Volver al mismo lugar.
Contemple el edificio que tanto conocía. Había estado ahí tantas veces en el pasado. Pero eso era antes, antes de que todo pasara.
No había vuelto a la biblioteca desde que conocía a Edward. Ni siquiera estaba segura que hacia ahí. Pero bueno, Salí a caminar y me encuentro aquí.
Mire hacia la vereda de enfrente, mi mirada se poso en el banco donde había conocido a Jacob. Ahora estaban sentados una chica y un chico. Hablaban, ella sonreía y el también. Cerré los ojos con fuerza. No era el momento de pensar en eso. O tal vez era el momento justo.
Mi mirada volvió a la gran puerta de madera del edificio. Puse la mano sobre la madera barnizada. Solo tenia que empujar un poco y la puerta se abriría. Me sentí como cuando había ido al encuentro de Edward. Una parte de mi esperaba encontrarlo sentado en el mismo sillón, concentrado en un libro como la primera vez que lo vi.
Respire hondo y el aire frió entro a mis pulmones, empuje lentamente la puerta y entre. Naturalmente el no estaba ahí. Una parte de mi se sintió algo herida, como si el hubiera faltado a una promesa otra vez. Pero no lo izo, con la primera vez fue suficiente.
La imagen de Jacob se me vino a la cabeza. Sentí como si lo estuviera traicionando. Como si el hecho de estar ahí fuera deshonesto. O talvez el hecho de estar ahí buscando a Edward sea deshonesto.
Había algunas personas ahí. Un chico miraba confundido un libro mientras tomaba apuntes en un cuaderno. Un hombre mayor estaba sentado leyendo, y una chica de unos treinta trataba de alcanzar un libro que estaba demasiado alto para ella, hasta que un chico se lo paso amablemente.
Eso era una de las cosas que mas me gustaban de las bibliotecas. Generalmente la gente no se hablaba, o lo hacia muy bajo. Se usaban las señas o se sonreía para decir gracias. Pero era raro escuchar a alguien hablar fuerte. No como en la calle que casi todos gritan cuando hablan. En la calle la gente no tiene miedo a gritar por que todos gritan, pero ahí la gente tiene miedo de hacer mucho ruido por que todos están callados.
Reí en silencio hacia mi complicada idea y camine a buscar algo que leer. Encontré el libro que había empezado hace mas de dos meses y me senté a leerlo. Estuve unas cuantas horas leyendo, cuando el zumbido de mi celular me detuvo. Era un mensaje de texto de mi mama. Decía: ¿a que hora llegas? En ese momento me di cuenta que era un poco tarde. Le respondí diciendo que estaba en camino. Devolví el libro a su lugar y empecé a caminar hacia casa.
Había terminado de atardecer cuando Cali por la puerta de la biblioteca. La calle estaba vacía y la noche había traído consigo un frió muy fuerte. Me pregunte cuando llegaría la nieve este año. El cielo estaba oscuro y solo se veían la luna y las estrellas en el. Apure el paso para llegar pronto.
Caminando hacia mi había una banda de tres o cuatro chicos que gritaban y se reían estruendosamente. Cruce de calle para evitar el enfrentamiento con ellos. Por un momento pensé que no me habían visto o no les importaba el hecho de que yo estuviera ahí. Me relaje, pero mi calma no duro mucho.
-Ven aquí preciosa.- Grito una, no estoy muy segura de cual de todo.
Me hice la sorda y seguí caminando rezando por que siguieran su camino. Mi corazón se acelero y trate de caminar lo mas rápido que mis piernas me lo permitieron.
Entonces algo me agarro del brazo fuertemente y me izo voltear. El chico estaba a unos sesenta centímetros de mi y un escalofrió me subió por la espalda. Mire toda la calle, no había nadie excepto el chico que estaba frente a mi y sus dos amigos riéndose a unos metros de nosotros. No sabia como se había acercado tan rápido y me sentía a mi misma temblar.
-¿No te han dicho que cuando alguien te dice algo debes responder, preciosa?- Me dijo embozando una sonrisa que me dio nauseas.
Moví mi brazo tratando de soltarme de el pero no pude. Empecé a sentir dolor donde me estaba presionando. Quise decir algo pero las palabras no salían de mi boca. El se acerco todavía mas. Sentí su aliento en mi cara, trate de pensar una manera de huir, pero no había forma de que lograra soltarme.
En un intento desesperado trate de patearlo para que me soltara, pero el esquivo mi patada con facilidad.
