Inconveniente Comodidad

No era por ser descarada, pero el momento en el que entro a la mansión, volvió a sentir, aunque de forma remota, como si regresara al Zoológico, en sus mejores años.

La mansión de Nathan, lugar donde actualmente vivía su hermana con todos sus caballeros, estaba por supuesto en la zona residencial de Nueva York, donde se asentaban las familias de la más alta sociedad de Estados Unidos. Aun así, entre tanto lujo, la mansión resaltaba sobre las demás en todos los aspectos; desde los enormes jardines de la entrada, que adornaban el gigantesco portón negro, hasta la enorme glorieta con esa fuente que parecía sacada de ensueño y las flores dignas de la decoración de un castillo. Que decir de la casa y sus detalles.

Aunque no lograba superar al Zoológico, puesto que ese lugar era equivalente a un pueblo entero y había sido extremadamente bello, volvía a sentir que su pasado la estaba alcanzando. Volver a vivir con Hagi, Diva, ahora libre… Amshel, aunque ese era un personaje que no le agradaba del todo, y aquellos locos que su hermana tenia por caballeros. Una versión moderna, muy parecida a la de la mansión francesa. Después de todo, ayer y hoy, todos los lugares donde estuviera su hermana y ella era un sitio de locos. Si, tenían que estar dementes para vivir con ellas.

Saya entro lado a lado con su hermana a la casa, y aunque iba acompañada, le temblaban las rodillas, porque sabía que atravesando esa puerta, no habría marcha atrás. Era como entrar por las puertas de un infierno incierto, donde no sabes si la condena seria una agonía o un paraíso. Pero los lujos son la debilidad de las mujeres. Saya se quedo prácticamente anonadada admirando los perfectos detalles que adornaban el recibidor. El impecable olor a vainilla, cortesía de Diva porque según le había comentado en algún momento del pequeño recorrido, le gustaba que oliera así. Los muebles, las paredes, el piso, el techo, todo, absolutamente todo, era como un sueño, era como si el Zoológico, el lugar donde se había criado, se impusiera de nuevo sobre ella, como advirtiéndole que jamás escaparía de su pasado. Pero si no podía escapar de su pasado, al menos podía darse el lujo de que fuera acogedor.

Al diablo, pensó mientras era guiada por su hermana hacia otra habitación donde se encontraba la sala, sin dejar de sorprenderse de los ostentosos detalles y la agraciada decoración.

-¿Qué te parece?- pregunto Diva entrando a la sala.

-Lindo- le respondió su hermana, observando también la bellísima e inmaculada sala. Todo el lugar tenía una mezcla de modernidad y sobria elegancia.

-¿No te recuerda algo?-

-Tal vez- respondió tratando de no dejar ver sus pensamientos.

-Tal vez al Zoológico- adivino la ojiazul. Saya la observo tratando de disimular su impacto, era como si su hermana le pudiera leer la mente, y eso, realmente, la perturbo, porque quien sabe que otros poderes poseía su pequeña hermana, poderes que ella desconocía y no tenia.

-¡Pero no pongas esa cara! Solo adivine- aseguro con una sonrisa –Ven, te enseñare tu cuarto, es muy lindo- le aseguro la joven con entusiasmo, jalando del brazo a su hermana y conduciéndola rápidamente por las escaleras, perdiéndose de la vista de los tres caballeros que se quedaron en el vestíbulo.

-¡Oh, Hagi, de verdad estoy muy feliz de que estés aquí!- expreso sonriente Nathan, tomando por el brazo al desprevenido caballero, que en una mueca de rechazo, se soltó bruscamente del rubio.

-¡Hagi! ¿No vienes?- pregunto Saya asomándose por el barandal de las escaleras, todavía a un lado de Diva. El caballero sintió que le salvaban la vida, y con ese pretexto, siguió a las dos muchachas por las escaleras.

Diva caminaba demasiado rápido, así que después de unos segundos, se encontraron en un largo y ancho pasillo repleto de puertas, con algunos espejos colgado y la misma decoración elegante del resto del lugar.

-Mira Hagi, esta es tu habitación- le dijo Diva deteniéndose frente a una puerta doble y abriendo una de ellas. –Hagi, préstame a Saya, ¿Si?- pidió, y sin esperar respuesta, jalo a su hermana por el brazo nuevamente, conduciéndola por el resto del pasillo. El caballero simplemente decidió entrar a su nuevo cuarto y encerrarse en el por el resto del día y rezar que por favor a Nathan no se le ocurriera hacerle una visita.

