La Cenicienta

-No puedo- contesto Saya, dispuesta a mantener el contrato imaginario con Diva.

No, no podía volver, no tenia derecho y mucho menos se podía permitir pensar en tal posibilidad. ¿Con que cara iba a regresar y ver al Escudo Rojo? ¿Con que cara, si no mataba a su hermana antes? No… y eso ultimo no estaba en sus planes, al menos, hasta esa tormentosa noche, no estuvo en sus planes.

-Saya, apenas llevas un par de semanas con Diva, y mira todo lo que ha sucedido- le hizo ver Kai, mientras resoplaba desesperado por convencerla –Con nosotros tendrás toda la sangre que quieras. Hagi igual, y mira que me cae mal. Saya, no tendrías porque estar esperando a que tu propio caballero te mate de hambre- dijo, como tratando de culpar a Hagi de la situación, aunque sabia que en realidad, el imbécil de Hagi era el verdadero y único culpable de todo eso, y por eso se merecía la muerte, ya fuera a manos de su hermana, o de sus propias manos, en manos de quien fuera, pero solo se merecía la muerte.

Era el que había convencido a Saya de irse con Diva y abandonarlos, de eso estaba seguro. El que había conspirado con Diva. Esa noche él estaba hablando con Diva, estaba completamente seguro, tanto como que se llamaba Kai Miyagusuku, y tenía que hacer entrar en razón a su hermana.

-Hagi jamás haría eso a menos que se lo ordenara…- exclamo Saya profundamente turbada por las constantes acusaciones de su hermano contra Hagi, pero, como si hubiera dicho una estupidez, Saya se llevo una mano a la boca. Se supone que la promesa que había hecho con su caballero hace mas de un siglo, nadie la sabía mas que ella y Hagi… solo esperaba que Kai no preguntara más.

-Escúchame… Hagi y Diva, algo traman esos dos. Estoy seguro- y resoplo, desesperado por atraer la suficiente atención de su hermana, aunque ella no se daba cuenta de ello y apenas escuchaba a su hermano –Hagi no es quien tu crees- insistió haciendo una ardua énfasis en cada palabra, mientras Saya ya no era capaz de escuchar nada mas que un montón de palabras y letras que salían de la voz de su hermano desde el otro lado de la línea.

-Tengo que darme un baño. Estoy llena de sangre- le aviso Saya, antes de colgar sin despedida alguna.

Por el otro lado de la línea, Kai ya había arrojado el celular a la pared, vociferado un grito de enojo. ¡Su hermana no podía ser tan ingenua, carajo!

-Tienes que estar equivocado hermano- susurro Saya, levantándose y caminando hacia el baño. El olor a sangre ya la tenía mareada, y sus manos, cada vez estaban más frías y temía que se le cortara la circulación.

Tenía la sensación de que sus manos ahora pertenecían a la muerte. Una extraña voz parecía hablarle desde un lugar remoto y lejano. Irreal, imaginario, casi pacifico.


No había escuchado la conversación completa desde el otro lado de la puerta, pero, lo que había escuchado, era más que suficiente para él. Resguardado por la oscuridad del lugar y con la adrenalina de ser descubierto por su ama bullando en sus venas, sus sentidos estaban por el cielo, aumentando de fuerza mil veces cada sensación. Realmente tenia una mezcla de excitación, como un niño que escucha algo prohibido a escondidas, mientras que otra parte de su ser, estaba colérica. Ese estúpido de Kai… ya bastantes problemas tenia lidiando con los alter-egos de Saya y la excéntrica de Diva, para además estar aguantando el intento de detective barato de ese niñato.

Sabía que escuchar conversaciones ajenas era de muy mal gusto, pero, ¿Qué más daba? Ese mocoso idiota había hecho lo mismo, así que estaban a mano.

-Con que hablaban de mí…- murmuro en voz muy baja e imperturbable, mientras escuchaba el sonido del agua de la regadera caer, el cual, seguramente estaba recorriendo el cuerpo de Saya, mientras imaginaba el afán de ella, de quitarse con desesperación la sangre acumulada en su cuerpo.

