Capítulo 5

UNA LOBA EN UNIFORME DE COLEGIALA

"Esto… ¿tiene que ver conmigo, verdad?"—Sakura jadeó, mientras trataba de mantener el paso.—"Lo de la reunión…"

Su madre asintió con un gruñido, y la loba de pelambre rosa titubeó un poco, andando con el rabo entre las patas.

"¿Qué me van a hacer?"

"Nada. Es sólo la presentación formal con el resto de la manada"—Le aseguró Mebuki.—"Siempre es así cuando algún miembro de la manada completa su transformación. Es mera formalidad, nada más."

La voz de su madre era suave y la entonación, lógica. Sakura sacudió la cabeza y trató de resistirse, pero no encontraba palabras, palabras razonables, explicaciones. Parecían carentes de sentido en medio del ulular del viento y bajo aquel dosel de estrellas centelleantes.

"Llegamos"—señaló Kizashi Haruno.

Sakura miró en derredor. Se veía bastante bien a la luz de la luna. Estaban en una plataforma rocosa sembrada de cascajo, que asomaba de la tierra que se extendía más allá como una lengua oscura. Al otro lado, por donde habían venido, se veían las copas de los abetos. Al parecer, habían subido a lo alto de una especie de mesa, un accidente geológico más propio de Iwa o de Kusagakure. Allí arriba, en lo alto de la mesa —o colina achatada o lo que fuera—, había toscos árboles y hierba alta y desgarbada. Al volverse hacia su padre, Sakura vio unos matorrales que se agitaban al viento y descubrió que no se encontraban en una cumbre aislada, sino que delante de ellos el terreno volvía a elevarse hacia unos árboles. Pero era tan extraña la configuración de aquella plataforma entre las suaves ondulaciones de las viejas colinas de Konohagakure.

La luz bailaba entre las ramas de los árboles agitadas por el viento al otro lado de la barrera franqueada por los densos robles. Sakura se detuvo un momento, con los cuartos traseros descansando sobre un viejo tronco colocado en un ángulo de treinta y cinco grados.

¿Un amasijo de viejas ramas de abeto? No miró para averiguarlo, suficiente había sido el no ceder ante el vértigo que le causaba la nueva perspectiva de andar a cuatro patas, tratando de no caer por el peso extra –y molesto- que le proporcionaba la cola.

Alzó la cara al viento que soplaba ininterrumpidamente, alborotándole el pelaje. Era tan frío, tan limpio, tan... constante. Y el aroma que había detectado…

"¡Haruno-san!" –clamó una voz profunda que ella no tardó en reconocer.

Miró sobre su ahora peludo y rosáceo hombro, hacia aquella silueta negra. Un lobo macho, de pelaje negro y grisáceo emergía de entre los densos matorrales. Era Itachi Uchiha, y de eso ella estaba perfectamente segura, pese a le exigua iluminación y las sutiles variantes debido a la transformación; sus pupilas se habían tornado carmesí –igual que las de Sasuke, según recordó- y las oscuras marcas bajo sus ojos aun permanecían ahí, como gruesas variaciones oscuras de su pelaje.

"Ah, Itachi-kun" –resolló Kizashi volviéndose hacia él, notando el aire despejado y olfateando el entorno.—"Eh, ¿Y el resto? No me digas que hemos llegado tarde."

"No, sólo que mi padre había ido a verificar parte del territorio noroeste; simple rutina. Y mi madre y mi hermano… "

"Aqui" –susurró una voz femenina, muy cerca de Itachi.

En la fútil oscuridad, dos pares más de ojos carmesí destellaron. Los de Sasuke y los de su madre; Mikoto Uchiha. Sakura pudo apreciar el lustroso pelaje ébano de la matriarca Uchiha, y el porte, digno de toda compañera del líder alfa, moviéndose con soltura, casi con paso grácil. Sakura les saludó cohibidamente. Sasuke le miró sin la menor sorpresa.

"Podría decirse que casi estamos todos" —musitó éste, interponiéndose entre la lobezna pelirrosa y el campo visual de su hermano mayor, quien no le quitaba la vista de encima—"A no ser por los Inuzuka, cómo siempre…"

Calló abruptamente, escuchando un lejano coro de ladridos, que comenzaba a tornarse más y más cercano.

"¿Qué decías, hermanito?" –gruñó Itachi, pretenciosamente hacia el lobato negro.

