Derechos de autor: Sí, esta magnificente obra de arte, que además es un juego gratuito (medianamente, mi pobreza impide que tenga skins *snif* *snif*), no me pertenece, es de Riot Games...

Lo sieeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeento con todo el agujero negro que tengo en lugar de corazón (?), pero me encontraba en una laguna mental sobre este cap, pero, queridos lectores, aquí esta el p$%& capítulo 4 de Su Aroma, espero dosfruten más hayá de su odio hacia mi mente.

Chapter 4: Confeciones/Castigo.

La muchacha ni en sus sueños podría haber visualizado al Acechador Orgulloso decir algo así, y menos hacia ella.

¿Qué significaban aquellas palabras? ¿Y aquellas caricias inesperadas y salvajes, que él fue capaz de frenar solo por un llanto de cobardía? ¿Esa mirada que Rengar le había dedicado, era lo que ella estaba pensando? Por todo lo que es bueno, Nidalee resó para que aquellas palabras significasen, por lo menos en el fondo, un "te quiero" de parte de su Cazador...

La chica había siempre conservado la esperanza de que él la pudiera querer aunque fuera un poquito. Pero Rengar había cambiado su actitud, y eso la desconcertaba: ¿la quería tener en la sala de su casa/mansión como un trofeo?

- Creo que sí... - Contestó, soltándo las lágrimas. Había cometido un error, mostrárle a tu cazador debilidad podría costarte caro.

La bestia sobre ella (no muy feliz por la respuesta "en suspenso" que la fémina le dió), lamió con suavidad sus lágrimas, mientras su cola aprisionaba el muslo de la chica. Ren acababa de confesar una verdad que ni él mismo asimilaba aún.

Nidalee lo abrazó, con desesperación. Fundió sus manos en la melena agena, con los ojos cerrados, intentando inútilmente detener lágrimas que necesitaban salir con urgencia: llorar era un lujo humano que ella evitaba poner a prueba. Rengar la vió, llorando, a su merced, vulnerable; y eso le provocaba más ganas de llorar. Quizás el título de "su Rival" sería revajado al de "su Presa" después de que aquella muestra de humanidad (y a las presas no se les estima siquiera).

¿Perdería el título que más apreciaba? ¿Ya no podría estar a su altura y él la despreciaría cómo a una frágil humana? Pero ser consolada por él era algo de otro mundo. Su calor, envolviéndola por completo mientras un suave y tranquilizador ronrroneo salía desde su pecho, al tiempo que unos largos cabellos albinos caían con sutileza por los costados de su rostro, además de que su lengua acariciaba con suavidad el rostro de la chica. Es imposible... Es... ¿Es Cariñoso?... por favor... Por favor que sea así... Pensó la joven, estrechándose contra él, sintiendo aquella piel suave y tibia que solo en sueños podía acariciar con tanta libertad.

-¿Por qué... hiciste y dijiste todo eso? - Pregunto una voz rota y familiar. ¿El "por qué"? Bah, era bastante obvio: había encontrado algo que necesitaba desde hace tiempo. Y por lo tanto, no dejaría que alguien más pudiera arrebatármelo.

- ¿No es evidente? - Contesté, bajando las orejas, en señal de sumisión. A ella le tenía la confianza suficiente, no me molestaba (que hipócrita, me encantaba) sentirme a gusto por sus caricias.

- ¡No lo es ni un poco! ¡Me confundes...! - Era fascinante verla así, llorando, mirándome con confusión. ¿Tan importante eran mis acciones para ella? No evite sonreír profundamente, mientras me apoyaba entre sus senos, sin dejar de mirar sus orbes color esmeralda. ¿Te confundo, eh? ¿Los humanos no eran los listos, las criaturas que dominaban gran parte de los territorios y luchaban entre ellos? Quizás no tanto... Pero la jovencita humana en la que estaba recostado en aquel momento, era una de las más listas que conocía. ¿O será que no lo quieres aceptar...?

