡No es justo Haru-chan! ¡No tiene sentido si ustedes no están con nosotros! —Alegaba apegándose más al brazo del más alto. El gato que se encontraba en brazos de Ai sólo miraba curioso la escena de cómo esas dos cosas se peleaban por su dueño.
—Nagisa-kun, Makoto-senpai y Haruka-senpai son una pareja, necesitan algo de tiempo para ellos —Rei trataba de razonar con su amigo, pero el pingüino era alguien obstinado.
—Aunque parece que tuvieron tiempo de calidad anoche —Decía Rin en voz baja, pero Makoto lo había escuchado a la perfección y no pudo evitar sonrojarse profundamente "Me habrían escuchado o peor, Me habrían visto" pensó mientras se ponía completamente nervioso. Ai se dio cuenta de eso, y le dio un codazo al pelirrojo para que dejara de molestar al de orbes esmeraldas.
—Makoto… —Oh, la voz de Haruka se escuchaba molesta, y eso no era bueno para él ni para la humanidad— Se nos está haciendo tarde, vámonos —Repitió tratando de no matar a nadie con su mirada.
—Lo siento… —Makoto usó su arma mortal, y le dio una preciosa sonrisa a su bajito amigo— Pero estaremos de vuelta para el festival —Nagisa lo meditó unos segundos y decidió liberar a la orca, aparte de que no podía pelear contra esa sonrisa… Nadie podía, ni siquiera el diablo.
—Que la pasen bien —Decía el menor de hebras plateadas entregándole el felino al nadador de espalda.
—Gracias —El hermoso muchacho de profundos bosques acarició la cabeza de Haru-chan haciendo que éste ronroneara— ¡Nos veremos en la noche! —Se despidió de sus amigos mientras estaba siendo arrastrado por su amor.
—Bien… Entonces, ¿Por qué no tenemos una cita también, Ai? —Rin miró a su novio con una sonrisa.
— ¡Sí! —Aiichiro contestó entusiasta y con brillo en sus hermosos orbes, pocas veces el tiburón se animaba a llevarlo a una cita o algo por el estilo.
— ¡¿Qué ustedes también?! —Nagisa hizo otro puchero mientras agitaba los brazos— ¡Pero Rin-chan, Ai-chan, no pueden!
—Sí podemos —El tiburón lo miró molesto— ¿Por qué no te vuelves el novio de Rei y se van a una cita también?
— ¡¿Novio?! —Los dos adolescentes afectados gritaron al unísono mientras se sonrojaban furiosamente.
—Nos vemos en el festival —Rin tomó la mano de Ai y se marchó sin despedirse, aunque su novio se encargó de hacerlo por él.
Rei y Nagisa se quedaron en silencio por un momento, cada uno mirando hacia cualquier lado para que sus miradas no se encontraran, ambos estaban bastantes avergonzados por las palabras del mayor.
—Entonces… ¿Dónde quieres ir? —El pingüino decidió romper el silencio y mirar a su amigo quien tenía puesta su vista pegada en el suelo.
—Bueno… Me gustaría explorar un poco el monte Fuji, pero ¿Qué hay de ti? —Preguntó el más alto para por fin poder encontrarse con los orbes rosáceos, sólo segundos demoró en quedarse hipnotizados en ellos, siempre había pensado que los ojos de Nagisa eran de un color hermoso, tan irreales que era muy difícil encontrar aquel color en el mundo humano.
—Yo iré a donde quieras ir Rei-chan —Le sonrió animosamente— Entonces podríamos llamarlo… una ¿Cita? —lo último lo murmuró con algo de timidez. Rei sonrió, encontrando un poco linda la actitud del más bajo.
—Está bien… —Respondió sorprendiendo al rubio, la verdad es que el pequeño nadador no se esperaba una respuesta así por parte de su amigo y amor secreto.
Makoto caminaba a la par de su novio, el día estaba bastante fresco, no como el de ayer que parecía de invierno. Si era sincero, a veces sentía que necesitaba pasar tiempo a solas con el pelinegro y ahora que se dio cuenta de que algo malo estaba sucediendo al no ser capaces de ir al siguiente paso en su relación, tendría que trabajar en ello. Sabía que todo lo que estaba haciendo su amor por él, le estaba costando el alma, ya que en primer lugar Haruka jamás comenzaba algo o tomaba la iniciativa, y segundo porque el delfín no era alguien cariñoso y mucho menos que actuara lindo… Bueno si era lindo, pero a su manera; aunque ahora estaba mucho más meloso de lo que ha sido en toda su vida y eso, era algo de lo que no sabía si sentirse maravillado o aterrorizado.
