Orquídea
Saya sonrió, y sonrió inmensamente, con sinceridad, con felicidad real. No pudo evitarlo a pesar de con cada gesto de alegría un remordimiento le recorría la espalda sin piedad, aun sin entender la lógica de sus emociones. No le importo, y sonrió de nuevo mientras caminaba por el pasillo, sonrió mientras bajaba por las escaleras corriendo, sonrió atravesando el vestíbulo, sonrió por llevar ropa bonita, y sonrió por quien sabe que otras cosas mientras veía entorpecida algunos pedazos de la casa. Se sentía como una niña rica y mimada, los tiempos del Zoológico volvían.
Su hermana también le sonrió, mientras ambas se tomaban de la mano. Ese momento supero a todos los momentos que pasó con ella desde que se conocieron en el Zoológico, desde sus largas pláticas ignorantes hasta sus amargas luchas mutuas alrededor de los años
Ahora eran iguales. Las dos con la misma casa, con la misma ropa Dolce & Gabbana, el mismo maquillaje Chanel y el mismo propósito. Simplemente estar juntas.
Ahora eso era lo más importante para Saya. Recuperar el tiempo perdido con su hermana, no matarla. ¿Cómo pudo ser tan ciega? Ella siempre fue enemiga de los humanos, y ellos la hicieron la peor rival de su propia hermana y enemiga de su propia raza, pero estaba tan equivocada, que ahora no podía más que sonreír.
-Te voy a enseñar toda la casa- le dijo Diva de repente, mientras la guiaba por una habitación bellamente adornada. Saya accedió, disimulando su emoción de ver el lujoso lugar, porque aun así, viviría ahí y tenía que conocer el lugar o se perdería entre tantas habitaciones.
Pasaron un largo rato recorriéndolo todo. Eran como mil habitaciones, al menos así le pareció a Saya. Todos los cuartos que ahí estaban eran para un diferente propósito, le había comentado su hermana en algún momento del recorrido, y también, que algunas eran simplemente para presumir ¿Por qué no? Pero eso si, todas, absolutamente todas, estaban impecables, bellas, perfectas y llenas de elegancia y gracia. Era como una casa de muñecas "Barbie" con demasiados "Kens".
-Mira, esta es la habitación donde ensayo con Nathan- le dijo Diva haciéndola pasar a una enorme alcoba. Era más sobria a comparación de otras, pero extremadamente elegante. Algunos sillones rojos se hallaban dentro, también algunas plantas, todas eran arreglos florales de diferentes tipos y formas, dentro de floreros finísimos.
-Orquídeas…- pensó Saya, mirando un arreglo floral de estilo japonés –Que hermosas-
-No las toques- le dijo de pronto su Diva al ver como si hermana mayor estaba apunto de tocar uno de los pétalos –Son venenosas- le advirtió, al tiempo que sonreía de una extraña manera que hizo que Saya sintiera una cosa fría recorrerle la nuca. Pero quito su atención de las flores y se dedico a ver el amplio espacio central se encontraba entre los sillones. Había un piano de cola, de un negro que brillaba con esplendor gracias a la luz que se filtraba por una enorme ventana al otro extremo. También había un violín descansando sobre una mesa. Quien sabe quien dentro de esa casa lo sabía tocar, pero no pudo dejar pasar una gigantesca e imponente arpa que se erguía en un punto del cuarto.
-¿Y esa arpa?- pregunto Saya acercándose a ella, observando los bellos detalles dorados, de estilo barroco, tallados en el instrumento con un cuidado y detalle impecable. El dorado y el color cobre hacían una combinación casi celestial. Las cuerdas eran gigantescas y gruesas. Jamás había visto unas así, pero sin duda era un instrumento hermoso, tal vez más hermoso que el violonchelo, pero su corazón retumbo de pronto, furioso, le golpeaba el pecho con violencia, como gritándole mil insultos, y sintiéndose una traidora, retiro lo dicho.
-Yo toco el arpa- le dijo Diva, acercándose a su instrumento y tocando de forma involuntaria una de las cuerdas más gruesas. El sonido de la nota impregno el lugar con un sonido majestuoso.
-¿Creías que solo sabia cantar?- pregunto divertida la joven, encontrándose ya muy bien informada sobre la fama de presumidos y egocéntricos de todos los cantantes, aunque a ella le quedaran esos calificativos.
-Toca algo- pidió la joven ansiosa por escucharla.
