Saludines público lector, bueno, antes que nada una disculpa por la ausencia de la semana pasada (exámenes! buaaaaa!) pero para contrarestar un poco, les dejé un capítulo un poquito más largo... así que a leer!

Capítulo 6

ASÍ PASA CUANDO SUCEDE

El timbre insistente de la alarma contra incendios seguía repiqueteando con un frenesí de locura en todo el largo y ancho de la escuela preparatoria de Konohagakure.

Tres grupos que estaban en el piso inferior salieron casi disparados, con sus respectivos profesores. Lo mismo con los grupos de nuevo ingreso que estaban en el laboratorio. Tres grupos más se sumaron al amasijo de estudiantes y maestros desconcertados que se amontonaban en las escaleras y pasillos.

Umino Iruka, el afamado, apacible y cándido consejero estudiantil, dejó caer con abrupto desconcierto lo que era su primer taza de té en la mañana. Miró el barullo a través de la ventanilla de su oficina, encontrándose con lo que él creyó ver como una representación de ésas escenas faramallosas que sólo se ven en las películas apocalípticas.

—¿Qué diantres…? –apenas logró inquerir cuando su voz se vio interrumpida por el eco apabullante de la alarma, retumbando a más no poder.

Y aunque Iruka nunca había sido de los que sacan un juicio premeditado de las situaciones, su mente de consejero juvenil dedujo que esta peculiar "avalancha estudiantil en estado de pánico" podía resolverse en dos causas; una emergencia de verdad… o algún chico listillo que pensó que sería buena idea ponerle algo de sonido surround a la escuela.

Y como si el mismo Kamisama estuviese coludido con el respetado Umino-san, un rostro conocido apareció ante él casi como señalándose entre la multitud. Y no tanto por su cabellera magenta…

—¡Tayuya-san! –clamó al instante.

Como si ésta hubiese visto al mismo Satanás, salió corriendo en dirección contraria, apenas notar el contrariado pero severo semblante del consejero Iruka. Claro, la muchedumbre no estaba precisamente "despejada" y tres pares de chicas le empujó involuntariamente hacia el corredor, casi como ir contra corriente en un río embravecido. Iruka le tomó del brazo apenas la alcanzó.

—¡Señorita Tayuya!, ¿Tendría la amabilidad de explicarme qué está pasando? –pidió en un tono muy serio. A lo que la chica de pelo magenta sólo espetó un bufido tosco.

—¡Yo no…! —balbuceó Tayuya notando que no se libraría del fastidioso consejero. Un buen momento para convertir a su posterior víctima en chivo expiatorio—¡Yo no fuí! ¡La frentuda ridícula encendió la alarma! ¡Fue Sakura Haruno!

—¡¿Qué rayos está pasando aquí?! –antes de cualquier otra pregunta o de cualquier otro monosílabo inentendible por parte de la chica, la voz de la directora Tsunade Senju retumbó casi tan enérgica como el propio timbre de la alarma contra incendios.

Su mirada fue a dar directo en Iruka.

—Es… jeje… ¡Nada de qué preocuparse, Tsunade-sama! –apaciguó Iruka en un cohibido ademán—¡Sólo se activó la alarma por error!

Tsunade casi lo fulminó con la mirada.

—¡Entonces dígale eso al camión con escalera que esta fuera de la escuela!

—Claro, claro… no se preocupe… ¡Ya mismo arreglo ésto!— El consejero palideció, aunque no dejó ir a la jovencita de pelo magenta, a la que le dirigió una discreta mirada severa.—Señorita, a mi oficina.

—¡Pero yo no fuí!

—¡Ahora!

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Estaba en medio de una bruma, aun pudiendo escuchar todo… todo y con lujo de detalles. Las voces, los pasos, el caos total que había al otro lado de la puerta… y al mismo tiempo, los latidos acompasados y acelerados de su corazón.

Su mente daba vertiginosas vueltas en un delirio motivado por el pánico.

—Respira… —musitó una voz a sus espaldas, perteneciente a aquella persona que le seguía sujetando el hombro con suavidad.

Sakura jadeaba, sintiendo aun la extraña pesadez en sus extremidades. Entreabrió los ojos, percatándose de que yacía en posición fetal sobre el frío linóleo de la bodega del conserje…

Un momento… ¿no había caído torpemente en el otro pasillo? ¿Quién rayos le había llevado hasta ahí?