- Mocosa yo-...

"Toc, Toc, Toc"

"Discúlpame por lo que voy a hacer, Rengar"

Escuché y acto seguido la puerta estaba tumbada. Y, allí estaba mi querido amigo, acompañado por una Yordle y su hada, una chica de coletas largas (las cuales siempre estaban con Nidalee) un consejero de la Liga y la Hija de las Estrellas. Todos con distintas caras de estupefacción.

Un rugido se escapó de mi boca. Había alcanzado a cubrir el cuerpo de mi Rival justo antes de que cualquier mirada pudiera apreciarlo.

El insensato que acababa de interrumpir mi tercer intento por hablarle seriamente a la Cazadora Salvaje acabaría entre mis dientes, sin duda los idiotas frente a la entrada no supieron valorar su existencia en el mundo de los vivos.

Rengar soltó uno de los rugidos más aterradores oídos jamás: algo burbujeó desde el abismo de sus fauces, su mirada recorrió cada una de las invasoras, buscando un culpáble al cual devorar primero y entonces, sus mandíbula se abrió ligeramente, dejando escapar un escalofriánte sonido; el cual no fué muy alto. Solo los presentes pudieron oírlo.

El consejero hulló, aterrorizado por aquella bestia. Había oído del Acechador Orgulloso muchas historias, de parte de sus compañeros de trabajo y amigos cercanos fuera del Instituto de la Guerra. Pero toda descripción se quedó corta. La adrenalina del miedo lo hizo huir fuera de los dormitorios que ocupaban los campeones, y sin decirle a nadie se retiró a su casa, dispuesto a olvidar todo lo que había visto por temor a una represalia. "Ni siquiera en la guerra contra Noxus huí de esa manera", pensó.

Lulu y Sona tenían sonrisas indescriptibles en sus rostros. Aunque Pix se había ocultado bajo el sombrero de el Hada Hechicera, temblando un poco mientras regañaba a la Yordle por ser una entrometida. La Virtuosa de las Cuerdas se llevó ambas manos apretadas al pecho, completamente eufórica: ¡Su mejor amiga estaba... Umm... Era correspondida a aquellos sentimientos profundos y dolorosos! ¡que ella misma no había dejado florecer!

Ni la Hija de las Estrellas ni el Curador de las Arenas daban crédito a lo que sus ojos estában viendo. Las sospechas de Soraka fueron completamente ciertas, para su desgracia. Aquella fiera hermosa y candente parecía tener su ojo puesto en otra mujer... O mejor dicho, en otra chica.

Rengar iba a saltar hacia ellos, ciego en su molestia (y verguenza por ser visto en una situación como aquella, pero eso tampoco lo admitiría). Lulu se rió nerviosa y feliz, montó en su váculo y uso Capricho, alejándose rápidamente, de vuelta a la habitación que compartía con Sona. La Virtuosa de las Cuerdas tocó una nota aguda en su Etwahl, estableciendo una conección con Rengar solo para decirle "¡Nasus insistió!", y acto seguido, cargó de manera una tanto cómica a Soraka (al estilo "nupcial"), usó Canción de la Celeridad potenciada y salió de la escena tan rápido como había llegado.

Entonces aquellos buenos amigos se miraron como lo que en el fondo, eran en realidad: un perro y un gato. Nasus sabía lo irracional que se volvía su amigo cuando se enfurecía, y en este caso, al parecer, lo estaba. Rengar no perdió más tiempo y se abalanzó hacia él, justo cuando el Curador de las Arenas había cerrado los ojos, dispuesto a "tanquear" el golpe, la protagonista femenina de la historia hizo acto de precencia, saliéndo del shock que sufría.

