2.-Otros males.
Julie ya no podía fingir demencia, Jack le había salvado la vida aquel día. Sí, lo veía, siempre lo había visto. Y había visto su desesperación, había visto cómo trataba de llamar la atención de otros niños, pero no había tenido el valor de acercarse a hablarle.
Y tenía sus motivos para no hacerlo, muy buenos. Pero seguía reacia a revelarlos, Jamie estaba sentado a su lado viendo cómo despertaba de su desmayo, la chica se sentó de golpe mirando por la ventana y luego al reloj de pared.
— ¡Mi mamá, ¿Ya llegó?!
—No, no ha llegado. Supongo que estamos de acuerdo en que no queremos decirle nada de lo ocurrido. ¿No?
—Por supuesto que no. ¿Qué le diríamos? ¿Mamá, un ente maligno del bosque casi me mata cuando hablaba de uno de los peores males de antaño, pero no te preocupes, Jack Frost me salvó la vida?
Jamie soltó una carcajada ante la afirmación de su hermana y luego negó con la cabeza. Al ver la sonrisa de Julie se sintió más tranquilo, había estado preocupado desde que se había desmayado, Jack la había llevado a su casa, recostado en la cama y cubierto con las colchas para mantener su calor y luego se había retirado al bosque.
— ¿Desde cuándo puedes verlo?
—Siempre lo he visto.
— ¿Por qué nunca me hablaste de él?
—Estabas demasiado ocupado con aliens, monstros, el hada de los dientes y pie grande como para escuchar.
—Y el conejo de pascua, no olvides al conejo de pascua.
—Y al conejo de pascua. No lo sé, no me pareció… buena idea hablar de él. —Su aura se volvió taciturna y ella perdió la vista en la ventana, parecía estar meditando algo pero sacudió la cabeza un poco y miró a su hermanito. — ¿Tienes hambre?
—Sí, mucha.
— ¿Qué te parece si te preparo unas crepas dulces?
— ¿Con chocolate y mermelada?
—Y cajeta, y mucha azúcar.
— ¡Sí!
—Y te lavarás los dientes con muchísimo más ganas que otros días para que no te regañe el hada por comer tanto dulce ni a mí por dártelos.
— ¿Crees en el hada de los dientes?
— ¿Toothiana? Sí, claro, yo veía a sus Baby-Tooth traerte las monedas. Son adorables. —Dijo poniéndose en pie pero se dejó caer a la cama de nuevo sofocando un grito de dolor.
— ¡Hermana!
—Tranquilo, todo está bien. —Dijo dándose cuenta de que tenía los patines puestos aún. — ¿Cuánto he estado inconsciente?
—Jack te trajo hace diez minutos, dijo que tenía que revisar el lago, yo fui a avisarles a todos que ya estabas bien. Se me olvidó quitártelos. —Dijo apenado viendo los patines.
—No te preocupes. —Julie se quitó el patín derecho para ver su pie; parecía tener una mordida de algo grande como un caballo, estaba ennegrecido en lugar de enrojecido y se veía un poco hinchado. —Esto… se ve interesante.
— ¿Te duele?
—Con el patín sí… —Dijo tratando de ponerse en pie. Un dolor no tan punzante como el anterior subió por su pierna pero era soportable. No podría saltar ni ponerse los patines pero al menos podría caminar. —No, no duele tanto.
—Mejor tú siéntate y dime cómo se hacen las crepas.
Julie soltó una risita y luego miró a su hermanito mientras se sacaba el otro patín y se ponía pantuflas. —Por supuesto que no. Solo ayúdame a llevar un banquito para recargar la rodilla y no usar el pie. Puedes ver si quieres y aprenderte la receta para luego hacerme crepas tú.
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Jack se valió del viento para llegar al único lugar al que sabía, encontraría una respuesta clara. El taller de Norte.
Phil lo vio en la entrada y lo amenazó con la punta de su dedo pero Jack lo miró con ojos suplicantes y mustió. —Norte, necesito hablar con él.
El yeti dudó un momento y dijo algo ininteligible para Jack pero luego lo dejó entrar. Una serie de duendes lo rodearon pero él los saltó usando de garrocha su cayado y corrió al taller del viejo de la navidad entrando sin tocar y tirando una pieza de dominó de hielo, lo que inició una reacción en cadena.
Norte soltó un grito pero Jack, con un golpe de su cayado en el suelo, hizo que todas las piezas volvieran a su lugar.
— ¿Cuándo van a aprender a tocar? —Gritó, pero al ver la cara de preocupación que el guardián más "joven" tenía, se levantó pisando algunas de las piezas y exclamó angustiado. — ¿Están dejando de creer en ti?
