Versátil
Perfecto Saya… otra razón por la cual no perdonarte jamás. Pensó la joven con una mezcla de miedo y rabia, mirando a Hagi tendido en la cama, con los ojos cerrados, respirando pausadamente, como desahuciado. Inevitablemente se veía tan… humano.
En realidad… no sabía con certeza si estaba vivo o muerto, solo sabia que su caballero se estaba debatiendo entre la vida y la muerte a cada respiración. Cuando llegaron a la mansión Hagi ya venia en un estado prácticamente vegetativo, y aunque la herida ya no emanaba tanta sangre, si seguía abierta, y eso, aun seguía en vigor, pues de entre las vendas blancas que cubrían ahora los puntos de incisión que ella le había provocado, se estaban formando poco a poco unas manchas de sangre que se ensanchaban de un momento a otro.
Ella misma lo había vendado. Nathan le había ofrecido ayuda, pero ella lo había rechazado. Curarlo ella misma era lo menos que podía hacer por su caballero. Era el colmo que ahora resultara perjudicado, una vez más, por su propia mano.
Era de lo peor.
Y no nada mas le amputo alguna parte de su cuerpo, no, si no que casi lo mata.
-Perdóname Hagi…- murmuro Saya, mientras acariciaba la mejilla de su caballero.
Estaba frió, su piel estaba helada. El contacto la hizo romper en llanto, como si se hubiera quemado, y trato de acallar sus sollozos con las manos, que tenían restos de sangre seca. Sangre de Hagi.
Aun no se había lavado las manos… pero, no importaba cuanta agua echara sobre ellas, era su alma la que estaba manchada, y eso no se podía lavar con agua ni jabón, solo con el infierno.
-¿Que fue todo ese escándalo?- pregunto Amshel, entrando a la sala, sumamente molesto por el alboroto -¡Diva!- grito enfurecido al ver a la joven cubierta de sangre, a un lado de Solomon, que también tenia las mangas manchadas. Solo faltaba que la muchacha se tomara el lujo de ir matando gente por ahí sin su permiso, y peor aun, que Solomon la dejara hacer lo que quisiera.
-Ni comiences a echarme la culpa- se defendió esta ante el próximo sermón de su caballero.
-Saya otra vez perdió el control- contesto seriamente Solomon, prendiendo un cigarro. Ambos presentes estaban bastante alterados y eso también lo estaba molestando a el, así que lo mejor que podía hacer era quedarse sentado ahí, fumando su cigarro y esperar que las cosas volvieran a su cauce natural.
-¿Como?- pregunto Amshel confundido, esperando una explicación.
-Estábamos fuera, no se, pero algo había molestado a Saya y entonces se fue a cambiar. Hagi la acompaño y de pronto salio llena de sangre, y Hagi tenia una herida en el cuello, que casualmente era de una mordida, que no estaba cicatrizando normalmente- se apresuro a explicar la ojiazul.
-¿Y tu porque estas llena de sangre?- pregunto Amshel a la joven.
-El chofer lo vio todo y tuve que matarlo- respondió, mientras se retiraba sin voltearlo a ver, subiendo a la planta alta de la casa. En ese momento lo menos que quería era que la reprendieran, además, tenia que ir a regañar a su hermana por lo que había hecho.
No había podido detenerse por más que lo intentara. Seguía llorando, llorando a mares. Las lágrimas habían formado surcos en las manchas de sangre en su cara mientras miraba el pecho desnudo de su caballero, también manchado de sangre, y sin poder soportar la visión, tomo un trapo húmedo y comenzó a quitar con cuidado los restos secos del vital liquido.
-Ya deja de lloriquear- le ordeno su hermana, mientras entraba al cuarto, cerrando la puerta tras de si. Saya la miro confundida, casi enojada, y sin aviso, Diva se acerco a ella dándole una bofetada.
-¡¿Por qué hiciste eso?!- exclamo la joven llevándose una mano a la mejilla golpeada.
-Te lo mereces- contesto despreocupada ante la mirada furiosa de su hermana -No se va a morir- dijo Diva de pronto, mientras sacaba una cajetilla de cigarros y se llevaba uno a la boca, al tiempo que lo prendía -¿Quieres?- le ofreció extendiéndole la caja.
"Di no a las drogas" le habían dicho en su escuela en Okinawa.
-No fumo- contesto mirando el hilo de humo que se formaba en el aire, recordando el enorme número de avisos que daban en su escuela respecto a cosas como esas.
-Te hará bien, te lo aseguro. De todos modos no te puede dar cáncer- dijo su hermana mientras le enseñaba con burla la leyenda de advertencia en el empaque.
