Capítulo 9

UNA ESPIRAL DE PROBLEMAS

Lejos de la azolada y rural Konohagakure, bajo el cielo estival de aquella tarde de septiembre, el zumbido de una flecha pasó, como una ráfaga apenas visible y blancuzca.

Dio con perfecta y certera puntería en el centro de la diana, atada con firme pulso a la adosada pared que componía el basto y amplio patio trasero de la bien cuidada mansión Uzumaki.

El dueño de tan eficiente disparo, era un muchachito de quince años; de espigados cabellos rubios, despeinados y alborotados como un matorral dorado. Sus ojos azules, despiertos y vivarachos seguían entrecerrados como evocando una profunda concentración. Se quedó silencioso, mientras algunas aves chistaban en la copa de los árboles y él contemplaba satisfecho aquel proyectil lanzado con la vieja ballesta con la que su tío Nagato Uzumaki le hiciera practicar desde que cumplió los diez años.

—Nada mal –resolló una voz a sus espaldas. Una voz cálida y suave que él correspondió con una sonrisa orgullosa.—Tomando en cuenta que esa cosa está más vieja y gastada que esta casa, dattebané.

—Je je je, si mamá… —rió, pasándose una mano por detrás de la nuca, en ademán modesto—…pero aun puedo sacarle bastante provecho, es una buena arma y es más fácil recoger las flechas que estar perdiendo balas… —el joven enarcó una amplia sonrisa, pícara y jovial que recordaban bastante a la expresión adusta de un zorro—¡Y tú no has querido que aprenda a usar armas de fuego!

La mujer con quien se hallaba, de largos cabellos rojizos como ascuas y ferviente mirada de orgullo, se limitó a despeinarle el cabello a su hijo.

—Ya llegará tu momento, ya sabes lo que dice tu tío… —enunció su madre, alzando el dedo índice como un profesor al subrayar una importante lección—…hay que aprender las técnicas básicas, porque un buen cazador dispone de buenas mañas…

—Y pocos cartuchos —completó el chico, recitando con un aire monótono—, lo sé, lo sé… pero mi padre… —bajó un poco la voz, sintiendo el impulso de no soltar aquello que había estado rondando en su mente tan intempestivamente. Sabía como tomaba su madre ese tipo de comentarios y no deseaba alterarla—bueno, él… y sus armas y…

Kushina Uzumaki entendió lo que aquella escueta y hosca oración quería decir; no era la primera vez que su primogénito traía a colación el tema, y aunque esto le desesperaba un poco –por la impotencia sentimental desde aquel suceso- y terminaba eludiendole o cambiándole la conversación; ahora no lo hizo. Sólo se limitó a posar el dedo índice que aun tenía alzado levemente sobre los labios del enérgico muchacho, silenciando afablemente sus entrecortadas e indecisas palabras.

—Lo se, y creo que ya va siendo el momento, pequeño "kitsune" –dijo cálidamente y Naruto enarcó aún más la sonrisa, sabía que cuando su madre usaba aquel sufijo era buena señal—…después de todo, no faltan más que unas pocas semanas para tu cumpleaños, tal vez recibas un regalo adelantado.

Naruto abrió ambos ojos como brillantes platos, como un chiquillo emocionado.

—¿En serio? ¡dattebayó!

—Ya veremos, ya veremos. Primero recoge tus cosas y aséate para cenar. –enunció Kushina, dándole una palmada a su hijo en la espalda y yendo hacia el interior de la casa.—

Naruto fue directo hacia la barda adosada de dianas y blancos, tomó la flecha y la separó apenas haciendo la presión necesaria. Contempló en derredor, hacia aquel domicilio donde había nacido y crecido.

El cielo de Uzushiogakure comenzó a oscurecer. Naruto guardó la flecha junto a las otras dentro del estuche y echándose la ballesta al hombro –una vieja pero calibrada J-Outdoor de muelle retráctil- caminó resueltamente hacia el interior del hogar.

Para cualquiera que conociese a un chico de quince años, era de esperarse que éste tuviese una habitación desordenada y atascada de posters de bandas juveniles, chicas de moda pop o chucherías variadas, pero no era así con el rubio muchacho.

