Buenas noches mis preciosos amores! tienen el derecho de odiarme! siempre pido disculpas por mis demoras, pero esta vez no lo haré ya que no las merezco. Se supone que debería haber actualizado como hace dos días, pero no fue así.
Inmediatamente voy con las aclaraciones del capitulo para que aprendamos algunas cositas!
Shateki es el juego de disparar con un corcho a los premios que se quieren ganar! Los Yakisoba son los fideos fritos (que son deliciosos), Takoyaki son bolitas de harina rellenas de pulpo, Yakitori son brochetas de pollo a la parrilla y los Yaki-ika son brochetas de calamar también a la parrilla.
Datos curiosos! no sé si lo mencioné en el capitulo, pero es en los festivales donde los japoneses comen más comida frita que en su vida diaria, ya que tienen una dieta bastante sana.
El juego de la pesca de peces dorados, se llama Kingyo sukui que se significa simplemente "atrapar peces dorados" o también conocidos como carpas doradas XD
Creo que es todo! si no explico algo, lo haré en el siguiente capitulo.
El capitulo está largo, quise cortarlo pero al final me decidí por no hacerlo, bien dejo de aburrir.
Perdonen los miles de errores, no tuve tiempo de revisarlo ya que mi computador me está obligando a actualizarlo (a veces siento que tiene vida propia)
Muchísimas gracias por tooooodos los comentarios, no los contesto pero sepan que los amo.
Disfruten de su lectura!
Dentro de su mente, Rin creía que esto no era una muy buena idea, conocía a Makoto desde que eran pequeños y sabía que la orca ocultaba todo lo que sentía por el bien de los demás, por lo que los celos también los podría ocultar; por otro lado, podía ver la ansiedad de Haruka por querer que su novio reaccionara de una vez, la verdad es que no entendía a ninguno de los dos, eran un par de idiotas sin remedio, y con un gran problema de comunicación, era irónico ya que los tórtolos podían decirse mil palabras sólo con las miradas, pero al parecer no eran nada de buenos en el lenguaje verbal. Si era sincero, no tenía ni idea de cómo poner celoso al chico de orbes esmeraldas, así que simplemente actuaría bajo sus instintos de depredador, aunque eso podría acarrear varios problemas. Con un gran suspiro, se acercó discretamente a su novio; él y Haruka ya se habían reunido con los demás y ya caminaban hacía el festival.
—Ai… —Susurró tomándolo de la muñeca para que se detuviera.
— ¿Qué pasa? —Lo miró algo extrañado, su tiburón se veía un poco incómodo.
—Bueno… —Desvió la mirada sobándose la parte posterior de su cuello— Yo…
Makoto miró de reojo a su amor, se sentía un estúpido por hacerlo enojar, y ahora que estaba bajo un tejado de vidrio, debería andar con cuidado. Haruka era único para él, no podía darse el lujo de perderlo, sería como si perdiera su propia vida; tal vez podría hacer un intento de acercamiento, después de todo, lo único que podría perder, era al amor de su vida.
— ¿Por qué le quieren dar celos a Tachibana-san? —Aiichiro alzó la ceja, sintiéndose no muy grato con la ocurrencia del pelirrojo y su amigo.
—Porque es un idiota... —El mayor se revolvió sus rojizas hebras— Escucha, sólo lo haré por ayudar a Haru, no es que tenga algo con él ni nada.
—No creo que sea una buena idea —Frunció el ceño e hizo un puchero— Además me hiciste poner un yukata de mujer para nada —Rin sonrió ante esto, no le hizo comprar la prenda sólo para exhibirla en el festival, sino que también en la privacidad de su cuarto.
—Te compensaré, lo juro —Tomó el rostro del más bajo entre sus manos— ¿De acuerdo?
—… Ah, está bien —Suspiró resignado, no podía negarse a aquel semental que tenía de novio.
—Bien —Le dio una afilada sonrisa y besó sus suaves labios.
El adolescente de hebras olivas seguía con sus planteamientos, no estaba seguro de que si debía dar el primer paso, por lo general cuando el pelinegro estaba molesto, lo dejaba solo y esperaba a que llegara a un acuerdo y armonía mental consigo mismo, pero en esta ocasión no podía hacer eso, tenía que actuar pero no sabía de qué forma.
—Haru…
— ¡Haru! —Lo interrumpió el pelirrojo rodeando con un brazo los hombros del más bajo— Apuesto a que te gano en el Shateki —Dijo adelantándose con el muchacho de ojos oceánicos. Makoto sólo se encogió de hombros, tendría más oportunidades durante el festival, así que no le dio demasiada importancia a que Rin se haya llevado a su novio.
— ¿Qué haces? —Susurró Haruka mirando al tiburón algo molesto por el contacto físico.
—Le estoy dando celos a Makoto —Le contestó de igual manera— Así que actúa un poco —El nadador de estilo libre sólo rodó los ojos, bien… Si quería que esto funcionara, tendería que poner de su parte, así que con algo de escalofríos, se apegó más al tiburón.
