CAPITULO VII
La niebla se posaba cruelmente sobre los arboles, siete jóvenes se movían entre estos de una forma rápida como si tras ellos hubieran bestias deseosas de sangre, carne y de almas ¿porque no? Solo se escuchaban tres cosas, los pasos de los jóvenes, sus respiraciones acordes a sus desbocadas pulsaciones y el ruido de las ramas y hojas del suelo que estaban interponiéndose entre ellos y una vía de escape. ¿De qué huían? Oh, de nada en concreto, ese era el entrenamiento, una prueba aunque no dedicada para seis de esos chicos pues en el fondo era una mas especial y directa que demostraría si ese chico podría sobrevivir trabajando en equipo y dado que no existía un dragón al cual asesinar, las bestias del bosque ya habían olido la sangre que portaban a modo de señuelo y el que consiguiera llegar hasta la bandera azul que colgaba de lo alto de una de las más visibles montañas, quizás a dos kilómetros desde el punto de inicio, se salvaría de uno o más mordiscos.
Ni siquiera tenían armas, solo un palo de un metro y medio y aunque ligero, la madera parecía ser resistente aunque seguro que aquellas marmóreas dentaduras y esas grisáceas garras destrozarían sin demasiado problema aquello que le habían dado. Si se detenían era probable que alguna de esas bestias les diera caza, en esencia era eso, huir de un depredador, si eran siete los animales que les buscaban era la mitad, pero, ¿podías confiar en que no te estaban siguiendo a ti?
Se habían repartido en grupos de dos, así salían a tres grupos dobles mas otro individual, en este caso el experto vigía que se había decidido a ir en solitario, si bien era cierto que todos se conocían el único realmente extraño era él, que ahora encabezaba a su pequeño grupo a través de una cuesta cuan menos empinada. Sus ojos dorados se abrieron paso entre la maleza dañina y vieron a través de aquellas hojas grisáceas lo que parecía ser una nimia tela ondeando a quizás, quinientos o seiscientos metros. Fue en aquel instante donde recordó las palabras de Vroish.
-Es simple, estáis manchados con sangre y os persiguen, el equipo que llegue en primer lugar a la bandera ganará. –recordó aquellos ojos esgrimiendo los suyos, en realidad sabía, porque se lo había pedido el mismo, que quería demostrarle de que no era un estorbo, como le había definido el capitán. Salió de su pensamiento. –No importa si lo hacéis corriendo, saltando o volando, evitad que os maten y llegad. En caso de que un miembro del equipo sea herido y el otro lo abandone, será castigado con severidad, ambos sois un mismo ser, si dejáis tirado a vuestra otra mitad, yo me encargaré de dañar correspondientemente la otra.
-Estamos cerca. –dijo sin siquiera detenerse y tampoco lo hizo su compañero, hasta que ambos escucharon un rugido, exactamente igual que el que debía de tener un demonio cuando lo tenías a tu espalda.
Sus pies se pegaron al suelo como si ahora estuvieran hechos de titanio, el joven pálido giró su rostro lentamente, lo mismo hizo su compañero pelirrojo, sus movimientos fueron lentos y tensos, a unos veinte metros estaba ahí. Un plateado ejemplar, cuyo pelaje grueso le protegería en un ambiente frío sin embargo la niebla y que pronto llegaría Hoctis era una buena idea estar recubierto de pelo. Su postura no era para nada amistosa, sus cuatro patas estaban suavemente flexionadas, sus garras acariciaban el suelo, su hocico miraba de una forma indirecta el suelo y aquellos grises ojos se clavaron en el cuerpo de ambos dos.
-Corre… -susurró a su compañero, que no sabía ni su nombre, este pareció no reaccionar. –Que corras, ahora. –le ordeno al pelirrojo. El lobo mostró su dentadura a través de un gesto de total agresión. -¡Vamos! ¡Márchate! –espetó haciendo que esta vez el pelirrojo si respondiera y casi cayéndose por aquella empinada cuesta en un vano intento por no chocar contra las ramas y eso sí, gritando a pleno pulmón y a viva voz.
