El Alcohol une a las Personas

Kai era muy molesto.

Demasiado molesto para su gusto.

La verdad era que a veces –o sea, casi siempre- no podía soportarlo aunque tuviera toda la paciencia del mundo, y eso ya era mucho que decir. Kai es del tipo de mocosos que te obligan a sacarte de tus casillas como si ese fuera el único objetivo en su vida, y para que alguien lograra exasperar a Hagi…

Gracias al cielo el caballero tenía la suficiente paciencia para reprimir sus ansias de aventarse sobre él y despedazarlo en el momento.

No era tanto el hecho de que el muchacho fuera tan entrometido en su vida, pero aun así, ¿Quien era Kai para meter las narices en su vida? Como si fueran los grandes amigos. No, lo que realmente lo molestaba era más bien el hecho de posesión sobre su hermana, Saya claro. Esa irritante forma de actuar cuando se trataba de ella, y ese instinto de supuesto hermano que trata de protegerla incluso de su verdadero protector –o sea él- y claro, además el muy idiota creía que ella se derrite por él cada vez que le dice "Nankurunaisa" o le habla con palabras de apoyo, que en algún momento –él lo recuerda muy bien- tiempo atrás y no muy lejano, habían desaparecido como por arte de magia gracias a ese enorme archivo llamado "Diario de Joel".

Que tontería pensar en él, después de todo, huyera o no de dar una respuesta a su mas cercano rival –aunque insignificante-, se sentía aliviado de haber salido volando por la ventana –muy a su estilo-.

La ciudad de Nueva York y su ruido espantoso era equivalente a mil "Kais", así que no importaba donde estuviera, si en el apartamento o escondido en esas miles de calles intransitables, pensó mientras se perdía sobre los techos de los edificios gigantescos de una ciudad enfermizamente grande.

Tal vez no tan perdido, se dijo mientras descendía, cayendo con precisión en un callejón oscuro y rodeado de contenedores retacados de basura, dando al lugar un nauseabundo olor que casi le hace llorar los ojos, sin contar que podía escuchar los pasos nerviosos y rápidos de algunas ratas que hurgaban entre los desperdicios. Se dio cuenta de que estaba siguiendo el mismo camino por el cual había buscado a Saya un día antes. Esa asquerosa hediondez de la basura y desechos de la ciudad no se poda olvidar con facilidad ¿Cómo alguien podía vivir ahí?

"De la misma manera que tu vives tu miserable vida"

-Gracias- contesto sarcásticamente el caballero, a sus propios demonios que se burlaron de él descaradamente. A veces a ellos les gustaba aparecerse en su cabeza, siempre que se les daba la gana. A veces se preguntaba si a todo el mundo le pasaba eso, o si cada vez estaba más loco.

Había olvidado su estuche de violonchelo en el departamento… idiota, se maldijo.

Así que, sin violonchelo con el cual entretenerse y destrozarle las cuerdas gracias al mal humor que Kai le había provocado, aquel juego que no se termino y su odiosa conciencia, decidió ir al mismo lugar donde había encontrado a una borracha Saya, no muy lejos de ahí.

El lugar… no había cambiado nada. ¿Y que esperaba que cambiara? De hecho, desde que se había transformado en un caballero, parecía que el mundo no avanzaba, y que él, se había atascado en el tiempo y que tampoco cambiaba (por que no podía, pero tampoco quería), aunque en realidad el mundo siguiera girando y todos lo dejaran atrás… incluyendo Saya.

Quizás no era el único.

Claro que no tuvo problema en entrar al lugar. No era por nada, pero pudo sentir nítidamente la sensación de miedo y los escalofríos que pasaron por la espalda de aquellos guardias con finta de matones que vigilaban la entrada del antro de mala muerte. Oh, si, los humanos pueden darse cuenta. Es instinto de supervivencia. Partes del cerebro escondidas, poco estudiadas, desconocidas, que guardan los mas antiguos y básicos comportamientos de la raza humana, esa que les dice cuando alguien tiene algo "repugnante". Eso que se sabe a simple vista, sin conocer a la persona. No saben como es que saben cuando alguien tiene "ese algo repúgnate" que les da mala espina, pero están seguros de ellos, y le temen también. Algunos hasta lo han llamado "sexto sentido" o "habilidad extrasensorial". Los guardias de la puerta habían sido un ejemplo perfecto de ello. Se habían dado cuenta de que Hagi, no era normal, ellos no sabían como, pero Hagi tenia "esa cosa" repúgnate, diferente, anormal.

