Manipulación
Ya había pasado cerca de una semana y media desde que Hagi y Saya habían llegado a la mansión. Las constantes visitas nocturnas de Diva a la habitación de Hagi no se habían detenido, aunque cada noche ella hablaba cada vez menos, aunque a ninguno de los dos le interesaba demasiado. La simple compañía mutua hacia el ambiente mas sereno, además, Hagi aun no se acostumbraba a vivir en la mansión como ya lo había hecho su ama y tener a la "jefa" del lugar cerca, lo hacían sentir un poco mas seguro. Además durante la semana tuvo constante encuentros bruscos con Solomon, que casi terminan en pelea, y que decir de los fastidiosos acosos de Nathan, aun así, Diva siempre lo defendía diciéndole al rubio y exagerado caballero que ya no estuviera molestando. Un favor, decía ella que le hacia, y también, muy en silencio, Hagi se lo agradecía. No era muy agradable tener a alguien de tu mismo sexo detrás de ti todo el tiempo esperando el primer descuido para ver que se podía aprovechar.
Por Saya ya no había problema, según Diva. Aun seguía pasando el mismo tiempo con su ama, pero casi siempre en compañía de la otra reina, y a veces, de Solomon. Se habían convertido en un extraño cuarteto que se llevaba bien, bueno, a medias. Parecían el grupito típico de las escuelas, aunque en realidad, aparentemente ninguno tuviera nada que ver.
Solomon había resultado bastante discreto con respecto a la presencia de Saya. Tal vez no deseaba pelear, además, sabia que a Diva no le agradaba mucho la idea de que un caballero suyo estuviera enamorado de su hermana, así que el rubio había aprendido de mala gana a guardar el espacio, al menos cuando Hago o Diva no estaban presentes, lo cual no era muy seguido.
Con respecto a Diva y Hagi y las visitas nocturnas, Saya no sospechaba absolutamente nada. Además, no tenían porque preocuparse, no estaban haciendo nada malo, solo platicar, y de ahí, no pasaría, no tenia porque, se decía constantemente el caballero.
Amshel había sido rara vez visto, para fortuna de Saya, ya que la ponía demasiado nerviosa, y por otro lado James parecía no existir.
Si, eran el cuarteto favorito de la escuela. Al menos así le parecía a Hagi.
Las peleas matutinas entre Diva y Solomon, por la cerveza de ella, seguían su rutina cada mañana. Amshel seguía despertando a su ama todas las mañanas y Saya seguía trenzándole el cabello todas las noches antes de dormir, excepto las noches en que Amshel decidía ir con Diva.
Tal vez la ojiazul era la favorita de los profesores, pero Saya era la chica buena que llamaba la atención de todos y la de las mejores notas, algo, que inevitablemente, también llamaba la atención de los maestros.
Una extraña combinación, y de pronto, todo ese ambiente resultaba ser normal, aunque resultara promiscuo y poco conveniente que un montón de hombres vivieran con un par de muchachas.
Pero… veras como son las cosas.
-Oye Saya- dijo Diva llamándola, mientras se sentaba en la mesa del jardín, con un café en mano en lugar de su tan deseada cerveza. Como siempre, Solomon le impedía tomar desde la mañana. Ordenes de Amshel.
-¿Qué pasa?- pregunto Saya, tomando un trago del café que humeaba suavemente en su rostro.
-Ha pasado mas de una semana desde que llegaste- dijo la ojiazul, acomodando una de sus piernas debajo de su cuerpo. Siempre hacia eso cuando estaba totalmente cómoda. Hagi lo había notado en repetidas ocasiones, cuando se sentaba en el sillón de su habitación, en las visitas nocturnas. Ahora, una vez más lo había notado, y se pregunto, ¿Porque se fijaba en cosas como esas?
-Creo que es hora de ir de compras Saya. No es que me moleste prestarte mi ropa, pero supongo que querrás tener la tuya, no?- le comento sus suposiciones Diva dejando la taza de café en la mesa.