-Y esta es tu habitación- le informo Diva a su hermana, que se detuvo en seco frente a una puerta también doble, las cuales abrió de par en par.

-Que bonita es- afirmo Saya entrando lentamente al lugar.

Una enorme cama adornada con sabanas rojas y de cuatro columnas con cortinas del mismo tono se erguía en uno de los extremos de la habitación. Era de esas camas que se antoja aventarse en ella. Un femenino tocador blanco frente al lecho llamaba mucho la atención, con un enorme espejo triple sobre el. Era un tocador, aunque no igual, parecido al de su habitación en el Zoológico. Había unos cuantos adornos sobrios pero muy femeninos y elegantes en las paredes, pero lo que mas llamo su atención, fue una enorme puerta de cristal con largas cortinas blancas que daban la bienvenida a un balcón con vista al jardín, al cual Saya corrió entusiasmada.

-Que hermoso- dijo la joven saliendo al mirador y admirando el enorme jardín trasero, de un verde espectacular y brillante, lleno de árboles y flores de todo tipo, pero sobretodas ellas, las rosas azules destacan en los arbustos y enredaderas.

-¿Te gusta?- pregunto Diva sonriendo, recargándose de espaldas sobre el barandal negro.

-Claro que me gusta- le respondió mirando hacia todos lados como las enredaderas cubiertas de rosas tapizaban los muros. Se poso a un lado de su hermana, observando nuevamente el campo, pero una nueva figura apareció en medio de todo ello, volcándole el interior de su cuerpo, como si tuviera miedo.

-¿Es Amshel?- pregunto Saya, observando al hombre que hablaba por teléfono mientras caminaba sobre el césped recién cortado. Diva se volteo, dirigiendo la vista hacia donde la tenía su hermana.

-Si, ¿Por?- pregunto observando a su caballero.

-¿El sabe que estoy aquí?- pregunto la joven, entrando de nuevo a su habitación.

-Si-

-¿No se enojo cuando le dijiste que vendría?- pregunto curiosa, recordando el fuerte temperamento del hombre, cuando vivía con el y Joel en el Zoológico.

-Se sorprendió, y se enojo, si, porque no lo había consultado con el y se lo dije después de proponerte que vinieras. Pero tiene que hacer lo que yo le diga, para eso esta. Los caballeros son esclavos- argumento la ojiazul sentándose en un diván rojo, cercano a la cama.

Saya se sentó frente a su hermana y la observo con una mirada desencajada después de escucharla.

-Ay, Saya, no pongas esa cara. Sabes bien que no hay otra forma para llamarlos, y el termino "caballero" es para que no se oiga tan mal- contesto despreocupada a la mueca de su hermana.

-Yo jamás he visto a Hagi de esa forma- dijo ella, omitiendo la expresión "mis caballeros" solo para pensar que Riku jamás había existido y que la joven frente a ella no era la asesina.

-Pero sabes que es tu esclavo, y el también lo sabe- dijo mientras jugaba con uno de los mechones de su cabello.

-No puedo verlo de esa forma, como tú lo haces. Yo aprecio mucho a Hagi- se defendió.

-Eso suena a otra cosa- le dijo indiscretamente mientras se recargaba en el mueble, sonriendo divertida.

-No suena a nada. Lo quiero como amigo. Siempre lo ha sido- argumento desviando la mirada.

-Aja…- mascullo Diva, sin creerle una palabra.

-No malinterpretes las cosas Diva- le pidió mientras se levantaba de la cama un poco disgustada.

-No estoy malinterpretando nada, solo dije que si-

-Ya, mejor hablemos de otra cosa- pidió la joven, y así, el resto del día hablaron de otra cosa, y ni Saya ni Diva se aparecieron por la casa, ya que se habían encerrado ambas en el cuarto de Diva, porque ahí había tele y todas las cosas necesarias para un par de chicas de su "edad".

La menor le había prestado un pijama a su hermana ya que había llegado solo con lo que traía puesto, y la noche ya había caído sobre la ciudad. La televisión estaba prendida en quien sabe que canal, pero ninguna de las dos le prestaba atención al show que en ese momento se presentaba. El largo tiempo separadas, desde los días de hablar detrás de la puerta en la torre, eran ya muy lejanos, y volver a la naturalidad, por así decirlo, de sus conversación, ahora que sabían que eran hermanas y se podían ver los rostros era algo… reconfortante.