—Lo estás haciendo de nuevo —El mayor interrumpió el filosofar del más alto.
— ¿Qué cosa? —Makoto dirigió su mirada al chico hidrofilico.
—Pensar demasiado —Contestó simplemente dudando si entrelazar su mano con la de él. Obviamente la orca se dio cuenta de lo que quería hacer su esposo, así que decidió ser él quien uniera sus manos, cosa que lo ha hecho toda la vida.
—Si quieres tomarme de la mano sólo tienes que hacerlo —Le dijo con una sonrisa provocando que el pelinegro desviara la mirada con un leve sonrojo.
—Cállate —Frunció el ceño, aunque no estaba molesto, sólo un poco avergonzado— ¿En qué pensabas? —Preguntó sin mirarlo a los ojos.
—Ah no, en nada —Se apresuró en contestar para que el pelinegro no se diera cuenta de que estaba pensando en sus calurosos problemas maritales— ¡Mira Haru, aquí está la tienda de mascotas y también es donde adopté a Haru-chan! —Cambió rápidamente el tema en cuanto vio dicha tienda.
Al entrar al lugar, Haruka entrecerró los ojos buscando al idiota que había visto en la foto que Nagisa le había enviado, al aparecer no estaba, así que decidió liberar el agarre sobre su esposo para que recorriera libremente la tienda. Él mismo daría una vuelta por ella, era increíble lo grande que era y la variedad de animales que tenía; caminaba por los pasillos con su expresión aburrida, Makoto estaba en la parte de los accesorios de gatos, así que se demoraría un buen tiempo. Dobló por un pasillo en que la iluminación era algo más baja y sólo pudo suspirar. Inmensos acuarios estaban delante de él, con lindas decoraciones y peces de todos los colores posibles, pero eso no era lo que tenía más fascinado al mayor, por supuesto que no; era toda esa cantidad de agua que lo incitaba a pecar y a engañar a su amor sin pudor alguno. El delfín se preguntaba cuanto tiempo había pasado desde que su cuerpo tocó el agua para sumergirse en ella y nadar de forma indebida, realmente se había abstenido por Makoto, la verdad es que había estado haciendo muchas cosas que no eran de él por su orca, para que la relación no se estancara, pero al parecer los resultados de sus actos no llegaban. No era que se arrepintiera de todo lo hecho, ya que también quería ser un buen novio y demostrarle al menor que lo amaba sin ser necesario decírselo, sólo esperaba que a Makoto le llegara tal mensaje.
— ¿Por qué me haces esto? Estoy comprometido —Un gran suspiro abandonó sus labios mientras devastado apoyaba su frente en el cristal de uno de los acuarios, ganándose algunas miradas extrañas de la demás gente que estaba por ahí.
Su amante lo estaba tentando demasiado, y él estaba haciendo un gran esfuerzo en no dejarse llevar por ella. De repente, como si fuera la más dulce y armoniosa melodía de algún instrumento tocado por las manos de Dios, escuchó la risa de su novio que se suponía debía estar a unos tres pasillos de él, pero gracias a sus sentidos delfinarácnidos logró escucharla como si lo tuviera al lado. Esta fue su oportunidad para escapar de su atrevida amante, ya que su curiosidad de porque reía su amor, era mucho más grande que su pasión instintiva, pues aquella preciosa risa que había llegado a sus oídos, se escuchaba bastante coqueta, y eso podía significar que alguien se le debió haber acercado o estaba coqueteando con el estúpido gato, cosa que no podía ser… Rezaba para que no fuera. Caminó hacia donde se encontraba el adolescente de orbes esmeralda y vio que no estaba solo, sino que muy bien acompañado del idiota que estaba con él en aquella foto que le había enviado su rubio amigo. Hablaban muy animosamente, el idiota acariciaba al estúpido gato mientras éste ronroneaba y Makoto sólo sonreía de la forma más diabética y hermosa que le permitían las leyes de este mundo. Se detuvo a contar hasta diez, él sabía que sus celos le podían traer problemas, Makoto ya se había enojado con él; se quedó mirando un poco más, al parecer sólo estaban hablando de cosas sin importancia, así que decidió confiar en su esposo y dejarlo solo; pero de repente… Un simple movimiento por parte del idiota destruyó toda calma mental que tenía. El imbécil estaba tocando el cuello de su esposo, prácticamente los chupones que le había hecho, pero eso no era todo, porque después de acariciar descaradamente su cuello, ahora le estaba tomando la mano y eso ya no lo perdonaba porque era de los peores pecados capitales que podría cometer un ser humano
— ¡No tienes ningún rasguño! —Decía el chico de la tienda— Cuando este pequeño llegó, mordía y rasguñaba a todo el mundo —Le explicaba al menor refiriéndose al gato.