Mientras Hagi bajaba por las escaleras, no pudo evitar sonreír muy ligeramente al pensar en ello. A veces los humanos podían ser muy interesantes, y a veces, se asustaba a si mismo. Ya hablaba como un quiróptero, y cada día dejaba más y más atrás lo poco que le quedaba de humanidad, y no sabía si eso era lo mejor, sin embargo, no lo podía evitar. Había hecho de todo para reprimir lo más posible de su naturaleza, pero cada día, se cansaba mas, y ya no estaba seguro de cuanto podía aguantar -Que feo lugar- pensó el caballero mirando las escaleras que descendían hacia el lugar, las cuales no resultaban muy reconfortantes, de hecho estaban muy mal echas, muy incomodas, observo tratando de distraerse y alejar esos tontos pensamientos de auto indulgencia que de pronto lo habían asaltado.

El sonido tampoco era muy bueno que digamos… una potente música electrónica estaba pasada de desvíeles y prácticamente le estaban destrozando los oídos. Sonaba peor que aquellos tiempos donde estaba aprendiendo a tocar el chelo, pero aun así no le importo adentrarse a ese lugar.

Tal vez no debió haber entrado ahí después de todo, se dijo mientras observaba el horrible lugar –y no se refería a la decoración- si no que todo tenia impregnado un fuerte olor a cigarro y sudor mezclado con alcohol… la más pura "esencia" de montones de niños que no saben tomar, pensó mientras se daba cuenta de que muchos ahí dentro, eran menores de edad, y que todos los que entraban ahí, de alguna forma sucumbían.

-Por eso dejaron entrar a Saya- se dijo mientras se abría paso entre la multitud de jóvenes que bailaba estrafalariamente y salta al ritmo de la música de un DJ que apenas y se alcanzaba a ver entre la danza de luces neon y las manos que saltaban por el aire al ritmo de la música –Y por eso dejaron a Diva entrar también-

De alguna forma, ver a aquellos muchachos dejarse llevar por pasiones e irreverencias inmaduras, desperdiciando la poca humanidad que les quedaba debajo de los litros de alcohol que los envenenaba y las pastillas alucinógenas, se dio cuenta que de alguna forma, Saya también sucumbió como por arte de magia.

Y él, también estaba apunto de sucumbir, algo se lo anunciaba. Tarde o temprano, pero no huyo de eso. Era casi como si lo deseara.

Era raro que no se diera cuenta de ese deprimente ambiente la noche anterior que había ido a buscar a Saya. A veces le impresionaba lo que ella podía provocar en él, o más bien, como era capaz de hacerlo olvidarse de todo, hasta de si mismo.

¿Para que pensaba en tonterías que ya sabía? Era hora de olvidarse de todo, por su propia cuenta… incluso olvidarse de Saya a ver si superaba por una noche el tormento al cual estaba condenado junto a ella. El alcohol siempre era un buen medio de escapatoria, irreal, pero lo que daría por dormir y pensar que no existe. El no traer su violonchelo le daba una patética excusa para emborracharse aunque fuera solo en esa ocasión, aunque ciertamente, seria muy difícil, tenía un sistema muy resistente por obvias razones y tampoco era del tipo de persona que se ahogara en alcohol al primer problema que se le atravesara.

Llego a la misma barra donde Saya había estado sentada, y no supo porque, pero se sentó en la misma silla.

De pronto dejo de pensar en ello, el cantinero –uno diferente- se le acerco preguntándole que quería tomar.

-Un Ruso Blanco- pidió con frialdad. Si bebía algo, seguro que seria vodka, siempre le había gustado, era algo extraño al menos para el, inclinarse por las bebidas fuertes que le quemaran la garganta. Era una agradable sensación. Le recordaba que estaba vivo y que aun podía llevar algo a su boca que no fuera sangre, así que prefería los licores fuertes.

Para ser un lugar de mala muerte, el servicio era bueno. Enseguida su bebida estuvo frente a él, y sin pensarlo dos veces, actuando como un alcohólico, llevo el contenido a su boca rápidamente. El fuerte licor hizo arder su garganta llegando hasta su estomago, sintiendo un extraño calor liquido en su pecho, y la ligera dulzura de la bebida contrarrestaba exquisitamente.

