¡Buenas tardes mis amores!
Como no he actualizado del año pasado, es normal que algunas preciosas criaturas estén molestas, pido eternas disculpas.
Antes de empezar, quiero hacer una invitación que ya he hecho en mi tumblr. Y es sobre un grupo de WhatsApp MakoHaru! en el que estoy obviamente, si quieren unirse pueden dejarme sus números con sus nombres, (sigo sin entender eso) en los comentarios o por mensaje privado, da igual, no desconfíen! sólo les entregaremos amor!
Bien ahora sí a lo que nos concierne.
Aclaraciones sobre este capitulo! bueno, principalmente es que tengo mucha vergüenza de publicarlo.
Muchas gracias por todos sus comentarios, los amo!
Perdonen mis miles de errores.
Disfruten de su lectura!
El silencio que los rodeó parecía mortal, todos estaban incrédulos a lo que sus ojos veían; Rin se alejó de Haruka quien sólo lo miraba más que sorprendido, sin saber qué decir ni qué hacer. Makoto, sin mirar a nadie, se levantó abruptamente de la mesa, llamando la atención del resto de los nadadores.
—Lo siento, pero… No me siento muy bien… —Dijo con la voz algo quebrada, saliendo, huyendo de aquel lugar en el que no soportaba estar.
—Makoto… —Haruka miraba horrorizado la partida de su novio, aún no podía reaccionar a lo que estaba sucediendo.
—Por qué ustedes... —Rei frunció el ceño preocupado e incapaz de creer lo que sus ojos veían, jamás pensó que sus dos amigos habían estado engañando a Makoto— ¿Cómo… Pudieron?
— ¡No es así! —Exclamó el pelinegro, sintiendo como la angustia se apoderaba de él. Miró a Rin apartándose de forma desapacible— ¡¿Por qué lo hiciste?!
—Porque de alguna otra manera ustedes seguirían igual —Si lo del beso no hacía reaccionar a ninguno de los dos, entonces el tiburón se daría por vencido.
— ¡Eres un idiota!, ahora Makoto cree que nosotros…
— ¡Entonces ve con él y explícale! —Lo interrumpió impaciente— ¡Lo único que tienen que hacer es hablar de una maldita vez!
Haruka no escuchó más, simplemente fue en busca de su amor, era al único que necesitaba, no necesitaba a las palabras de Rin, ni a las miradas interrogatorias de Nagisa y Rei, ni mucho menos a la aflicción de Aiichiro, sólo quería a Makoto, sólo a él. Corrió en busca del menor, con toda la velocidad que sus piernas le permitían, pues en tierra era uno de los seres más lentos que existían. Los pasajes aglomerados del mercado Makishi, le impedían el avance más rápido de su búsqueda, haciendo que lo desesperaran; sus orbes oceánicos miraban por todas partes para ver alguna señal de su precioso chico, pero era en vano ya que no encontraba nada. No sabía en qué estaba pensando cuando decidió aceptar la ayuda de Rin, no debió haber forzado las cosas, las hubiera dejado pasar al ritmo natural de su romance, para que nada de lo que le estaba pasando ocurriera. Al salir por fin del gran mercado, se detuvo para retomar el aire perdido, comenzó a pensar dónde habría ido Makoto, Okinawa era un lugar desconocido para ellos, y conociendo a su esposo, éste no se atrevería a ir por sí solo por parajes que no conocía, por lo que su opción, era el hotel donde se estaban quedando. Rápidamente, se dirigió a él, yendo directamente a la habitación; no estaba seguro de qué era lo que iba a decir en cuanto se enfrentara a Makoto, pero definitivamente no iba a dejar las cosas así.
—Makoto… —Llamó tímidamente, mientras abría lentamente la puerta de la habitación para entrar a ella— Makoto —Alzó un poco la voz al encontrarse con el amor de su vida, ordenando sus cosas— ¿Qué haces?
—Me voy a casa, Haru —Contestó sin mirarlo, no quería hacerlo.
— ¿Qué?, Makoto no puedes irte —Se acercó temeroso al más alto.
— ¿Para qué quieres que me quede? —Makoto detuvo toda acción que estaba haciendo, dirigiendo su mirada rota hacia el nadador— Si tienes a Rin… A mí no me necesitas.
— ¡Te equivocas! —El corazón de Haruka latía a mil por hora, de forma dolorosa al ver cómo los hermosos orbes esmeraldas tenían un brillo de tristeza; y en un impulso desesperado, abrazó al más alto, aferrándose a él— Sólo te necesito a ti.
—Haru… —Makoto trató de separarse, pero el pelinegro no lo dejó.