—No, no es eso.
Norte soltó el aire un poco más relajado. —Imagino que no estás aquí para turistear.
— ¿Conoces a Julie Bennett?
—Es la hermana mayor del pequeño Jamie. ¿Ésa Julie Bennett?
—Sí.
—Por supuesto que la conozco. —Dijo haciendo notar su acento. —Siempre estuvo en mi lista de los bien portados. ¿Por qué?
Jack suspiró para tranquilizarse y luego preguntó. — ¿Un humano normal puede tener poderes de guardián?
— ¿Cómo? ¿Poderes de guardián? ¿A qué te refieres con "poderes de guardián"?
—Sí, sí, como yo, que puedo controlar el clima frío a mi antojo. O el conejo, que puede crear túneles y aparecer flores.
—No lo sé. Nunca me había puesto a pensar en eso.
— ¿Y la luna? ¿El hombre de la luna no lo sabe?
—Sí, supongo que sí. ¿Por qué? ¿Tiene que ver con Julie Bennett?
— ¿Hay otros males aparte de Pitch Black? —Exclamó ignorando su pregunta.
—Jack, más despacio. A penas te sigo… —Jack lo miró suplicante y luego Norte asintió sentándose. — ¡Que nos traigan chocolate, y galletas! —Exclamó por una especie de teléfono antiguo que estaba colgado en la pared. —Siéntate Jack. Vamos a platicar.
Jack obedeció sentándose donde Norte le indicó y esperó paciente por la respuesta. Un duende entró haciendo equilibrio con una charola en la que llevaba el chocolate y las galletas. Había también distintas piezas de pan por lo que Jack se metió un trocito de pan blanco a la boca y comenzó a masticar para calmarse. No se negó cuando Norte le ofreció la taza de chocolate. Tras darle un trago y sentir cómo el calor se le metía a los huesos, se tranquilizó y preguntó. — ¿Hay otros males en el mundo? Además de Pitch Black.
—Mira Jack, lo primero que tienes que entender es que tiene que haber un equilibrio en el mundo entre maldad y bondad. La luna también tiene su enemigo, y contrario a lo que muchos opinan, no es el sol. Es la oscuridad. Pitch fue su primer sirviente. —Jack asintió dándole otro sorbo al chocolate. —Bien, cuando vencimos a Pitch y acabamos con la edad oscura, la luna nos consagró la tarea de no permitir que el miedo se apoderara de los niños nunca más. Entonces llegó algo peor que el miedo. La… desesperanza. Y con ella llego Siom. No sé si la conozcas.
—No, en mi vida la he visto, pero he escuchado un par de historias de ella.
— ¿Quién te las contó?
—Julie Bennett… bueno, no a mí, a los niños, a los amigos de Jamie. —Norte sonrió notando el ligerísimo rubor de Jack al mencionar el nombre de Julie, pero justo cuando iba a mencionar ese hecho, Jack cambió su expresión por una de escándalo y exclamó. — ¡Julie! Norte, ella nos estaba terminando de contar la historia de Siom cuando una cosa salió del bosque y la atacó. Al principio creí que era una pesadilla de Pitch pero el hielo se derritió cuando Julie salió disparada y…
— ¿Salir disparada?
—La cosa golpeó el hielo y la lanzó al aire, unos seis metros.
— ¿Y qué pasó? —Exclamó Norte adelantándose en la silla y tirando el plato de galletas y el pan, mismos que le dieron de lleno en la cabeza a un duendecillo que husmeaba ente las migajas de galletas que habían caído antes.
—La atrapé en el aire.
— ¿Qué? ¿Pudiste tocarla?
—Sí… ella cree en mí… y en todos nosotros.
—Valla… diecisiete ¿eh? Ya es un poco mayor para creer.
—Eso no es todo… creo… creo que puede deshacer lo que yo hago.
— ¿A qué te refieres?
—Ésta mañana le congelé el agua de las tuberías a Jamie para que lo dejaran salir a jugar y ella se puso a lavar los platos.
— ¿Descongeló el agua?
—No me consta, nos fuimos antes de que abriera la llave.
—Ya. —Dijo asimilándolo. — ¿Hay algo más que hayas alcanzado a notar de la humana? Algo raro o inusual, quiero decir.
