9.-Del corazón de los guardianes.
Recostada en su cama, Julie no pudo hacer otra cosa que tratar de recapitular lo ocurrido a lo largo del día.
Jack le había confesado estar enamorado de ella (De una manera confusa y rebuscada); después la luna lo había llamado, a todos los guardianes, para darles nuevas indicaciones; inmediatamente después, ella se había puesto a entrenar estilos de pelea y defensa con sus dos mejores amigos, quienes eran expertos en artes marciales y kung fu shaolin, había descubierto que podía usar un cayado similar al de Jack y había desarrollado nuevas habilidades; Caleb le había dado el anillo a Tooth pidiéndole que lo aceptara como un regalo en reconocimiento de su gran labor; y por último, cuando Jack había insistido en llevarla a casa, Siom atacó, ordenando los guardianes a los humanos que se alejaran inmediatamente, ellos se encargarían. De esa manera, ella terminó caminando con Caleb y Kayla a casa sintiéndose sola y desorientada por tantas emociones, aferrada al cayado que había obtenido. Indecisa de meterlo o no a la casa, un rayo de la luna atravesó las nubes y mostró a Julie un conjunto de árboles secos en el jardín. Sonrió encajando ahí el cayado y entró a su hogar.
Ahora no podía dormir.
Cerró los ojos poniendo las muñecas sobre sus párpados y deseó con todo su ser poder desenmarañar todo el embrollo que eran sus pensamientos. Sonrió para sus adentros al sentir el aire helado entrar por la ventana, repentinamente abierta, y levantó la cabeza esperando encontrarse con la mirada alegre y la sonrisa juguetona de Jack; en lugar de eso, vio su figura derrotada, con tierra y sangre en algunos lugares y completamente agotado, deteniéndose apenas del cayado.
—Jack… —Mustió asustada.
(YouTUBE /watch?v=lXxuNMb19A0)
—Estoy bien. Solo algo magullado.
Julie hizo ademán de pararse pero Jack la señaló con el cayado y ella permaneció sentada. — ¿Todo bien?
—Espera un momento, antes de que otra cosa pase tengo que decirte algo. Me he estado replanteando mucho lo que te dije en la mañana y me di cuenta…
—Jack, estás herido y agotado. ¿Crees que es momento para tratar un tema así?
—Escúchame sin interrumpir… —Pidió sonriendo divertido y perdiendo su actitud misteriosa, se recargó en el cayado como solía hacer pero luego se irguió en toda su estatura dando un paso hacia la humana. —Y cierra los ojos, me pones nervioso y no quiero olvidar mi argumento. —Julie cerró los ojos, en actitud obediente pero no cambió su expresión de angustia. Jack por su lado se acercó a ella tanto como pudo. —Me gustas mucho Julie… Me gustas más de lo que me gustaría que me gustaras y más de lo que estaba dispuesto a admitir. Me enamoré de ti, de tu manera de patinar, de tu risa, de la manera en la que me ignorabas, de cómo te sonrojabas cuando me reía con mucha fuerza, de los suspiros que lanzabas cuando yo repetía tu nombre y tú creías que no lo notaba…
—Pero Jack, yo… —El espíritu se arrodilló frente a ella sobre la cama y dejando de lado su cayado e interrumpiéndola, la besó obligándola a acostarse con lentitud.
Contando ese, Jack había dado tres besos en toda su vida, solo tres y dos se los había dado a Tooth, ya sabía cómo podría ser pero ahora era diferente. Se sentía inexperto, y a diferencia del beso que había dado a Tooth por primera vez, donde había estado confiado en lo que hacía, ahora no tenía ni la más mínima idea de qué hacer, dónde poner las manos o cómo seguir el beso.
—Espera. —Replicó Julie tratando de empujarlo, pero él le apresó las manos a los lados de la cabeza. —No te quiero hacer daño.
—No me harás nada. —Prometió pegando sus labios contra el cuello de la chica, y por ende, consiguiendo que se le erizara toda la piel. —Si no puedes dañar a un ser inmortal, menos a un espíritu.
