5.-El diente de Aquiles.
Toothiana miraba a Jamie desde el tejado de su casa, él estaba jugando con Sofie en la nieve y le contaba lo que había pasado la noche anterior. Sofie soltaba carcajadas y repetía algunas palabras pero permanecía alerta para seguir escuchando. Cuando Jack se sentó a su lado, el hada de los dientes sonrió murmurando. —Te quieren mucho ¿No es así?
—Sí. Y yo a ellos.
— ¿Ya sabes dónde está la humana?
—Se llama Julie. —Recalcó.
—Bueno, ¿Ya sabes dónde está Julie?
—No, no tengo idea. Pasamos todo el fin de semana hablando de su escuela dado que estudia en un grado avanzado… pero nunca me dijo dónde era.
— ¿Te dijo cómo se llamaba?
—No, y no quiero preguntarle a Jamie.
—Era lo que te iba a preguntar… ¿Por qué no?
—Porque ya estuvo bueno. Tienen todo el fin de semana diciéndome que me gusta Julie. —Aunque había iniciado con un tono considerable de voz, lo último lo dijo murmurando y con un tono sonrosado en las mejillas poco común en él pero sí muy usual entre los enamorados.
— ¿No te gusta?
— ¿Tú también?
—Es solo curiosidad.
—Por el momento, tengo la tarea de cuidarla, es todo.
—Ya veo… bueno, seguiré con mi camino, no puedo creer que me demorara tanto solo para dejar unas monedas. Cualquier cosa ya sabes dónde encontrarme Jack, no dudes en buscarme si me necesitas.
—Gracias Tooth, de verdad.
La aludida asintió sonrojándose y se alejó volando tan rápido como pudo. Tenía tantas cosas que hacer, hadas que coordinar, dientes que recoger, monedas que entregar. Pero su camino se vio abruptamente interrumpido cuando una sombra la rodeó por completo. Una nube de humo negro tan denso que apenas pudo ver nada.
— ¡No te tengo miedo Siom! —Gritó el hada envalentonada.
—No espero que lo tengas… no es mi fuerte el miedo… La desilusión por otra parte… Dime ¿Qué se siente saber que está enamorado?
(YouTube/watch?v=tKJkgawDfEk Segundo 20)
— ¿Qué? —Dijo casi sin aire.
—Tú y yo compartimos una misma mala suerte, Tooth.
— ¡Tú y yo no compartimos nada! —Gritó lanzando una especie de diente dorado del tamaño de su mano.
— ¡Ay, por supuesto que sí! —Exclamo la chica tomando su apariencia humana, atrapando el arma de Tooth y disolviendo su nube de humo. Toothiana se dio cuenta de que estaban de vuelta en el palacio de los dientes así que encaró a Siom con los brazos extendidos hacia atrás. La muchacha no entendió aquello al principio pero al ver a las Baby-Tooth detenerse, sonrió confiada.
—Lo amamos. —Escupió Siom encarando a Tooth.
— ¿Qué? —Dijo el hada perdiendo su postura defensiva y abriendo los ojos desmesuradamente.
—Tú y yo lo amamos… pero él nunca nos verá realmente porque ahora está con Rosalie. Y no importa cuántas ganas tengas de besarlo, de abrazarlo, de contemplar sus preciosos y blancos dientes. Esa sonrisa nunca te pertenecerá a ti. Siempre será de ROSALIE. —Al escuchar aquel nombre de nuevo, Tooth ya no pudo sostener su vuelo y cayó en pie sintiéndose repentinamente débil. —Admítelo, te mueres por dentro solo de pensar que él estará con una humana antes que contigo. Y sí, estarás ahí para consolarlo cuando ella muera, pero luego la volverá a encontrar y se enamorará de nuevo, y tú pasarás de nuevo al olvido al menos por otro medio siglo. Por dentro te carcomerás y por fuera tendrás que mantener una sonrisa radiante como solo tú sabes hacerlo. Y si la luna tiene piedad de ti, la pequeña y hermosa Baby-Tooth con su pluma dorada como la tuya, crecerá lo suficiente como para tomar tu lugar y tú podrás morir de tristeza en algún rincón del mundo donde la nieve no caiga nunca.