La Cazadora Salvaje se transformó en puma, y brincó al mismo tiempo que el Acechador Orgulloso, desestabilizándolo, quedando ambos (él sobre ella) tirados en el piso a medio camino de la puerta en donde estaba Nasus. - Te debo mi vida, Cazadora. - Fue lo que medio-gritó Nasus, al tiempo que reacía los trozos de madera con su magia, corría a su habitación, y cerraba la puerta. Al parecer todos los testigos fingirían que no habían precenciado nada fuera de lo común.

Nidalee sintió como Rengar rodeaba su cuello con una de sus manos, mientras tenía a la otra sosteniendolos a ambos. Y allí, por primera vez, la Cazadora se sintió vulnerable en su forma felina, así que se transformó nuevamente en humana... Arañandose mentalmente por su estupidéz: como humana carente de cualquier prenda estaba aún más vulnerable... El Acechador gruñó, interrumpiéndo lo que parecía ser un nuevo intento de parte de la chica por cambiar de forma.

Su gruñido parecía reflejar los sentimientos que tenía en aquel momento. La chica se estremeció, e intento safarce de su agarre [...] sin éxito. ¿Cómo había terminado así? Quizás proteger al cachorrito había sido una idea bastante noble, a la par de estúpida. No quería voltearse, y no sabía si moverse o no... Rengar la sostenía por la clavícula, sentía el torso de la bestia en contra de su espalda, sus piernas siendo ligeramente presionadas por las agenas y las rodillas del macho entre las propias. ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda!.

- ¿Qué crees que haré ahora, mocosa? - Su voz sonaba sugerente, molesta, grave... Y la hizo sentir extraña.

- Me soltarás tranquilamente... Y te irás a dormir como un buen chico... - Murmuró la joven, temblando. En un intento olímpicamente inútil de persuadirlo y que todo acabara en buenos términos.

Una carcajada socarrona fue emitida cerca de su oreja derecha, llegando a ella un aliento cálido. Sintió como la pata que amenazaba con quebrarle el cuello ante cualquier señal ostil, bajaba con lentitud... Arañándo un poco su piel.

Y no pudo evitar soltar una pequeña queja, entre el dolor y algo desconocido. Su espalda se arqueó, al sentir la presión sobre su seno izquierdo. - Dime, Nidalee... ¿Qué crees que voy a hacer ahora?

Un ronrroneo, contrastado por una suave risa de agonía, acompañó a un movimiento brusco que Nidalee no esperaba: fue lanzada hacia su propia cama. Al instante se hizo un obillo, intentando cubrirse de alguna manera, con los ojos apretados, abrazándose a sí misma. Después el seguro de la puerta se activó, y escuchó los pasos de la fiera acercandose sin prisa aparente.

Él le agarró un muslo y tiró hacia sí mismo. - Responde, mocosa. - Gruñó, amenazante. Estaba molesto. Profunda y absolutamente molesto. Por la respuesta incompleta que recibió de ella, por la interrupción, por la falla de su reprimenda en contra de Nasus, su mejor amigo... Pero por sobre todo, estaba furioso consigo mismo. Había conseguido justo lo que más temía que pudiera ocurrir si revelaba sus sentimientos: la hermosa joven estaba aterrada. Y era culpa suya por haberla tratado sin la delicadeza y respeto que merecía, y que él planeaba llevar a cabo... Pero se le salió de las patas, y ahora su mente maquinaba una manera de que Nida volviera a sonreírle sincera y puramente, que sus hermosísimos ojos lo vieran con aquel destello especial, sin la oscuridad que ahora vestían por el miedo.

- ¿Me vas a...? - La chica no tuvo el valor suficiente como para terminar la frase. Rengar sintió como su corazón era apuñalado, y no por una de las guadañas de Kha'Six... ¿Pensaba que él sería capaz de hacerla suya en contra de su voluntad? ¿Tan rudo había sido con ella?

- No, idiota. - Susurró, dolido. La chica bajo él abrió los ojos, mirándolo fijamente. Nuevamente era sorprendida por Rengar, pero de manera muy distinta...

