Disclaimer: Ni League of Legends ni sus personajes me pertenecen, si fueran míos pondría setas de Teemo en las sillas de mis profesores. (?)

Chapter 3: Almohada / Acechándote.

Nidalee no abrió sus ojos al despertar, olfateó lo que la reodeaba, y persivió su ambiente: estaba recostada boca abajo sobre algo muy cómodo y suave. Recordó que Udyr le había regalado una piel de Hiena, y con ella había hecho una almohada. Se estrechó en contra de ella, estaba tibia, seguramente había dormido sobre ella toda la noche, así que supuso que era normal.

Mientras la chica puma disfrutaba de la exquicita piel, su almohada despertó. Se sintió acorralado, pero pronto se tranquilizó: era Nidalee quién estaba sobre él, y no su enemigo, como él estaba soñando. Sintió como la chica se acomodaba, estrechándo más sus caderas en contra las de él, al tiempo que profundizaba el agarre de sus costados con los brazos. Rengar casí gruñó, complacido. Y estaba empezando a inquietarse: sus entrañas querían hacer aquel sonido indigno, dócil y estúpido, reservado para los gatitos mimados de mansiones Demacianas.

La Cazadora Salvaje dió un respingo cuando sintió a la almohada ronronear. Entonces recordó todo lo ocurrido la noche anterior de súbito. Mierda.

- ¿R-Ren-gar? - Tartamudeó sin abrir los ojos, ¿habría sido aquel extraño y apasionado sueño real? ¡Imposibrriu! ¡Imposible, mil veces!

- ¿Sí? - Escuchó atónita como su almohada le respondía, para que luego, las que ella en algún momento creyó que eran sus sábanas de piel, acariciaran con delicadeza su espalda completamente desnuda. Mi-Mierda.

Abrió finalmente sus ojos, encontrandose con un torso de fina piel blanca, luego subió con lentitud agonizante su mirada hasta toparse con un ojo celeste, de mirada fiera y hermosa a la vez. (...) ¡Mierda!

Se incorporó rápidamente, brindándole una agradable vista a Rengar. Aún en shock, la chica alargó su brazo hasta tocar la cicatriz del macho. - Imposible... - Susurró, con los ojos llenos de lágrimas insolentes, que querían brotar sin su permiso.

El Acechador agarró la cadera de Nidalee, atrayéndola hacia sí mismo, y con la otra garra, tomó con suavidad la fragil nuca de la Cazadora, juntando la nariz de ella con la propia. La muchacha estaba impactada: aquel gesto era una muestra de cariño colosal entre felinos, y ambos lo sabían. Titubeó si hacer o no hacer lo que tenía en mente, pero agonizaba por llevarlo a cabo.

Armándose de un valor que poseía de sobra (aunque no se daba cuenta), agarró el cuello del Cazador, y deposito un suave y casto beso en los labios de la bestia. Sonrió después, al recordar que las únicas veces que había estado tan cerca de la mandíbula de Rengar habían sido un par de ocaciones en las que estubo a punto de recibir una mordida mortal en el cuello.

El Acechador Orgulloso había devorado el primer beso de Nidalee, pero quería mucho más que eso. Una bestia como él no quedaría con hambre de su más deseada y adorada presa, la chica que se encontraba temblando entre sus brazos.

A La Cazadora Salvaje, se le escapó un gemido nervioso, el albino había metido una de sus zarpas debajo del taparrabos, apretando ligeramente. - ¡Rengar!...

-Shhh~ - Gruñó, divertido. Volteó a ambos, dejando a Nidalee vulnerable ante cualquier ataque de su parte. - ¿Tienes miedo, mocosa? - Preguntó, usando aquel tono de voz, que derretía con facilidad a cualquier hembra, y más si estaba cargado de cariño y deseo.

- No. - Contestó la chica, muy segura. Apretando de manera seductora sus piernas que estaban a los costados de de las caderas del Cazador. Logrando arrebatarle un rugido placebo.