Todo fue muy rápido, el lobo corrió hacia él con una gran rapidez, este no sabía siquiera usar una espada y mucho menos tenía licencia de uso de troncos como arma, aunque su instinto le guió y cuando el lobo de dos metros y medio abrió la boca en el aire el joven cogió el palo desde uno de sus extremos, lo sujetó con ambas manos y apoyando su peso en la pierna izquierda cogió un suave impulso golpeando con violencia al lobo justo en su mandíbula, aunque consiguió evitar que se abalanzara sobre él y al recibir el golpe cayera unos cuantos metros más atrás el palo que sujetaba no solo se rompió sino que creó un camino de sangre que emanaba de la boca del lobo.
-Creo que no fue buena idea… -se dijo al ver como el lobo, que si ya le miraba con odio, ahora buscaba su alma sobre la cual sellaría sus dientes. –Sí, no fue mi mejor idea. –concluyó antes de salir corriendo y huyendo en la dirección de su compañero.
Por alguna razón el lobo se encontraba aturdido y aunque sus grandes patas no eran rival para las minúsculas del muchacho, en comparación, este contaba con una ventaja oculta. Era evidente que o conseguía altura o acabaría muerto, o con un mordisco y una amputación segura. Estaba impregnado con seca sangre lo que no hacía más que dificultar la tarea de escapar, pero sabía que si hallaba la forma de escalar a un árbol, mas rápido de lo que ese lobo le daba caza, probablemente consiguiera poder desplazarse de copa en copa. Descendió a gran velocidad por aquella ladera pero sus pies iban demasiado rápido como para frenar y esquivar aquella rama así que saltó hacia un lado con la consiguiente pérdida del equilibrio y que acabara rodando por el suelo y ladera abajo. El lobo que lo seguía no tardó en saltar sobre él, sin embargo, como el joven se había caído el lobo no pudo sino pasar por encima de él y acabar chocando con uno de esos árboles.
Su velocidad y su complexión fue tal que acabó tirando el árbol por completo, no era de los más gruesos, apenas mediría de radio unos treinta y cinco centímetros, sin embargo fue lo suficiente como para sacar las raíces de la tierra y crear una pequeña cortina de polvo. El joven reincorporó al escuchar el estruendo y sintió como no estaba muerto, se apartó suavemente una porción de la suciedad del suelo que ahora formaba parte de él y cuando vio como el lobo comenzaba a reincorporarse supo que era entonces o nunca. Se levantó lo más rápido que pudo y corrió en dirección al lobo, pisó su lomo y el animal emitió un chillido. Sus pies tocaron entonces la madera del árbol caído y comenzaron a escalarlo con un equilibrio extraño, se puso entonces sobre un árbol y casi al nivel de Noa comenzó a ir saltando de rama en rama, era fácil, los arboles solían conectarse entre sí, la mayoría eran mucho más gruesos y las ramas eran casi del tamaño del tronco de ese árbol caído.
El lobo no pareció darse demasiado por vencido y lanzó un aullido al aire, buscó como acceder hacia el joven y olió el aire, se quedó en silencio y tras unos segundos, corrió hacia la bandera, probablemente para alcanzar al otro joven.
-¡Súbete a un árbol! –gritó con todas sus fuerzas esperando que su compañero le escuchara, no recibió respuesta alguna. –Mierda… -farfulló corriendo por aquel núcleo de ramas y encontró una más o menos rígida, alargada y de un extremo más o menos afilado, mejor eso que no tener nada.