—Jack… —Murmuró presa de una oleada de emociones, antes, desconocidas para ella. Con cuidado se soltó de las manos del guardián y metió las manos en su sudadera para ponerlas sobre la cintura del muchacho, deleitándose al tacto del cuerpo helado del adolecente mientras que él le recorría con los labios las clavículas expuestas por la camiseta de tirantes. Julie dejó que aquello siguiera unos minutos más, subiendo con lentitud las yemas de los dedos por el torso de Jack, delineando sus músculos y sus costillas, sin embargo frenó en seco al sentir algo húmedo a la altura del corazón del muchacho y se sentó obligando al guardián a cambiar su atención a los labios de Julie de nuevo. La besó ignorando el hecho de que ella trataba de alejarlo un poco y sonriendo para sus adentros al darse cuenta de que ella a duras penas resistía la idea de no seguirle el juego y devolver el beso.
Con poca paciencia dada su nula fuerza de voluntad ante el guardián, Julie jaló la sudadera de Jack hasta sacársela y descubrió tres rasguños casi de lado a lado en el pecho del joven, al ver aquello no pudo evitar llevarse las manos a la boca, presa del horror. Jack por su lado pareció sorprendido de ver las heridas.
—No me había dado cuenta de esto… —Admitió asustado.
Julie asintió levantándose de la cama y encendiendo la luz. Con cuidado abrió la puerta de su habitación y exclamó. — ¿Mamá, podemos subir la calefacción? Me voy a duchar, siento que me estoy engripando de nuevo.
—Muy bien cielo. Pero cuídate es resfriado. —Comentó subiendo las escaleras y encendiendo la calefacción. —Mañana iré a buscarte algo de medicina. Y no considero conveniente salir con tus amigos si tu condición no mejora. Acabo de arrepentirme de haberte sugerido salir más. —Bromeó al final parándose en la puerta del cuarto de su hija y observando la expresión de ligera preocupación que ella portaba.
—Lo sé. Gracias ma. Usare la tina, creo que me voy a demorar un rato.
—Adelante. —Dijo la mujer antes de plantarle un beso en la frente y volver a bajar, adjudicándole la angustia de la adolecente a la fiebre.
Jack siguió a Julie hasta el baño, y ahí, tras cerrar la puerta con seguro y llenar la tina, ella lo obligó a meterse al agua caliente.
—No creo que esto sea necesario. —Murmuró levantando una pierna y viendo toda el agua que escurría de su pantalón mojado. Julie por su lado se arrodilló al lado de la tina y tomó una esponja bastante suave (Misma con la que tallaba el rostro de Sophie cuando la bañaba de bebé) para llenarla de jabón.
—Déjame cuidar de ti. Tú todo el tiempo cuidas de mí.
—Lo sé. —Murmuró bajando la cabeza. Julie comenzó a tallar con mucha delicadeza el torso del joven para quitar la sangre y la tierra. —Yo podría hacerlo, no me cortaron los brazos. —Bromeó tratando de aligerar la tensión.
—Jack, tú a penas podías sostenerte hace un rato. —Murmuró mirándolo a los ojos. Ambos con un leve rubor en las mejillas, se quedaron mirándose a los ojos hasta que Jack tomó uno de los rizos de Julie para acomodárselo tras la oreja y besarle la punta de la nariz. — ¿Llevas ropa interior? —Dijo ella en un murmullo apenas audible, ambos se sonrojaron hasta lo imposible ante aquella pregunta pero Jack igual asintió. —Quítate el pantalón. Creo que tienes herida la pantorrilla.
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Kayla miraba por su ventana cómo Bunnymund olfateaba el aire en busca de Siom desde su patio. Tenía varios rasguños por todo el cuerpo y cojeaba considerablemente, pero eso no le impidió dar un gran salto hasta la ventana de Kayla y besarle la frente a la humana, haciéndola caer de espaldas gracias al susto.
—Creo que estarás segura esta noche. De todos modos veo que tienes una gran arma de defensa. —Dijo acusatorio mirando el boomerang de la chica.
—Un regalo del abuelo. —Murmuró sonriendo y encogiéndose de hombros.
— ¿Hace cuánto que están entrenando?