- Pues deberías temerme. - Le amenazó, mientras su cola iba debajo del taparrabos de la muchacha, acariciando su intimidad por sobre la tela de su tanga. - ¿Quieres delicadeza de mi parte? ¿Se te ha olvidado acaso, que eres virgen?

A Nida se le escapó una carcajada, que fue interrumpida por un gemido que escapo de sus propios labios: Rengar le había arrancado el taparrabos, mientras besaba su cuello. - ¿Serías capaz Nidalee? ¿Estas segura de que aguantarías lo que estoy apunto de hacer contigo? - La Cazadora Salvaje vió todo en blanco al escuchar su nombre en los labios de Rengar, estaba segura de que perdería la cordura en cualquier momento, a cada palabra, caricia, roce, olvidaba todo lo que pasaría si Rengar la hacía suya.

- ¿Serías capaz de detenerte? - Contra-atacó de manera inteligente y coqueta la muchacha, dándole justo en donde le dolía: en su autocontrol casi nulo. - Ni aunque te suplicara me soltarías, Rengar. Justo como Soraka dijo anoche, en esta misma pocisión: "¿No vez acaso lo imposible que es escapar de tí?". - Nidalee agarró una de las garras del Cazador, y la precionó en contra de su pecho izquierdo, completamente desnudo, con la intención de que percibiera lo acelerado que estaba su corazón. - ¿Serías capaz, Rengar, de tomar mi virginidad en el mismo lugar donde te haz revolcado con otra? ¿Tan poco significo para tí, mi Gran Acechador Orgulloso?

Rengar le gruñó, ofendido. - Es tu culpa: ¿que hacías espiando cosas de adultos, mocosa? - Presionó el seno izquierdo de Nidalee, logrando que jadeara, con los labios separados. - Entiende, mi Joven Rival: voy a devorarte por completo. Aunque deba hacerlo de a poco. - Clavó sus garras ligeramente en el pecho izquierdo de la chica. - Me perteneces. - Introdujo su lengua áspera en la boca de la chica, lamiendo con delicadeza. Luego llevó su boca hasta el cuello de Nidalee. - ¿Y si te marco cómo mía? Quizas así nadie se atreva a mirarte... - La Cazadora gimió, tenía miedo de que la dañara en un impulso repentino de posesividad.

Rengar la entendió, así que no dejó una marca permanente, limitándose a poner algunas marcas rojizas de sus dientes en el cuello de la muchacha. Los jadeos, gemidos, quejidos y suspiros de Nidalee lo insitaban a continuar.

Miró sus senos, redondos, perfectos. Suyos. Sonrió ante su pensamiento, y acercó su mandíbula al pecho derecho de la muchacha. Mientras acariciaba con su mano el izquierdo. Al fin podía probar la piel casta de la joven.

Nidalee gimió fuertemente cuando la lengua áspera y tibia de Rengar aprisionó su pezón. Largos y suaves lametazos. - Ah... N-no... - Suspiró, llenando el ambiente de aquel delicioso aroma. Exitándo a su acompañante, que adoraba aquel olor a niña convirtiéndose en mujer. Y que ahora adoraba aún más, puesto que él era quién la convertía en una mujer.

Quién sabe que hubiera hecho Rengar con Nidalee, si no es porque perciben la precencia de Sona, que tocaba con su Etwahl muy cerca de ellos. Rengar gruñó, molesto. Nuevamente los interrumpían. Nidalee rió.

Vistió a la chica con su taparrabos, le ayudó a rehacer su peinado y antes de poner el top en su lugar, agarró a la chica por la cintura, la alzó y mordió suave y largamente su seno izquierdo (pues ya había dejado marcas de sus dientes en el derecho). Mientras la chica hundía ambas manos en su melena.


Luego de una larga ducha, Nidalee se miró fijamente en el espejo, sonrojandoce al ver la gran cantidad de marcas rojizas que tenía en el cuello y senos, se volteó y se sorprendió enormente al ver marcas de las garras de Rengar en sus nalgas.