Le asestó una patada y la arrancó de aquella ramificada estructura y siguió corriendo, el lobo probablemente le sacaría un par de segundos y no podía agrandarlos mas. Siguió corriendo al mismo tiempo que su cuerpo comenzaba a dar síntomas de nerviosismo, la duda de si le había escuchado o si aquella bestia se lo había comido reconcomían su cuerpo, empezó a notar su corazón latir a decenas de pulsaciones por segundo, rebotaba en su mente aquel eco, se hizo presente su respiración hasta tal punto que creyó que no existía nada más que hiciera tanto ruido como él. De repente se escuchó un grito de ayuda, apretó el paso y consiguió llegar hasta vislumbrar al lobo y como este, cual perro, trataba de abrirse paso entre varios huecos de raíces gruesas como columnas que sostuvieran templos y estructuras gigantescas por las que dedujo que se había escondido y aquel insistente sonido de agobio que emanaba desde debajo de la estructura arbórea lo confirmaba, seguía vivo.
Él no quería herir a un animal pero la idea de que ese animal lo quiso comer vivo hacía apenas unos instantes y que probablemente se comiera vivo a su compañero si fue lo suficiente como para olvidarse de que ya no podía huir del problema y que tenía que enfrentarse al él cara a cara. Intentó buscar alguna estrategia entre él y la bestia aunque aquel palo que sujetaba en su mano fue lo único que encontró, saltar directamente podía ser tan bueno como malo, si conseguía acertar el impacto sería probablemente letal, pero para ello tenía que coger impulso y las ramas apenas aseguraban su ligero peso, si lo hacía desde lejos había que confiar a una puntería que igual no tenía, ¿Qué debía de hacer?
-¡Eh, tú! –gritó al lobo, quien al escucharlo movió su oreja y ladeó su cabeza, en realidad lo separan cinco metros, si el lobo cogía suficiente impulso y la fuerza de sus patas era notable podía casi alcanzarlo directamente.
El lobo lanzó un gran gruñido y ladrido y aunque pareció que se había olvidado de la molesta presencia de quien hasta hace poco le había estampado con violencia una gran rama a modo de bate de beisbol en la boca lo que hizo fue hacer como que se marchaba, decepcionado incluso, para correr contra aquel árbol madre y saltar sobre el tronco, cogió el suficiente impulso para que apoyando sus patas en el tronco e impulsándose de nuevo saltara hacia el que yacía sobre las ramas quien al ver la imponente figura del animal, con la boca abierta por la que cabía sin problemas medio cuerpo simplemente reacciono soltando el precoz arma y cayéndose de espaldas al vacío. Su cuerpo cayó más rápido de lo que lo hizo el lobo, sufrió un duro golpe que cortó su respiración e hizo emanar suaves hilos de saliva por el aire, notó como la luz del sol se oscurecía ante aquella figura, extendió su mano para coger aquella lanza. Y la bestia cayó sobre él.
El pelirrojo, que observaba desde esa cobertura arbórea que tenía simplemente abrió la boca acongojado, trató de decir algo pero su voz se escapo antes de que pudiera llegar a decir nada, desapareció como si nunca hubiera existido. De espaldas al lobo y siendo esto lo único que veía notó como un liquido rojo carmesí emanaba de alguna parte y caía al suelo desplazándose rápidamente como un mar muerte. Su mirada titubeó y se compungió al instante. Hubo otro movimiento, el lobo se tambaleó y cayó de lado, sus piernas hicieron ademan de moverse en un acto reflejo y no se movió mas.
Hubo otro momento de silencio, se escuchó el sonido de alguien escupiendo. El pelirrojo sacó su cabeza de aquella protección y ahora podía ver mejor a su compañero quien se levantó con pesadez y cansancio, si antes estaba bañado con una suave capa de sangre que se había pegado a sus mejillas y ropa ahora simplemente estaba bañada de otra aun más brillante. Con gran esfuerzo consiguió ponerse a cuatro patas y trató de respirar, sentía como el aire le faltaba, aquel golpe había sido demoledor para su espalda, sin embargo tras escupir sangre un par de veces más se reincorporó, sudaba sangre, su piel brillaba y sus ojos amarillos simplemente se encontraban un tanto aturdidos, jamás había matado nada, no que él recordara lo cual no era algo que inspirara más seguridad.
