Capítulo 7
IMPETUOSOS FUEGOS DE JUVENTUD
La nota refulgía en su mente, sin que ella pudiese encontrarle lógica o significado.
"…de su sueño invernal despierta otra vez, feroz, la tensión salvaje..."
Pero un poco más tarde, allá entre las doce y media y la una, quizá porque realmente estaba demasiado cansada, Sakura volvió a sumirse en el sueño. Un sueño ligero en el que unas enormes criaturas peludas y de blancos dientes le perseguían se convirtió en un profundo amodorramiento sin sueños.
El timbre del radio despertador vibró sólo una fracción de segundo, para luego dar paso a la apabullante estación de KH FM, incluyendo a su fastidioso locutor de la hora matutina, con su fastidioso timbre fingidamente occidentalizado.
—¡Yyyyy es martes soleado y calientiiito como nuestra lista de los nuevos éxitos de la semaaaaana…! ¡Chiiiicos y chiiicas el verano está a punto de terminaaaar y…!
¡PLAAAF!
Sakura apagó el radio de un manotazo, para luego volver a enterrar el rostro en la almohada.
Estúpida cosa…diez minutos más…
El aparatejo cayó con un ruido sordo sobre la duela del piso. Algo más se derribó con éste; un par de libros que estaban sobre la mesita de noche y que la chica había tirado en el momento.
…cinco… cinco estarían bien…
Bostezó hondamente.
…Dormir… dormir…
—¡Sakura! ¡El desayuno!
…Dormir…
Abrió un ojo repentinamente, mirando hacia el suelo donde yacía el inocente y violentado aparato.
Ocho con veinte minutos…
¡¿Queeee?!
—¡Ay no! ¡no! ¡no! –se levantó como resorte, yendo con pasos torpes y acelerados hacia el cuarto de baño, regresado luego a la alcoba en busca del uniforme y tropezando contra la silla que estaba junto a la puerta del armario.
Todo mientras repetía aquellos monosílabos periódicamente como el coro de un disco rayado. Camisetas, calcetines, pantalones y demás prendas salieron volando hacia la cama mientras la apurada pelirrosa buscaba desesperadamente en el desparpajado montón de ropa su uniforme de repuesto… bien, ahora las medidas previsoras de su madre ya no le parecían una pretenciosa exageración, ah, y pensar que la misma Sakura le había reñido aquella tarde por el hecho de haber comprado dos uniformes…
Lo encontró… y tal vez volviera a reñirle por el hecho de que este estaba una talla más grande. ¿Porqué siempre esa condenada maña de comprarle a los hijos la ropa una talla de más? Aunque el pretexto de "estás es pleno crecimiento" aquí era ridículamente aplicado.
¡Me lleva él…!
—¡Sakura, o bajas o te quedas sin desayunar!—clamó su madre en un tono ultimátum que no hizo más que sacarle un gruñido hosco a la apurada chica.
—¡Ya voy! ¡Ya voy! ¡Ya vooy!
Sakura bajó las escaleras trastabillando en los escalones mientras sujetaba en la boca el lazo para el cabello y sus manos hacían cuanto podían por ajustar los dobladillos del uniforme. Según ella no se notaban mucho las diferencias con el anterior, sólo las mangas más largas, la falda sin la doble bastilla y el ajuste a su menuda cintura… claro, que Sakura no viese tan marcadas las diferencias no significase que esto pasase inadvertido a la escrupulosa mirada de su madre. Y ahora no tenía tiempo para otro regaño, así que se quedó quieta al borde del último escalón y con la espalda apoyada contra la pared, mirando meticulosamente en derredor como un soldado que acabase de salir de una trinchera.
Se deslizó hacia el comedor aprovechando el exacto momento en que Mebuki iba hacia la cocina. Sakura pasó por detrás de su padre, quien estaba profundamente enfrascado en las páginas deportivas.
"Perfecto", atajó mentalmente. Área despejada para ir hacia la encimera, tomar un par de rebanadas de pan tostado con mantequilla y un empaque de jugo individual del refrigerador… y salir corriendo alegando que ya iba demasiado tarde a la escuela.
—¡Buenos días! –expresó totalmente fingida y como si nada ocurriese—¡Má, no puedo desayunar ya se me hizo tarde! ¡Ya me vo…!
Y apenas había girado hacia el pasillo cuando su madre pasó justamente por delante de ella.