-Esta bien- contesto Saya, dudando un poco y tomando un cigarrillo que llevo a su boca. Las manos le temblaban, y no era porque ese fuera a ser el primer cigarro de su vida, no, apenas se daba cuenta de que durante todo ese tiempo, las manos le temblaban.
-Toma- dijo Diva, dándole un encendedor azul -Préndelo, pero tienes que succionar al momento de hacerlo si no, no prendera- le aviso, mientras sacaba una bocanada de humo. Saya siguió las instrucciones de su hermana, y efectivamente, el cigarro prendió, pero tuvo que quitarlo rápidamente de su boca ya que empezó a toser sin control después de sentir como un humo fuerte y amargo le recorría la garganta.
-Es la primera vez, no lo hagas tan rápido- le aconsejo su hermana -Trata de tragar el humo que queda en la boca, pero despacio, no de un jalón- le repitió. Saya volvió a tratar, y nuevamente sintió como el ardor del humo le recorría la garganta dejándole un mal sabor de boca. Volvió a toser estrepitosamente, mientras su hermana le hacia una seña para que viera la forma correcta de fumar.
-No me pienso disculpar- dijo de pronto Diva, como si no tuviera sentido lo que decía. Saya la miro, mientras soltaba una bocanada de humo.
–Fue tu culpa- agrego la ojiazul, dándose cuenta de que Saya no entendía nada de sus palabras, y en ese momento la considero realmente tonta –El que seamos hermanas no significa que no te diré tus verdades en la cara- dijo succionando fuertemente el humo del cigarrillo -Tienes que entender que no puedes estarte comportando como una humana… no mas. Observa a tu caballero agonizar, eso es lo que has ganado con tu estúpido y débil comportamiento- dijo crudamente. Saya no sabia que pensar ni sabía a donde quería llegar exactamente su hermana con esa conversación. Lo único que sabia era que tenía unas enormes ganas de echarse encima de ella y arrancarle la cabeza de cuajo.
-¿Qué pasa Diva? ¿Te enojaste por lo que le hice a Hagi?- pregunto Saya sin saber porque había formulado esa pregunta, sorprendiéndose a si misma.
Podía jugar el juego de su hermana, al menos mientras no pudiera romperle la cara sin meterse en problemas.
-No digas tonterías- la regaño la ojiazul, mirando hacia la cama al ver como el caballero abrir los ojos, seguramente turbado por la discusión.
-Saya…- dijo Hagi llamando a la joven al verla sentada a su lado. Su ahora voz débil y quebrada hicieron que Saya dirigía inmediatamente su atención a el. Esa conversación con su hermana quedaría pendiente para otro día.
-Hagi, ¿Cómo te sientes?- pregunto preocupada la joven, mientras acariciaba la mejilla de su caballero, que respiraba con dificultad.
-Mal- respondió, aunque su verdadera intención era decir lo contrario, pero la misma sensación de muerte lo estaba haciendo decir la verdad. Diva miro la escena, con una seriedad casi impropia en ella, mientras soltaba otra bocanada de humo. ¿Qué tan mal podía estar Hagi como para estar diciendo la verdad?
Ahora, conocía una nueva faceta de Hagi. La de debilidad. Su debilidad no era Saya, ni su amor por ella ni nada de eso, si no la muerte.
Sintió de pronto que el cigarro temblaba, porque sus manos estaban temblando. Un ardor en la garganta, que no era por el humo del cigarro, la invadió, haciéndola sentir una extraña sensación en el pecho. Y una intrusa en la habitación.
Quiso matarla. El alma podrida de la muerte la estaba llamando, y se estaba posesionando de ella.
-Esa herida nunca va a sanar- dijo de pronto Diva, mientras Saya posaba su atención en ella, esperando una explicación a tan mal presagio.
-Si no bebe sangre, esa herida nunca va a cerrar- contesto mientras apagaba su cigarrillo.
-¿Por qué?-
-Antes si podía sanar, aunque no bebiera sangre, pero las reservas se acaban- explico -¿Le has preguntado… desde cuando no toma sangre?- Saya la miro estupefacta. Ahora que lo recordaba… desde que había vuelto a ver a Hagi, hace casi dos años, jamás lo había visto beber sangre.
La mirada de Saya lo decía todo. La herida no iba a cerrar por si sola si Hagi no bebía sangre, por el simple hecho de que ya no tenia reservas de ella, igual que cuando ella despertaba cada treinta años.
