Capítulo 11
VISITAS INESPERADAS
El silencio había caído como un puño de hierro sobre la fresca noche. El sutil eco de sus propias pisadas sobre la desgarbada hierba resonaba como una marcha parsimoniosa y lenta.
Fugaku, en su poderosa forma lobuna e Itachi, igualmente transformado, siguieron andando tras el rastro dejado por unas zarpas grotescamente enormes.
El indicio dejado en ellas le hizo sentirse nervioso y en vilo. Ahora captaba una peste agria, fétida, a podredumbre pura… un aroma que nunca antes había captado en SU territorio.
Tampoco parecía dejado por alguien de la manada. Tan distinto como el rojo del azul.
Las huellas se detenían en el sendero. Aquella cosa había pegado un salto o había alargado sus zancadas desmesuradamente. La madreselva alta cubrieron el resto y las huellas desaparecieron… pero no la peste.
El imponente lobo alfa se había parado al pie de una cuesta. Itachi tropezó con él.
"Eso… esas huellas son de un…"
Fugaku espetó un bufido.
"No, no lo creo, muchacho. Ninguno de nosotros tiene ese tamaño… " su voz se volvió más grave, un gruñido ahogado. "… sea lo que sea, se cree listo para esconder su rastro."
Con un movimiento hosco señaló con la cabeza hacia donde las huellas habían "desaparecido". Tras los amorfos setos, el despojo de unas pisadas medio animales y medio humanas, reaparecían, enmarcadas del intenso despuntar de un aroma familiar y conocido…
Sangre… sangre humana…
"Entonces tenemos compañía", gruñó Itachi.
Su padre se acercó hacia el despojo carmesí entre los setos, captando con minuciosidad el aroma acre y metálico.
"Y no de la que podríamos ignorar." Aspiró profundamente. "Esta fresco, asi que aun anda cerca…"
Fugaku le miraba fijamente y, durante un momento, Itachi creyó percibir un brillo no del todo agradable en los ojos de su padre. Itachi miró en torno con inquietud. La niebla se había diluido un poco. Entonces oyó crujir unas ramas. Algo se movía en la espesura, algo bastante grande.
Fugaku abrió las fauces, gruñendo instintivamente y con el olfato alerta; Itachi ladeó la cabeza a su vez, imitandolo y tendió el oído. El sonido, al principio lejano, estaba ahora muy cerca, iba hacia ellos de un modo alarmante.
Ahora la cosa parecía estar tan cerca que ambos lobos esperaban verla de un momento a otro alzarse sobre los cuartos traseros, tapando las estrellas con la mole de su cuerpo peludo.
Ahora ya no pensaban en otro lobo.
Y entonces se esfumó.
Itachi jadeó con la pregunta de "¿Qué ha sido eso?" en la punta de la lengua, cuando de la oscuridad brotó un alarido estridente y frenético que subía y bajaba de tono con histéricas oscilaciones taladrándole los tímpanos y helándoles la sangre.
El grito se quebró en un áspero cacareo como se parte una roca por una falla múltiple, subió en un chillido agudo y se cuarteó en un gorgoteo que, antes de apagarse del todo, sonó como un sollozo.
Se oyó un chapoteo, y sobre sus cabezas rugió el viento como un río que corriera por el lecho del cielo. Por lo demás, el bosque de Konohagakure quedó en silencio.
"¿Qué diablos...?" susurró Itachi roncamente.
Su padre se volvió a mirarle. A aquel tenue resplandor, parecía tener ciento veinte años. En sus ojos no había ya ni asomo de aquel brillo. Estaba demacrado y su mirada reflejaba puro terror. Pero con voz bastante firme dijo:
"Volvamos. ¡Ahora!"
Aun sin dar un paso desde donde se encontraban, un eco familiar resonó. El alfa ladeó la cabeza, y sus pupilas carmesí encontraron el destello fugaz de una de las patrullas del condado. Sin siquiera enfocar la mirada, Fugaku reconoció al jefe de policía desde el asiento del conductor.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
—¡Ino!
Ésta sintió que la sacudían levemente.