El desorden era universal, sin embargo, en lugar de los coloridos afiches musicales, había imágenes recortadas –con pulso apurado y poco cuidado- de armas variadas, rifles, arcos deportivos y algunos otros artículos relacionados. Fotografías de algunos otros "entusiastas" de la tan peculiar actividad de caza, como el popular Killer Bee de Kumogakure, el legendario Rōshi de Iwagakure o la fiera y astuta Yugito Nii, quien posaba orgullosamente con un pie postrado sobre la descomunal cabeza de un matatabi (*) y un reluciente rifle 55 Magnum en su mano derecha, desde aquel recorte de la sección policíaca de Kumo. Todos ellos eran grandes expertos pero ninguno a la par del ídolo personal de Naruto Uzumaki: Minato Namikase.

El aclamado "Rayo Amarillo" había muerto en cumplimiento del deber, caído pero no vencido en el combate contra aquella impía bestia de pelaje naranja, de la cual, sólo había quedado el despojo de la hirsuta piel de una zarpa; la que yacía sobre el atril de la sala de la familia Uzumaki como el trofeo principal, justo debajo del escudo de armas; aquel legendario espiral grabado en cedro. Espiral, como el significado de su propio apellido.

Y esto el muchacho lo sabía, aun desde sus años de infancia. Bien se sabe que la casta se hereda; la sangre se impone, como solía decir el mismo Nagato Uzumaki y esto, se había clavado en la educación y psique de Naruto desde que empezó a hablar y caminar. Creció con la disciplina de una madre que no le dejaba sólo ni a sol ni sombra, las fervientes enseñanzas de su tío y las moralejas de aquellos relatos que su padrino le contaba a la luz del fuego de la chimenea. Historias de pobres e inocentes niños que se perdían en el bosque y terminaban a merced de crueles y sádicos depredadores; no pumas, ni osos, ni gatos monteses…

Lobos.

Y no simples lobos. Aquellas criaturas no eran los típicos canis lupus del orden de los cánidos; no, la verdadera naturaleza de la bestia residía en aquellos cuya identidad era puramente "morfista", cambiable y con ello… diabólica.

"…un lobo se esconde tras mil disfraces. Ahora como antes, es una verdad evidente, cuando más dulce la lengua… más afilado el diente." Enunciaba con vehemente, férrea e imperativa devoción su madre, clavando éstas palabras en la mente de Naruto como una estaca en la suave tierra del campo.

Y él portaba orgulloso su sangre de cazador, anhelando el día en que culminara su entrenamiento y rematara a su propia presa como era de esperarse de uno de los más eficientes clanes de la Franja del Fuego.

Miraba fijamente hacia la fotografía familiar, apostada contra la pared que daba hacia la sala, donde Kushina, Nagato, su prima Karin y él, posaban con la sobria postura de una familia más digna de la época medieval que de los modernos y actuales mil novecientos ochenta y seis.

"Ojalá y estuvieras aquí, padre", suspiró para sí, y retomó aquella sonrisa que abatía cualquier rastro de nostalgia en su mente. "Pero haré que te sientas orgulloso de mi, dattebayó. "

Y su atención se posó nuevamente al calendario de pared en la cocina.

Contó los días, por milésima vez en la semana; esperando a que aquellas dos semanas pasasen como agua y aquel doce se septiembre se convirtiese en diez de octubre.

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Las noticias viajaban con paso de brisa y en Konohagakure, un pueblo con aires de grandeza urbana, hasta los más simples rumores terminaban sabiéndose entre la población, con más eficacia que los reportajes de los periódicos.

Y lo que sucedió como una nota velada respecto a la desaparición de Hayate Gekko, se tornó en el rumor más crepitante en los asobronados pasillos de la escuela preparatoria desde la semana anterior.

—Creo que es algo… exagerado. —suspiró Sakura mientras caminaba entre la multitud que abatía la cafetería, que aquel viernes parecía más poblada que lo normal—La gente suele desaparecer de tanto en tanto.

Sasuke espetó un bufido a sus espaldas.

—No aquí. Eso es lo raro.

Encontró con la mirada una mesa desocupada cerca del amplio ventanal y se lanzó hacia ella. Hizo una seña a la pelirrosa.

—Gracias –susurró sentándose frente al estoico muchacho de pelo negro. Retomó la conversación—Bueno, en Iwagakure era común… pero era una ciudad más grande.

—Tú lo has dicho. —Sasuke abrió su caja de almuerzo, tomando un bocado grande del guiso de carne y tomate que había le empacado su madre—Konoha es un poblado demasiado pequeño y supersticioso…

Una tercera voz se sumó a la conversación. Kiba Inuzuka se quedó de pie a un lado de la pelirrosa, con una mano balanceando una lata de soda.

