¡Buenos días, lectores! Antes de nada me disculpo por dejar prácticamente abandonado este proyecto. Un descuido bastante grande por mi parte. Está permitido tirar tomates. Si así lo desean. Pienso que me lo merezco.

Este proyecto va dedicado a Itzel Milkan, llevamos un tiempo sin hablarnos y, en cierto modo es una disculpa. No me ha quedado como yo me imaginaba, sinceramente.

Llevaba pensando en este capítulo dos semanas, y por fin me decidí a escribirlo en el Word. Simplemente espero que disfruten, en especial Itzel Milkan, una de mis modelos a seguir! ^^

Antes de nada, unos pequeños avisos:

-Transcurre antes de llegar a la isla Sabaody.

-Se basa en la pareja LuNa, aunque no haya romance.

Ahora sí, que disfruten:

Encerrados

—¡Abrid la puerta, so-memos! —suplicaba una joven golpeando fuertemente la puerta de madera de la pequeña sala desesperadamente— ¡Y tú! ¡Deja de comerte toda la comida! ¡Nos vas a dejar sin provisiones!

—¡Pero es que tengo hambre! Y tengo que aprovechar que no está Sanji para regañarme.

—¿Y qué diferencia hay si yo también estoy? —Preguntó la otra con una gota resbalándole por la cabeza—. Además, en cuanto nos saquen de aquí y vea la despensa medio vacía te echará al mar.

—Pero me habré comido toda la comida y podré morir en paz —dijo él tumbándose boca-arriba observando el techo de la pequeña sala.

—¡¿Pero cómo puedes estar tan tranquilo? ¡Si estamos aquí es por tu culpa! —le acusó ella con el dedo.

—¡Pero fue una risa!

~5 horas antes, 5:05a.m~

La cocina estaba a oscuras tan solo iluminada por una pequeña vela situada en el centro de la gran mesa principal.

Seis caras eran iluminadas por aquella pequeña luz. Tras unos minutos de silencio, un hombre de nariz larga habló:

—Bienvenidos seáis a mi guarida, chicos y Robin. Gracias por haber venido tan pronto —dijo el narizotas siniestramente.

—Deja de hacer tonterías, Usopp, y dinos por qué nos has hecho madrugar tanto —le cortó Zoro malhumorado.

—Vale, vale. Está bien. La razón por la que os he llamado es porque necesito vuestra ayuda para gastar una broma a Luffy.

—¿A Luffy? —preguntaron todos menos Usopp sorprendidos.

—Sí. Pensadlo bien. Él siempre está gastándonos bromas. ¡Creo que ya es hora de devolvérsela!

—¿Y por qué no están ni Sanji ni Nami? —preguntó el renito inocentemente.

—Buena pregunta, Chopper —le felicitó el francotirador—. La razón es porque si se enteraran no nos permitirían hacer nada y acabaríamos en quién sabe dónde. Créeme. Mejor que no sepan nada —dijo asintiendo el mismo con la cabeza con tono superior—. Ahora acercaos.

~2 horas después, 7:05a.m~

El sol iluminaba fuertemente la cubierta del Sunny Go. Una oportunidad no desaprovechada para las mujeres de la tripulación, quienes se encontraban charlando animadamente a la vez que tomaban el sol.

Los temas salían sin ton ni son; sin darse cuenta siquiera. Por lo que, de una cosa a otra, surgió un tema bastante poco particular:

—Uff… Qué calor que hace… —comentó Nami abanicándose con la mano.

—La verdad es que sí. Llevábamos días sin este sol tan abrasador —dijo la morena sonriente—. Creo que voy a ir a la cocina a por algo fresco.

—No. Deja que vaya yo —la interrumpió Nami levantándose—. Le pediré a Sanji-kun que nos de algo fresco y ya está. ¡Espérame aquí! —dijo ella dirigiéndose a la cocina.

~En la cocina~

La puerta de la cocina se abrió bruscamente dejando paso a un joven de cabello negro con un sombrero de paja.

Éste lo único que hizo fue sentarse en la mesa apoyando su cabeza sobre ambos brazos encima de la mesa y suspirar agotadamente.

—Sanji… ¿Podrías darme algo refrescante? Hace mucho calor ahí fuera…

—No. Te esperas a la hora del almuerzo —le respondió secamente el cocinero sin siquiera mirarle.

—¿Pero por qué?

—Porque no.

—Joooo…

Los minutos pasaron en silencio para los dos, hasta que la puerta de la cocina volvió a abrirse; esta vez dejando paso a una delgada figura femenina en bikini.