—Apenas comenzamos, realmente no es tanto.
—Pues a mí no me pareció eso. Peleaban como expertos hace un rato.
—Yo no soy Gay.
El conejo puso cara de confusión total ante aquella afirmación, por lo que Kayla soltó una carcajada y luego explicó. —Es un chiste local de los guardianes humanos.
—Son unos brutos. —Dijo tras un suspiro bastante pronunciado y sentándose a los pies de la cama de Kayla.
— ¿Te quedarías conmigo hoy?
— ¿Para qué quieres que me quede? —Preguntó ligeramente molesto.
—Porque no quiero que Siom te encuentre y yo no pueda hacer nada. Estás herido Aster, y quiero cuidar de ti. Además, apuesto a que Caleb tiene a Tooth en su poder y que Jack está con Julie, ¿Crees que no me doy cuenta de qué pasa? Yo también te quiero, conejo tonto y engreído.
El conejo no supo si sentirse ofendido por aquello o reconfortado. Sin embargo se puso de pie y miró a Kayla. —Bien, arréglate para dormir, estaré abajo si me necesitas, golpea dos veces el suelo para avisarme que puedo subir.
—No tienes que irte, voy a dormir así. —Dijo jalando los bordes de su pantalón de pijama. El conejo miró la sudadera de la chica, negra y holgada y luego asintió con la cabeza.
—Bueno. ¿Qué sugieres?
Kayla jaló las colchas y se acomodó en la cama, dejando espacio para que Bunnymund se recostara a su lado, cosa que hizo con naturalidad, como si pasara cada noche a su lado. La chica sonrió abrazándole el torso, cuestión que sí lo hizo sentir incómodo.
—Kayla.
— ¿Sí?
—Esto no está bien.
— ¿Por qué no?
—Porque yo soy un guardián y tú eres una humana, y los humanos tienen que hacer sus vidas al lado de otros humanos.
—Julie será humana, yo soy una liebre. —Dijo subiéndose la capucha y mostrándole las orejas anexadas a mano.
— ¿Hiciste eso con cada sweater que tienes?
—Sí. Desde los ocho años.
El conejo guardó silencio unos minutos.
—Aster… —Llamó Kayla sonrojada y sin levantar el rostro.
— ¿Sí?
— ¿Por qué no quieres que te quiera si tú me quieres? ¿O por qué tú si puedes quererme y yo a ti no puedo?
—Porque si yo te quiero no corres peligro, pero si tú quieres quererme, entonces tendrás que renunciar a muchas cosas para poder hacerlo.
—Es mejor renunciar de una vez antes de que me encariñe más con mi vida de humana, te he visto muchas veces y me he enamorado de ti antes. Es triste tener que esperar otra vida para volver a encontrarte y si ya te lo dije esta vez, prefiero que sea la primera y la última.
—Eres una ridícula.
—Me lo han dicho.
—Te quiero. —Murmuró tras un rato de silencio.
Kayla suspiró aferrándose aún más al pecho del conejo. —Te quiero también, aunque no quieras que te quiera.
—Pero quiero que me quieras. —Dijo para luego besarle la frente. —No depende de mí nombrarte una guardiana, depende del hombre en la luna. Él nos eligió a todos nosotros, no nosotros. Jack estuvo trescientos años buscando su motivo de haberse vuelto un espíritu, no es tan sencillo y… —Kayla le puso una mano en la boca y luego tocó su nariz con la de él en un movimiento tierno.
—Hablas de más.
—Me lo han dicho.
—Buenas noches Aster.
—Buenas noches Kayla.
—Y Aster.
— ¿Sí?
—Mañana es mi cumpleaños.
—Como la primera vez que te vi. —Sin embargo, había dejado pasar tanto tiempo antes de decir esa frase que Kayla se había quedado profundamente dormida en los brazos del conejo; él sonrió negando con la cabeza y apretó a la humana contra su pecho con más fuerzas sin llegar a lastimarla, inspirando profundo contra la coronilla de la chica y llenándose los pulmones de su perfume. —Buenas noches Kayla.