"Solo un poco mas, Saya"

-Mañana mismo… tengo que hablar con Diva- se dijo, mientras desaparecía entre la ausencia de luz del pasillo, con una sonrisa increíblemente sardónica en su cara antes de piedra… se sorprendió a si mismo sonriendo de esa manera tan peculiar. Parecía que algo de Diva se le estaba pegando…

Además, no permitiría que Kai lo arruinara todo. Él y su gran bocota, tuviera lo que tuviera que hacer, primero estaba Saya… y aunque no lo quisiera aceptar, primero, estaba él.


Se sentía de maravilla, como nunca.

Es mas, se podría decir, que estaba feliz. El gesto, en concreto, no se presentaba del todo en su rostro, manifestado en una sonrisa u en ojos iluminados, pero Hagi podía sentirlo en cada fibra de su ser. El entusiasmo de ver comenzar el día, mientras abría las cortinas de las ventanas, dejando pasar la clara y abundante luz matinal, que ahora parecía diferente y no le daba esa molesta sensación de quemarle los ojos… claro, tal vez toda esa nueva cursilería matutina se debía a que estaba conciente de que el día anterior, estuvo a punto de morir, y bueno, eso puede ser un poco impactante en la vida de cualquier individuo.

Aun así, no era cosa de todos los días que Hagi abriera las ventanas para dejar entrar la fresca brisa matutina y los rayos calidos del astro rey, como si se tratara de la mejor mañana de la estación. Se sentía más cómodo que nunca, con todas las fuerzas del mundo para comenzar, como si se hubiera tomado una caja entera de Red Bull con vodka. Sentía que podía destrozar a mil quirópteros, y si era necesario otros mil... tenía que aceptar, que todo eso eran sensaciones parecidas a las de las drogas como la cocaína, la heroína o la metanfetamina.

Si… esos eran los adictivos efectos de la sangre, y mucho mas valiosa, la sangre de las reinas. Una autentica droga.

Suspiro ahora, terriblemente cansado al recordar eso. Hizo un gesto de negación con la cabeza y camino hacia el baño sin permitir que su reciente culpa molestara su andar. Pero, de todos modos, ¿Cómo iba ahora a ver a la cara de Saya? pensó, mientras se quitaba la camisa y sacaba de un pequeño mueble blanco situado en el baño, un rastrillo azul, junto a una lata de espuma para afeitar.

¿Con que cara iba a ver a Saya, después de que casi la mata? Se pregunto, tentando el reflejo del espejo, mirando fijamente como la barba de todos los días comenzaba a crecer en su mentón, en parte de sus mejillas y entre su labio superior y la nariz, en diminutos puntitos sobresalientes sobre su pálida piel.

A sabiendas ya de la rutina, agito la lata y esparció un poco de la espuma blanca sobre su mentón y mejillas. Con un sumo cuidado practicado, comenzó a pasar la hoja del rastrillo por las facciones bajas de su rostro, retirando los pequeños nacimientos de la barba negra que había crecido durante el día anterior, desde la última vez que se rasuro, y la noche.

Siguió pasando el rastrillo por su rostro, teniendo cuidado de no cortarse (puesto que era algo bastante incomodo) y mientras se concentraba en esa tarea, siguió pensando en su nuevo problema, a ver si encontraba alguna opción para arreglarlo, ¿Cómo podía preguntarse con que cara ver a Saya, si ella era la que casi lo había matado?

-"Eres un santo, Hagi"- pensó el caballero con algo de ironía, pasando nuevamente la afilada hoja por su rostro.

-Deberías dejarte crecer la barba- un movimiento en falso, y miro instintivamente hacia la puerta buscando al dueño del comentario intruso, al tiempo que la hoja del rastrillo hacia un pequeño corte en su cuello, a lo cual Hagi reacciono inconcientemente con un pequeño gesto de dolor y un muy ligero y casi inaudible "auch".

-Diva- Hagi pronuncio su nombre con desgano, tentando con cuidado el corte en su cuello que sangraba sutilmente, desviando la vista hacia el espejo, con algo de ardor en la parte afectada.

