Inspiración

Ciertamente Hagi no se esperaba una visita durante la noche. Todo el día se había quedado calladito y sentadito como buen niño en su habitación, esperando a la mañana a ver si podía ver a Saya porque seguramente Diva estaba tan emocionada que la traería de aquí para allá y el solo seria un estorbo, además, había que darle privacidad a ambas hermanas; seguramente tenían muchas cosas de que hablar.

Tal vez pensar en ellas fue como invocar algo, o al menos así le pareció cuando en las horas más oscuras de la noche, cuando esta más cercano el amanecer, escucho fuerte y claro como alguien tocaba a su puerta con golpes secos pero silenciosos, como si no quisieran que se escucharan demasiado. Tal vez era Saya.

Hagi se levanto pesadamente, dejando a un lado las partituras de una composición para chelo que había querido comenzado desde hace años y aun no terminaba, y aunque estaba un poco irritado por la interrupción, abrió la puerta, y cual fue su sorpresa al ver a su "aliada" del otro lado, en un pijama corto y muy veraniego, color celeste.

De pronto se le había quitado la frustración. Quien sabe porque.

-Hola Hagi- lo saludo Diva con una sonrisa de oreja a oreja.

-¿Qué haces aquí?- pregunto Hagi, mirando discretamente a los lados, temiendo que alguien los viera.

-Que recibimiento- le contesto ella sarcásticamente, entrando sin permiso a la habitación –No te preocupes, nadie nos va a ver. Solo he venido a hablar contigo- le dijo caminando hacia uno de los sillones del enorme cuarto. El caballero cerró la puerta, y no fue hasta que se volteo, que se dio cuenta de que Diva traía el cabello recogido en una larga trenza que le caía ligera por la espalda.

Al parecer era cierto, solo quería hablar con el.

Hagi la siguió, y se sentó frente a ella, dándole a entender con la mirada que le dijera el motivo de su visita.

-No acostumbro decirlo, pero la verdad me sorprendiste. No se como es que lograste convencer a Saya tan rápido- lo felicito, aunque claro, muy a su manera.

-¿Y como esta ella?- pregunto Hagi refiriéndose a Saya, sin darle mucha importancia al cumplido, aun así le agradara haberle comprobado a Diva el control que podía tener sobre su hermana si el se lo proponía.

-Mejor de lo que esperaba, creo que no esta muy arrepentida de haber dejado al Escudo Rojo- dijo mientras subía las piernas al sillón –Hablamos de ti- le dijo, acomodándose en el mueble.

-¿Enserio?- pregunto indiferente, aun así, dejándole a entender que le hablara sobre su conversación acerca de su persona.

-Si. Dijo que te apreciaba mucho y no se que tanto. Según ella, no le gustas- le chismeo sonriendo, como si contara un secreto sumamente delicado a la persona menos indicada. Hagi ni se inmuto, era como si no le molestara –Dice que solo te ve como amigo y caballero-

-Eso ya lo sabia- le contesto rápidamente.

-Oh, pensé que te iba a molestar la idea. Yo creía que ella te gustaba- dijo juguetonamente mientras agarraba su trenza.

-Saya es mi reina, solo eso- le afirmo.

-Reina, madre y amante. Se supone que eso somos para ustedes- dijo haciendo referencia a los caballeros. Hubo un incomodo silencio después de eso. Hagi no sabia ahora que responder, porque Diva a veces podía ser muy astuta y la verdad lo había tomado desprevenido, pero bueno, solo era Diva.

Aun así, la joven sonrió de una extraña manera que esta vez, el caballero no supo interpretar a pesar de toda su experiencia con las acciones humanas –y no tan humanas- de las personas que lo rodeaban. Diva se dio cuenta de ello, y por lo mismo, no aparto la sonrisa de su rostro, sino hasta que mirando a un lado, en una pequeña mesita, noto como yacían un par de hojas entre medio rayoneadas, maltratadas y con anotaciones de notas musicales que ella identifico enseguida puesto que también sabia leer música.

