Habla Ahora o Calla Para Siempre
Diva estaba como nunca lo había estado en su vida. ¿Ahora, que iba a hacer? Pensó con desesperación la distraída reina buscando con la mirada el zapato, en el reducido y oscuro espacio bajo la cama.
Saya era de las tontas que les gustaba andar dando vueltas por ahí cuando tenia algo importante de que hablar, y ya que el zapato no apareció a su alrededor, supuso que se encontraba afuera, a la vista de cualquiera… era seguro que su hermana lo vería en cualquier momento. Y cuando eso pasara… ¿Qué excusa daría Hagi? Algo que fuera lo suficientemente creíble de cómo y porque un zapato de ella estaba tirado como si nada en el suelo de su habitación.
Lo peor de todo, es que la clásica respuesta desentendida de "No tengo idea de cómo llego ahí" no se podía aplicar en situaciones como esas.
Lo más creíble y razonable que a la muchacha se le podía ocurría, era que Hagi se declarara travesti… aunque… no, quizás era mejor afrontar al maligno dragón de Lucifer en el que se convertiría su hermana en cualquier instante.
Por su parte, a Hagi casi le da un infarto, el patatús, el telele, y todas las expresiones que quieran dar a entender la sensación de darse cuenta de que algo se fue completa y absolutamente a la mierda. Sus ojos se abrieron desmesuradamente (pero siempre con discreción, para no llamar la atención) cuando vio esa zapatilla en blanco y negro tirada a un lado de su cama ¿De verdad Diva podía ser tan torpe?... Carajo, estas jóvenes de ahora ya no saben como engañar al prójimo. Echo un rápido vistazo a Saya, que se aproximaba a él con desgano, y con todas las intenciones de sentarse en la cama.
Estaba perdido si no hacia algo rápido, cuando, de pronto, un foco en su cabeza se prendió como por arte de magia… que estúpido, pensó mientras que, lo mas razonable que pudo hacer, fue darle una discreta patada al carísimo zapato Yves Saint Laurent, para quedar así, escondido bajo la cama, junto a su torpe dueña.
Estas Cenicientas de hoy en día… ya no son como los cuentos de antes, pensó Hagi después de patear dicho calzado. ¿Dónde estaba el hada madrina cuando la necesitaba? Siempre tenia él que encargarse de todo.
Hijo de… fue lo único que pudo pensar Diva, y ahogar un gemido de dolor cuando recibió el golpe justo en su cabeza. La endemoniada zapatilla parecía el proyectil de un cañón de guerra al ser pateado por el caballero, y no pudo evitar maldecirlo mentalmente mientras se llevaba una mano a la parte afectada.
-"Está bien Hagi, no me quieras tanto"- pensó Diva con sarcasmo mientras agarraba el par antes extraviado en sus manos y lo acercaba a su cuerpo, como si se estuviera abrazando a su vida. Ya habría tiempo de sobra para mentarle la madre a Hagi.
El caballero suspiro aliviado cuando Saya se acerco a él, con la mirada baja hacia el suelo que ahora carecía de la evidencia irrefutable. Estaba salvado, pero todo su alivio se desvaneció cuando escucho la voz de Saya, quebrada, casi sin vida. Como si hubiera caído un aguacero de pronto.
-Hagi- susurro, con un nudo en la garganta imposible de deshacer, sin mirarlo, sentándose en la orilla de la cama. El caballero sabía que algo, no, mas bien, sabía que todo andaba mal cuando lo llamaba con ese tono de voz que durante tanto tiempo, había escuchado en ella –Lo siento- musito apenas. El nudo no la dejaba respirar cómodamente y le trababa la lengua.
-¿Por qué te disculpas?- le pregunto él con su impávido tono de voz, sentándose a su lado. No era hora de quedarse callado como idiota, como acostumbraba hacerlo.