La cabeza le punzaba; Ino Yamanaka había llegado a sentir esa incómoda molestia cuando era pequeña y despertaba airosamente de alguna pesadilla, o pasaba más de una hora con la mente concentrada en algún aburrido libro de escuela. Ahora, por desgracia, no tenía nada que ver con la escuela y mucho menos era una pesadilla…
Aunque parecía serlo…
—Ino… —oyó la voz de Sakura, como si estuviese a millas y millas de distancia.
Entreabrió un ojo, y pareció verla, frente a ella y con un semblante preocupado… típico de Sakura. Ino parpadeó, tratando de aclarar su visión y notó tres emborronadas sombras detrás de la pelirrosada chica.
Lobos… o perros demasiado, DEMASIADO grandes…
—Sigo en la pesadilla, ¿verdad?
—¡Ino!
Pero ésta volvió a cerrar los ojos y se sumió de nuevo en una inconsciencia fútil.
Sakura bufó, llevándose una mano a la frente.
—Genial… ¡lo único que quería era una velada NORMAL como una chica NORMAL! —aquejó rodando la mirada al techo—¡Una simple noche sin sustos, lobos o monstruos!
Mebuki estaba detrás de ella, ya en apariencia completamente humana y terminando de abotonarse el blusón.
—Por ahora tenemos otro problema que solventar…—murmuró mirando preocupada a la chica rubia desmayada en el sofá de la sala.
—¡Pero si esto no fue culpa nuestra! —exclamó Sakura a modo defensivo.
—Momento equivocado, lugar equivocado… —masculló su padre desde la cocina, en su voz aun se apreciaba el eco gangoso de un gruñido—…sin embargo, conociendo al roñoso de Fugaku…
—Seguramente, papá pondrá el grito en el cielo si se entera de que una humana sabe de esto —resolló Sasuke como si el asunto fuera tan trivial—No hay otra alternativa; ella o nosotros.
—¡Sasuke, no estas ayudando! —la pelirrosa le dio un codazo al muchacho de pelo negro. Volvió a entornar la mirada hacia la inconsciente Ino—¿Qué vamos a ha…? —cortó la pregunta notando a Sasuke hacer un gesto con el dedo cruzándolo delante del cuello—¡Ni se te ocurra pensarlo! ¡No vamos a asesinarla!
—Bueno, cuando una presa entra al cubil de un lobo, es normal que termine como la cena…—pinchó el Uchiha.
—¡No voy a comerme a mi mejor amiga!—Sakura elevó la voz hasta una octava.
—Pero las reglas…
—¡Ey, basta! ¡Aquí nadie se comerá a nadie! —irrumpió Mebuki en medio de la diatriba de su hija y el Uchiha. Se giró hacia la cocina al momento en que su marido sacaba algo de la alacena—¡Y tú deja ése ablandador de carne en su lugar!
—¿Ni para un bocado de media noche?
—¡Papá!
Kizashi sólo atinó a encoger los hombros, pasándose una mano detrás de la nuca y emulando una sonrisa entrecortada.
—Sólo intentaba aminorar la tensión aquí, "cerecita"… —resolló aun con cierta pericia en el tono. La sonrisa se esfumó ante el semblante taciturno de su hija, su esposa y el hijo menor de Fugaku. Y la escena en torno a la sala no era para menos. Suspiró, dejando el condimento para comida sobre la mesa—…bueno, se volvió a desmayar, tal vez para cuando despierte ni siquiera lo recuerde.
Sakura rodó la mirada hacia el piso.
—Eso sería realmente estupendo, pero conociendo a Ino…
La puerta de la entrada se abrió con sigilo y Mikoto entró, ataviada únicamente con la bata de casa y un suéter sobre los hombros. La penumbra de la noche acentuaba el sutil brillo negro azulado en sus cabellos. La expresión de su rostro era un rictus de preocupación silenciosa.
—¿Nada de ellos? —inquirió Sasuke.
Su madre negó con un gemido bajo.