- ¿Estás bien? ¿Te duele algo? ¿Te dañé al saltar? - La lluvia de preguntas preocupadas por él cayeron de manera inesperada. La chica dejó de abrazarse a sí misma, incorporándose hacia él. El Acechador Orgulloso sintió las dos manos de la chica a los lados de su rostro. Toda señal de miedo en los bellos orbes verdes fue reemplazada por preocupación hacia su persona. La muchacha ignoró cualquier lógica, acariciando con sus pulgares suavemente, esperando una respuesta.

- No, Nida... - Murmuró, mirándola. Quería que ella lo notara, no se atrevió a decírselo: tenía ganas de gimotear como el cachorro sucio, vulnerable, asustado y abandonado que fué en algún momento lejano. Era turno de Rengar para mostrar debilidad. Perdió toda la dignidad restante y calló hacia ella, abrazándo su cintura en busca de un poco de cariño, aunque fuera de manera forzosa. Hundió su cara en la suave y tersa piel de su vientre, los hombros del felino se posaron en los muslos de la chica.

Nidalee estaba más que confundida, por un momento pensó que iba forzar relaciones intimas con ella... Pero ahora la estaba abrazando, con la cabeza hundida en su vientre; arrepentido, quizás, por sus acciones.

Le estrechó hacia ella. Puso su mano izquierda en la nuca del albino, alzándolo lentamente, mientras su diestra acariciaba con delicadeza el hombro del macho. Parecía que tenía a Rengar a su merced... Se mordió el labio inferior al verlo así... Tan sumiso... Tan suyo... ¡Y tú de que vas, Nidalee! ¡Él sigue siendo...! Él sigue siendo... Él sigue siendo tu amor platónico, ¿Verdad? - Pensó, luchando contra las ganas de ver hasta donde la dejaría llegar...

Apoyó al Acechador en la cama con delicadeza, sin cortar el contacto con la piel hipnotizante del mayor, y sin dejar de mirarlo directamente al orbe, el cual se encontraba entrecerrado e inmerso en un azul oscuro. Ahora Ren estaba en una orilla de la cama, rendido, cerró su ojo y dejó que la muchacha le quitara la venda.

Ronrroneó al sentir los labios suaves de la chica directamente sobre su piel, persibió como una mano tímida tomaba con delicadeza su rostro. - Te quiero. - Le escuchó decir.

Y su corazón se detuvo, su ojo se abrió y comprendió todo.

- Todo listo, Kha'Zix. - Berbereó el ciclope del vacío, restregando dos tentáculos de manera inquietante. Habían preparado un buen escenario, creíble ante los ojos humanos. Perfecto, tal cual el Saqueador del Vacío había maquinado en su mente retorcida y cegada por la ced de una venganza que no llegaba jamás. Casi podía saborear la carne del Acechador Orgulloso, casi podía sentir la carne del albino siendo despedazada por sus guadañas, casi podía verlo morir. Casi.

Como buen cazador, había observado la rutina del felino por meses, y así, un día de la nada, se le ocurrió este plan maestro: esperar a que casi entrara a las duchas masculinas por la noche, probocarlo y lograr que hiriera sin querer, a otro campeon. Que sería, casualmente Vel'Koz. Ambos intagrantes de la liga habían tomado posiciones, listos para llevar acabo el divertido sencillo crimen.

Pero nadie a excepción de un par de humanos, apareció en las duchas. Estuvieron horas enteras, aburridos y cansados. Hasta que en la madrugada, luego de que las duchas apagaran sus luces, y habiéndose retirado todos los demás campeones, escucharon pisadas felinas, pero en su emoción, no advirtieron que eran dos pares de patas en vez de uno.

Es Saqueador del Vacío dio un salto hacia adelante, con ambas cuchillas listas para rebanar piel, y así ocurrió. Pero la piel que perforó no fue la de Rengar. Un grito femenino rompió el silencio de la noche y advirtió a los ocupantes de los dormitorios continuos a las duchas.