-¿Cómo que porque?- pregunto ella casi indignada, mirándolo, casi tenia la sensación de que se estaba burlando de ella –Por todo lo que te he hecho… ayer casi te mato… ¿No te parece eso suficiente?- exclamo después, casi a gritos.
-Olvídalo, por favor- le contesto –eso a mi no me importa-
Oh, Saya, yo he muerto miles de veces…
-¿Qué no lo entiendes?... estoy haciendo una serie de estupideces que ya no puedo controlar- exclamo furiosa, suspirando después, como tratando de rebuscar en su mente las cosas que había estado haciendo los últimos días, sin poder expresarlas a su gusto en su voz.
-¿De que hablas?- le pregunto consiente de los pensamientos de su ama, tratando de saber porque estaba en ese estado. Había algo mas que solo una disculpa a su intento de homicidio hacia el.
-Anoche… trate de matar a Diva- susurro, como si estuviera en un confesionario, buscando alguna manera de purgar sus pecados. Sin atreverse a llamar a Diva, su hermana, porque en ese momento, simplemente sentía que Diva… no era nadie, más que un nombre escueto y acalorado en una lista interminable de nombres tachados, y ella, era la última y la próxima.
-"¡Lo sabia!"- exclamo mentalmente la ojiazul, haciendo una mueca de asombro y vanidad, satisfecha porque ahora corroboraba que nada había sido un sueño, además de que ya no había manera de que Hagi lo negara –"Con que ambas… tuvimos nuestro arranques anoche, verdad hermanita?"- pensó descaradamente la muchacha, recordando su apenas incontrolable histeria de anoche. Parecía que ambas… podían compartir los sentimientos de vez en cuando, incluyendo los de odio mutuo, tan frescos y vivos, como las vísceras recién extraídas de un animal sacrificado en un rastro, destazado en carne viva y colgado de un gancho.
-¿Qué…?- murmuro el caballero, esperando los siguientes segundos, que tal vez, marcarían los sucesos siguientes. Tenia que recordar que justo debajo de ellos, se encontraba la misma Diva, escuchándolo todo. Solo esperaba que fuera lo suficientemente madura como para tragarse el coraje y quedarse escondida un rato más... Además, ahora se daba cuenta de que Diva no estaba metiendo como él creía.
… A al parecer, la confesión, seria larga, y ahora, él ya no era un caballero, si no un padre tratando de excomulgar y perdonar los pecados de Saya.
-Si. Si no hubiera sido porque Nathan estaba ahí, seguro la habría matado- dijo muy perturbada la joven, negando con la cabeza.
-"¡Ja! ¡Eso crees, perra!"- maldijo mentalmente la ojiazul, indignada por las palabras de su hermana. ¿Quién se creía que era? ¿La nueva asesina de la ciudad de Nueva York o qué? Además, ella era muy difícil de matar, y si no era así, entonces porque su hermana llevaba siglo y medio persiguiéndola?, y teniéndola enfrente, era incapaz de matarla?
Damas y caballeros, estarán de acuerdo conmigo de que persona más difícil de matar en esta tierra no puede haber.
-Y también… llame a Kai. No pude evitarlo- prosiguió rápidamente, excusándose de inmediato –Necesitaba escuchar a alguien que me tranquilizara o no se lo que habría hecho…-
El caballero no mostró emoción alguna ni en sus ojos, ni en su rostro, porque ya lo sabia, pero saber las razones de porque ella lo había llamado salir de sus labios, lo hizo sentir como si le hubieran dado un puñetazo en la cara.
¿¡Porque demonios siempre necesitaba de ese imbécil para calmarse!?... Cuando estaba él. Kai no era necesario, ya no era necesario. A veces le parecía que Saya era demasiado ingenua. Irse con un humano idiota que solo daba pocas palabras de apoyo pero el doble de estúpidas. ¿En que demonios piensa? Pensó furioso el caballero… aunque él no era diferente al pelirrojo… puede que su silencio, nunca haya sido suficiente para alguien como Saya.