Las calles seguían inmersas en una lóbrega oscuridad y no parecía haber señales de que la electricidad volviese pronto. La sala de los Haruno permanecía iluminada solo por dos insignificantes lámparas de emergencia, una apostada sobre la mesa del comedor y otra en la repisa de la sala.
Kizashi estuvo a punto de proferir algo… mas bien si lo hizo, pero el susurro de su voz se desvaneció en medio de un eco tosco y reverberante que resonó desde la espesura del bosque. Un clamor grave, amorfo, mezcla de furia animal y humana.
—…Ése no era Fugaku… —musitó Mikoto.
—Ni Itachi… —completó Sasuke.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
La luz de la lámpara menguaba. La radiotransmisión de la central de policía de Konoha hacía un zumbido entrecortado, haciendo fútiles esfuerzos por encontrar alguna señal.
Inoichi Yamanaka volvió a entornar la mirada en el semblante palidecido de la joven.
—¿Está segura, jovencita? —inquirió Yamanaka por segunda vez, más claro y severo—Le recuerdo que mentir en una declaración oficial es un delito grave…
—¡Yo se lo que ví! —Tayuya se levantó abruptamente, dando un manotazo a la mesa—¡Algo se la llevó! ¡Una persona no desaparece así como así! ¡Carajo! ¡Yo lo vi con mis propios ojos!
Inoichi alzó las manos en ademán apaciguador. Jiraiya y otro de los oficiales; Aoba Yamashiro, sólo rodaron la mirada.
—Señorita, no es necesario el lenguaje altisonante, sólo necesitamos corroborar si…
—¡¿Usted está insinuando que soy una jodida loca?! ¡¿Cree que me imaginé toda esta mierda? —Tayuya no se calmó en lo más mínimo—¡Yo se lo que ví y esa cosa sea lo que sea no era humano!
—Entonces… —Aoba recapituló, leyendo las notas escritas por su apurado pulso—usted y su amiga estaban a mitad de la carretera rural y un león de montaña embistió a su amiga…
—¡NO FUE UN PUTO LEON DE MONTAÑA! —clamó la joven de cabello magenta, todavía en un tono que rayaba en la histeria—¡Era un… un…!
La palabra murió en su garganta, simplemente porque ni ella sabía que rayos se había llegado a Kin… ¿Por qué se había llevado a Kin, verdad?
—¿Un qué? —dijo parsimoniosamente el jefe de policía. No esperó respuesta de la chica, y sentenció severamente—Además, ¿Qué hacían dos menores de edad fuera del horario de salida, a mitad del bosque? —Inoichi se aclaró la garganta—Yo a eso lo llamaría tentar al peligro, pero no es con ustedes con quien debería quejarme, sino con sus padres…
—Estábamos… —Tayuya respondió de mala gana, arisca y huraña—…haciendo un proyecto de la escuela…
—¿En el bosque, y de noche? —increpó Aoba.
Inoichi le hizo una seña con la mano, y éste se alzó de hombros, asintiendo. El jefe de policía volvió a mirar su reloj de pulso por enésima vez desde que la azorada jovencita de pelo magenta –y de florido vocabulario- se apersonara gritando como un personaje de alguna mala película de serie B.
—Esta bien, ehm… señorita… —el oficial Aoba suspiró con premura y sin azuzar demasiado la situación, otro arranque de ira de la chiquilla escandalosa le provocaría una migraña—Ya es algo tarde, llamaremos a su tutora y si se suscita algo más en la semana, le llamaremos, ¿de acuerdo?
Tayuya se removió en la silla, tenía los brazos cruzados y pese a su diatriba de insultos y su renuente expresión de abusiva escolar, todavía se sentía palidecida… y aterrada. No había nada más en su mente más que aquella… cosa que salió de la nada, para desaparecer, igual, en la nada.
Algo amorfo, enorme y con una peste salvaje… a podredumbre y a muerte.
Eso no era un gato montés… no era un puma… no era un oso… era un…
—¿Señorita?
Tayuya se sobresaltó. Espetó un "sí, estoy bien" de la manera más gutural posible, como un bufido, y esperó a que el oficial Aoba terminase la llamada al domicilio que la joven compartía con Guren, su tía política, guardiana, carcelera y tutora.
