4.-Tareas de guardián.
Jack siguió al conejo en su túnel no sin antes cristalizar con hielo el marco de la ventana, escarcharlo, y escarchar también todo el techo para dejarle algo a Julie con lo qué defenderse. Consciente de que no podría protegerla por sí mismo, esperó que ella fuera lo suficientemente fuerte como para hacerlo.
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El taller de Norte era bastante colorido y estaba lleno de yetis pintando y arreglando nuevos juguetes para navidad, aunque bien podría faltar bastante, era bueno tener las cosas listas antes de la fecha.
— ¿Por qué te llamaron a ti? —Preguntó Jack mirando a Bunnymund.
—No lo sé… Quizá porque soy tu mejor amigo. —Ironizó el conejo.
—Oh, vamos Bunnymund. ¿Me vas a decir que ya no me amas? —Dijo acorralando al conejo con su cayado contra una pared sin que nadie los viera. Sintiéndose completamente invadido pero sabiendo que la mejor manera de zafarse de aquello era contraatacando con la misma moneda, tomó la cintura de Jack y murmuró en su oído.
—Yo nunca dije eso. —Con la piel erizada por los nervios, Jack se alejó y siguió caminando molesto. —Eso ya no va a funcionar conmigo niño. Tendrás que hacer algo mejor.
—Me doy cuenta.
Norte miraba por la ventana de su taller cómo los duendes iban y venían casi sin estorbar el trabajo de los yetis. Le gustaba saber que su taller funcionaba a la perfección, le encantaba ver a sus yetis hacer los juguetes que él hacía en modelos de hielo. Sin embargo la sensación que lo invadía en aquellos momentos al verlos no era la de alegría sino la de frustración, pues sabía que había algo más allá de todo el hielo y la nieve, algo a kilómetros de ahí que podría afectar a uno de los guardianes de sobremanera.
Jack y Bunnymund entraron al taller y esperaron a que Norte los mirara. Sin embargo, antes de hacerlo murmuró. — ¿No sabe por qué está aquí?
—No. —Dijo el conejo. Jack lo miró indignado y luego miró a Norte sintiéndose completamente ofendido.
— ¿Para qué estoy aquí Norte? —Dijo con resentimiento.
—La luna nos habló. Sobre Julie.
— ¿Qué? ¿Qué dijo? —Exclamó helando sin querer todo el cuarto.
—No puedes soltárselo sin antes prepararlo para… —Trató de decir Bunnymund tan rápido que Jack no lo entendió, Norte por su lado lo ignoró y exclamó.
—Dijo que ella corre peligro. (YouTube/watch?v=mgJ8BZi3vTA)
Por primera vez en trescientos años, Jack temió por la vida de otro ser humano, no como se había preocupado por Jamie cuando Pitch lo había amenazado, ni como cuando su hermanita había peligrado en aquel lago, era algo más… intenso.
Se sintió desmayar y agradeció el hecho de que el conejo de pascua lo detuviera antes de que en realidad perdiera el equilibrio. — ¿Cómo que peligro?
—Norte. —Reprendió el Conejo. —No puedes soltarle algo así al chico sin antes explicarle nada. Vas a hacerlo colapsar de verdad.
—Tú pudiste haberme prevenido. —Le reclamó el muchacho.
—No, no corriendo a una velocidad de seiscientos kilómetros por hora.
Jack asintió sabiendo que él tenía razón. Luego miró a Norte, y más tranquilo preguntó. — ¿Qué clase de peligro?
—Recuerdas que hace poco hablábamos de Siom…
— ¿Siom regresó? —Comentó el conejo.
— ¿No te dije que se trataba de Siom? —Se extrañó Norte.
—No, solo dijiste lo demás.
—Bien. La luna me dijo que había una humana en el mundo, muchos con ésa capacidad, de hecho, pero una importante, capaz de deshacer o modificar lo creado por los otros guardianes. No solo tu hielo, sino las habilidades de todos.
— ¿Cómo cuál?
—Ella podría usar mis túneles por ejemplo… —Dijo el conejo. —No sé si les hayas puesto atención pero cuando se cierran aparecen flores…
—Lo que es por cierto, muy cursi. —Dijo tratando de bromear, cuestión por la que el aludido supo que Jack ya estaba mejor. MUCHO mejor.
—Ella podría hacerlas brotar en la nieve.
— ¿Qué?
—Lo que escuchaste, ella es muchísimo más de lo que aparenta y cree…
— ¿Eso quiere decir que ella es perfectamente capaz de defenderse no es así?
—Sí… y no.
— ¿Cómo que sí y no?
—Verás, ella y Siom son enemigas hace un tiempo…
—Rosalie…
— ¿Perdón?
—Rosalie… Ella nos contó la historia de Rosalie y Siom. ¿Ella es Rosalie?