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Salvo por el plumaje crispado, Toothiana no parecía presentar más heridas, justo en aquel momento se sentía ligeramente inútil dado que no había podido dar el ancho en la batalla contra Siom, no tenía las armas con las que podían contar Jack o Aster, incluso Meme, sus armas eran poco efectivas; y luego, Pitch y Meme habían hecho aparición en una batalla entre iguales en la que Pitch había tratado de usar sus pesadillas contra los otros guardianes, ahí sí había podido participar y mantener a salvo a sus amigos de todas las pesadillas que Pitch les lanzaba a los otros guardianes.
Ver cómo habían quedado Jack y Aster la había devastado, estaban heridos y cubiertos de sangre y tierra, ella apenas tenía rasguños. Pero eso solo hizo que Los otros tres guardianes sonrieran aliviados y abrazaran con fuerza al hada.
— ¿Estás loca? —Exclamó Jack cuando Tooth les había comunicado su angustia. —Nos da muchísimo gusto que estés bien.
—Pero no pude hacer nada para ayudarlos.
— ¿Estás bromeando no? —Quiso saber el conejo. —Mantuviste a raya un centenar de pesadillas, una de esas me habría costado la vida.
—No le quites mérito a lo que has hecho Tooth.
Ambos guardianes sabían que ella estaba deprimida, y eran tantas y tantas cosas las que estaban pasando que no estaban del todo seguros cuál era la verdadera razón de su depresión. Al final, Aster se lo adjudicó al hecho de que ahora, Jack nunca la vería como ella quería, pero no dijo nada para no herir a ninguno de los dos guardianes y decidió irse a buscar a su guardiana humana.
Ahora, Tooth estaba sentada en el marco de la ventana con las piernitas colgando hacia afuera mientras Caleb terminaba de darse una ducha, mirando la luna y preguntándose ¿Por qué ella?
(YouTUBE /watch?v=8ZTM-drqNAM)
—Moon, por favor. Yo sé que no nos respondes muy a menudo y conozco el trato y los votos de los guardianes, me sé el libro de memoria, pero por favor, por piedad, dime ¿Por qué yo? ¿Qué esperabas al elegirme o por qué me elegiste a mí? Podría haber sido cualquier otra persona, pero me elegiste a mí.
"Y luego elegiste a Jack, sabías que yo estaba enamorada de él. ¿Por qué lo elegiste a él? Podría haber sido cualquier otro… Y ahora vienes y me dices que elegirás un nuevo espíritu y que la decisión ya está tomada y que no hay vuelta atrás y que los precios a pagar serán aceptados y que yo elegiré qué corazón romper y… ¿Por qué haces esto Moon? A duras penas puedo sostenerme a mí misma, y los niños creen con más fuerzas que nunca en que podemos llevar la magia, y Jamie y sus amigos se encargan de hacer crecer el mito pero yo simplemente no puedo sostener el vuelo, caigo cada vez que me levanto, no puedo…
"Tal vez debería hacerle caso a Siom y morir de tristeza en algún lugar.
"Moon… ¿Sí existe un camino para mí? ¿De verdad encontré mi centro y mi lugar y todo esto solo es una prueba más? Moon, por favor dime qué tengo que hacer, me siento perdida, mi poder se esfuma y hasta Aster lo ha notado…
Caleb salió de la ducha con el pantalón de mezclilla que había usado todo el día puesto y con una toalla sobre los hombros sin hacer ruido casi, como era su costumbre de caminar en absoluto silencio por la casa. Vio a Tooth sentada de espaldas a él en la ventana de la sala de estar y no pudo evitar suspirar de igual manera, casi imperceptible.
—Moon… —Murmuró la hada suplicante. —Me siento perdida, no hay camino para mí. No puedo ver la luz de este túnel, no puedo ver el arcoíris, ni la ilusión, ni la magia, no puedo ver nada… ¿Cuál es mi camino? ¿Es que de verdad encontré mi centro o solo…?
Bajó la cabeza a sabiendas de que el astro no respondería a sus preguntas y que ella tendría que encontrar su propio camino, como cada guardián y como ella, siglos atrás. Suspiró.
