DULCES SUEÑOS


MIENTE

—Dime que mientes, te lo suplico —imploraba Maerys, con los ojos húmedos.

Rhaellys bajó la mirada, incapaz de sostenerla sobre los ojos de su hija.

—La boda de tu tía no bastará para complacerles, lo han dejado claro.

Maerys se tiró de rodillas al suelo, a los pies de su querida madre. No podía estar haciéndole eso.

—¿Por qué yo? ¿Por qué tengo que ser yo? —preguntaba, entre sollozos, la joven dragona.

Rhaellys suspiró profundamente.

—Porque eres joven, sana, fuerte, puedes darle buenos hijos a Azdehr zo Zaraq, él te ha pedido expresamente.

Maerys no lo entendía. ¿Por qué ese maldito hombre la quería a ella y solo a ella?

—Por favor, madre. Dime que me estás mintiendo, miénteme.

—No puedo hacerlo —Rhaellys acarició suavemente la mejilla mojada de su hija—, no puedo mentirte.

Maerys quería encontrar una solución.

—Puedo darles mi huevo...

—¡Jamás! —estalló Rhaellys— ¡Jamás tendrán un dragón!

—Miénteme, madre, te lo suplico...