-¿Estás bien? –preguntó antes de comenzar a caminar mientras le tendía la mano para salir de aquel agujero. Su compañero asintió. Desvió su mirada a los arboles a través de la apertura de las copas de los arboles.
-Eso fue…
-La bandera. –le cortó mientras señalaba con un dedo aquella tela que estaba en lo alto de una colina a no más de tres cientos metros. –Vamos, hay que llegar. –el pelirrojo asintió.
Siguieron corriendo, aunque el corazón fuera a al menos dos mil por hora y estuvieran recubiertos de sangre. Aquella precoz arma que ya no tenía pues estaba incrustada en el cuerpo del lobo ya no podía protegerle, de nuevo indefenso y sin arma alguna, y quedaban dos lobos, o más, porque los aullidos no dejaron de escucharse tras sus espaldas. Tras unos minutos donde la bandera se apreció con más nitidez y cercanía se escucharon movimientos sobre las ramas. Ambos se detuvieron.
-¿Escuchaste eso? –preguntó el pelirrojo, el castaño asintió. -¿Qué crees que puede ser?
-No es un lobo, eso me vale.
Los ruidos se hicieron más puntillosos, como el de un ser que se mueve rápidamente, que hace crujir y susurrar todo cuantos sus pies tocan, venía de encima, de los arboles, ambos miraron a las ramas y se giraron cada vez que escuchaban sus sonidos tras la espalda y se produjo otro silencio. El tercero esa vez, de repente se escucho un "socorro" exactamente igual que como lo pronunciara el pelirrojo mientras estaba atrapado por el lobo, era el mismo grito pero en un tono más agudo. De repente algo cayó del cubierto cielo vegetal exactamente sobre el rostro del ojiamarillo. El susto fue tal que no supo cómo reaccionar y su instinto trató de quitarse aquello que cayó en su cara, mas aquello fuera lo que fuera no parecía querer quitarse y al final acabó perdiendo el equilibrio y moviéndose de formas extrañas, hacia atrás mientras intentaba con ambas manos quitarse a aquel ser de su cara, era anaranjado, peludo y se agarraba con fuerza.
Se escuchó un tintineo, como el de una campanilla, seguido de la rotura de una cuerda, el chico se detuvo y se volvió a escuchar como cosas se arrastraban y entraban en fricción con otras, de repente el suelo se plegó y de él emergió una cuerda que como si él fuera un pescado lo recubrió y lo lanzó a los aires, quedándose suspendido porque la cuerda maestra estaba atascada oportunamente entre dos ramas.
-¿Una trampa? –se maldijo en voz baja, al menos lo que fuera que se agarró a su rostro se hizo un ovillo inofensivo, ahora solo tenía que preocuparse de salir de ahí.
-Encontrareis trampas, bestias que quieren comeros y probablemente todo tipo de peligros, pero series observados en todo momento. –comentó con voz segura. –Pero no creáis que eso os salvará la vida, no se intervendrá en ningún momento.
-Urris, ¿tienes por ahí alguna daga? ¿Una piedra afilada?
-Nada. –negó el chico pelirrojo mirando al joven suspendido en aquella trampa.
-Maldición. –suspiró. –Sigue hasta la bandera, no importa, encontraré la forma de salir de aquí. –el otro hizo gesto de negación pero hubo otra orden. –Haz lo que te digo, me debes una.