Enfrente de ella, aquel hombre de descuidada melena blanca y que había permanecido en un silencio sepulcral durante todo este tiempo, estaba escudriñando algo en su teléfono móvil. Tayuya no le prestó importancia, sólo notó al viejo mover apuradamente los callosos dedos sobre la pantalla.
Pff… viejos estúpidos, si no saben utilizar la tecnología no deberían comprarse esas mierdas, pensó Tayuya un poco más distraída.
Guren llegó a los veinte minutos. La mujer entró profiriendo una serie de improperios que llevaron a Inoichi y Aoba a pensar en porqué la aludida joven de pelo magenta hablaba de tal manera. Hubo unas cuantas preguntas escuetas a las que Guren sólo respondió con toscos monosílabos. Tomó a Tayuya del brazo, en medio de una sarta de maldiciones y palabrotas por parte de ambas. Antes de que la joven subiera al vehículo de su tía, Jiraiya se adelantó hasta ella, con el teléfono en la mano.
—Sólo una pregunta más, señorita… es mera curiosidad pero… —movió algo en la pantalla del móvil y antes de que Tayuya inquiriese algo, le mostró la pantalla—… de pura casualidad, la "cosa" que vio en el bosque, lo que usted y su amiga vieron… ¿se parecería a ésto?
La mirada recelosa de la chica quedó clavada en la imagen tenue de una sombra. Algo a medio camino entre humano y bestia… erguida en cuatro patas como un oso, con garras descomunalmente acerradas como las de un felino y un hocico contraído en un rictus de furia rapaz y brutal…
—Eso… eso parecía un…
—Un lobo —enunció Jiraiya con un tono casi ominoso— canis lupus… un lobo. —guardó el móvil de nuevo en su bolsillo, apenas y la chica asintió en un escueto ademán—Era todo lo que necesitaba saber, señorita. Gracias.
El auto partió, y el oficial Aoba Yamashiro seguía con la atención sutilmente clavada en las notas del testimonio de Tayuya.
Jiraiya estaba apunto de retirarse, se había encasquetado la gabardina y presto a una escueta despedida, hasta que la puerta de la jefatura se abrió.
—Hablando de cumplimiento con el deber… —murmuró serio y molesto el jefe Yamanaka— Uchiha-san, ¿acaso no sabe responder al radiocomunicador? Le estábamos buscando desde hace media hora.
—Estaba inspeccionando el área este, siempre se corta la señal. —resolló el aludido.
En el umbral de la puerta se hallaba una sombra alta y fornida. Jiraiya lo contempló con el rabillo del ojo para no notarse demasiado indiscreto. El hombre entró, ataviado con el uniforme forestal; la camisa estaba desgarbadamente puesta –inclusive había tres botones mal abrochados- el pantalón sutilmente arrugado de la bastilla y las botas de trabajo desatadas. Muy vagamente el viejo de pelo blanco supuso que a lo mejor le habían despertado intempestivamente y se puso el uniforme con apuro.
Sus ojos se abrieron un poco más, rompiendo con toda máscara de sutileza cuando notaron tierra bajo las uñas de aquel sujeto.
—Los cables del alumbrado eléctrico se cortaron por toda el área, creí que podía tratarse de algún árbol caído o algo asi —la voz de Fugaku aun seguía oyéndose grave y gutural—…veo que aquí no tienen el mismo problema.
—No, tenemos cosas peores que tres calles sin luz, precisamente una jovencita desapareció en el bosque, su amiga no nos pudo dar mucha información, estaba en shock… —explicó Inoichi—…¿No vio nada alla? Algún puma o un oso o… no se, la chica decía que era un animal salvaje.
Fugaku negó severo. En el momento, hubo un lapso en que los ojos de éste y la mirada recelosa y atenta de Jiraiya se cruzaron. El viejo sannin sintió una punzada de arrebato, un estremecimiento como ver hacia el mismo vacío.
…algo que como cazador, sabía interpretar muy bien.
