Y lo logré! pude terminar el capitulo para este fin de semana! jejejeje... bueno eso es gracias tambien a vuestros comentarios y al hecho de que la historia es de su agrado, eso es un buen motor para que una como autor continue tecleando, jejejeje...
En fin, como dicen por ahí... A LEER!
Capítulo 4
UN POCO DE HISTORIA FAMILIAR
"¡¿Queee?!"
El grito aun retumbaba en la cabeza de Sakura Haruno, confundida, aterrada y al borde de un ataque de pánico. No sólo por su voz, la cual había adquirido un redoble gutural y hosco, como procedente de un gruñido bestial; sino por aquello que le había ocurrido a su fisionomía. Había intentado ponerse en pie –o a cuatro patas, más precisamente— y el equilibrio le falló, a causa del desbalance entre las zarpas delanteras y los cuartos traseros en los cuales se habían transformado sus rodillas humanas. La espalda protestó también ante la nueva estructura vertebral y le hizo caer nuevamente sentada; sin contar el peso molesto que abatía su cóccix a causa de la cola.
Estaba temblando y estaba asustada. Sacudió el cuerpo instintivamente sólo para encontrarse completamente desnuda, salvo por aquél denso pelaje rosáceo claro. Jadeó, intentando apagar otro gemido estremecido… ¡Era una loba! Literalmente de pies a cabeza… o mejor dicho, de cabo a rabo…
…y a juzgar por la apenas consternada expresión en el semblante ahora lobuno de sus padres, aquella intempestiva transformación había sido casi predecible.
"Hija, cálmate" —su madre se adelantó hasta donde estaba la temblorosa lobezna—"Esto era justamente de lo que queríamos hablarte en la mañana, verás, tú …"
"¡¿Esto?! ¡¿Qué rayos me pasó?! " –Sakura clamó nerviosa, en una serie de gruñidos que no sabía como pero sin embargo podía pronunciar como palabras humanas—"¡¿Ustedes lo sabían todo este tiempo?!"
"Sakura…"—esta vez fue su padre quien intentó poner algo de orden, fallidamente ante los histéricos y nerviosos monosílabos de su hija.—"No estábamos seguros... a veces se salta una generación. Créeme, estamos tan sorprendidos como tú"
Antes que siquiera ella protestase algo nuevamente, Sasuke había vuelto, trotando ágilmente entre la maleza.
"Parece que nadie en la cercanía nos vio salir…" — informó secamente el lobo de pelaje azabache.— "Pero no creo que sea seguro permanecer cerca por mucho tiempo."
Un largo y agudo aullido resonó en la lejanía. Mebuki inclinó una oreja en dirección de la procedencia del sonido.
"Será mejor que regreses a casa, Sasuke-san, antes de tu madre se preocupe más. Nosotros nos encargaremos del resto." –dijo al joven lobo negro.
Éste asintió escuetamente con un movimiento de cabeza, para luego irse en dirección al poniente, en medio del bosque. Sakura apenas y le había dedicado una incómoda mirada, aun estando silenciosamente apenada y confundida por lo sucedido. Intentó erguirse, fallando nuevamente.
"¿V-voy a quedarme así?" –fue cuanto logró preguntar aun sintiendo su voz torva como el gemido de un cachorro.
"Claro que no"—murmuró su madre, tratando de tranquilizarle— "Podrías volver a cambiar ahora si quisieras, pero creo que es más conveniente en casa."
"¡¿O sea que iremos hasta la casa estando yo así?! ¡¿Y qué hay de los vecinos?! —Sakura protestó, encogiéndose como un ovillo y con el rabo entre las patas— "¡No puedo ni ponerme en pie, mucho menos podré correr!"
"Sakura, es una distancia muy corta, y entraremos por la parte trasera de la casa. Vamos, levántate."
"¡No quiero!"
Kizashi Haruno intervino.
"Cielo, puedo llevarla sobre mi lomo" –dijo a su esposa— "Aun está asustada… Es su primera transformación, después de todo."
Mebuki le dirigió una mirada austera.