—Hola. —Llamó Caleb quitándose la toalla y sonriéndole a Tooth a sabiendas de que su sonrisa posiblemente no le mejoraría el ánimo. Ella no estaba enamorada de él, eso era lo que él creía.
—Hola Caleb. —Murmuró tímidamente volteando apenas la cabeza.
— ¿Admirando el cielo?
—Replanteándome cosas.
— ¿Cómo qué?
— ¿Por qué soy una guardiana?
— ¿Y a qué conclusión has llegado?
—A ninguna en realidad.
—Ya veo… —Murmuró acercándose a Tooth. —Ven por favor. —Dijo extendiendo una mano hacia ella. Tooth la tomó y emprendió el vuelo pero él la jaló un poco hacia abajo. —No, te requiero en el suelo. —Extrañada, Tooth se paró en sus propios pies y miró a Caleb. Él por su lado, sacó el control del estéreo de su bolsillo y encendió la radio, encontrándose con una canción de One Republic a la mitad, soltó una risita y lanzó el control al sillón para luego sacar a bailar al hada que sostenía en sus brazos. Era extraño, casi un vals pero muy al ritmo de la música.
— ¿Qué haces?
—Trato de subirte el ánimo.
— ¿Bailando? —Dijo y luego no pudo evitar reír por lo bajo. Sintió el brazo de Caleb cerrarse en torno a su delicada cintura y atraerla hacia sí matando toda la distancia entre ellos y soltó el poco aire que había retenido, sonrojándose hasta los bordes de las plumas. Sintió toda la caballerosidad y cordialidad de Caleb y también alcanzó a percatarse de que él moría de ganas de que ella lo mirara, su sonrisa cálida y reconfortante le llenó cada pluma de un calor desconocido y ella se dejó llevar conforme fue avanzando la música en el radio.
Por un momento se olvidó de todo lo demás, de Jack o Siom, de los guardianes, se olvidó también de que alguna vez había sido el hada de los dientes y se dejó llevar por la música y por los brazos de Caleb, quien la sostenía con fuerzas a momentos y luego la soltaba para hacerla girar. Bien podrían llevar media hora bailando cuando Tooth, sonriente y sonrojada se separó un par de pasos y bajó la mirada. Se sorprendió muchísimo de ver que llevaba puesto un vestido de los colores que antes habían sido sus plumas, zapatillas de tacón bajo y el cabello, castaño, recogido a los lados de su cabeza por peinetas de plumas.
— ¿Qué?
Caleb sonrió tendiéndole una mano. —La luna me dijo que podías olvidar por una noche tus tareas de guardián.
(YouTUBE / watch?v=IatrCFJb0sk segundo 27)
Tooth la tomó sonriendo y siguió bailando una última canción con él.
—Gracias Caleb.
—Un placer. ¿Cuál era tu nombre antes de ser Toothiana?
—Thiana.
Caleb rio por lo bajo sintiéndose bobo ante lo obvio de aquella respuesta y sonrió mirando el rostro de Tooth.
—Bien, Thiana, concédeme esta pieza.
—Ya te la he concedido. —Admitió sonriendo y poniendo sus brazos en torno al cuello del muchacho, apretándose un poco más a él. Se preguntó cómo sería no estar enamorada ya de alguien más y se preguntó también, qué se sentiría ser bien correspondida, entonces, haciendo caso de las palabras de la luna, se olvidó de todo lo que tenía que ver con los guardianes y se limitó a permitir que Caleb la consintiera. Se olvidó de todo lo sobrenatural que la rodeaba y se imaginó que Caleb era su primer amor mientras bailaba con él.
Tras dejarse llevar unos minutos por la canción que sonaba de fondo, Caleb se detuvo un momento y le quitó la cadena del cuello a la chica, con el diente que él había hecho. Sacó el anillo de la cadena y le hizo la seña a Tooth para que le permitiera una mano, ella gustosa le dio la mano izquierda y sonrió cuando Caleb le besó el dorso antes de ponerle el anillo.
—No van en el cuello. —Reprendió con ternura.
—Lo siento.