—Makoto, déjame explicarte…
— ¿Qué vas a explicarme?
—Que te amo…
El silencio los envolvió, Haruka apoyó su frente en el pecho de su novio, calmando su respiración y su mente; le gustaría poder estar así toda una eternidad, sin decir nada, sin pensar, sólo sintiendo el calor de quien era su vida, por desgracia no podía acceder a esa utopía, no cuando su realidad podía ser destruida.
—Yo… Yo quería ponerte celoso —Comenzó a explicar, respirando el aroma del menor— Por eso, le pedí ayuda a Rin, quería que… Que me pusieras más atención…Que… Me dieras más importancia —El adolescente de hebras olivas escuchaba en silencio, sintiendo como el corazón del pelinegro latía desenfrenadamente— No… Sabía que… Rin iba a… Besarme… No lo habría dejado —Se abrazó más al nadador de espalda— Tienes que creerme… Yo sólo… Quería que te dieras cuenta de que te amo… —Haruka no era bueno con las palabras, pero estaba haciendo un gran esfuerzo en decirle todo eso a su amor— Perdóname si fui egoísta… —Finalizó, sintiendo un ardor en sus ojos, no quería llorar, no frente a Makoto.
—Haru… —Makoto tomó el rostro del más bajo entre sus manos, mirándolo directamente a esos profundos mares en los que amaba nadar y perderse hasta en lo más profundo de ellos. En cuanto se encontró con sus ojos, supo que todo lo que le decía era verdad, no podía dudar de él, ya que el amor que sentía por aquel chico, era el más profundo, inmenso y sincero que podría existir—Soy un tonto por ignorarte —Unió su frente con la de Haruka, y cerró los ojos disfrutando de la cercanía. Todo este tiempo hizo pasar malos ratos a la persona por quien daría su vida, que Haruka tuviera que haber recurrido a esos extremos para tener la atención que necesitaba, le era imperdonable, y no soportaba haberle causado ese dolor a su precioso chico.
— ¿No estás molesto? —Susurró apegándose más a su novio.
—Lo estoy… Pero conmigo mismo —Acarició las hebras oscuras con delicadeza— Por permitir que esto ocurriera, perdóname Haru… Por ser el peor novio del mundo.
—Makoto… —Haruka suspiró y besó a su amor con desespero, porque necesitaba sentir a Makoto. El más alto correspondió el gesto de inmediato, las lenguas no se hicieron esperar, era un beso suave, pero con gran emoción en él.
Ambos perdieron la noción del tiempo en cuanto sus labios se tocaron de nuevo, sólo eran conscientes de los fuertes latidos de sus corazones que se encontraban sincronizados en ese momento. Makoto devoraba la boca de Haruka y éste devoraba la suya, no había una dominancia preferencial entre ellos, simplemente estaba el amor que sentían. Lentamente, el adolescente de hebras olivas se sentó en el borde de la cama arrastrando con él al chico hidrofilico, quedando éste sentado sobre su regazo. Las respiraciones se volvían más agitadas y el beso más apasionado, agradecían a sus pulmones de nadadores por resistir tanto sin respirar; Haruka se removió en el regazo de su novio, sintiendo sus manos acariciar su espalda, podía sentir a través de la ropa cómo el toque de Makoto le quemaba la piel, que se encontraba hipersensible en esos momentos.
—Mhm… Haru espera… —Makoto se separó dándose cuenta a donde iba a llegar su ronda de besos, pero su amor no estaba dispuesto a parar y se apoderó de su boca otra vez. Suspiró en el beso, sus nervios le erizaban la piel, dándole algo de ansiedad, sin embargo no iba a equivocarse y cometer el error de siempre, esta vez seguiría hasta que Haruka le dijera basta.
Y otra vez había una guerra de lenguas que buscaban ser la reina del baile, sonidos húmedos inundaban la silenciosa habitación, incriminando lo que los dos adolescentes estaban haciendo. Haruka gimió levemente, cada vez se estaba volviendo más sensible, y su excitación crecía más y más; enredó sus dedos en las sedosas hebras olivas del más alto, tirando de ellas suavemente. Makoto bajó sus manos hasta las caderas del mayor, sosteniéndolas firmemente; besar a Haruka de forma tan descuidada y casi sucia, lo estaban emocionando por completo, en especial su entrepierna, donde el calor se resentía aún más. Dejándose llevar por el placer, el chico de preciosos orbes esmeralda, apegó el cuerpo de su amor más a él, rozando sin querer, las partes más sensibles de sus cuerpos; el pelinegro gimió nuevamente al sentir por un segundo aquella fricción. Makoto estaba fascinado, escuchar a Haruka gemir no era algo a lo que estaba acostumbrado, pero realmente le gustaría escucharlo más seguido; atacó la boca ajena con más gula, el más bajo sólo se dejaba comer por él sin reclamaciones, pues estaba encantado de ser su presa. Queriendo sentir nuevamente aquella fricción que le dio pulsiones de placer y de forma inconsciente, el menor levantó sus caderas, rozando otra vez su miembro con el de Haruka.