Interrumpió sus confusas cavilaciones, sintiendo un aroma conocido. Se alzó como pudo, hasta encontrarse con aquel semblante…

—¿Itachi?

Éste no espetó nada más que un gruñido corto, a modo de respuesta. Estaba ahí, arrodillado a su lado, y con aquel usual y circunspecto semblante; preocupado después de todo pero sin perder ese rasgo serio, tan… "Uchiha". Ella alcanzó a apreciar que él llevaba puesto el uniforme reglamentario de la reserva forestal de Konoha.

—¿Qué pas…? –su voz se quebró en un gemido cuando intentó levantarse, sintiendo que simplemente no podía sostenerse por sí misma.

Itachi le asió por el brazo, tomado su propio hombro para soporte de la pelirrosa.

—Dale algo de tiempo, frenaste el cambio demasiado precipitado. –explicó el Uchiha. Sakura le miraba sin comprender—…detener la transformación siempre hace que consumas mucha energía; es lo que resiente el cuerpo.

Sakura dejó escapar un suspiro de agotamiento, se sentía precisamente como si hubiera estado corriendo una mil entera a velocidad turbo sólo para terminar deteniéndose en seco. El pulso le seguía menguando y su respiración comenzaba a apaciguarse. Notó con cierto fastidio que el uniforme estaba empapado de sudor.

…al menos no corrió la misma suerte que su pijama… o la ropa que Ino le había prestado para la fiesta en casa de Shion…

—¿P…porqué…? —un poco más estable, la chica intentó embonar poco a poco las piezas de lo ocurrido. Y al encordarlo todo, su voz simplemente se elevó en un tono de preocupación— ¿Porqué tenía que pasar…? ¡Estaba perfectamente en clase y de repente tenía que pasarme ESTO! ¡¿Porqué?!... ¡Arghhh…!

Y de nuevo el pulso reaceleró su marcha y su voz comenzó a tornarse gutural de nuevo. Itachi simplemente rodó la mirada hacia el techo.

—Por la misma razón de este momento. Te alteras demasiado rápido, y eso provoca que te transformes súbitamente. —explicó pacientemente—Cálmate y…

—¡No puedo gr… gr…! —y ahora sí, intentando todo cuanto podía por contener aquella embravecida lava que corría por sus venas, simplemente dejó de resistir ante lo inevitable y su cuerpo tomó control absoluto.

Los músculos crujieron y se expandieron, el pelaje emergió como una densa marejada rosácea bajo el uniforme, rompiendo las costuras y parte de la tela como si éstas fuesen de papel.

Bien, ahora más ropa al listado de prendas perdidas por culpa de su intempestiva naturaleza salvaje… a este paso, terminaría la semana sin el resto de guardarropa.

¡Rayos…! —bufó Sakura. Notó a Itachi esbozar una sutil y casi invisible sonrisa divertida—¡Ey! ¡Esto no es gracioso!

Gruñó al Uchiha, quien sólo atinó a pasarse una mano por detrás de la nuca.

—Descuida, a Sasuke le fue un tanto peor en sus primeras semanas tras completar su transformación… inclusive, una vez le ocurrió cuando acompañábamos a nuestra madre al supermercado y…

—¡¿Qué diablos estás haciendo tú aquí?! –terció una voz. Itachi miró por sobre su hombro, encontrándose con el semblante nada apaciguado de su aludido hermano menor.

—Y hablando del rey de Roma… —espetó desenfadadamente Itachi—A mí también me alegra verte, "cachorro"—sin esperar respuesta, éste sacó una caja pequeña caja del interior de la mochila que tenía a sus pies—Sólo vine a traerte el almuerzo, lo dejaste olvidado como siempre… —le lanzó el obentou a Sasuke, quien lo atrapó diestramente—… y me habría ido, si no fuese porque Sakura-san estaba en problemas… —dirigió su atención a la lobezna pelirrosa, ignorando los iracundos monosílabos de su hermano—Por cierto, ¿Quién era la chica que estaba gritando detrás tuyo?

Sakura sólo se alzó de hombros, con las orejas gachas.