-A los caballeros también les sirve la sangre de sus reinas- le dijo Diva, mientras salía del cuarto. Ahora todo dependía de Saya, y más le valía que lo salvara, porque Hagi estaba comenzando a caerle bien.
Si Hagi moría, probablemente mataría a su hermana.
¿Desde cuando su vida giraba en torno a Hagi?
La joven se quedo impactada, sola con Hagi, mirando a un punto perdido en el aire, como si no supiera que hacer, aunque ahora, gracias a su hermana, lo sabia perfectamente. Cuando lo recordó, no pudo evitar soltar un sollozo, mientras cubría su boca con las manos.
Ahora que se daba cuenta, nunca habían bebido sangre de ella, y estaba asustada por lo que podía pasar.
Solo eran dos orificios, pequeños como agujas en su piel, y ahora le parecía que esa herida podía ser aun más mortífera que ser atravesada por una espada.
-No tienes que hacerlo- le dijo Hagi, a pesar de saber que esa herida podía matarlo tarde o temprano, o en ese mismo momento, si no bebía sangre pronto.
-No, lo haré. Yo fui quien te hizo esto- le respondió con firmeza, limpiando las lagrimas de su rostro.
-Puedo recuperarme solo- le aseguro el caballero, negándose a la ayuda de la joven. Saya sabia que mentía, porque apenas podía escuchar su voz, lo cual delataba el verdadero estado de su caballero. Y su palidez ahora era tan cadavérica que le daba la impresión de estar frente a un cuerpo sin vida.
-No. Esta vez no, y lo sabes- le dijo Saya, mientras una lagrima corría por su rostro –bebe de mi sangre- le pidió, acercándose al rostro de su caballero.
-No- se negó nuevamente, desviando la mirada.
-Por favor- pidió ella, mientras acercaba aun más su cuello.
Hagi no supo que fue, había dos peleas dentro de el en ese momento. Una le decía que no lo hiciera, que si podía recuperarse, aunque sabia que era todo lo contrario, y otra había decidido salir de su escondite.
Quizás fue el contacto, la piel tibia de ella. Su piel tan suave, tan fresca y –aparentemente- joven. Su vida palpitando con prisa encerrada en sus venas. Todo ello, debajo de sus colmillos… y después, después la sangre. Tan calida y tan llena de vida. Con ese sabor casi amargo, pero dulce para las criaturas como el. Como metal fundido.
Sentir como le llenaba el cuerpo con ese vital líquido, era un éxtasis que no tenía descripción.
Pudo escuchar, muy cerca de su oído, el murmullo de un gemido de dolor.
Ahora sabía lo que se sentía. El agudo dolor que provocaban esos colmillos perforarla, como una agresiva aguja. El sentir como se le escapa un pedazo de vida, de gota en gota. El inusual temblor de las piernas y las manos. El prohibido placer debajo del dolor.
Cuando se dio cuenta, Hagi estaba sobre ella, acorralándola con fuerza y prensado en su cuello, bebiendo aun de su sangre.
-Ha… Hagi…- murmuro débilmente, cuando comenzó a sentir un raro mareo y una especie de opresión en su cabeza –Estas bebiendo demasiado…- ahora comenzaba a escuchar una especie de silbato, que subía de tono con cada segundo que pasaba, y aun… Hagi no se separaba de ella.
-Hagi es suficiente- dijo tratando de quitar los brazos del caballero sobre sus muñecas, que la sujetaba contra el -¡Hagi ya basta!- termino por gritar, mientras bruscamente quitaba a su caballero de encima. Él se aparto, mirándola con ojos perdidos, como si estuviera despertando de un transe o un mal sueño. Saya sintió que algo escurría por su cuello, y cuando puso su mano sobre la herida sintió la calidez de su propio cuerpo. Después vio su mano. En ella escurrían gruesas gotas de sangre, que recorrían su antebrazo libremente. Después vio a Hagi. Su boca estaba roja, tan roja como su sangre, y por las comisuras los hilos líquidos de intenso color contrastaban con la pálida piel de su caballero, que comenzaba a tomar un color mas vivo.
Hagi observo la mano manchada de su reina. ¿En que demonios estaba pensando?
-Saya lo siento- se disculpo.
-No te preocupes, estoy bien- dijo, sintiendo como los pequeños orificios cerraban, deteniendo el flujo de sangre.
-Saya perdóname por favor- rogó, guardándose las ganas de abrazarla.
-No, no, estoy bien- alego –Mira, ya han cerrado- dijo, señalando el lugar donde segundos antes habían estado las perforaciones. Pero Hagi sentía como si aun estuvieran ahí, en carne viva.