Al llegar a uno de los templos del monte Fuji, miles de puestos lo rodeaban, las personas recorrían vestidas con las prendas de festival y también con grandes sonrisas en sus rostros, el ambiente era alegre y agradable. Nagisa miraba fascinado los puestos de comida, lo que más disfrutaba de los festivales eran éstos, ya que servían comida frita en grandes cantidades, y por lo general en su vida diaria, sólo comía pan dulce de melón, o el especial de Iwatobi. Se detuvo en un puesto de Yakisoba, amaba los fideos fritos, por lo que pidió una gran cantidad de ellos; el resto del grupo también lo acompañó a comer, y ahora se encontraban sentados disfrutando de la comida. Haruka y Rin se sentaron uno al lado del otro, al lado del pelirrojo también estaba Rei; Makoto se sentó frente a ellos, junto a Nagisa y Ai. Los dos menores que pertenecían a Iwatobi intercambiaron miradas extrañados ya que la orca y el delfín, siempre se sentaban juntos, y que ahora el pelinegro estuviera junto a Rin, era algo nuevo y preocupante. Estaban bajo un leve silencio que a veces se veía interrumpido por el hablar de Nagisa, Rin, Rei y algunas veces Ai, que aún no se sentía con la suficiente confianza para entablar una conversación con los amigos del tiburón; otra cosa que era realmente rara, era que el chico de hebras olivas no había dicho ninguna palabra desde que estaban ahí, y tampoco estaba hablando con el pelinegro a través de sus miradas como siempre lo hacían.
—Oye Mako-chan, ¿Dónde está Haru-chan? —Preguntó el rubio refiriéndose al felino.
—Lo dejé en la habitación del hotel, no creo que tenga muchos problemas, tal vez se la pase durmiendo —Le dijo con una sonrisa a su bajito amigo.
—Hey, Haru… —La voz de Rin pronunciando el nombre de su novio, le llamó la atención— Tienes una mancha aquí —El depredador limpió con su pulgar una mancha de salsa que había en el labio inferior del adolescente de orbes oceánicos, usando un acercamiento exagerado, según Makoto, para luego lamer su dedo de una forma tan sensual, que hasta al chico que observaba la escena desde la otra mesa se había sonrojado, y eso que estaba con su novia.
El pingüino junto a la mariposa que amaba, nuevamente se miraron extrañados, primero dirigieron sus orbes al más alto que estaba bastante sorprendido y no se molestaba en ocultarlo, luego miraron a Ai quien simplemente decidió concentrarse en sus fideos, y por último a Haruka, que estaba totalmente avergonzado, no podía creer que Rin había hecho eso frente a todos. Enfocó su vista en su amor, éste había desviado la mirada en el instante, cosa que lo hizo molestarse más de lo que estaba; quería que Makoto se levantara, tirara de él y le plantara un beso, pero sabía que su novio no era así, tal vez lo único que haría el menor, sería tomarlo suavemente de las manos y preguntarle si estaba feliz con él mientras trataba de ahogar toda su angustia para no preocupar a nadie. Sin embargo, él quería que Makoto se molestara porque lo estaban alejando de su lado, quería sacar ese lado posesivo… Realmente quería provocarlo aún más. Luego de comer los Yakisoba, recorrieron los distintos tipos de puestos que habían, Nagisa se detuvo en cada uno de comida, probando los distintos alimentos que tenían, como Takoyaki, Yakitori, Yaki-ika, entre otras frituras.
—Juguemos a la pesca —El pingüino apuntó a uno de los puestos, donde habían algunos niños tratando de atrapar peces dorados con redes de papel.
—Rin vamos allá —Haruka señaló el puesto de Shateki y agarró al tiburón del brazo para arrastrarlo con él. Los cuatros adolescentes vieron a los dos nadadores alejarse, ni Nagisa ni Rei entendían lo que pasaba, Makoto estrechó la mirada, no le gustaba ver al pelinegro tan cercano a Rin, nunca le había gustado, Ai por otro lado, sólo podía ahogar un suspiro, centró su mirada en el más alto, se preguntaba si realmente estaban haciendo lo correcto, el de orbes esmeralda no se veía para nada molesto o algo por el estilo, más bien se veía herido.
—Makoto-senpai —Rei se acercó al chico orca para hablarle en voz baja— ¿Haruka-senpai y usted, tuvieron una pelea?
—Sí Mako-chan, ¿Qué pasa? —Nagisa también preguntó preocupado.
—Bueno… Algo así —Contestó de forma sincera el de hebras oliva— Hice enojar a Haru y… No sé muy bien qué hacer.
— ¿Qué tal si le regalas algo que le guste? —Sugirió el rubio entusiasta— O también puedes hacer cosas que sean especiales para él.
—Es una buena idea —Apoyó Rei también algo entusiasmado— Por ejemplo, a Nagisa-kun le gusta mucho cuando le cocinan cosas dulces, y la verdad es que ama mis galletas —Concluyó orgulloso.
—No tenía idea de que sabías eso de mí, Rei-chan —Nagisa desvió la mirada sonrojado y con una boba sonrisa en el rostro. El chico de hebras azules se dio cuenta de lo que había dicho, y también se sonrojó levemente.