-Veo que ya te recuperaste y hasta estas de buen humor- comento su observación la reina de ojos azules, recargándose en el marco de la puerta, mirando discretamente, la bien formada espalda y los anchos hombros del cuerpo de Hagi. Saya si que era una tonta, se dijo.

-¡Pero no es un gran dia! ¿¡Me escuchaste!?- grito con fuerza Diva, aparentemente sin razón alguna, y mas bien, con toda la intención de hacer enojar a Hagi. El caballero la miro de nuevo, indicándole que le contara que sucedía… seguramente algo relacionado con Saya.

¿Pero que tan grave podía ser?

-Anoche, tu querido amor trato de matarme- dijo directamente, entre burla y furia la joven, haciendo énfasis de forma despectiva en el calificativo hacia su hermana. Hagi guardo silencio, impávido ante los intentos de provocación.

-No se a quien te refieres cuando dices "Querido amor"- le contesto tranquilamente, mientras volvía a su tarea de afeitarse.

El juego de ajedrez se encuentra próximo… los titiriteros vagabundos, comienzan su trabajo por unos vulgares centavos.

-¡Saya!- vocifero, más enojada que de costumbre -¡Anoche trato de matarme con una de tus dagas! Si no hubiera sido porque Nathan estaba ahí, probablemente estaría muerta- le reclamo, como si el hecho de que el arma presuntamente homicida fuera la culpable de todo, y más, por ser propiedad de Hagi, pero este mantuvo la calma ante la declaración, pasando como si nada la hoja de afeitar por su rostro.

Pero de pronto Hagi comprendió las palabras de Diva. ¿Matarla? ¿Por qué hasta ahora Saya había tratado de hacer eso después de todo lo que había pasado?

-No puede ser- contesto el caballero, terminando de afeitarse, al mismo tiempo que Diva se acercaba a él -¿Por qué Saya haría eso ahora y no antes?- pregunto en voz alta mirándose al espejo, creyendo de pronto que todo era un sucio e infantil invento de Diva.

-¡Yo que se!- dijo dándole un pequeño golpe en el brazo desnudo, indignada por las sospechas del caballero –Pero anoche entro a mi habitación con una daga tuya, la lleno de su sangre y trato de clavármela, pero Nathan la detuvo- explico la muchacha cruzándose de brazos y recargándose en la pared. Hagi no la miro, ni siquiera le contesto (mucho menos) y en lugar de eso echo una gran cantidad de agua a su cara para retirar los restos de espuma.

-¡No estaba soñando!- argumento Diva con un grito chillón, tratando de defenderse y hacer recapacitar a Hagi sobre sus tontas conclusiones de que todo lo que estaba diciendo era un invento suyo. Tanto insistió, que Hagi no pudo evitar mostrar una muy pequeña mirada de confusión después de las últimas palabras. Hasta ahora pensaba que era una coincidencia o que Diva era sumamente observadora pero… parece que había poderes quirópteros que aun no dominaba, es mas, que ni siquiera sabia que poseían los de su raza.

Diva decidió no explicárselo. Era algo demasiado complejo para el pequeño Hagi.

Pero ignorante de eso, el caballero comenzó a recordar, paso a paso, los sucesos y detalles del día anterior; desde que habían salido de la mansión, hacia la Quinta Avenida y después a la odiosa boutique Chanel; después, el vergonzoso y sangriento intento de relación sexual por parte de Saya, y por supuesto el intento de asesinato seguido por un ataque de pánico por parte de la susodicha; luego un momento en el que no podía recordar casi nada, pues se encontraba al borde de la muerte y desangrado, hasta la inusual donación de sangre.

