15.- Despedida.
—Esperaré unos días, mientras pasa el funeral y todo. —Había murmurado Caleb desde el taller de Norte, mirando en dirección a la luna. —Quiero acompañar a la familia y a Kayla en éste momento tan doloroso. Y quiero estar cerca de Jamie, le fallé, así que no pienso abandonarlo.
Depositó un tímido beso en los labios de Tooth antes de atravesar el portal a Burguess. El resto de los guardianes asintieron como si supieran aquello antes de que Caleb lo comunicara, todos menos Jack, quien miraba con apatía la ventana.
—Volveré al lago, a casa… y me quedaré ahí un tiempo. —Anunció el guardián más joven levantándose. —Las nevadas y todo eso puede esperar un poco.
Y sin decir más, huyó.
.
Harto, dolido, cansado de esperar sentado sobre el hielo mirando el punto en el que estaba seguro de que Julie había desaparecido, Jack decidió que lo más sano era refugiarse en algún lugar que le ofreciera calor, se subió la capucha y en lugar de entrar a su guarida, donde todo siempre era más sencillo, donde podía aislarse de todo, donde estaba a salvo y podía meditarlo todo con detenimiento, se dirigió hacia la casa de Julie.
Entró atravesando la habitación en silencio, procurando tratar de no despertar a nadie, aunque la casa parecía estar vacía. Con cuidado se arrodilló al lado de la cama, que seguía sin hacerse, seguramente Jamie no había sido capaz de entrar, ni siquiera algún otro familiar. Se agachó como si buscara algo y cuando levantó la colcha se topó con los ojos castaños de Jamie mirarlo fijamente.
—Jack… —Murmuró.
El guardián sintió pánico, había hecho una promesa de proteger a Julie y no había sido capaz de cumplirla, no tenía cara para mirar al pequeño. Y aunque trató de huir, el niño se movió más rápido y alcanzó la muñeca del guardián, reteniéndolo.
—Jack… —Repitió en tono suplicante. —No fue tu culpa, no te estoy acusando.
—No la pude defender.
—Ninguno de nosotros podía.
Un sollozo, tan fuerte que no pudo negarlo después. Se dejó caer de rodillas y Jamie lo abrazó por el frente, consiguiendo que el aroma del perfume de Julie le golpeara la nariz. Llevaba puesta su bufanda…
—No estoy molesto contigo, Jack… al contrario. Ella era importante para ambos… la extraño Jack, no quiero pensar que no volverá a despertarme por las mañanas o hacer pancakes…
Se permitió llorar largo y tendido, ambos, tanto que casi estuvieron lo suficientemente cansados como para quedarse dormidos, ya tenían rato recostados en la cama de Julie cuando Jack miró al pequeño. — ¿Dónde está todo el mundo?
—En el funeral. No quería ir.
— ¿Funeral? ¿Recuperaron…? —Pero la pregunta se quedó atorada en su garganta, no podía simplemente creer que aquello fuera cierto. Se negaba a creer que de verdad viviría aislado de la sonrisa de su adorada tormenta.
—No… Pero quisieron hacer los ritos formales de todos modos.
—Jamie, no hables como un adulto. No te queda.
El niño rió por lo bajo al tiempo en que un par de gruesas lágrimas corrían por sus mejillas. Sintió ganas de llorar a mares y reír a carcajadas al mismo tiempo, aunque no sabía cuál de las dos era mejor idea, así que decidió abandonarlas ambas. Jamie se quedó dormido antes que Jack, así que el guardián de la diversión arropó al pequeño antes de ir a refugiarse a la ventana, donde él mismo decidió dormir un rato.
.
Primero, la oscuridad, la zozobra y la certeza de que había hecho algo tremendamente bueno, con un costo terriblemente alto… Se la pensó mucho antes de abrir los ojos porque no sabía cómo sería hacerlo, el dolor había desaparecido pero un vacío extraño se había apoderado de su estómago y su corazón; sabía que abrirlos implicaría muchísimo dolor pero había riesgos que valía la pena correr, así que se decidió y aunque al principio creyó que seguía durmiendo, se percató de que sólo había oscuridad a su alrededor.
Vio un mechón de cabello blanco pasar frente a sus ojos y sonrió apartándolo de su rostro, sintió miedo de que la oscuridad fuera lo único existente hasta la eternidad, pero un rayo de luz plateada se abrió paso entre las tinieblas y le iluminó el camino hacia la superficie, a donde se dirigía. El hielo le abrió paso y logró salir como si una cuerda invisible halara de su pecho hacia arriba, sintió la caricia de la luz de la luna y luego escuchó una sola palabra en su cabeza con profundidad y tanta gentileza que casi le hizo daño.
Julie…
Jack despertó en medio de la pesadilla y lo primero que hizo fue mirar a Jamie, asegurarse de que no lo había despertado. Juraría que había sentido la mirada pesada de alguien a través de la ventana, pero la noche estaba desolada; en la planta baja se escuchaban susurros y supo que se trataba de los padres del pequeño. Sonrió levantándose y saliendo por la ventana. Iría a Moscú, Alaska, Denver, cualquier lugar al qué helar para esa hora, pero algo lo llamó en otra dirección. Conjuró al viento para que lo llevara y cuando se dio cuenta de que se dirigía al lago, decidió hacerlo por sus propios medios, caminando.
