¡Se aceptan críticas constructivas!

Es que no sé...


¡Esto es peor que una película de terror mal hecha! No cabe en mi mente, en la de ninguno de nosotros estoy seguro, no nos convence.

Kaneki Ken, el mismo Kaneki Ken cuya personalidad dio un gran giro radical debido al acoso psicológico y emocional durante su cautiverio en el Aogiri como una avecilla en una jaula, ese mismo Kaneki Ken, está hablando con su bebé… Sí, no tiene nada de malo, pero ni siquiera es un feto aun, sólo es un enano embrión del tamaño de un granito de arroz. De ser una imagen adorable verlo susurrar y reír por lo bajito acariciando su vientre de una forma tan afectuosa ajeno a nuestra presencia, no hay ninguna duda, sin embargo, es… ¿Cómo decirlo? ¿Extraño? ¿Inconcebible? Ni yo mismo sé porqué lo creo una criatura sanguinaria sin corazón que no es apto para ser padre… Cuando ese debería ser yo; sin la mínima experiencia con esas "cosas" babosas, inofensivas, lloronas… No sé si perderé la paciencia con uno de ellos, me hartaré y lo dejaré abandonado en algún basurero esperando una paliza de parte de su progenitor y mi futuro ¿esposo? Qué diablos estás pensando, Tsukiyama. A diferencia de él, que era un humano, o lo era, que a mi perspectiva llegó a considerar ser padre alguna vez en su futuro. Tal vez, no de esta manera, pero en fin.

Pero qué curioso.

Creo que el tema de ser papá adherido a su falta de responsabilidades le ha afectado mucho estos últimos días. Y bueno, no es para menos, la pequeña florecilla se ha hecho cargo de cualquier cosa que su hermanito mayor necesitase, y eso que los síntomas del embarazo no son tan avanzados como durante los siguientes meses futuros. No lo deja entrenar por ningún medio, agregándole que se siente un inútil por ello.

Después de un par de minutos de incomodidad de parte mía, me doy cuenta que soy el único que no encaja en aquella escena. Banjou y Hinami, bueno, Hinami más que nada, se abalanzó hacia su hermano mientras Banjou le seguía.

―¿Has pensado en algún nombre para el pequeño, Kaneki? ―Banjou preguntó. Aunque es muy temprano para decidir algo así o a mí me parece así.

―¿Y quién dice que va a ser niño? No lo afirmes así porque sí. Puede ser una niña a quien yo cuidaría, jugaría con ella, peinaría. ¡Como si fuera mi hermanita pequeña! ― . Y ahí va la menor del grupo con su imaginación todavía aniñada después de todo por lo que ha pasado, es consolador tener a alguien así a tu lado muchas veces.

―¡A mí me gustaría que fuera un niño! Pero como tu dijiste, no podemos afirmar si será niño o niña. Esa no es nuestra decisión, ni siquiera la de Kaneki!

―Mmm… ― una muequita de tristeza apareció en su infantil rostro unos segundos. ― Hermano… ¿tú que crees que será? Tu instinto mater… digo, paternal es más fuerte que nuestras opiniones. ¡Es un lazo muy fuerte el que tienen madres e hijos! Como el de mi mamá y yo…. ¿Qué crees? ―. Justo tiene que sacar ese tema a relucir por un instante… Pobre florecilla, tan joven y perdió a su madre.

― Verás… no te lo puedo decir con exactitud ahora ni con un ultrasonido. Aún es muy pequeño como para algo así ― sonrió con cariño, lucía muy emocionado tan sólo por saber el sexo del susodicho. ―Habrá que esperar a que nazca… De cualquier modo, serás una gran amiga para él o ella, no importa qué.

―Oh… Vaya… ¡Pero sí! ¡Seré la mejor amiga que tu hijo o hija podría tener en su vida! ¡Lo cuidaré muy bien! ―. Estaba a punto de hacer mi silenciosa retirada del lugar, cuando alguien me llamó. ―Señor Tsukiyama, ¿usted qué dice? ¿Cree que será niño o niña? Sólo es por curiosidad, nada más ―me sonrió.

―Qué te puedo decir… No importa lo que sea cuando nazca, será mi hijo y eso no lo sustituirá nadie. Tampoco he pensado en ningún nombre para la pequeña criaturita ―miré de reojo la reacción de Kaneki cuando dije eso, puesto que no me había prohibido decirlo cuando realizamos el trato, y era sorpresa pura al principio hasta que me miró de forma retadora y amenazante. Esa era la señal de mi huida. ―Si me disculpan, tengo algunos asuntos pendientes. ―sonreí, escuché los escandalosos gritos del "querido" Banjou por toda la residencia de la cual salía.

No me he preocupado mucho por ello… Mas si me dejo un vacío en el pecho el nombre del bebé y de paso, sus necesidades.

Y por eso es que estoy aquí: en frente de una tienda exclusiva de artículos para bebés. Espero que nadie me haya seguido hasta acá… ¡Oh, por Dios! ¿Qué hago aquí? Sólo tengo curiosidad, o puede ser otra cosa que no sé como explicar… Me adentro en la mediana, pero surtida tienda, todo huele a colonia para bebé y hay muchas parejas, o simples madres solteras con una barriguita. Creo que soy el único hombre sin acompañante de aquí. Me preguntó cómo reaccionarían las personas de este lugar si aparezco con un hombre de pareja… con un vientre abultado… él, híbrido… yo, ghoul… yo no soy el padre… Bueno, Tsukiyama Shuu, ¡cóncentrate!

Él establecimiento es amplio con varios pasillos, cada uno con el nombre general de sus productos: higiene, ropa para niña, ropa para niño, juguetes recreativos, cunas, etc. Hay mucha variedad de cada uno, pero no veo por ningún lado lo que me prioriza…

Antes de darme por vencido y ponerme buscar lo que ocupo en otra tienda, una trabajadora del local se me acerca con un libro en mano. ¡Justo lo que necesitaba! El libro es un presente del establecimiento para cada uno de sus clientes, vengan en pareja o no, y para los que no, también. Se lo agradecí y salí de la tienda sin más.

Decidí volver a nuestra residencia con libro en mano. Me adentré lo más rápido que pude, encerrándome en mi habitación. Encendí la luz, iluminado mi cama de sedosas sábanas donde me senté y leí nuevamente, el título del libro…

―"Significado de nombres para bebés"… ―no sabía si dudar, en mis manos no tenía el derecho de escoger un nombre.

―Wow, ese es un nuevo lado tuyo. No sabía que te importaba tanto… ―me paralicé. Se me olvidó por completo que ahora nosotros dos compartíamos habitación. ―Es bonito de tu parte, Tsukiyama… Sin embargo, que lío en el que me metiste. ―Sus manos se deslizaron por las mías, apartó el libro de mis manos y se sentó en mi regazo mirándome fijamente. Sonrió, y yo también. Acaricié sus caderas y le besé.

El día del trato, nuestra relación cambió a esto ante la ceguedad de los demás, pero nada más por placer, no por amor.