Ambos hombres se giraron rápidamente para ver quién había abierto la puerta. Sus reacciones fueron diferentes: el capitán volvió la vista hacia la mesa, al contrario que el cocinero, quien se dirigió alegremente hacia la pelirroja.

—¡Hola, Nami-swan! ¿Deseas algo?

—¡Sanji-kun! ¡Te estaba buscando! ¿Podrías prepararnos algo refrescante a Robin y a mí? Hace demasiado calor y no podemos aguantar a la hora del almuerzo…

—¡Por supuesto! ¡Os haré un rico helado especialmente para vosotras dos! —exclamó Sanji dirigiéndose al congelador— Solo espera un poco. Siéntate si quieres.

—Gracias, Sanji-kun —contestó Nami sentándose en frente de Luffy.

—Jo..., Nami, ¿cómo lo hacéis tú y Robin para que Sanji os prepare comida siempre que queráis? —preguntó Luffy deprimido dirigiendo su mirada hacia ella.

—Si no engulleras tanto a lo mejor no te pasaría eso… —comentó ella suspirando— Pero teniendo en cuenta el calor que hace, le pediré a Sanji-kun que te de aunque sea un granizado.

—¡¿De verdad? ¡Muchas gracias, Nami! ¡Eres la mejor! —dijo éste alegre abrazándola.

Tras soltar del abrazo a su amiga, Nami se dirigió a Sanji intentando convencerle de que hiciera, como mínimo, un granizado para Luffy. A regañadientes, el cocinero aceptó y dejó a mitad lo que preparaba para las mujeres para realizar un pequeño granizado para su capitán.

Una vez terminado, el cocinero dejó en la mesa un granizado de limón preparado para Luffy. Pero, desgraciadamente, al coger el granizado, éste se le resbaló de la mano, y lo que había en su interior acabó en la cabeza de la navegante; quien segundos después, se levantó furiosa y empezó a perseguir a su capitán por toda la cocina sin siquiera molestarse en secarse.

Sanji iba detrás de Nami intentando golpear a Luffy por tal error. Pero, al tener la idea el menor, de esconderse en la despensa, no contó con que a Nami le diera tiempo a entrar mientras cerraba la puerta con candado.

De algún modo u otro, al cerrar Luffy la puerta un cubo lleno de sake cayó de lleno encima de Nami. Ésta, furiosa a más no poder, maldijo su suerte acercándose lentamente a Luffy, que retrocedía temerosamente hasta toparse contra la pared.

Cuando Nami lo tenía acorralado contra la pared, cerró los ojos esperando un fuerte golpe por parte de la joven; un golpe que nunca llegó.

Temerosamente fue abriendo poco a poco los ojos para encontrarse con Nami limpiándose el cuerpo del líquido y granizado y refunfuñando insultos y maldiciones por lo bajo.

Un fuerte estornudo lo hizo reaccionar. Tras unos segundos en silencio meditando, decidió quitarse su chaleco rojo y dárselo a Nami. Ésta solo lo miraba con desconfianza y extrañeza sin saber del todo qué hacer.

—Cógelo. Al fin te cuentas todo esto es culpa mía.

La pelirroja se sorprendió al oírle decir eso. Su capitán poco a poco iba madurando. Sonrió para sus adentros, cogió el chaleco y se lo colocó por encima.

—Gracias, Luffy —le agradeció ella con una amable sonrisa.

—Shi shi shi shi, de nada, Nami.

~En la actualidad, 10:05a.m~

—¡Abrid la puerta, so-memos! —suplicaba una joven golpeando fuertemente la puerta de madera de la pequeña sala desesperadamente— ¡Y tú! ¡Deja de comerte toda la comida! ¡Nos vas a dejar sin provisiones!

—¡Pero es que tengo hambre! Y tengo que aprovechar que no está Sanji para regañarme.

—¿Y qué diferencia hay si yo también estoy? —Preguntó la otra con una gota resbalándole por la cabeza—. Además, en cuanto nos saquen de aquí y vea la despensa medio vacía te echará al mar.

—Pero me habré comido toda la comida y podré morir en paz —dijo él tumbándose boca-arriba observando el techo de la pequeña sala.

—¡¿Pero cómo puedes estar tan tranquilo? ¡Si estamos aquí es por tu culpa! —le acusó ella con el dedo.

—¡Pero fue una risa!

—No sé dónde tienes la cabeza… —suspiró derrotada.

Los minutos pasaban eternos para ambos muchachos, y el silencio que los acompañaba no ayudaba mucho.

