Sin Retorno

Aunque David trato de detenerlo le fue imposible. Trato con todos los tipos de gritos, ordenes e insultos que estaban incluidos en su repertorio, pero Kai no dejo de gritar de forma eufórica que tenia que hacer algo, y que algo malo pasaría muy pronto, como si quisiera ser un vidente. Aunque para David, un vidente ciego. Aun así, la actitud del muchacho era realmente alarmante por el hecho de verse tan ilógicamente real.

Por mas que todos trataron de ayudarlo, Kai había salido corriendo del apartamento como un loco y pego una carrera impresionante y sin descanso. Cruzaba sin mirar las calles y avenidas atestadas de carros y taxis porque en ese momento su vida no le valía nada si no estaba Saya en ella. Los conductores, en su mayoría taxis, se detenían de seco frente a el para no atropellarlo y se asomaban por la ventaba gritándole insultos, aunque eran bien merecidos, el muchacho no les prestara atención. Corrió empujando al sin fin de gente, pero trataban de no le ponerle atención porque ver a un loco corriendo por Nueva York no era nada raro. Otros lo tachaban de drogadicto y otros de delincuente, pero Kai no se daba cuenta de ello, solo quería salvar lo único que le quedaba aunque no sabia exactamente de que.

Solo tenia que hacerlo.

Su carrera se encamino a Central Park. Si Saya buscaba un lugar para hablar de algo, ella iría a ese lugar. Un extraño sentido le gritaba que había malas compañías con ella y que tenía que salvarla, porque esta vez, Hagi no lo haría.

En cuestión de minutos, sorprendentemente, había llegado al gigantesco parque. El enorme espacio verde le pareció agobiante por momento. El que estuviera rodeado de edificios altos y grises y ese ruidazo proveniente de la infinita cantidad de autos le hacían sentir que estaba acorralado entre la vida de su hermana y la suya. ¿Cómo encontraría a Saya en un lugar tan grande?

Se tiro en el pasto, y sus piernas comenzaron a resentir el dolor de la carrera y apenas se daba cuenta de que estaba sin aliento. Sintió escurrir por su frente las gotas de sudor y que el corazón se le saldría del pecho, mientras bombeaba sangre a su fatigado cuerpo.

Eso no le importaba, solo le importaba su hermana… ¿Cómo la encontraría rápido?

Era como una señal, eso pensó, cuando frente a el, vio pasar a un hombre altísimo y de cuerpo atlético, bien formado. Bestia ropa deportiva y llevaba puestos unos lentes oscuros, acompañado de unos audífonos. Paso trotando frente a el, y Kai pudo leer en enormes letras blancas lo que estaba estampado en la camiseta del hombre.

"Just do it" se leia, cortesia de Nike. "Solo hazlo" pensó Kai, y olvidándose del cansancio, se levanto de un salto y corrió, rebasando al hombre que aun trotaba detrás de el.

Sintió el aire en su rostro. Los saltos agigantados y veloces de sus piernas y el aliento que salía por su boca entre respiraciones desesperadas, pero el tiempo se había terminado, fue lo que pensó cuando vio a unos cuantos metros de distancia la figura de su hermana, a un lado del odioso de Hagi.

-¡Saya!- grito el muchacho corriendo hacia ella. Su hermana volteo lentamente el cuerpo, como si se tratara de un fantasma que no quería ser visto. Kai no se dio cuenta de ello y sonrió alegre de haberla encontrado y volvió a gritar su nombre corriendo lo que le faltaba, pero su alegría se transformo en confusión y miedo cuando dos figuras aparecieron detrás de su hermana. Kai pudo notar la expresión que le dedicaba Saya, desencajada de culpa y desesperación, casi como si fuera una triste loca que se arrepentía de haber echo algo malo y ahora veía frente a ella las terribles consecuencias.

-Hola Saya- escucho una voz femenina detrás de si, y la joven cerro momentáneamente sus ojos antes de hacer el ultimo paso que cambiaria su vida y que le arrebataría lo poco que le quedaba de humana… para ser como Diva, así que en una muestra de rechazo a todo lo que alguna vez prometió, juro, lucho y sangro, le dio la espalda a Kai… abrió los ojos y le devolvió el saludo a Diva.

-¿Cómo? ¿Qué significa esto?- pregunto el muchacho haciendo referencia al saludo de las dos hermanas, sin una sola muestra de agresividad, y en lugar de ello, una muestra de rechazo a el. Todos voltearon hacia el, mirándolo con lastima. No, no es cierto, ni Diva, ni Solomon y mucho menos Hagi sentían compasión alguna por el pobre, solo la tonta de Saya, pensó Diva.

-Kai, me iré con Diva- le dijo Saya sin rodeos, tratando de sonar lo mas seca posible, antes de que su voz comenzara a quebrarse dentro de su garganta, porque aun así ya sentía como el nudo se formaba. Un simple ¿Qué? fue lo único que atino a decir el muchacho, creyendo que todo se trataba de una broma de muy mal gusto.