Dos sombras poderosas y rápidas cruzaron el lado norte. Una loba de pelaje castaño oscuro, desgarbado y largo, y otra hembra, un poco más pequeña y de un color café más claro y levemente terregoso; ésta parecía tener la misma edad de Itachi… o al menos una alzada similar. Ambas tenían una peculiar marca roja a ambos lados de los belfos del hocico.

"Perdón por la tardanza, pero si no fuera por…"—comenzó a enunciar Tsume Inuzuka, siendo interrumpida por una manchita blanca que salió entre los matorrales, ladrando y correteando entre sus patas y estando a punto de lanzarse efusivamente a la nueva miembro de la manada… hasta que la misma Tsume le puso una zarpa encima— "…oh rayos… ¡Kiba! ¡¿Qué fue lo que te dije?! ¡Akamaru se quedaba en casa!"

Un lobezno castaño pardo, con más pinta de perro-lobo, de la misma edad que Sakura y Sasuke se acercó trotando con paso hosco, las orejas gachas y el rabo entre las patas. Sakura le reconoció por el tono de voz; había escuchado las escandalosas exclamaciones del chico aquel día en la cafetería. Claro, no estaban en el mismo grupo pero sí en el mismo semestre… posiblemente fuese del grupo B o del C.

"Gomen!… estaba seguro de haber cerrado la perrera, pero…"

"¡Pero nada!" –increpó Tsume gruñéndole tan fuertemente que el lobezno se encogió como un perro al que amenazan con un zapato—"¡Esta es la tercera vez en la semana! Cómo siempre, eres un descuidado, hijo…"

"Madre, no me regañes delante de la manada"

"¿Ellos tienen un perro?" –inquirió Sakura casi para sí, contemplando la inquieta mancha que correteaba entre las zarpas de Kiba; un cachorro mestizo de color blanco.—"Creí que los lobos no se llevaban con los animales domésticos… o algo así"

"No en el caso de los Inuzuka" –informó Mebuki, adelantándose hasta donde estaba su hija—"Ellos siempre han tenido lobos entre sus filas de reserva… una especie de aliados, por decirlo de un modo."

"Creo que el término más preciso es "familiar", querida. Aunque son lobos comunes, no como nosotros" –acotó Tsume. –"Claro que mi muchacho no es el mejor ejemplo del clan…"

"¡Madre!"

Un gruñido grave y tosco retumbó en el ambiente, interrumpiendo las protestas de Kiba y el murmullo del resto de la manada. Sakura miró en torno con inquietud, entonces oyó crujir unas ramas. Algo emergió entre la espesura, algo bastante grande. A simple vista creyó que se trataba de un oso, pues tenia el tamaño y la alzada de uno; sin embargo era un lobo castaño-negruzco y ojos rojos como ascuas. El mayor lobo que Sakura hubiese visto jamás. Ésta abrió la boca para inquirir algo, pero volvió a cerrarla sin decir nada… hasta que su padre avanzó hasta donde ella.

"Ah, Fugaku-san… ejem…" –saludó desenfadadamente Kizashi, dándole un pequeño golpecito a la lobezna de pelo rosa en el costado—"Ella es Sakura, nuestra hija. Bueno, porqué otro motivo estaríamos aquí sin no…"

"Ya lo se" –interrumpió hoscamente Fugaku. El gesto severo y el gutural rugido que amortiguaba sus palabras, hicieron estremecer aún más a la nueva miembro de la manada.—"¿Asi que este fue tu pretexto para volver a Konohagakure? "

El lobo de pelaje rosáceo oscuro sólo atinó a bajar las orejas, en actitud sumisa y sin ninguna respuesta en concreto.

"Los clanes emigran, Uchiha-sama, inclusive los omega… "—murmuró Mebuki, dándole un poco de apoyo a su cohibido esposo—"Y nosotros no sabíamos con exactitud si nuestra hija fuese a heredar la... "habilidad" de la familia."

El enorme macho alfa, espetó un bufido.

"Eso no justifica el abandono a la manada, independientemente del rango ".

"¡Jah!, ¿y desde cuándo tan estricto con las cuestiones de la jerarquía? Eso era propio del viejo amargado de Madara; además, como si el resto de los clanes no hubiésemos tenido que salir de aquí cuando ésa odiosa guerra inició" –terció Tsume Inuzuka, elevando descaradamente más la voz—"¡Un lobo es la fuerza de la manada y la manada es la fuerza del lobo!"

Kiba y su hermana Hana aullaron al unísono, una forma nada sutil para apoyar el comentario de su madre.

"¡Basta!" –ordenó Fugaku con un estridente gruñido.