-Solo dije que sabía tocar el arpa, no que lo sabia tocar bonito- respondió divertida la ojiazul, mientras sacaba a su hermana de la habitación, con un poco de temor a que siguiera insistiendo.
-¿Sabias que Salomón sabe tocar el violín?- le comento Diva, como si supiera que Saya se había preguntado quien, dentro de esa casa, tocaba aquel instrumento.
-¿Enserio?- pregunto interesada por la nueva información. Le costaba un poco creer que Solomon supiera tocar un instrumento, después de todo siempre lo conoció como un importante empresario… además de un caballero.
-Si. Y toca horrendo- Diva soltó una risotada. Parecía disfrutar hablando mal de su caballero frente a la persona que el decía tanto amar, aunque mas bien, parecía que lo disfrutaba todo, así que la joven trato de no malinterpretar las cosas, y también río, esa información seguro agradaría muchísimo a Hagi, y tal vez algún día se la diría, solo para ver si su caballero era capaz de soltar una carcajada como la de su hermana, aunque realmente lo dudaba.
-Esta es mi habitación favorita- le informo Diva mientras entraban a un salón enorme, iluminado por una tenue luz. En realidad era algo así como un mini-bar, si así se le podía llamar, ya que había todo tipo de bebidas y una larga barra negra, con algunas sillas altas frente a ella. Más bien, eso era un bar completo, además, el cuarto estaba acompañado de una mesa de billar que se encontraba en medio, y por lo que había notado Saya, era una mesa de billar alemana, de las más caras y finas. Eso le demostró una vez más el enorme poder –y dinero- que poseían los Goldshmit. Eso era algo que por momentos olvidaba, y eso no le convenía.
Era mucho mejor recordar a cada momento, a que tipo de personas, si así se les podía llamar, tenia enfrente, viviendo con ella.
-Aquí he tenido momentos tan vergonzosos- le confeso Diva mientras se acercaba a la barra recordando viejos tiempos –No es mi culpa que Nathan prepare tragos tan ricos- dijo con una risilla de complicidad, sin olvidar las múltiples caídas y babosadas que había cometido en ese lugar.
-Igual que yo- añadió Saya, recordando el encuentro con su hermana en aquel bar, donde le propuso su efectiva oferta, que ahora cumplía al pie de la letra, y donde además, había aprovechado para tomar la primera borrachera de su vida.
-Lo recuerdo. Estabas ebria- dijo mientras servia un licor amarillento en un diminuto vasito. Saya alcanzo a leer el nombre de "Tequila" en la botella.
-Hagi tuvo que sacarme de ahí casi arrastrando- confeso con las mejillas un poco coloradas. Su hermana volvió a soltar otra carcajada, después de beber de golpe el contenido del vasito.
-¡Saya que vergüenza!- dijo a modo de burla, aunque también se burlara de si misma, pero enseguida ceso sus risas, y mantuvo un silencio tenue. –A Hagi le gusta mucho el Ruso Blanco- y en cuanto dijo eso, la ojiazul no pudo mas que regañarse a si misma. Sus cejas se arquearon en un gesto de angustia por las palabras pronunciadas. No podía darse el lujo de ser tan distraída e indiscreta con su hermana y decirle cosas sobre Hagi que ella se supone no debería conocer.
-¿Cómo lo sabes?- pregunto Saya frunciendo el entrecejo, confundida por la información, y sobretodo por como había conseguido saber eso.
-Solo lo supuse- le respondió.
No hubo más conversación, así que Diva dirigió a su hermana a otra de las partes favoritas de la casa antes de que comenzara a hacer mas preguntas; y así, la llevo al jardín. El camino a el a Saya le pareció eterno, después de todo, atravesar esa mansión era toda una odisea. Pasar entre escaleras, pasillos, puertas, cuartos que aun no conocía y la decoración impecable, en cierta forma la mareaban. Era como si se quedara parada en un punto vació y comenzara a dar vueltas y vueltas y vueltas sin parar, mientras trataba de no caer y de pronto Saya olvido esa absurda metáfora, cuando se encontró de frente con Hagi.
-A Hagi le gusta mucho el Ruso Blanco-
Déjate de tonterías, Saya… solo déjalo. No es nada.
-Hagi, ¿Nos acompañas al jardín?- pregunto Saya, queriendo desorientar los extraños pensamiento de su cabeza, y tratando de esconder su imaginativo mareo, porque si Hagi no estaba allí, ella terminaría cayendo, y su hermana no la ayudaría porque ella estaba igual o mas mareada que ella.
