Ajedrez

-¿Cómo podría ser feliz?- volvió a preguntar Saya, mirándolo con ojos dolidos. Lo que Hagi sintió en ese momento, la opresión incesante en su pecho, probablemente no se podía comparar con el dolor de su ama, y por supuesto, el caballero rezaba a alguna fuerza divina en la que no era capaz de creer, que la joven jamás experimentara la tristeza que el mismo había acumulado durante mas de cien años, acompañando a la única persona que deseaba ver feliz, pero que por ironías de un destino cruel, había decidido que fuera la persona mas infeliz en su solitaria y miserable vida.

A veces quería pensar que todo era una pesadilla pasajera de sus alejados tiempos como humano. Deseaba seguir en el siglo XIX, tonteando en el Zoológico, en una feliz ignorancia rodeada de una Saya traviesa y lecciones de chelo, pero todo era muy real como para tratar de escapar de ello.

Si, Diva era la única persona en el mundo capaz de matar a Saya, por la verdad, los caballeros resultaban hasta cierto punto, inútiles.

Los años acumulados en una guerra sin destino aun predecido, solo podían hacer pensar a Hagi que esa era una batalla perdida desde que junto a Saya, comenzo su largo viaje detrás de Diva, que hasta la fecha, seguía vigente. Sabia que Diva cada vez se encontraba mas y mas lejos y no podían hacer nada para evitarlo, y conforme los planes de sus caballeros obstaculizaban los de Saya, era imposible para Hagi no ser pesimista, aun así, el momento de dormir de su ama llegaría en cualquier momento, lo sentía, y si Saya no estaba lista para pelear, todo estaba perdido desde el comienzo. Toda la humanidad, y en si, la esencia y la razón de vivir de saya expirarían, y con ello, el también.

Recordó una frase que en esos momentos le helo la sangre con el simple echo de pensar en como se había a atrevido a compararla con esa situación de una forma tan descarada.

"Si no puedes con el enemigo, únetele"

No podía tampoco dejar de pensar que la muerte de Diva significaba también la muerte de Saya… por sus propias manos.

Aunque había echo una promesa que según su palabra, jamás rompería, su razón de lo correcto le gritaba que tenía que mandar su palabra al diablo.

Diva no podía morir… no dejaría que Diva muriera… no dejaría que Saya muriera, no la mataría, porque simplemente no podía hacerlo, dijera lo que dijera. Aun así, Saya era su obstáculo más grande en sus propios intereses.

"Si no puedes con el enemigo, únetele"

-¿Crees que pueda matar a Diva?- pregunto Saya, como si de repente, pudiera leer su mente, o al menos así lo sintió Hagi. Solo esperaba que su expresión no hablara por el, era una habilidad de acorazar su rostro que había desarrollado muy bien como para que de un momento para otro se fuera al diablo.

-Será mejor que volvamos- contesto el atormentado caballero, desviando la mirada justo después de esa pregunta tan difícil, mientras más rápido mejor, así que simplemente, la acompaño al departamento.

-¿Ya me dirás que pasa Saya?- pregunto Kai sin perder tiempo apenas lo vio entrar a la sala, lo cual puso aun mas de mal humor a su hermana, que no se esperaba un recibimiento tan cortarte... pero así era Kai.

-No. Es personal, entre Hagi y yo- mintió la muchacha, respondiéndole de mala gana y seguida de su caballero, entró a su habitación como huyendo del joven. Lo que menos necesitaba eran sus insistentes e incomodas preguntas en ese momento y con esa resaca era capaz de decir mil y un cosas de las que después estaba segura, se arrepentiría. Quería evitar otro mal momento, así que tomaría el ejemplo de su caballero… callarse.

-¿Cómo que personal?- se pregunto Kai haciendo notar de forma inconciente unos celos que ni el sabia que existían.

-Kai, tu hermanita esta creciendo- le dijo Lewis a modo de broma, dándole una fuerte palmada en la espalda. El muchacho le respondió con una cara de fastidio que ni el podía con ella, y Lewis, lejos de preocuparse por ello, soltó una de sus características carcajadas.

Después del cariñoso recibimiento de Kai, Saya no se atrevió a salir de nuevo de la habitación ni aun cuando Lewis insistió en que comiera uno de los deliciosos platillos que tanto le gustaban a la joven. Sin embargo, el día paso rápidamente, y para cuando Hagi se dio cuenta, todo el mundo ya dormía en ese pequeño lugar… el era, obviamente, el único despierto. Se sentía tan patético como un fantasma que no logra comunicarse al mundo de los vivos... que vigorizante, pensó con sarcasmo mientras observaba como Saya dormía.