Desesperada al ver que nadie le hacía caso, decidió parar de pedir ayuda, tranquilizarse, y descansar.

—¿Cuánto tiempo llevamos encerrados? —preguntó Luffy masticando.

—No lo sé. Tres horas o así… Qué asco… ¡En cuanto salgamos de aquí los voy a matar a todos!

—¿Y por qué no destrozo la puerta? —sugirió él levantándose.

—¡¿Podías destrozar la puerta desde el principio? —Preguntó ella sorprendida— ¡¿Y por qué no me lo has dicho antes?

—Es que entonces no podría comerme toda la comida…

Nami, furiosa, se acercó a él lentamente y cuando estuvo a unos pocos centímetros de su cara, la agarró y la estampó fuertemente contra la pared, haciendo un gran agujero que comunicaba con la cocina.

—¡Pedazo de idiota! —lo insultó Nami saliendo por el agujero, seguida de Luffy.

Aunque la escena que se encontraron no fue muy agradable. Sanji estaba atado de cuerpo entero a la parte inferior de la mesa; rodeado por el resto de la tripulación. Algunos simulaban hacer sus quehaceres diarios en la cocina; otros intentaban cubrir a Sanji para que no lo encontraran, que fue el caso de Chopper, Usopp y Brook.

—¡Sanji-kun! ¿Qué te están haciendo? ¡Soltadle! ¿A qué esperáis? Y que no escape ninguno de vosotros de la cocina; incluido tú, Luffy —especificó notando como poco a poco se iba alejando su capitán de ella.

*~*~*~*~*Bromas*~*~*~*~*

—¡Pero, Nami, fue solamente una broma! ¡Créenos, de verdad! Y estaba dedicada a Luffy no a ti, ni a Sanji —explicaba Usopp temeroso intentando hacer entrar en razón a Nami y Sanji.

—¿Y por qué demonios no nos lo has contado a nosotros, narizón? —preguntó Sanji.

—P-p-pues… porque sabía que no nos dejaríais por la comida…

—¿Me estás diciendo que es mejor gastarle una broma a tu capitán y dejarnos sin reservas de comida, antes que estar todos navegando tranquilamente con nuestras reservas intactas? —volvió a preguntar, esta vez Nami, crujiéndose los dedos de ambas manos.

—No había pensado en eso; l-l-lo siento mucho —tartamudeó el tirador arrodillándose.

—En fin… si no habías pensado en eso, ¿qué se le va a hacer? Lo hecho, hecho está. Pero aun así estamos casi sin reservas.

—Por cierto, Nami-san, ¿por qué tienes el chaleco de Luffy tapando tu cuerpo?

La pregunta de la arqueóloga hizo que Nami y Luffy se sonrojaran levemente.

—Es verdad. ¿Qué le has hecho a mi Nami-swan, imbécil?

—Nada, Sanji-kun. Estaba empapada gracias a Usopp, y como iba en bikini y estaba temblando, para que no me resfriara Luffy me dejó su chaleco; nada más.

—Más te vale que sea verdad —contestó Sanji por lo bajo a Luffy con una mirada asesina—. Aun siendo así, no podemos olvidar que te has acabado casi todas las provisiones; ¿qué puedes decir al respecto?

—¡Que estaba deliciosa! Shi shi shi shi —rió el moreno con una sonrisa de oreja a oreja despreocupada.

—Pedazo de burro. Vete preparándote —dijo el rubio corriendo detrás de Luffy.

—Y en cuanto a vosotros, ¿por qué no habéis hecho algo para parar a Usopp con su idea? —preguntó Nami con una falsa sonrisa ignorando a Luffy y Sanji.

—Bruja, nosotros no somos unos amargados responsables como tú. Déjanos vivir —dijo Zoro despreocupado con tono arrogante desperezándose.

—¿Me estás diciendo que soy una amargada, Zoro?

—Tú misma lo has dicho.

—Le acompaño en el sentimiento —comentó Chopper haciéndose a un lado.

—Lo mismo digo —respondieron los demás saliendo de la cocina dejando solamente a Zoro, Nami, Sanji, Luffy y Robin, quien seguía sentada en la silla en una pequeña esquina de la sala observando con una sonrisa a los cuatro jóvenes.

—En fin… cada loco con su tema. Me alegro de haberme unido a ellos, fu fu fu fu.

+The end+

Gracias por leer!

NOTA: A los que sigue mi historia de ¿Vampiros? No tardaré mucho en subir el próximo capítulo!

Nos leemos~