Capítulo 8

LA ÚLTIMA BRISA DE VERANO

La persona más vieja de Konohagakure durante aquel caluroso septiembre se llamaba Chiyo Akasuna, conocida como Chiyo-sama por los demás habitantes de la ciudad y como "aquella bruja charlatana" por Izumo Kamizuki, que tenía que entregarle la correspondencia y escuchar sus interminables monólogos.

"Para lo único que sirve esta vieja bruja charlatana es para predecir el tiempo", se dice que reconocía Izumo cuando tomaba unas copas en compañía de sus amigotes allá en el Amaguriama. Era un nombre sobrio para un bar, pero, dado que era el único de que podía presumir el suburbano pueblecillo, parecía que no tenían más remedio que conformarse.

Chiyo-sama no estaba tan vieja como para volverse como esas seniles y algo atontadas abuelas del montón, pero, a los setenta y tres años, era lo suficientemente vieja como para terminar gritando a voz en cuello digna de un estéreo surround a todo mundo, desde su nieto –el cual era un patético periodista del diario local- hasta al pobre e inocente Izumo… como hoy en la mañana. Sin embargo, sabía predecir muy bien el tiempo. La opinión generalizada de la ciudad —entre las personas mayores interesadas por estas cosas— era que Chiyo-sama nunca se equivocaba en tres cosas: la semana en que se iba a segar el heno por vez primera en verano, lo buenos (o lo malos) que iban a ser los arándanos y cómo iba a ser el tiempo.

Esta tarde de primeros de septiembre se dirigió arrastrando los pies al buzón de la correspondencía situado al final de la calzada cochera, apoyándose fuertemente en su bastón. Le gritó un saludo a Izumo —su sordera la había llevado, al parecer, al convencimiento de que todos los demás se habían vuelto sordos en solidaridad con ella— y después le gritó que iban a tener el otoño más fresco desde hacía treinta años. Caluroso al principio y caluroso al final, clamó la anciana desde sus pulmones correosos en la adormilada calma de las once de la mañana, y caluroso en medio.

—¿De veras?

—¿Qué?

—¡He dicho que si "de veras"!

Ésa era otra de las cosas que tenía Chiyo-sama; que te obligaba a gritar con ella. A cualquiera podía estallarle un vaso sanguíneo.

—¡Que sonría y bese a un cerdo si no es verdad! —chilló Chiyo-sama.

Dos gotitas de saliva cayeron sobre el hombro de la camisa del uniforme de Izumo Kamizuki, recién lavada y recién puesta aquella mañana; él se las sacudió con aire resignado. Chiyo-sama se apoyó en la ventanilla de su automóvil para mejor gritarle al oído. Su aliento olía a pepinos ácidos.

—¡Los ratones del campo han salido todos de sus escondrijos! Uno de los granjeros Yuu ha visto venados por la zona del lago, desprendiéndose de la piel velluda de sus astas antes de que haya aparecido él primer petirrojo! ¡Ésta sin duda ha sido la última brisa de verano!

—Ah, ¿sí, Chiyo-sama?

—¿Qué?

—AH, ¿sí, CHIYO-SAMA? —gritó Izumo Kamizuki.

La saliva se escapó de sus labios de nuevo.

—¡Ya lo creo! —Bramó la anciana muy contenta—.¡Mala señal, Kamizuki-kun! ¡La última brisa de verano es una mala señal! ¡Hará viento helado durante todo el otoño; ¡Va a ser muy malo!

—¡Tengo que irme, Chiyo-sama! —gritó Izumo—. ¡Tengo una entrega urgente para Homura-sama!

La anciana Chiyo echó la cabeza hacia atrás y soltó una temblorosa carcajada mientras contemplaba el cielo primaveral. Siguió riendo hasta casi sufrir un ataque.

—¿Que tienes una entrega urgente para el quejica de Homura? ¡Pero si ni siquiera podría leer su nombre en la lápida de su propia tumba!

—¡Tengo que irme, Chiyo-sama! —dijo Izumo apresuradamente mientras ponía el vehículo en marcha.

—¡Ése pelafustán es el mayor idiota de nacimiento que Dios haya creado jamás! —gritó Chiyo, pero, en aquellos momentos, ya le estaba gritando al polvo levantado por Izumo Kamizuki; éste había logrado escapar.

