Resaca Compartida

Levantarse de la cama le había costado un esfuerzo casi inhumano, como nunca le había pasado en toda su vida, y si no hubiera sido porque Hagi estaba ahí con ella, a la altura de esas horas del día, sin duda aun seguiría postrada en cama como gato atropellado y moribundo.

Un punzante e insistente dolor de los mil demonios le revolvía el interior de su cerebro y parecía que la cabeza estaba apunto de estallarle, sin contar la inusual pesadez que se apoderaba de todo su cuerpo, como si tuviera sobre ella litros y litros de agua, haciéndola sentir como "aguada" y con un tremendo dolor muscular. Los ojos le ardían como el demonio y los tenia llorosos, y se moría de la sed. Incluso Hagi tuvo que ayudarla a sentarse en la cama luego de despertar junto a él, porque apenas y era capaz de articular palabra alguna, mucho menos seria capaz en ese momento de hacer algún movimiento sin torpeza y caerse directito al suelo o al colchón totalmente rendida.

Pensó en lo peor entonces… su ciclo de sueño comenzaba a mostrar los molestos y preocupantes síntomas. Los inminentes treinta años de letargo estaba a punto de reclamar su cuerpo como cada tres años, así que, asustada, y sin perder tiempo le contó a Hagi, casi con desesperación y luchando contra su mañanera debilidad, sobre sus sospechas, pareciendo aun así, demasiado pronto para caer en sueño, mientras recargaba la cabeza en sus manos, estresada por las nuevas circunstancias. Si se quedaba dormida ahora, la siguiente vez que despertara podría encontrarse con un mundo dominado por quirópteros, y todo porque a la jodida heroína le había dado sueño.

-No Saya… eso no es el sueño. Eso se llama resaca- le dio a entender Hagi, sin tacto ni sensibilidad aparente. La verdad, el hecho de que se hubiera puesto borracha, no lo tenía nada contento. Esa no era la forma de solucionar sus problemas ni olvidarse de ellos, (aunque fuera terriblemente efectivo en su momento) pensaba el caballero, sin atreverse a decir nada de ello, porque después de todo, ¿Que puede decir u opinar un simple sirviente?

Saya, ajena a todo lo que su caballero pensaba sobre su primera borrachera (y primera resaca, que por cierto, era de mierda), cerró los ojos mientras sentía como se coloreaban sus mejillas, en una esplendorosa y rojiza muestra de vergüenza como nunca había experimentado… Hagi tenía razón, ella había estado bebiendo mucho la noche anterior, y era de esperarse que una joven inexperta como ella en el ámbito de la bebida, agregando lo avorazada que podía ser, cayera en un inminente y conocido malestar al día siguiente debido a la intoxicación alcohólica en su cuerpo.

Estaba muy, pero muy avergonzada. ¿Cómo no se había puesto a pensar en ello mientras terminaba con los tarros? Era el primer bochorno y eso que aun ni comenzaba el día, pero entonces, se dio cuenta de que todo estaba bien.

Aun no dormiría, y todavía le quedaba tiempo de decidir…

… de repente y ante lo ultimo, le había dejado de parecer tan buena idea, y el dolor de cabeza no le ayudaba en lo mas mínimo. Nuevamente se quejo con un gemido de autentico tormento, mientras Hagi salía de la habitación, sin importarle el no ponerse su saco o arreglarse el cabello enmarañado gracias a que estuvo recostado contra las almohadas toda la noche, al tiempo que avisaba a la muchacha que iría por unas aspirinas para el dolor de cabeza.

Con un último gruñido, Saya se dejo caer de lleno sobre la cama.

Hagi, aunque trato de ser lo mas discreto posible –además para no llamar demasiado la atención de Kai o los demás, puesto que no se encontraba muy presentable que digamos, o al menos no como siempre- tomo de un improvisado botiquín un par de analgésicos, para luego ir a la cocina y salir de ella con un vaso de agua. Cuando se dio cuenta, había sido inútil, y Kai había visto toda la escena de cerca y en silencio sin que él se percatara.