—No… —Mustió sin aire.
—Y un día, Jack se dará cuenta de que falta alguien, de que hay una guardiana menos, y pensará '¿Dónde está Tooth? Solía estar para mí…' —Mustió con falsa pena lanzando la muela dorada al suelo, donde una de las Baby-Tooth la recogió.
— ¡Cállate, no es cierto! —Exclamó cubriéndose el lugar en el que, ocultos por las plumas, se encontraban sus oídos con las manos.
—Y se enterará. Sabrá dónde está Tooth.
— ¡No!
— ¡Sí! ¡Estará muerta, la habrás matado Jack Frost! Yo misma se lo diré.
— ¡Cállate, no es verdad!
— ¡Y cuando lo sepa, cuando sepa que ha asesinado a su mejor amiga, entonces él también morirá!
— ¡CALLATE! —Gritó dejándose caer de rodillas y estirando sus manos en pequeños puños hacia atrás para luego cubrirse el rostro, llorando amargamente.
—Ni Rosalie lo sacará de esa depresión. —Dijo Siom en su oído. Todas las haditas se lanzaron contra ella pero ya había desaparecido así que se conformaron con reconfortar a Toothiana dándole palmaditas ligerísimas en la espalda y emitiendo trinos ininteligibles para cualquier otro.
—Esa bruja… —Alcanzó a decir entre sollozos.
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Jack estaba sentado en la copa de un árbol mirando en la distancia. Acababa de regresar de Rusia, donde alguna vez, siglos atrás ocasionó la peor tormenta de su vida costando así la de montones de personas. No se atrevía a pensar en sí mismo como un asesino dado que ahora era un guardián de los sueños de los niños, pero tampoco podía quitar el daño que había hecho años atrás.
Decidido a no pensar en eso, cerró los ojos y se recostó en el tronco del árbol tratando de pensar en una manera de proteger a Julie sin mostrarse obvio puesto que no sabría cómo se lo tomaría ella.
El aroma a menta le inundó la nariz por lo que abrió los ojos, contento de pensar en que Tooth estaría cerca. Se levantó de un salto y se dejó llevar por el viento hasta la zona de los suburbios, donde esperaba encontrarla.
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Toothiana cayó al suelo con los seis dientitos en las manos, fuertemente apretadas contra su pecho. Tenía los ojos llorosos y trataba con todas sus fuerzas de no sollozar. El trabajo de campo sencillamente la volvía loca pero en aquellos momentos, con el corazón despedazado, no había en su criterio, nada que la pudiera hacer sentir mejor. Sintió el frío que precedía al guardián más nuevo y sollozó con más fuerzas sabiendo que Siom tenía razón respecto, él nunca la vería como a una mujer teniendo a Julie como punto de comparación.
Trató de alejarse, de volar en dirección contraria al lago, de huir a la ciudad, pero no pudo. Chocó de lleno contra algo que a ella le pareció muy sólido. Tenía los ojos tan llenos de lágrimas que no vio lo que estaba pasando hasta que un chico de unos veintidós años le atrapó la muñeca y la jaló hacia sí para abrazarla y evitar que se cayera.
— ¿Estás…? Wow… —Murmuró atónito al ver su plumaje — ¿Estás bien?
— ¿Tú… puedes verme?
—Sí… y me gusta lo que veo… —Murmuró con embeleso sin darse cuenta de aquel hecho. Toothiana se sonrojó olvidándose de que trataba de huir de Jack Frost, al menos eso hizo hasta que el chico se quitó la gabardina y la cubrió con ella cuidando de no lastimarla. — ¿De pura casualidad tienes frío?
