Una mujer sin perfume es una mujer sin futuro
Para Hagi y Solomon el camino hasta la famosa Quinta Avenida de Nueva York fue largo y absolutamente tedioso. No les llamaba mucho la atención el tener que ser los que cargaran las bolsas, pero Solomon, aunque no estaba dispuesto a pelear abiertamente con Hagi por el amor de Saya, no significaba que ya hubiera desistido de la batalla, y claro, Hagi no iba a permitir que su rival mas acérrimo anduviera por ahí con Saya sin que el estuviera presente, y por alguna razón que le sacudió el corazón violentamente, quería estar ese día con Diva, abiertamente, sin problemas. Su compañía le agradaba como nada le había agradado en siglos, como el que regresa de una guerra y mira el firmamento. Así se sentía cuando estaba junto a Diva, y supuso, que como le pasaba a Solomon, solo era simple y sencillamente su sangre de caballero que comenzaba a ablandarse. Aun así era ago que no aceptaba abiertamente dentro de su razonamiento como caballero, que peleaba largo y tendido con su razonamiento como hombre.
Aun así, ambos caballeros constantemente se estuvieron intercambiando miradas desafiantes en el auto, y no se detuvieron hasta que Nathan dijo a modo de broma "Ay, ya no se peleen por mi" y a esto, ambos hicieron una mueca desagradable y detuvieron sus infantiles peleas. Ya era suficiente humillación.
Diva alejada de sus riñas y las bromas de mal gusto, iba haciendo una lista que compartía con su hermana y Nathan de lo que "necesitaba" porque todo lo que mencionaba en ella, ropa, joyas, perfumes y mas etcéteras femeninos, ya lo tenia, y a montones, pero a ella le gustaba gastar dinero a montones, como le gustaba beber la sangre a montones.
Hagi, que comenzó a escucharla también, pensó que jamás había conocido a alguien tan caprichosa, tanto en las compras como en la sangre, ni siquiera a Saya cuando la conoció en el Zoológico, exceptuando la sangre.
Pero así son todas las mujeres, no lo sabré yo, pensó Hagi, y se sonrió sin una mueca clara en su impávido rostro.
Saya… Hagi la observo de reojo, y esta no le ponía atención.
Realmente no sabia que pensar sobre ella en ese momento, y tampoco sabia si la podría perdonar. ¿Perdonarla de que? Quien sabe… no quería interesarle por ese momento nada relacionado con su ama. A veces maldecía el hecho de ser su caballero y no solo un hombre, que pudiera tomarla por la fuerza si se le daba la gana… pero eso era algo que jamás saldría de su boca o se atrevería a hacer. Ya pensaba suficiente mierda.
-¡Ah, ya llegamos!- grito de pronto Nathan con voz aguda, sobresaltando a todos incluso al chofer que casi da una voltereta en falso, pero para su fortuna, logro estacionarse adecuadamente. No quería ser despedido, y aunque lo ignoraba, perder su empleo era lo de menos con esa gente que no conocía. Para los humanos el perder el empleo era mucho mejor que perder la vida, aunque quien sabe, cualquiera de las dos cosas en esa ajetreada ciudad eran lo mismo.
Todos bajaron y miraron alrededor, sin saber exactamente por donde comenzar. Hagi y Solomon no entendían a que habían venido, solo había un montón de tiendas en toda la avenida.
Saya miro hacia arriba el letrero de la tienda justo frente a ella, con fondo negro y letras blancas en la cual se leía "Chanel". Enseguida sus ojos se abrieron de golpe y se acerco a su hermana preocupada.
-Diva, no es esto muy costoso?- pregunto apenada, como si fuera una pueblerina, aunque la verdad, lo era.
-Saya… Amshel paga- le respondió Diva con una sonrisa despreocupada. Mas que la sangre, su verdadero amor, era el dinero, y si eso era su verdadero amor, entonces Amshel lo era.
Ay no… pensó la joven de ojos marrones. Además de todo, ¿Amshel le iba a pagar la ropa? ¿Después de lo que había pasado esa mañana? ¿Que puta cara iba a poner? Pensó desesperada. Parecía que lo único bueno era que Diva estaba a su lado y eso la excusaba, ¿Pero que más daba? Haría el "enorme sacrificio", y entonces no perdió el tiempo, y junto a su hermana y los caballeros detrás de ellas entraron a la boutique de la reconocida marca.
Saya se quedo pasmada al pasar la puerta. El impecable lugar de paredes blancas y elegantes adornos minimalistas la fascino. Observo, hacia un extremo, preciosos -y carisimos- conjuntos de ropa perfectamente acomodada que apenas vio de reojo, pues su hermana y Nathan la guiaron hacia el área de perfumería sin dejarle tiempo de nada, como si se tratara de una niña nueva a la cual llevan a la cafetería.