— ¿Qué harían ustedes si fueran novios? —Makoto aún no dejaba de lado su meta de hacer que sus dos amigos se declararan. La pregunta hizo que los dos adolescentes se ruborizaran aún más.
—Bueno… —Rei miraba hacia cualquier lado pero menos a sus amigos— Siendo sincero Makoto-senpai… Yo… Realmente soy el prototipo de novio perfecto —Confesó con una gran sonrisa— No creo que tenga algún problema o pelea con Nagisa-kun si fuésemos novios.
—Tienes mucha confianza Rei-chan —El pingüino imaginó tener a la mariposa de novio, y la verdad es que por ningún instante se podría imaginar peleando con él— Tal vez podríamos intentar… —Se detuvo dándose cuenta de lo que estaba a punto de decir— Intentar pescar un pez dorado —Decidió decir algo nervioso.
—Eso va a ser muy fácil Nagisa-kun, todo está en la teoría —Decía el nadador de orbes moradas ajustando sus gafas y sin darse cuenta del nerviosismo del más bajo.
Makoto les sonrió a ambos muchachos que ahora se habían unido a unos niños que estaban tratando de atrapar a un pez sin que su red se rompiera. Los dos nadadores hacían una hermosa pareja, no entendía por qué aún no estaban juntos; quería ayudarlos, pero debía arreglar sus problemas primero. Fijó su mirada en el pequeño de hebras plateadas, parecía como si estuviera perdido en sus pensamientos, la verdad es que tenía bastante curiosidad del por qué Rin no estaba a su lado esa noche, entendía que Haruka estuviese enojado y se mantuviera alejado, pero no lograba comprender que el tiburón estuviera tan cercano a él y dejara a su propio novio de lado por el hermoso adolescente de profundos mares. Ahora dirigió su mirada a su esposo, estaba con el pelirrojo, muy cerca de él para su pesar, observando cómo éste trataba de dispararle al objeto que quería ganar. Una parte de su mente le decía que debía acercarse y robar prácticamente a Haruka, pero la otra parte le decía que era mejor no hacer nada, más que sólo esperar, y eso le provocaba un gran debate sobre de lo que tenía que hacer.
Haruka podía sentir la mirada de aquellos bosques sobre él, quería voltear y encontrarse con ellos, pero sabía que si lo hacía, terminaría por caer en su encantamiento y no podía darse aquel lujo, necesitaba hacer que su precioso chico comenzara a tomar la iniciativa, porque él ya estaba cansado de hacerlo en vano. Alejándose de sus pensamientos y volviendo a la realidad, miró los premios frente a él, uno en especial le llamó la atención, era un reloj despertador con forma de caballa, sus ojos brillaron con intensidad al instante de ver a aquel tesoro.
—Rin… —Agarró la manga del yukata del chico de infiernos escarlata que estaba apuntando a un peluche de tiburón, y lo zarandeó.
— ¡No me muevas! —Se quejó el más alto tratando de apuntar al tiburón.
—Dispárale a eso —Apuntó el reloj, Rin miró el objeto alzando una ceja.
—No lo haré —Volvió su concentración en el premio que él quería ganar— Quiero el tiburón para Ai.
—El reloj es más fácil de ganar —Insistió el nadador hidrofilico, si fuera Makoto a quien se lo estuviera pidiendo, lo haría de inmediato.
— ¿Y por qué no lo intentas tú? —Frunció el ceño algo molesto por ser desconcentrado— Estoy ocupado —Apuntó directamente al peluche encontrando el ángulo perfecto, pero en el instante en que disparó, Haruka lo había zarandeado de nuevo provocando que el corcho golpeara directamente en el ojo del encargado del juego— ¡Lo siento! —Se disculpó mirando un poco preocupado al hombre que se cubría su ojo izquierdo— ¿Ves lo que provocas? —Dirigió su mirada al de orbes oceánicos que sólo se encogió de hombros.
—Tú fuiste el que disparó —Se cruzó de brazos obstinadamente.
—No peleen, estoy acostumbrado a que esto ocurra —Sonrió de forma despreocupada el hombre— Los niños pequeños siempre me disparan a mí en vez de los premios —Tomó el reloj de caballa y se lo entregó a Haruka— Aquí tienes, ya que al parecer tu novio no quiere dártelo.
— ¡Yo no soy su novio! —Alegó el tiburón.
— ¿Me está ofendiendo? —Dijo el más bajo indignado, jamás de los jamases sería novio de alguien como el pelirrojo, no eran para nada compatibles en ese sentido. Con el único que se complementaba por completo era con su orca… Que a pesar de que ha pasado muy poco tiempo, lo extrañaba.
—Ah, lo siento. La verdad es que cómo los veo muy cerca del otro, pensé que lo eran —Decía sin quitar su sonrisa— Bueno muchacho, toma el reloj como un premio de consuelo.
—Gracias —Susurró mirando con una pequeña sonrisa su preciado objeto. Rin sólo rodó los ojos, había perdido todas sus oportunidades para ganar algo.
Después, de su fallido intento en el puesto de Shateki, el par de adolescente volvió con el cuarteto de nadadores, que estaban bastante ocupados en tratar de atrapar los peces dorados.