-Mira nada mas a quien me encontré- dijo una voz femenina detrás de él… una voz con la que la que había estado interactuando más de lo normal últimamente.

Hagi no se sorprendió mucho… cualquier cosa podía esperarse de alguien como ella, y aunque pensó que había encontrado un lugar "tranquilo" para relajarse esa noche… al parecer se había equivocado.

El caballero volteo su cuerpo sin prisa ni asombro y miro a la joven que se sentaba tomado un lugar a su lado, el mismo, de la noche anterior.

-No esperaba encontrarte en un lugar como este- volvió a comentar Diva mirándolo. En cualquier otra ocasión se hubiera quedado callado, pero en lugar de eso, hizo una pequeña pausa.

-Ni yo a ti- contesto mientras daba otro trago a su bebida.

El cantinero se acerco a la muchacha mientras le preguntaba que deseaba tomar.

-Mmm… quiero… un Mariposa Azul- pidió –No tomo vodka, pero se me acaba de antojar- comento ella mientras observaba la bebida del caballero. Por otro lado, él no dijo nada, y la verdad Diva no se esperaba algo diferente, pero bueno…

-Me sorprende que no intentaras atacarme- comento la joven mientras recibía su pedido sobre la barra.

-¿Para que haría eso?- se sorprendió a si mismo de haberle contestado… pero, quizás tenia ganas de hablar, se había prometido a si mismo que esa noche seria para olvidarse de todos, y aun así habían pasado casi cien años desde que hablara abiertamente con alguien. Tal vez esa seria una forma de desconectarse, simplemente hablar... aunque definitivamente la idea no era hablar con su peor enemiga.

-No lo se, tal vez para apoyar a Saya… Perdón, me equivoque… tú mismo estas conspirando contra ella- dijo con sorna y soltó una risilla traviesa.

-Simplemente no quiero matarla- argumento el caballero mientras pedía otro Ruso Blanco, el segundo de la noche.

-Y eso es poniéndote de acuerdo conmigo- comento ella con una sonrisa sarcástica –Creo que será mas fácil hablarlo en persona que por teléfono- hizo una pequeña pausa antes de seguir -¿Qué es exactamente lo que quieres hacer? Y responde con oraciones completas, me molesta tener que adivinar- ordeno sonando un tanto berrinchuda. Hagi lejos de enojarse por la atrevida forma de hablar de la muchacha, tomo el primer trago de su ya segunda bebida.

-Quiero que Saya se una a ti, mientras tú no mueras, no tendré que cumplir mi promesa de matarla-

-¿Y no te interesa el destino de la humanidad?-

-Solo me interesa Saya- le respondió decididamente. Y a decir verdad, hasta Diva se impresiono de la forma tan directa con la que le había respondido… demasiado fiel hasta ahora, y eso no le gustaba.

-Te gusta ser directo- dijo dando un trago –Ojala tuviera caballero como tú… y no idiotas que se enamoran de otra- confeso rabiosa, torciendo la boca y entornando con furia los ojos azules, como si tuviera a Solomon a un lado de ella complicándole la vida, y pensar que él, era su caballero favorito, o lo había sido. Ahora, quizás, solo era un caballero de sobra, otro más, el suplente de Karl.

No lo comento, pero Hagi no pudo evitar estar de acuerdo con la muchacha, después de todo, Solomon era un idiota que ahora parecía mofarse de la vida jurando que amaba a Saya. ¡Y que decir de Saya! Aquella última vez apenas evito ese beso… por que aunque fuera un arma mortal, psicológicamente era una joven de dieciséis años, y a esa edad es muy fácil dejarse llevar por unas cuantas palabras de amor, y eso, lo molestaba quizás demasiado, más de lo que debía ser.

Diva, aunque no lo pareciera, si se lo proponía podía ser incluso mas observadora que Hagi, y este resulto ser su mas cercana victima. La reina comprobó, aunque con algo de dificultad, un dejo de celos en los ojos de su acompañante. Bueno, ahora que el principal asunto estaba arreglado, era hora de pasar a su siguiente jugada, a ver que tipo de "Hagi" descubría esa noche.