De pronto, recibió otro puñetazo de parte de sus propias manos, en el otro lado de la mejilla.
Oh, Hagi, te encanta sentirte culpable…
-¿Por qué lo llamas a él?- pregunto serio, tratando de ocultar con mucho esfuerzo su lastimada y furiosa voz. Era suficiente el tener que aguantar su propio subconsciente y aguantar a Saya, era hora de hablar o callar para siempre.
Siempre casándote con tu propia angustia…
-¿Qué?-
-¿Por qué llamas a Kai cuando sabes que yo estoy aquí para lo que quieras?- explico, tomando delicadamente la mano de Saya.
-"Dios… ¿Qué necesidad hay de ser tan cursis, Hagi y Saya?"- pensó Diva entornando los ojos hacia arriba. ¡Eso parecía una parodia de niños enamorados! Y realmente le enfermaban ese tipo de cosas. Ella prefería la infidelidad, la traición, la adrenalina y la culpa, que el amor en si mismo.
No había nada más emocionante en este mundo que algo prohibido…
La Dama de Honor mira con complicidad en la iglesia, durante la boda, la falsa ceremonia, ataviada con su romántico vestido rojo y sus pendientes de rubí. Esta noche ella se robara la luna de miel de la novia…
-Es que yo…- balbuceo Saya, sin saber que contestarle a su caballero. No se esperaba algo como eso.
A decir verdad, nunca supo que esperar de Hagi. Tal vez esa sea la única respuesta. La ultima respuesta que deseaba darle. Mentir siempre fue su mejor opción.
-Kai no te va a hacer sentir mejor, jamás- sentencio el caballero, tomando firmemente la mano de Saya -¿Cuántas veces te ha hecho llorar? Se que yo también soy un inútil, porque no soy capaz de hacerte feliz como tú lo deseas, pero al menos puedo escucharte- dijo suavizando su rostro, dejando ver una mirada en sus orbes azules blanda y delicada, que muy, pero muy pocas veces había visto Saya, con tanta claridad y sinceridad como en ese momento.
Él, sin permiso de nadie, poso su mano humana en el rostro de ella, tan suavemente, como acariciando el pétalo ennegrecido y muerto, seco, de una flor marchita que se lamenta retorcida y caída, recordando sus tiempos de gloria.
Saya no puedo tragarse por más tiempo el nudo en la garganta, y muy a su pesar y contra su férrea voluntad, tampoco sus lagrimas, y de inmediato su fuerza de voluntad perdió tambaleante contra el tacto y cayo al suelo despedazada y quebrada como un fino cristal, al igual que toda ella, y sus ojos rebosaron de lagrimas que resbalaron con fluidez entre sus pestañas y sus mejillas, mojando la mano de Hagi.
-No digas eso- le rogó ella con la voz acompañada de un pequeño sollozo. ¿Cómo podía Hagi ser tan egoísta consigo mismo? Y pensar que ella era la única culpable la hacían sentir lo ultimo que Hagi deseaba que sintiera… pero era inevitable y cuando uno es así de insensible hace mil y un cosas incapaz de entender.
-"¡Dios, no puede ser! ¡Dejen ya esas tonterías y acaben de una vez con esto!"- grito en su mente la ojiazul haciendo pucheros, fastidiada como nunca, total y completamente molesta. ¡No tenían que hacer de algo tan tonto como eso toda una tragedia digna de Romeo y Julieta! ¡Ni siquiera Nicolas Cage en Morir en las Vegas, pudo haber hecho escenita más dramática!
De pronto, el caballero sintió como la gota de una lágrima caía sobre su mano. Era fría, como si se tratara de un copo de nieve liquida, y entonces, no se permitió el derecho de la duda ni un momento más. Las palabras en él no servían, y mucho menos en ese momento; simplemente le costaba mucho trabajo el expresarse, y no seria mejor que Kai si equivocaba las frases que escupía contra la delicada sensibilidad de Saya. Ya nada lo podía detener. No tenía nada que perder. Si era rechazado, simplemente ya no le importaba, mientras Saya estuviera a su lado, pero si era aceptado…
Solo eran Saya y él… y Diva…
Su corazón dio un vuelco y se cayó dentro de su cuerpo hasta dar con sus pies. Se sacudió desesperado y tembló, mientras, muy despacio pero sin tiempo para hacerla reaccionar, su rostro se acerco al de Saya.