-Bueno…- dijo la joven, dudando sobre que debía responder correctamente. No era muy de su estilo andar por ahí pidiendo cosas, además, aun no tenia la suficiente confianza como para que Diva se lo pagara, y conociéndola, solo pisarían las boutiques de diseñadores reconocidos.
-Que no te de pena- dijo Diva adivinando la reacción de su hermana, sonriendo burlona, escondiendo el indiscreto gesto detrás de la taza de café.
-Creo que escuche a alguien decir algo sobre compras- exclamo Nathan, acercándose a la mesa donde se encontraban.
-Quiero ir de compras.- aclaro Diva caprichosamente -Además, Saya necesita ya su propia ropa- dijo tomando de nuevo de su café.
-¡Por mi, encantado!- exclamo jubiloso el caballero sentándose también en una de las sillas –Pero necesitamos de alguien que cargue las bolsas- en ese momento, tanto como las gemelas y Nathan, voltearon a ver sin el menor gesto de discreción a Hagi y Solomon, que se hallaban sentados en el otro extremo.
Ambos caballero se miraron casi con compasión.
Dos jovencitas, con crédito ilimitado y un gusto exigente, serian mas bolsas de las que ellos podrían cargar.
-Suerte, Hagi. Me ha tocado acompañar a Diva en sus compras, no creo que puedas con tanto- dijo desafiante. El caballero ignoro el comentario, pero acepto acompañarlas, y mas que estar preocupado por las bolsas, no era idiota como para dejar que Solomon anduviera junto a Saya sin que el estuviera presente, seria un descuido fatal.
El que necesitaba suerte era Solomon, pensó Hagi de una forma realmente egocéntrica que jamás creyó poder experimentar.
-¡Ay, no!- exclamo Nathan, llevándose ambas manos al rostro en un gesto exagerado de tristeza.
-¿Qué pasa?- pregunto Diva mirándolo interesada, se esperaba malas noticias cada vez que el rubio hacia esas expresiones. Conocía sus gestos y significados de memoria.
-Hoy tengo que ir a supervisar la producción de la ópera- contesto, mirando al cielo desilusionado –Pero mañana tengo libre- dijo esbozando una enorme sonrisa.
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-Entonces mañana vamos- afirmo Diva terminándose el café -¿Te parece bien, Saya?- pregunto a su hermana mirándola, casi como si se tratara de una orden disfrazada con un tono mas dulce y una cara de ángel.
Pero no dejaba de ser una orden.
-Si, por mi esta bien- contesto la muchacha. Apenas iba a la mitad de su café Normal 0 false false false MicrosoftInternetExplorer4 !-- /* Style Definitions */ , , {mso-style-parent:""; margin:0cm; margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:12.0pt; font-family:"Times New Roman"; mso-fareast-font-family:"Times New Roman"; color:black; mso-ansi-language:ES-TRAD;} page Section1 {size:612.0pt 792.0pt; margin:72.0pt 90.0pt 72.0pt 90.0pt; mso-header-margin:35.4pt; mso-footer-margin:35.4pt; mso-paper-source:0;} 1 {page:Section1;} -- , y no podía quitarse de la cabeza, ese juramento de hace tiempo, tanto tiempo, esa promesa, de que algún día… mataría a su hermana.
Nuevamente, como cada noche, en su puerta volvió a sonar el "toc, toc" tan característico de Diva.
Hagi miro su reloj. Media noche, exactas. Diva resultaba ser muy puntual, así que el tampoco la hizo esperar detrás de la puerta y dejo el violonchelo que segundo antes tocaba, recargado en la silla.
-Hola Hagi- lo saludo ella con una calida sonrisa, entrando a la habitación como si nada, sabía que por el caballero no había problema alguno.
-¿Eras tu, no? El que tocaba- pregunto ella a sabiendas de la respuesta. Hagi solo se atrevió a responderle con la mirada. Después de esa semana que había pasado, Diva ya había aprendido a leer el lenguaje visual de el, aunque le resultaba un poco desesperante de vez en cuando.
-¿Por qué no tocas algo? Estaba bonito- dijo haciendo referencia a la suave melodía que había escuchado detrás de la puerta.
-Por ahora no. Aun no esta terminada, y suena horrible- le dijo el caballero, tomando con desgano unas hojas rayoneadas.