-Imagina que Saya acepta y que todos viviéramos juntos- comento atrayendo la atención del caballero -… pero me pregunto… ¿Qué harías si Solomon trata de cortejar a Saya? ¿Has pensado en ello? ¡Por que ten por seguro que eso sucederá!- Hagi, con el simple hecho de escuchar el nombre de ese desgraciado, sintió que las entrañas se le revolvían del coraje, y no dudaba que si se lo encontraba frente a frente en ese instante, le arrancaría la cabeza de cuajo sin dudarlo. Y tal vez no hubiera sido mala idea comentar eso, pero se dio cuenta de que Diva, se había dado a la tarea de analizarlo, por eso esas preguntas tan… indiscretas, y cada palabra y gesto suyo, era una confesión que la joven captaba, y estaba seguro de que si le daba la oportunidad, sin duda ella trataría de aprovecharla, así que hizo lo que mejor sabia hacer: quedarse callado.

"Así es Hagi, calladito te ves mas bonito" su fastidiosa conciencia apareció de pronto dentro de su cabeza, él la maldijo.

-Te quedarías callado… como siempre- otra que se quejaba de lo mismo, pensó Hagi.

En más de cien años no había recibido quejas de su actitud, hasta ahora… y no pensó que fueran tantas. Después de todo apenas y se atrevía a hablar con Saya. Por alguna razón, no sentía la necesidad de ser escuchado o hablar con alguien más que no fuera su reina, y siempre había creído que era por el simple instinto y naturaleza de todo caballero, pero ahora, ahí tomando junto a Diva, se daba cuenta de que aun… era un humano, y un ser humano siempre tendría la necesidad de ser escuchado y urgido de compañía. De alguna forma eso lo reconforto y al mismo tiempo, lo hizo sentir débil, por que se volvió a sentir aquel niño abandonado y recién comprado para ser llevado a quien sabe donde, solo que ahora, mas crecidito.

Diva suspiro molesta -Pareciera que los ratones te comieron la lengua- comento frustrada mientras daba un gran sorbo a su trago, parecía que sacar el otro lado de Hagi solo por diversión no seria tan fácil como había pensado, pero le gustaban los retos y jugar a las escondidas.

-Imaginemos esto: Solomon corteja a Saya, sí, pero al final, ella cae. ¿Qué harías con una traición como esa?... ¿Seguirías callado?- pregunto con una sonrisa maquiavélica, sin importar que sus preguntas fueran las típicas del "Que harías…?" como si estuviera comentándolo con un grupo de niñas, con la macabra intención de despertar el lado mas oscuro de Hagi, porque el caballero era todo un enigma, y encontrar todos los "Hagis" que podía haber escondidos detrás de ese porte de dureza y esa cara inexpresiva, resultarían un triunfo para ella aunque en realidad no significara nada importante, mas que cumplir su simple capricho.

-Yo no tengo derecho a reclamarle nada a Saya. Solo soy un sirviente- contesto mientras pedía otro Ruso Blanco. Este ya era el tercero y sin duda vendrían más.

Diva estallo en risas -No trates de buscar respuestas tan sencillas. No hay respuestas fáciles a situaciones difíciles- afirmo –Ya, enserio, dejando de lado tu puesto como sirviente y esas cosas… ¿No te sentirías traicionado… celoso?- la desgraciada había dado en el blanco, Hagi se maldijo mientras tomaba rápidamente la bebida que acaba de recibir sin quitar su vista de los ojos de ella.

-Eso no te incumbe- la sensación de calor en su garganta de pronto se había tornado un poco molesta.

-Que respuesta tan concreta- dijo ella sin preocuparse –Eres alguien demasiado atormentado, y te ves cansado- ¿Desde cuando se cree mi psicoanalista? Pensó el caballero.

"La verdad siempre incomoda, verdad Hagi?" volvió a intervenir aquella voz que no quería dejarlo en paz "¿Te puede callar por un maldito segundo" le grito mentalmente el caballero, y la voz intrusa, no hizo mas que reírse de él. Era como si otra Diva se hubiera metido en su cabeza sin su permiso y la forma física solo estuviera sentada junto a él.

-Bueno, dejando de lado tus problemas existenciales… ¿Qué piensas hacer exactamente para convencer a mi hermana? ¿Crees que será tan fácil hacer que se olvide de su único objetivo en la vida? O sea matarme. Eso si que me incumbe- dijo la joven terminándose su bebida.