-No me obligues a decirlo de nuevo- pidió ella.

-¡Dilo!- grito enfurecido mientras se abalanzaba sobre ella y la tomaba bruscamente de los brazos -¡Dilo de nuevo! ¡No puedes irte!- dijo mientras la zarandeaba como si quisiera despertarla de un profundo sueño que no existía. Hagi no dijo nada y no actuó como la ultima vez, su única y simple reacción, fue tomar con una fuerza impresionante uno de los brazos del joven, obligándolo a soltar a Saya de su agarre y aun así, Hagi aumento un poco su fuerza, con la intención de quebrarle el hueso.

-¡Es tu culpa! ¡Tu y esa puta lo planearon! ¡Con ella hablabas por teléfono, verdad!- dijo entre gritos y gemidos de dolor. Diva miro de reojo a Hagi, y con la mirada le dijo que hiciera que se callara como fuera o lo arruinaría todo, mientras Saya pedía que lo dejaran en paz. El caballero, haciendo caso omiso a la petición de su dama, apretó apenas un poco más su mano, y otro gemido de dolor salio de la boca del muchacho.

-¡Saya no les creas! ¡Es una trampa! ¡Los dos planearon!- siguio gritando Kai tratando de sacar desesperadamente a la luz la conversación que había escuchado aquella noche que vio a Hagi hablando por teléfono con una mujer, ahora se daba cuenta de que esa mujer era Diva.

-¡Maldito idiota, ya cállate!- vocifero Diva que aparto a Saya y a Hagi de su camino, mientras tomaba al joven con fuerza y lo tiraba al suelo violentamente, mientras lo jalaba del cabello obligándolo a levantar la cabeza. Saya trato de hacer algo pero enseguida Solomon la agarro de los brazos para evitar que se acercara a la pelea

-Te metes en lo que no te importa- susurro maliciosamente la joven al oído del muchacho que apretó el rostro, a reacción del dolor.

-¡No le hagas nada!- le grito Saya furiosa a su hermana Diva, soltándose del agarre de Solomon.

-Pero es un estorbo- argumento la muchacha.

-Solo vamonos- pidió ella. La ojiazul suspiro decepcionada y apenas le dijo un "esta bien" mientras soltaba bruscamente a Kai.

-¡Saya no te vayas! ¡Eres mi única familia, mi hermana!- rogó el muchacho levantándose con pesadez mientras se frotaba el brazo lastimado y enrojecido el cual comenzaba a hincharse, mientras veía como su hermana se alejaba junto a ellos. Ahora se daba cuenta de que las malas compañías que había sentido eran ellos.

-No, no eres mi hermano- dijo deteniendo su marcha y parándose frente a el –Diva es mi hermana-reitero mientras le daba la espalda nuevamente, caminando lado a lado con su hermana y los caballeros detrás de ellas. Ahora era demasiado tarde. ¿En que se había equivocado?

En ese momento, Kai se dio cuenta de que no podía hacer nada, y lo único que era capaz de hacer, fue dejarse caer sobre la hierba y evaluar los daños de su brazo, cortesía de Hagi, mientras veía a su hermana partir, queriendo pensar que todo era una vana ilusión.

Pero no lo era.


-Saya se fue- dijo repentinamente Kai, mientras entraba en el departamento, con la mirada perdida y acongojada.

-Por Dios, Kai, ¿Qué te paso en el brazo?- le pregunto Mao con preocupación, levantándose del sofá y caminando hacia el, observando la hinchada y enrojecida marca que ya tomaba colores púrpuras en el brazo de su ex-novio.

-Saya se fue- repitió el muchacho como hipnotizado.

-¿De que hablas?- pregunto David ya alarmado poniéndose de pie.

-Saya, simplemente se fue- repitió.

-¿Pero a donde?- pregunto David.

-Diva, con ella, se fue con ella- los presentes, no pudieron mas que preguntar ¿Qué? y mirarse entre ellos, sin saber, por primera vez, que era lo que iba a pasar y que era lo que iban a hacer.


Saya sabia muy bien lo que hacia al unirse a Diva… o eso creía. Pero tenía que ser una simple muchacha con casi dos siglos de vida y una mente de niñata de dieciséis años, se decía luego de todo lo que había sucedido. Cuando había tomado la decisión era obvio que las dos reinas estarían juntas, y la guerra entre ellas había terminado, o eso creyeron ambas muchachas…

… si, unas mocosas de dieciséis años que creían poder comerse el mundo a mordidas, literalmente… típico.

Saya a veces era muy inmadura, y que decir de Hagi. Al caballero no le desagradaba la idea de esa nueva alianza, pero conoció la palabra "arrepentimiento", después de alguno meses, y después de todo lo que vendría a ocurrir, aun podría sentir vividamente la sensación de incertidumbre que se apodero de el en aquel momento, pensando en lo que les esperaba a los dos al entrar a un mundo tan extraño y crudo como el de Diva… y quizás, había hecho una estupidez convenciendo a Saya, no lo sabia exactamente. Solo sabía que el único infierno existente era Diva. Diva y sus caprichos, sus ideas locas, sus cambios de humor y su despiadada y juguetona forma de ser y todo lo que la formaba.