-¿Esas son las partituras de la otra vez, verdad?- pregunto sin quitar la mirada de las hojas -¿Ya me dejaras verlas?- pregunto con ilusión, haciendo los ademanes de una niña esperando su nuevo juguete.
-No. Todavía no las termino, además, aun necesitan muchos arreglos- repitio mientras las guardaba en una carpeta negra. Diva hizo un pequeño refunfuño con la boca, observando sin éxito la carpeta, a ver si alcanzaba a ver alguna escurridiza nota.
-¿Se las has enseñado a saya?- pregunto interesada.
-No-
-Entonces… aparte de tocar, también compones…- dijo sentándose sobre la cama, llevando de nuevo su pierna debajo del cuerpo.
-Soy un compositor fracasado- contesto, dejándose llevar por la frustración de las partituras que hasta la fecha, llevaban cinco años en proceso, o diez? No estaba seguro.
-También artista frustrado- afirmo en un susurro, sonriendo como solo ella podía hacerlo, entre sarcástica y tierna –Bueno, si no me las enseñas, lo menos que puedes hacer es enseñarme a tocar, no?- dijo ella soltando una risilla y acomodando el violonchelo entre sus piernas.
-¿Tocas algún instrumento?- pregunto Hagi acercándose a ella, sin saber, porque le estaba tomando la palabra.
-Tal vez- contesto misteriosa.
-La voz también es un instrumento- le aseguro el caballero conciente del talento de su voz, tal vez, el único talento que poseia.
-No lo suficiente para mí. Los cantantes tiene mala fama- dijo Diva con descaro –Bueno, ¿me enseñaras a tocar o no?- pregunto con una sonrisa mandona y a la vez juguetona. Al caballero no le molesto, pero también se resigno y dejo a un lado la carpeta, tomando el arco del instrumento que había dejado sobre el buró.
-Mira, tienes que tomar el arco de esta forma- dijo dándole el ejemplo de la posición de la mano derecha sobre el talón. Después, lo puso en manos de Diva, y la ayudo a posicionar los dedos correctamente. El pulgar había quedado bien, pero en cuando la dejo, tomo una forma que no era natural, y la corrigió obligando al dedo a quedarse en su lugar, hasta que Hagi se dio cuenta de lo que pasaba.
-Necesitas uñas cortas- dijo notando el extremo de la uña, que aunque no era muy largo, sobrepasaba al dedo en una forma delicada y redondeada.
-"Necesito un manicure"-
-¿Uñas cortas?- pregunto confundida, pero no le importo, de todos modos sus uñas estaban arruinadas y se llevo el dedo a la boca, cortando la uña con brusquedad con ayuda de los dientes –Ya esta- dijo, mientras tomaba de nuevo la posición correcta. Paso el arco por una de las cuerdas, y por la fuerza mal aplicada, un raro y horroroso sonido salio del chelo.
-Oops- exclamo muy sonriente quitando importancia al error. Hagi recordó que la primera vez que le paso eso frente a Saya, casi se muere de la vergüenza y el coraje por querer hacer bien todo a la primera, pero a Diva parecía divertirle la situación, pero de todos modos necesitaba ayuda, así que se coloco detrás de ella y tomo su mano derecha, con la que sostenía el arco.
-Mira, así…- dijo haciéndola mover el objeto sobre las cuerdas, creando un sonido mas limpio y ligero –Perpendicularmente sobre las cuerdas- Diva observo con atención como se movía el arco, manipulado por Hagi, primero sobre la cuerda mas delgada, luego la siguiente, pasando por las dos ultimas, hasta que noto los vendajes de la mano sobre la suya.
-¿Qué te paso?- le pregunto deteniéndose, mirando la mano derecha de Hagi, vendada. El caballero la retiro enseguida, como sintiéndose un adefesio, y escondió la mano sobre la otra. No le gustaba que la gente se quedara viendo sus vendajes o le preguntara que le había pasado. Era como estar en una condición entre humano y demonio.
-Nada- respondió casi en un susurro, sin cambiar su mirada.