— ¿Ya estás listo… Amor? —Haruka se acercó a Makoto pasando un brazo por su cintura y besando una de las marcas de amor que tenía en su cuello. El adolescente de hebras olivas se congeló por completo, ¿Acaso Nanase Haruka lo había llamado amor? ¿El nadador frío, distante, indiferente, que sólo demostraba su amor por el agua? Y no sólo eso, también le había besado el cuello.
—S-SÍ —Si existiera un tono más que el rojo, sería el que tendría la cara de la orca ahora, miró al chico que tenía al frente, quien lo miraba algo sorprendido y avergonzado— Di-disculpa, nos vemos —Se despidió de él y se fue junto a Haruka quien miraba al chico con un aura oscura y también con una pequeña sonrisa de victoria. Si algún día le preguntaran a Haruka si era posesivo, éste respondería que no y eso, sería la mentira más grande que él habría dicho en toda su vida.
Ya comprado el collar de Haru-chan, los dos adolescente salieron de la tienda, Makoto aún no podía creer la actitud del pelinegro, y Haruka prácticamente estaba agonizando por dentro por lo que había hecho, aunque había logrado su objetivo. El hermoso chico de cabello oliva miró hacia uno de los ventanales de una tienda y pudo ver reflejada su imagen en la que se dio cuenta de lo que el chico de la tienda de mascotas le decía.
— ¡Haru! —Makoto miraba con horror los chupones en su cuello— ¿Por qué no me dijiste nada?
— ¿Por qué debería decirte? No tiene nada de malo —Se encogió de hombros sin darle mucha importancia al asunto.
— ¡Pero la gente sabrá lo que hicimos! —El chico hidrofilico rodó los ojos, quería preguntarle a su esposo qué cosa supuestamente hicieron, porque para él no pasó absolutamente nada.
—Deja de ser tan escandaloso, arruinas la cita —Lo regañó ¿Cómo podía ser lindo si su precioso novio no lo dejaba?
—Lo dices porque no eres el afectado ¿Qué tal si te hubiera hecho lo mismo? —Decía el más alto frunciendo el ceño mientras abrazaba al felino que tenía en sus brazos.
—No me quejaría —Al nadador de estilo libre no le molestaba para nada, es más, realmente deseaba que Makoto lo marcara… Por todos lados si fuera posible.
Mientras el par de tórtolos discutía sobre los chupones, en otra parte de la ciudad se encontraba un cazador disfrutando de su presa. Se habían detenido en una heladería por petición del más bajo, a Rin no le gustaban los dulces, pero a veces por su novio hacía excepciones como esta; Ai lo sabía y amaba estos pequeños detalles del tiburón. Se encontraban sentados disfrutando de sus copas de helado y de la compañía del otro, ya quedaban pocos días para volver a la realidad, así que debían aprovechar de este ensueño lo mejor posible. El depredador miró a su novio, tenía manchado la esquina de sus labios con algo de helado de chocolate, por lo que se acercó a él y lamió aquella dulce mancha provocando que un sonrojo apareciera en el rostro del adolescente de hebras plateadas; el tiburón sonrió ante esto y aprovechó para apoderarse de la boca del menor. Ai no puso ninguna resistencia, había aprendido que era mil veces mejor no negarse a los anhelos de su novio. Las lenguas danzaban sin prisa, mientras una llevaba el ritmo, la otra lo seguía de forma entusiasta. A Rin no le importaba besar a su pequeño novio en público, no le veía nada de malo en eso, era un romántico después de todo. El baile se debió interrumpir por la falta de aire, agradecían a su resistencia como nadadores para poder durar tanto sin la necesidad de respirar.