El sucesor de Madara, su mente lo sugirió como mero capricho, pero su intuición lo constató. Claro, cabello oscuro, ralo, sombreado descuidado de barba, mirada penumbrosa como la de un depredador… ¡jah! Asi que siguen causando problemas… que pena, Konoha parecía un pueblecito tranquilo…
—¿…información? —la pregunta de Aoba-san le sacó de su soliloquio.
—¿Perdón? —inquirió Jiraiya, bajando un poco la voz.
—Le preguntaba si esa identificación es toda la documentación que posee.
Jiraiya espetó una carcajada de complicidad.
—Je, je… pues por desgracia si, como exterminador viajo mucho… y como escritor, siempre viajo con lo mínimo de documentos. Uno pierde las cosas por descuido a veces, y otras, bueno… usted entiende, oficial.
El oficial asintió, devolviéndole su identificación. La desgarbada credencial había caducado hacía seis años y estaba firmada por el estado libre y soberano de Uzushiogakure. Avanzó hacia Jiraiya, taciturno.
—Uzushiogakure… eso esta muy lejos de aquí.
—Ya sabe lo que dicen, para conocer, hay que salir del terruño, jejeje. —Jiraiya esbozó una sonrisa amplia. Una perfecta máscara que cubriese sus cavilaciones. Se dirigió hacia la puerta—Y ya que mis servicios no fueron requeridos, creo que pasaré a retirarme.
Jiraiya salió. Frente a la estación de policía estaba aparcado el jeep todoterreno del guardabosques. En el asiento del copiloto estaba un muchacho, no mayor a los veinticinco, reacomodándose la camiseta. No hubo contacto visual. El viejo sannin volvió su atención al móvil una vez que estuvo a una calle de distancia.
Una indecisa sonrisa cruzó sus labios y sus oidos se prepararon para la inminente discusión que tendría con Kushina Uzumaki…
Bueno, una chica desapareció, y un sujeto de la construcción según vi en las noticias… ni modo, el deber, es el deber…
Después de todo, volver a Konohagakure no sería bueno, y menos darle la noticia a las dos de la madrugada.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Aun escuchaba voces a su alrededor. La luz tenue seguía ahí también, al menos cuando entreabrió un ojo. Algo le picaba en la nariz, y el impulso por estornudar le despertó por completo.
Desorientada, adormilada y con la nariz goteando tras otros tres espasmos de alergia, Ino Yamanaka se incorporó sobre el sofá, más por impulso que por voluntad propia.
—Que… ¿Qué.. pas…? —la pregunta fue interrumpida por otro ataque de estornudos—¡arrrgh!
—¡Ino! —Sakura clamó a su lado, yendo hasta ella—Menos mal que estas… ¿bien?
La rubia le dirigió una mirada recelosa con sus llorosos orbes azules, mientras se pasaba una mano por delante de la nariz.
—¿Bien? ¡Arghh… mi alergia volvió! —aquejó mientras se levantaba airosa hacia el cuarto de baño. Tomó un descomunal trozo de papel sanitario, casi atascándose la nariz con él y volvió como si nada a la sala—¡¿Y que rayos pasó?!
Sakura le miró de soslayo, esbozó una sonrisa corta y estuvo a punto de contestar. Se pasó una mano por la frente, como si pensara mejor la respuesta y terminó por bajar la vista al suelo, con una mueca de complicidad.
—Pues… ehm… ¡Te desmayaste! —dijo resueltamente— Fue el incidente de la luz, tropesaste, te golpeaste la cabeza y te desmayaste…
…Y Sakura era la peor mintiendo. E Ino, demasiado crédula.
—¿Ah, si? —Ino sólo se pasó una mano por la sien— Que raro, no siento como si me hubiera golpeado. —miró a su alrededor— Por cierto, ¿era mi imaginación o tus padres habían regresado temprano?
La pelirrosa asintió.
—De hecho, regresaron hace media hora —suspiró—Están en casa de los Uchiha, parece que ocurrió algo en la estación de guardabosques… y Sasuke también está alla…
—¡Ay noooo! —Ino aguzó la voz en un tono tan exagerado y agudo que Sakura tuvo que cubrirse un oído—¡Tenia la oportunidad de acosarlo y me lo perdí! ¡Raayos!... Sólo falta que hoy fuese viernes trece…
—De hecho es la semana entrante.