Una serie de recuerdos acerca de Julie lo invadieron en ése momento, de cada nevada, cada guerra, cada bola de nieve que le había dado en el rostro aun cuando ella juraba que no la había tirado en esa dirección a propósito. Y aunque todos los recuerdos eran dolorosos, eligió uno, su favorito.
La primera vez que había visto patinando a Julie por sí sola, sin supervisión había sido en el lago, había llegado por un costado y se había colado entre los árboles al escuchar la música, casi le parecía estarlo haciendo y sabía que si seguía avanzando, su imaginación lo llevaría hasta ese momento.
La vio, girando, saltando, haciendo movimientos fluidos, perfectos, como si llevara toda su vida practicando para ese momento, y no fue hasta largo rato después que se percató de que aquella no podía ser la Julie de sus recuerdos. Tenía el mismo cuerpo, la misma habilidad, el mismo rostro, pero su cabello caía lacio a ambos lados de su rostro, de un color platinado, pálido, casi tan blanco como el suyo pero con destellos dorados de vez en cuando.
Giraba como si tuviera los patines puestos, pero en realidad estaba sobre sus propios pies, y bailaba con la agilidad que la caracterizaba.
—Julie…
Frenó en seco, miró a Jack y luego saltó hacia las copas de los árboles. Le tomó unos minutos al guardián de la diversión reaccionar y seguirla, y para cuando la alcanzó, ella ya estaba llegando a su casa. Atravesó su ventana y se quedó ahí, sentada en su refugio, mirando a Jamie.
—Se ve tan tranquilo…
—Julie…
—Ni siquiera sé por qué vine a verlo.
—Julie…
—Escuché la primera vez que me llamaste, no tienes que repetir mi nombre.
— ¿Entonces recuerdas algo?
—Sí Jack… Todo.
Una aurora boreal iluminó el cielo, por lo que ambos miraron hacia la luna.
.
Las fanfarrias, los jetis, los pequeños duendes celebrando con sus cascabeles, los guardianes mirándola orgullosos y ya no tanto confundidos, y sus dos mejores amigos, los únicos amigos humanos que había tenido alguna vez, todos presentes en su nombramiento oficial como guardiana. Julie sonrió al finalizar la ceremonia y sonrió aún más al percatarse de que Jack no estaba.
.
Había dejado pasar tiempo para poder reorganizar sus ideas, había tenido muchísimas más dudas que certezas cuando se había tomado la decisión de que la nueva guardiana acompañaría a Jack en sus deberes, pero ahora estaba clara de qué quería hacer. De regreso en su hogar admiró desde las sombras a su hermano jugando con el guardián de la diversión y los otros niños, el único lugar al que no lo acompañaba. Habían pasado seis meses desde el incidente del lago y aunque Jack se moría de ganas por anunciarlo, Julie le había pedido que no dijera nada.
Ya oscurecía cuando entraron de regreso a sus respectivos hogares, por lo que Julie aprovechó la intromisión de la noche para meterse al cuarto de su hermanito y arroparlo cuando se había destapado, no pudo evitar despertarlo con su gélido tacto.
—Julie… Ya te había soñado… —Murmuró aún somnoliento.
—Jamie, no es un sueño, estoy aquí… Soy una guardiana ahora.
El niño terminó de despertar sentándose de sopetón y percatándose de que Julie en realidad estaba sentada en la ventana. Corrió a sus brazos y se soltó llorando, casi cada noche lo hacía, pero ahora era distinto, de alegría.
— ¿Cómo es posible?
—La luna me eligió… ¿Lo ves? Te prometí que no te dejaría solo. Jamás.
—Lo sé… Un día tendré que crecer y…
—No te preocupes por eso ahora.
—Pero dejaré de verte.
—No importa, nunca te abandonaré. Ni te olvidaré.
—Ni yo a ti.
—Duérmete ya. O despertarás a todos en casa.
El niño obedeció yéndose a la cama a sabiendas de que la vería con más frecuencia, pero antes de que su hermana saliera, preguntó… — ¿Y de qué eres guardiana?
— ¿Tú de qué crees? —Murmuró antes de salir por la ventana. Se reunió con Jack en el tejado y antes de tomar su mano, le plantó un beso helado en la punta de la nariz.
— ¿Por qué dejaste pasar tanto tiempo?
—Tenía que estar listo para poder vernos.
— ¿Cómo sabías cuándo lo estaría?
—Vámonos a crear tormentas. No te hacía tan quisquilloso. —Bromeó permitiendo que él le tomara la cintura y la atrajera. —Para ser el guardián de la diversión eres… —Pero no terminó su acusación ya que él la besó tiernamente. Sonrió alejándose del beso y murmuró. —Vámonos…