-Estoy bien- le repitió –Solo un poco cansada ¿Podría dormir un rato?- pregunto mientras su tono de voz se hacia cada vez mas frágil, acostándose en la cama, cayendo en sueño en cuestión de segundos. Seguramente tantas emociones en un día habían sido demasiado para ella, y estaba cansada. El también lo estaba y no pudo evitar tirarse también en la cama, con más ganas de dormir que nunca, pero solo se quedo ahí, mirando el techo, tratando de recordar, que se siente dormir.
-Que dramáticos- susurro Diva fastidiada, separando su oreja de la puerta de la alcoba de Hagi, después de haber escuchado todo lo que había pasado dentro. Esa estúpida parodia de niños enamorados.
–Demasiados dramáticos- repitió, caminando sin rumbo por el pasillo.
-¿Alguien mas dramático que tu?- escucho detrás de ella. Diva se volteo buscando al dueño de ese comentario, un poco irritada.
-Solomon- pronuncio su nombre con aburrimiento, poniendo los ojos en blanco.
-Diva… no te enojes- le aconsejo muy contento el caballero, mientras la tomaba por la cintura como si fueran una pareja de novios, haciéndola caminar junto a el –Saya solo se asusto. Nunca habían bebido de su sangre- argumento, mientras Diva se mantenía en un impávido silencio, aun caminando junto a el, con los brazos cruzados.
-Era obvio. Ella es capaz de hacer cualquier cosa por ese- agrego el rubio fastidiado, haciendo referencia a Hagi.
-Creo que voy a vomitar- comento Diva haciendo burla a la cursi situación.
-No te pongas así Diva. Tú hermana esta enamorada. El amor te hace ciego y tonto. Además… si tu estuvieras enamorada, ¿No hubieras hecho lo mismo por tu bien amado?- pregunto Solomon, con tenaz observación, mirando de reojo a su ama.
-Por favor- dijo apartándolo de ella, mas enojada que de costumbre -¿Yo enamorada? No estoy enamorada- contesto furiosa mientras lo empujaba.
-Tranquila- le aconsejo Solomon con una amplia sonrisa –Nadie dijo que lo estuvieras- argumento, conteniendo una carcajada ante la reacción de la muchacha.
Diva lo miro fríamente, pensando en algo inteligente que responder ante tal falta de respeto. ¿De cuando acá los patos les disparaban a las escopetas?
-Que estúpido eres- atino a decir apenas, mientras le daba la espalda y se alejaba a su habitación.
Segundos después, se escucho un portazo, cortesía de Diva, mientras Solomon mantenía su burlona sonrisa.
-Será mejor que no te enamores de quien no debes… Diva- sentencio Solomon.
Al fin el capitulo 20 :) y agradezco a todos los que me han dejado reviews, mucho de esta historia es gracias a ustedes, y sus comentarios me recuerdan que debo seguir.
Y si, Saya fumo. Es solo una muestra de cómo Diva puede manipular tan fácilmente a su hermana, y como, con pequeñas cosas, ira llevando a su hermana por un camino de perdición. Se tambien que este capitulo no tiene ni DivaxHagi ni SayaxSolomon ni nada, pero les pido paciencia. A los que piden lemmon, también, paciencia, habrá, pero aun falta un poco, y por lo de las parejas no se preocupen, habrá parejas de todos con todos, después de todo esta es una historia bastante promiscua. Ahora que me doy cuenta, el fic gira mucho en torno al sexo y la infidelidad, y eso que aun no viene lo mejor, pero, creo que no les molesta, verdad? Solo espero que no este quedando vulgar o algo así. Cualquier cosa parecida a ello, favor de avisarme.
También he estado pensando en publicar un nuevo fic, sobre que pasaría si Saya y Kai se perdieran después de la explosión del Metropolitan Opera House. La historia si seria HagixSaya, pero muy a mi estilo (ósea con situaciones disparatadas y muchas sorpresas) aunque medio dramática. De todos modos tardare un par de meses para comenzar a publicarla, ¿Pero que dicen? ¿Me animo a publicarla?
Y también lamento no poder contestarle a todos personalmente, pero tengo muchas cosas por empacar, me estoy cambiando de ciudad, y también tengo muchos conciertos en puerta, toco el violonchelo, por algo empecé a ver Blood+ :) así que solo entro a la computadora a leer reviews y subir capítulos.
Y saludos a Alessandra Cintrell :) Me dio mucho gusto encontrare contactada en el msn y platicar.
Me despido
Agatha Romaniev