Ella se quedó de pie un minuto junto al buzón de la correspondencia, viéndole alejarse. No había correspondencia personal para ella; raras veces la había últimamente. Casi todas las personas que conocía y que podían escribirle ya habían muerto. Sospechaba que ella las seguiría muy pronto.

La inminencia del verano le producía una sensación desagradable, una sensación angustiosa.

Podía hablar de los ratones que habían abandonado muy pronto sus escondrijos, o de los relámpagos de calor en el cielo primaveral, pero no podía hablar del calor que percibía en algún lugar de más allá del horizonte, agazapado como una bestia mustia pero fuerte, de pelaje sarnoso y rojizos ojos encendidos; no podía hablar de sus sueños, que eran cálidos, sin sombra y sedientos; no podía hablar de la mañana en que las lágrimas habían asomado a sus ojos sin razón, unas lágrimas que no le habían producido alivio sino que se habían quedado pegadas a sus ojos como un loco sudor de agosto. Aspiraba el olor de la locura en un viento que aún no había llegado.

—Izumo Kamizuki, eres un pelmazo —dijo Chiyo-sama, confiriendo a la palabra una jugosa resonancia tan rural que se convirtió en algo cataclísmico y ridículo a un tiempo: pelmaaaazo.

Empezó a regresar trabajosamente hacia la casa, apoyándose en el bastón.

Se detuvo en el porche, contemplando un cielo que todavía era puro como la primavera y de un suave color pastel. Oh, pero ella estaba intuyendo su llegada: algo ardiente.

Algo abominable.

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La bola seguía una trayectoria curva, sin ritmo y sin velocidad para luego caer con un ruido sordo sobre la terregosa y suave grava del campo, justo a los pies de Tenten. La chica de cabello castaño, ahora sujeto en dos prácticas y cómodas trenzas, se inclinó para levantar la pelota.

Tenten suspiró aliviada.

—¡P…perdón…! —una desconcertada y algo avergonzada Sakura clamó desde el extremo izquierdo del diamante que trazaba el campo de entrenamiento—…esperaba que no llegase tan fuerte como antes y, creo que me pasé de lenta.

Se pasaba una mano por el flequillo nerviosamente mientras que con un pie, levantaba una nubecilla de tierra, sin moverse del montículo de lanzamiento. Tenten movió la cabeza hacia un lado en señal despreocupada.

—No hay problema…, por algo son prácticas –dijo con una sonrisa corta—Si quieres podrías intentar desde el lado derecho… —apenas notó a la pelirrosa moverse hacia donde le indicó y estando dispuesta a alzar el brazo para lanzar nuevamente—¡Espera! ¡Espera!... —tomó el casco protector, se lo ajustó y se caló el guante—¡listo! ¡Lanza!

Sakura sintió temblar levemente los dedos sobre la superficie de caucho y una gota de sudor cruzó por su frente. El ocaso caía a plomo sobre el campo y el calor reacio a retroceder ante el otoño todavía hacía mella, haciéndole sentir la camiseta deportiva pegajosa en la espalda y en las axilas a causa del sudor y del colmado aire que apenas y se sentía.
Miró hacia donde se encontraba la chica de pelo castaño, enfocando el punto de impacto hacia el guante como lo había estado haciendo; claro que ahora esperaba que la fuerza de lanzamiento no fuese tan mísera ni tan caótica… como resultó anteriormente, cuando la bola fue a dar hacia la cabeza de una de las otras chicas del equipo.

Exhaló e inhaló hondamente, aun recriminándose que rayos estaba haciendo allí y reiterándose que ella tenía tantas aptitudes atléticas como un costal de patatas. Lo del gimnasio había sido un mero atino, provocado por aquella contraparte inhumana que aún le fustigaba un completo incordio y lo del crédito extracurricular aun podía ser un mero pretexto; entonces…

Sasuke…

Ah, claro, si no se hubiese embelesado estúpidamente en aquella conversación después de la irrumpida clase de educación física.

Podría ser una opción, gran parte de dominar la transformación es no dejarle tanta energía vital al lobo…—murmuró el Uchiha aquella tarde al acompañarle a casa como había estado acostumbrado a hacerlo.—Si tú no gastas energía, el lobo lo hará por ti cuando le venga en gana.