Aún no asimilaba todo lo ocurrido, es decir ¿quién podría asimilar algo como aquello? Primero, había descubierto que Rengar, en realidad era un "hombre" seductor. Lo encontró teniendo sexo en medio del bosque con La Hija de las Estrellas. Segundo, huyó de aquella escena, completamente celosa, y se fue a llorar a un rincón del bosque, como lo hacía en la Selva Kumungu cuando era pequeña y se sentía sola en medio de una manada que funcionó siempre con el sistema "matar o morir", en donde, obviamente, el más fuerte era siempre quien se llevaba la gloria y el reconocimiento de sus pares. Ser aceptada allí fué un logro que le tomo años de lucha y hostilidad, sintiendo que no pertenecía, en ocasiones, a aquel lugar lleno de ferocidad. Y tercero, Rengar había ido a buscarla, y despertó con él encima, acariciándola, durmiendo ambos juntos, abrazados.

Imposible, volvió a decirse a sí misma. Rengar siempre había sido distante y un tanto mezquino, tratándola como a una aprendíz, como una niña, o como a ella más le dolía (pues el siempre se lo recalcó con un poco de desprecio) como a una humana agena a él y su entorno. Nidalee siempre sintió algo intenso y muy profundo hacia el Acechador Orgulloso: Admiración, respeto, rivalidad, y hasta cariño. Pero últimamente, dos nuevos sentimientos se habían sumado a la lista. Al principio, Nida no los reconoció, o les restó importancia, diciendose a sí misma que eran imaginaciones suyas. Notando como estos sentimientos hacían estragos dentro de su pecho cuando veía a Rengar entrar a la habitación con sólo una toalla a la cintura, o cuando este se acercaba, o incluso cuando un par de veces se había recostado en su cama, pues sus sábanas estában en la lavandería, y ella sólo podía sentarse a su lado a admirar la grandesa y hermosura de aquella bestia albina, enorme, majestuosa, indomable.

Recordó de pronto, cómo Rengar la había reclamado como suya, mostrando abiertamente sus celos. ¿Qué significaba que él quiciera demostrar que le pertenecía Nidalee? ¿Qué significaba que él quiciera devorarla? Estaba segura de que no se había referido a almorzarla, como ella estaba segura que haría con Kha'Zix algún día. ¿Tenía acaso, esa palabra un significado distinto? Y si era así... ¿Cuál era?

- ¿Vas a estar todo el día frente al espejo, Nida? - Le preguntó mentalmente, su mejor amiga, acercándose desde atrás. Sona quedó petrificada al ver el aspecto de Nidalee, y ambas se sonrojaron.

La Virtuosa de las Cuerdas empezó a dar pequeños saltos de emoción alrededor de la Cazadora, como una niña pequeña al recibir muchos regalos en navidad. Sona, quien conocía bien a la muchacha sabía de los sentimientos que ni ella misma había notado, y aquello, que estaba viendo en ese momento, tenía el nombre "Rengar" escrito por todas partes.

- ¿Fue él cierto? - Nidalee asintió, apenada y feliz al mismo tiempo, le encantaba la personalidad de Sona: cualquiera pensaría que es tímida y reservada, cuando era todo lo contrario. Extrovertida, alegre, y en ocaciones infantil. - No me digas que... ¡¿Ya eres una mujer?! - Los gritos de Sona, cargados de asombro y sorpresa, descolocaron ligeramente a Nidalee, y esta agradeció un poco que no pudiera hablar, o de lo contrario toda la Liga de las Leyendas se hubiera enterado que que ella había hecho aquel tipo de cosas con el Acechador Orgulloso.