-Quiero el "N°. 5"- dijo Diva, tomando de un impecable estante el frasco de cristal, con la fragancia ámbar dentro de ella, que en algún tiempo, fue la más vendida del mundo y que hasta esos días aun gozaba de gran fama mundial.
-¡¿Diva?! ¿El N°. 5?- pregunto sorprendido Nathan, mirando la fotografía de Nicole Kidman, que era la imagen actual del perfume, mientras suspiraba ligeramente confundido. Hasta donde el sabia, y vaya que sabia, a Diva nunca le había llamado la atención el perfume mas famoso de Chanel.
Estaban entre una de esas platicas, donde a Diva le agarraba una racha interminable de formularle preguntas a Hagi en una de sus visitas nocturnas. El caballero había notado que nunca le preguntaba cosas personales, como donde nació o que hacia durante su tiempo libre y esas cosas, casi todas sus preguntas, aparentemente resultaban inocentes, quizás solo con el afán de conocerlo tan solo superficialmente. Pero seguía siendo casi como un interrogatorio de la policía, y sabía que, igual que aquella ves que se encontraron en el bar, ella lo analizaba con cada respuesta, en busca de sabrá Dios que.
-¿Cual es tu color favorito?- le pregunto Diva, después de una larga serie de preguntas sin razón aparente. Hagi se quedo pensando un momento. Nunca le habían preguntado eso, es mas, ni siquiera se lo había preguntado a si mismo, y asimilo un poco en su cabeza los colores en los que siempre se fijaba.
-El negro…- dijo recordando que siempre había vestía de negro, como si estuviera de eterno luto -…y el azul- termino por responder después de un silencio en que se recordó que el lazo con el que se sujetaba su cabello era azul y recordando también el color de sus ojos.
-¡El azul también es mi color favorito!- dijo emocionada la joven saltando sobre el sillón, también recordando el frió tono índigo de sus ojos. Luego, guardo un inusual silencio, formulando en su mente alguna otra pregunta que sirviera.
-¿Y cual es tu perfume favorito?- dijo al fin encontrando una interrogativa.
-¿De hombre?- pregunto Hagi, porque en ese caso era Bvlgari por Bvulgari.
-De mujer- especifico, esperando así, su respuesta. Hagi volvió a guardar silencio. No recordaba con exactitud el nombre en ese momento a pesar de ser una fragancia conocida en todo el mundo, pero si podía recordar perfectamente el cuerpo de la misma, que alguna vez noto, muy de cerca, en el cuello de una mujer de la cual ni supo su nombre… una mujer de hace muchos, muchos años, con la cual vivió un breve romance. Si mal no recordaba, era una joven recién casada.
-Creo que… es de Chanel. El N°. 5- respondió, evocando en su mente el rostro de esa mujer, y se pregunto por primera vez que había pasado con ella… seguramente había seguido casada con aquel forzado marido y había tenido hijos, y seguramente ya estaba muerta. Quizás por la vejez o por desesperación de un matrimonio forzado. No lo sabía, solo sabía como ella solía mover su cintura y como arqueaba la espalda cuando la penetraba con fuerza durante las veces que se vieron a escondidas mientras duraba su luna de miel.
Hagi era un carbón, aunque nadie se lo imaginara. Al igual que Diva.
Es por eso que ambos podian llegar a llevarse muy bien.
-Si, quiero ese perfume- dijo Diva ignorando la sorpresa del rubio, mientras regresaba la botella de la fragancia al estante, sin siquiera haberla olido.
-Pero si de Chanel siembren usaste el Mademoiselle-
-Pues cambie de opinión- respondió molesta, tomando de nuevo el frasco y poniendo un poco en un papelito de muestra. Diva lo aspiro con cuidado, oliendo la fragancia, respirando hondamente. Hagi alguna vez había olido ese mismo aroma, igual que ella.
Sonrió mientras rociaba un poco en su muñeca izquierda aspirando como el aroma se absorbía y se mezclaba en su piel y su olor natural. Nathan siempre decía que había que comprobar si el perfume era compatible con el olor natural de cada persona, aunque Diva sabía que ella era compatible con todo, y cuando decía eso, era absolutamente todo.
-Me gusta- dijo -Lo llevare. Paga tu Nathan- le ordeno al rubio, mientras tomaba a su hermana del brazo sin siquiera dejarla ver mas perfumes, enfilándola a la sección de vestidos.
-¡Mira este!- dijo emocionada Diva, acercándose a un vestido negro, con gran parte de la espalda descubierta.