Diva no encajaba en ese momento ni en ningún otro, y se la quitaría de la cabeza a como diera lugar, aunque estuviera justo debajo de ellos.
Tenía que arrancarse a Diva de su cabeza de una vez por todas o se arrepentiría toda su vida.
Siempre casándote con tu angustia Hagi…
Entonces, sus labios, sin miedo y sin pudor, exigieron los de Saya.
A ella le pareció tan rápido y casi absurdo que no tuvo tiempo ni de cerrar los ojos. El sabía usar a su modo las claves del arte de la seducción, y así, se podía dar el lujo de hechizar a Saya, así que saboreo el ligero sabor salado de las lágrimas que habían detenido su camino en sus labios.
¿Hace cuanto que besaba a Hagi sin que hubiera sangre de por medio? Nunca… pensó Saya.
Se sentía como aquella vez, hace casi dos años, en el momento en que ese hombre en el que primero había desconfiado, la había besado de pronto, sin razón, y con el sabor metálico de su calida sangre. Durante aquel instante en la escuela, por un momento no pudo evitar asustarse hasta el fondo de su alma al creer que ese hombre quería violarla o peor, matarla, y ahora…
Ahora estaban bajo la sal. Solo había lagrimas de por medio, pero nunca un beso completo.
Ahogó un gemido entre los labios de su caballero cuando sintió un hormigueo que le recorría la espalda y el pecho, y culminaba entre sus piernas, las cuales no pudo evitar juntar con pudor. No sabía si Hagi se había dado cuenta de eso, pero era algo placentero, y cerró los ojos, pensando que así esa sensación seguiría, tratando siempre de ocultarla avergonzada; le habían enseñado hace mucho tiempo que ese tipo de cosas no eran correctas, pero las endorfinas y sus eternas hormonas hervían, siempre haciendo su implacable efecto en ella por mucho que quisiera evitarlo.
Hagi era como la heroina pura. Inyectada desde su boca y sus labios con un millón de agujas usadas. La primera vez que conoce los placeres de la droga pura y absurdamente barata.
Era imposible. No supo de donde saco las agallas para besar de esa forma a Saya, pero no se arrepentía, y por lo que podía notar, tampoco ella, así que no rompió el beso, para nada, y en su lugar, lo profundizo tomando delicadamente su rostro y acercándolo aun más al suyo, mientras deslizaba lentamente su lengua en el interior de la boca de Saya, con cuidado y despacio, tampoco la quería asustar porque… de lo que si estaba seguro, era de que Saya no tenia ni la menor idea de cómo besar y mucho menos la experiencia, y eso podía notarlo por el trémulo temblor de los inexpertos labios de ella que no se atrevían a nada. Pero eso poco le importaba, aunque no supiera besar, atesoraría ese beso en sus recuerdos para siempre, fuera rechazado después o no. De todos modos, si ella quería podía enseñarla a besar, y si jamás aprendía, tampoco le importaría ni un poco, para él era suficiente el simple hecho de poder rozar sus labios con los suyos después de tanto tiempo. Después de tantos celos, tanta bilis y tanta sangre.
Sus labios no dejaban de temblar, Saya lo podía sentir, y estaba mas roja que nunca, entre avergonzada por lo que estaba haciendo y con quien lo estaba haciendo, así como por su inexperiencia en ese ámbito, el cual, por lo que notaba, Hagi estaba bien educado en ello.