Intentó librarse dando saltitos dentro de la trampa, tenía la vaga esperanza de que algo de fuerza hiciera retroceder el contrapeso y cayera al suelo, como tenía varias ramas probablemente el contrapeso pararía la caída y aunque se quedara a medio metro del suelo no tenía que preocuparse al menos de la caída, pero seguía sin poder salir, además de que lo de los saltitos no funcionó. Volvió a intentarlo, al mismo tiempo que notó como ese algo que se había lanzado a su rostro estaba vivo y temblaba, quizás de miedo, dejó entonces de tratar de forzar un mecanismo que no podía y cogió a aquella cosa con una mano. Era un animal de pequeño tamaño, al menos de complexión corporal, su torso, pies y cabeza medían unos no más de treinta y pocos centímetros, su pelaje era corto pero suave y de color naranja cobrizo, pero tenía una largas manos, quizás el doble de lo que podía medir su cuerpo verticalmente, tenía unos grandes e hipnotizantes ojos aguamarina.
Se quedó extrañado, ¿Qué clase de animal era este? Si lo había visto antes, desconocía su existencia y si no la conocía no había diferencia pues el no recordaba nada de este mundo. -¿Qué eres tú? –preguntó entrecerrando los ojos suavemente y apartando el rostro con suavidad. Lo curioso fue que no hubo un silencio ni un ruido animal, no, hubo una respuesta.
-¿Qué…eres…t...tú? –repitió aquel animal con una voz aguda e imitando el lenguaje corporal, echó su cabeza hacia atrás y le miró con los ojos entrecerrados. El rostro del joven compuso un gesto entre la máxima sorpresa y el terror más absoluto, ¿un animal que hablaba? De repente se escuchó un suave silbido provocado por una flecha, lo notó antes el propio animal que el joven que se hallaba atrapado y de repente hubo un fuerte tirón hacia abajó, el contrapeso paró la caída, pero no la detuvo y cayeron ambos al suelo, de nuevo, aunque al menos no fue de espaldas.
-Esta presa sí que es nueva, un Aeldar salvaje. –comentó con una sonrisa mientras cortaba las cuerdas.
-De nuevo me salvas, Noa. –agradeció antes de poder salir de aquellas cuerdas.
-Apestas a sangre. –recordó que todos estaban bañados en ella. –Más quiero decir. No llegaremos primeros, pero llegaremos a la bandera, algo es algo.
-Sí, creo que necesito un baño. - dijo mientras sujetaba tras su espalda a aquel bicho peludo. – ¿Podrías decirme una cosa?
-No, no voy a darte mi esponja, ni mucho menos bañarte. –bromeó riendo suavemente.
-Es otra cosa, ¿tú sabes que es este animal? –preguntó mostrando entonces su mano derecha que tenía a su espalda y le enseñó aquel animal.
El joven vigía al verlo emitió una sonrisa, esos animales podían ser de lo más divertido o una absurda pesadilla sin embargo parecía ser mas especial de lo que aparentaba. Extendió su mano para acariciar la cabeza del pequeño animal y este solo sonrió. Siguieron caminando.
-Es un flayn, es raro ver uno solo, por lo general suelen ir en grupos, de unos doce o veinte, suelen ir de árbol en árbol, les gusta la fruta y o son muy amistosos o son muy violentos aunque como mascota si te tocan de los primeros igual es incluso divertido.
-¿Suelen hablar? –preguntó observando como el flayn anaranjado se sentaba sobre su hombro se amoldaba a la cabeza del ensangrentado chico.
-¿Hablar? No, ningún animal habla, ni siquiera imitan los sonidos, ¿el golpe te hizo escuchar voces? –preguntó riendo, quizás había sido muy brusco. -¿Le salvaste de los lobos? –preguntó interesado, no era usual que se acercaran tanto a un humano.
-No, saltó sobre mi cara. –dijo con naturalidad, Noa rió, eso era más que normal.
-A todo esto, ¿Cómo diablos tienes tanta sangre por encima? –preguntó deteniéndose, ciertamente podía ser usual alguna hemorragia sutil incluso alguna medianamente intensa, pero tenía casi el ochenta por cien de su ropa y cuerpo bañado en sangre y apestaba a ese olor férrico.