"Sólo un dolor de cabeza llamado Tayuya"—gimió.

—Yo pude haber ayudado –rezongó Sasuke, más directamente hacia su hermano—No tenías porqué inmiscuirte, Itachi.

—Sakura-san está bajo mi protección.

—Pero no es tu propiedad…

"Ehm… chicos…" —la voz de Sakura quiso interponerse en la discusión antes de que las cosas pasasen a mayores; sería más problemático tratándose de tres lobos.— "¿Qué hago ahora…?"

Itachi miró resueltamente hacia el portón que daba al patio.

—Yo me encargo. —miró a su hermano con un gesto severo—Tú vuélve a clases y asegúrate que nadie haya notado nada.

Éste sólo gruñó inconforme, con un hosco "Hmp".

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El sol de la mañana casi se había ido, y aunque el estival clima de verano estaba en su pleno apogeo y la brisa era cálida, Sakura no pudo evitar temblar repetidas veces bajo la gruesa manta.

De nuevo –y afortunadamente- en su constitución humana, permanecía silenciosa y quiéta, arrinconada en el asiento del copiloto de la camioneta de Itachi; estaba únicamente envuelta por una desvaída loneta –la que seguramente el Uchiha para cubrir el vehículo—, como una refugiada de alguna inundación. Durante el corto trayecto, desde la escuela hasta que retomaron la calle que daba al barrio rural aledaño al bosque, no había espetado ni una sola sílaba. En parte Itachi no le culpaba, poco se conocían, además de que la peculiar experiencia de la mañana no era algo de lo que la chica de pelo rosa quisiese alardear.

Sin embargo, el silencio era tajante, pesado e incómodo. Itachi, que pese a ser un tanto callado, bien podía tolerarlo, pero notaba las miradas nerviosas que Sakura le dedicaba de tanto en tanto, y aunque él no era muy versado en conversaciones con féminas –poco había de mencionar a Hana Inuzuka, quien siempre se mostraba demasiado solícita en su prescencia— sentía que si aquel silencio podía incrementar tensión en ambos… y ya suficiente había tenido Sakura esta mañana como para hacerle pasar otro mal rato.

Su mente había hilvanado algo. Una pequeña alternativa que bien podría servir para adelantar un poco del llamado "entrenamiento para primerizos" del cual él se había tomado la asignación por propia cuenta. Y ya se había escabullido del trabajo…

Exhaló, planteándose un poco las palabras.

—Entonces… —enunció en una voz baja, mientras su mano libre jugueteaba desinteresadamente en las perillas del radio. Si no funcionaba algo de conversación, bien podría dejar algo de música de fondo—¿quieres que te deje en casa?

Sakura casi se sobresaltó. Parpadeó un par de veces.

—Pues… si…creo… —tartamudeó ella, no tanto por timidez sino porque realmente bajo la loneta, su cuerpo desnudo aun resentía el abrupto cambio de temperatura. Se dejó caer un poco menos tensa contra el respaldo del asiento—Aunque mi madre me matará en cuanto se entere de que me transformé en la escuela…

Itachi chasqueó la lengua.

—Tsk, no fue tu culpa. Todos pasamos por esto.

Oyó a la chica espetar una risilla corta. Al menos no forzada.

—La voz de la experiencia. —aquejó. Se reacomodó la loneta y se inclinó un poco hacia delante, mirando al conductor—Pero supongo que a ti no te ha pasado.

Itachi sólo se alzó de hombros.

—Casi, aunque no fue en la escuela… —resolló escuetamente—…fue las primeras veces que asistía a ayudar a mi padre en la oficina de guardabosques; unos tipos querían pasarse de listos, acampando en el área restringida con rifles y todo. No eran más que simples palurdos montañeses que creen que todo lo que no es urbano les pertenece… —su voz bajó un decibel, casi como un murmullo—…Esa vez, realmente había tenido que luchar con el impulso de transformarme… inclusive creo que mi padre no estaba en mejores condiciones que yo en ese momento.

—Lo hubieras hecho –comentó Sakura, un poco más animada.