La Cazadora Salvaje respondió clavando su lanza mágica en la guadaña izquierda del ente del Vacío, y lo empujó con ambas piernas hacia atrás, mientras Vel'Koz lanzaba un rasho lazer color rosa a Rengar. Nidalee se curó a sí misma y el Acechador saltó hacia su contrincante y clavó una de sus cuchillas en el orbe único del Ojo del Vacío.

Los felinos gruñeron con furia, Nidalee lanzó su lanza a Vel'Koz y Rengar tiró su red hacia Kha'Zix. La chica se curó un poco a sí misma y el albino se puso delente de ella, protegiéndola de cualquier nuevo ataque de parte del Vacío. Pero no hubo ninguno: habían llegado Kayle y Ryze a escena y el Saqueador había desaparecido usando su invisibilidad. Ahora solo habían tres en el lugar de los hechos.

- ¡Es taaaaaaaaaaaan injusto! - Se quejó la muchacha, mientras empacaba el resto de sus cosas. - ¡Ellos fueron quienes nos atacaron, Rengar! ¡Nosotros no deberíamos ser castigados tan severamente! ¡A ese fenoméno sólo lo enviaron a buscar algo a la selva de la peste, y a nosotros nos mandan al rincón más helado de todo Freljord, donde hasta Anivia pasaría frío!

- ¡Tienes razón, mocosa! - Contesto, cerrándo el bolso de piel que llevaría a la expedición/castigo. - ¡Pero así son las reglas estúpidas de la Liga...!

- Cuida tu boca, grandote. - Habló una imperante voz femenina. - Podría empeorar tu sentencia si alguien más estricto que yo te escuchara.

- No creo que exista alguien más estricto que tú, Justiciera. - Rezongó el Asechador Orgulloso, mientras enfundaba algunas dagas en su armadura. Escuchó como ambas chicas reían ante su comentario cargado de un pesado sarcasmo.

- Rengar tiene razón. - Agregó la Cazadora, cerrando la extraña maleta/cartera de cuero. - Kayle, creo que se te pasó un poco la mano con nuestra sentencia. Él fue quien empezó la pelea, y casi me desangro por culpa del otro bicho del Vacío...

- No encontramos ninguna prueba en contra del Saqueador, Nidalee. Así que no puedo hacer nada en su contra. - Explicó la despanpanante rubia, mientras limpiaba su casco. - Y sobre su sentencia... Se lo merecen, ayer hubo un incidente en su dormitorio también...

Nida se sonrojó y el cazador se revolvió un poco, ambos recordando lo recientemente ocurrido entre ellos. Al terminar de empacar, fueron despachados por Kayle hacia la sala de teletransporte. La muchacha más joven estaba un poco procupada por su amiga: supo que se fue con Lee Sin al monasterio en donde el Monje vivía, y justo en esos momentos se aproximaba una fuerte tormenta a Jonia.

Entraron ambos a la misma cápsula, y dejaron los bolsos a un lado. Y empezó una feroz batalla de miradas. Celeste contra Esmeralda, lanzando chispas y buscando explicaciones al comportamiento del otro. El ambiente estaba inevitablemente tenso.

- ¿Es verdad lo que me dijiste? - Fue Rengar quien rompió el silencio con una afilada pregunta trascendental. La respuesta de la joven determinaría muchos de los acontecimientos futuros.

- Obviamente, no te mentiría sobre algo tan importante. - Nidalee bajó la mirada, ahora un poco cohibida. El ojo del albino era demasiado intenso como para ser visto a tan poca distancia sin ponerse nerviosa. Dio un respingo cuando sintió la gran garra del Cazador en su espalda, acariciando con delicadeza.