—Si, basta con un simple incidente como ése para que todo el pueblo se vuelva loco—comentó. Se rascó la nuca desenfadadamente—Hace dos años, desapareció medio ganado de la familia Nara y nosotros terminamos bajo sospecha, esa vez recuerdo que mi madre casi le rompe la cara al jefe de policía cuando éste quería levantar una orden de arraigo para llevarse a Kuromaru, ¿qué clase de idiota confunde un perro con un lobo?

—Kuromaru es un lobo —enunció Sasuke.

Kiba sólo bufó.

—Si, pero si lo comparamos con nosotros, apenas es más grande que yo; además esa vez todo el problema fue culpa de los Nara, alguien había dejado la reja habierta y los animalejos escaparon por cuenta propia. ¡Si no fuese porque nosotros rastreamos sus huellas…!

—Aun asi, este tipo de cosas tienen el riesgo de exponernos…— Sasuke bajó un poco la voz, casi hasta tornarse un susurro—…nosotros no hemos encontrado nada en nuestro territorio –volvió su atención a Sakura— ¿Tu padre no sabía nada más?

Sakura sólo se alzó de hombros. Recordó los días consiguientes de la anterior y ajetreada semana, en que su padre apenas y se daba abasto entre la jornada de trabajo y el último interrogatorio con el resto de sus empleados de la constructora, una vez que las veinticuatro horas de desaparición de Gekko-san se tornaron tres días. Y aquello no fue sino más estresante cuando la policía tomó cartas en el asunto, recorriendo el perímetro del puente en construcción que daba hacia el noroeste del bosque e irrumpiendo en los horarios de los obreros.

—Nada más de que era un tipo demasiado callado, pero confiable. Nunca faltaba y cumplía sus turnos completos —musitó—¿Cómo puede alguien así desvanecerse de la nada?

—Tal vez escondía un tórrido romance con alguna chica y decidieron escaparse juntos –la voz melosa de Ino Yamanaka llegó desde detrás de Sakura. Sin ceremonia alguna, tomó la silla que estaba junto a ésta y se sentó. Miró coquetamente hacia el Uchiha y entonó un saludo—¡Hooola, Sasuke-kuuun!

Éste sólo asintió sin mucha minuciosidad y siguió más concentrado en su almuerzo. Kiba lanzó una sonrisa efusiva a la rubia, la cual le ignoró campantemente. Sakura sólo le dedicó una mirada corta a su amiga.

—Ino, el tipo era un hombre casado.

—Casado pero no castrado –rió cantarinamente—Además, ¿Cuánto barbaján no suele hacer eso? ¡Siempre están los que llevan una doble vida!

—Deberías dejar de ver telenovelas, Ino-cerda. —reprendió Sakura.

A la rubia esto no le hizo mella y sonrió confianzudamente por fracción de segundo. El aroma aceitoso del guiso semicrudo y tomatoso de Sasuke y del rollo de carne tártara del almuerzo de Sakura le dio de lleno en la nariz, casi como una bofetada… o un insulto, tomando en cuenta que Ino Yamanaka era una acérrima vegetariana.

—Claro, yo dejaré de ver telenovelas cuando alguno de ustedes dos se civilice. –aquejó mientras daba un ruidoso sorbo a su jugo V8 enlatado—¡Mira que semejante barbaridad es el consumo de carne de esos pobres e inocentes animales!

Sakura rodó la mirada hacia el techo.

—Y ahí va de nuevo. –suspiró.

Sasuke no evitó un corto quejido en vaga señal de fastidio, apenas y miró a la joven. Ino ni siquiera se dio por ofendida, sólo esbozó aquella sonrisa socarrona y cambió radicalmente de tema.

—Saben, es viernes, deberíamos hacer algo… ¡Ya sé! ¡Vamos al cine!

Se hizo un incómodo silencio que la chica de pelo rosa rompió fútilmente.

—Ehm… creo que no, Ino. —aquejó mediando las palabras—Ha sido una semana muy intensa y con los entrenamientos de softball… ehm… creo que en serio me apetece quedarme descansando en casa.

—Si ponen un toque de queda a causa del incidente de Gekko-san, nadie irá a ningún lado después de clases –resolló Kiba.

Y Sasuke asintió con solemne y serio tono.