—Rin-senpai —Suspiró Aiichiro aun teniendo los labios del más alto cerca de los suyos.
—Hey… Se te va a derretir el helado —Dijo con una sonrisa el pelirrojo mientras se separaba del menor.
—Si se derrite es tú culpa —Hizo un tierno puchero volviendo su atención a la copa de helado. Rin sólo rio y se centró en su propio helado.
Rei y Nagisa se encontraban en el templo del monte, para emprender su viaje a la cima, obviamente no llegarían a ella por el poco tiempo que tenían, pero aun así lo intentarían, ya que era un capricho del adolescente de lentes y el rubio lo quiso complacer. Existían al menos unas tres o cuatro rutas que llegaban a la cima del volcán, cada una con distintos parajes. Los dos adolescentes eligieron la ruta llamada Subashiri, ya que era la ruta con más plantas y miles de flores que hacían destacar más la belleza del monte.
—Calculando el tiempo de subida y el de nuestros pasos, estimo que podremos estar subiendo unas…
— ¡Ya deja de calcular todo Rei-chan! —Nagisa lo interrumpió y le tomó la mano para arrastrarlo a la ruta— ¡Sólo diviértete! —Se volteó para sonreírle y guiñarle el ojo. Rei no pudo evitar sonrojarse un poco por culpa de su amigo y su lindura incontrolable.
—Aun así Nagisa-kun, tenemos que fijarnos en las horas, o no llegaremos a tiempo para el festival —Decía el chico mariposa, pero estaba siendo ignorado por el más bajo.
Caminaban en silencio, observando el lugar que estaba adornado por los más bellos colores de la naturaleza, a pesar de que iba poniendo atención a todo lo que le rodeaba, Rei estaba perdido en sus pensamientos. Aun no tenía claro lo que sentía por el rubio, y es que seguía sin encontrarle alguna explicación a la situación sentimental en la que se encontraba; quería decirle a Nagisa sobre lo que le había dicho el pelinegro, pero de alguna forma no se sentía muy cómodo hablando del tema, así que decidió posponerlo hasta cuando tomara el valor suficiente para intervenir en su propio problema, lo único que quería era que esta situación terminara de buena manera.
El día avanzó y el par de esposos se encontraban disfrutando del aire libre sentados en un parque, la brisa era refrescante y el sol era cálido pero sin llegar a ser molesto. Todo podría ser absolutamente perfecto para aquel adolescente de hebras oscuras, a excepción de sólo una mísera cosa; Makoto… Su precioso novio que amaba más que a su propia vida, aunque no lo dijera en voz alta, le estaba poniendo más atención al estúpido gato que a él mismo, y eso le molestaba, pues estaba haciendo un gran sacrificio en "ser lindo" sin sufrir un ataque cardiaco acompañado de un derrame cerebral y una convulsión de epilepsia. El chico orca se había dado cuenta de la furtiva mirada de su esposo, pues aunque éste disimulara a la perfección, lo conocía demasiado bien como para saber que algo le molestaba.
—Haru… ¿Qué te pasa? —Preguntó intentado averiguar la molestia de su novio, últimamente la relación no estaba andando muy bien, y si era sincero, parte de esto era su culpa.
—Nada… —Contestó indiferente, pero bien sabía que jamás podría ser insensible con el más alto— Sólo… Que no sabía que estabas en una cita con el gato.
—Haru por Dios… —Suspiró, el pelinegro a veces tenía actitudes tan infantiles y lindas, que se preguntaba si realmente se trataba de su Haruka— Lo siento ¿Qué quieres hacer?
—Eso debería preguntártelo yo —El chico de orbes oceánicos desvió la mirada lejos de los hermosos bosques en los que solía perderse de en vez en cuando— Yo soy el que te invitó a una cita.
—Bueno… Me gustaría ir a un lugar… —Decía pensativo el menor, el nadador de estilo libre lo miró curioso esperando la respuesta de su amor.