"No tienes remedio" –murmuró afablemente, dándole un golpecito con el hocico a su compañero—"A veces pienso que la consientes demasiado."
A por respuesta, Kizashi espetó un "Bah!" desenfadado que sonó más como un ladrido corto. Sakura alzó el cuerpo como pudo, logrando tumbarse torpemente contra el inmenso lomo de su padre. Pese a que ella era una loba pequeña y no pesaba mucho, había logrado sacarle algunos jadeos al lobo de pelaje rosáceo oscuro durante el trayecto.
Afortunadamente Sasuke tenía razón; el camino desde el desgarbado terreno boscoso hacia el límite fraccionario estaba tranquilo y silencioso como si nada hubiese ocurrido.
Sólo era de esperar, que nadie en la afamada fiesta estudiantil hubiese notado el peculiar alboroto armado por Tayuya, Kin y aquella chica de nuevo ingreso y pelo rosa.
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Se despertó a las nueve de la mañana. Por las ventanas orientadas al este entraba un sol resplandeciente que alcanzó a darle de lleno en la cara. Sakura se revolvió entre la colcha, enroscándose en ésta como un rollo primavera, mientras seguía obligándose a retomar lo ocurrido la noche anterior como una mera pesadilla.
Claro que su cuerpo y su mente no estaban de acuerdo con ello, rebatiéndoselo una y otra vez. Fue real… enteramente real y no había como negarlo.
Tras el regreso y ya en la intimidad del cuarto de baño, su cuerpo volvió a su constitución humana; tal y como su madre había dicho, aquello no era más que cuestión mental… "mente sobre materia" o algo así –Sakura aun estaba demasiado tensa como para procesar todo cuanto había ocurrido de golpe y porrazo- y funcionó al primer intento. El cambio invertido fue menos doloroso, casi como estirar una pierna tras un punzante calambre, y seguido de un hormigueo molesto en la espalda baja y en los brazos.
Soportó aquello y no quiso saber más.
Abrió el grifo del agua caliente y se metió en la tina hasta que las yemas de los dedos se le arrugaron como pasas…y aun así, aquel aroma salvaje y animal que había despertado con su primera transformación se negaba a desvanecerse pese a la tanda extrema de shampoo y jabón corporal. Salió y se encerró en su habitación, presta a que el sueño la venciese y se encargarse de mandar todo recuerdo al demonio…
…y ahora, además del molesto sol, el aroma incipiente del rollo de carne recalentado, salchichas, tocino, y el bramido de la cafetera, hicieron imposible la tarea de volver a conciliar el sueño. Abrió los ojos, e impulsivamente miró hacia sus manos.
Blancas, lampiñas y humanas…
Uff… algo menos de qué preocuparse. Se habría aterrado de nuevo si hubiese despertado como loba, algo que según había oído de los comentarios de sus padres, también podría llegar a pasar… posiblemente fue la causa de aquella inhóspita noche de insomnio, por ejemplo.
Se levantó y bajó en un mustio silencio digno de un presidiario bajo protesta.
—¡Buenos días, mi pequeña cerecita! –clamó su padre, sentado en su sofá delante del televisor y con un semblante sosegado como si nada hubiese pasado.
Sakura tomó una de las sillas del comedor y se desplomó sobre esta.
—Después de lo de anoche, no le encuentro nada de "bueno" –aquejó la pelirrosa.
Su madre dejó el plato del desayuno delante de ella. Una sustanciosa rebanada de rollo de carne, dos salchichas y una humeante taza de café. Malhumorada o no, la pelirrosa no había perdido para nada el apetito.
—Anoche queríamos hablarte de eso, pero estabas demasiado tensa, hija. –comenzó a decir su madre, dando pie a aquella conversación que muy internamente Sakura quería eludir. Tomó una silla y se sentó frente a su hija.— Sé que debimos haberte advertido antes… aunque como tu padre dijo, suele haber miembros de la manada que no lo heredan, incluso algunos Haruno.
—¿Porqué? –inquirió Sakura.