Hagi saco una conclusión mas que obvia, aunque apenas la aceptara y se hubiera dado cuenta de ella desde tiempo atrás -Puede que todo esto sea por culpa de los…-

-Celos de saya, o su maldito síndrome premenstrual, ¡Yo que se! Tal vez solo esta loca- lo ayudo a terminar la frase la hermana del principal tema de conversación, por supuesto, agregando sus propias conclusiones acerca del comportamiento de dicha joven. Hagi se seco la cara con cuidado con una toalla, pero para cuando se dio cuenta, Diva había tomado su rostro con ambas manos en un movimiento extremadamente rápido, como el de una agresiva cobra. Hagi supuso que la ojiazul estaba pidiendo, o mas bien, exigiendo, su completa atención.

Diva tentó con suavidad las mejillas de Hagi, mientras que este, ni se inmutaba de lo que podía parecer la escena. Solo le estaba agarrando el rostro, no era para tanto.

-Quedas como los de comerciales de la televisión- susurro Diva, haciendo referencia a los modelos de los comerciales de hojas de afeitar desechables como Gillette, con rasuradas al ras y una suave piel varonil, mientras el tacto de sus pulgares estudiaban la piel ligeramente húmeda y fría del rostro de Hagi.

-¿Por qué no te dejas barba?- pregunto de pronto la ojiazul, con aire inocente.

-Me vería más viejo- contesto, el cual no pudo evitar volverse a preguntar como es que Diva era tan acertada con respecto a sus pensamiento privados… cuando, de pronto, la voz de ella retumbo en su mente, como una intrusa en un calabozo, sorprendida ante su fechoría.

-No, no te verías viejo, pero, Saya se pondría como loca. Ella esta cada vez más loca- fue lo que la voz de Diva susurro, sin intención, en la mente de él.

-Solo un poco- contesto en sus pensamientos Hagi, por pura y simple inercia, aunque, dolorosamente, tenía que admitir que Saya, después de todo si era una joven un poco celosa.

-¿Un poco? ¡Casi te mata a ti y a mi ayer!- grito eufórica la ojiazul, apartando sus manos llenas de hastió del rostro del terco caballero, el cual con el mismo sentimiento de repulsión, aunque mas disimulado, se aparto de ella, tomando de un gancho colgado, una camisa blanca.

Tenia que recordar que estaba sin camisa frente a una chica. Saya lo reprobaría de inmediato y lo mandaría sin cenar y castigado a su habitación como niño regañado, o bien, como perro apaleado.

-¿Cómo es que sabes todo lo que estoy pensando?- preguntó Hagi casi con desesperación, poniéndose tranquilamente la camisa, abrochando los botones, con una ligera agresividad ante el descubrimiento de esa nueva habilidad de Diva, de la cual ya sospechaba desde tiempo atrás.

Se sintió vulnerable. Su mente estaba vulnerable ante esa niña, su ma chérie, esa feroz asesina.

-¡No seas tonto! Eso ahora no es importante- mascullo con todas las intenciones de seguir con su discurso, pero antes de que pudiera decir algo más, Hagi la interrumpió.

-Anoche Saya hablo por teléfono con Kai- le dijo, con la seriedad propia de la situación en la que ambos, inevitablemente, se encontraban, y con el tono malvado, indiferente pero conciente en su acorazada voz.

-¿Quieres decir que ese tonto le hablo a ella…? ¿O que ella…?- dijo Diva haciendo ademanes con las manos, entrecruzando los dedos como si de caminos se trataran en una cómica caricatura.

-Ella le hablo a él- contesto, caminando hacia el armario y pasando a Diva de largo sin siquiera mirarla, cosa que ella no paso inadvertida.

¿Quién se creía que era ese grosero caballero? ¿Pasarla de largo así como así? ¡Como odiaba que hiciera eso! Si fuese su caballero, ya estaría prendada de su cuello succionándole la sangre hasta obligarlo a saborear la fría muerte sobre sus hombros, como escarmiento. Sin embargo, tampoco era estúpida como para arriesgarse a tal cosa con una sangre acida y contraria como la de Saya, que corría por las venas de Hagi.

-¿¡Que!? ¿¡Que demonios le pasa!?- grito dando un fuerte zapatazo al piso, en reproche a su hermana, y al tonto de Hagi. Volvió a pegar un golpazo al piso, sin importar que el tacón del carísimo calzado pudiera romperse con el impacto -¡Has algo!- le exigió la joven caminando hacia él, tomándolo bruscamente de uno de los hombros mientras este se ponía el saco negro, obligándolo a mirarla.