¿O sea que tengo que terminar muerta de cansancio para evitar transformarme cuando no lo deseo?

Por lo menos durante los primeros meses, después te acostumbrarás y podrás controlarlo a voluntad.

Que remedio…—había enunciado con un suspiro largo—…y sigo sin entender lo de la nota.

Sasuke le había mirado sin comprender. Y ella sólo instigó.

La nota que dejaste en mi libreta, esa escrita a medias, respecto a no sé qué de la "tensión salvaje…"

—"De su sueño invernal despierta otra vez, feroz, la tensión salvaje.."—completó Sasuke sin esperar respuesta de la pelirrosa—Es la cita del prólogo de un libro.

¿Cual?

Y éste no hizo más que acercarse a ella, teniendo su rostro a mínimos centímetros a distancia, sus negros y expectantes orbes fijos en sus pupilas jade con aquel mismo aire tan efusivamente predatorio…

Investígalo –dijo para sin más ceremonia, dejarle en silenciosa incógnita.

…y ahora simplemente seguía con la pregunta colgada en la mente, la pelota de caucho aun en su mano indecisa y…

—¡Saaakuraaaaa! –gritó Tenten sacándola de su silenciosa ensoñación—¡Lanzaaaaa!

Ésta volvió a exhalar, haciendo tracción con el codo y el antebrazo… y que fuese lo que Kamisama quisiese…

Sintió el aliento calentarse en su garganta y casi le quemaba cuando lo sacó de una bocanada honda, el pulso de su mano trémula se engarrotó y el brazo ejerció una fuerza de catapulta arrojando la pelota de treinta centímetros con certera puntería hacia el guante de la chica de pelo castaño… claro, puntería pero no velocidad…al menos no la adecuada.

Muy rápido… ay no, va muy rápido…

Todo cuanto pudo ver Tenten antes de caer de espaldas fue una intermitente manchita blanca zumbando hasta que el impacto contra el guante le empujó como si algún toro invisible hubiese arremetido contra ella. Fue una suerte que el acolchado del guante recibiese la inercia del proyectil o de lo contrario, la impetuosa consejera del grupo de segundo semestre y capitana del equipo femenil de softball hubiese terminado con una fractura de falanges en la mano derecha.

—¡Tenten-saaaaan! –Sakura corrió hasta la derribada muchacha y le ayudó a levantarse—¡Perdón! ¡Perdón! ¿Estás bien?

Ésta soltó una risa corta.

—Je, je… descuida, todo en orden…—dijo resollando copiosamente mientras se apoyaba en el hombro de Sakura—¡Vaya tiro! Ya empezaba a sospechar que lo de ayer fue un golpe de suerte… ¿asi que trabajas mejor bajo presión, no?

—Ehm… no siempre, es que… bueno, yo…

—Todavía nos quedan dos semanas antes del primer partido, así que no te tenses, Haruno-san –enunció con soltura, miró hacia el resto del equipo—Bueno chicas, ya es tarde, dejémoslo por hoy… ¡Puntuales el sábado!

Sakura se despidió cohibidamente del resto del equipo, incluyendo de Shiho-san quien estaba aun en la banca con una bolsa de hielo en la frente, después de semejante pelotazo en la cabeza a causa suya.

—Perdona de nuevo, Shiho-san… —excusó débilmente la pelirrosa.

La otra joven sólo respondió con un bufido hostil, para luego volver a reacomodarse sus gruesas gafas.

Sakura pasó de largo entre las otras chicas que sólo le dedicaron una fugaz mirada despectiva. Tomó su mochila y la sudadera deportiva, echándosela al hombro y haciéndose a la idea de emprender el largo camino a casa.

Apenas comenzaba a oscurecer y ya podía entreverse en la lejanía el manto negro azul denso de aquel cielo sin luna, sobre los atezados y rojizos tonos del ocaso. Sakura entrevió una sombra cerca de ella.

Contuvo el aliento por fragmento de segundos para luego girarse hacia la difusa silueta. El tacto cálido de la mano de Itachi tocó el hombro de la pelirrosa.

—Itachi-kun… —hipó tímidamente para luego dirigirle una mirada más confiada—… ¡Me asustaste!