-¿Qué es esto?- pregunto apenas estirando la mano para tomarlas, pero Hagi reacciono con rapidez y las aparto de ella, tomándolas bruscamente de la mesa y resguardándolas entre sus manos, lejos de las de Diva o cualquier otro intruso.

-Nada. No es nada- respondió el caballero guardándolas en una carpeta negra.

-¿Eran partituras?- pregunto Diva estirando la cabeza, a ver si podía alcanzar a ver algo especial -¿Tu las hiciste?- pregunto con interés.

-Si. No- respondió entrecortadamente el caballero.

-Haha… por primera vez te veo confundido- dijo triunfante la joven -¿Por qué no me dejas verlas?- le pregunto ladeando la cabeza y sonriendo de nuevo, mientras cerraba y abría los ojos rápidamente, imitando una pose de coquetería a propósito, a ver si le podía sacar una sonrisa al caballero.

-Son personales- le respondió. La muchacha rápidamente cambio su expresión, imitando ahora una de decepción y torciendo la boca. Bajo los hombros, y miro a Hagi fijamente.

El Caballero por primera vez se daba cuenta de lo ojos tan grandes y azules que Diva tenia.

-¡Ya me tengo que ir!- Grito la joven levantándose rápidamente después de mirar un pequeño reloj en el buró de Hagi, al tiempo que miraba hacia la ventana, y veía como la noche comenzaba a disiparse para dar paso a los primeros rayos de luz –No quiero que Saya despierte y venga aquí y nos encuentre- dijo mientras corría hacia la puerta, abriendo una de ellas.

-¡Adiós!- se despidió sonriente del caballero, con esa sonrisa que solo ella podía hacer, mientras cerraba la puerta detrás de si.

Hagi se quedo ahí, sentado en la silla, aun preocupado porque responder. Sin entenderla por un solo momento.

-Adiós- susurro mirando hacia la puerta. Lo había escondido, pero la verdad era que la platica con ella, aunque breve, había resultado bastante amena. Hacia mucho tiempo que no hablaba así de facil con alguien. Y hacía mucho tiempo que alguien había tratado de hacerlo reír, y aunque la joven no logro sacarle la sonrisa, ella sabia perfectamente que el caballero por un momento se sintió… diferente, y eso ya era un avance.

Diva entro a hurtadillas a su habitación, donde Saya yacía aun dormida sobre su cama, ya destapada y con las sabanas arremolinadas entre sus piernas y brazos, con la mirada más serena que jamás haya visto. La ojiazul se acerco cautelosamente, y acercándose un poco a su rostro, compro que aun seguía dormida y observo por unos momentos la calma de su rostro descansado. Jamás la había visto así, pero suspiro aliviada y se acomodo también a su lado, al menos para dormir un rato mas hasta que Amhsel llegara para despertarla como lo hacia todas las mañanas.

Diva ya se había quedado dormida cuando Saya abrió sus ojos, molestos por los rayos del sol que atravesaban las ventanas a pesar de las cortinas. Con pereza se irguió en la cama y se tallo los ojos irritados por el reciente despertar, acostumbrándose aun a la luz.

En silencio, se volteo hacia su hermana, comprobando que ella estaba bien dormida, seguramente no había despertado en toda la noche, y prefirió dejarla así, además, tenia que ir a ver a Hagi, al cual no le había echo caso en todo el día anterior después de llegar a la mansión. Pobre de su caballero, ella acostumbraba dejarlo solo siempre que llegaban a un nuevo lugar, se distraía demasiado fácil.

En silencio, se levanto de la cama y a hurtadillas fue hacia el tocador, acomodando un poco el enmarañado cabello que se paraba por todas partes y le caía en el rostro, sin la suficiente confianza aun de tomar el cepillo de Diva.

El pijama no le importaba aunque era un corto short y una delgada blusa de tirantes, igual al de su hermana a excepción del color, ya que el suyo era blanco… y tampoco traía sostén debajo. ¿Pero qué más daba? Solo iría con Hagi a ver como estaba, y con tantos despertares el ya la había visto desnuda así que su pudor era poco.