—Yo estoy de acuerdo con eso, no es prudente.

—¿Prudente? ¿Toque de queda? —Ino elevó la voz intencionalmente—¡Eso es una exageración! ¡Sólo fue un obrero común y corriente, no el alcalde quien desapareció! Además, desde la fiesta de Shion, no ha habido nada de nada…

—Pero si quieres puedo correr el riesgo por ti, Ino-san –enarcó Kiba con una sonrisa de oreja a oreja.

Ésta gimió, azorada y molesta.

—¡Piérdete, Inuzuka!

El muchacho de revueltos cabellos castaños hizo una mueca de fingida ofensa, para luego irse hacia las canchas, claro, no sin enunciar una última y salamera frase a la molesta Ino Yamanaka.

—Tú te lo pierdes, preciosa.

Sasuke terminó lo que restaba del almuerzo y se levantó también.

—Me voy, quiero llegar pronto a Cálculo. Es un fastidio sentarse al frente. –dijo secamente. Apenas y le dirigió una mirada casi inexistente a la pelirrosa.—Te guardaré el lugar junto a la ventana.

Ambas chicas le miraron desaparecer entre la multitud de estudiantes que iban y venían entre los pasillos. Hubo una sutil pausa en que ninguna de las dos dijo nada, hasta que Ino simplemente enarcó una mirada pícara y maliciosa.

—Y todavía dices que no están saliendo… ¡Frentuda hipócrita! –increpó dándole un empujón con ambos dedos de la mano derecha sobre la amplia frente de la chica de pelo rosa.

Sakura la esquivó casi involuntariamente.

—Ino no empieces, ¡Sasuke y yo no estamos saliendo!

—Pero si tienen taaaanto en común –el brillo celeste de las pupilas de Ino destelló momentáneamente. Sakura no pudo evitar sentirse incómoda ante aquella peculiar afirmación—…ambos son un par de aburridos trogloditas come-carne.

—Claro… ¿Cómo tú y Kiba?

—¡Ugh! A mi no me gusta ese "chucho" –aquejó con un puchero en sus blanquecinas facciones y cambió rotundamente de tema— Eh, ¿y si improvisamos una pijamada en tu casa? –aquello heló aun más la sangre de la pelirrosa—Nunca he estado más de diez minutos y sólo en la sala, ni siquiera conozco tu habitación. Podríamos alquilar unas películas y…

"Y ni falta que lo hace… ¡no!", clamaba mentalmente Sakura. "No es buena idea en absoluto… no, no, no… "

—No.

Ino detuvo su diatriba cuando Sakura simplemente escupió la palabra como un estornudo.

—¿Qué? ¿Por qué no, Sakura?

Ésta simplemente encogió la mirada y comenzó a jugar nerviosamente con sus dedos.

—Es que… no es buena idea, y a mis padres les incomodan las visitas y… ¿recuerdas el ataque alérgico de la última vez?

"Bien, ése es un buen pretexto."

—Si pero tu dijiste que no tenías mascotas. –Ino volvió a sonreír despreocupadamente—Posiblemente esa vez se me pegó el pelo de algún perro callejero o algo… Porqué en serio, tu no tienes perros, ¿verdad?

—No, no, no… claro que no… solo que… ehm.. ¿por qué no en tu casa?

El semblante de la rubia se tornó una máscara de extrema agonía.

—¡Ay, no!…A como ha estado mi padre con las investigaciones de la jefatura, créeme que será imposible pasar una velada tranquila. ¡Mínimo se la pasará llamando cada diez o quince minutos para asegurarse de que no desaparezca también! –se dejó caer en el respaldo de la silla—Vamos, en tu casa sería más cómodo. ¡Nos quedamos en tu habitación, te apuesto a que tus padres ni siquiera notarán que estamos!

Sakura exhaló.

—Ino, no creo que sea buena idea…

Ésta se levantó, pinchándole la mejilla con el dedo índice.

—Muuucho trabajo y poca diversión hacen a Sakura una niña tristeeee –canturreó.—¡Aaanda! Además… —su sonrisa se tornó insidiosa y pérfida—podríamos espiar a Sasuke-kun.

—¡Ino!

La rubia sólo soltó una risotada inocente.

—¿Qué? ¿No vive enfrente de tu casa? –no esperó a que Sakura respondiese—¡Pues yo digo que puedo traerme los binoculares de mi padre y usarlos para espiar a tu sensual vecinito… y a su hermano!