—Pero si apenas son las ocho. –irrumpió Mebuki llevando una tanda extra de tocino a la mesa, escurriendo en una servilleta de papel y todavía chirriando—¿Volviste a desconectar el despertador?
Sakura miró de reojo el reloj de pared, anunciando las ocho con tres minutos.
—No… solo que el maldito trasto se adelantó.—resolló, olvidándose de la agradable idea de salir huyendo como fugitiva.—Lo había puesto a la hora y…
—¿Porqué llevas el uniforme de repuesto? –atajó su madre aun antes de que Sakura pudiese sentarse.
Kizashi asomó levemente la mirada por sobre el periódico.
—Ya decía yo que te veías diferente, jeje… creí que te habías encogido, "cerecita".
—Sólo quería usar éste porque…
—¿Y dónde está el otro? –inquirió su madre, y aunque era una pregunta tranquila, Sakura no espetó nada más que un suspiro.
Bien, adiós farsa y las cosas que pasen como tengan que pasar.
—Lo rompí ayer. Accidentalmente me transformé en la escuela. —murmuró Sakura con un tono bajo.
Su padre apartó el periódico hacia un lado.
—¿Qué? ¿Fue en plena clase? ¿Alguien te vio?
—No, nadie se enteró. —dijo Sakura, pasándose una mano por la sien, acomodándose el flequillo y su mente re ensamblaba la situación de una manera menos alarmista— simplemente ocurrió y, como aun no se controlarlo, pues terminé encerrándome en la bodega del gimnasio… y si no fuera por Itachi-kun o Sasuke…
—Aun así, debiste habernos dicho —enunció Kizashi seriamente.—Si alguien más se hubiese dado cuenta, estaríamos en problemas.
Sakura sólo se alzó se hombros.
—No fue para tanto…
—¿Y dónde estuviste el resto de la mañana? –esta vez atajó su madre.—Porque por lo visto no volviste a casa hasta en la tarde.
—Estaba con Itachi, en el bosque. —respondió Sakura escuetamente. Se percató de que su padre frunció el ceño al oír aquello último—Sólo corrimos, es todo. Se supone que eso debería servirme para practicar mis habilidades… lobunas.
—Hummm… no me agradan los Uchiha —dijo Kizashi, tomando de nuevo el periódico—Ése muchachito y su hermano tienen pinta de ser unos canallas pretenciosos como Fugaku. ¡Y entre menos hable de éste, mejor!
La chica dirigió una mirada un tanto pensativa.
—Bueno, por algo son los alfa de la manada, ¿no? –comentó mientras se llevaba un bocado de tocino y huevo—…además se suponía que Itachi-kun estaría a cargo de mi entrenamiento.
—Y no estoy de acuerdo. —gruñó Kizashi mientras pasaba una página—Los Uchiha siempre han dado problemas… y tú aun eres mi pequeña cachorrita.
Mebuki no pudo evitar una risilla corta.
—Vaya, vaya… Así que "papá lobo" está celoso.
—No lo decía por eso…grrr…— Kizashi sólo bufó, alegando escuetamente y hundiendo más el rostro entre las páginas del periódico, como queriendo ocultar aquel gesto de culpabilidad—…sólo que no me fío de Fugaku y sus muchachos. ¡El lobo pierde el pelaje pero no los vicios, y eso todo el mundo lo sabe!
Su esposa le dirigió una mirada afectuosa.
—Claro, claro…—sonrió. Se giró hacia su hija—¿Segura que no quieres quedarte en casa hoy? Podría llamar a la escuela…
Sakura tragó hondo y negó inmediatamente. Todo iba demasiado bien y no quería arruinarlo, no estando el incidente de ayer, el problema con Tayuya y el reporte que seguro el profesor Hatake había levantado tras su abrupta fuga de clase…
—¡No!..—espetó una sonrisa fingida e intentando ocultar aquella gota de sudor frío y tenso que cruzaba por su sien—ehm… no…no es necesario. Puedo arreglármelas sola.
Claro, nada como lo ocurrido apenas al llegar a la escuela pudo demostrarle cuan equivocada estaba.
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Contra la sugerencia de su madre de que podía quedarse en casa, Sakura siguió firme en su decisión de asistir a clase, aun con todo y el holgado uniforme; cosa que no lamentó al inicio, ya que la primer hora clase era educación física,
Pero nadie en el resto del grupo se había siquiera imaginado el inconveniente formado a causa de un error mecanográfico en los horarios, una inoportuna confusión que llevó a los grupos de primer ingreso y a los de segundo semestre a compartir el gimnasio a la misma hora.