—No, me protegen mis… plumas. Tengo que irme.
— ¿Huyes de algo?
—Sí, de alguien.
—Ven conmigo. —Dijo poniéndole también su boina y abrazándola de lado cuidando no maltratar sus alas. —Solo no te muevas mucho, no quisiera hacerte ningún daño.
—Pero… si alguien nos ve, si un humano…
—Oculta tu rostro.
El hada metió las manos en las mangas de la gabardina, luego se subió el cuello y comenzó a caminar al lado de aquel completo extraño a sabiendas de que en el momento que ella quisiera podría atravesar la ropa y salir huyendo, sin embargo no quería hacerlo. Quería permanecer ahí.
Se moría de curiosidad de saber quién era y por qué podía verla.
Feliz de estar fuera del alcance del frío de Jack, Tooth se sacó la gabardina y la boina y se las regresó a su dueño, agradecida.
—Me sacaste de un apuro.
—Un placer… ¿Tienes nombre?
—Toothiana.
—No te ofendas pero… ¿Qué eres?
La aludida se abrazó el vientre volando apenas a centímetros sobre el piso y miró al muchacho. —Soy el hada de los dientes… ¿Y tú? No creo que seas un humano, porque los humanos de veinte... o pocos más no nos ven.
—Soy un humano… uno muy afortunado si me lo preguntas.
— ¿Afortunado? —Repitió retrocediendo ligeramente.
—Nunca había visto nada más hermoso en mi vida… Me llamo Caleb. —Dijo extendiendo una mano. El hada le ofreció la suya y él le plantó un beso tímido en el dorso de la misma. —Mucho gusto… Un hada tan ocupada… Es decir, hay millones de niños perdiendo dientes al día y tú…
—Ah, ni lo menciones. Tengo a mis hadas, me ayudan en el trabajo de campo.
Caleb rió por lo bajo. — ¿Trabajo de campo? —El hada volvió a caer al suelo de pie, aferrándose a sus plumas con tal fuerza que Caleb consideró se las fuera a arrancar. —No trato de burlarme… Es que nunca lo había puesto en esas palabras. No sabes cuánto me duele verte así… Tooth. ¿Qué te hicieron para que estés tan deprimida?
—Mostrarme la realidad… No soy más una mujer y nadie me podría ver como a una nunca. La persona de la que me enamoré apenas sabe que existo y… —Derrotada se dejó caer de rodillas y bajó el rostro. Siom tenía razón, Jack jamás la vería.
—No sé si esto ayude, pero creo que eres la chica más bella que haya visto en mi vida. —Y tras decirlo, Caleb se arrodilló frente a ella y la besó con dulzura consiguiendo que dejara de llorar y levantara el rostro buscando seguir el beso del muchacho.
— ¿Cómo puedes creer que yo sea hermosa? —Dijo recapacitando y alejándose de él tan rápido como comenzó a seguir el beso.
—No lo sé… Quizá porque lo eres… No sé a ti, pero a mí el parque me parece un mal lugar para conversar. ¿Vamos a mi departamento?
—P-pero… mis Baby-Tooths, ellas…
—Estarán bien. Solo será un rato.
Tooth se mordió el labio inferior mirando a Caleb a los ojos y luego asintió una sola vez antes de ponerse a volar.
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—Julie… —Murmuró una chica de aproximados veintiún años de edad. —Dije que cómo te pareció tu día en las clases avanzadas.
—Bien… Janeth, me gustaron mucho, y no me aburrí, que es lo importante.
—De todos modos no estás aquí. —Dijo enfurruñada.
—A veces pareces algo infantil para tu edad. —Comentó Julie divertida.
— ¿Qué sería la vida sin la diversión?
—Déjame adivinar. ¿Crees en el conejo de pascua?