- ¡Claro que no, Sona! - Reclamó, cruzando los brazos. - ¿Crees que soy tan fácil cómo...? - Fue interrumpuda de su regaño por la precencia de la Hija de las Estrellas (aunque ya saben a quien iba a mencionar, ¿verdad?, ya saben, hermosa, con muchas colas... En fin), ambas chicas cruzaron amenazantes miradas. La Virtuosa de las Cuerdas pudo notar como el ámbar y las esmeraldas chocaban furiosamente, lanzando chispas, capaces de encender una hogera en medio de un aguacero.

Soraka fijó su vista en las marcas de Nidalee: eran, sin lugar a dudas, mordidas. Y no simples y aburridos chupones. ¿Sería el Acechador Orgulloso un mujeriego? Lo dudaba. La posibilidad que quedaba era sólo una, y la más dolorosa: La Cazadora Salvaje era el motivo de que Rengar estubiera bebiendo aquella tarde en la Taberna de la Liga. Mierda.

Sin querer demostrar nada, Soraka se limitó a dedicarle una sonrisa triunfante, pero por sobre todo, cómplice, de aquella noche. Aunque ignoraba por completo que la chica los había visto. Y era aún más ignorante al hecho de que justo después de aquel furtivo encuentro, Rengar había encontrado a Nidalee en el bosque, para que después... Apareciéran misteriosamente aquellas marcas.

Nidalee por su parte, le dió inconcientemente la mirada que usaba cuando estaba cazando. Logrando que la Hija de las Estrellas sintiera un escalofrío recorrer la espalda desnuda.

La Cazadora Salvaje ya no se sintió inferior, plantando con seguridad su cuerpo desnudo y marcado por Rengar, viendo el cuerpo de Soraka con curiosidad felina. Y finalmente, sonrió también. Había hecho, sin quererlo, una nueva Rival. Y ahora sentía que la mujer delante suyo no la superaba.

La Virtuosa de las Cuerdas sintió su corazón latir furiosamente en su pecho, aquello parecía una de las escenas del clímax de las novelas que a ella y a Nidalee tanto les gustaba leer. Quiso saber todo, ¿qué tenía que ver Soraka? ¿Por qué Nidalee tenía aquellas marcas en su cuerpo? ¿estaba en precencia de un triángulo amoroso? La adolescente (que ya debería ser conciderada una mujer, pues tenía 19 años, pero se negaba a aceptarlo) estaba completamente eufórica, feliz desde lo más profundo de su alma por aquel choque de pasiones. Sin pensar que ella sería parte de uno, pero bastante distinto, y quizás más complicado, pues en este caso la aparente lucha entre ambas féminas estaba disuelta desde el principio. La ganadora estaba decidida desde antes de comenzar la guerra.

Su fantasía infantil fue cortada al salir Soraka del baño, con únicamente la toalla encima. Dejando a una Nidalee meditabunda, y, al parecer, malhumorada.


- ¿No tienes verguenza, mocosa? - Le encaró, entre divertido y molesto, observándola llegar con sólo una toalla cubriendo desde sus senos hasta demaciados centímetros por sobre la rodilla.

- ¿Celoso? - Le contra-atacó, sonriendo. Chocaron miradas hasta que la Cazadora avanzó perezosamente hasta el biombo (que todas la habitaciones de la liga poseían) y se puso su pijama.

Contarle a Sona todo lo ocurrido la había agotado. Además de servirle como un modo de volver a repasar lo ocurrido. Y a pesar de que la Virtuosa de las Cuerdas se emocionara y le dijiera que era increíble, aún tenía una esquirla en su corazón, que se había clavado en ella cuando explotó la bomba que había sido programada para detonar aquella noche.

Salió de detrás del biombo, completamente distraída. Se sentó en la cama y se puso su ropa interior, para después retomar el libro que estaba leyendo, un tanto cohíbida: el Acechador no le había quitado el ojo de encima desde ayer, cuándo volvieron desde el bosque.

- ¿Qué? - Le preguntó, observándolo fijamente. El Cazador se paró de su cama y se hechó en la cama de Nidalee, con la cabeza apoyada en sus patas delanteras, mirándola directamente a los ojos, con sus orejas apuntando hacia ella. Acechándola. [...] M-Mierda.