No tenia ganas de salir por ahí a vagar en la noche o tocar el violonchelo en alguna calle solitaria, pero si volvió a pensar en aquella frase… y aunque no sabia porque lo hacia, decidió

ponerla en practica, por primera vez en su vida, tomaría una decisión como esa muy a la ligera. ¿Qué podía perder? Después de todo, lo único que podía perder si Saya triunfaba… era a la Saya misma.

Con mucho cuidado y en silencio, para no despertarla, tomo del buró el celular de la joven, y salio con el en las manos fuera del edificio para evitar ser escuchado. La calle solitaria que se levantaba frente a el lo hacían sentir en casa… claro si alguna vez tuvo una. Es mas, se podría decir que ni siquiera era capaz de escuchar el sonido de los autos y de la alocada ciudad de Nueva York en la hora nocturna, solo podía ver el celular rojo en sus manos, que temblaban.

-No seas miedoso- se reprendió el caballero en voz alta, y tomando agallas de alguna parte de su cuerpo, por medio de los botones se dirigió al registro de llamadas recibidas y sin problema alguno reconoció de inmediato el número de Diva.

-Solo es una llamada- quiso convencerse, y casi cerrando los ojos presiono el botón de llamar y llevo el aparato a su oído, aun con las manos temblorosas y frías.

El sonido de espera le pareció eterno, y cuando estaba a punto de colgar al no recibir respuesta del otro lado de la línea, la incomoda espera término.

-Hola Hagi- contesto Diva al otro lado de la línea, muy sonriente. Hagi no supo como adivino que era el, pero decidió pasarlo por alto, Diva era una mujer muy complicada y solo perdería el tiempo tratando de entenderla... de por si tenia a Saya y a su ejercito de alter-egos tras ella.

-Hola Diva-

-¿Y a que debo tu llamada?- pregunto con sorna la joven mientras se aventaba cómodamente a un sillón -¿Saya ya tomo una decisión?- pregunto mientras jugueteaba con un mechón de sus cabellos.

-No. Yo lo haré por ella- contesto.

-Ay no… Todo se fue al demonio- dijo la joven con un claro tono de decepción que casi le saca una carcajada al caballero, claro, una carcajada que se trago de mala gana.

-En realidad… estaba pensando en tomarte la palabra-

-¿Que?- el caballero guardo silencio, sin responder la interrogante –Vaya… no me lo esperaba de ti- termino por decir Diva, casi como un cumplido que a Hagi, mas bien le sonó como una mentada de madre.

-¿Puedo saber porque?- pregunto con curiosidad la reina mientras tomaba en sus manos el osito Teddy al que le había arrancado la cabeza recientemente.

-Porque no quiero que Saya te mate… si no mueres, yo no tendré que matar a Saya- Hagi sintió que estaba en un juego de ajedrez contra un destino demasiado audaz para el. Sabía que cada pieza perdida de su lado era una confesión que lo hacía sentir como un niño tonto.

-Que apasionado- dijo ella sintiendo que acaba de comerse un peón del caballero –Pensé que eras aburrido- comento, pero Hagi ignoro el comentario, pensando en su siguiente jugada.

-Y dime, ¿Qué dice Saya sobre esto? Supongo que sabe, o no?- pregunto imaginando el siguiente movimiento de su contrincante en el tablero.

-Yo me encargare de eso- el caballero acababa de comerse el alfil de su enemiga.

-¡Hahaha! ¿Y crees que podrás convencer a la terca de mi hermana?- dijo desafiante, aun así, la jugada de Diva fue en vano.

-Mejor de lo que crees- Hagi tomaba ventaja llevando consigo a uno de los caballos de Diva, pero ella, lejos de molestarse, sintió una enorme curiosidad por el acompañante de su hermana. Parecía que después de todo, tenia una inesperada forma de actuar, cuando le convenía, claro.

El tablero sobre el piso se veía tentador, pero decidió quedarse con su mutilado osito, mientras jugaba a sacarle el relleno que se desbordaba por donde antes estaba la cabeza. Se pregunto si la famosa fidelidad de Hagi y su juramento de amor para con su hermana era real… o alguna forma de esconder a "otro" Hagi. Su ansia hizo que la muchacha se desquitara aventando al oso contra el tablero y las piezas de ajedrez se regaron desordenadamente por el suelo.

Estaba decidido, ella misma averiguaría cuantos "Hagis" cabían en esa compleja y atormentada mente. Y ahora si, se daba cuenta de que ese caballero podía ser todo, menos aburrido.