—¡Ni se te ocurra, "cerda" pervertida!

—Ooukeeey –espetó Ino en un inglés turbio copiado del centenar de música anglosajona que solía escuchar—Sin espiar entonces… ¡Qué aburrida!... bueno, entonces te veré allá después de las séis, ¿vale?

Y Sakura simplemente se pasó una mano por la frente.

Ino…vas a meterte en la boca del lobo…¡literalmente!

El timbre había sonado y ambas chicas se unieron a la muchedumbre de estudiantes que marchaban de vuelta a sus respectivas clases. Sakura estaba tan inmersa en su diatriba con Ino, que no se percató de aquel par de ojos que le habían estado escrutando en sospechoso silencio desde el extremo de uno de los pasillos.

Kin Tsuchi pasó de largo del salón de su siguiente asignatura, yendo hacia el pasillo que daba al piso superior, precisamente al baño de chicas.

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—Esa estúpida… —la rabiosa voz escapó de los labios de Tayuya en un gruñido bajo y seseante—… sé que algo oculta, hay algo… ¡carajo! ¿No escuchaste nada?

A su lado, con la espalda apoyada contra el mármol de uno de los lavamanos, Kin sólo negó con la cabeza. Terminó su cigarrillo y sacó otro de bolso.

—No, fuera de que planeaban pasar la noche en casa de la peli-chiclosa, no dijeron nada. –contestó.—…y ahora que está en el equipo, aunque con Tenten de por medio… dudo que podamos acercarnos siquiera…

—Me vale un jodido bledo Tenten –Rezongó Tayuya, dando una calada honda a su cigarro—¡El asunto es entre ésa pendeja de pelo de chicle y yo! ¡Ya me tiene hasta el carajo!

Kin se encogió de hombros. El humo seguía flotando en el desgarbado cuarto de baño, desolado y silencioso; ésta peculiar área del segundo piso de la escuela, era territorio exclusivo de lacras preparatorianas como ella y su inegable "lidereza" de pelo magenta, igual que algunas otras muchachitas con afán de pretender ser chicas malas y que no pasaban de ser simple fantoches con aires de popularidad. No eran de la misma "calaña" como decía Tayuya… no, para ser parte del bando marginado había que tener carácter bien puesto y no simples caretas. Ah, la ley de la selva siempre regía en el mundo estudiantil y ésta era la barricada de los depredadores.

El más fuerte abusaba del débil… ¡y que así fuese!

—Si pero un reporte más, y te expulsan en definitiva –murmuró Kin—…y no creo que tu tía Guren-sama lo tolere tras el problema del semestre pasado, posiblemente ahora si te corra de la casa.

Tayuya chasqueó la lengua.

—Tsk, me importa una mierda lo que esa puta opine, como si quisiera seguir viviendo en ese mísero cuchitril –gruñó, para luego escupir desdeñosamente la colilla del cigarro hacia el piso y luego aplastarla con la punta del zapato.

—¿Entonces qué sugieres?

La chica de pelo magenta entrecerró los ojos, como si lo estuviese meditarlo. Sonrió fugazmente hacia su amiga.

—¿Aun recuerdas lo ocurrido en educación física?… nadie puede lanzar un puto balón de esa manera y…

—¿Las marcas? –Kin completó casi distraídamente—, bueno, tal vez fueron provocadas por… no sé… algo…

Algo.

Como lo que recordó Tayuya.

—Claro, igual que cuando salió huyendo de la fiesta… —enunció Tayuya, casi para ella misma.

Kin le miró sin entender.

—¿Qué?

—Vi algo –la mirada de Tayuya se quedó fija en los negros orbes de Kin Tsuchi—Y sé que tú también lo viste. Cuando esa estúpida me pateó y cayó hacia la carretera…

—Tayuya, estaba muy oscuro, yo no diría que…

—Sus ropas; escuché que algo se había roto y cuando intenté tomarla del cuello de la blusa estaba desgarrada –continuó diciendo Tayuya—y eso no fue por la caída. –sus cejas se juntaron en un ceño fruncido de concentración—…y había luna llena, no estaba oscuro del todo.

El semblante de Kin parecía haberse tornado estupefacto, aquello simplemente comenzaba a carecer de lógica común. Una sonrisa había aparecido en el semblante de Tayuya y este gesto que Kin conocía muy bien, no había hecho más que estremecerle.