—No lo sé. Solo sé que su enemistad comenzó hace siglos. Verás, Siom pensaba que si podía desilusionar a alguno de los guardianes, podría vencernos a todos. No solo a los guardianes oficiales, sino a todos los mitos del mundo.
— ¿Mitos del mundo?
—El ratón de los dientes, los reyes magos, la marmota, el duende de la fortuna…
—Ya, ya caigo.
—Bien. El hombre de la luna nos ha mandado una nueva encomienda… parece ser que es necesario que nos ayudes con una pequeña tareíta de guardián.
—Escucho. —Dijo emocionado sabiendo que (Sin contar el encuentro con Pitch el año anterior por su poca cooperación) ésta sería su primera tarea oficial como uno de los guardianes.
—No quiero que tengas grandes expectativas cada vez que te pongamos una tarea, podría no ser lo que tú esperas.
—Oh, vamos, una tarea como guardián, así sea crear una nevada en una ciudad pequeña, es muy importante para mí. Quiero hacerlo.
—Bueno, es más entusiasta y consciente de lo que yo creía. —Concedió el conejo sonriendo ampliamente.
—Jack, el hombre de la luna cree que Siom anda tras Julie. Creemos que está molesta por no haberte desilusionado del todo, ya que como has sido la última adquisición del equipo… bueno, creyó que serías el más débil y por lo tanto, el más sencillo de atrapar.
—Oh vamos, no soy carne tan fresca.
—Pero Julie sí…
— ¿Cuál es la tarea?
—Julie es la tarea. Cuidarla.
Jack se esperaba todo, todo menos aquello. Y la prueba más clara fue que su expresión cambió a la de sorpresa y abrió la boca y los ojos tanto como pudo sin hacer un verdadero esfuerzo.
Bunnymund soltó una carcajada para luego exclamar. — ¿Qué? ¿Te pone nervioso la hembra? Pobre Jack. No es tan malo. Las del sexo opuesto no son tan malas.
— ¿Lo dices por Janeth? —Inquirió Norte consiguiendo que el conejo lo mirara sorprendido.
— ¿Qué sabes de Janeth?
—Que te gusta y puede verte.
—No me gusta, y no hablaba de eso. Hablaba de lo que sabes de Julie. Habilidades para lo que nosotros hacemos.
—Ah, eso. Pues…
— ¿Cuidarla cómo? —Gritó Jack recuperándose de la sorpresa.
—Todo el tiempo, mantenerte cerca el mayor tiempo posible y enseñarle a usar sus poderes para bien de los niños. Ayudarla a identificar su centro y esas cosas.
—No quiere decir que vivas en su cuarto. —Recalcó el conejo. Jack se sonrojó ante aquella afirmación por lo que el conejo sonrió. — ¿Sí te gusta la humana?
—No me gusta ninguna humana.
El conejo golpeó el suelo dos veces abriendo un túnel bajo Jack y luego de que el callera soltado un grito, murmuró. —Ya veremos si no.
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Caída la noche, Julie miraba la luna por la ventana, claramente había escuchado el murmuro en su oído, había murmurado su nombre seguido de otra palabra que no había alcanzado a entender. Estaba segura de que no era en algún idioma que ella entendiera, de ser así, lo habría comprendido a la primera. Ahora que pensándolo mejor, apenas había sido un susurro, bien podría haber sido algo en su idioma y ella no lo habría comprendido jamás.
Sonrió para sus adentros al sentir el frio aumentar en su habitación y se dio la vuelta a tiempo para ver un túnel abrirse en el piso de su cuarto y luego a Jack salir disparado hacia su cama. Sonrió viendo cómo el guardián se ponía en pie de un salto y apuntaba a su alrededor con el cayado a la defensiva y con la capucha de su chamarra sobre los ojos. Al ver a Julie taparse la boca para no reírse, sonrió recargándose en su cayado y murmuró. — ¿Qué tal el clima?
—Frío.
—Eso pensé… Quiero mostrarte algo. —Exclamó bajándose la capucha.
— ¿Es muy lejos de aquí?
—No, en el lago. Cerca de ahí. —Julie miró su habitación pensando en que todos en casa estaban durmiendo por las adentradas horas de la noche. Asintió con rapidez y se subió a la espalda de Jack cuando él sea agachó frente a ella. —Solo no vayas a gritar.
Y tras decir aquello, saltó por la ventana exclamando. — ¡Viento, al lago!
Una corriente los atrapó antes de que llegaran al suelo y lo levantó llevándoselos con el rumbo antes pedido. Julie no gritó pero no negó sentir ganas de hacerlo, sin embargo sabía que despertaría a todos en el vecindario si lo hacía.