— ¡Ah, casi lo tenías Ai-chan! —Nagisa rió mientras él mismo dejaba escapar un pez— Por lo menos has tenido más suerte que Rei-chan.
—Era mi segunda red —Se lamentaba el chico de ojos turquesa.
—No lo entiendo, según la teoría ya debería haber atrapado al menos a un par —Dijo Rei dubitativo.
—No te bases en teorías Rei-chan —Se apoyó un poco en el peliazul— Sólo has las cosas de forma espontánea.
—Nagisa tiene razón, Rei —Agregó Makoto con una dulce sonrisa— A veces lo mejor es dejar de pensar y hacer lo que te dicta el corazón —Sus bosques se iluminaron cuando estuvo a punto de pescar a uno de los peces, pero este fue más rápido, haciendo que se decepcionara un poco.
—Así que Rei-chan, por esta noche, deja de encontrar la lógica en todo —El pequeño pingüino volvió a meter la red de papel en el agua provocando que los peces dorados se dispersaran. Rei ahogó un suspiro, decidió seguir el consejo de sus amigos; se separaría de su mente y sólo actuaría. Intentó nuevamente sumergir la red para atrapar algunos de los peces, cerró los ojos y simplemente se dejó llevar por los movimientos de su cuerpo— ¡Lo conseguiste!
— ¿Qué? —El nadador de mariposa abrió los ojos y vio que había atrapado a un pez— ¡Es cierto!
— ¿Ves? —Los dos adolescentes se quedaron mirando al pez por unos breves segundos, hasta que la red no logró soportar más su peso y se rompió devolviéndolo al agua, pero a Rei ya no le importaba, pues se vio inmerso en la hermosura que eran los ojos de Nagisa, su color de ensueño lo atraparon como si fuera un pez más de aquel estanque, pero a diferencia de ellos, él no hacía ningún intento por escapar.
—Son el uno para el otro —Aiichiro interrumpió el mirar de los muchachos. Éstos al darse cuenta, desviaron la mirada inmediatamente sonrojados. Makoto sólo rió ante la osadía del menor.
— ¡Haru, Rin! —La orca se fijó en el par de adolescentes que estaban parados frente a ellos.
—Son los peores pescadores del mundo —Decía Rin arremangándose las mangas y agachándose al lado de su novio— Déjenme mostrarles cómo lo hace un experto.
— ¿No quieres intentar, Haru? —Le habló dulcemente a su novio, Haruka podía sentir cómo su corazón se revolcaba tan sólo con escuchar la voz de su amor. Tomó una de las redes que le ofrecía y se unió a sus demás amigos.
Por un tiempo se olvidaron de todo romance que rodeaba sus vidas, centrándose en disfrutar de los momentos que compartían como amigos. El único que logró atrapar algunos peces fue Haruka, quien se los regaló a los pequeños que lo miraban asombrados. Caminaron unas cuantas horas más recorriendo los puestos del festival, el delfín en ningún momento se despegó del tiburón, todos podían ver con gran claridad lo cercano que estaban. Había veces en que Rin le arreglaba algunos mechones de cabello al más bajo, y éste sólo se dejaba; en un momento, lo tomó de la cintura atrayéndolo hacia su cuerpo para evitar que un grupo de revoltosos niños chocaran con él. cada vez que ocurría algo parecido, en donde esos dos se acercaban demasiado, la mariposa y el pingüino miraban a Ai y Makoto. El menor sólo desviaba la mirada incómodo, y el adolescente de hebras olivas les devolvía la mirada con una sonrisa, pero los dos nadadores podían ver que detrás de ella había molestia. La hora de los fuegos artificiales se acercaba, así que los seis adolescentes buscaron un lugar para poder apreciarlos. Se encontraban en un mirador algo apartado, Makoto, Haruka, Rin y Ai estaban observando en silencio las hermosas estrellas que esa noche se apreciaban. El precioso chico de orbes esmeralda estaba considerando la idea de tomar la mano del pelinegro, llevarlo lejos de todos y hablar de lo que ocurría. Tenía la intención, pero al ver que su amor se apegaba más a Rin, los ánimos de hacerlo habían muerto. Nagisa y Rei estaban comprando manzanas acarameladas, debido al antojo del primero, pero había una fila enorme, ya que era el único puesto que había de manzanas.
—Cielos no llegaremos a tiempo para los fuegos artificiales —Decía el pequeño pingüino algo ansioso.
—Ten paciencia Nagisa-kun —Le sonrió al más bajo, iba a calcular el tiempo que le tomaría llegar hacia donde se encontraba el resto de los nadadores, pero recordó las palabras que le había dicho el rubio, así que detuvo cualquier pensamiento, esa noche simplemente escucharía a su corazón— Llegaremos a tiempo.
Pasaron unos diez minutos, la fila ya había cobrado un ritmo más rápido y a los dos tórtolos ya les estaban preparando sus manzanas. La gente ya se estaba posicionando y haciendo la cuenta recesiva para ver los fuegos artificiales. Cuando le entregaron sus manzanas, se dirigieron rápidamente hacia donde estaban sus amigos, pero Nagisa chocó con un niño de no más de cinco años, provocando que se le cayera la manzana que también estaba comiendo. El pequeño miraba con lágrimas en los ojos la pérdida de su alimento, el pingüino se sintió mal por él ya que había sido su culpa, así que decidió calmar la angustia del infante dándole su manzana.