—Y tú casi chocas contra mí…—dijo afablemente pese al gesto defensivo de Sakura.

—¿Me estabas siguiendo?

Itachi posó su mano en la cabeza de Sakura, despeinándole el rosáceo flequillo.

—Nah… sólo veía como sigues descontándote gente inocente en la cancha—sonrió—Recuérdame nunca más ponerme en tu línea de tiro, aun me duele la cabeza por la última vez.

La chica le tomó la mano, apartándola hacia un lado suavemente.

—Sólo fue un accidente, igual que lo de hoy…

—¿Y lo de ayer? Sasuke me dijo que incluso quedó un hueco en la pared—completó Itachi.

Sakura eludió la mirada, poniéndose el suéter.

—Aun me cuesta controlarlo…

—Y estás llamando demasiado la atención –sentenció el Uchiha, sin cambiar tan drásticamente el tono de voz—Recuerda que no debemos ser tan indiscretos con nuestras habilidades, si un montón de humanos te ven por ahí derribando paredes a puñetazos, créeme que no será nada bueno.

—Supongo que por eso me seguiste hasta acá –la chica se cruzó de brazos en gesto retador hacia el muchacho de largo pelo negro—Pero puedo cuidarme sola, ¿sabías?

Giró levemente hacia el lado contrario para luego notar que el Uchiha le arrinconó contra la pared.

—Ya lo sé, pero mientras estés bajo mi responsabilidad, no debo dejarte sola… —sonrió sutilmente y ella notó el brillo blanquecino de sus cánidos dientes—Aun tenemos mucho por entrenar.

Ella sintió ruborizarse nuevamente ante la cercanía de Itachi, bajó la mirada y exhaló.

—En realidad estoy cansada y quiero ir a casa… —le empujó levemente— ¡y es demasiado tarde ya!

—De acuerdo… —Itachi susurró, tan cerca del oído de la pelirrosa que ésta no se dio cuenta de que le había quitado la mochila.

Claro que para cuando se percató de ello, el muchacho estaba ya a palmos de distancia.

—¡Ey! ¡Itachi! ¡Devuélveme mi mochila!

Éste le miró sobre su hombro.

—Quítamela. —enunció con una clara media sonrisa en su semblante desafiante. Para luego echarse a correr en dirección al éste, desapareciendo entre las sombras del reciente anochecer.

Y Sakura fue tras él, profiriendo una sarta de monosílabos y jadeos mientras corría a regañadientes entre las calles que daban hacia el barrio rural.

Había sido una ventaja que no fuesen más de cinco calles hacia abajo y en plena noche, sin la apabullante y molesta onda de calor de la mañana. Sin embargo y pese al desgaste de hacía unos momentos en la cancha, la chica sentía que su energía apenas y menguaba.

Resollaba a media marcha pero podía continuar manteniendo el ritmo. Apretó más el paso y todavía sentía casi imposible darle alcance al Uchiha, quien parecía moverse al doble de velocidad, casi como una sombra. Jadeó hondamente, sin percatarse de que estaba gruñendo y echó el cuerpo hacia delante y sus pies apenas y tocaban el piso; dio tres zancadas que pudieron casi acercarle a Itachi. Sus dedos rozaron el dorso del brazo y el muchacho se detuvo abruptamente, con la soberbia intención de que la chica tropezara contra él. Los torneados brazos de Itachi le sujetaron en el impacto, como una fuerte barrera de contención.

Itachi sonrió levemente divertido por el gesto incipiente de Sakura.

—¿Contento? –bufó—¡Ahora dame mis cosas!

—Ya… —susurró el Uchiha— Nada mal, aunque deberías mejorar un poco tu condición. Si no fuese por el instinto de presa y persecución, hubieras terminado desmayada a mitad de camino, Sakura-san—dijo con aquel mismo tono ominoso, balanceando las cosas de la joven delante de su resentido rostro.

Ella le arrebató la mochila, mirándolo con una expresión de niña regañada. Se giró hacia su derecha, notando que estaba frente a de su casa. Vio pasar la camioneta de su padre, con la rueda de atrás produciendo un ruido más intenso que nunca. Aparcó delante del garaje.

—¡Mi pequeña ce…! –saludó mientras bajaba del vehículo. El saludo se cortó en su voz al ver a Itachi aun abrazando a la joven—¡¿Qué está haciendo ése aquí?!