Un gran suspiro salió de sus labios, debió haberlo imaginado, ¿Qué otro lugar elegiría Makoto? Y es que era perfecto para él y su afición que por lo menos no llegaba a ser una parafilia. El más alto tiró de él con entusiasmo, mientras entraban a una cafetería de gatos, se llamaba así porque podías tomar café, comer algo, y la vez jugar con los felinos mientras te hacían compañía; el lugar era bastante colorido, las mesas tenían forma de las cabezas de los gatitos y diversos adornos con esta temática rodeaban toda la cafetería. El chico de cabello oliva se distrajo con los distintos gatitos bebés que maullaban por su atención, Haruka junto a Haru-chan sólo miraban molestos la escena, era sorprendente lo fácil que los cambiaba por una cuantas patitas más pequeñas.
— ¿Vas a pedir algo o no? —Haruka frunció el ceño, no es como si estuviera celoso de esos animales, sería estúpido… Simplemente quería toda la atención de su novio para él solo, nada más.
— ¡Ah, sí! —Makoto se volteó a mirar al más bajo con una hermosa sonrisa— Vamos a sentarnos.
El par de adolescentes se sentaron en una mesa mientras que Haru-chan se dedicó a divertirse con los distintos juegos que había para los felinos. Vendían cafés de todo tipo, vienés, cappuccino, latte, coretto, americano, moka, acaramelado, entre otros. Makoto había pedido un café vienés con exceso de chocolate y Haruka sólo un latte; todo esto era costeado por el mayor, el adolescente de sedosas hebras olivas se sentía algo mal por eso e insistía poner algo de dinero, pero el delfín se negó rotundamente a hacerlo, pues repitió nuevamente que fue él el que lo invitó a una cita. Haruka se quedó observando a su novio, realmente se veía contento y eso le gustaba, esbozó una pequeña sonrisa y se acercó más a él en busca de su contacto, tal vez la cita no estaba resultando tan mal.
—Esto es una gran sorpresa —El par de esposos volteó su vista a quien les dirigía la palabra.
— ¡Rin, Nitori-kun! —Makoto los saludó con una gran sonrisa— ¿Qué hacen aquí?
—Bueno Ai quería conocer esta cafetería así que lo traje —Se encogió de hombros sentándose junto a la pareja.
—Rin-senpai —Susurró el menor tomando del brazo al tiburón— ¿Estás seguro de que debemos sentarnos aquí? Ellos están en una cita —Le decía al oído pero Haruka tenía un oído perfecto y escuchó todo.
—Tu novio tiene razón —Dijo el pelinegro inexpresivo, acariciando discretamente el muslo del nadador de espalda.
—Haru… Deja que se queden, puede ser una cita doble —Sugirió el hermoso chico de orbes esmeralda tomando la mano de su amor que se encontraba en su pierna y dándole un leve apretón.
—Sí, Makoto tiene razón —Apoyó el pelirrojo cruzándose de brazos— No te preocupes Haru, si quieres hacer algo en privado con Makoto, sólo tienes que decirlo y los dejaremos solos —Sonrió mostrando su dentadura de tiburón.
Y así se quedaron instalados, conversando de trivialidades, buenos todos hablaban menos Haruka, quien sólo pudo suspirar ante esto y rodar los ojos, su cita resultó ser una gran decepción finalmente. Él esperaba una caminata por la playa mientras veían el atardecer tomados de la mano, para luego a la luz del lucero pedirle matrimonio, ir a una cena romántica con velas y platos franceses, por último terminar sobre una cama llena de pétalos de rosas y sábanas de seda donde se entregarían a la locura de la pasión pero sin abandonar al amor; o cosas estúpidas como esas, pero nada de eso estaba pasando y eso era una especie de tragedia que lo irritaba en demasía.
Habían pasado un par de horas, Rei decidió que ya era hora de volver por el tiempo estipulado en la bajada, lo malo es que calculó mal y aún faltaban unas cuantas horas más para reunirse con los demás, así que ahora se encontraban dando vueltas sin saber qué hacer. Nagisa sugirió ir a recorrer la ciudad, así caminaron visitando los distintos lugares, hasta que el pequeño rubio se encontró con uno en especial que le llamó mucho la atención, por lo que arrastro al nadador de estilo mariposa con él.