— ¡Ah!...Nghm —Un gemido algo más fuerte salió de la boca del nadador de estilo libre al sentir el roce, avergonzado, ocultó su rostro en el hombro de su novio, su cuerpo temblaba por completo en la excitación, no le gustaba verse tan vulnerable, pero la cercanía íntima que tenía con Makoto era mil veces mejor que toda moral.
—Lo siento… Me dejé llevar—El chico más alto cesó sus movimientos, y frotó la espalda del mayor con suaves caricias, no tenía idea si debía seguir o no, tal vez Haruka no lo estaba disfrutando para nada. Estaba muy nervioso y no quería arruinar las cosas, por lo que se quedó quieto, tratando de armonizar su respiración. Se quedaron en silencio varios segundos antes de que pudiera escuchar en un susurro la voz de su esposo.
— ¿Por qué te detuviste?
—Ha-Haru… —Resopló al sentir cómo Haruka retomaba los movimientos en busca del placer. Sostuvo nuevamente las caderas de su novio, mientras éstas se movían lenta pero persistentemente de atrás hacia adelante, invitando sensualmente a las de él a bailar.
La invitación no tardó en ser respondida y sin vacilaciones, la excitante danza comenzó; los gemidos roncos de ambos lograban escucharse sin dificultad, los más ahogados eran los del adolescente de orbes oceánicos que avergonzado por los sonidos que provocaba, no había sacado su rostro del escondite que era el hombro del menor. La fricción que creaba el roce de sus entrepiernas los estaba volviendo locos; mientras Makoto sostenía firmemente las caderas de Haruka, éste extendía aún más sus piernas para un mayor alcance de su deleitoso roce, volviéndose el vaivén más rápido y ansioso. El delfín sabía que gracias a su hipersensibilidad que estaba sufriendo en aquel momento, no duraría mucho y su clímax estaba por llegar. Se abrazó fuertemente al cuello de su novio, sintiendo un hormigueo y un calor en su parte baja; sólo pasaron dos minutos para que alcanzara su orgasmo con un gran gemido, que ahogó lo más posible, y se viniera en sus pantalones cortos, que gracias a Dios eran negros, por lo que la mancha de humedad pasaba desapercibida y eso ayudaba a que sintiera menos vergüenza. Su cuerpo estaba débil, y los temblores del éxtasis aún lo invadían.
— ¿Estás bien? —Preguntó el menor besando la cabeza del más bajo.
—Sí… —Suspiró revelando su sonrojado rostro— Pero tú… —Bajó la mirada al bulto que había entre las piernas de Makoto.
— ¡Ah! ¡No te preocupes!... Se pasará —Se apresuró a decir nervioso.
—Déjame ocuparme de esto —Dirigió su mano hacia el pantalón que en esos momentos estaba algo apretado, pero Makoto lo detuvo a mitad de camino.
—No tienes que hacerlo, en serio —Trató de disuadirlo con una sonrisa ansiosa.
—Makoto… Soy tu novio, confía en mí —Sus orbes oceánicos se conectaron con los esmeraldas, transmitiendo todas las emociones revueltas que florecieron en aquel íntimo amor que se entregaron.
El adolescente de hebras olivas suspiró rendido y porque la llamada de atención era dolorosa, asintió levemente, inseguro e inquieto por la expectación de lo que vendría. Haruka no estaba menos nervioso que Makoto, estaban experimentando cosas que no habían hecho antes, pero él había soñado con esto, y comprobó que la realidad era mil veces mejor que la fantasía. Desabrochó la prenda para un acceso más cómodo a la entrepierna del menor, deslizó suavemente su mano por debajo de la ropa interior, sintiendo el calor acumulado palpitar contra su palma. Makoto cerró los ojos y se estremeció bajo el toque de Haruka, no podía sonrojarse más ya que su piel no podía crear tonos más rojos; gimió de forma agrietada al sentir cómo los dedos de su novio se envolvían alrededor de su miembro para estimularlo más de lo que estaba, no podía, no estar intranquilo, su corazón palpitando desenfrenadamente se lo impedía.