Los Inuzuka se calmaron. Mikoto, quien había estado en un expectante silencio junto con sus hijos, enunció:

"Tienen razón; de por sí, somos los últimos clanes que sobreviven" –su mirada, apaciguada pasó momentáneamente hacia los tres Haruno, para luego fijarla con adusta severidad en su esposo y líder alfa—"Todo miembro que completa su transformación, es acreedor de la protección de la manada." –una sutil sonrisa podía a pesar del ébano y liso pelaje—"Y tú mismo estipulaste eso, querido"

Fugaku resopló en ademán frustrante. Avanzó con paso intimidante hasta su compañera, contemplando al resto de la manada con aquel gesto silencioso, fiero y desafiante y clavando su atención en la silenciosa y enclenque hembra pelirrosada.

"Hmp. Si así son las cosas, entonces es obligado que algún miembro de mayor rango le instruya" –gruñó tajantemente.

Se hizo un brevísimo silencio abrupto. Hubo un ladrido entrecortado por parte de Kiba Inuzuka e inclusive Sakura notó a Sasuke a punto de proferir algo. El Uchiha menor se irguió levemente y antes de que dijese algo, casi como si adivinase lo que éste fuese a decir; Itachi se alzó, delante de Sasuke.

"Yo puedo encargarme de eso, padre" –resolló solícito.

"¿Estas seguro?" –la pregunta fue redundante, y Fugaku no podía oírse más en desacuerdo—"Hijo, tienes ya demasiadas responsabilidades, suficiente es que tengas que entrenarte para ser mi sucesor, como para ahora echarte el problema de entrenar a una omega".

Apaciguando el gemebundo gruñido de su padre… y el gesto aprensivo de su hermano, Itachi asintió como si el asunto no fuera tan complicado.

"Por mi no hay problema" –reafirmó Itachi.

Mientas su mirada, destellante en aquel tono rojizo, tan intimidante y propio del clan Uchiha; el clan más antiguo y puro de licántropos, seguía fija e inmutable en Sakura.

En aquel momento, ni ella misma imaginó siquiera, el contexto tan profundo marcado en esa mirada. Un gesto que más de alguno podría enunciar en un solo vocablo:

Pertenencia.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

Sin embargo, Sakura no ahondó en ello hasta después. Claro no era de culparle, después de semejante fin de semana, tan ajetreado e inverosímil.

Y pensar que apenas el viernes de la semana pasada, todo estaba en perfecto balance y normalidad y su única preocupación era sobrevivir a la escuela, lograr volverse invisible para el dúo fastidioso de Kin y Tayuya… y ahora, simplemente todo su mundo se había puesto de cabeza… o mejor dicho, patas arriba.

No bastó el resto de la reunión para calmarle ni tampoco fue suficiente el domingo entero a pesar de haberlo pasado enteramente encerrada en su habitación. No es que aun siguiera molesta, sino que era demasiado, realmente DEMASIADO para asimilar. No puedes esperar que una chica que se había criado y desarrollado en un entorno, aparentemente "normal", termine aceptando que es la última descendiente de una antigua casta de licántropos sólo porque en su cumpleaños número dieciséis terminó transformándose intempestivamente en un lobo… oh, y peor aun, el hecho de que sus padres –que también eran lobos- estuvieron ocultándole todo el problema durante toda su vida.

…y el factor "no somos el único clan", no había hecho más que tensar aún más la anormal situación.

Era un monstruo, si, y para empeorar no de la jerarquía superior, ah no, esos eran los Uchiha; los alfa, los líderes, lo mejor de lo mejor. Siguiendo de los Inuzuka como los beta o los segundos al mando: un clan tan particularmente habilidoso como para emplear lobos ordinarios comunes y corrientes e incluso perros como refuerzos –o "jauría intermedia" como explicó Kiba resueltamente— y hacer que estos obedecieran como fieles vasallos a su general.

Dos clanes poderosos, en si y luego…

…y luego estaban ellos. Nadie más, sólo ellos tres; Sakura y sus padres. Y éstos no habían podido explicarle más allá del hecho de que eran lo último que quedó del desaparecido clan; claro, "peculiarmente pelirrosado" a excepción de algunos miembros, como su madre por ejemplo.
Mebuki sólo había argumentado –escuetamente e interrumpida de tanto en tanto por Kizashi- que la mayor parte del clan Haruno había quedado en el recuerdo tras la última guerra entre clanes humanos e inhumanos… y esto, aunado a la jerarquía y posición que tenían en la manada, la estirpe no había sino desaparecido poco a poco. Al ser omega, no era de esperarse que las "nuevas generaciones" heredasen la habilidad de transformarse, y esto sin contar que algunos antepasados murieron en batalla sin siquiera pasar sus genes…

Bueno, al menos podía enorgullecerse de ser la última de una estirpe cuya habilidad era… ¿sobrevivir?... ¿tener un pelaje tan ridículamente llamativo como para terminar siendo la causa de su propia extinción?