-¿Y que quieres que haga? ¿Quitarle el celular como si fuera su padre?- dijo abrochándose la vestimenta y haciendo un pequeño ademán.

Un momento… de cuando acá… era capaz de entablar una conversación de mas de siete minutos con alguien que no fuera Saya, donde él, claro esta, estuviera activo en la platica, y además, haciendo ademanes y de todo…

¿¡Que..!? Se encontró preguntándose Hagi, sin entender a Diva, a Saya, y mucho menos a si mismo.

-Pues ya tenemos suficiente con sus arranques de furia, ¿No crees?- dijo tratando de hacerlo entrar en razón –Ya tenemos suficiente, eso y agregar al imbécil de Kai…- se quejo, cruzando los brazos y dándole la espalda al joven.

-Si mal no recuerdo…- murmuro Hagi atrayendo la atención de su visita de inmediato –Habías comentado hace poco sobre alguna forma de hacer callar a Kai…- le recordó, mirando a Diva con unos ojos que le erizaron la piel a la ojiazul. Sintió un escalofrió desconocido. Un sentimiento terriblemente apasionado y sombrío, como si un coro de almas agonizantes y sangrantes le gritara en alguna pesadilla, y el director, era Hagi.

–No hemos hablado de eso- agrego este, sin darse cuenta de que Diva trataba de ignorar ese nuevo escalofrió que le estrujaba su podrido corazón, y al fin, había tenido una pequeña victoria. Estaba ante de un Hagi desconocido. Un Hagi que salía a relucir solo un pequeño pedazo de su alma más perversa. Un Hagi dispuesto a lo que sea por mantener a su ama a salvo. Buenos sentimientos y malos sentimientos disfrazados bajo unos auténticos ojos melancólicos. Que apasionado. Casi vengativo. Un autentico antagonista de su propio ser.

-¿Hagi?- una voz demasiado conocida y que hasta ese momento, le pareció atemorizante a ambos, lo estaba llamando desde el otro lado de la puerta. A pesar de sonar extremadamente calmada, a Hagi y a Diva le parecía alguna voz infernal sacada de un cuento de ultratumba.

Como odiaba estar en el lugar equivocado en el momento equivocado.

-¡Mierda no puede ser!- exclamo Diva en voz baja, llevándose una mano a la cabeza, mas desesperada que de costumbre, por primera vez en su vida. Su desesperación siempre se limito a un punto imaginario. Ahora sobrepasaba ese límite. ¡Por el amor de Dios, su hermana terminaría matándola de un coraje!

-Tienes que esconderte- dijo Hagi casi en una orden, cosa que no agrado para nada a la joven, que respondió con una mueca negativa.

-¿Hagi estas ahí?- volvió a preguntar la muchacha del otro lado de la puerta, tocando un par de veces la puerta, tratando de comprobar que el caballero estaba dentro de la habitación.

-Espera un momento Saya. Enseguida voy- aviso el caballero mirando hacia la puerta. No fuera a ser que a Saya le diera otro de sus lindos ataques de histeria y tirara la puerta de una patada. Ya después le daría cualquier pretexto acerca de su tardanza, ¡O que pensara lo que se le diera la gana! No podía permitir que Saya lo encontrara con Diva de nuevo.

-¿¡Cómo quieres que me esconda!?- le pregunto en voz baja la ojiazul al caballero tratando de no ser escuchaba, mientras este buscaba con la vista un lugar conveniente donde ocultar a la chica -¿¡Y donde pretendes esconderme, eh!?- pregunto desesperada, notando la precipitación del caballero al fijar su vista en un espacio del cuarto.

-Debajo de la cama- le dijo señalando dicho mueble.

-¿¡Que!? ¡Estas loco!- exclamo dando otro zapatazo al piso en señal de su total y completa desaprobación. ¿Quién se creía que era como para meterla debajo de una cama que seguramente estaba llena de polvo, tal vez calcetines sucios y sabrá Dios cuantas alimañas?