Una sutil idea comenzaba a formarse en su mente aun en torno a lo acontecido en los últimos días… ¿Y qué si decidía encarar a Tayuya? ¿Qué acaso no se suponía que ahora tendría fuerza y habilidades superiores a las de cualquier adolescente enclenque? Sería una manera muy cómoda de deshacerse del problema, después de todo, un lobo intimidaba demasiado –aun con el pelaje rosa-… y si…

—No –casi como si le leyese el pensamiento, Itachi se giró levemente hacia ella con aquel severo semblante—No debemos hacer eso, exponernos no ocasionaría más que problemas.

—Pero somos monstruos, somos más fuertes que cualquier humano, ¿no? Apuesto a que esos tipejos hubieran salido corriendo…

—Y hubieran llamado al canal de noticias o regresado con sus armas o armado algún escándalo en todo el pueblo. –completó Itachi en aire monótono—. Los humanos son muy alarmistas; es por eso que nosotros tenemos prohibido mostrar nuestra verdadera naturaleza delante de ellos.

Sakura suspiró. Una parte de su mente abandonó aquella última alternativa; probablemente Itachi tenía razón y probablemente debería dejar que el asunto con la fastidiosa rufiana de Otogakure se enfríase por sí solo…

Claro, probablemente…

Itachi detuvo el vehículo. Sakura notó que se encontraban en el entronque del camino rural, teniendo a la izquierda –y un par de calles abajo- su casa y por el otro, el terregoso sendero que iba hacia el bosque. Itachi guardó silencio unos segundos.

—Estaba pensando… —dijo un tanto dubitativo—…que podría llevarte a casa, o si es que quieres aprovechar el resto de lo que queda de la mañana en comenzar parte del entrenamiento. Podríamos correr un poco, eso podría apaciguar el impulso de transformarte súbitamente.

La pelirrosa le miró en silencio, sutilmente. La tentativa era regresar a casa, tomar una ducha, tumbarse en la cama y hacerse un ovillo con la sábana… y terminar escuchando un sermón de media hora o más de su madre… quien posiblemente le obligase a regresar a la escuela, quisiese o no…

…o tomar la alternativa del Uchiha. A la cual asintió, casi inconscientemente. Éste volvió a encender la camioneta y se adentraron en el lado noroeste del bosque. La brisa era más fresca que en las sofocantes calles del centro de Konoha. Habían llegado a un claro, lleno de hierba alta y toscos robles; Itachi apagó la camioneta justo cuando el terreno no permitió a las ruedas avanzar más.

— ¿Sería sólo correr? –inquirió de pronto Sakura, un tanto dudosa. Volvió a apretujarse entre los pliegues de la loneta—No es que me queje, pero… no tengo ropa… ¿cómo es que vamos a…?

—Transformados –acortó Itachi, bajándose del vehículo y comenzando a desabotonarse la camisa.

—¡¿Qué?! –Sakura casi se quedó estupefacta—¡¿A plena luz del día?! ¡Pero acabas de decir que no debíamos exponernos!

Itachi bufó, dejando caer sobre el asiento su camiseta. Sakura sintió ruborizarse al notar el torso atlético y desnudo del Uchiha.

—Esta parte es terreno protegido, restringido para los humanos y seguro para nosotros. Es enteramente propiedad de los tres clanes. –explicó llanamente, mientras que delante de la atónita mirada de la chica, procedía a desabotonarse ahora el pantalón.

—¡Itachi! –Sakura apartó la mirada inmediatamente y casi cubriéndose también el rostro ahora rojo como un tomate.—¡¿Al menos no puedes hacer eso en otro lugar…?!

Escuchó que éste rió escuetamente. Por alguna razón hasta parecía que lo hacía a propósito.

—Perdona, te dejaré algo de privacidad. –musitó—Te veré detrás de aquellos robles, ¿vale?

Ella sólo asintió, aun con el rostro cubierto. Le escuchó alejarse trotando con los pies desnudos sobre la maleza, seguido de un tronido bajo; el sonido de las articulaciones al cambiar de forma. Sakura se quedó quieta un momento, bajó del vehículo, aun envuelta en la loneta y sintiendo el escozor de la húmeda tierra bajo sus pies. Inhaló hondamente, con su mente todavía renuente a lo que tenía que pasar.