Rengar detectó de inmediato el olor de Soraka en el cuerpo de su Rival. También notó que estaba un tanto molesta: solía apretar el puño derecho cuando esto ocurría. El Cazador dudaba que hubieran armado una escenita de celos en el baño de chicas (aunque, si lo pensaba bien, no habría sido tan malo ver algo así), ambas eran listas y reservadas.

El Acechador Orgulloso había encontrado una presa, y todos los habitantes de Runaterra sabían lo que significaba: no descansaría hasta cazarla. Y ahora justamente la había acorralado. Estaban face to face, apunto de saltar sobre ella y morder su cuello, aunque no exactamente con el fin de acabar con su vida.

Pero quién hizo el primer movimiento no fue él: La Cazadora Salvaje había dejado el libro que estaba leyendo a un lado, para después mirarlo de manera desafiante. Aquel gesto dejaba en claro de que no podría hacer ningun movimiento sin que ella lo notara.

- ¿Qué sucede, Rengar? - Le preguntó, frunciendo el ceño. - ¿Quiéres luchar conmigo ahora?, pues déjame decirte que me encantaría descargar un poco mi cabeza. - Se inclinó hacia él, sin dejar de mirarlo, aunque suavizando su expresión. - Pero estoy cansada, y las reglas nos prohíben la agresión fuera de los Campos de la Justicia aquí en la Liga.

- No me importa en lo más mínimo. - Dijo, avalanzándose sobre su Rival.


- ¿Estas seguro? - Le preguntó aquella voz alienígena, mirándolo con dudas escritas el su único orbe brillante.

- Claro. - Respondió con suficiencia. - Aunque no pueda cortarle la garganta aquí, por lo menos puedo cagarle la semana, agotándolo para cuando vuelva, seguirlo hasta su territorio y acabar de una vez por todas lo que inicié hace nueve años.

Vel`Koz, "sonrió". El plan del Saqueador del Vacío era muy sucio y ruin, pero inteligente. Le emocionaba observar si aquello daba resultado. Ese era un caso divertido de estudiar.

Kha'Zix estaba aburrido, ultimamente no tenía muchos encuentros con su Rival. Rengar parecía estar acechando otra presa. Estúpido gato insolente, pensó. ¿No se había dado cuenta ya de que nadie se comparaba a él? No encontraría algo mejor que cazar en toda esta aburrida dimención, y él no encontraría mejor bocadillo al que devorar y absorver.

El Saqueador del Vacío jamás permitiría que su espiritu de Cazador menguara. Antes prefería ser un humano tonto y frágil.

Preparó su pequeña sorpresa con cuidado y esmero. "Feliz Navidad, Rengar" Pensó, convencido de que su plan funcionaría y lograría, de una vez por todas, saborear la carne del Acechador Orgulloso.


- ¿Qué...? - Alcazó a articular, antes de que la bestia la tumbara. Aterrizó sobre su espalda, y lo miró con recelo: no era la primera vez que Rengar la emboscaba de aquella forma, pero era esta vez su mirada era distinta e inquietante.

El Acechador acercó su rostro al de Nidalee, ronroneando. Allí fué que la Cazadora se dió cuenta de lo que ocurría, y no era nada seguro.

- Rengar... - Llamó, intentando sacarlo [sin éxito], de su trance. Estaba sumido en el hipnotizante "modo de caza". Ella sabía perfectamente que cuando un cazador tiene frente a su presa, olvida todo lo demás. Abre bien los ojos, sin perderse un movimiento o respiración siquiera de la criatura que tuvo la mala suerte de ser su presa; se posiciona estratégicamente, intentando acorralar, rodeando, para atemorizar a su presa, siendo más fácil detectarla puesto que el miedo es una peste capaz de ser detectada a kilómetros; se erguía mostrandose completamente, o bien ocultándose y acechando desde las sombras, y en este caso, para bien o para mal, era lo primero.