-"Seguramente ha besado a otras"- pensó la joven inevitablemente, pero bueno… que mas daba, no podía ponerse celosa en un momento así, y seria la perra más frígida y estúpida del mundo si arruinaba el momento por una inmadures como esa. En lugar de ello, llevo tímidamente sus manos al cuello de Hagi, aproximándolo un poco más a ella. La húmeda lengua de su caballero rozando con la suya le estaban causando escalofríos y acelerándole el corazón tanto, que temió sufrir un infarto por sobrecarga o alguna tontería.
Cuando noto que no era rechazado y que no lo seria, al menos durante los siguientes segundos, comenzó a empujarla suavemente hacia la cama, mientras una de sus manos acariciaba uno de los brazos de la joven que temblaba bajo él, y la otra la tomaba por la estrecha cintura con fuerza, como queriendo evitar algún intento de escape.
-"No… ¡Van a hacerlo! ¡Dije que lo terminaran de una vez, pero no que lo terminaran así!"- pensó Diva mientras comenzaba a patalear, observando el movimiento del colchón sobre ella, que indicaba que estaban comenzando con eso.
Hagi no había recordado hasta ese momento, que Diva estaba escondida debajo de la cama.
Diva… haciendo su impactante aparición en el caótico espacio de su mente…
Ahora si, Hagi, te arrepentirás toda tu vida… todo esta perdido
-"¡Imbécil! ¡No la beses mientras piensas en mi!"- y de pronto, en un inmaduro, estúpido, e ilógico arranque de quien sabe que tonto sentimiento, Diva golpeo con fuerza el colchón, sintiendo que algo le carcomía el pecho y el estomago, haciéndola sentir nauseas.
-¿Qué fue eso?- pregunto Saya rompiendo el beso abruptamente, después de sentir un ligero golpe en su espalda, como si hubieran golpeado por debajo del colchón.
-"¡Maldita sea Diva! ¿¡Porque tenias que hacer eso!?"- maldijo mentalmente el caballero… ¿Porque tenia que ser justo en el momento en que ya tenia a Saya en sus brazos?
-Parece que hay algo debajo- dijo Saya haciendo que Hagi se separara de ella, tratando de no mirarlo, sea lo que sea que había debajo, no podía pasar por alto lo que estaba haciendo con su caballero –Voy a ver que es- dijo buscando cualquier excusa para no tener que verlo a la cara y que este no notara sus mejillas coloradas, mientras se agachaba un poco en busca de lo que había empujado el colchón y agradeciéndole a lo que sea que fuera, haberla despertado del hechizo en el cual él la había cautivado por un momento.
-No Saya- dijo Hagi, apenas controlando sus impulsos de gritar que no se acercara ahí –deben ser ratas- supuso una falsa explicación, tomándola de los hombros y alejándola de la cama. ¿Ratas? ¿No se le pudo ocurrir algo mejor? Pensó Hagi.
-¿Ratas?- pregunto confundida, sin creer que una rata pudiera dar tal golpe.
-"¿¡Ratas!? ¿¡Me comparas con una rata desgraciado!?"- pensó rabiosa la ojiazul, controlando las palabras que querían salir de su boca y poder gritarle que era un idiota, un imbécil, un tonto y un bastardo. ¡¿Cómo se atrevía a hacerla pasar por rata?!
-Si, debe ser eso- se apresuro a contestar el caballero –Las ratas de Nueva York son muy grandes. Voy a deshacerme de ellas, así que será mejor que salgas, no creo que quieras verlas- explico un poco precipitado el pobre caballero, tratando de que no sonara como un "¿Qué estas esperando? ¡Vete!". ¡Vaya rata que tenia debajo de su cama!
-E-Esta bien- tartamudeo ella caminando hacia la puerta –Luego hablamos- dijo un poco desanimada antes de salir de la habitación, preguntando aun, porque rayos había visto un zapato de mujer en la habitación de Hagi cuando llego (zapato que después él pateo hacia debajo de la cama tratando de que ella no se diera cuenta).