—Lo siento Rei-chan, Compraste la manzana para mí y la acabo de regalar —Le dijo en tono de disculpa.
—Está bien, podemos compartir ésta —Contestó sonriéndole para luego tomar su mano— Debemos apresurarnos están a punto de empezar.
— ¡Sí! —Y los dos adolescentes corrieron hacia el mirador, la cuenta regresiva ya iba en el cuatro cuando ellos estaban subiendo la escalera, en ese momento, el rubio dio un paso en falso y estuvo por caer de no haber sido por Rei que lo sujetó firmemente de la cadera— Gracias Rei-chan —Dijo con su voz agitada por la corrida. El peliazul sólo se quedó hipnotizado nuevamente por los preciosos ojos de Nagisa y también por sus labios que le entregaban las más hermosas sonrisas que él había visto.
No sabía si su corazón latía por el ejercicio hecho o por lo cerca que estaba del pingüino, su mente estaba comenzando a trabajar y a buscar alguna explicación, pero rápidamente se separó de ella y dejó que su órgano vital actuara. Los fuegos artificiales estallaron en el cielo nocturno iluminándolo con los bellos colores, creando un espectáculo hermoso, las personas miraban maravillados cómo la noche era adornada por ellos, mientras todo eso ocurría, en una escalera que llevaba a un apartado mirador, un pingüino era besado por primera vez. Rei totalmente avergonzado por lo que había hecho, se separó buscando una excusa lógica de su atrevida actitud, sin embargo, su búsqueda no duró mucho, ya que Nagisa la interrumpió con otro beso. Se fundieron en la calidez que emanaban, el peliazul no entendía nada, pero tampoco quería molestarse en entender, de lo único que estaba seguro era de que le gustaba la sensación de los labios de Nagisa sobre los suyos, de lo cerca que podían estar y del agradable calor que se expandía por su cuerpo. El anhelo de querer experimentar esas sensaciones todos los días le invadió, realmente deseaba poder estar así todo el tiempo que quisiera con él y no separarse nunca; sus pensamientos no tenían nada de lógica, pero ya no le importaba, estaba cansado de tener que buscarle una explicación al amor, pues estaba perdiendo el tiempo, porque el amor no era algo que se podría explicar ni con las más complejas y sofisticadas teorías, el amor era algo que se tenía que sentir para saber lo que es realmente. Esa noche no sólo escuchó a su corazón, sino que también descubrió que todo el tiempo estuvo enamorado, pero no se había dado cuenta de que lo estaba por seguir buscando algún razonamiento objetivo de lo que sentía por el pingüino, cuando el pequeño rubio era en sí, ilógico.
—Creo que te amo —Dijo después de separarse del más bajo, no tenía idea si lo había escuchado, pues el ruido de los fuegos era demasiado fuerte. Nagisa ocultó su rostro en el pecho de Rei, el chico de hebras azules no podía estar más nervioso, ¿Qué pasaba si no le correspondía? ¿Realmente había hecho lo correcto en ser impulsivo? El cuerpo más pequeño comenzó a temblar, el chico mariposa ahora estaba temiendo de que el pingüino estuviera llorando— Nagisa-kun…
— ¡Jajaja! —Nagisa reía sin parar, incluso pequeñas lágrimas se asomaron en sus hermosos orbes.
— ¿Nagisa-kun? —Rei miraba confundido al más bajo, ¿Cuál era el chiste?
—Rei-chan… —El rubio hizo una pausa para recuperar el aire. Luego, deslizó sus brazos por el cuello del peliazul— También te amo —Se puso de puntillas sólo para poder besar de nuevo esos labios. Había soñado con ese momento millones de veces, pero la realidad era mil veces mejor que cualquier grandiosa utopía.
—Ya era hora —Los dos adolescentes se separaron al escuchar la voz del tiburón, ambos subieron sus miradas y se encontraron con los cuatro nadadores.
— ¿Vi-vieron todo? —Preguntó completamente rojo el chico de orbes violeta.
—Lo siento, como tardaban en llegar estábamos preocupados y decidimos buscarlos cuando… —Explicaba Makoto revolviendo sus sedosas hebras olivas.
—Felicidades, me alegro de que por fin estén juntos —Ai le sonrió a la pareja.
—Pero ustedes… Acaso… —Rei parpadeó sin comprender, ¿Tan evidente era su amor por Nagisa para todos menos para él?
—Eran muy obvios —El pelirrojo se encogió de hombros— Vamos nos estamos perdiendo los fuegos artificiales.
Makoto estaba feliz por los dos muchachos, al fin se habían confesado, y aunque no hizo mucho, se sentía orgulloso de poder haber ayudado sólo un poquito. Haruka también se sentía feliz, aunque no lo demostraba mucho, ahora que esos dos estaban juntos, su amor sólo tendría que preocuparse por él.