—¡Ésta es la cosa más incómoda de toda mi vida! —aquejó Ino en medio del barullo formado por el resto del alumnado—¡Mira que tenernos aquí amontonados como ganado! ¡Y con éste calor!
Se había quitado la sudadera azul que componía al obligado conjunto deportivo; en su edición de verano, el uniforme femenino de Konoha Gakuen constaba solamente de una lívida blusa blanca con el cuello y los bordes de las cortas mangas en vivos azul cian, con el emblema del instituto grabado en el dorso frontal derecho y el complemento eran unos cortísimos shorts estilo americano, también en la misma tonalidad que la sudadera. El uniforme de los chicos sólo variaba por el short de corte holgado y hasta la rodilla, sin embargo y pese a la soltura de prendas, el calor del amplio gimnasio de escuálidas ventanas parecía filtrarse más a causa de la multitud, haciendo del aire sofocado y pegajoso.
Sakura también estaba igual o puede que un poco más acalorada que su rubia amiga, sin embargo no aprestó a quejarse tanto… sería desperdiciar más energía y paciencia.
Y en medio de una hervidera de fastidiados y desconcertados estudiantes de ambos grupos, lo que menos quería sería repetir el incidente de ayer.
—Pues no vas a hacer que empiece a enfríar sólo por quejarte, Ino… —musitó Sakura, volviendo a atarse el cabello en una coleta y enjugándose el leve sudor que corría por su nuca—No creo que dejen a ambos grupos, a lo mejor nos dejan a nosotros una hora libre o algo así.
Ino exhaló honda y ruidosamente como si quisiera dejar escapar todo su aliento de una sola bocanada, y apoyó la espalda contra la pared.
—¡…Y que Kami te oiga! Con este calor lo que menos quiero es correr. ¡Ugh! —se subió aun más las mangas de la blusa y se reacomodaba el cuello de ésta— ¡Estoy sudando a mares!
Sakura no pudo evitar soltar una risilla.
—Si, como un cerdo… —rió un poco más fuerte—¡Ino-cerda!
Ésta sólo le miró ceñudamente.
—Ja, ja, jaaaa –emuló en tono sarcástico, alzó levemente un brazo y lo dejó caer en el hombro de Sakura—Hazme un favor; toma mi mano y golpéate en esa horrenda frentesota de marquesina que tienes, hace demasiado calor para que lo haga yo.
Los comentarios acallaron súbitamente, cuando el portón del gimnasio se abrió de par en par y el gesto inquisitivo y alborotado de los muchachos pareció apaciguarse cuando aquella figura entró en un aire indómito, jovial e incómodamente efusivo.
—¡Buenos días, mi afamado grupo! ¡Vaya, veo que tenemos una audicencia doble éste semestre! ¡Eso es bueno! –la voz provenía de un hombre de casi treinta y tantos, con un ridículo corte de cazuela, cejas tan gruesas y anchas como dos matorrales y enfundado en un llamativo y algo estrafalario conjunto de sudadera y pantalón que más bien parecía sacado de esos videos musicales de los 70's que de alguna tienda de deportes. Alzó ambas manos como un orador al borde de un ataque de histeria y gritó efusivamente—¡Vamos! ¡Demuéstrenme sus impetuosos ánimos de juventud! ¡Griteeeemos fuerrementeeee eeeeeeey!
Y un silencio sepulcral se cimbró en el gimnasio, tan profundo e incómodo que parecía tornarse como un viento helado.
Una silueta avanzó hacia el peculiar profesor de educación física.
—Ehm, Gai sensei… —musitó una chica de cabello castaño, atado en dos curiosos chonguitos, dándole una apariencia de peinado tipo "panda".—No quisiera interrumpir su… "animoso" saludo pero, creo que tenemos un inconveniente aquí.
La chica era Tenten, del grupo de segundo semestre, y al parecer, la nombrada consejal del mismo. Miró en derredor, hacia su propio grupo y hacia los chicos de nuevo ingreso.
—Parece que confundieron los horarios de nuevo en prefectura y por error esta el grupo de segundo y los de primero aquí. No se si le informaron, pero no podemos tener la misma clase ambos, no hay espacio…
El profesor pareció meditarlo, aun pese al hecho de haber frenado su usual discurso matinal. Se pasó una mano por el mentón.