-Es lindo- respondió Saya observando por un momento el atuendo, y envidio a su hermana. Seguro que se le vería fantástico, pero a ella, bueno, ella no se atrevía a enseñar algunas partes de su cuerpo que tuvieran tanta piel, y busco algo un poco más sobrio. Se quería ver igual de espectacular que su hermana, pero no sabia como y no tenía la suficiente confianza para pedirle consejo a Nathan.
-Nathan mira- dijo Diva indicándole a su caballero que se acercara -¿Que te parece?- pregunto enseñándole el vestido.
-Precioso. Como siempre Diva- dijo tocando la finísima tela negra -Pero necesita algo mas para ti. Pero estoy seguro de que te iría mejor con algún accesorio para que llamara más la atención la espalda. Tal vez un collar de perlas- dijo mirando de pies a cabeza el vestido.
-¿Pues que esperas? Ve y busca uno- dijo mientras le señalaba el área de joyería a modo de orden.
Apenas llevaban unos cuantos minutos en la boutique, pero Solomon y Hagi, que se encontraban sentados en uno de los sillones blancos en el centro del lugar, no podían hacer más que aburrirse. Hagi ya hasta estaba bostezando.
El mismo suspiro, y con la vista miro a Saya en uno de los extremos de la tienda, buscando desesperada algún vestido. Quiso ayudarla, porque estaba conciente de que ella no sabia desenvolverse en lugares así y sabía que estaba abrumada aunque tratara de disimilarlo, pero cuando estaba a punto de levantarse, Solomon se levanto primero y se dirigió a ella con paso seguro, ya que no estaba Diva, la cual se probaba el vestido.
-¿Encontraste algo?- pregunto Solomon de pronto, sobresaltando un poco a Saya.
-Si, bueno no. Los vestidos son hermosos, pero creo que no me van- dijo mientras desistía de probarse una blusa negra con detalles en blanco, que dejo en su lugar, y suspiro desesperanzada mirando alrededor.
-Por favor Saya… con ese hermoso rostro cualquier cosa te va bien- la halago el rubio haciendo una descarada mueca de Casanova, consiente de como Hagi se podría de celos sentado sobre su trasero, y este no pudo evitar pensar que Solomon era un estúpido que no sabia como llevar a cabo el rol de galán.
-Si, pero no tengo la figura- dijo refunfuñando. Ese halago era algo que no quería escuchar precisamente de él.
-Estas loca. Tú tienes la figura perfecta- dijo mientras, disimuladamente, observaba las proporcionadas curvas del pecho y la cadera de la joven.
-¿Y Diva?- le pregunto Nathan a Hagi acercándose a él con una joven a su lado, que traía en sus manos un precioso collar de perlas autenticas.
-Esta probándose el vestido- respondió, sin quitar la vista de Solomon y Saya, gritando mentalmente que le quitara su sucia mirada del escote.
-¿Como me veo?- pregunto la ojiazul, saliendo del probador y dirigiéndose de inmediato a los espejos que rodeaban los sillones, mirándose su reflejo por todos los ángulos.
-¿Tienes las perlas?- pregunto Diva a Nathan, observando en manos de la joven a su lado un largo collar de perlas brillantes, con algunos detalles en diamantes, muy discretos y elegantes. El caballero se acerco a ella, y le coloco en el cuello el accesorio, mientras trataba de acomodarlo de forma que hiciera lucir más el atractivo del vestido sobre el cuerpo esbelto de la muchacha.
Cuando termino, Diva se miro ansiosa una vez mas al espejo, y con una obvia cara de que no le gustaba el resultado, hizo un puchero.
-Me veo horrenda- sentencio enojada, apunto de quitarse el collar y con todas las ganas del mundo de tirarlo al suelo y pisotearlo porque no había dado el resultado que ella no esperaba, si no que quería y exigía.
-Espera- dijo Hagi levantándose del sofá de pronto, después de haber presenciado la escena. No soportaba que una mujer que era bonita se menospreciara de esa forma y dispuesto a hacer algo se acerco serio a Diva, la cual, en su sorpresa, cuando vio como se acercaban las manos de Hagi a ella, se alejo un poco, con un muy extraño temor en sus ojos, mientras notaba como la mirada de Saya se posaba sobre ambos.
¿Que demonios pensaba hacer Hagi? Penso Diva.
-Tranquila- le susurro él mientras movía el collar de tal forma que quedara una larga parte de el detrás de ella, en su espalda descubierta. Se coloco atrás de la muchacha, mientras acomodaba el collar con cuidado de no dañar el delicado accesorio.