—Buenas noches, Kizashi-kun —Itachi ni se inmutó.

Extendió la mano a modo de saludo, quedándose con ésta extendida al aire.

—Para ti, "Haruno-san" , no te tomes tantas libertades aun, muchachito… —rezongó fútilmente el padre de Sakura pasando por un lado de Itachi sin apenas verle, como si rodeara un seto o una raíz sin importancia— ¿no es algo tarde para estar aquí afuera?

—Itachi-kun sólo me acompañaba desde la escuela… —dijo Sakura a modo de breve excusa. Miró fugazmente a Itachi—…y ya se iba, ¿verdad?

Éste captó la indirecta y asintió, despidiéndose escuetamente y casi de mala gana; se echó las manos a los bolsillos del pantalón y rodeó la camioneta para salir hacia la acera. Se detuvo momentáneamente.

—El cojinete de la rueda se esta soltando; ha tenido suerte de no quedarse a medio camino, Haruno-san —dijo Itachi lacónicamente—Si quiere puedo ayudarle a repararlo, ya lo he hecho con el jeep que tenemos nosotros.

Kizashi apenas le miró desde el umbral.

—Yo me encargo de eso, tú vete a casa.

El muchacho no retribuyó nada y retomó el camino. Sakura sólo le dirigió una silenciosa mirada de complicidad, alzándose de hombros y con una fugaz risilla traviesa en sus labios.

—Buenas noches, Itachi-kun –dijo impulsivamente la pelirrosa.

Itachi no volvió la cabeza; sólo levantó una mano, para indicar que le había oído.

Sakura entró a la casa, arrojando la mochila a los pies del perchero, yendo hacia refrigerador para sacar el termo de leche, sirviéndose un vaso mientras escuchaba a su padre quejarse entre murmullos. Mebuki sólo movió la cabeza en gesto perentorio e ignorando las farfullantes quejas de su marido.

—¿Cómo te fue en la práctica? –inquirió a su hija, cambiando un poco el tema.

Sakura se sirvió otro vaso de leche, la cual bebió ávidamente y se dejó caer en una de las sillas del comedor.

—Al menos sobreviví… —exhaló con un lamento de cansancio—…ahora lo único que quiero es tomar una larga ducha y tumbarme a dormir, me siento más que muerta.

Su madre le dio una palmada en el hombro.

—Ya te acostumbrarás, para mañana estarás como si nada…

El sonido del timbre irrumpió; alguien llamaba airosamente. Kizashi se levantó del sofá.

—Si es ese Uchiha, ahora si me va a oir… —murmuraba yendo hacia la puerta—…será un alfa pero esta es mi casa y…

Su voz se cortó al ver al otro lado de la puerta a una empalidecida mujer. Joven, de no más de treinta años y cabellos purpúreos y largos. Sus ojos estaban humedecidos por el rastro de lágrimas que no dejaba brotar.

—Haruno-sama… —enunció con la voz en un hilo—Pe…perdone las molestias, soy… soy la esposa de Hayate-kun… Gekko Hayate…

Kizashi carraspeó, aclarándose la garganta.

—Ehm, si, es mi supervisor de obras…

—No ha vuelto a casa… –susurró la mujer—Llamé a sus conocidos y nadie le vio cerrar su turno, me dijeron que la ultima vez que le vieron fue cuando usted lo mandó a revisar el terreno que estaban reparando de la carretera…

Un frío estremecimiento recorrió la nuca de Kizashi Haruno.


CONTINUARÁ


Notas de la Autora:

Saluuudos! si ya se, no alcancé a publicar el domingo pero es que estaba ocupada con cosas de la uni... uff en fin... las cosas se ponen un poco más serias, jejeje...

Muchos(as) me preguntaban si Karin iba a aparecer en esta historia (ya que le estoy dando manga ancha a Tayuya y a Kin por el momento) y la respuesta es... SI!, veremos a Karin y a cierto rubio hiperactivo EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO!

También, para quienes sigan con la duda de si será ItaSaku o SasuSaku... os diré... esperen a que la misma historia lo establezca, jejejeje (siii soy mala xD)

Próximo Capítulo... "UNA ESPIRAL DE PROBLEMAS"