-¿Quieres que nos encuentre juntos a los dos?- pregunto Hagi, ya extremadamente harto del infantil comportamiento de la joven, que parecía no darse cuenta de la gravedad de la situación.

–Esta sería la segunda vez que te encuentra en mi habitación- le recordó tomándola con fuerza de los brazos, acercándola a él bruscamente –Comenzara a sospechar y no creo que quieras confrontarte con ella en este momento- le hizo saber, mientras inconcientemente aumentaba la fuerza de su agarre, como queriendo hacer entrar en razón a la ojiazul, aunque fuera por la fuerza.

-Además…- murmuro el caballero, acercándose peligrosamente al rostro de la muchacha, como un depredador. Diva, por su parte, por un momento lo comparo con la anaconda de la malísima película esa donde sale Jennifer López, cuando sintió como Hagi aplicaba mucha mas fuerza sobre sus muñecas, que habían perdido toda capacidad para defenderse, y la anaconda, estaba apunto de tragársela entera… era una sensación demasiado…

Maldijo su maldito sadomasoquismo y su estúpida afición a ver películas de malísima calidad.

-… Tu misma lo has dicho, no lo parece pero…- dijo Hagi, sacándola de sus pensamientos -… Saya es demasiado celosa cuando se trata de mi- y como si esta fuera una advertencia de que no estaba para jueguitos, dejo que el aire helado de su boca chocara con el calido de Diva, a centímetros de distancia, clavando su ahora fiera y depredadora mirada en la de ella, y esta, sin poder soportarlo mas, se separo de inmediato, como entendiendo el aviso, y camino hacia la ubicación de la cama, dirigiéndole una hostil mirada.

- Débile Chevalier- susurro en francés mientras se metía debajo de la cama.

-"También entiendo francés, Diva"- pensó Hagi al escuchar las palabras de la joven que ya se había escondido. Suspiro, no porque Saya estuviera afuera esperándolo, o por lo que haría pronto con Kai para hacerlo callar, sino por la estupidez que estuvo a punto de cometer.

De todos modos, lo mejor seria ir a abrirle a su ama.

-¿Por qué tardaste tanto?- pregunto muy tranquilamente Saya mientras Hagi le abría la puerta –Se escuchaba mucho alboroto- añadió sin sospechar nada, mientras entraba a la habitación.

-Me vestía- contesto el caballero tratando de despistarla.

-Ah…- balbuceo esta, un poco desanimada, mientras comenzaba a recorrer la habitación de Hagi con desgano, tratando de formular las palabras correctas en su boca y trasladarlas a su boca y a su aburrida lengua. Estaba tan cansada y tan abatida, que ni siquiera advirtió el olor de la sangre contraria que corría por las venas de la intrusa escondida.

-Al menos no hay calcetines sucios- pensó Diva respirando profundamente, cuando de pronto, dirigió una confusa mirada a sus pies -Un momento… ¿Dónde esta mi otro zapato?- se pregunto esta, notando como uno de sus tacones brillaba por su ausencia en resguardo de uno de sus pies.

Ni Hagi ni Diva se dieron cuenta de que, entre tanto alboroto y escandalo, esas preciosas zapatillas de Yves Saint Laurent, finas, delicadas, carísimas y de lujuriosa hermosura, con sus pulcros detalles blanco y negro en brillante y atrevido charol, ocasionarían tantos problemas, cuando Diva se dio cuenta de que uno de ellos faltaba en su perfecto y níveo pie derecho.