-¿Fue Saya?- le pregunto sin quitarle la vista de encima.
-Si, en la Guerra de Vietnam- contesto, incapaz en ese momento de mentir, además, eso seria estúpido, seguro ella sabia lo que había pasado, aunque tal vez no y dudaba que Saya se lo hubiera contado, pero era seguro que jamás había visto su mano sin los vendajes. Diva, haciendo caso omiso al inútil intento de el por esconder la extremidad, tomo su mano y comenzó a quitarle las vendas lentamente, dejando a su paso cinco dedos abarrotados en garras punzantes y toda una mano acorazada de piel rojiza que se extendia hasta la muñeca.
-Una mano de quiróptero- dijo observando la mano sin la menor señal de morbo o asco.
-¿Diva? ¿Hagi?- una voz que ahora resultaba impresionantemente terrorífica a pesar de que fingía tranquilidad los sorprendió a ambos, provocándoles un susto que casi les saca el corazón de un jalón. Miraron hacia la puerta, queriendo pensar que era otra persona, aunque sabían que estaban perdidos.
-Saya, puedo explicarlo- se apresuro a decir Hagi, separando sus manos de las de Diva y acercándose con cautela a su ama.
-¿Qué estaban haciendo?- pregunto entrando con fiereza a la habitación, dejando completamente de lado el control de sus emociones.
-No te pongas así Saya- le pidió su hermana levantándose y dejando el chelo a un lado –Estaba pasando por aquí y escuche que alguien tocaba. Abrí la puerta sin avisar y vi a Hagi tocando y le dije que si me enseñaba a tocar eso- dijo tomando una pose inocente y despreocupada, caminando hacia ella. Saya la miro sin creerle una palabra, así que Diva la alejo a otro punto de la habitación, como queriendo que el caballero no las escuchara.
-¿Nos viste haciendo algo indebido?- pregunto Diva, como queriéndole sacar una respuesta obvia y humillante a su hermana, pero esta no respondió, solo la miro con coraje.
-Piénsalo bien, si? Si quisiera hacer algo con Hagi crees que andaría con el cabello agarrado y esta pijama tan simplona?- Saya bajo la cabeza un poco avergonzada por su arranque de celos, después de darse cuenta de la sencilla apariencia de su hermana. No era precisamente una como para tratar de seducir a un hombre, además, su hermana tenía razón. No estaban haciendo nada malo.
Hubo una pausa en la habitación. El mundo se detuvo, el tiempo, el espacio en ese momento, los segundos se estancaron pesadamente sobre los tres, dentro de la habitación.
Hagi sintió como si se estuviera muriendo… Saya solo pedía que la tierra se la tragara, y Diva… Diva no podía más que reírse descaradamente en sus adentros. Definitivamente era buena… muy buena. La manipulación era una útil herramienta psicológica que había aprendido a usar con el tiempo observando a Amshel.
-Todo bien, Hagi, ya nos vamos- dijo Diva sacando a Saya de ahí como si de su perrito se tratara.
Era increíble la forma en la que Diva manipulaba a su hermana, y Hagi no sabia si eso era bueno, o malo, solo era capaz de preguntarse la única interrogante lógica.
-¿Qué hice?- susurro desplomándose en la cama, tratando de recordar las razones por las cuales convenció a Saya, para irse a vivir con Diva.
El arrepentimiento y la culpa, son dos sentimientos demasiado pesados para un solo par de hombros...
¡Hola! Perdón por la tardanza, me estoy cambiando de residencia y empacar es toda una odisea, así que casi no tengo tiempo de escribir aunque ya tenia el capitulo hecho desde hace mucho. Creo que no hay nada que aclarar, y ya saben, pueden hacerme saber errores ortográficos, de narración, lo que sea, me serviría mucho, por cierto, aun no estoy segura de que hacer con Kai, la idea de "callarlo" fue de XxkarynaxX ¡Gracias! Y me gusto la idea pero aun no estoy segura de que hacer con el, si desean darme ideas, adelante, serian de gran ayuda.
Gracias por leer este nuevo capitulo y espero les haya gustado.
Me despido
Agatha Romaniev