— ¿Uno que mide como dos metros de altura y practica Taichí? —Dijo haciendo las señas con las manos. —Sí. Sí creo. Lo he visto esconder huevos en mi patio varias veces, por eso le ganaba a mis hermanos cuando éramos niños. ¿Tú no?
— ¿Qué harías si te dijera que hace unos días él y Jack Frost estaban discutiendo en mi habitación?
—Diría que qué envidia.
— ¿De verdad? ¿Crees en ellos?
—En Jack Frost… bueno. Es Jack Frost, no sé si sea un mito o un dicho. Pero el conejo de pascua es mi ídolo.
—Ya la oíste, no cree en mí. —Dijo Jack volando hasta ellas y caminando al lado Julie.
—Eso decía yo. —Comentó Julie.
—Pero tú eres punto y aparte. —Replicó el guardián de la diversión.
— ¿Del conejo de pascua? —Replicó Janeth ajena a la conversación de Julie.
— ¿Qué? —Exclamó Julie confundida.
—No me oye, no lo olvides.
—No lo olvido. Es solo que no me acostumbro a la idea de que alguien pueda creer en Bunnymund y no en ti. Yo a los dos los he visto siempre.
—Bueno, hay de humanos a humanos, y luego estás tú.
— ¿Qué quieres decir con eso? —Exclamó fingidamente ofendida mirándolo a los ojos. —Ya, sé que no soy una human normal y todo eso, pero ¿Y eso qué?
—Sobre todo: nada normal. —Dijo Janeth mirando a su amiga con extrañeza.
—Lo dice la fan número uno de Bunnymund. —Replicó triunfal.
— ¿De quién?
—Del conejo de pascua. Jack, Janeth; Janeth, Jack.
—Un placer. —Dijo el guardián tocando la mano de Janeth y helándosela hasta los huesos. La chica soltó un grito al mismo tiempo que Jack una carcajada y luego ella miró a Julie con reproche.
—Ah, no. Yo no fui. Yo solo puedo afectar el frío ya causado.
— ¿Qué?
—Nada… Fue Jack.
—Por Dios. ¿Jack Frost?
— ¿Quieres que te haga creer?
—Convénceme.
Julie juntó las manos como si fuera a retener agua. Jack lo comprendió al instante y comenzó a aparecer virutas de hielo en las manos de la chica par luego proceder a formar un copo frente a los ojos de Janeth. La chica, atónita, miró a Julie y luego, lentamente, Jack Frost apareció frente a ella.
—Hola. —Dijo recargado en su cayado.
—Jack Frost. —Dijo aún incrédula. —Oye, ya es bastante tener que soportar las clases de mitos y leyendas del mundo como para que me vengas…
— ¡No! No, no, ¡NO! —El grito había venido de entre las sombras de las calles y Julie palideció al reconocer la voz de Siom. — ¡No se supone que debas creer, niña tonta! —Exclamó materializándose frente a Janeth, sin embargo, Jack la golpeó con el cayado alejando a Siom de ellas y adoptando una posición defensiva.
Siom soltó una carcajada gutural y se desvaneció en las sombras. — ¿Quién diría que tres humanos me iban a causar tantos problemas?
— ¿Tres? —Murmuró Jack con el estómago encogiéndosele.
—Pero no importa, de todos modos ya me encargaré de ellos. Uno no durará mucho y tu adorada Tooth tampoco.
"¿Sabías que un guardián puede morir de tristeza, Jack?
—No… —Murmuró sin aire perdiendo el equilibrio, sin embargo luego saltó varios metros quedando suspendido en el aire, buscaba a Siom con la mirada pero no tuvo grandes resultados. — ¡¿Qué le hiciste?!
— ¿Yo Jack? —Dijo con fingida sorpresa apareciendo frente a él. —No fui yo quien rompió su corazón.
— ¡Bunnymund! —Gritó el guardián cuando Siom desapareció en una nube de humo.
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Caleb metió la llave en su cerradura y una sensación de pesadez lo embargó. Sabía que algo andaba mal pero no sabía qué.