—Oh, ya veo… —dijo parsimoniosamente—Y yo que creía que tenía finalmente un ávido y gran grupo de jovencitos entusiastas… bueno, qué se le va a hacer… —se quedó callado por fracción de segundo y luego chasqueó los dedos y emuló una sonrisa amplia—¡Ya sé! Podemos solucionar esto en una enérgica competencia, perfecto para comenzar la mañana con bríos juveniles!
—Sensei, creo que debería hablar con la directora para arreglar esto…—insistió la jovencita de los chonguitos.
—¡Si, aquí no se puede ni correr a gusto! –terció otro joven de su mismo grupo.
—¡Y hace demasiado calor! –adjuntó uno de los de primero.
Claro, que el peculiar profesor de corte de cazuela siempre tomaba la mayor parte de los comentarios por el lado contrario; en su denso vocabulario, un "si" era una respuesta enérgica y llameante como el mismo sol y un "no", era solamente un "si" que tenía que ser impulsado… fuése como fuese.
—¡Pretextos! —clamó Gai sensei volviendo a enaltecer el tono de voz—¡Lo que pasa es que tienen miedo a perder!
Tenten se pasó una mano por la frente.
—Sensei…
Pero su voz parecía desaparecer en medio del apabullante vozarrón del profesor y las protestas, murmullos y comentarios de ambos grupos.
—¡Lo decidiremos en una competencia simple entre ambos grupos! –enunció ante la confundida multitud e ignorando las protestas de casi todos—¡Quien gane, se quedará con ésta hora en su horario oficial y quien no…! –hizo una pausa, para luego alzar el brazo fuertemente, golpeando una de las puertas del casillero de balones que estaba a su lado, haciendo que algunos de éstos cayesen en tropel—¡Tendrá esta clase justo al mediodía y al aire libre!
El silencio pasó a convertirse en una lluvia de abucheos, comentarios cortos y hoscos.
—¡¿Qué clase de competencia?! –gritó un muchacho entre la muchedumbre.
Una pelota había rodado hasta el pie de Gai, éste la tomó y una amplia sonrisa cubrió su rostro para luego gritar, con el mismo y rutilante tono de un gladiador en medio de un coliseo…
—¡Quemados!
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—¿Qué? –Tsunade apenas y alzó la vista de la pila de carpetas y documentos que adosaban su escritorio.—Esta usted bromeando, Iruka-san.
Iruka, simplemente atinó a negar con la cabeza.
—Me temo que no, Tsunade-sama, he estado revisando los horarios y cuando pasé por el gimnasio lo constaté… ¡Y no puedo creer que Gai-san se haya prestado a semejante caos!
—Dar clases de educación física no es caos, para eso le pago.
—¡Pero a dos grupos a la vez! —Iruka alzó sutilmente la voz, mientras aun permanecía de pie y cruzado de brazos en total aire inconforme— ¡Puso a competir a dos grupos! ¡Parece un campo de batalla y…!
Tsunade sólo bostezó.
—¿Y qué hacía usted examinando los horarios de los grupos? Si hay un error, es mi deber decírselo a Yamashiro-san quien es el encargado del itinerario de clases y asignaturas, no usted quien es solamente el consejero estudiantil.
—P-p-pero Tsunade-sama… piense en los muchachos, ellos…
—A ellos les vendrá bien una clase amplia y convivirán con otros grupos, ¿no cree que sería más beneficioso para ellos, Iruka-san?
—Si pero…
Aun antes de que pudiese armar una excusa más conveniente, un estallido se produjo en el ala este de la escuela. Algo había roto, crujido o estallado o todo a la vez… y proveniente precisamente del gimnasio.
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El área del gimnasio se había tornado un completo pandemonio entre la descordinada guerra de balonazos entre ambos grupos, pero éste no había sido el problema. Pese a las constantes protestas de Ino, las quejas de otras chicas y chicos de ambos bandos y los frenéticos gritos del profesor, Sakura aun sentía algo de control en la situación… ah, pero Kamisama era cruel, muy, muy, cruel.
Entre la multitud, dos rostros nada amigables ni entrañables, encabezaron el ataque férreo y feroz hacia los de nuevo ingreso. Tayuya y su siempre fiel lamebotas Kin Tsuchi se lanzaron contra un solo blanco en común: aquella aparentemente enclenque y blandengue muchacha de pelo rosa.