Después de que los fuegos artificiales acabaran, los seis adolescentes regresaron al hotel, la única pareja que iba de la mano era la que recientemente se había formado, las otras dos estaban dispersas, bueno el pelinegro estaba al lado del depredador, ahogando sus inmensas ganas de querer ir con la orca. Al llegar, Makoto no estaba seguro sobre si su novio querría dormir con él, no habían intercambiado palabras ni miradas en todo el camino. Ahora se encontraban frente a la puerta de su habitación, el adolescente más alto suspiró mientras abría la puerta, debía pensar en hacer algo especial para Haruka e intentar que lo perdonara.
—Oh Dios… —El nadador de espalda no podía creer lo que sus ojos estaban presenciando, el mayor se asomó para ver lo que su esposo miraba horrorizado, y vio que la habitación estaba hecha un desastre total; las cortinas estaban rasgadas, habían miles de plumas por todas partes que pertenecían a una de las almohadas, cosas tiradas por el piso, pero la mayor tragedia de todas, fue ver su traje de baño favorito, arruinado por las garras de aquel monstruo. Makoto podía sentir como un aura oscura comenzaba a rodear al adolescente de orbes oceánicos. Realmente estaba en serios problemas—Haru-chan, ¿Qué hiciste? —Decía algo angustiado, Haruka se dirigió hacia el gato, agarrándolo del pellejo y quitándole su amado bañador, luego le entregó el felino al menor— Haru lo lamento mucho, yo no… —El pelinegro no lo escuchó, simplemente se metió al baño y se encerró en él dando un portazo detrás de sí. Definitivamente tendría que esforzarse mucho para que Haruka lo perdonara.
—Hola, vengo a cambiar las toa… —Una mucama se acercó a la habitación y se encontró con todo el desastre provocado por el gato.
—Ah… Hola —El menor se volteó regalándole una hermosa sonrisa nerviosa.
El hecho fue informado de inmediato, y como habían roto la regla de no llevar animales, la gerencia del hotel les dijo amablemente que podían quedarse la noche, pero al otro día debían irse. Makoto suspiró, al parecer la suerte lo había abandonado; se sentó cerca de la puerta del baño y se quedó esperando por su amor, no podría quedarse toda la noche en el baño, en algún momento tendría que salir.
Cuando el día llegó, los rayos de luz que entraron por la ventana, llegaron directamente al rostro del hermoso muchacho de hebras oliva, provocando que despertara, estaba algo adolorido, pues se había quedado dormido en la misma posición en la que había estado esperando a su novio. Se levantó lentamente, y se encontró con la pequeña sorpresa de que el delfín estaba durmiendo tranquilamente en la gran cama, no tenía idea de cuando salió del baño, pero lo que tampoco sabía aquel adolescente, era que cuando el nadador salió, se acercó sigilosamente a él y le robo un beso mientras dormía; porque si el delfín era sincero, su deseo por esos labios, era más grande que su enojo. El chico orca se acercó a la cama para acariciar ligeramente su sedoso cabello, quería seguir durmiendo pero al lado de su precioso amor, sin embargo tenían que arreglar las cosas para marcharse. Así que decidió no despertar al más bajo, y arreglar el equipaje por él. Cuando Haruka despertó, vio que estaba solo en la habitación, estaba todo en orden y sus maletas hechas; en la mesita de noche que estaba a un costado, se encontraba una bandeja con un espectacular desayuno, lo que lo hacía aún más maravilloso, era que contenía una ensalada de caballa en conserva; una nota estaba al lado de la bandeja, la letra era obviamente de Makoto, en ella decía lo siguiente: "Espero que te guste tu desayuno! Tus cosas ya están listas, yo salí pero me reuniré con ustedes después. Siento todo lo que está pasando, Te amo". Haruka ahogó un suspiro, extrañaba a su estúpida orca, pero no podía rendirse a mitad del camino. El desayuno estaba delicioso, pero no era lo mismo sin Makoto, se sentía bastante solo; se preguntaba cuánto tiempo más tendría que esperar para volver a sentir la calidez de aquel chico.
Después de un par de horas, los cinco adolescentes estaban afuera del hotel esperando al nadador de espalda, todos estaban con sus maletas ya hechas, planeando lo que harían ahora que se habían quedado sin hospedaje.
—Perdón por hacerlos esperar —Dijo la orca cansado de haber corrido— Fui a comprar un trasportín para Haru-chan —Levantó la especie de jaula en la que se encontraba el gato.
—Tú gato nos dejó sin hotel —Rin frunció el ceño molesto— ¿Qué haremos ahora?
— ¿Cuántas veces me vas a hacer disculpar? Realmente lo lamento —Desde que se enteraron de que tenían que dejar el hotel, el más alto no había parado de disculparse ni por un segundo.
—Está bien Rin-san —Rei relajó un poco los ánimos— No podíamos quedarnos más tiempo de todos modos si queremos ir a Okinawa, el viaje de aquí hasta la isla es muy largo, nos demoraríamos un día entero en llegar, así que sugiero que nos vayamos ahora y no nos quedemos para los dos días que quedan de festival. Además de que los otros hoteles de la zona son demasiado costosos.