—¡No ayudas, frentesota! —resolló a su amiga, mientras volvía a desplomarse en el sofá—Argh… y aun sin luz, bueno… ¡Gracias a Kami por la tonelada de música que descargué!
Ino siguió hablando mientras la pantalla de su iphone resplandecía como anuncio de neón en medio de la sala a medio iluminar. Sakura le escuchaba, respondiendo distraídamente; su atención aun estaba fija en la casa de enfrente, el domicilio Uchiha.
Suspiró aliviada cuando vio el jeep aparcarse en la cochera. Vehículo intacto y tanto Itachi como su padre con aquella expresión seria e inmutable. Tal vez las cosas –fuese lo que fuese- se habían calmado.
El resto de la pijamada frustrada por lo menos terminó con normalidad, casi al caer de las cuatro de la mañana, les venció el sueño y ambas chicas terminaron "acampando" en medio de la sala. Muy entre sueños Sakura escuchó la peculiar diatriba entre su padre y el señor Uchiha –algo referente a las huellas de un vehículo cerca de la barrera de contención norte del bosque- pero estaba demasiado adormilada como para captar a lo que se referían.
Y si su padre no lo mencionó durante el desayuno, posiblemente no tendría importancia.
Para el mediodía del sábado, la electricidad volvió, y la atención de todos los medios estaba enfocada a la segunda desaparición en el poblado. Se habían mencionado nombre y ubicación pero la pelirrosa no ahondó en ello hasta el lunes.
El anuncio estaba impreso en esas hojas de chillante color verde fosforescente, dos de ellas en blanco y tres en amarillo canario, todas pegadas sin orden alguno en el periódico mural y en pasillos aleatorios de la preparatoria de Konoha. La fotografía de una joven de largo pelo negro enmarcada en un recuadro simple y a blanco y negro, resaltaba en medio de rótulo "¿Me haz Visto?" como una imitación de esos anuncios impresos en los cartones de leche.
Sakura tragó hondo al leer el nombre bajo el entablado de texto de información: Kin Tsuchi.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Aun había cajas en la sala, bolsas en el pasillo de la entrada y ropa desperdigada a diestra y siniestra por toda la casa… y Naruto sabía que no era por eso que su madre estaba de mal humor.
Para sus actuales quince años, una mudanza precipitada no era un problema para el muchacho, eso era uno de los inconvenientes que resultaban de su tradicional apellido y el renombre de éste; "gajes del oficio" como decía su padrino. Asi que la noticia que precisamente fue enviada por éste, no la tomó a mal, de hecho, a pesar de ser un chico como cualquier otro, con su personal círculo de amigos y su cómoda rutina escolar, la premisa de una mudanza intempestiva resonó en sus oídos con un tono de aventura.
No así para su madre… o su prima, Karin. El caos de empacar lo básico, trepar bultos y maletas a la espaciosa Windstar y emprender el viaje de tres horas en carretera era lo menos tortuoso. Naruto supo que la causa del mal genio y el ofuscado ánimo de Kushina Uzumaki tenía más que ver con el destino del viaje que el viaje en si. Y él poco o nada sabía al respecto.
Cuando llegaron –tras lo que Naruto tomó como el viaje más tedioso a causa de los monosilábicos comentarios de su madre y las quejas pretenciosas de su prima respecto al poblado desolado y mustio-, lo primero que captó la atención del rubio fue el inmenso bosque que se alzaba a lo lejos, como una manta gigantesca verde. La casa –un minúsculo apartamento a comparación con la propiedad de dos plantas que tenían en Uzushiogakure- se veía confortable y acogedor. Sin jardín al frente y de una planta, pero aun asi, cómodo y acogedor. Ubicado en el centro y a tres calles de la preparatoria local, donde ya le habían matriculado.
"El viejo y sus influencias" resolló su madre con un tono ofuscado y molesto aquella mañana, mientras terminaba de preparar el desayuno.