Pasaron unos pocos segundo, antes de que Diva saliera de su escondite -¿Con que ratas, eh?- dijo muy molesta, saliendo por debajo de la cama con la famosa zapatilla en la mano. Hagi volteo a verla, y no le respondió. Había arruinado el momento perfecto que por tantos años quiso vivir y que jamás se había atrevido a terminar o siquiera, comenzar. Diva interpreto de inmediato la desdeñosa mirada que él le mandaba.
-¿Qué querías? No me hubiera gustado escucharlos a los dos gimiendo y con la cama rechinando encima de mi. Bastante tuve con esa parodia de niños enamorados- explico la ojiazul con una tremenda lógica, irrefutable e imposible de contradecir. Hagi reflexiono un segundo. Tenia razón, a él no le gustaría ver la escena de Diva con Amshel, o Solomon, o cualquier otro novio suyo, demasiado incomodo y grosero, además, haberle hecho el amor a Saya o cualquier otra cosa parecida frente a otro persona hubiera sido una falta de respeto imperdonable.
-Tienes razón- murmuro seriamente acercándose a la joven, casi agradecido de haberlo detenido. Tal vez y Diva no era tan maleducada como él pensaba.
-¡Pero la besaste!- exclamo entre carcajadas. Hagi se arrepintió. ¡Diva era de lo peor! -¡Son novios, son novios! ¡Se besan sus bocas, se pasan el chicle, se tocan sus cosas!- comenzó a cantar aplicando en la conocida canción sus conocimientos en ópera, haciendo que la cancioncilla sonara con un ligero toque de humor negro, al mismo tiempo que la joven hacia los ademanes de una niña pequeña. Hagi no cambio su rostro y mucho menos dijo algo, pero no pudo evitar que un ligero sonrojo imposible de esconder apareciera en sus pálidas mejillas. A veces detestaba ser de piel tan clara, ya que cualquier sonrojo, por mínimo que este fuera, se notaba de inmediato. ¡Vaya, que si fuera negro no se notaria, maldita sea! Pensaba en situaciones como esa, rechazando molesto ser caucásico.
-¿Qué? ¿No te gusto la canción?- pregunto riendo ella al ver las mejillas coloradas de él. El caballero no dijo nada, y se detuvo a mirar el zapato que tantos problemas había causado en un principio, en las manos de ella.
-Se me cayo con tantos alboroto y no me di cuenta- explico sentándose en la orilla de la cama, justo en el lugar donde Saya se había sentado. Pasaron unos segundos de silencio, y entonces ella lo rompió, extendiendo la zapatilla hacia Hagi, en seña de que se lo pusiera, mientras levantaba un poco su pie desnudo. El caballero tomo en sus manos el zapato, mientras que con un suspiro de resignación, se inclino y coloco con cuidado el calzado en el níveo pie.
Que mas daba… era lo menos que podía hacer. Diva se había aguantado primero, el tener que esconderse debajo de la cama. Había tenido que soportar las confesiones de Saya, después el incomodo encuentro entre él y Saya, y además, ser llamada rata, y había sido lo suficientemente madura como para no salir gritando y pataleando. Ponerle el zapato era lo menos que podía ser y una humillación justa.
-¡Ay, me sentí como la Cenicienta!- exclamo burlona la joven con un gesto exagerado, revelando su imaginario rol, mientras Hagi se levantaba. Hubo una larga pausa donde ambos se quedaron viéndose mutuamente como tontos... las reflexiones de Diva eran a veces imposibles de contestar con algo suficientemente inteligente y contundente.
-¡Ahora bésame, mi príncipe azul!- dijo levantando un poco los labios como esperando un beso, para después estallar en una sonora serie de risas que mas bien se parecían a las de la bruja del cuento. Hagi sintió entonces algo dentro de si, que se revolcaba encendida en llamas, y sintió la necesidad de callar a la joven.