—¿Que…?

—Y ahora, un tipo que trabajaba para su padre desaparece… eso no es una coincidencia, ¿sabes?

—Tayuya, ¿no estarás diciendo que…?

Ésta simplemente se cruzó de brazos.

—¿Aun tienes la cámara? –inquirió con aquel tono imperativo y hosco.

Kin asintió, todavía sin entender.

—Entonces tráela, nos veremos en la tarde en el campo de entrenamiento… tras las gradas y cuida que nadie te vea. –ordenó Tayuya.

La muchacha de pelo negro, no atinó a responder, sino que se quedó en un vago e indómito silencio en que muchas ideas extrañas, ridículas y puede que hasta fantasiosas, irradiaron su mente ante la premisa de sea lo que fuese que Tayuya estaba formulando en su maliciosa materia gris.

…y la lógica había escapado de su sentido común.

—Esta noche, va a arrepentirse de haberse metido en mi camino.

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El timbre del teléfono sonó dos, tres veces intermitentes hasta que Kushina tomó el auricular. Hubo una interferencia de brevísimos segundos mientras la línea se enlazaba. Había una respiración pero ella sólo anunció por reflejo:

—Casa de la familia Uzumaki, ¿en qué pued…?

—Kushina-sama –carraspeó una voz madura y algo hosca al otro lado de la línea. El hombre volvió a aclararse la garganta—¡Cuánto tiempo! ¿Cómo van las cosas por allá?

La mujer no supo si enarcar una sonrisa o ahogar un gemido sutilmente molesto debido a su particular interlocutor. Se decidió por lo primero con aquel tono tan agudo.

—Vaaaya, vaya –dijo Kushina alargando las sílabas—¡Finalmente tiene oportunidad de reportarse, viejo bribón! –soltó una risa forzada aun más aguda.

Al otro lado de la línea, desde la inhóspita y nula comodidad de una caseta telefónica, Jiraiya solamente alejó un poco la bocina antes de que el sonido estridente de Kushina Uzumaki le dejase más sordo. Tamborileaba los dedos sobre la carcasa del aparato.

—He estado algo ocupado, Kushina-sama… —hizo una pausa, mirando hacia el reloj que había incrustado en la modesta placita central de la ya anocheciente Konohagakure—Investigaciones, ya sabe. Y sólo llamaba para, ehm… preguntar cómo iban las cosas con el muchacho.

—Para tantear terreno, ¿o no, "erosenin"? –rebatió afablemente la mujer—A todo esto, ¿dónde rayos está metido ahora?

El hombre no evitó un suspiro al notar sutilmente que le habían descubierto la "discreta" estratagema.

—Bueno no diría el término "tantear terreno", sólo que voy de camino a Uzushiogakure y no sé que llevarle al chico para su cumpleaños, pero ya me las ingeniaré, jejeje…—miró por sobre su hombro, hacia su izquierda; dos muchachas habían pasado cerca de la caseta y el ruido de su conversación le distrajo por fragmento de segundo, al igual que no pudo evitar una sutil "apreciación", tratándose de jovencitas preparatorianas de buen ver; y una de ellas con un peculiar cabello magenta. La exclamación de Kushina le devolvió a conversación—Estuve revisando los archivos de capturas en Kumogakure e hice una pequeña escala en Konoha, para pasar la noche y…

Cortó, al escuchar un quejido tosco por parte de Kushina. Una exclamación de sorpresa e ira, mezcladas de alguna manera muy poco afable, provocando que ésta no dijese nada por casi un minuto entero. Jiraiya sólo escuchaba su respiración agitada.

—¿Ocurre algo, Kushina-sama?

—No… nada… —respondió finalmente—Sólo, le recomendaría no pasar más de un día ahí, no lo creo… propicio, dattebané.

—Descuide, no haré nada que infrinja el "acuerdo", sólo me quedaré a pasar la noche, es un fastidio dormir en la estación del tren.

Ella asintió, percibiendo el sentido ofuscado de aquella respuesta. Se despidió educadamente, y Jiraiya prometió que haría lo posible por terminar lo restante a la investigación y regresar, según sus cálculos, antes de la primer semana de octubre. Colgó y encendió un cigarrillo apenas al salir de la caseta.