-Todavía no lo se-

-Ah… perfecto- dijo ella decepcionada –Mas vale que tengas un buen argumento. Saya es muy terca-

-No te preocupes por ello. Tengo mas influencia sobre ella de la que crees- afirmo con seguridad el caballero.

La curiosidad de Diva se disparo y sintió que el primer triunfo era suyo, una forma de vengarse después de ese incomodo juego de ajedrez. Quizás había encontrado a un Hagi casi malvado, tal vez su lado manipulador… y eso estaba lejos de ser una virtud, y dándose cuenta de ello, marco una enorme sonrisa coqueta en su rostro, satisfecha por esa noche... no tenia prisa, habría muchas mas, de eso estaba segura.

Una parte oscura del caballero de su hermana se develaba ante ella de forma maravillosa. Jamás podría olvidar ese momento, y las que faltaban…

-Solo una cosa- dijo Hagi, sin tener la menor sospecha del pequeño juego de Diva y la pequeña batalla que había perdido sin saber que el alcohol nunca era bueno en situaciones como esas.

-¿Qué?-

-¿Que garantía me das de que Saya estará segura, y que esto no es una trampa para matarla?- la pregunta del millón, pensó Diva, que había esperado toda la noche por esa interrogante.

-Mi palabra- contesto ella con burla.

-¿Tu palabra?- y sorpresivamente, por primera vez en mucho tiempo, Hagi se dio el lujo de esbozar una sonrisita apenas visible, devolviéndole la burla a la reina -¿Y desde cuando eres tan honesta?-

-No lo creerás… pero si supieras que no tengo las agallas suficientes para matar a mi propia hermana- hizo una pequeña pausa, mientras observaba la expresión ligera de Hagi, que le decía claramente "No te creo nada"-No me creas, no te voy a rogar, pero esa es la verdad. Ella tampoco seria capaz de matarme, estoy segura… así que obviamente, esta guerra por la cual tanto ha luchado Saya, esta perdida. Yo le estoy dando una oportunidad de que volvamos a ser como antes. Estoy dispuesta a hacer las pases, todo lo demás dependerá de ella- dijo suspirando –Si quieres puedes decírselo. Si quisiera matarla ya lo hubiera hecho ¿No lo crees?- demasiada información, y no era la información que el caballero esperaba conseguir de alguien como ella. Tomo con prisa un diminuto traguito que había quedado en el vaso, como si quisiera que el alcohol disipara sus dudas o lo volviera a la realidad.

-Bueno, ya me voy. Veo que tienes todo bajo control- dijo dejando un billete sobre la barra –Quédate con el cambio- le dijo al cantinero –Hasta luego- dijo dirigiéndose al caballero, y así, se despidió, con la clara promesa debajo de esas palabras, de que muy pronto volverían a verse.

-Diva- el caballero detuvo a la joven con prisa, había olvidado decirle una cosa más, para él, la mas importante de esa noche.

-¿Si?-

-Nos quedo un juego pendiente- le recordó con suma seriedad.

-Algún día lo terminaremos- respondió a modo de despedida. Le dio la espalda, y se perdió de la vista de su acompañante entre la multitud de lo que parecían esquizofrénicos bailarines.

-Una serpiente sigue siendo una serpiente- susurro el caballero mientras sacaba una cajetilla de cigarros de su abrigo y se llevaba uno de ellos a la boca, mientras lo prendía, dejando que el humo le acariciara el rostro.


Cuanto me tarde en actualizar pero aquí esta el nuevo capitulo, recién salido del horno, y hasta lo hice mas largo que los demás. ¡Y sí! Hagi fuma, aunque se les haga raro, pero es que enserio, si lo viera en la calle, hasta me lo imaginaria con enfisema pulmonar, no se, tiene finta de fumador.

Bueno, no tengo nada más que decir, solo que gracias a todos los que me han dejado sus reviews, y ya saben, si tienen cualquier queja, duda, o desean pedirme que corrija algo, se los agradecería mucho, sobretodo me gustaría que me avisaran si los personajes se ven muy fuera de lugar, que es lo que mas me preocupa.

A por cierto, me cambie el nombre a Agatha Romaniev, por cosas personales.

Gracias por tomarse el tiempo de leer este capitulo.

Me despido.

Agatha Romaniev