-Wow… Está bien, no me lo esperaba de ti, pero has lo que quieras, solo me importa Saya- contesto, haciendo otra jugada en vano.

-Solo quiero preguntarte algo- pidió el, moviendo peligrosamente a su reina hacia su ultima jugada.

-Adelante- Diva trato casi de forma desesperada de proteger a su rey, amenazado por la reina contraria.

-¿Cuál es la verdadera razón de esta tregua con Saya?- Jaque.

-Eso, una tregua. No quiero pelear más- contesto despreocupadamente, y aunque estaba en jaque, no podía dejar de burlarse del intento de Hagi por matar a su rey y adueñarse de la batalla y el tablero.

-Tampoco me lo esperaba de ti- dijo el, desconfiado, haciendo un inesperado movimiento con la reina, que apenas, dejaba una oportunidad de salvarse al rey de su contrario.

-Hahaha… pero si no soy tan mala- dijo con sarcasmo –No te preocupes, no pienso hacerle nada a mi hermana… solo quiero que estemos juntas, como antes- era hora de terminar con el juego antes de que el maldito la hiciera perder –Bueno… llámame mañana. ¡Adiós!- la trampa si era buena, pensó mientras se despedía alegremente.

-Con que no querías terminar el juego- dijo Hagi colgando, mientras observaba el teléfono en sus manos que ahora, resultaban mas tranquilas que nunca. Un juego demasiado fácil, y que por cierto, había quedado pendiente.

-¿Con quien hablabas?- una voz masculina lo llamo con reproche detrás de el, exigiéndole una respuesta. Hagi se volteo, topándose con Kai… parecía que ese mocoso no sabia cuando dejar de meterse en lo que no le importaba, pensó fastidiado el caballero, el cual no respondió, no tenia que hacerlo, así que solo lo paso de largo, para volver al departamento.

-Te pregunte que con quien hablabas- volvió a decir de mala gana el muchacho. Hagi se mantuvo en su pasiva forma.

-¿Siempre huyes así?- pregunto con descaro.

-Será mejor que dejes de meterte en lo que no te importa- respondió Hagi mirándolo con los ojos más agresivos que pudo hacer, pero lejos de ahuyentar al mocoso, este le devolvió la mirada.

-Se que pasa algo con contigo y mi hermana… y se que estas tramando algo, de lo contrario no me habrías respondido- argumento casi con inteligencia.

A veces podía ser muy idiota, se reprendió el caballero.

-Ese es el celular de Saya… ¿Con quien demonios hablabas?- volvió a preguntar.

Hagi no quito la vista de el, pensando en una respuesta que esta vez no lo dejara mas al

descubierto, quien sabe desde que momento Kai lo había estado escuchando, y por supuesto, no era buena idea que Kai sospechara que estaba hablando con una mujer… o mas bien, con que mujer, e hizo lo mejor que sabia hacer… guardar silencio, y simplemente le dio la espalda y se retiro rápidamente de su vista.

-¡Oye! ¡Regresa!- grito Kai corriendo tras el, tratando de alcanzarlo. Subió rápidamente las escaleras, en un vago intento de superar la velocidad del caballero, pero por más rápido que sus piernas se lo permitieron, cuando llego al departamento, simplemente en este, no había nadie más que sus adormilados ocupantes, aunque pudo notar como las cortinas de la ventana ondeaban con la brisa nocturna…

-Seguramente el muy cobarde salio corriendo- dijo casi pretendiendo pensar que el caballero le tenia miedo mientras caminaba a la ventana abierta, bueno al menos tenia miedo de responderle.

Tenia que decirle todo lo que había sucedido a su hermana, así que de forma desconsiderada, entro a la habitación de ella sin importar que fueran las dos de la mañana y ella estuviera en pleno sueño.

-Saya… Saya despierta- dijo zarandeando un poco a la muchacha, la cual abrió apenas los ojos, perezosamente.

-Déjame dormir Kai- dijo la muchacha mientras se tapaba con las sabanas.

-Tengo que hablar contigo pero ya… es sobre Hagi- le aviso su hermano. Saya se quito las sabanas de encima, como si el nombre "Hagi" fuera una palabra mágica.

-¿Qué pasa con Hagi?-


Séptimo capitulo y a tiempo, ni siquiera yo me lo creo. No tengo nada que decir, mas que agradecer muchísimo los reviews que me han enviado y los que han seguido la historia, solo espero que en este capitulo Hagi no me haya salido medio salido de personaje, si así fue, no tengan problema en comentármelo por favor, me agradan mucho mas los reviews donde me aconsejen.

Gracias por tomarse el tiempo de leer este nuevo capitulo.

Me despido.

Ayla