-¿Y Saya?- se encontró preguntando el muchacho, con una muy clara expresión de enojo aun debajo de todos los moretones los cuales habían adquirido más color durante la noche, mientras se dirigía al caballero el cual apenas lo miro antes de responder que estaba en su habitación y seguir su camino.

-¿Y porque no ha salido?- Kai volvió a cerrarle el paso, y Hagi se dio cuenta desde ese momento, que las cosas podían terminar de una forma terrible, o sin exagerar, no de buena manera.

-Se siente mal- contesto apenas el caballero.

-Lo sabía- dijo desafiante el joven mirando a Hagi, el cual le devolvió su nada cambiante expresión, haciendo que la irritación de Kai creciera, cosa que expreso segundos después sin tapujo alguno.

–Anoche Saya sí llego ebria. Eres un degenerado- se encontró Kai acusando al caballero sin argumento alguno mas que su simple intuición deductiva, pero Hagi a pesar de estar siendo acusado de algo horrible, no cambio su semblante, aunque en sus adentros tuviera unas ganas tremendas de burlarse de la ingenuidad e inmadurez del joven.

-No se de que me hablas- contesto con una serenidad sorprendente, casi inhumana. Lewis y David, que habían estado sentados en la mesa desde el comienzo y mirando de cerca la escenita que estaba haciendo Kai, se miraron entre si, ya sin saber en arriesgarse a defender a Kai, y ambos hombres se preguntaban si el muchacho necesitaba otro acertado puñetazo en la cara de parte del caballero para entender.

-No quieras hacerte el tonto. Mi hermana es demasiado… lo que sea, para emborracharse por si sola, y no dudo que tu hayas…- de repente, un impulso casi instintivo –e inteligente- lo obligo a callar. La expresión facial de Hagi no había cambiado mucho, pero tenia los mismos ojos del día anterior justo antes de explotar y golpearlo después de que Saya se fuera. Los lentos pasos de Hagi hacia él, amenazantes y peligrosos, pesados y a la vez macabros, hicieron que el pelirrojo diera un par de pasos hacia atrás, mientras maldecía su suerte y su enorme bocota.

Definitivamente había hablado de más, y por lo que veía, David y Lewis no lo defenderían esta vez, pues se limitaban a ver todo desde un lugar seguro. En parte no había nada que temer. Era obvio que Hagi no era capaz de matarlo –y eso solo por Saya, se atrevía a pensar David- pero eso no garantizaba que la humanidad e integridad física de Kai saliera bien librada del todo.

A pesar de que las miradas de ambos se tensaron mutuamente como un hilo a punto de ser cortado por unas tijeras, Hagi pasó a Kai de largo. No era de sorprenderse, era obvio que el joven caballero no respondería a acusaciones sin razón de un mocoso celoso, y apenas le mando una inquisitiva mirada, con esos ojos que se habían tornado sombríos, como si de un fantasma o demonio se tratara –no, no más ojos tristes y melancólicos- además, Kai se encontró pensándolo más detenidamente. Hagi a decir verdad era un demonio, o algo parecido, se dijo mentalmente, mientras se mordía la lengua viendo como "el peligro" se alejaba de él. Estaba seguro de que después de eso difícilmente volvería a retar de esa forma tan descarada al caballero. Gracias al cielo. Aun después de que Hagi hubiera desaparecido en el pasillo, siguió pensando en tonterías sobre el mismo, mientras se dejaba caer sobre la silla de la mesa, pensando en lo afortunado –y tonto- que era al haberse salvado de una muy dolorosa paliza, o alguno que otro golpe sobre golpe, cortesía de su amigable amigo.

-Oye Kai… ¿No querrás tener el otro ojo morado, verdad?... ¡Oh, se me olvidaba! Los dos los tienes morados- comento Lewis sarcásticamente mientras estallaba en risas que provocaron la peor cara que podía sacar el muchacho.