— ¿Todo en orden? —Quiso saber Toothiana.
—Sí… es solo… yo siempre echo doble cerrojo, solo tenía puesta una vuelta.
—Tal vez debería adelantarme.
— ¿Bromeas? No permitiría que dañaran a una dama.
—Pero a mí los humanos no me ven.
Caleb sonrió ante aquella afirmación y luego miró la puerta. Armándose como pudo de valor, la empujó y se dispuso a entrar hasta que una voz a sus espaldas comentó. —Yo no lo haría.
Asustado, el chico se giró para ver al conejo de pascua salir de entre las sombras.
—Conejo… —Murmuró el hada asombrada por su presencia.
—Al suelo. —Dijo entre dientes. Caleb no entendió bien la expresión hasta que vio al conejo sacar uno de los boomerangs y lanzarlo contra la puerta abierta. Le dio de lleno a una sombra que había querido pasar corriendo y desapercibida, lanzándola hasta el cristalero del fondo de la sala y sacándole un quejido de dolor.
Entró estirándose en toda su estatura y al llegar al fondo, levantó al invasor del cuello de la gabardina. —Pitch… —Mustió el hada de los dientes cayendo en pie de nuevo y consiguiendo que Caleb se interpusiera tratando de usar su cuerpo como muralla entre el hada y aquel ser. Sin embargo, Tooth avanzó a paso firme atravesando a Caleb como sus Baby-Tooths atravesaban las ventanas, y encarando a su viejo enemigo. — ¡Pitch Black! ¿Quién te crees para regresar tan pronto y allanar el hogar de uno de nuestros amigos?
— ¿Así que es amigo tuyo? —Dijo quitándose un hilo de sangre negra del labio.
— ¿Qué haces aquí escoria? —Gruñó el conejo acercándolo a su rostro.
—Nada, solo vine a hacerle un favor a una vieja amiga mía… Pero interfirieron.
— ¿Qué favor y qué amiga?
—Siom. Creo que les ha estado dando problemas, si no me equivoco…
— ¿Qué quieres aquí?
Un ruido los hizo cambiar su atención a la sala en penumbra y vieron cómo un hombre con pasamontañas amenazó con clavarle una navaja a Caleb en el estómago, afortunadamente él supo esquivarla y encaró a su agresor contraatacando sus burdos navajazos con golpes y patadas, desviando los ataques en todo momento.
No tardó mucho tiempo en noquear al tipo y llamar a la policía.
—Venía a… ¿Cómo fueron sus exactas palabras? Ah, sí… —Dijo Pitch con fingida sorpresa mientras Caleb defendía su vida. —Acabarlo hasta que no queden ni los pedacitos. Solo quiero asegurarme de que todo irá según lo planeado. Por cierto… ¿cómo está Jack?
El hada trató de golpearlo con todas sus fuerzas pero terminó estampando el puño en la pared y abriéndose los nudillos ligeramente. —Ese imbécil.
— ¿Todo bien hada? —Inquirió Bunnymund dejado en claro que no iba a dejar pasar aquel comentario.
—Todo en orden. —Murmuró la chica sentándose sobre sus talones y mirando su sangre.
Caleb, que había demostrado gran maestría en las artes marciales, entró sin decir nada y se dirigió al baño, de donde sacó el botiquín para atender la mano de Toothiana. —Mucho gusto. Caleb Jones. —Comentó mirando al conejo.
—Me dicen Bunnymund. O conejo.
—O canguro. —Murmuró con timidez el hada.
— ¿Qué? Canguro. ¿Me llamaste…?
—Ven, hay que atender eso. —Dijo Caleb mirando la mano de Tooth.
¿Qué opinan de como voy? Perdón por la tardanza, es solo que el trabajo me impedía seguir con esto, espero no retrasarme mucho ahora, o al menos no tan amenudo, volveré a subir los viernes.