Miraba pensativo el humo de la primer bocanada mientras que su mente le trajo el recuerdo de aquellas chicas, no tanto por la peculiar silueta sino por lo que pudo oír de sus cuchicheos. Algo estoico y burdamente contado referente a un tipo o desaparecido o muerto… y alguien en los años y experiencia de Jiraiya, sabía perfectamente que una cosa siempre terminaba en la otra.

Más, si era en Konohagakure.

"Vaya, veinte años y… las cosas no cambian" se dijo mientras contemplaba con silenciosa meditación la dirección en que aquellas jovencitas se habían dirigido. La calle terminaba en una bifurcación que daba hacia el bosque y hacia el camino rural que lindaba igual con la zona boscosa y desolada.

Exhaló y se dio la vuelta, emprendiendo el camino hacia el escuálido hostal que se hallaba en el centro.

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Y ella había aceptado… eso, o simplemente no pudo ser capaz de haber echado a Ino, quien había llegado puntualmente a las seis, con lo que parecía una mochila de campismo y la cínica mueca de auto-invitada descarada.

Al menos Sakura podía agradecer algo a la situación, y es que no tuvo que armar la estratagema "berrinche adolescente" en todo su desplegado y esplendor; apenas y había mencionado la primera línea ensayada (aquella que rezaba: "lo único que quiero es hacer de tanto en tanto las cosas que hacen los chicos normales de mi edad") y su madre le cortó el rollo con un seco y sincero "está bien".

Sakura sólo se quedó con la expresión incrédula y levemente sorprendida, teniendo la sospecha de que tal vez fuese por la culpa de su frustrado cumpleaños o simplemente porque para ellos les resultaba más fácil teniendo la confianza de que se quedaba en sus dominios –terrirorio, hay que llamar a las cosas por su peculiar sentido "sobrenatural- en vez del pendiente de quedarse en casa de una extraña, estando el plenilunio tan próximo y siendo ella una completa inexperta con carácter volátil.

—¿Y ustedes? –inquirió a su madre en la cocina, aprovechando el lapso en que Ino estaba en su habitación desempacando.

Mebuki había descolgado su abrigo y el de su esposo del perchero.

—Saldremos de caza, aunque no es propiamente plenilunio pero hay suficiente luz en el bosque. —dijo sin mayor importancia.

—¿Papá conducirá hasta allá?

—Sólo hasta la barrera divisoria, el resto, es ir a pie… o a cuatro patas, mejor dicho – Mebuki bajó un poco la voz, aunque con el estruendo del televisor sería imposible que la joven huésped notase siquiera una sílaba de la conversación—Ah, como los viejos tiempos.

Kizashi terminó de calibrar la camioneta y entró.

—Esperábamos que vinieses con nosotros, aun no has cazado tu primer presa y… –enunció mientras tomaba su abrigo. Su esposa le dirigió una mirada severa en silencioso ademán de que se ahorrara el sermón para otro momento. Suspiró, pasando su mano por el flequillo de su hija —…pero, bueno, creo que tienes razón, un poco de "entretenimiento humano" no viene a mal de vez en cuando. Sólo no se desvelen demasiado.

—Y los Uchiha estarán al tanto, por si ocurre algo. –completó Mebuki, pese a la mueca de desagrado que aquello último reflejó en su esposo. —Volveremos en la mañana.

Sakura había asentido, sintiendo una cohibida pero enérgica emoción, tenía no solamente la casa a su disposición –de ella y de Ino, en cierto aspecto- sino la confianza de sus padres… y esto era algo que no solía ser tan frecuente, no por causa de ella sino porque simplemente la situación nunca se había dado. Aun en Iwagakure, no tenía amistades tan… personales, no salía ni tenía la tentativa de hacerlo; ahora aquello era simplemente una atrayente novedad.

Y no ahondó en ello, ni siquiera cuando al caer de las dos de la madrugada, el barrio entero se sumió en una completa penumbra y un grito solitario y estridente, retumbó en la lejanía.


Continuará


Notas de la Autora:

*Matatabi: Se le suele decir asi a los gatos demonio, principalmente a los de dos colas. Tambien en el canon se le llama así al bijuu de Yugito, aqui simplemente me gustó como alegoría debido a la situación, jejeje.

Bueno, las cosas se mueven y si, me encanta poner "cliff-hanger" en los finales de capítulo, asi se quedan más enganchados a la trama, jijijiji.

Pues bien, no digo más para no spoilear más... nos leemos la próxima semana!

Ya saben, dudas, comentarios y preguntas al apartado de REVIEWS.

Sayoooo