Para esas alturas, ya más de medio grupo de primer había sucumbido a una tanda indómita de balonazos y se hayaban fuera del juego. Los pocos "sobrevivientes" eran cinco chicos, entre ellos incluido Sasuke, tan silencioso e inmutable como si aquello no fuese más que un simple paseo; y la única chica… una empalidecida y jadeante Sakura.
Ino había cedido al primer minuto, cuando un balón apenas le rozó en el hombro y ésta se tiró al más puro estilo de aquellos pésimos actores de telenovelas, clamando por un supuesto hombro dislocado y una futura demanda por atentar contra su sensible persona mediante deportes tan bárbaros y poco civilizados. Unas cuantas chicas más le imitaron pero esto no provocó el "cese de fuego".
Y ahora… ahora sólo Sakura esperaba no terminar realmente en la enfermería. Notaba la mirada hirviente de Tayuya y los tiros de ésta parecían casi como si fuesen directos a matar… si fuesen balones de básquet bol o futbol, ya le habrían arrancado unas cuantas cuarteaduras a la pared. Sakura había estado esquivando, corriendo y eludiendo casi por reflejo, apenas al notar la sombra fugaz del balón dirigirse hacia ella.
Aunque un par de veces, si Sasuke no le hubiese empujado, uno o más de los proyectiles lanzados por la rufiana de pelo magenta le hubiesen dado de lleno.
"Instinto" había susurrado Sasuke y ella pareció entender el concepto. Tenia velocidad y podía aprovecharla, no así los lanzamientos, su puntería seguía siendo pésima. Pero si lograba esquivar lo suficiente…
—¡Estúpida fenómeno! –habia dicho Tayuya lanzando un nuevo proyectil derecho al costado de la pelirrosa.
Claro, lo esquivó, pero lo inusual fue que no le había gritado, lo había dicho y Sakura lo había escuchado…
¿Qué dijiste?, inquirió ella mentalmente y sus orbes jade estaban fijos en los de Tayuya. Muy, muy fijos y ésta pareció retarla visualmente.
—¡Fenómeno! ¡Fenómeno!—vociferaba en un susurro férreo y siseante como una serpiente, desde el otro lado de la cancha.—¡Fenómeno!
Algo hirvió en su sangre.
—Sakura… —Sasuke susurró a su lado, pero parecía estar a kilómetros de allí.
Ella aún tenía el último balón en ambas manos. Tayuya no le quitaba la mirada de encima. Y Sakura hacía lo mismo.
Sintió un torrente cálido e incontenible corriendo por su nuca. Tenía los nudillos entumecidos, los dedos fuertemente sujetos al balón y los dientes apretados… sin darse cuenta que estaba gruñendo.
—¡Sakura!
Pero aquella exclamación no funcionó para frenarle.
El balón fue en una trayectoria casi perfecta, recta, rauda y veloz como un misil y si Tayuya hubiese parpadeado por fracción de segundo o se hubiese quedado quieta y estupefacta en vez de haberse tirado por reflejo hacia un lado, posiblemente estaría hecha polvo… como la inocente pared del gimnasio, en la cual, un punto no mayor a dos metros de diámetro, colapsó como si una bola de hierro se estrellase contra ésta… en vez de una simple pelota de caucho.
Un apabullante silencio reinó por sólo un lapso cortísimo, mientras que algunos otros alumnos cuchicheaban en voz baja y el mismo profesor Gai se quedó boquiabierto contemplando el esférico boquete en la pared.
—Eso… eso era a lo que me refería con ímpetu juvenil… —susurró para si mismo y abruptamente se dirigió a lo que restaba de ambos grupos—¡Bien, creo que podemos dejarlo así por hoy! ¡El grupo de primero se queda con la hora clase los martes por la mañana!
—¡Pero si aún quedaban dos jugadores más, sensei! –clamó Kin con cierto enojo. Miró a Tayuya quien seguía tumbada con la espalda contra la pared y la mirada perdida.
—¡Si, sensei! –secundó otro muchacho del mismo grupo—¿qué hay de los ardientes fuegos de juventud?
—…Creo que ya fueron suficientes fuegos de juventud por hoy…—una gota de sudor cruzó por la nuca de Gai aun mirando la grieta de la pared—…Tsunade-sama me va a asesinar por esto…
"Oh Kami.."., resollaba Sakura mentalmente mientras resoplaba agitada. Miró sus manos, afortunadamente aun humanas y lampiñas, sin embargo estaba temblando y sudaba copiosamente.