-¿Y que mas hiciste en este tiempo, Saya?- pregunto Diva interesada, estirando las piernas sobre el piso.

-¿Aparte de Okinawa?... Perseguirte- contesto la muchacha sin reparos. Ahora no le importaba y tenia que llegar el momento de decirse las cosas cara a cara, como eran.

-Uy- le dijo Diva sarcásticamente y riendo –Pues yo te extrañaba muchísimo- le confeso la joven.

-¿Y que mas hiciste tu?- le pregunto Saya.

-Dormir… descansar… comer- dijo con mirada sombría –Aburrirme. Mis caballeros son muy, pero muy aburridos, a excepción de Nathan. Te lo juro, que bueno que no le hiciste caso a Solomon-

-¿Por qué?- le pregunto su hermana.

-¡Porque es aburridísimo!- le dijo –Aunque bueno… no creo que Hagi sea muy divertido que digamos- aseguro Diva recostando la cabeza en las piernas de su hermana perezosamente.

-Solo es muy serio- le dijo agarrando uno de los mechones de su hermana y peinándolo, el de su hermana menor ya comenzaba a enredarse.

-Eso significa aburrido- argumento la ojiazul levantándose y sentándose de espaldas a su hermana –Hey, me haces una trenza? Se me va a enredar el cabello- le pidió Diva llevando y acomodando su cabellera a la espalda. Saya asintió, y mientras comenzaba a separar en tres partes toda la melena de su hermana, recordó su encuentro con Kai en Central Park, y sus palabras.

"¡Es una trampa. Hagi y esa puta lo planearon todo!"

Por primera vez en todo el día comenzó a pensar en el significado de las palabras de su hermano… ¿Por qué había dicho eso? Acusar de forma tan grave a Hagi y a Diva, aunque de Diva se podía esperar cualquier cosa, pero no de Hagi. Aun así, con el simple recuerdo del incidente, su curiosidad se disparo. Tenia que saber de que hablaba Kai o esa noche no dormiría tranquila.

-Oye Diva…- la llamo Saya, ya a la mitad de la trenza –Cuando fuiste por mi a Central Park y apareció Kai… el dijo algo de que tu y Hagi habían planeado algo. Una trampa o algo así- dijo haciendo una pequeña pausa, sin detenerse en la trenza -… ¿Sabes a que se refería?-

Diva abrió los ojos de par en par. Una mueca de asombro en ella no era muy común, pero dio gracias de que estaba dándole la espalda a su hermana porque si no, sin duda ella se hubiera dado cuenta de su reacción, pero tenia que responder algo inteligente, y rápido.

-No. La verdad no se a que se refería- respondió tratando de dejar lo mas lejos posible indicios de duda o asombro en su voz –Deberías de saberlo. Tú lo conoces mejor que yo- le dijo.

-No lo se. Los últimos días se estuvo portando muy raro, sobretodo con Hagi-

-Deben ser celos. Saya, piénsalo bien; Kai diría cualquier cosa porque no te fueras de lado, ¿O me equivoco? Además, ¿Yo de que podría estar hablando con Hagi, si el ni siquiera habla?- dijo defendiéndose, tratando de confundir a su hermana.

-Si… tienes razón- le dio la razón terminando de trenzar el cabello de su hermana –Ya esta- le aviso colocando una delgada liga para detener el cabello.

Diva, una vez más, había tenido éxito.

El resto de la noche siguieron hablando de sus vidas, o de lo poco que ambas habían vivido. Saya trato de omitir mas de la mitad, durante su lucha contra la joven que tenia enfrente, así que se limito a hablar de sus días en la escuela durante el corto año que vivió en Okinawa, pero Diva hablo de todos sus viajes por el mundo con sus caballeros, de sus caprichos, aunque eso si, también omitió la parte de las peleas con su hermana, porque hasta ella podía ser discreta y no era muy buena idea de hablar de un tema tan delicado el primer día.

Ya abría más días para hablar las cosas cara a cara, muchos más días.

Me sorprende que este actualizando a tiempo, y mas con todo el estrés que traigo encima, creo que el escribir me ayuda bastante a olvidarme de mis problemas, y sus reviews me alegran muchísimo el día, así que solo les puedo decir que muchísimas gracias por todos sus comentarios.

Me despido.

Agatha Romaniev