-Pues…maté a un lobo. Intentó comerse a mi compañero, y a mí antes que a él. –Aeldar siguió caminando, quedaban pocos metros, quizás cien, para llegar a la bandera. Noa se quedó un tanto descolocado.
-¿Qué has matado a un lobo blanco? ¿A un lobo blanco sin que te dieran una espada? ¿En tu primera prueba? –eso parecía sorprenderle demasiado, en realidad tampoco había sido un logro tan espectacular si lo analizabas bien, claro que él no lo sabía. Aeldar asintió lentamente.
-Saltó sobre mí y simplemente usé lo que tenía a primera mano. –Noa le cogió de la mano y tiró de él casi a la velocidad de la luz, una exageración.
-Esto tiene que saberlo el Capitán Vroish. –hubo una réplica de parte de Aeldar, ¿había actuado mal? ¿No debía de matar a aquel lobo? Se confundió y no entendió que estaba pasando, le preguntó por si acaso debía de pedir perdón o pagar lo que hubiera costado aquel animal aunque no tenía ni una simple posesión. –Al contrario, la primera vez solemos o perdernos o recibir un mordisco, siempre aparecen para salvarte, pero nadie jamás ha conseguido derribar a uno de esos lobos, salvo el capitán y de eso hacen unos diez, quizás doce años.
* * * * Secuencia en Tiempo Actual * * * *
Tanto el Capitán Vroish como la matriarca estuvieron observando la prueba, como siempre se hacía, a los nuevos se les decía que se les dejaría totalmente solos, totalmente aislados entre algo que quería matarles pero no era buena idea que siempre fuera así, aunque hace demasiado tiempo se hiciera se comprobó que quien no recibía entrenamiento rara vez conseguía sino morir a manos de los lobos aunque antes se usaban dragones a los que se le habían cortado las alas, algo más peligroso y dañino que un lobo. Una esfera de luz seguía a cada uno de los participantes y como a modo de una gran televisión funcionaban como las cámaras. Todas las esferas enfocaron al que era el verdadero participante de la prueba, ese joven chico que estaba desmontando toda la lógica que habían encontrado desde que el mundo era mundo. Dichas esferas como era costumbre tan bien aparecieron en Sol Naciente donde el público al enterarse de que quien cayó del cielo jugaría a ese entrenamiento a vida o muerte, aparente, las apuestas no dejaron de fluir y aquella posada, como anunció más de una vez Noa, se llenó hasta que ni un hacha pudo entrar
-Es decir, que sus heridas se curaron rápidamente. –redujo Vroish mirando a la matriarca con suavidad para después llevarla a aquellas esferas, se mantuvo de pie mientras ignoraba el peso de las armas que portaba, algo a lo que ya se había acostumbrado, él pesaba ciento treinta y tres kilos, siempre, porque en hierro llevaba unos treinta kilos.
-En esencia…Sí, no obstante, es extraño, jamás he visto a nadie curarse tan rápido ni usando el flujo.
-¿No usaste tu flujo? –ella negó mientras apoyaba su rostro en la palma de de sus manos y estas sobre lo alto del báculo. -¿Qué pasa con ese chico? –se preguntó a si mismo mientras la mirada volvió sobre la esfera principal, una grande, en el centro, que mostraba la visión de Aeldar en primera persona, siendo sus ojos.
La hexagonal posada era el claro ejemplo de que el publico podía reaccionar simultáneamente frente a un desconocido e incluso aquel quien trabajaba mas en toda la villa, el herrero había asistido a aquella transmisión de la prueba, era un método que tenía mucho tiempo, la única forma de examinar si algo está bien o mal es mirando como lo miran los demás, teniendo en cuenta que un bosque es imposible de observar desde arriba y que desde abajo se pierde la visión global ese método usaba el flujo de la matriarca para controlar todo lo que sucedía. Afirmar que nadie miraba como Aeldar se las ingeniaba para sobrevivir era cuan menos una gran mentira. Todo el mundo se cuestionaba que haría quien casi igualó a Eosto en un combate por y para el hierro. Cuando lo vieron detenerse junto a su compañero y observaron de primera fila el lobo muchos esperaron que saliera corriendo, lo más sensato, sin embargo que se enfrentara a él, aunque fuera momentáneamente, levantó las expectativas…Que se cayeron sin demasiado esfuerzo al ver cómo caía contra el suelo colina abajo casi a la misma velocidad con la que él descendía.