"Es como sumergirse en agua helada; molesta al inicio pero después te acostumbras", había dicho su madre aquella noche cuando regresaron de la reunión del clan, y ahora, pese al imprevisto de esta mañana, Sakura no podía haber encontrado otra mejor analogía.

Volvió a inhalar y exhalar. Era desesperante como aquello había ocurrido sin proponérselo y ahora que pretendía hacerlo… ¿se acobardaba?

—¿Sakura? ¿Todo bien?

—V-voy… —respondió, sintiendo más presión ahora—… casi…

Exhaló y el cuerpo respondió. Lento y más doloroso que la última vez, por lo menos logró sacarle un gemido entrecortado al erguirse a cuatro patas. El cambio fue brusco y estuvo a punto de perder el equilibrio. Cuando alzó la mirada, se encontró a Itachi andando hacia ella. El enorme lobo negro y grisáceo caminó parsimoniosamente en torno a ella, como un ave de rapiña sobre su presa.

"Estas demasiado tensa" –enunció.

Sakura, sin moverse en absoluto, sólo ladeó levemente la cabeza hacia un lado.

"No. Es así como debería estar de pie, ¿no?" —dijo, casi resueltamente—"Es la tercera vez que lo hago y… y no estoy tensa. ¿Qué quieres decir con eso?"

"Que estás tan tiesa como un lobo disecado"

"¡No es cierto!"

Para simple explicación, Itachi sólo le dio un pequeño y casi inexistente empujóncito contra el hombro. Y como si hubiese arremetido con toda su fuerza, la lobezna pelirrosa cayó de costado.

"Te lo dije" –espetó sin prestar mucha atención a los reclamos cortos de Sakura. Claro, le ayudó a levantarse empleando su costado como punto de apoyo. Su mirada estaba seria pero aun afable hacia ella—"No extiendas tanto la espalda, y las patas no deben quedar tan rígidas. Las zarpas tienen que amoldarse a la textura y desniveles del suelo, y de ahí el propio cuerpo se nivela por soporte"

Ella bufó, más como una especie de puchero.

"Ya… ¡Aun así, sería más fácil si no fuera por esta estúpida cola!"

Sakura avanzó torpemente hacia el Uchiha, el impulso de la espalda y el rabo curveándolo hacia otra dirección volvieron a hacerle flaquear… cayendo ahora sobre Itachi, quien comenzaba a sentir que tal vez necesitaría más paciencia de la que había pensado originalmente.

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Las cosas se habían tornado raras… más raras de lo que podía suponerse y más raras aun tomando en cuenta la actitud con que Ino había estado enlistando los hechos.
De por sí, ya había sido demasiado extraño el desplante de su pelirrosada amiga durante la fiesta de Shion… luego la evasiva de llamadas –no era común, simplemente no era nada común que Sakura no estuviese en casa el resto del fin de semana, y menos si fue su cumpleaños— y ahora esto; una impropia e inhóspita huida a media jornada de clases.

Ino podía ser despistada, poco analítica y en ocasiones algo crédula pero no era nada tonta, y aquel repentino cúmulo de hechos "inexplicables" en torno a Sakura Haruno a quien conocía de hace pocas semanas como una de tantas chicas cuyo carácter y personalidad no distaban de nada irrelevante, no iba a ser nada inadvertido… o mas bien no podía ser inadvertido… ¿Cómo alguien que es tranquilo y socialmente "invisible" empieza a comportarse como fugitivo del FBI?

…y aunque Ino sabía de la afrenta de la escuálida Haruno contra la vulgar Tayuya –y su lacaya Kin- también sabía que por lógica no podía deberse a ellas aquel peculiar acto de desaparición. ¿Entonces?

Y ni siquiera el tal Sasuke se mostraba informativo… sino al contrario, pareciera que supiese algo y lo ocultase… o que no supiese nada y lo ocultase sólo para hacerse el interesante; o…

Ino interrumpió sus pensamientos, mientras tomaba su mochila y la de Sakura; para luego salir en fútil silencio hacia la casa de la Haruno.

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Dejaron atrás el bosque, cuando apenas la tarde caía perezosamente. Habían llegado al claro. Allí se adivinaba el leve resplandor del ocaso.

"Creo que podemos hacer un alto para descansar "—dijo Itachi, deteniéndose en la cima de una formación rocosa.