De puntitas y con mucho cuidado abrió la puerta para no despertar a su hermana y salio de la habitación, cerrando la puerta tras de si lentamente. Miro hacia su lado izquierdo, tratando de recordar para qué lado del pasillo estaba la habitación de Hagi. Ese lugar era demasiado grande, pero desistió y se volteo rápidamente hacia la derecha, topándose con alguien que no se esperaba y que casi le saca el corazón del susto.

-¡Amshel!- grito llevándose una mano al pecho, con la respiración recientemente alterada. Sin darse cuenta, una de sus piernas dio un paso ligero hacia atrás, como si se pusiera en posición de ataque o bien, preparándose para correr.

-No te pongas así. Solo he venido a despertar a Diva- explico el caballero con voz ronca. La afirmación provoco un sonrojo en el rostro de la joven, avergonzada por su reacción, pero era la costumbre. El caballero la pasó de largo, y Saya, más calmada, también.

Camino en silencio y con lentitud, a lo lejos alcanzo a escuchar a su hermana gritando a Amshel que la dejara dormir un rato más y sonrió divertida, tal vez eso se repetía cada mañana.


Fue inesperado el encuentro de esa mañana con su caballero, apenas iba a levantar la mano para tocar la puerta cuando su caballero la abrió sorpresivamente, como si supiera que era ella la que lo buscaba, o como un perrito que espera la llegada de su amo en la entrada.

-Buenos días- le dijo Saya a modo de saludo, con una sonrisa de oreja a oreja, como si fuera cualquier otro día normal en cualquier lugar normal. A Hagi le sorprendió que actuara de forma tan natural. Diva había tenido razón, pensó. Saya había reaccionado mejor de lo esperado. Tal vez, a la larga, la compañía de su hermana no seria tan mala.

O más bien… quería pensar que lo que había hecho estaba bien.

-Buenos días- dijo Hagi, devolviéndole el saludo pero sin sonrisa -¿Cómo dormiste?- pregunto haciéndola pasar.

-Muy bien. Bueno, solo la mitad de la noche porque me quede platicando con Diva hasta muy tarde- le contó observando como el caballero dejaba entrecerrada la puerta. -¿Y como la pásate tu?- pregunto.

-Bien- se limito a contestar –Tranquilo- añadió, como temiendo que Saya de alguna forma adivinara que Diva había estado ahí un rato antes.

-Kai me estuvo llamando al celular- dijo la muchacha desviando la mirada –Tuve que ponerlo en silencio- añadió –diecisiete llamadas perdidas- eso no había sorprendido para nada a Hagi, aunque sonara exagerado. No lo parecía, pero conocía mejor a Kai de lo que todos creían, y definitivamente ese muchacho era capaz de llamar esa cantidad y aun más de veces cuando algo lo obsesionaba. Siempre supo que el estaba encaprichado con Saya, y por eso también la alejo de el. Saya tenia suficiente con el mismo, su caballero tan enfermamente obsesionado con ella, o al menos, a el le parecía así.

-Sigue dejándolo en silencio. Llamara mas- aseguro el caballero. Saya suspiro un tanto cansado -¿Y Diva?-

-Todavía sigue dormida… Bueno tal vez no, cuando salí de su cuarto me encontré con Amshel. Iba a despertarla- le platico.

-¡Saya! Sabia que estarías aquí- exclamo Diva mirando por la puerta que había quedado abierta. –Acompáñame a la cocina- le pidió, o mas bien, la obligo, mientras la jalaba del brazo. Saya le pidió a Hagi que fuera con ellas, pero tal vez no debió haberlo hecho, pensó el caballero cuando al entrar a la cocina, se encontró con Solomon.

-Hola Solomon- dijo Diva entrando a la cocina, adelante de su hermana. El rubio le devolvió el saludo, y también saludo a Saya, la cual también lo hizo. Ni Hagi ni Solomon se saludaron.

-Tengo sed- expreso la ojiazul abriendo el refrigerador y buscando algo con entusiasmo -¡Aquí esta!- exclamo feliz mientras sacaba una botella de cerveza fría y cerraba el refrigerador con un portazo.