De pronto cayo de un sentón en la cuenta de que todo ese juego de rol, había comenzado en interpretar el papel de la bruja de Blanca Nieves, después el de la Bella Durmiente… pero ninguno era tan riesgoso como el de interpretar el papel de La Cenicienta. Lastima que el único príncipe azul disponible y al alcance de su mano era Hagi, pero daba aun mas lastima y pena, que la enfurecida y ahora, Bella Durmiente, notara el zapato de cristal de su queridísima hermana tirado en alguna parte de la habitación, como si de una noche mágica, un baile de ensueño y con un hada madrina que la había abandonado se tratara. Huyendo de su único y real príncipe azul, que en realidad no era mas que un pobre plebeyo en su reino, un bohemio músico más en el reino decadente de su perdido y distorsionado cuento de hadas… bueno, no era precisamente eso, cuando tenia a todos los caballeros de la corte del reino en su cama, como la lujuriosa e impura princesa que era. Más bien, todo eso parecía una vulgar sátira erótica sacada de un montón de cuentos para niños.

Hagi tenia que hacer algo, o no tendría otra opción mas que transformarse en el príncipe azul, sin su noble corcel, y enfrentarse sin Espada de la Verdad a la ahora terrible bruja malvada, que en cualquier momento podía convertirse en aquel macabro y terrible dragón negro, escupiendo el ardiente fuego del averno, y él, sin Escudo de la Virtud con el cual defenderse de las llamaradas del infierno.

Y todo por un estúpido zapato de cristal. ¡Maldito Yves Saint Laurent y su estúpida línea de calzado pasada de moda! De ahora en adelante exigiría solamente Dior, o Versace. ¡Que importaba, los dos eran la misma mierda!

Ah, pero por una buena razón, el hada madrina le había advertido a La Cenicienta que tenia que volver antes de las doce campanadas. Pero estos jóvenes de ahora… nunca entienden.


Buenas noches, lectores. Aquí esta el nuevo capitulo de este fic. Recién salido de mi mente. Aun puedo oler la ridícula emoción que me invadió cuando agregue el último detalle.

Como pueden ver, hago bastantes comparaciones con los cuentos de hadas, como La Cenicienta, La Bella Durmiente, a veces Blanca Nieves, etc. Son cuentos que siempre me han gustado. Quisiera pensar que se pueden hacer verdad, pero… ah, cruel y dulce realidad. Dejando de lado mis lamentos, solo para aclarar; creo que algunas cosas en los cuentos de hadas hacen una extraña conexión con la trama de la historia, además me encanta intercalar en las protagonistas los roles de la princesa inocente (al grado de llegar a tarada) con la personalidad mordaz y cruel de una bruja. Una autentica cabrona, como se diría en mi país. Y por supuesto, sin dejar de lado a Hagi y su eterno e incompleto papel del Príncipe Azul.

D pronto también hay un nuevo acercamiento entre Hagi y Diva. Me parece que Hagi quedo un poco OoC, pero hay explicación! Necesitaba hacerlo hablar un poco mas de lo usual para hacer avanzar la relación entre ambos. Saya sigue en su eterno plan de damisela ingenua que no se da cuenta de nada. Y si, Hagi se afeita. A algunos tal vez les parezca extraño pero ¡Es hombre! Es totalmente normal, ¿O pensaban que era lampiño? Siendo europeo, lo dudo mucho. Y tengo que admitir que tengo cierto fetiche con ver cuando los hombres se afeitan (¡La barba! No me vayan a malinterpretar por favor)

También quiero avisar que no subiré dobles capítulos. Bastante tiempo le invierto a cada capitulo y suficientes regaños me llevo por parte de mi madre por no estar estudiando música, y en lugar de ello estar pegadota a la pantalla tecleando. Por cierto, aun faltan varios capítulos para siquiera acercarse al lemmon. Así que, por favor, paciencia.

Regocíjenme con su paciencia, que es una virtud que yo carezco. Que pena, solo se alimentarme del caos. Pero tengo buenas noticias. Debido a una epidemia en mi país, he decidido confinarme en casa hasta que la alerta disminuya y solo salir a lo estrictamente necesario. Lamentablemente mis defensas son bajas debido a una anemia y soy propensa al contagio del virus, así que pasare días encerrada antes de salir. Tendré tiempo de escribir bastante y quien sabe, actualizar cada cinco días, bueno, si es que antes no muero debido a esta carismática influenza.

He alargado bastante esto, así que, no hagan caso a mis presagios y lamentos, y hasta la próxima.

Me despido

Agatha Romaniev