Escuchó el jadeo continuo de Sakura a sus espaldas.

"¿Te encuentras bien?"

"Perfectamente. Sólo necesitaba recobrar el aliento"—resolló Sakura, sentándose a su lado y haciendo media docena de inspiraciones profundas.

Itachi respiró profundamente un par de veces.

"Ya le tomarás práctica" –gruñó en tono bajo. Sakura pudo apreciar un sutil brillo afable en sus pupilas carmesí. –"Para eso me tendrás a mi."

Podía sentir el ritmo acompasado de su corazón, su respiración acompasada, su aroma a hojas de pino y tierra húmeda... el calor de su cercanía y…

Y de repente se sintió demasiado abrumada, como si un torrente intangible de calor abrasador le hubiese abatido de pronto y se vio obligada a apartar la mirada de él… puede que inclusive quisiese alejarse al instante…

…Sasuke nunca le había provocado eso. No, ni siquiera aquella tarde ni…

"¿Sakura?"

Ésta se sobresaltó, afortunadamente volviendo a la realidad antes de que aquella tolvanera de ideas provocase algo más. Algo en lo que no quería ahondar… al menos no aun.

"¿Ah…? No, no es nada…" –se encorvó, con la cola entre las patas y las orejas gachas—"Creo que deberíamos volver… es algo tarde y…"

Un crujido ahogado resonó en su estómago. Menos mal, asi sería un pretexto viable y menos forzado.

"Esta bien" –asintió Itachi, se levantó y le dedicó una sutil sonrisa lozana —"Aunque si tienes hambre, podríamos cazar algo…"

"Ehm… no gracias. Vamos poco a poco, apenas y puedo conseguir correr convertida en esta… cosa…"

"Como quieras. Yo sólo sugería."

"Pues no sugieras tanto"

Itachi sólo le empujó amistosamente en el cuello, antes de retomar el camino a casa.

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—¡Saaaaaaaakuraaaaa! –clamó Ino al octavo timbrazo.—¡Frentesooootaaaaaaa!

Esperando al menos encontrar a alguno de sus padres, tenía la tentativa de dejarle la mochila y si acaso intentar interrogar algo respecto a lo sucedido en la mañana… pero no había ni una sola luz encendida en la casa de los Haruno…

…más inusual aun, siendo lunes a las seis de la tarde.

"Sólo un par de veces más y me largo", pensó con aplomo digno.

Estuvo a punto de volver a tocar el timbre –posiblemente acompañado de otro sutil llamado en su tono ultrasónico-urgente-, cuando escucho pasos detrás de la puerta. Ino cambio su modulación de voz a aquel afamado –y algo aborrecido- tono de regaño, apenas al notar a Sakura abrirle.

—Ino… ¿Qu…?

—¡¿Y se puede saber dónde rayos estuviste en todo el día?! –chilló la rubia—¿Qué pasó? ¡¿Ocurrió algo y ni siquiera tuviste la decencia de informarme?!

Sakura parpadeó repetidas veces.

—Ino, es que yo…

—¡Pero qué mala amiga! –ahora elevó de nuevo la voz—¡Y yo que sieeeempre te cuento tooodo!

Ahora Sakura sintió que la voz le taladraba. Se pasó una mano por la frente mientras intentaba encontrar explicación que darle a Ino, quien confianzudamente ya se había pasado a la sala, dejado la mochila y la de ella en el recibidor y se había desplomado con aire de actriz melodramática en el mullido sofá.

Fue cuando notó a su amiga pelirrosa, ataviada con una bata de baño, el cabello aun húmedo por la improvisada ducha y el semblante taciturno y cansado.

—Es que… me sentí mal, creo que algo en la cafetería me hizo daño y…

—Si, eso puedo verlo –rezongó Ino un poco más calmada—Pareciera que estuviste afiebrada y encerrada en un sauna al mismo tiempo.

"Menos mal, creí que sería peor", pensó la pelirrosa con cierto alivio.

—Pero estoy bien –dijo antes de levantar sospechas innecesarias. Si, sabía que Ino no era tonta pero también sabía cómo le encantaba el cotilleo cuando podía provocarlo—Sólo fue eso, creo. Un virus o algo así.

La rubia espetó una risilla fingida.