Ni siquiera se había levantado de la cama a ver cuando Hagi entro por la puerta con un par de pastillas y un vaso de agua. Viendo que Saya no estaba en las mejores condiciones, le puso las pastillas en la mano, mientras la ayudaba a sentarse de nuevo en la orilla de la cama. La muchacha se llevo el par de medicamentos a la boca, para después dar un par de sorbos de agua acompañada de una incomoda mueca al tragar las pastillas, y mientras lo hacia, Hagi no pudo evitar volver a pensar en ella, o mas bien, en su sustituta.

No pudo dejar de pensar, ni en esos instantes, de lo que había pasado la noche anterior, la serie de sucesos inusuales, por así llamarlos, al igual que no pudo evitar mirar el pequeño pedazo de papel en el buró, rayoneado con una fila de números adornado con un corazón al final de esta, de parte de Diva a su hermana, además, la curiosidad de enterarse sobre lo que ambas habían hablado prácticamente lo estaba matando.

Aunque sentía unas terribles e indiscretas ganas de preguntar a Saya sobre lo que había pasado la noche anterior en ese bar de perdición, se guardo sus preguntas mientras observaba como la muchacha se levantaba de la cama torpemente.

-Creo que me daré un baño- comento ella caminando torpemente hacia el baño y agarrándose la cabeza como si se le fuera a desprender del cuello, y es que en realidad, la resaca, se sentía así de horrible y tortuosa.

Hagi se quedo dentro de la habitación mientras escuchaba la llave de la regadera abrirse, la cortina correr y demás, pero enseguida, su atención se centro en el celular de la muchacha, sobre el buró. El aparato había comenzado a vibrar y sonar insistentemente con una musiquilla ridículamente estridente, de esas que todos los teléfonos móviles traen consigo. Hagi lo dudo un momento. Miro hacia el baño que estaba con la puerta cerrada, y una vez que comprobó que Saya estaba dentro de la regadera e imposibilitada para escuchar, se acerco al teléfono y lo tomo, mirando el número que la pantalla mostraba. Era un número desconocido. Frunció el entrecejo, dudoso de contestar aun, quien sabe quien podría ser… pero quien fuera, era bastante insistente, ya que el móvil seguía sonando.

Conciente de que Saya no estaba disponible y aun con algo de vacilación, presiono un botón y se llevo el celular al oído, tomando la llamada.

-Hola-

-Hola… Hagi- le contesto una voz femenina, extremadamente conocida, y retorcidamente tierna para su gusto, la cual lo obligo a hacer una inusual expresión de asombro. No podía darse el lujo de ser optimista y esperar algo bueno de esa joven y su mentada llamada, y tal parece que ese día se había levantado con el pie izquierdo, ya que apenas empezaba la mañana y las cosas ya iban mal, si no es que de mal en peor.

-Diva- murmuro Hagi fingiendo una serenidad, que ahora, ni él se creía.


¡Mil disculpas por la tardanza! Mil veces perdón, pero la verdad es que estuve muy ocupada y la inspiración para terminar este capitulo nomás no llegaba y prácticamente me trabe en la trama de la historia, pero poco a poco la voy retomando.

No tengo mucho tiempo, pero antes de irme quiero agradecer a todos los que me han dejado sus comentarios y han tenido la paciencia de esperarme después de todos mis caprichitos de borrar y darme el lujo de tardarme. Por cierto, perdón por este capitulo tan corto, pero para cuando me di cuenta, el final fue puramente espontáneo, aunque a mí, esos finales me parecen ideales, sea como sea que terminen, además no había nada más para agregar, ya que si añadía la siguiente escena, entonces el capitulo quedaría demasiado largo para mi gusto.

Recuerden que acepto de muy buena manera cualquier crítica, sugerencia, corrección, idea, halagos, etc, pero sobretodo las criticas. Cualquier error háganmelo saber.

Muchas gracias por tomarse el tiempo de leer.

Me despido.

Agatha Romaniev