—Relájate… —El mayor besó la frente de su amor, haciendo los movimientos de su mano poco a poco más veloces pero no menos delicados. El chico de orbes esmeraldas era un lío de gemidos que se negaban a ser callados; Haruka sabía que estaba cerca de la culminación, sin embargo su nerviosismo no lo dejaba llegar.
—Ha-Haru —Jadeó concentrándose en el placer que le estaba entregando su novio.
—Ya deja de pensar —Susurró respirando pesadamente sin detener su trabajo— Falta poco… —Besó la frente del menor, sonriendo cuando sintió a su novio temblar por su culpa. Makoto suspiró a las palabras del adolescente de orbes oceánicos, no podía creer lo que estaban haciendo, pero se sentía increíble. Haruka comenzó a besar su cuello, distrayéndolo de su mente, el más alto estaba ahogándose en un mar de emociones exaltadas que irradiaban un sofocante calor; no podía soportarlo más.
—Ha… Ruka… Creo que voy a… —Pero el adolescente de hebras olivas no pudo continuar, ya que había alcanzado su clímax, y sólo un gemido pudo producir su voz. El pelinegro sacó su mano de debajo de los bóxer de su novio, mirando curioso el espeso líquido que la había ensuciado— ¡Lo… Lo siento mucho! —Haruka dirigió su mirada al chico de ojos verdes, estaba más avergonzado que nunca, lo que lo hacía lindo, más de lo usual. Llevó uno de sus dedos a su boca para probar la semilla de Makoto, provocando un grito ahogado de éste— ¡Haru, no hagas eso!
—Está bien… No sabe tan mal… —Le aseguró, acercando su mano a la boca del menor para que también probara, pero Makoto se alejó reacio.
—Aun así… —Makoto tomó la mano de su novio, y comenzó a limpiarla con su camiseta; sintiéndose algo escandalizado. Haruka sonrió levemente y se abrazó a su cuello sin moverse de su regazo.
—Eso… Fue increíble —Dijo uniendo su frente con la del más alto.
—Uhmn… Sí, supongo —Contestó acariciando levemente la espalda del mayor, deseando que los fuertes latidos de su corazón dejaran de retumbar en sus oídos.
— ¿Qué pasa? —El nadador hidrofilico conectó sus profundos mares en los bosques de su amor, inundándolos con esa tranquilidad que sólo él podía tener.
—No, no es nada —La orca suspiró, enterrando su rostro en el pecho del más bajo y deslizando sus brazos hasta atarlos a su cintura— Es sólo… Que estaba muy nervioso… Bueno lo sigo estando —Él no iba a negar que le había gustado la experiencia que acababa de vivir, porque se había sentido fabuloso, pero su nerviosismo lo hizo sentirse incómodo también.
—Yo también estaba nervioso Makoto, y también lo sigo estando —Confesó acariciando su mejilla con cariño— No estaba seguro de lo que estaba haciendo.
—Haru… —Makoto sonrió, él no era el único que se sentía de esa forma, su esposo se encontraba igual; ambos tenían inseguridad.
—Te amo, y eres el único con quien quiero hacer estas cosas —Al pelinegro le daba igual si sonaba cursi o no, quería desbordar todo su amor por aquel muchacho, y que éste lo acogiera, como lo hacía él en su corazón.
—Sí… Yo igual —Unió sus labios con los de Haruka, en un beso casto y tierno, muy diferente a los que habían estado compartiendo a unos minutos atrás— Y me siento algo sucio —Movió sus piernas un poco incómodo, Haruka asintió en acuerdo y se levantó de su regazo, tendiéndole la mano.
—Vamos a tomar un baño —El chico más alto aceptó y entrelazó sus dedos con los del mayor, dejándose guiar por él.
Rin se sobó las sienes por el dolor de cabeza que se le había creado, tal vez fue un idiota o tal vez fue un idiota honorable, realmente esperaba que aquel sacrificio que hizo, hubiera valido la pena, pues gracias a que chocó su boca con el estúpido delfín, que en esos momentos lo único que quería era olvidarse de él, su precioso novio no le dirigía la mirada ni la palabra. Había explicado el asunto seis veces, dos para Nagisa y Rei quienes en un principio lo miraron indignados al no conocer el meollo de la situación, y cuatro a su lindo niño que no dejaba de estar enojado, además de celoso por supuesto. Los cuatros seguían en el mercado, con los platos servidos, incluyendo también los del par de esposos; estaban preocupados por ellos, pero decidieron esperar, ya Rin se había involucrado mucho con los novios, y tal vez aquella relación ya no aguantaría la intervención de más terceros. El tiburón sin embargo, era sincero; a él le preocupaba mucho más su propio noviazgo que el melodramático de los mejores amigos de la infancia; había hecho pasar malos ratos a su Ai, y quería compensarlo, y si pedirle perdón de rodillas era necesario, lo haría como última opción, pues su orgullo era tan grande como su amor por el pequeño de hebras plateadas. Decidieron comer en silencio, estaban de vacaciones, y en sus últimos días, así que lo mejor era distraerse y disfrutar de lo que quedaba de ellas.