Ninguno de los espectadores esperó que subiera por aquellos arboles ni que diera esquinazo a aquella gran bestia. La apuesta más grande era aquella que contenía la posibilidad de que Aeldar fuera el primero en llegar a la bandera, aunque enfrentándose a siete miembros recientes de la Orden nadie esperó realmente que lo consiguiera, sin embargo, Barnam apostó unas cuantas mantras a favor del chico, al menos debía de hacerlo, él había llevado gente a su taberna sin saberlo, se merecía un voto de confianza.
Lo que si demostraba es que lo que se escondía tras la figura de Aeldar era tan misterioso como seductor, cuando le vieron romper una rama algunos pensaron que la lanzaría contra el lobo, perdieron, otros que se lanzaría como un verdadero miembro ejecutor contra el perro y muy pocos que se marcharía sin ayudar a Urris, también fallaron. Cuando el publico observo a esa bestia como la observó Aeldar todos contuvieron el aire, esperando que pudiera saltar o simplemente retroceder, sin embargo, cuando cayó al suelo muchos contuvieron un mal gesto y esperaron a que el Capitán actuara.
-Entraré, va a morir. –dijo mirando a la matriarca seriamente, esta simplemente apoyó su delicada mano en el fuerte brazo del hombre.
-No intercedas. –ordenó. –Deja que resuelva el problema.
Los ojos profundos del hombre entraron en una lucha con los envejecidos de la matriarca, que no se apartaron de los primeros durante ningún instante, el hombre suspiró y se encogió de hombros mientras volvía su mirada a la esfera. –Si te apetece volver a curarle es tu decisión.
Cuando Aeldar cayó al suelo y su mano buscó por las cercanías algo que usar para defenderse notó como todo se oscurecía, su instinto le hizo coger aquella rama y colocarla a modo de bayoneta, estaba medianamente reincorporado y se escuchó como la piel se abría ante aquella arma y como la esfera se volvía roja como la sangre, la boca que estuvo a punto de devorarlo vivo ahora vomitaba sangre que no hallaba cabida más que emanando por su garganta, hubo un movimiento brusco, se hizo de nuevo la luz. Toda la taberna contuvo el aire al unisonó y al percibir como Aeldar se movía y parecía estar bien todos gritaron al aire emocionados, el chico había hecho algo que solo había conseguido antes el capitán y aquellos gritos tomaron aires melancólicos mas la visión no tardó en cortarse pues la bandera había sido tomada y todas las cámaras desaparecieron, enfocando solo al equipo ganador, donde iban curiosamente dos mujeres, Juvia e Iraella.
Se produjo otro intercambio de monedas, sin embargo Barnam no parecía perturbado. –Este chico…sí que es interesante. –y curiosamente, esas palabras emanaron también de la boca de los lideres de Ircada.
-Puede curarse rápidamente, es ágil, tiene amnesia y ha matado a un lobo blanco. –hizo un resumen Vroish. –Además de que consiguió resistir a Eosto.
-Lo quieres en la orden, ¿me equivoco? –preguntó la matriarca.
-El está interesado, supongo que si lo consigue al final acabe recordando quien es, y que sabe, porque sigue quedando en duda –sacó las escamas que ya había mostrado anteriormente a la matriarca. – lo que le atacó y porqué tenía escamas en sus heridas. –miró con gran detenimiento las escamas y las guardó, no eran de un animal corriente y que estuviera por los cielos no le hacía gracia, ninguna.