-No Diva- le dijo Solomon quitándole la bebida de la mano –Es muy temprano para tomar. Además sabes que a Amshel no le gusta que tomes porque después te pones muy mal- le recordó el rubio casi riéndose.

-"Otra que no sabe llevar la bebida"- pensó Hagi mirando la escena.

-Pero hace mucho calor- se excuso la muchacha tratando de quitarle la botella a su caballero, pero este la levanto, dejándola fuera del alcance de la muchacha.

-No. Además eres menor de edad- le dijo a modo de broma.

-¡Ay, por favor! ¡Si yo nací antes que tu!- dijo volviendo a saltar tratando de alcanzar su tan ansiada cerveza, pero Solomon levanto aun mas alto el brazo.

-Mejor tomate un café- le recomendó apuntando hacia la cafetera, con el café recién hecho.

-Te estoy diciendo que hace calor y me dices que me tome un café- dijo enojada, caminando hacia la cafetera y vertiendo el contenido en una taza blanca -¿No quieres Saya?- le pregunto Diva, dando un pequeño trago a la caliente bebida después de haberle echado una cucharada de azúcar y crema.

-No gracias- le contesto algo incomoda, sin saber aun como actuar y sin tener aun la suficiente confianza como para aceptar algo dentro de esa casa… Diva no insitito mas, y dio dos tragos mas a su café.

-Diva, creo que deberías vestirte- dijo Solomon, observando que la joven aun llevaba puesto el pijama.

-¿Y porque?- repelo volviendo a tomar otro trago.

-Sabes que Amshel quiere que estés arreglada desde temprano. Si no ya sabes el teatro que arma y no hay quien lo soporte- le recordó el rubio.

-Ash… esta bien- dijo molesta tirando el contenido de la taza al lavabo –Amshel es un idiota, no tengo porque cumplirle sus caprichos- susurro en voz bajísima –Ven Saya, tu también tienes que vestirte- le dijo la ojiazul, mientras ambas salían de la cocina.

Los caballeros de ambas se quedaron solos en el lugar, en silencio, pero cuando Hagi se disponía a irse, Solomon lo detuvo.

-Sabes Hagi…- el rubio hizo una pausa que aumento la tensión del lugar –Deberías cuidar a Saya- le aconsejo con voz grave y seria.

-¿De ti?- le pregunto desafiante, con la misma seriedad que Solomon había aplicado en si advertencia.

-¿De mi? Para nada… Solo tenla vigilada…- le volvió a decir después de una larga pausa, mientras el aire del lugar se volvía cada vez mas denso sobre sus cuerpos –Este lugar puede traer muchas sorpresas…- sentencio, con una sonrisa maquiavélica, desdeñosa. Esa sonrisa de arrogancia y egocentrismo que Hagi tanto odiaba de Solomon

Hagi no dijo nada mas, tampoco se dejo perturbar por las palabras del caballero, aun así supiera que era verdad lo que le decía. Pero mejor decidió simplemente salir de la cocina, como si nada, con el mismo semblante de siempre, analizando en silencio sobre que se refería Solomon.

Iría a su habitación, seguramente a encerrarse por el día entero… de nuevo. De todos no le importaba, seguiría con las partituras que había dejado anoche después de la visita de Diva, y quien sabe, si la inspiración no lo abandonaba, tal vez algún día se las enseñaría a la ojiazul, y si tenia el valor suficiente, a Saya.

Pensar tanto en ambas no era nada bueno, pensó mientras subía las escaleras, escuchando las risas de Diva y Saya que venían del pasillo, como si se trataran de fantasmas invisibles que se burlan de alguna indefensa victima.

-Con que sorpresas…- susurro –Ya veras las sorpresas que te esperan a ti… Diva- dijo Hagi, encerrándose en su alcoba.


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Hoy no tengo nada mas que decir, solo que espero les haya gustado el capitulo.

Mil gracias a todos los que me dejan sus reviews y comentarios. Y ya saben, si tiene alguna duda o sugerencia o critica solo mándenme un review o un correo.

Gracias por tomarse el tiempo de leer este capitulo.

Me despido

Agatha Romaniev