Y esto no le había provocado nada más que jaquecas.

¿Porqué diantres no podía continuar con una vida normal como la de todas las otras chicas? ¿Porqué ella? ¿Porqué tenía que ser…?

—¡Sakura!

El profesor Kakashi Hatake clamó por tercera vez, emergiendo de la bruma de sus pensamientos y trayendo a una desorientada Sakura Haruno de vuelta al plano actual: la preparatoria Konoha Gakuen, diez y media de la mañana… clase de literatura.

La aludida muchacha parpadeó repetidas veces como quien despierta de un sueño abrupto, sólo para encontrarse no en la comodidad de su casa sino rodeada de media clase de estudiantes –Ino y Sasuke incluidos- mirándole con presunto interés. Y Kakashi-sensei, justo frente a su pupitre.

—P-perdón, sensei… no le escuché —excusó tímidamente apenas verle.

El profesor era un desgarbado hombre de treinta y pico, cabello despeinado, grisáceo y semblante taciturno. Su boca estaba cubierta por una bufanda que sabría Kamisama porqué diantres la llevaba en pleno verano aun; sin embargo, debajo de ésta, parecía emerger una sonrisa porfiada, de ésas que sólo un profesor nada crédulo sabe mostrar.

—Que bueno que ha vuelto al mismo plano astral que el resto de la clase, Haruno-san… —enunció Kakashi parsimoniosamente, volviendo de nuevo su atención al libro que había estado leyendo al grupo, al parecer, en lectura compartida—…estábamos hablando de Roma; justamente de la leyenda de Rómulo y Remo…

Dijo mientras caminaba entre las filas y se detuvo, casi al llegar al pizarrón. Se volvió de nuevo hacia la joven de pelo rosa.

—…y cómo puedo suponer que ha estado leyendo el mismo capítulo sin siquiera abrir el libro –añadió sagazmente— ¿Podría decirme, qué fue lo que salvó a los jóvenes Rómulo y Remo de morir cuando éstos eran sólo unos infantes?

Hubo un eco de murmullos. Sakura apenas se percató de que tenía el condenado libro cerrado… y para evitar la obviedad de abrirlo descaradamente delante del grupo y del profesor, sólo respondió lo primero que le pasó por la mente.

—Ehm…¿un milagro?

Ah pero Kakashi era habilidoso para exponer a sus estudiantes.

—Oh, ciertamente… pero ¿Qué forma tenía ese "milagro" en particular?

Ahora las voces a sus espaldas eran más notorias. Dos chicas a sus espaldas decían algo referente a su "estúpida respuesta", un tercero masculló algo inteligible, Sasuke sólo tamborileaba los dedos sobre la página de su libro, otra chica, de la cuarta fila a su derecha mascaba un chicle ruidosamente… o al menos a Sakura pareció taladrarle los oídos con ese "chump-chump-chump" incesante. Ino susurraba pero el maldito masticar de la "chica-mandíbulas industriales" se estaba llevando todo el centro de atención auditiva.

Más miradas… más tensión…

Sakura apenas notó de reojo la ilustración en el libro de Ino.

Un lobo…

—¿Haruno-san? ¿Sí escuchó mi pregunta…?

Lobo…

Y la chica y su maldita goma de mascar… ¡¿Iba a callarse o tendría ella que obligarle a tragársela?! Claro, se levantaría y…lo haría si fuera…

¡Lobo!

—Era un lo…

Y entonces, la tensión, el escozor en sus oídos y la fastidiosa insistencia de la monótona pregunta de Kakashi sensei hicieron que su naturaleza respondiese como sólo ella podía hacerlo.

Las palabras se le atoraron, soltando tras de sí un gruñido amorfo que culminó en un atisbo de aullido gutural, torpe y agudo. Sakura se llevó ambas manos a la boca inmediatamente… sólo para notar que los nudillos de estas comenzaban a crujir y retorcerse bajo la pálida piel…

No… ¡No! ¡No! ¡No!... ¡AQUÍ NO!