Haruka suspiró relajándose completamente, el jacuzzi era talvez, uno de los mejores inventos que podría haber creado el hombre para el bien de la humanidad, se sentía totalmente pleno y feliz, sentado entre las piernas de su esposo, apoyando su espalda en el amplio pecho y su cabeza en su cómodo hombro, deleitándose con el agradable baño; estuvo poco tiempo alejado de su amor, pero lo había extrañado de una manera increíble, necesitándolo como nunca. Ahora podía respirar tranquilo, estaba todo bien, y habían compartido una experiencia que definitivamente se repetiría en el futuro.
—Makoto… —Llamó al más alto jugando con los dedos de éste, perezosamente.
—Hmn… —Makoto respiró en la nuca del mayor, emitiendo un ligero sonido como respuesta a su llamado.
—Realmente… ¿No sentiste celos de Rin? —Se volteó a mirarlo con ojos brillantes, el chico orca sonrió y besó la punta de la nariz de su pelinegro.
—Sí sentí celos… Y muchos —Abrazó fuertemente al más bajo— Pero nunca me ha gustado entrometerme en tu relación con Rin, sé que la que tienen es totalmente diferente a la nuestra —Haruka apoyó nuevamente su cabeza en el hombro del adolescente de orbes esmeraldas; era cierto, su relación con Rin y Makoto eran muy distintas entre sí, mientras que con el pelirrojo había una gran amistad competitiva, con el de hebras olivas, había una conexión tan profunda, que era como si sus almas habían sido creadas para estar unidas desde tiempos remotos— Aun así, no había necesidad de que te tocara tanto…
—Mako… —Haruka sonrió, sí… Su novio sí estaba celoso, y le encantaba— Tú puedes tocarme todo lo que quieras.
—Lo sé… —Entrelazó sus dedos, llevando la mano de su novio a sus labios y besando sus nudillos— Sé que me perteneces… Sólo a mí —Hubo otro tierno beso, pero esta vez en la mejilla. El delfín sólo se dejaba mimar por el nadador que tanto amaba; no iba a volver a pelear con él, nunca más. Soltó una pequeña y leve risita, algo muy inusual en él, que es tan indiferente— ¿Qué pasa?
—Nada… Es sólo que no puedo creer que te haya masturb…
— ¡No lo digas! —Lo interrumpió avergonzado, ocultando su rostro en el espacio que había entre el hombro y el cuello de su amor.
—Después me tiene que tocar a mí —Una de las cosas que amaba el pelinegro, era hacer sonrojar a su esposo. Otro quejido avergonzado se escuchó por parte de él— Descuida… Iremos despacio —Se apartó de Makoto, para verlo de frente; ya no iba a forzar las cosas, dejaría que todo fluyera de forma natural.
—Sí —El más alto besó tierna y perezosamente al nadador hidrofilico, ya había perdido la cuenta de cuantas veces había besado a aquel precioso chico.
Haruka devolvió el beso gustoso, si pudiera, se comería su novio a besos; no se imaginaba haciendo eso con otra persona que no fuera él, ni siquiera la vida se la imaginaba así. Makoto era parte de ella, de su pasado, presente y futuro.
—Makoto…
—Dime.
Sus ojos se encontraron y enlazaron de inmediato, hablándose sin palabras, transmitiéndose el amor que no les sobraba y tampoco les faltaba, fue en ese momento en que el hermoso muchacho de orbes oceánicos, perdido en los vastos bosques verdes, comprendió que no podía vivir sin el chico que tenían en frente. Realizado por este descubrimiento, con un suspiro, junto a palabras llenas de amor, confesó.
—Creo que estoy enamorado…
Y Makoto no pudo ser más feliz, de lo que ya era.
Bien, es la primera vez que escribo una escena sensual XDD. Espero haya sido decente.
No me gusta lo muy explicito, pues soy más dada al romanticismo, sin embargo hice mi esfuerzo.
El cap fue algo corto pero hecho con mucho amor para ustedes! y para mi también.
Este podría ser el antepenúltimo capitulo! Todo depende de cómo desarrollo el siguiente, pero lo más probable que sí lo sea.
Es todo de mi parte! Nos estamos leyendo en el próximo!
Hasta entonces, se despide su servidora.
Airi.
¡Muchos kissus llenos de amor virtual!