—Por la jerarquía. –respondió su padre levantándose del sofá; y sirviéndose una segunda taza de café se sentó junto a su esposa— Verás, ehm… en una manada hay tres rangos; alfa, beta y omega… —hizo una tenue pausa, aclarándose la garganta— y, bien podríamos decir que lo que queda de nuestro clan, está en las últimas filas; por lo general no todos los omega heredan esta habilidad… por eso esperábamos que no fuese a ocurrirte.
La chica ahogó un gemido apático.
—¿Y por eso me lo ocultaron todo este tiempo?
Kizashi se alzó de hombros.
—Era eso o haberte preocupado en vano –dijo resueltamente.—Sabes, deberías sentirte afortunada, pequeña.
—¿Afortunada? –Sakura gruñó, con la boca levemente llena— ¿Por ser un fenómeno?
—Hija, ser lo que somos, tiene sus ventajas. –enunció su madre, en aire vehemente—Podrás hacer cosas que los demás no pueden.
La pelirrosa espetó una risilla forzada y sarcástica por respuesta.
—Claro… —bufó—¿Cómo ladrarle a los autos o perseguir al cartero?
—Cuando lo desees, tendrás un gran poder…—complementó Mebuki Haruno— fuerza física, resistencia y los sentidos más agudos que ningún otro ser humano. Tu padre y yo hemos aprendido a vivir así y tú también deberías…
—¿Y si no puedo? –irrumpió Sakura, irguiéndose levemente desde la silla. La mente aun le daba sutiles vueltas. Y aquello que no embonaba, simplemente fue lo primero que saltó en su preocupación— ¡Soy un monstruo! ¿Ahora voy a tener que pasar el resto de mi vida encerrándome todas las noches de luna llena para no atacar a nadie?
—¡Jah! –carcajeó su padre en un aire afable. —Pequeña, no creas todo lo que ves en las películas. Salvo por unas… ehm… obvias diferencias, podemos vivir igual que los humanos.
—Pero no quiero esto… —Sakura dejó escapar un largo y hastiado suspiro—…mi vida es bastante problemática de por sí. Soy nueva en el curso, dos chicas del instituto no me dejan en paz, soy alérgica a los condimentos, mi cabello es demasiado raro… ¡¿y ahora esto?!
Su madre trató de calmarle.
—Sakura…
—Creo que necesito estar a solas.
Le llamaron de nuevo, pero la chica se había levantado, y con aquel semblante abatido y frustrado que más valía no increpar de más. Aquello no había aparecido de la manera en que debería y ahora, esperar que una chica de dieciséis años y con un carácter tan volátil como el de Sakura lo tomase tan apaciblemente era pedir demasiado.
Kizashi exhaló, pasándose una mano por la barbilla en ademán pensativo.
—Bueno, creo que no lo tomó tan mal. –intentó sonreír, hasta oir el crujido de la puerta de la alcoba azotarse estruendosamente—…o me podría equivocar, jejeje.
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La pelota se impactó nuevamente contra la inocente barda de madera que franqueaba el jardín de la casa. Provocó un ruido sordo, para luego rebotar en la misma trayectoria hacia sus pies.
La tarde del sábado había caído perezosamente; y aun su mente seguía embotada en un intenso remolino que no llevaba a ningún lado.
Sakura tomó la abatida pelota de softball y la lanzó nuevamente, como había estado haciendo desde hacía una hora. Anteriormente su único impulso había sido tomar la bicicleta y salir por un poco de aire fresco, probablemente terminar en casa de Ino… claro, hasta que su madre le recordó que estaría castigada por lo que restaba del fin de semana, no por el incidente sino el motivo del incidente; haberle mentido a su padre diciendo que iría a casa de Ino siendo que la intención era haber terminado en la fiesta de aquella chica que ni la misma Sakura conocía.
Cómo si no fuese suficiente castigo semejante "sorpresa de cumpleaños", ahora la pelirrosa tendría arresto domiciliario.
"¡Genial, simplemente genial!", pensaba mientras desquitaba su frustración con la inocente pelota. "¡Me pregunto si esto cuenta como castigo familiar o tendré que quejarme con la sociedad protectora de animales!".
¡PLAAAAF!