Se arrepentía de no haber pensado bien la oferta de pasar por las puertas del infierno, pero por ahora ninguno de los dos pensaba en ello, y Saya solo veía el inmaculado color blanco de la mansión, repleta de columnas en la entrada, con unos grandes y verdes jardines adornando por doquier. Los árboles abundaban y las enredaderas también, subiendo caprichosamente por las paredes, llevando las rosas azules entre las hojas. Era como un paraíso. Tampoco pudo evitar ver los gigantescos pero bellos y ostentosos balcones de surrealistas figuras en las puertas de cristal. Ese detalle había encantado a Saya, le gustaba imaginar que el amor llegaría hasta su balcón proclamando su amor, como en las novelas cursis y románticas… lastima que eso jamás sucedió.

La limusina tuvo que dar una enorme vuelta en la glorieta que adornaba con una gigantesca fuente repleta de ángeles y querubines que lloraban la entrada a los autos, y al fin se detuvo en la puerta de la mansión. Un portón gigantesco color negro se levantaba imponentemente, con las figuras de hermosos seres divinos tallados en madera. Era irónico, un paraíso que parecía sacado del mismísimo reino en el cielo, figuras de ángeles aquí y haya, y vegetación por todos lados, era como un pequeño cielo engañoso que albergaba un infierno dentro de el, y una vez que te adentrabas ahí, ya no había forma de salir. Pero Saya no se fijaba en eso ahora

Hagi bajo del auto y le abrió la puerta a Saya, pero esta ni pudo decir gracias, su mente le decía, ¿Que demonios haces? ¿Realmente deseas esto?, pero ya no sabía ni como controlar su cuerpo, y sus pies avanzaban por voluntad propia a la entrada, acompañada por su hermana que caminaba a su lado mientras subían unas blancas escaleras de recibimiento.

Cuando estuvieron frente a la puerta, esta se abrió como si fuese una caja sorpresa y salio Nathan -tenía que ser el payaso- saltando y gritando de alegría, aunque a Saya casi se le sale el corazón en el acto.

-¡Sayaaa! Nunca pensé que aceptarías la propuesta de unirte a nosotros querida- le comento el caballero con una voz fingida y aguda, adoptando una pose afeminada. Detrás de el, se encontraba James, el cual la observaba como si fuera una plaga, una invasión desquiciada y horrible, pero trato de no prestarle atención.

-Ay, pero si también vino el apuesto y lindo caballero- comento Nathan mientras dirigía su mirada a Hagi, levantando un pie y juntando las manos mientras su mejillas se enrojecían como si fuera una colegiala enamorada de su maestro. Por otra parte, Hagi solo ignoro el incomodo comentario.

Por fin, Diva guió a Saya hacia dentro de la mansión.


-¿¡A donde se fue!? ¡¿Por qué?!- grito como loco David, zarandeando a Kai.

-¡Fue culpa de el! ¡Yo sabia que ese maldito tramaba algo y se lo dije a Saya pero no me creyó!- explico con desesperación el muchacho.

-¡¿Culpa de quien?!-

-¡De Hagi! ¡Hagi lo planeo todo con la puta de Diva!- grito exasperado, y respiro una vez mas, tratando de calmarse para explicar debidamente lo que había ocurrido. -Una vez vi hablando a Hagi por teléfono con ella, decían cosas de encargarse de esto y de aquello, no se exactamente, algo de convencer a Saya y no se que mas- respondió sin saber por donde empezar y entrecortando las palabras.

-¿Convencer a Saya de que?-

-De irse con ella, con Diva. Ella le pidió que estuvieran juntas y Hagi fue quien convenció a Saya-

-¿Por qué no se lo dijiste a Saya?- pregunto Lewis incrédulo.

-¡Lo hice y no me creyó!-

-¿Y ahora que vamos a hacer?- pregunto Lewis muy alarmado. Julia se acerco a Kai, para revisar la herida en el brazo de Kai, pero el muchacho apenas la sentía.

-Buscar a Saya y a Hagi, convencerlos de volver- afirmo el militar, pero Kai enseguida salto frenéticamente.

-¡No sean ingenuos! ¡Saya no regresara!- sentencio.


¡Vaya! Al fin actualizo rápido. Estoy tan feliz de haber terminado este capitulo porque a partir de aquí empieza la verdadera historia.

Bueno, no tengo mucho que decir, solo que desde la última semana el estrés ha bajado un poco, ojala y siga así para poder seguir actualizando bien.

Gracias a todos los que me han dejado review y los que se toman el tiempo de leer mi fic.

Sabes que acepto de todo en los reviews expelo exigencias y mucho menos si son de forma grosera.

Me despido.

Agatha Romaniev