-Difícil.- Dijo riendo.- Me gustan las difíciles.- Dijo otra vez pegándome a su cuerpo y sentí que me iba a desmayar.
-Suéltame.- Logre decir casi en un susurro, y no pude estar segura si me escucho.
El seguía sonriendo y sus amigo se acercaban cada vez mas- Tom, comparte.- Lo escuche decir a uno. No pude evitar palidecer.
-No, esta es mía. Te daremos la próxima.- El chico que había hablado hace un segundo protesto un poco, pero termino aceptando.
Todavía se acerco mas y cerré los ojos esperando lo peor. Pero en vez de eso escuche un grito sordo y la presionen mi brazo se fue. Abrí los ojos aturdida y lo vi en el suelo, apretándose la cara con la mano con gesto adolorido.
Entonces vi la espalda de un chico rubio que se abalanzo sobre uno de los amigos del otro, mientras el otro amigo salía corriendo hacia una esquina, hasta que lo perdí de vista.
El que había estado hace unos segundos en el piso se había parado tratando de golpear al chico rubio, y este lo volvía a golpear fuertemente ahora en el pecho. Al ver que el rubio llevaba ventaja salieron corriendo cada uno para un lado distinto.
No se como, pero en algún momento de la pelea yo caí al piso. Sin dejar de mirar aun sorprendida lo que estaba pasando. Cuando los otros estuvieron lejos el camino hacia mi. Se puso de cuclillas y yo lo mire atónita. Era el. Era Edward.
-¿Estas bien?- Dijo respirando entrecortadamente. Vi como su remera subía y bajaba a causa de la agitación de la pelea.
Yo estaba sentada junto a el, al borde de la desesperación. Quise decir algo, cualquier coso. Pero en vez de eso me puse a llorar. No se si llore por lo que acababa de pasar, por Edward o por que. Lo único que se es que el apoyo mi cabeza en su pecho y me acaricio la espalda. Y yo lo único que hice fue llorar.
No estoy segura de cuanto tiempo estuvimos así. Si me preguntaran si fueron quince minutos o una hora no sabría que responder.
Después de un rato nuestras respiraciones se hicieron mas lentas, hasta que me aleje un poco de el para mirarlo. Su mano bajo de mi espalda por mi brazo hasta llegar a mi mano y la apretó levemente.
Me pregunte si debía decirle de la visita que Emmet me había hecho pero por si las dudas no dije nada. Baje la vista de sus ojos y las enfoque en mis manos. Edward tenia tomada mi mano derecha y en mi brazo izquierdo todavía tenia las marcas rojas de la mano de ese sujeto.
-¿Te encuentras bien?- Dijo rompiendo el silencio.
Levante rápidamente la vista y lo mire fijamente. Sus ojos verdes estaban preocupados. No le respondí.
-Deberíamos ir a un hospital.-
-No.- Dije tan rápido que fue prácticamente un acto reflejo. Odio profundamente los hospitales.- Estoy bien solo debería ir a casa.-
El asintió y me ayudo a levantarme. Casi resbalo cuando lo hice pero el me sostuvo. Faltaban como cuatro calles para llegar a casa, empezamos a caminar.
No le pegunte por que no había llegado a nuestra cita, y el no pareció mis dispuesto a decirme. Todavía faltan unos minutos para que lleguemos cuando pare de caminar. El se detuvo y giro hacia mi.
-Creo que todavía tienes algo que decirme.- Le dije tratando de sonar decidida.
Espero un segundo y luego me contesto. –Bella, es muy tarde y esta es una historia muy larga.- Izo una pausa.- Algún día te lo diré todo.-
Su respuesta no me dejo contenta.- ¿Algún día cuando?- Pregunte.
-¿Quieres que nos veamos mañana?-
Levante una ceja ante su propuesta, no había tenido lo que se dice buena suerte en esa clase de encuentros.
Me miro con comprensión.- Entiendo. Aunque no creo que cometa los mismos errores dos veces.- No entendí muy bien de que hablaba pero no se lo dije.- Por favor, prometo ir.-
Cedí, demasiado rápido para mi gusto. Arreglamos que nos encontraríamos en el parque. Mientras decidíamos el horario me di cuenta de que tenia un moretón en la frente, no era de la pelea por que parecía tener unas cuantas semanas. No le pregunte como se lo hizo. Ya habría tiempo mañana.
Cuando llegamos a mi casa dije.
-Esta bien nos vemos mañana.-
-Descansa, lo necesitas.-
-Hasta mañana.- Dije en un susurro.
-Hasta mañana.- Respondió el.