Por supuesto que el caballero no se opuso a la oferta, y eso era lo que ambas precisamente esperaban, y no fueron defraudadas, además de todo, ahora que estaban juntas, un "no" como respuesta no era aceptable. Así que era mejor acostumbrarse a ello.
Desde que anduvieron con Hagi, el camino pareció más corto, quizás un poco más silencioso, pero corto, y fue un alivio para Saya atravesar las puertas de cristal que daban al patio y encontrarse con ese magnifico jardín por primera vez.
Era enorme, se podía comparar con un frondoso bosque. Poseía una belleza extraña, ya que las flores no tenían un lugar fijo donde crecer y brotaban libremente sobre la tierra, y ninguna destacaba tanto como las rosas azules, que trepaban las paredes y sobresalían altas encima de las demás y sobre los arbustos, con enormes cúpulas de pétalos azules.
Dicen que el Fantasma da una rosa azul…Hagi, ¿sabes algo sobre rosas azules?
Las rosas azules no existen en la naturaleza.
Ahora eso le parecía tan distante e incorrecto a Saya… igual que a Hagi, y es que en ese lugar nada era mas natural que lo sobrenatural.
La irregularidad le daba una belleza exótica y casi salvaje al lugar. Solo algunas partes tenían el césped cortado, y a unos cuantos metros, los árboles se levantaban frondosos sobre la tierra y la hierba crecía libre y verde alrededor. Las flores igual, llenas de colores y frescura. Seguramente no había jardinero, a Diva no le gustaba, y definitivamente Hagi no estaba dispuesto a volver a trabajar de eso.
-¡Solomon! No esperaba verte aquí- dijo Diva caminando hacia su caballero, que se hallaba sentado en una de las sillas que formaban parte de un pequeño comedor exterior.
-Este lugar es muy relajante… Bueno, lo era- dijo con sorna, observando a Hagi. El caballero le devolvió la misma mirada desafiante, que no paso desapercibida por las gemelas.
-Ni empiecen a pelearse- ordeno Diva un poco enfadada.
-¿Llamaste a Saya ya?- pregunto por onceava vez David.
-Ayer la llame como veinte veces y no me contesto- respondió Kai hecho una fiera, arrojando con brusquedad el celular a la mesa.
-¡Pues llámala de nuevo!- grito Mao –No te manda al buzón, entonces tiene el celular prendido- dedujo, tomando el celular de su ex-novio y acercándoselo. Kai lo tomo con fastidio, mientras marcaba nuevamente el número de su hermana que a esas alturas ya tenia perfectamente memorizado.
De pronto Saya sintió una vibración en el bolsillo del pantalón. Saco su celular, el cual emitía luces y un ligero sonido, proveniente del movimiento frenético del aparato. La joven miro la pantalla, en la cual se leía el nombre de su hermano.
-Es Kai- dijo ella, aun observando la pantallita.
-Contéstale de una vez o seguirá llamando- le aconsejo Diva. Saya, con algo de duda, acepto la llamada, y se llevo el celular al oído.
-Kai- dijo Saya, con un tono de voz que preocupo al muchacho.
-¡Saya! ¡¿Saya donde estas?! Dímelo por favor- imploro desesperado su hermano.
-Ya sabes donde y con quien estoy- le respondió secamente, mientras se alejaba un poco de los demás.
-Saya por favor, tenemos que hablar. Dime que no te has ido con Diva-
-Kai… estoy con ella, y no me voy a ir. No tenemos nada de que hablar- le respondió tajante. Diva desde lejos observaba fascinada la escena.
-Por favor saya. Vuelve. Por favor-
-Entiende que no voy a volver. Ya tome una decisión y es definitiva-
-No Saya. No sabes lo que haces, mira…- pero antes de que Kai pudiera terminar su oración, Saya lo interrumpió abruptamente.
-No me vuelvas a decir que no se lo que hago- le dijo tajante, al punto de sonar realmente furiosa. Kai comenzaba a creer que ya no era la misma Saya, su hermana. No podía ser que su una joven tan dulce y noble cono ella hubiese cambiado tanto en veinticuatro horas… ahora, quien sabe en que se convertiría si pasaba mas tiempo con Diva, quien sabe que clase de influencia, o mas bien, pociones venenosas tenia la bruja de Diva, pensó Kai de pronto, como si todo se tratara de un cuento de niños donde la bruja malvada era Diva, así que tenia que decirle lo que había quedado pendiente en el parque.
-Saya escúchame… Hace unos días yo escuche a Hagi hablando por teléfono con una mujer. Esa mujer estoy seguro que era Diva. Estaban hablando sobre algo de convencer…- pero de repente, un constante timbre se escucho desde el otro lado del teléfono.