—Pues menudo virus, digo, para haberte puesto así de rara durante la clase de Kakashi-sensei… ¡Ah! Y aparte, algún graciosillo activó la alarma contra incendios y la escuela se tornó un caos, justo después de que saliste del salón.

Sakura rodó la mirada.

—Ehm… no me di cuenta. Estaba en la enfermería cuando pasó.

Sin embargo los celestes ojos de Ino estaban fijos en Sakura… y eso no indicaba nada bueno.

—A ti te pasa algo… —deducía la rubia, llevándose una mano al mentón. Chasqueó los dedos al instante y de repente, su rostro se iluminó como si hubiese visto al mismo Kamisama—¡Ya lo sé! ¡Aja!

—¿Eh?

—¡No lo niegues! ¡Ya lo sé, "frentuda"!

Ay no, no creo que…

La pelirrosa se quedó perpleja.

—Ino, no sé de qué ha…

—¡Tú y Sasuke están saliendo!

Hubo un momento de silencio extremadamente incómodo, cortante y hasta helado, en el que Sakura no supo si quedarse enmudecida, cambiar drásticamente de tema o darle con el almohadón del sofá a Ino en la cara.

—Ino…

Esta pareció captar la indirecta.

—Bueno, es que estaba demasiado insistente preguntando por ti –musitó Ino resueltamente—…y salió casi detrás de ti en clase de literatura, supuse que había ido a buscarte.

Sakura sólo negó en silencio, totalmente fingido… y esperando que Ino no lo notase. Y no lo hizo. La rubia se levantó del sofá.

—Bien, supongo que ya estas mejor así que, te dejo la tarea y tus cosas. –miró al reloj en la cocina. Le alcanzó la mochila a su amiga y se detuvo abruptamente.

Aspirando profundamente y estornudó. Dos. Tres veces repetidas.

—¿Sucede algo? –Sakura preguntó con extrañeza.

Ino sacó un pañuelo del bolsillo de su suéter.

Shhigh… ¿tienes un perro o algo así? –consiguió preguntar, con el pañuelo cubriendo su nariz.—¡Aahhgh…!

Sakura sólo trató de no tambalearse sobre sus pies. Pero no ocultó la sutil palidez de su rostro.

—Ah.. no.. no, no… ¿p-p-porqué lo preguntas?

Ino sólo se dio la vuelta, antes de salir de la sala como si alguien le estuviese echando.

—¡Soy a- a- alérgiiica…! —resolló antes de sucumbir a otra tanda de estornudos, los cuales se tornaron más continuos al pasar cerca de su amiga. Sacó dos pañuelos más, casi cubriéndose todo el dorso inferior del rostro—¡Urghh… creo que me iré antes de que termine con la nariz tan roja como un faro!

—P-pero nosotros no tenemos mascotas…

Ebntonces bno encuentro explicación para el montón de pelos en el sofáagf –aquejó Ino ahora enteramente con la nariz tapada y voz nasal.—Y son ghrosa ossgcuro…

"¡Rayos, papá!", gimoteó internamente mientras Ino no cesaba de estornudar. Genial, una excusa más para no traer amigos a su casa.

Ino salió, dejando a Sakura aun con el semblante desconcertado, y lo suficientemente contrariada como para no notar aquel papelito que había caído de uno de sus libros. lo levantó, leyendo dos frases escritas con apurado pulso sobre la rahída hoja de cuaderno.

"... de su sueño invernal despierta otra vez,
feroz, la tensión salvaje...
"

Una nota corta y escueta, de puño y letra de Sasuke Uchiha.


Continuará


Notas de la Autora:

Pues no hay mucho que decir... ya tengo firme lo que ocurrirá a continuación y... bueno... no daré más spoilers, jejeje. Si, se que muchas/os piensan que tengo prioridad para el ItaSaku peeeero, sólo les diré, que no deben anteponerse juicios hasta que éste fanfic avance más.

y... ¿que suposiciones tienen con la peculiar nota que le dejó nuestro querido Sasuke?

Nuevamente muchas gracias a todos y todas que leen y comentan, ya saben, esto alenta mucho a esta autora a seguir más con la historia y actualizar semanalmente...

ya saben, nos leemos la semana entrante!