—No, bueno… patina excelentemente… —Comentó con una sonrisa medio boba y viendo el chocolate. Sin embargo su expresión se volvió sombría al pensar en el hielo cuarteándose. — ¿Qué poderes tiene Siom? Julie solo dijo que podía traer desesperanza… pero…
—La desesperanza puede tomar muchas formas, dependiendo de cuanta fuerza tenga Siom. Puede ser del tamaño de una polilla o del de una ballena
—La última vez que vencieron a Pitch llegó ella… si es una especie de ciclo para compensar el equilibrio de bondad y maldad en el mundo… bueno… ¿Crees que Siom esté… cerca o algo así? —Dijo después con preocupación.
—No lo sé. Sinceramente. ¿Por qué no regresas a casa? Estaré al pendiente de lo que pueda pasar y le avisaré a los otros para que tengan los ojos bien abiertos.
— ¿Estás seguro? Digo, ¿estará bien dejar esto pasar?
—Hasta no saber a qué nos enfrentamos no podemos hacer nada. Descansa, mantente sereno ¿Quieres? —Jack se terminó el chocolate y se levantó para irse, sin embargo Norte exclamó. — ¡Ah, Jack! ¿Cómo va tu mural?
El chico sonrió mirando a su amigo. —Va bien. —Comentó pensando en lo que se había convertido en su guarida. Todos los guardianes oficiales tenían un mural obsequiado por la luna, el de Jack estaba en un manantial subterráneo alimentado por el lago, tenía una entrada tan bien oculta que de no ser por la luna, jamás habría visto. Se había vuelto su hogar, todo un castillo de hielo. —Deberías ir a verlo, te agradaría. —Comentó viendo el sinnúmero de cachivaches y juguetes de hielo que había a su alrededor. —Podría parecerse mucho a tu taller, claro si tuviera herramientas y algunos juguetes.
—Cuenta con que iré a verlo pronto, mi amigo.
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(YouTube/watch?v=CiOujYl2TjM)
Julie estaba sentada en el marco de su ventana, un ventanal con asiento precioso, del que la base era una cajonera bordeada por un par de libreros pequeños. El acolchado era color arena suave, mientras que el marco y las ventanas de un azul tan claro como los ojos de Jack; aquel era su refugio, mismo en el que ella se sentaba a leer, escribir, escuchar música o simplemente ver la luna. Muchas veces se quedaba a dormir ahí con tal de ver el resplandor de la luna llena en el cielo y sentirse segura y lejos de la oscuridad.
En ésta ocasión miraba al astro con cierto reproche, tenía una mano sobre su tobillo lesionado y la otra en su bufanda favorita, misma que descansaba sobre su regazo.
Una sombra se materializó en su habitación llenando a la chica de desolación y tristeza, sin embargo ella suspiró sacudiéndose las emociones negativas y murmuró.
—Hola Siom.
—Hola Rosalie.
La cordialidad en ambas voces indicaba que eran enemigas pero que se respetaban mutuamente, dejaban bien en claro que no querían tener problemas ni meterse la una con la otra. —Te he dicho que no me llames así… ¿Se puede saber por qué hiciste esto? —Recalcó señalando su tobillo.
—No tengo por qué darle explicaciones a una humana.
— ¿Entonces con qué fin estás aquí?
Siom guardó silencio. Una criatura pequeña, un zorro hecho de humo negro, se materializó a su lado trepando hasta sus hombros y ella lo acarició casi con embeleso. —Se acercó demasiado a ti. Teníamos un trato.
—No fue mi culpa, fuiste tú la que nos puso en riesgo. ¿Por qué, eh?
—Soy la encarnación de la desilusión y la desolación.
— ¿Y?
— ¿Cómo crees que se sienta Jack Frost de saber que una humana lo ha visto toda su vida y nunca se lo dijo?
— ¿Por qué haces esto Siom? ¿Por qué no quieres que sea su amiga? Todos los niños lo son, yo también puedo serlo.
—Pero tú no quieres ser su amiga ¿O sí? No lo ves con esos ojos. Te interesa, te mueres por probar sus labios, por sentir su frio, por estar con él. —Murmuró acercándose a Julie tanto que ella pudo percibir el aroma a humedad que desprendía Siom. —Tú no quieres ser su amiga. —Recalcó desvaneciéndose en una nube de humo. Julie no pudo evitar soltar unas lágrimas y al bajar la vista hacia sus pies vio que el zorro de antes le lamía la herida.
— ¡Largo! —Gritó saltando y dándose cuenta de que su herida había desaparecido.
—Él no te ve como a una posibilidad. —Escuchó decir a la voz de Siom en la oscuridad de tu cuarto.
— ¡Largo! —Repitió con más fuerzas y poniéndose en pie.