Haruka estaba a punto de trizar la taza de su latte por la fuerza que la apretaba, definitivamente era oficial, su cita se fue a la mierda, y esto era en parte culpa de su novio y su estúpida incapacidad de decir no. Ahora se encontraban en compañía de Rei y Nagisa, que por hermosas y asquerosas coincidencias del destino, entraron en la misma cafetería que ellos y el otro par de idiotas; estuvieron a punto de irse y por fin tener algo de soledad cuando sus dos amigos llegaron y tuvieron que volver a sentarse. Era estúpido, porque perfectamente podían levantarse y decir que se irían porque querían tener privacidad, pero era la orca siendo tan amable como siempre que se negaba a dejar a sus amigos, y eso era lo que más le fastidiaba; ya que él nunca se había esforzado tanto por una persona, jamás había hecho este tipo de cosas por alguien. No esperaba un gracias ni nada por el estilo, sólo quería que Makoto se diera cuenta de que él realmente estaba interesado en su noviazgo y que no se quedara paralizado dentro de un abismo del que no podría salir.
— ¿Qué tal si usamos yukatas para el festival? —Preguntaba Nagisa de forma entusiasta, ignorando el aura oscura y apocalíptica que rodeaba el delfín.
—Me gusta esa idea —Apoyó Rei también con algo de entusiasmo— ¿Pero de dónde las sacaremos?
— ¿No es obvio? ¡Las compraremos! —Le contestó con una gran sonrisa haciendo que el chico de lentes se sonrojara y desviara la mirada, cosa de la que se dio cuenta la orca, aunque había otra cosa de la que se dio cuenta hace ya un tiempo y que lo intranquilizaba por completo.
— ¿Acaso no estaremos gastando todo el dinero? —Decía algo avergonzado el peliazul.
— ¡Oh vamos Rei-chan! Con todo el dinero que ganamos en el casino tenemos de sobra —El rubio se acercó a su amigo con brillos en los ojos.
—Nagisa tiene razón, así que vamos por esas yukatas —Rin desenredó sus dedos de las hebras plateadas de su novio y se levantó— ¿Vamos Ai? —Miró al pequeño de orbes turquesas con una sonrisa.
—Está bien —Le devolvió la sonrisa levantándose también— ¿Ustedes no vienen, Tachibana-san y Nanase-san? —Dirigió su mirada al par de esposos que aún se encontraban sentados.
—Sí, los alcanzaremos luego —Le sonrió Makoto de forma dulce. Tenía que hablar una cosa con su novio antes, así que esperó a que estuvieran solos para poder explayarse— Haru… —Llamó al pelinegro quien tenía su mirada puesta en unos gatitos que se encontraban jugando— Haru lo siento, sé que estás molesto porque la cita no salió como tú querías —Acarició la mejilla de éste.
—No creo que funcione —Haruka tomó la mano posada en su mejilla y la alejó de su rostro pero sin soltarla, Makoto lo miró extrañado, pero no dijo nada esperando a que el más bajo terminara su oración— Nuestra relación… Realmente no creo que funcione.
— ¿Por qué dices eso? —Makoto se encontraba preocupado por las palabras que le estaba diciendo su amor.
—Porque parece que no te importa nada de lo que hago por ti —Contestó fríamente mientras soltaba la cálida mano y se levantaba de la mesa— Tal vez… Sólo tenemos que volver a ser amigos —Sentenció alejándose incapaz de mirar al menor, porque todo lo que le decía hacía que el órgano que palpitaba dentro de él, doliera.
Makoto sentía como su corazón daba un vuelco angustiante, lo que le había dicho su novio lo hizo sentirse enfermamente mal. Algo estaba fallando entre ellos, lo sabía de sobra, pero no quiso darle importancia hasta ahora en que tomó consciencia de que estaba a punto de perder al amor de su vida. Definitivamente tenía que empezar a moverse si quería que su noviazgo durara toda la eternidad.
Mis amores, espero les haya gustado el cap!
Makoto por fin entrará en acción ¡yay!
Debo informar que el fic está en su recta final, pocos capítulos quedan y con ellos el drama se acerca.
Prometo no demorarme más y actualizar la próxima semana.
Hasta entonces, se despide su servidora.
Airi.
¡Muchos kissus llenos de amor virtual!