La pelota había roto uno de los tablones de la barda… y a juzgar por el sonido, había encontrado un objetivo.
—¡Eeepa! –clamó alguien al otro lado, posiblemente de entre el sendero que conducía al bosque.
Sakura se quedó boquiabierta por un segundo. Bien, eso de "fuerza sobrehumana" que había mencionado su madre ahora no parecía una exageración. Y tomando en cuenta que ella nunca había sido buena en ningún deporte, ni siquiera destacaba en el patético equipo de softball de la secundaria, del cual, no salía de la banca.
—Ay Dios… —susurraba con el tono de una chiquilla asustada—¡Perdón! ¿Está bien…? No era mi intención last… —Sus palabras se cortaron al ver emerger de entre los densos matorrales que bordeaban el sendero, un rostro que ella creyó familiar—¡¿Sasuke…?!
Y no, no era Sasuke pero se le parecía demasiado, a no ser por el cabello largo y aquellas marcas bajo sus ojos. Y era mayor, a simple vista parecería estar cerca de los veinte. Sus negros orbes, tan lóbregos y penetrantes como los de Sasuke se clavaron en el semblante nervioso de la chica, la cual parecía más que sorprendida, ruborizada. Él estaba vestido únicamente con unos raídos pantalones deportivos, tennis y una camiseta blanca y lo suficientemente desgastada y traslúcida como para dejar entrever un bien formado torso.
—Creo que esto es tuyo –el muchacho le tendió la mano, como si fuese a estrechar su mano, a no ser porque tenía la pelota en ésta.
Sakura la tomó por reflejo.
—Gra…gracias… ehm…
—Itachi —dijo él, a modo de una escueta presentación.—Soy el hermano de Sasuke. —se levantó levemente el flequillo derecho, Sakura notó una pequeña moradura que comenzaba a desaparecer cerca de la sien—Y tienes un buen brazo, nada mal para una hembra omega.
Su sonrisa era reservada pero no hostil.
—Si, ya… lo veo… —susurró ella en un atisbo estúpidamente cohibido.—Perdón…
—No importa.
Algo en la mirada de aquel muchacho era distinta a Sasuke… tal vez menos huraño, más cálido… algo a lo que ella no podía eludir, a diferencia del otro Uchiha y lo poco que lo había tratado. Estuvo a punto de proferir algo que rompiese aquel silencio incómodo, hasta que escuchó una voz que también provenía del sendero.
—¡Nii-saaaaan! –Sasuke corría hacia donde estaba su hermano; igual que este, emergiendo de entre la descuidada maleza. Éste sólo llevaba puesto unos jeans y una camiseta sin mangas. Se detuvo en seco, mirando de reojo a la pelirrosa—Ah, hola, Sakura. –saludó más hoscamente que su hermano mayor.
Ella solo asintió con un tímido movimiento de cabeza. Sasuke miró a su hermano con cierto recelo.
— ¿No deberías estar ayudándole a papá con el jeep? –Sasuke preguntó con un tono áspero— Fue por eso que no me dejaste darle alcance a ese ciervo.
—Lo decía porque eres demasiado lento, "cachorro", te hubiera tomado toda la tarde. Además… –respondió Itachi, sin desdibujar aquella peculiar sonrisa jactanciosa, para luego darle un golpecito en la frente a un molesto Sasuke. –…a nuestra madre no le gustará que llegues con el estómago medio lleno.
Dirigió su atención a la pelirrosa.
— Con permiso…Sakura-san.—dijo emprendiendo un trote rápido, franqueando la barda de los Haruno hacia el sendero que conectaba a la propiedad de los Uchiha. —¡Y sigue ejercitando ese brazo, puede que para la próxima, le atines a la cabezota de mi hermano!
Sakura ahogó una risa, notando el gesto serio de Sasuke.
—Peculiar tu hermano mayor…
—Hmp… —Sasuke se cruzó de brazos— Es un pesado, desde que nuestro padre decidió promoverlo como el siguiente líder de la manada, no hay quien lo aguante.
—¿Ah?
Sasuke suspiró, un poco más calmado.