—Bueno, no me quejo… de hecho empezaba a aburrirme en la otra escuela, dattebayó —sonrió el joven rubio mientras se servía un vaso más de jugo de naranja.
—Ojalá lo dijeses por los estudios, pero se que es sólo por el entusiasmo de conocer gente nueva —reprendió en un aire más cálido. Miró el reloj de pared, mal colgado junto a una de las repisas. Kushina suspiró—¡KAAARIN! ¡Baja de una vez, llegarán tarde!
Hubo un quejido de fastidio desde una de las habitaciones.
—Voy —clamó ésta, saliendo de la alcoba y cerrándola de un portazo— ¿Qué tan obligatorio es empezar la semana completa?, digo, bastante sacrificio es mudarse de un día a otro a este pueblucho polvoriento… ¡Y ni siquiera he terminado de desempacar!
Kushina no deparó en las quejas de su sobrina. Se giró desde la estufa y su mirada deparó en el uniforme, haciendo una mueca desaprobatoria.
—Esa falda esta muy corta —reprendió.
La joven ni siquiera se alteró.
—Tía, la primera impresión siempre es lo que cuenta.
—Si, para un burdel, jejejeje —coludió el chico rubio con una sonrisa de burla y recibiendo un buen coscorrón en la cabeza por parte de su prima—¡Aaauch!
—Toma eso como un saludo de buenos días, "cabeza de chorlito" —Karin ignoró las quejas de Naruto, se reacomodó los lentes de pasta en ademán orgulloso y se sentó a desayunar. Notó a su tía mover una de las cajas de la sala—¿No nos llevarás a la escuela?
Kushina sacó un archivero, respondió mirando por sobre su hombro.
—Tengo que ver a Jiraiya-sama y a un par de miembros del consejo; no creo poder llegar a tiempo si me desvío hasta la preparatoria. —murmuró buscando airosamente entre los documentos—Además, son solo tres calles, ni que estuviera al otro extremo de la ciudad, dattebané.
—Yo no llamaría a este pueblucho "ciudad" —quejó Karin—…me da la idea de que la escuela estará llena de hijos de campesinos o algo asi…
Naruto no contuvo la risa.
—Si, tal vez te acepten como la reina-zanahoria, dattebayó
—¡¿Qué dijisteeeee?!
—Chicos… —Kushina intentó poner orden, claro, demasiado tarde. Sonrió, un poco más afable, al menos los animos se habían relajado, y la escena parecía de un desayuno familiar normal.
Sólo esperaba que las cosas siguiesen asi de tranquilas… y que Jiraiya se equivocase y que aquello no fuese más que una falsa alarma.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
—Kin… vaya, quien lo diría —la voz de Kiba Inuzuka apenas parecía audible en medio del barullo del salón. Se pasó una mano por la barbilla, emulando a uno de esos personajes de alguna serie policiaca—Justo lo que yo llamaría como una coincidencia nada favorable.
Sakura miraba nerviosamente hacia ambos lados, por fortuna aquel comentario no llegó a oídos que no fueran los de Ino o los de alguien ajeno al peculiar grupito apostado al final del aula. Sasuke estaba a su derecha y Kiba al frente, con la silla al revés y los codos apoyados en el pupitre del Uchiha, como si fuese una reunión de equipo improvisada. Era el receso entre clases y el grupo en general estaba sumido en un estruendo controlado. El tema en casi toda la escuela era la desaparición de la joven de pelo negro.
Tayuya tampoco había aparecido en la mañana, pero éste era el menor de los detalles.
—No creo que sea una coincidencia —Sasuke negó con una voz profunda—… el apagón del viernes y la intrusión al bosque. Me da mala espina.
Kiba chasqueó la lengua.
—Ahora que lo mencionas, los perros estuvieron inquietos toda la noche, y Hana dice que le pareció escuchar un aullido largo que provenía del área este.
—Nosotros lo oímos —completó Sakura—…pero yo no diría que eso fue un aullido…
—Fue algo más, era un grito salvaje y lleno de ira. —ultimó Sasuke, escudriñando con la vista baja—Mi padre y mi hermano le escucharon, cuando revisaban el terreno cerca de la barrera de contención. También había dejado un rastro de sangre… según Itachi, humana. —bufó— Hmp, me hubiera gustado haber visto la expresión de su rostro.