- ¡Rengar, reaccióna! - Ordenó. El grito descolocó al Acechador Orgulloso, quien respondió con un rugido más fuerte. El Cazador mostró con furia sus incisivos, gruñendo, logrando atemorizar a su Rival, que vió con terror como el hocico de Rengar caía en picada hacia ella.

Pero, contrario a lo que pensó, los dientes del Acechador no fueron directamente a romper su cuello. Vió con sorpresa como Rengar agarraba el cuello de su camisa, para luego tirar con ferocidad de él, destrozándo por completo el pijama.

- ¡¿Qué estás hacien-?! - Le iba a encarar la Cazadora salvaje, pero se paralizó al sentir la garra de Rengar, destrozando con suavidad su tanga. Deleitandose con el sonido de la tela siendo razgada, tan fácilmente como el cuello de un ratón.

- Ahmp... - Ronroneó, descendiendo, peligrosamente. - Mía... - Susurró luego, tomando ambos muslos de Nidalee, separándolos.

- Ren... Detente... - Rogó debilmente. Estaba asustada, la mirada de Rengar era salvaje, cómo cuando luchaba en la Liga o cazaba en la selva. Y ahora estaba bajo el cazador más conocido y respetado de todo Valoran: y además, ahora a ella le tocaba ser la presa.

El Acechador Orgulloso no perdió más tiempo, e hizo lo que había querido hacer desde hace cinco largos años: lamió la intimidad de Nidalee. La chica, completamente vulnerable, sintió una corriente eléctrica subir por su espalda. Sentía que su cuerpo perdía energía lentamente, cada vez que Rengar pasaba su áspera lengua por su entrada. Y junto con sus fuerzas, se largaban hacia un punto desconocido todas las ganas de poner resistencia. - Delicioso... - Le escuchó murmurar.

- Rengar... - Gimió, con lágrimas en ambos ojos. - Tú ganas, tengo miedo. - Confesó, mientras ponía ambos brazos sobre su cara, huyendo de alguna manera.

El Cazador detuvo sus caricias, y la miró desde abajo. Llegó a su nariz el olor a sal correspondiente a las lagrimas, y por fin reaccionó: su pupila volvió al tamaño normal, y safó del agarre a Nidalee. Luego subió su rostro hasta ponerlo un poco debajo de la cara de la chica. - Al fin lo admites, mocosa... - Dijo, con suavidad, mientras se apoyaba entre los dos senos de la Cazadora, y ponía ambas manos a los costados de esta, recargando parte de su peso en ella.

- Mirame. - Ordenó, con dulzura desconocida hasta el momento para ella. - Mirame, Nidalee.

La muchacha descubrió su rostro, lentamente, encontrandose con la cautivante mirada de su Cazador. - Me perteneces, Nidalee. - Fue lo que él dijo.


Jo~Jo~Jo~ ¡Feliz Haloween! (?)

Aquí traigo el tercer capi de mi primer fic lolero: Su Aroma.

Feliz Navidad atrasada :D Espero lo pasaran mejor que yo...

¿Qué les parece esta pareja, queridos desconocidos? ¿Les da asquito y piensan que es zoofilia? ¿o se mojan cómo yo? Aasdadssda, en fin, me encantaría saber sus opiniones, si no les molesta...

Goodbye, darling´s (?)

PD: Quiero agradecer a PrelawBirch sus gentiles reviews, y por haber escrito Juntos por Shurima... (Otro cap para los pobres, plz [?]) Y también a todo pervertido que este leyendo esto y se quiera unir al club de "¡Amámos los Lemmons de LoL!" ¡Unánse! ¡Tengo poros bebé y galletas con chispas de chocolate! (?)

PD2: Subiré pronto el segundo cap de "Tú mis Ojos, Yo tus Labios"

PD3: En ambos fic se mencionan eventos, como dije en el otro, ambas historias ocurren de manera paralela.

PD4: ¡Que Riot nos regale Skins! :c