— ¡¿Eso significa que iremos a Churaumi?! —A Aiichiro le brillaron los ojos cuando escuchó que irían al lugar que tanto soñaba visitar.
—Luces feliz Ai-chan —El pingüino tomó su equipaje colgándolo en su hombro— Ya me están dando ganas de ir.
—Bueno, no esperemos más —El pelirrojo también tomó sus bolsos y algunos de su novio— Vámonos, tal vez encontremos una embarcación que salga a tiempo.
Okinawa era una isla que se podría describir como paradisíaca, estaba rodeada de toda una flora y fauna tropical; magníficas playas de arena blanca, bosques y ríos, la convertían en un lugar de ensueño. La isla estaba impregnada de cultura histórica por donde se viese, contando los miles de sucesos que habían ocurrido en ella. La travesía en barco para llegar a aquel paraíso tropical, duró un poco más de 47 horas, y estar prácticamente dos días en alta mar, había sido bastante cansador para algunos hermosos muchachos.
—Dios, es un alivio estar por fin en tierra —Decía Makoto soltando un gran suspiro.
—No volveré a pisar un barco en mi vida —Uno de los más afectados por el viaje, fue Ai y su tendencia a marearse al estar navegando en las profundas aguas.
—Oh vamos, no fue tan malo —Rin acariciaba la espalda de su pequeño novio para aliviar sus náuseas.
— ¿No fue tan malo? ¡Detuvieron el barco al menos unas tres veces porque Haruka-senpai se lanzó al mar! —El aludido, sólo se encogió de hombros, restándole importancia a las palabras de Rei.
—Rin-chan tiene razón —Nagisa abrazó a su nuevo novio— Tuve la oportunidad de ver una mantarraya de cerca, nunca las ves en la superficie —Dijo regalándole una hermosa sonrisa, el chico mariposa desvió la mirada sonrojado, aún no se acostumbraba a estos tipos de acercamientos, pero no negaba que los amaba.
—Aun así, no imaginé que el viaje sería tan largo, fueron dos días desperdiciados —Acarició las hebras del pingüino— Sólo podremos quedarnos hoy y mañana para…
— ¡Deja de calcular todo Rei-chan! —Lo interrumpió el rubio— ¡Y divirtámonos!
— ¡Sí! —Apoyó Rin casi con el mismo entusiasmo que el menor.
—Tenemos que buscar dónde quedarnos en primer lugar —Haruka arruinó la mini euforia de los dos adolescentes con su monótona voz.
Los seis nadadores se encontraban en Naha, la cual era la capital de la prefectura de Okinawa. Estaba rodeada de hoteles, cafés, restaurantes y tiendas comerciales; el ambiente que se respiraba era bastante agradable, pero un gran problema, era el precio. El hospedaje era demasiado costoso, los sexys adolescentes ya habían visitado cinco hoteles, pero ninguno era accesible a sus bolsillos, y eso que llevaban mucho dinero consigo. Encontraron algo de suerte en el séptimo hotel que visitaron, aunque no mucha, ya que el precio por habitación seguía siendo bastante elevado, pero no tanto como los otros; sin embargo, un segundo gran problema es que sólo podían pagar una habitación si querían darse el lujo de recorrer la isla y visitar el acuario Churaumi. Y un tercer gran problema era que las únicas habitaciones disponibles, eran las matrimoniales y las de sólo una persona, por lo que se vieron obligados a elegir la matrimonial.
—Vaya, realmente vale lo que cuesta —Nagisa miraba asombrado la inmensa habitación que les había tocado— Esto es cuatro veces más grande que mi habitación.
— ¡Tienen Jacuzzi y ducha con hidromasajes! —Rin gritaba desde el baño.
—Lo bueno es que permiten animales —Decía el más alto liberando al felino.
— ¿Leyó el folleto, Makoto-senpai? —El nadador de estilo mariposa se sentó en el borde de la cama junto al chico de orbes esmeralda— Hay un espacio especial para dejar a las mascotas cuando los dueños salen.
—Yo quería la habitación con cama de agua —El pelinegro tomó el papel que estaba leyendo Rei y se fijó que había una piscina temperada en la terraza del hotel.
— ¿Por qué no visitamos el mercado de Makishi? —Sugirió el menor de hebras plateadas desde el balcón que también tenía la lujosa habitación— Puedo verlo desde aquí.
— ¡Buena idea Ai-chan! Y después podríamos pasar a comer, estoy algo hambriento.
Todos asintieron a las palabras de Nagisa, y después de haber arreglado sus equipajes, se dirigieron al gran mercado, pero antes de que todos salieran de la habitación, Makoto detuvo a su novio y le dijo a los demás que se adelantaran.
—Haru… ¿Podemos hablar? —Preguntó el menor tomando la mano de su amor.
—No tengo ganas de hablar… —Dijo algo cortante el más bajo.
—Pero Haru, realmente necesitamos hacerlo —Makoto bajó la mirada— No quiero pensar en perderte… —Se revolvió el pelo un poco incómodo— Mira… Sé que estás muy molesto por lo de tu traje de baño, si quieres podemos ir juntos a ver uno nuevo y así pueda comprártelo —Propuso a pesar de que el delfín tenía unos treinta bañadores exactamente iguales, pero de distintos ajustes.