—Supongo, que tus padres te explicaron el resto, ¿no? Después de lo de anoche…
—Si… o algo así –Sakura se encogió de hombros—Aun me cuesta hacerme a la idea de "esto". Es mucho por asimilar.
El Uchiha asintió silencioso.
—Lo mismo me pasó cuando completé mi transformación. –echó ambas manos a los bolsillos, presto a emprender el camino a casa igual que Itachi.— Te veré en la reunión entonces.
Sakura se quedó confusa por un breve instante.
—¿Reunión?
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—Es parte del protocolo de la manada –contestó Mebuki Haruno, mientras terminaba de revisar que las ventanas y cortinas de la sala y el resto de la planta baja estuvieran debidamente cerradas.—Vámonos.
Pero Sakura, quien todavía permanecía en pijama y con el rostro somnoliento por haberle despertado intempestivamente hacía poco menos de veinte minutos, sólo atinó a pasarse una mano por detrás de la nuca.
—Pero si es medianoche. –bostezó.
—Por eso es una reunión del Consejo –completó su madre, saliendo de la estancia. Le miró sobre el hombro antes de salir por completo—Por cierto, transfórmate.
Esto último hizo que la pelirrosa despabilase al instante, desconcertada y tensa.
—¡¿Qué?! ¡No! ¡No quiero!
—Sakura, nadie va en su apariencia humana a las reuniones con el Consejo de Manada. Deben verte en tu forma lobuna para constatar que eres del clan y nuestra hija...
Sakura se removió en la silla.
—¿No puedes mandarles mi certificado de nacimiento o una fotografia?
—¡Sakura!
—¡He dicho que no quiero! ¡No voy a…! –antes de completar la frase, aquel escozor hirviente atenazó la lampiña piel de Sakura. El aliento se tornó pesado y sus articulaciones crujieron como si le hubiese dado un calambre; y supo qué seguiría a continuación—Ay no… no, no, no ahora… ¡Mamá!
—Hija, respira profundo y antes que nada, quítate la…
¡RIIIPFH!
—…ropa –exhaló Mebuki en un sutil tono frustrado ante una ofuscada lobezna de pelaje rosa, agazapada entre los jirones de su pijama—Bueno, es la segunda vez… ya le tomarás práctica.
"Odio esto"—gimoteó Sakura, sacudiendo el cuerpo para librarlo de los pocos retazos que quedaban de sus prendas—"¡Realmente lo odio!"
Su madre pasó por un lado, yendo hacia la sala para luego volver en forma lobuna.
"Deja de quejarte" –dijo mientras le ayudaba a Sakura a erguirse sobre sus cuatro patas—"Vamos, no es tan difícil… sólo no arquees demasiado la espalda o te caerás"
"Je… te dije que heredaría mis marcas de pelaje"—repuso Kizashi, con una leve sonrisa orgullosa en su semblante lobuno.
Sakura gimoteó, pero al menos esta vez pudo aguantar en pie. Moverse fue difícil pero lo consiguió… tras dos o tres tumbos. Los músculos estaban rígidos y la textura del suelo bajo sus patas tendía a descolocarle la percepción de equilibrio; sin contar que la cola se bamboleaba de un lado.
Al menos el trayecto no fue largo. Aun soplaba una brisa fresca y había algo en la tranquilidad silenciosa del bosque que a Sakura le agradó levemente… casi instintivo, casi…
…casi familiar.
CONTINUARÁ
Notas de la Autora:
Bien, se que me matarán por dejar el capitulo hasta ahi, pero es que tampoco queria hacerlo demasiado largo, jejeje... ya veremos el resto, espero, la semana próxima. Tambien por eso quiero hacer capítulos cortos pero consistentes; para poder actualizar más seguido tal y como me comentarion, asi que espero darle la continuidad que esta historia se merece.
Y bueno, peculiar la intromisión de Itachi aqui, eh? asi que os pregunto a ustedes, lectores... ¿SasuSaku o ItaSaku?... es solo una duda minúscula (esta autora ya tiene todo preparado xD) pero me gustaria saber vuestra opinion,
Sin mas, me despido y nos leemos la próxima semana!