Se volvieron a mirar, pero ahora en son de paz. Nidalee abrazó al felino, chocando con su armadura. El felino se dio cuenta de esto y agarró las nalgas de la chica con una de sus manos y la alzó hasta su altura. Y con su garra restante afirmó la espalda de la cazadora. Ahora le chica le dio un abrazo con más libertad, aprisionando su cuello entre sus brazos. Nidalee llebaba ropas invernales: botas de piel hasta la rodilla, calcetas hasta el muslo, que eran coquetamente sujetadas por un portaligas, y una camiseta de mangas largas hasta unos centímetros más arriba de la rodilla. No se había puesto su abrigo aún, pues estaba entibiándose con la fina piel del Acechador Orgulloso, y este con la piel suave de ella.

Una vez teletransportados al gélido Freljord, se bajaron de la cápsula, Nidalee se vistió con un abrigo de piel (cortesía de su amigo Udyr), y Rengar lanzó un pequeño gruñido al percatarse que la prenda tenía un fuerte olor al Cambiapieles. Hacía mucho, pero mucho frío.

Hablaron con unos lugareños, (en realidad, solo habló la chica, pues las personas se intimidaron con la precencia del felino, y este no ayudaba mucho, pues los miró de manera amenazante) y emprendieron marcha: eran las ocho de la mañana, y llegarían caminando a su destino, lo que les iba a tomar nueve horas y media, sin contar el tiempo en que descansarían. Solo Nidalee había empacado una tienda de campaña, porque el Acechador Orgulloso podía simplemente cavar un agujero en la nieve y dormir sin problemas en él.

No perdieron más tiempo y empezaron la caminata. Y tardaron mucho en comenzar a charlar, sobre trivialidades al principio, y luego empezaron a rememorar anécdotas de vida, cacerías épicas y travesuras. Nidalee quedó sorprendida por la manera en que el Acechador y Nasus habían hecho amistad: Renekton había unido fuerzas con una extraña criatura de escabas duras como acero. El Curador de las Arenas se escontró con el cazador antes de la batalla, y uniéron fuerzas en contra del enemigo en común. Rengar cazó a la extraña bestia y Nasus detubo a su hermano por el momento. Luego de eso la confianza creció entre ellos y terminaron siendo buenos amigos.

- La verdad siempre estuve enamorada de ti en secreto. - Dijo ella, como si fuera un tema muy fácil y ligero. - Desde los nueve años, cuando te encontré moribundo en el lago... Siempre fuiste un amor platónico e imposible, supongo que por eso me confundes tus actitudes y reacciones. - La chica le había comido le lengua, no supo que decirle. Sonrió nervioso y contento al mismo tiempo.

"Cuidado con lo que deseas, por que puede hacerce realidad" Pensó el macho, ahora estaban cerca del Abismo de los Lamentos, y tendrían que dormir pues de noche era peligroso avansar por la nieve. La muchacha armó la carpa en un santiamén, mientras el Cazador preparaba el fuego. Lo encendió y de inmediato se miraron entre sí.

- ¿Quién caza más kilos de carne? - Preguntó la Cazador Salvaje, sonriendo sensualmente sin darse cuenta. Cuando ella era una niña, solían hacer ese tipo de competencias entre ellos, a modo de entrenamiento.

- Tienes una hora, tengo hambre. - Dicho y hecho, partieron en direcciones opuestas. Nidalee se transformó en puma y no tardó mucho en encontrar a una primera víctima: una liebre de las nieves. Una mordida ligera en el cuello, y dejó de respirar.

Ciervos, cabras, liebres, jabalís salvajes, roedores. En total fueron 27 kilos de carne entre los dos, se riéron pues nuevamente no habría ganador en la disputa. Ella se transformó en humana y luego sentó a quitar la piel de un ciervo, para poder asarlo. Aunque ella y Rengar podían perfectamente comoerlo todo con piel y crudo, era más delicioso asado y bien cocido. Él se quitó la armadura y se hechó a un lado de la hoguera, al frente de la Cazadora Salvaje, y la observó, complacido: su cabello suelto y desarreglado, sin el abrigo de piel. A la luz del fuego y la luna lucía espléndidamente hermosa. Pero si lo pensaba con más detalle, ella siempre se veía bella y radiante. Feliz y con energías envidiables. Y ahora la tanía a menos de un metro, a solas, sin nada vivo (excepto las plantas, obviamente) a kilómetros a la redonda. Completamente suya, toda esa noche. Supo de inmediato que esa noche no tendría que cabar un agujero y dormir en él, pues dormiría con la mocosa en su tienda de campaña.