Saya había colgado.
Hagi no
Se quedo mirando el teléfono con recelo, como si ahí enfrente tuviera a Kai. Respirando profundamente, con aspereza e ira. No podía escucharlo. No podía creer que su hermano inventara semejante cosa de Hagi para retenerla a su lado. No sabía exactamente que era lo que supuestamente su caballero y su hermana "planeaban" lo único que sabia que es no podía ser. Esa no era más que otra mentira de Kai. Siempre supo que si hermano sentía algo por ella, pero no creyó hasta ese momento que fuera una cosa tan enfermiza. No cualquier persona inventaría algo así para alejarte de su rival, en este caso, Hagi era el rival de Kai, o al menos así lo consideraba su hermano porque sabía que por parte de su caballero no era más que un mocoso insoportable, y sabia que jamás actuaría en su contra. Ya le había mostrado su fidelidad muchas veces, desde que se conocieron.
Así que, simplemente no podía ser.
-¿Qué te dijo?- pregunto Diva muy interesada, notando la reacción de su hermana.
-No lo se. Me quería decir lo mismo que quiso decirme en Central Park. Algo de ti y Hagi y no se que tanto. Algo de una llamada que supuestamente ustedes dos tuvieron- en ese momento Diva soltó una carcajada que hasta había sobresaltado a Solomon.
-¡¿Qué?! ¡Que estupidez!- expreso Diva sin dejar de reír -¿No se le pudo haber ocurrido algo mejor?- incluso Solomon había empezado a reír.
-Pues eso es lo que el dice- dijo mientras se sentaba en una de las sillas, dejando el celular sobre la mesa.
-¿Yo, hablando con Hagi?- dijo Diva exagerando una mueca de sorpresa –Estamos hablando de Hagi. Apenas se atreve a cruzar palabra contigo, Saya. Como voy a estar hablando con el. Por favor- dijo indignada, riendo aun de la situación.
De pronto, la mesa comenzó a vibrar ligeramente, impulsada por las vibraciones del celular sobre ella. El sonido del teléfono no tardo en aparecer, igualmente Saya no tardo en tomar el aparato.
-Otra vez es Kai- dijo Saya mirando en la pantalla el nombre de su hermano.
-Ponlo en silencio o apágalo de una vez- le recomendó Solomon observando el fastidioso aparato –Seguirá llamando-
-Si, tienes razón- le dijo Saya mientras cambiaba la configuración del teléfono a silencio. El teléfono ahora solo vibraba, pero Saya, quitándole atención, lo dejo sobre una de las sillas desocupadas.
-Oye Saya- dijo Diva llamando a su hermana. Por el tono de voz con el que había hecho su llamado, la pelinegra ya se imaginaba alguna pregunta disparatada de su hermana o algo así –De casualidad… ¿el Escudo Rojo sabe de este lugar? Me refiero a que si sabe que estamos en esta mansión- agrego Diva.
-No. Si así fuera ya habrían atacado el lugar o algo así. O kai ya hubiera venido a buscarme- le dijo Saya.
-¿No les iras a decir verdad?- pregunto interesada la joven.
-Claro que no- respondió indignada –No soy tonta. Además, ¿Para que voy a darles información sobre ti si los abandone?- comento con una sonrisa. Solomon observo la mueca de la reina. No podía creer en veinticuatro horas la joven los hubiera abandonado tanto. Física y mentalmente. No lo sabia, pero se esperaba algo así como culpabilidad en ella, pero no, parecía que a Saya, realmente, no le importaba.
Si supiera Kai… que después de todo el tenia razón, hubiera incluso dado su vida por impedir que Saya se fuera con Diva.
A lo lejos, el botón de una orquídea estaba apunto de florecer.
¡Hola!
Mil disculpas por haber tenido tan abandonado el fic, pero tuve mis exámenes finales y casi inmediatamente salí de vacaciones –unas que no me gustaron del todo- además de que en estas fechas me agarra la depresión y no iba a subir capítulos chafos por eso.
Bueno, además los quise compensar haciendo un capitulo mas largo que los demás, y aviso que apartar de aquí, comenzaran los problemas en la historia que por supuesto desataran lo peor mas adelante.
Bueno, sin más comentarios, quiero agradecer a todos los que me han enviado sus reviews, y a los que aun esperan los capítulos a pesar de mis deliberadas ausencias.
Me despido
Agatha Romaniev