Tranquila… respira… respira…
Se repetía mentalmente intentando por todas sus fuerzas que la cosa no volviese a surgir. Una mano le tomó de la muñeca, con pulso firme y cálido.
—Nada mal. –dijo Sasuke escuetamente. Había una casi invisible sonrisa de medio lado en su rostro.—Pudiste frenarlo sin problemas.
—¿Q-qué? –Sakura se giró hacia él.
—El cambio.
Sakura intentó comentar algo, pero lo único que salía de sus labios era un jadeo aliviado y entrecortado, aun así no pudo evitar sonrojarse sutilmente ante el comentario del Uchiha. Unas voces terciaron en la lejanía y ella apenas y pudo percatarse de que Ino corría hacia donde estaba, vitoreando efusivamente.
—¡Wooow! ¡Hasta que haces algo de provecho, frentuda! –rió mientras corría agitando los brazos, aun el supuesto brazo lesionado—¡Bien hecho!
Una mano le tocó en el hombro. Sakura miró a la chica del grupo de segundo semestre, aquella con el peinado de chonguitos.
—Ese fue un buen lanzamiento, ¿no te interesaría unirte al equipo de softball? Tenemos una vacante.
—Ehm, bueno es que…
—¡¿Qué?! –quien gritó fue Kin desde el otro extremo—¡Ey, Tenten, el equipo está lleno! ¡Y no tenemos tiempo para entrenar novatas!
Tenten sólo se cruzó de brazos.
—Kin-san, por si lo olvidas, tu querida amiguita Tayuya sigue suspendida indefinidamente del equipo desde el último partido y no podemos calificar a las eliminatorias de temporada siendo sólo ocho… ¡Y yo soy la capitana del equipo y hago lo que creo conveniente!
Ésta sólo murmuró una rabieta. Tenten no tomó ni la molestia de mirarle.
—¿Y bien? –insistió afablemente a la pelirrosa.
Sakura se alzó de hombros, indecisa y todavía desconcertada.
—Pues, no lo sé… voy a pensarlo…
—Bueno pero no lo pienses demasiado –Tenten sonrió ampliamente— Entrenamos todos los sábados por la tarde y los miércoles después de clase. Si te decides, búscame en el salón del grupo B.
La pelirrosa asintió, mientras que el resto del grupo seguía armando su propio escándalo y tanto Tayuya como Kin intercambiaban una mirada de odio hacia Sakura.
Tayuya se tronó los nudillos, y apretó las manos en puñadas contra su costado.
—Esa estúpida "fenómeno"… ¡Va a pagármelas! ¡Todas juntas! –murmuró apretando los dientes.
Kin asintió. El balón que Sakura había lanzado anteriormente rodó hacia los pies de Tayuya. Ésta casi deja escapar un jadeo de horror y sorpresa, al notar las magulladuras y marcas dejadas en el ahora desinflado balón. Cinco amorfos y hundidos surcos semejantes a garras decoraban parte de la cubierta de caucho. Algo que podía haber pertenecido más a una zarpa que a una mano humana. Tayuya alzó el balón para que su amiga lo viese.
Un murmullo sorpresivo salió de la boca entreabierta de Kin. Tayuya sólo sonrió maliciosamente. Echó una mirada cansina a la ahora vitoreada chica de pelo rosa, sin que desapareciese aquella sonrisa socarrona en su rostro. Ahora parte del juego se había tornado más interesante, y aunque Tayuya no fuese precisamente una rival de mentalidad astuta y sagaz, sabía que la balanza podría inclinarse a su favor…
—Sabía que era un fenómeno… —gruñó—…Sakura Haruno, voy a hacerte lamentar todos los días de tu patética existencia.
Y eso fue una amenaza jurada.
CONTINUARÁ
Notas de la Autora:
Y las cosas se complican un poco... bueno, al menos Sakura comienza a dominarlo poco a poco. Sasukito interviniendo un poco más... sin embargo, les recuerdo que esto apenas comienza y... y tambien esta Itachi de por medio xD
Bueno, como siempre, os dejo con la libertad de que comenten lo que quieran y ya saben, gracias por leer y nos estamos viendo la semana entrante con el siguiente capítulo!