—Ahí lo tienes, esa cosa arrancó los cables y se tragó a Kin. Lo curioso es que no hay rastros de ella… vamos, ¿Quién iba a llevársela asi nada mas? —Kiba apoyó ambas manos en el mentón.—Seria como comerse una hamburguesa con todo y envoltura.
Hubo un pequeño silencio entre los tres momentáneamente hasta que Sasuke susurró:
—De todas maneras, nadie saldrá de caza esta semana, seguramente los adultos se turnen para montar guardia en el bosque.
—Si, y el pueblo entero en toque de queda nos dejará las cosas más fáciles. —la sonrisa de Kiba se amplió en una mueca casi demencial—Apuesto a que puedo encagrarme del intruso, con una mano atada a la espalda y sin transformarme.
—Quisiera verte intentarlo —las palabras de Sasuke resonaron frías—Un beta menos que estorbe.
—El intruso… — Sakura movía nerviosamente el lapicero entre sus dedos, Sasuke tuvo el impulso de detenerle la mano pero se quedó quieto sólo contemplándole. La pelirrosa finalmente soltó el lapicero. Sus orbes jade reflejaban una peculiar preocupación que había estado ocultando toda la mañana.—¿Esa cosa, es lo mismo que nosotros, no? —dijo con la voz casi en un hilo.
—No lo creo, somos lo último que queda de las manadas pura-sangre… —Kiba miró de soslayo a Sasuke—…aunque tú tienes dos primos que están fuera de Konoha, ¿no?
El Uchiha asintió secamente.
—Si pero son errantes, no tienen porqué entrar en nuestro territorio. Además esta el acuerdo entre nuestras familias, nadie caza humanos, al menos asi lo estipuló mi padre cuando tomó el liderazgo de la manada.
—Claro, antes de eso el viejo Madara tenía otras intenciones. Mi madre decía que era un auténtico cabrón y que por eso la manada le echó —gruñó Kiba, dando un golpecito de su puño sobre la palma de su otra mano.—¡Joder!, si yo tuviera la oportunidad de enfrentármele…
—Morirías como un chucho —murmuró Sasuke. Sakura entrevió una sutil sonrisa desafiante en el semblante del Uchiha—, un simple beta no podría ni hacerle un rasguño.
—Uuuuuy claro, "Alfa-saaaama" —el Inuzuka exageró con aire de sorna.
—Buenos días, muchachos. —saludó Asuma Sarutobi, el profesor de la hora en turno— A sus asientos, por favor…
El barullo se calmó casi por completo cuando la atención del alumnado deparó en dos muchachos que entraron detrás de él. Un chico de cabellera alborotada y rubia y una chica de larga melena rojiza y gafas.
—Tenemos a dos jóvenes que se incorporarán a nuestro grupo éste semestre, asi que sean amables y denles la bienvenida a Uzumaki Naruto y su prima, Uzumaki Karin…
Una voz llegó a oídos de Sakura. Ladeó la cabeza sutilmente y notó la expresión tensa de Sasuke Uchiha. Le oía susurrar, casi golpear las palabras. Sakura le miró de reojo percatándose de que éste no estaba hablando, sino escuchaba su voz perfectamente en su mente. Y lo que sentenciaba era más estremecedor aun.
Uzumaki… ¡Sakura, son cazadores!
CONTINUARÁ
N/A: Pues... feliz inicio de año (si un pokitin tarde xD pero mejor eso que nunca!)... y las cosas se mueven. Espero poder actualizar mas seguido y... se que muchas aun lo preguntan y esto les da una gran curiosidad... será ItaSaku o SasuSaku, pues les diré... LA RESPUESTA LA VERAN EN EL PROXIMO CAPITULO (espero jejejeje)
Ya saben, un fic con reviews es un fic feliz n.n (y un fic feliz se actualiza mas rapidamente jejeje) nos leemos!