¿En que estaba pensando? Él no lo sabia, simplemente su cuerpo respondía a actos subconscientes del caos de su mente, y así, de un momento a otro, sin aviso para él ni ella, la tomo por ambas muñecas, y funciono maravillosamente. La ojiazul de inmediato cambio su expresión, y lo miro confundida, deteniendo por supuesto toda clase de burlas, sustituyéndolo por un momento con un pequeñísimo gemido de susto.
No se había esperado algo como eso por parte de él, ni en un millón de años.
Y es que si venimos a hablar con la verdad, usted sabe, padre, nadie sabe que esperar de Hagi.
A si que… ¿Aceptas a este hombre por esposo, la amarás, confortarás, honrarás y permanecerás junto a él en la enfermedad y la salud y, renunciando a todos los demás, le serás fiel mientras vivas?
-¿Q-Que?- tartamudeo Diva, abriendo los ojos desmesuradamente, sintiendo la presión de las manos de Hagi contra sus muñecas aumentando, cortándole la circulación y la razón.
El tiempo se le acababa y tenía que responderle al padre
-¿De verdad quieres que te bese?- susurro el caballero con un aterciopelado y tentador tono de voz, inusual y al mismo tiempo mas común de lo que todos se imaginaban, mientras acercaba su rostro al de la ahora, asustadiza joven.
Que mejor forma de callarla y asustarla a la vez… él no estaba para jueguitos. No era el compañero de juegos de nadie. A Diva se le olvidaba que era un hombre, y sus burlas ya habían ido demasiado lejos.
A si que... ¿Aceptas o no?
Habla ahora o calla para siempre…
Bueno, bueno, no se dejen engañar, tal vez parezca que el momento de Hagi y Diva a llegado, pero pasara algo en el siguiente capitulo que estoy segura nadie se espera, y bueno, creo que tampoco nadie se esperaba el beso de Hagi y Saya, y como ven… Saya SI vio el zapatito pero se hizo de la vista gorda… Oh si, ya verán lo que pasara…
Me pareció que era buen momento para acercar a Hagi y Saya después de haberlos acercado a ambos a la muerte, pero no se, no soy buena describiendo besos y esas cosas, así que la escena del beso si me salio medio desabrida, y con un poco de OoC de Hagi al final, pero no se, necesito que adopte un poco y de vez en cuando el rol de galán… yo que se.
Y bueno, he estado pensando en actualizar mas o menos cada diez días, y como ya no esta lo de la influenza ya puedo salir (aunque sea a caminar porque los estragos nos dieron en la madre a la economía mexicana y eso me incluye) además de que ya saben, me estoy cambiando de residencia, y estaré un poquito ocupada investigando sobre el servicio militar en mi país, porque que creen…
He decidido entrara a la Armada de México, además de estudiar música claro, que es mi pasión, y pues si, una violonchelista y soldado, suena un poco raro, no? ¡Ah, y además mujer! Pero no se, si hubiera una guerra en mi país, yo si le entraría a los madrazos y estaría dispuesta a morir por México. No concibo la idea de salir huyendo como rata y regresar a mi país destruido, además, me encanta todo lo relacionado con la guerra y lo militar. Pero aun tengo que decidir si entrare a la Marina o a donde, pero creo que me decidiré por la marina… aun no estoy segura.
Ah, como sea, siempre termino hablando de mi vida privada… por cierto, muchas gracias a los que me han dejado reviews. ¡Ya van para los 200! Bueno, aun falta pero poco a poco… jamás me lo hubiera imaginado, y si no fuera por mis lectores creo que ya habría abandonado la historia ¡Así que muchísimas gracias a todos! Y muchísimas gracias a los que me han agregado al msn para preguntar sobre mi fic, eso me halaga muchísimo y me demuestra que de verdad les gusta la historia.
Y por cierto Milla, enserio no sabes lo importante que fue para mi que me dijeras que me preferías leer a mi que a Stephenie Meyer. ¡Jamás me habían dicho algo así!
Me despido
Agatha Romaniev