—No… Iré con Rin —Se soltó del agarre de la orca, pero éste no lo permitió y le tomó la mano nuevamente.
— ¿Por qué con él? —Haruka se sorprendió al escuchar a su esposo, nunca le había hablado de forma tan brusca— Bueno… Quiero decir… Has estado muy cerca de él… Y bueno, yo… —Por desgracia, el tono molesto sólo había durado unos segundos— Lo siento… Soy un idiota, está bien si quieres estar con Rin —Esas palabras se escuchan heridas, pero al precioso chico de orbes oceánicos le molestaron, ¿Por qué no le decía que estaba molesto? Que no quería verlo al lado del tiburón, que sólo le pertenecía a él y a nadie más.
—No está bien, y tú lo sabes —Se liberó nuevamente y salió de la habitación. Makoto suspiró tal vez por enésima vez en el día, su alma desaparecería así, pero no se daría por vencido, recuperaría a su novio.
El mercado de Makishi, era uno de los lugares más turísticos de Okinawa, contenía alrededor de setecientas tiendas, unas cien o más se dedicaban a vender carne y pescados solamente; lo que más llamaba la atención eran los pescados de múltiples colores que eran para el consumo, habían miles de variedades que no se verían en la vida común, y Haruka estaba simplemente fascinado, se preguntaba qué recetas podría hacer con todas esas especies; amaría cocinar todo ese pescado con nuevos sabores y dárselos a su esposo para que hiciera de catador, lástima que estaba molesto con él y no podía hacer nada de eso.
Rin se estaba empezando a cansar, ya había estado casi tres días enteros con Haruka, actuando algo acaramelados sólo para que Makoto se pusiera celoso, tal vez el chico orca si estaba celoso pero no lo demostraba, no tenía ni la más mínima idea, no lo sabría hasta que el pelinegro y él se dispusieran a hablar, pues insistía que tenían un grave problema de comunicación verbal. Ahora estaban en un restaurant de autoservicio, que se encontraba en la planta de arriba del mercado, esa era especial para los diferentes restaurantes que recorrían el mercado, en algunos podías elegir uno de los pescados que vendían en la planta baja para que luego te lo cocinaran en el restaurant correspondiente. El pelirrojo junto a Ai y Haruka, se encontraban pidiendo la comida, mientras que los otros tres, estaban sentados reservando la mesa. El tiburón estaba perdido en sus pensamientos, quería ayudar a los dos tórtolos, pero eran realmente unos imbéciles, por lo que se estaba viendo obligado a tomar decisiones drásticas. Después de haber pedido lo que deseaban comer, les dijeron que esperaran y que los llamarían cuando estuviese listo, así que se encaminaron hacia donde se encontraban los otros nadadores.
—Ai… —Rin le susurró al más pequeño— ¿Confías en mí?
—Sí Rin-senpai, ¿Por qué lo preguntas? —Ladeó la cabeza mirándolo curioso, pero el depredador sólo le sonrió.
Nagisa y Rei estaban hablando sobre las cosas que les gustaría hacer en su estancia en Okinawa, mientras que Makoto sólo miraba por la ventana distraídamente, pensando en varios planes para hacer que su amor lo perdonara de una vez.
— ¡Haru!
La voz de Rin se escuchó bastante fuerte, Makoto, algo curioso del por qué el tiburón llamaba a su novio, dirigió su atención al par de nadadores, pero definitivamente se arrepintió de haberlo hecho, ya que a pesar de todo, él nunca se esperó ver a Rin besando a su precioso Haruka.
aakfjkag Antes de que me odien a mí y a mi Rin, quiero decirles que todo esto lo hacemos por el bien del MakoHaru!
Me costó escribir el capitulo, ¿Saben cuántas veces me vi tentada de escribir MakoHaru? Prácticamente durante todo el capitulo, me aguanté mis inmensas ganas de hacer que se besaran e hicieran otras cosas XD créanme, yo también sufro con estos dos.
Se me olvidó mencionar que Okinawa es uno de los lugares más hermosos que existen, bueno no lo conozco, pero mientras averiguaba de él, me enamoré, realmente es un paraíso. En esta isla se encuentra el acuario Churaumi que es el segundo más grande del mundo.
Antes de irme, quiero mencionar algunas cosillas, así que esto es un espacio publicitario.
Les invito a leer un hermoso fic que una preciosa criatura me ha dedicado! "If you were a girl" de lady Naruko. Está bellísimo!
Y otra preciosa alma hace poco publicó su primer fic! y me pidió ayuda con él, así que yo le ayudo corrigiéndole algunas cosas, la historia se llama "Volver a amar" y pertenece a Midori Matsuoka, éste también está muy lindo.
Es todo mis amores! el fic ya está por terminar, ya queda poco.
Estoy acariciando mi libertad, un último examen y me tendrán más seguido.
Hasta entonces, se despide su servidora.
Airi.
¡Muchos kissus llenos de amor virtual!
PD: perdonen tanta palabrería! ;-;