Diva sintió los dedos de Hagi rozarle la espalda, y sin darse cuenta, se estremeció, mientras sentía como su corazón comenzaba a palpitar de forma exagerada, y tuvo que sacudir la cabeza levemente.
… ¿En que estaba pensando? Se pregunto la joven, mientras sentía como el caballero de su hermana agarraba con cuidado su largo cabello, juntándolo delicadamente detrás de su cabeza, mientras Diva se lo agarraba con la mano para que no se dispersara.
El centro de su cuerpo se humedeció, haciéndala juntar las piernas con pudor. Un extraño estremecimiento la recorrió, como aquella vez que había chocado con Hagi cuando fue a ver a Saya al bar… algo parecido al advenimiento de un orgasmo.
De pronto, llego a la nariz de Hagi una fragancia conocida, y recordó el rostro de una joven de los años veinte.
Era una muchacha, muy joven, quizás de unos dieciséis o diecisiete años. La había conocido en el bar de un lujoso hotel, mientras se tomaba un Ruso Blanco. No recordaba bien en que país se encontraba, tal vez en Inglaterra, supuso recordando la decoración del lugar. Podía recordar los detalles de su encuentro, mas no su nombre, es mas, no recordaba si ella le había dicho su nombre, pero si estaba seguro de que le había dicho el suyo.
Se había sentado a un lado de él, tratando de aparentar mayor edad, aunque sus facciones jóvenes la delataran como una niña. Ella había comenzado a dirigirle la palabra, con claras muestras de coqueteo y sonrisas descaradas pero de alguna forma discretas, y solo en esos casos, él correspondía, sin quitar su semblante misterioso y enigmático que los caracterizaba. Se había dado cuenta de que eso volvía locas a las mujeres.
Un rato después, ella lo había llevado a la habitación del hotel donde se estaba hospedando, por su luna de miel, le había comentado la joven, después de haber visto a lo lejos a un hombre, un poco mayor que el, con su aparente edad, tomando brandy con otro grupo de hombres que reían.
-Mientras haya brandy para mi esposo, podemos hacer lo que quieras- le había susurrado al oído sensualmente.
Para cuando acordó, estaban haciendo el amor en la suite del hotel, y Hagi, mientras se encontraba sobre ella, no podía dejar de oler el perfume de la joven en su elegante cuello.
-Es Chanel… N°. 5- dijo ella entre suspiros, antes de llegar al orgasmo.
Hagi no sabía porque de pronto había recordado esa escena. De todas las veces en que se llevo a la cama a una mujer, le pareció extraño recordar precisamente a esa joven, y en ese momento, en ese instante, justo con Diva frente a el, y no Saya.
Con Saya no quería recordar sus amoríos pasados, pero bueno, Diva era parte de ellos, de alguna forma u otra.
Como son las cosas, no?
-¿Es el N°. 5?- pregunto Hagi, muy en silencio, y tratando de acercarse un poco mas para poder apreciar la fragancia, pero muy poco, no quería que los presentes lo notaran. No fuera que se malinterpretaran las cosas.
-Si- respondió la muchacha, igual, en voz baja, justo antes de darse cuenta de que Hagi había terminado. Se miro al espejo, sin soltar su cabello, y se miro por todos los ángulos de los múltiples cristales. Su cara no podía ser más que de aprobación.
-¡Te ves hermosa!- grito Nathan mientras se acercaba a verla -Con el cabello así, y esto así, y así- dijo haciendo unas pruebas rápidas con la larga cabellera, mientras imaginaba el resultado final de cómo se vería increíblemente hermosa con ese vestido y el collar, y por supuesto un impecable peinado.
Saya había observado toda la escena, con una extraña sensación en el interior, y tomando la blusa que había dejado en su lugar antes de que Solomon le hablara, se dirigió al probador, casi azotando la puerta y encerrándose en el, con el sentimiento de que algo te quema el pecho, como una gastritis burda que no te deja en paz, pero ella jamás había sufrido de tal cosa, solo de celos.
Bueno, no tengo mucho que aclarar, mas que no se vayan a enojar conmigo por lo que puse este capitulo. Creo que deje a Hagi en un etiqueta de mujeriego, pero bueno, verán las razones de ello mas adelante, además, en el siguiente capitulo pasara algo que cambiara aun mas la relación entre Saya y Hagi, etcétera etcétera…
Por cierto, ya subí mi nuevo fic "Sanguinolentă Rădăcini", el que había comentado el capitulo pasado que habla sobre los orígenes de Hagi, por si alguien quiere leerlo.
Bueno, no tengo nada mas que aclarar, solo dar gracias que hayan leido este nuevo capitulo.
Me despido
Agatha Romaniev