Cuando aterrizaron sobre la superficie, la chica se dio cuenta de que no llevaba ni siquiera sus pantuflas. —Jack, me olvidé ponerme algo en los pies.
—No te preocupes. ¿Cómo sigue tu fiebre?
—Mejor, ya me estoy normalizando.
—Entonces no hay problemas con que te cargue un poco más… ¿Estoy muy frío?
—No me molesta el frío. Yo normalmente no estoy más caliente que tú. —Jack se sonrojó ante la afirmación pero no permitió que Julie lo viera, comenzó a caminar sobre la nieve sin hundirse ni por el peso de la chica, cuestión que la sorprendió pero no dijo nada al respecto. — ¿A dónde vamos?
—A mi casa. Quiero mostrártela. —Comentó caminando sobre la superficie del lago hacia una formación rocosa que a la que nadie solía prestar mucha atención. Julie nunca había reparado en que las mismas formaban una especie de cueva poco profunda, así que observó detalladamente cuando Jack puso la mano en lo que parecía ser la pared de fondo y ésta desapareció. Julie sonrió maravillada y Jack saltó al interior de lo que parecía ser un túnel un poco inclinado, al final del cual se encontraba un precioso manantial cristalizado en la superficie. Las formaciones rocosas que lo conformaban eran preciosas y la luz de la luna entraba en distintas zonas iluminando el lugar de colores, casi era como ver el palacio de Tooth con predominancia de azules, y la sensación de impresión era como ver la madriguera de Bunnymund o incluso el taller de Norte.
A pesar de ser una capa de hielo lo que recubría la superficie, el agua era tan clara que podías ver el fondo del manantial sin problemas, en algunos puntos era más profundo pero no por eso dejaba de verse con suma claridad.
— ¿Este es tu hogar?
—Sí… Pero no paso mucho tiempo aquí. Normalmente estoy con los niños.
— ¿Qué es eso? —Dijo señalando una pared demasiado lisa y llena de colores como para ser de roca. Él sonrió y solidificó un espejo de hielo para reflejar la luz a la pared que había mencionado Julie anteriormente.
—Es mi mural. —Dijo acercándose a él.
— ¿Tu mural? —Repitió la chica con embeleso tratando de poner una mano sobre los colores y apreciando la pintura completa. Jack estaba casi al centro rodeado de niños, sin embargo, en algunos puntos había niños que no estaban del todo completos y el brazo derecho de Jack estaba como interrumpido en una parte pues solo se alcanzaba a apreciar una parte cerca del hombro y su mano, que parecía sostener algo; él por su parte estaba flotando de frente con el cayado en la mano izquierda, alejado de su cuerpo tanto como el brazo se lo permitía; había un niño idéntico a Jamie y otra más, parecida a Pippa, su hermanita, que trataba de alcanzarle la mano incompleta, el Jack del mural miraba hacia su derecha, parecía tener la mirada perdida en algún lugar.
—Todos los guardianes tienen uno. Uno que los representa, que representa su centro.
— ¿Su centro?
—Sí, el de Bunnymund la esperanza; el de Toothiana es la fe; el de Meme son los sueños; el de Norte es el asombro; el mío es la diversión… que es lo que protejo. Es lo que cuidamos en los niños. —Dijo poniendo la mano sobre el mural con cierta nostalgia de recordando que a poco más de un año antes, Norte se lo había dicho a él con aires solemnes, como él ahora. —Pero el mío está incompleto.
— ¿Qué hace falta para que esté completo?
—No lo sé, tal vez la luna se quedó sin tinta. —Bromeó.
Julie soltó una carcajada procurando no aturdir a Jack y luego volvió la vista al mural. —Es muy bonito. ¿Es Jamie?
—Sí, al menos eso creo.
— ¿Y ella?
—Pippa.
—Pero Pippa tiene el cabello corto.
—No esa Pippa, es mi hermanita. Yo tenía una hermana menor antes de todo esto.
— ¿En serio?
—Sí, todos los guardianes fuimos humanos alguna vez.
— ¿Cómo te volviste guardián?
— ¿Qué te parece si volvemos a tu casa y te platico en el trayecto?
Julie sonrió asintiendo y se aferró del cuello de Jack cuando él salió disparado en dirección a la salida y luego a casa de la chica.
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Siom estaba rodeada de tinieblas y oscuridad, parecía estar rodeada de una negrura tal que no tenía fin. Sin embargo, frente a ella había un espejo plateado en el que en lugar de reflejarse ella, se apreciaba la figura de Jack inclinado sobre Julie, que dormía profundamente. Siom le propinó un puñetazo soltando un grito al ver que el guardián besaba la frente de la humana antes de salir a sentarse en el techo.
—Ya me las pagarán. Los dos. Verán quien soy en verdad y lamentarán haberse metido conmigo.