—Yo podría amarte… —Dijo casi en tono suplicante. —Y estaría dispuesto a ser un guardián si tú me lo pidieras… Yo jamás osaría romperte el corazón, porque me he enamorado de ti y no quiero pasar un solo minuto lejos…
—Caleb… podrías tener una vida normal al lado de otra humana o… pero estás, ¿Estás dispuesto a estar conmigo? La eternidad es mucho tiempo.
—Contigo, no sería suficiente.
—Caleb, yo jamás podría pedirte… —Tooth sintió los labios del muchacho y sonrió cuando él le apresó la cintura de nuevo, jalándola unos pasos de espaldas y dando traspiés por la salita. Sintió cómo él la conducía a través de su casa hasta la habitación en medio de besos cálidos y apasionados y lo siguiente fue que sintió el colchón materializarse bajo su espalda. —Yo podría amarte también. Pero tendrás que enseñarme a hacerlo, no sé estar enamorada, no sé…
En la distancia, en el palacio de los dientes, la pequeña Baby Tooth miraba uno de los cilindros con muelas, el de una niña de cabellos castaños y sonrisa radiante, Thiana, sonrió pasando una manita por los rombos que decoraban la tapa y esperó que aquella intromisión por su parte no llegara en mal momento a donde quiera que Tooth estuviera, tras el leve resplandor volvió a guardar el cilindro y se dirigió con el resto de las hadas para seguir coordinando la entrega de monedas.
Tooth recordó algo de pronto, las manos suaves de un joven bastante parecido a Jack pero de cabello negro y ojos verdes, no recordaba su nombre pero sí recordaba quién era. Estaban comprometidos.
Ella se casaría con él antes de la cuarta luna llena del año y sería feliz a su lado, sería feliz y tendría una familia. Sin embargo las cosas no salieron según lo planeado, la luna llamó a Tooth antes de que ella pudiera contraer matrimonio y la nombró guardiana con la promesa de regresarle lo perdido.
Tooth miró una última vez el rostro del joven de su recuerdo y se sorprendió muchísimo dado que era el mismo rostro que estaba por besarla en la actualidad. Sonrió dándose cuenta de por qué creía estar enamorada de Jack y sus preciosos dientes blancos, su rostro era casi una copia un poco más infantil que el de Caleb. Sonrió con más fuerzas cuando él le tomó las manos y la hizo mirarlo antes de besarla de nuevo y suspiró sabiendo que podía amar a otra persona, no solo compartir su corazón con alguien más sino entregar las partes que había resguardado para Jack a alguien más. A Caleb, al joven que había usado hilo dental y cepillos especiales toda su vida solo por darle gusto.
Suspiró apresando el cuello de Caleb y lo jaló hacia sí para besarlo por su cuenta y decidió que por una vez, podía dejarse llevar por el momento.
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Siom miró la escena sin hacer ningún gesto, ni decir nada. Pitch la miraba con recelo percatándose de cuántas heridas tenía la joven en la espalda y sintió pánico auténtico cuando ella lo miró sonriendo.
—Tenemos que aprovechar este momento en el que nuestros adorados guardianes están distraídos y atacar.
— ¿Atacar dices?
—Sí, atacar. Tus pesadillas y mi desolación, qué gran combinación, es momento de darnos a la tarea de llevar la desgracia al mundo. Cuando se den cuenta de lo que está pasando será demasiado tarde… Pitch, lleva tus pesadillas a la mitad del mundo y yo llevaré mi desilusión al otro. No hay tiempo que perder. —Dijo fundiéndose en las sombras, Pitch soltó una carcajada tan siniestra que retumbó por toda la guarida de la pequeña desilusión, misma que consiguió que hasta las pesadillas temblaran del miedo. Una bruma negra y extraña se levantó entre las pesadillas y Pitch rio con más fuerzas al ver que por fin, Siom había encontrado la manera de materializar la desilusión, ahora solo era cuestión de ver qué era capaz de hacer con ella.
Bueno, aquí otra entrega... a decir verdad no iba a subir nada por estos días ya que han pasado un par de cosas tristes, pero eso me dio una idea para la historia y lo aproveché. Que lo disfruten y gracias por sus comentarios.