Y se levantó intempestivamente, como impulsada por un resorte. Corriendo hacia la puerta, abriéndola y saliendo como si los pies le quemasen.

—¡Haruno-san! —clamó Kakashi, claro que para cuando lo dijo, la pelirrosa ya había salido.

Echó un suspiro desconcertado.

—El primer reporte del día; vaya manera de empezar la semana…

Pero Sakura no oyó esto, por más agudizado que tuviese el oído. Corría ya a medio pasillo, en dirección hacia el baño.

Claro, qué mejor lugar para encerrarse momentáneamente y calmarse, aunque dudaba que esto pudiese, a estas alturas, frenar el abrupto proceso.

Corría, sintiendo que no sólo los nudillos y los brazos crujían, sino las piernas. El escozor se extendió en toda su piel, bajo el uniforme escolar y aun dentro de sus zapatos. Los músculos se tensaban como cuerdas de arpa, obligándose o a apretar el paso o a adoptar una postura más cómoda… a cuatro patas, preferentemente.

¡No! ¡Nonononononononoooo!, se gritaba así misma, hasta casi llegar al segundo piso.

Sakura había pasado por delante del gimnasio en el momento en que otro grupo de segundo semestre, entre quienes Tayuya sobresalía como un frijol en el arroz, salía de él. Tayuya todavía estaba en primero, pero hacía gimnasia con los del curso siguiente. Las tuberías del techo habían estado goteando otra vez, pero el señor Yamato aún no había tenido tiempo de poner su cartel de ¡"cuidado! ¡suelo mojado"! en su pequeño caballete.

Sakura, quien estaba a punto de estrellarse contra Tayuya, eludió a ésta… y la chica de pelo magenta, al sacarle la vuelta bruscamente, resbaló en un charco y aterrizó de culo.

Hubo un estallido de risa, tanto entre los compañeros de Tayuya como entre los del cambio de clase, pero la cara de Tayuya no reía al levantarse; tenía el color de los ladrillos recién horneados. Llamó a gritos a la pelirrosada.

Y el resto…

Sakura dio media vuelta, corriendo y corriendo, tratando de frenar la transformación… y eludiendo al demonio vociferante de pelo magenta. El baño había quedado a tres metros detrás de la chica de Otogakure y Sakura, ya no podía seguir corriendo. Cada inhalación le provocaba una intensa puntada en el flanco.

Su vista se fijó en una puerta que decía "Salida de emergencia. Alarma activada". En su pecho se renovó la esperanza.

Corrió por el pasillo, llegó a la puerta y golpeó la barra con todas sus fuerzas. La puerta se abrió dejando entrar el fresco aire de fines de agosto. La alarma se disparó con un relincho estridente. Inmediatamente, Sakura giró hacia atrás y se dejó caer en el siguiente pasillo. Desapareció de la vista antes de que la puerta volviera a cerrarse.

Pero el cambio no le abandonó…

Se quedó tumbada, en posición fetal mientras inhalaba y exhalaba copiosamente. Los músculos temblaban y el pelaje rosáceo intentaba abrirse paso entre los poros…

No… no lo quiero… ¡No!

—¡DETENTEEEEEE! –el rugido brotó de su garganta.

Algo resolló a sus espaldas. El escozor desaparecía poco a poco y una sensación de hormigueo abatió sus extremidades. La respiración se normalizaba poco a poco.

Una mano le tocó suavemente el hombro.

Sakura sólo sintió un suave aliento y un aroma conocido proveniente de aquel extraño.


CONTINUARÁ


Notas de la Autora:

Bua ha ha ha haaaaa siii, soy mala malosota por poner este final, jajajaja... pero es para dejarlos enganchados. Oficialmente creo que podria tomar este fic como el proyecto semanal, (todavia tengo algo de tiempo libre en la universidad y puedo gastarlo en ello xDD).

Considero mucho de lo que me comentaron anteriormente, en cuanto a ItaSaku o SasuSaku y pues... ya lo tengo decidido... ya verán ustedes conforme avance más la historia, jejeje.

Ahora la pregunta del millon... ¿de quien era esa mano? ¿Sasuke quizás? ¿Itachi? Vamos, a estas alturas hata podria ser Kiba... jejeje...

Bueno se los dejo a suponer hasta la semana entrante, con el próximo capítulo!

Ya saben, todo comentario es bienvenido y ayudan a que esta desvelada escritora se motive y deje de perder tiempo en facebook jajajaja.

Nos Leemos!