Comieron nueve kilos y medio, entre los dos. Mientras reían y hacían competencias. Como en antaño. Era todo tan nostálgico y agradable, que Nidalee pensó que se trataba de un sueño muy largo y realista. Lo miró directamente, y e´l hizo un imperceptible movimiento, que ella entendió de inmediato.

- ¿Vas a dormir conmigo, oh, gran gato de las nieves? - Preguntó divertida, él le gruñó y ella rió en respuesta. Poniéndose de pie y lanzando los restos al fuego irregular.

- ¿No te da miedo, mocosa? - Contra-preguntó, de manera afilada, consiguiendo descolocarla lo suficiente como para hacer su siguiente movimiento: se paró y agregó: - ¿No temes que pueda violarte o algo así?

- Si prometes no hacerlo, entonces no tendré que dormir con un ojo abierto. - Respondió segura, mientras entraba en la tienda de campaña. Buscó algo adecuado para dormir, pero mientras lo hacía, no se percató de que Rengar había entrado también.

La agarró y la lanzó sobre el saco de dormir, y él se sentó frente a ella. Se terminó de quitar la armadura y se hechó a un lado de ella, sin dejar de observarla. La muchacha se tensó de inmediato, ella sabía lo peligroso que era Rengar en este tipo de situaciones, y ahora sí que estaban absoluta y completamente solos. Sin ningun ente pensante a kilómetros a la redonda, ellos dos en medio del frío, durmiéndo ambos en una pequeña tienda de campaña, toda la larga niche invernal... Sonaba tan utópico, hermoso y... Romántico...

- ¿Qué sucede, gradote? - Preguntó la chica sonriéndole, un poco más tranquila por sus propios pensamientos de cuentos de hadas.

- No necesitas nada para dormir, yo seré tu abrigo esta noche... - "y todas las que siguen, Nidalee" Tuvo el deseo de agregar, pero su cobardía ganó la contienda.

- ¿Entonces...? - Interrogó ella, aún sin notar las intenciones del felino macho, muy divertido por su inocencia.

- Entonces desvistete lentamente. - Ella iba a protestar, pero él agrego de inmediato al notar sus intenciones. - A menos que quieras que yo sea el que te quite la ropa como la última vez, mocosa.

Ella se rió nerviosa y alegremente, entonces decidió poner a prueba las "clases de seducción" que le había dado a ella y a Sona la Cazarreconpensas, Sarah Fortune. Se quitó las botas de piel, y luego desabotonó lentamente los primeros tres botones del vestido/camiseta invernal, se arrodilló frente a él, brindándole la vista que se supone era la mejor, agarró los bordes de la camiseta y se la quitó lentamente, exibiéndo su mejor conjunto de ropa interior: una brassier negro con cintas blancas, una tanga con un pequeño lazo blanco de encaje, y las medias largas sujetadas por el portaligas. Irresistiblemente sexy. Sonrio con suficiencia al ver la expreción de completa sorpresa en la cara del Acechador Orgulloso.

- ¿Te comí la lengua sin darme cuenta, Rengar? - Le susurró, con un tono sugestivo e incitánte.

- De hecho, no creí que fueras capáz ni de sacarte las botas conmigo dentro de aquí, mocosa. - Admitió sin dejar de mirar a su joven y... Bastante madura rival. - Tienes diez puntos por atrevida, diez más por buen gusto y otros diez por sensualidad. ¿Qué es lo que sigue, señorita?

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